Capítulo 26


Algo tiró de la camisa de Yor en ese momento.

—¡No, papi, no! —gritó Anya, viendo como los rostros del espía y la asesina se transformaban ante su reacción—. ¡Anya no quiere irse!

—¡Anya, pero…!

—¡No!

—¿Qué es lo que sucede? —intervino Yor. Podía apreciar que la niña en sus brazos se colmaba de nervios—. ¿De qué está hablando Anya?

«Anya, ¿por qué…?».

La respuesta de la niña fue observar con irritación y esconder de nuevo el rostro en el cuello de Yor. La asesina entonces lo contempló con seriedad. Twilight suspiró, estaba arrinconado.

—Así como Bond puede ver el futuro, Anya puede leer la mente —comenzó a explicar—. Y es cierto. Lo ha hecho conmigo antes… y probablemente leyó mis pensamientos ahora —agregó, bajando la cabeza.

Los ojos de Yor se dilataron cuanto más procesaba las palabras del espía. El hombre frente a ella asintió, apoyando su desconcierto ante esa información.

—¿Entonces qué pensaste para que Anya se pusiera así? —Twilight se estremeció.

—Prefiero no decirlo —contestó él, mirando a la asesina con desconfianza.

—¿Quieres decirme que debo imaginar que no pensaste nada preocupante?

Twilight volvió a suspirar. A ese ritmo, iba a terminar recibiendo miradas de enfado de ambas, porque ya el tono fuerte de Yor hizo que le recorriera un escalofrío por la espalda.

—Está bien, lo diré —declaró, moviendo la cabeza—. Tampoco quiero irme, Anya. Pero olvidas que soy un espía llamado Twilight y Yor es una asesina. Nunca podríamos… —y se detuvo.

—Twilight —murmuró su vieja amiga, comprendiendo la implicación en sus palabras.

—Papi tiene que irse —dijo Anya, observando a Twilight—. Pero quiere a mami.

El espía se resignó a reírse, pasando los dedos por el flequillo de su hija. Era la verdad, no había forma de mentir. Las agitaciones en su pecho y la calidez en su infancia eran una forma inmadura de algo que se fue transformando en amor. Incluso en su época oscura como soldado, lo mantenía sensato y con un diminuto anhelo de felicidad.

Al menos, había podido decirle a su vieja amiga que estaba enamorado de ella.

Y tal vez podría asustarla un poco, pero no tanto como para no inclinarse y plantarle un pequeño beso en los labios.

Cuando se alejó, Yor se carcajeó un poco y Twilight no pudo evitar sonreír también.

—Supongo que no puedo ocultar lo que pensé, después de todo.

La mano de Yor vaciló un instante delante de su rostro antes de apoyarse contra su mejilla.

—¿Mami quiere a papi? —preguntó Anya. Sus ojos parecían brillar de emoción.

—Algo así, querida Anya —expresó y regresando la vista a Twilight, añadió—. ¿Quieres irte?

—No —dijo Twilight, casi riéndose de sí mismo y apoyado contra la mano de Yor—. ¿Qué hay de ti?

Luego pensarían en las consecuencias. Un poco de egoísmo parecía estar bien.

—Quiero quedarme —exclamó Yor después de un momento—. Quiero quedarme contigo, Twilight.


Nota de la autora: No saben cuanto necesitaba subir este capítulo. Es de mis favoritos.

Cada vez más cerca de la recta final, créanme, estoy tratando de unir todo para hacer un buen cierre.

Ciao.