¡Aquí estoy de nuevo con un nuevo capítulo! Oh, se me olvidó aclarar unas cuántas cosas en el cap. Anterior.

Primero, Alice es la hermana adoptada de Bella y Rosalie es sólo una amiga de ellas dos. Emmett y Jasper son hermanos y Edward es su primo, pero vive con ellos. Carlisle y Esme son los padres de Emmett y Jasper y tíos de Edward.

Capítulo Dos: El anillo

-Edward, ¿habéis venido con vosotros al castillo antes?- preguntó su tío, Sir Carlisle

-No. Estaba haciendo otras cosas más importantes que ver como Jasper y Emmett se derriten por Miss Swan y Miss Hale.

Jasper y Emmett miraron hacia la ventana, avergonzados.

-¿Cuánto falta?- preguntó Edward después de un incómodo silencio.

Jasper, Emmett, Carlisle, Esme y Edward iban dentro del carruaje para llegar a la fiesta de los Swan. Carlisle y Esme platicaban entre sí, regañando a sus hijos y sobrino de vez en cuando. Emmett le hacía bromas a Jasper mientras Edward miraba el paisaje, de vez en cuando interviniendo en las pláticas de sus primos.

Para Edward, todo esto era una insensatez. Por él, se hubiera quedado en su hacienda leyendo un libro, pero sus tíos habían insistido en que fuera. Se preocupaban porque no llegara a tener una buena esposa, ya que estaba a punto de cumplir 19.

-Ya falta poco, Edward. Mira ya podéis ver el castillo desde aquí.

Edward miró hacia la ventana. Abrió los ojos desmesuradamente

El castillo, aunque en lo lejos, se veía majestuoso. A lo lejos se podía ver las torres del castillo elevarse a lo largo, distinguiéndose sobre lo demás, creando una forma elegante y hermosa. Al lado del castillo había un lago, un hermoso y espacioso lago, que creaba la ilusión de estar en un cuento de hadas. Había lirios y gansos y varias flores exóticas rodeándolo. A lo largo se extendía vastos jardines, murallas de arbustos y flores por doquier. Rosas, claveles, orquídeas, petunias, alcatraces, crisantemos, begonias, alelís, liles, margaritas y tulipanes se veían por doquier de diferentes colores cada especie, formando un arcoíris botánico.

Pero lo más sorprendente era la enorme de carruajes afuera del castillo, por lo menos veinte. Cuando el carruaje se acercó más pudo ver con claridad todo.

Pudo ver la variedad de personas que habían: había duques, virreyes, condes y caballeros, la mayoría con pareja, por doquier.

Pero más que nada había damas. Eran todas muy diferentes entre sí: algunas con vestidos rosas, otras con vestidos rojos, otras con verdes o azules, o incluso amarillo. Algunos vestidos eran más elegantes que todos, otros más simples. Otras usaban demasiada joyería o demasiado maquillaje. El contraste entre color de piel era también muy variable. La única semejanza que Edward pudo encontrar era que usaban una máscara, todas y todos.

-Después de cierto tiempo y quejas, al llegar al principio de la fila.- Esme exclamó.

-Por fin, hemos llegado. Creo que Miss Swan tiene demasiadas amistades.

-Puede que también sean invitados de Bella.- exclamó Carlisle

Emmett soltó una carcajada

-Padre, ¿es que no conocéis a Bella? Simplemente no es así.

Un lacayo abrió la puerta amablemente. Todos bajaron del carruaje, mientras todos veían a la famosísima familia Cullen, la familia más próspera, codiciada y envidiada del reino, claro, después de los Swan.

Esa era una de las razones por lo cual, Carlisle pensó que su hijo Jasper podría contraer matrimonio con la princesa IIsabella Swan. No envidiaba a tal familia, pero pensaba que era un matrimonio propio.

Envió a su hijo, Jasper, con la excusa de dejarle algo a el rey Charles (Charlie, por si no es obvio) Para su sorpresa, Jasper y Bella sólo se volvieron amigos pero más se sorprendió al ver que su hijo se había enamorado de su hermana, Alice.

Un día que Jasper se quedó demasiado tarde, mandó a Emmett a buscarlo. Y ahí fue cuando Emmett conoció a Rosalie y se enamoró de ella.

-Allá está mi amada. Nos vemos.- exclamó Jasper mientras se esfumaba dentro de la multitud tras de Alice.

-Dudo que lo veamos pronto.- murmuró Carlisle mientras buscaba a Jasper entre la multitud.

-¡Por dios! Se me olvidó darle el anillo a Jasper.- susurró Emmett debajo de su máscara.

-¿Vos tenéis el anillo, Emmett? ¿Porqué os lo tenéis?- preguntó Esme mientras caminaba hacia la puerta.

-Jasper me ha pedido que se lo cuidara y que se lo diera cuando encontrara a Alice. Como es olvidadizo se le olvidó que yo también lo soy. Oh, ahí está Rosalie. Ehm, Edward, ¿podrías darle esto a Jasper? Necesito ver a Rosalie.

Antes de que Edward declinara, Emmett ya había depositado la caja con el anillo en las manos de Edward. Acto seguido, Emmett fue tras de Rosalie.

Edward miró a sus tíos.

-Carlisle, Esme, tengo que darle esto a Jasper. Disfrutad de la fiesta. Nos veremos luego.

Edward salió disparado. Trató de buscar a Jasper entre la multitud pero no vio a su primo por ninguna parte. Cuando entró al lugar donde la celebración daba pie, se dio cuenta que sería algo prácticamente imposible.

El lugar rebosaba de gente. Edward apenas podía caminar entre la gente, ya que apenas había espacio. La música resonaba en el salón, creando una atmósfera agradable. Edward pudo apreciar cómo las parejas bailaban entre sí, bailando con una gracia inigualable.

Aún con prisa, Edward pudo darse cuenta de lo grande que era el salón. Era gigantesco, bien decorado, al menos el doble de la casa de Edward. Sólo el salón.

Pero aún con toda esa gente y alboroto, Edward pudo distinguir, como si hubiera una luz celestial alrededor de ella, a la más hermosa dama que haya visto alguna vez.

La dama tenía un vestido azul que contrastaba contra su piel pálida. Edward no podía ver su rostro porque estaba volteada, al parecer discutiendo con alguien. Pero podía ver sus hermosos rizos castaños.

Lo más bizarro era que tenía alrededor un aura de respeto, como si tuviera algún cargo importante.

Trató de ir hacía ella. Si había una cosa que a Edward no le gustaba en lo absoluto, eran las sorpresas o los misterios. Y había algo de lo que Edward estaba totalmente seguro: sabría quien era esa dama, aunque fuera lo último que hiciera, que atrajo su total atención, cosa muy difícil de hacer.

De la nada, sintió una mano tocarle un hombro. A regañadientes, se dio la vuelta. Detrás de él se encontraba una dama rubia vestida de rojo, quién era bastante familiar.

Era Rosalie, a quién había conocido hace tres meses, cuando Emmett se la había presentado a Carlisle y a Esme.

-Hola Sir Cullen. Un placer volver a verte.- hizo una reverencia, una que Edward correspondió.- ¿Habéis visto a su cuñada, Miss Swan?- preguntó-.

Eso hizo que saliera del trance que la dama le había producido.

-No, no la he visto, Miss Hale. Estoy buscando a mi primo, Sir Jasper. Tengo que entregarle algo.

-Muy bien. ¿Qué tal si entre los dos lo buscamos? Donde esté Sir Cullen debe estar Miss Swan.

-Me parece bien. ¿Por qué no buscáis por allá mientras yo buscó por aquí?

-Perfecto.- Rosalie despareció entre la multitud.

En cuanto Miss Hale no se vio por ningún lado, Edward volteó para ver a su misteriosa dama por lo cual estaba muy intrigado. Pero al darse la vuelta, su Julieta había desaparecido. Aquella preciosa dama no se veía por ningún lado.

Edward se lanzó a la multitud, impaciente, buscando a aquella dama.

No había mucho por donde caminar, casi no se podía pasar entre todas esas personas bailando. Edward los empujó con impaciencia y se debatía con las manos que lo rechazaban. Escuchó exclamaciones de irritación y de dolor de todos los caballeros. Escuchó exclamaciones de sorpresa y varios saludos al reconocer que era el talentoso Edward por parte de las damas, ya que su música era conocida por todos lados.

Una nueva canción, llena de elegancia y con melódicos sonidos, empezó y la muchedumbre lo llevó a la dirección opuesta en que Edward había planeado ir.

Edward se tropezó con algo bulboso que hizo que golpeara la espalda de un hombre de pelo rubio.

-¿Qué pasa…?- exclamó molesto

-Lo siento mucho señor. No era mi intención.

Una oleada de emociones recorrió su rostro, primero enojo luego sorpresa y por último, reconocimiento.

-Oh, no, no importa. No os preocupéis. Puedo aceptar todo de parte de un duque y un muy talentoso pianista como usted. Claro, aunque su nivel es muy inferior al mío.

-No sé qué decir, Sir…

-Michael Newton, hijo de la reina Rachel, príncipe de este reino. ¿Porqué no os acompaña un rato, Sir Cullen?

Edward miró detalladamente al príncipe Michael. El chico que parecía de su edad era bien parecido. Tenía el cabello rubio, con ojos azules. El hombre era alto y le llevaba una cabeza a Edward. Sir Michael exhibió una sonrisa.

-Decida quedarse, por favor, Sir Cullen. Sería un insulto y una blasfemia que diga que no.

Edward analizó la situación. Lo más probable era que su dama misteriosa ya se hubiera escapado y evaporado pero todavía tenía que buscar a su primo.

-Lo siento, Príncipe Newton, pero estoy buscando a mi primo, Sir Cullen. Le debo entregar inmediatamente cierta cosa. Tal vez podamos encontrarnos después.

A Sir Cullen no le gustaba para nada la pinta de aquél señor. Le parecía arrogante y presumido, cosa que le disgustó, aunque él fuera igual. Rápidamente, trató de huir.

-Qué lástima, Sir Cullen. Espero que su primo sea mucho más importante que yo, ya que se niega a hablar con vosotros.- señaló al grupo de condes y duques que lo rodeaban por interés.- Se niega una gran oportunidad. Pero ya no le entretengo más. Supongo que es de extrema importancia.

-Si me permite, Príncipe Newton y compañía.

Edward casi corrió de aquél grupo lo más rápido que pudo. Trataría de alejarse de ellos lo más que pudiera.

Mientras bufaba por la acritud de aquél hombre, pudo distinguir una cabellera rubia y una caballera negra con puntas que señalaban, cada una, a una dirección diferente. Alice.

Edward corrió a donde se encontraba porque sabía que donde estuviera Alice estaría Jasper.

Después de empujar a unos cuantos caballeros, consiguió llegar con Alice que estaba junto a su primo, viéndose con demasiado amor y ternura para una persona como Edward, que nunca había experimentado tal sentimiento, y por lotanto sonrió burlón. Edward tocó el hombro de Jasper.

Este, irritado, se dio la vuelta.

-Miss Swan, ¿os molestaría que tomará a mi primo por unos momentos?- preguntó Edward.

-No, claro que no. Pero no tardéis mucho. Oh, y ya os dicho que no me llaméis así, prefiero Alice.

-Gracias Alice.

Edward se retiró y Jasper lo siguió. Los dos se detuvieron en un lugar un poco despejado, pero aún con ciertas señoritas viéndolos con interés. Edward pudo distinguir como Alice bufaba y gruñía al ver como una pelirroja veía a Jasper con demasiado interés.

-¿Qué queréis?- preguntó molesto Jasper, irritado por estar separado de su amada.

-Se te ha olvidado el anillo, Romeo. Te he estado buscando desde hace un rato. Tomad. Me debéis una.- Edward le pasó el anillo que tenía en su bolsillo.

La expresión de Jasper pasó de enojo a sorpresa y alivio.

-Pensé que se lo había dado a Emmett.- murmuró

-Me lo dio a mi porque tenía otros asuntos que resolver.- contestó Edward mientras ponía los ojos en blanco.

-¿Rosalie?

Rosalie.- los dos negaron con la cabeza.

-Bueno, supongo que tengo que regresar con mi Alice. Muchas gracias, Edward.

-De nada. Buena suerte, Jasper.

-Gracias.- murmuró mientras empezaba a sudar, después de evaporarse entre la multitud.

Edward no sentía ganas de bailar con nadie ni de seguir vagando por aquél inmenso y vasto lugar. Supuso que Jasper estaría muy ocupado con Alice al igual que Emmett y Rosalie y no le apetecía molestarlos en estos momentos. Por un momento pensó en ir a conquistar a una chica rubia que casi choca con un duque por estar mirando a Edward pero prefirió no hacerlo. Tal vez Jasper tenía razón, su corazón era de hielo.

Pero no importaba mucho lo que decía Jasper, ya que sabía anteriormente que su corazón era de hielo. Sólo no quería que Jasper tuviera más pruebas para molestarlo. Suspiró y volteó la cabeza. Vio a un grupo de damas que se reían entre sí y miraban con disimulo, a al menos intentaban hacerlo, a Edward.

Edward las miró con aburrimiento y puso los ojos en blanco y negó con la cabeza al mismo tiempo.

Generalmente, Edward les guiñaría el ojo y sonreiría pero hoy no estaba de humor. Volteó hacia el otro lado.

Pero antes de voltearse pudo ver a una dama rubia, con vestido blanco acercarse mientras sus compañeras la veían.

Oh, oh. Pensó Sir Cullen

La rubia se acercó y se sentó al lado de Edward. Al ver que él no se dignaba a verla, ella trató de llamar su atención. Hizo una reverencia hacia Edward.

-Buenas noches.- dijo entusiasta.

Edward se volteó lentamente.

Sé duro y rápido.

-Buenas noches.- dijo aburrido.

-Perdone, amable caballero, pero creo que no me equivocó cuando digo que eres Sir Cullen, el famoso pianista.-guiño un ojo.

Edward frunció el ceño. Esto hizo que la dama perdiera un poco de confianza.

-Debo admitir que no se equivoca, Miss.

Edward la examinó de arriba abajo. La dama era linda, pero de una manera algo vulgar. Tenía el cabello rubio y llegaba hasta la cintura y tenía los ojos dorados. El vestido blanco era corto con un escote demasiado provocativo y que daría lugar a muchos rumores.

La señorita se mordió el labio, pero no por nerviosismo, si no por coquetería y en un intento de ser provocativa.

Edward rodó mentalmente los ojos.

-No me gusta que me llamen por mi apellido, así que te diré mi nombre: Tanya.-estiró la mano. Edward sólo la contempló hasta que, incómoda, la bajo.

-Me encantaría escucharlo tocar piano algún día en vivo, Sir Cullen

-Lo siento pero yo sólo tocó en lugares privados y sólo puedo invitar a personas especiales para mí.

-Lo entiendo. ¿Por qué un día no venís al castillo y tocas sólo para mí? Me encantaría conocerlo Sir Cullen.

Eso confundió a Edward. ¿Al castillo? ¿Acaso era amiga íntima de Alice?

-Ehm, no creo que pueda.- buscó por todas partes una salida.

Entonces vio como Rosalie y Alice se reían por alguna cosa. Edward sonrió y Tanya lo malinterpretó, ya que ella también lo sonrió.

-Lo siento pero me voy. Tengo otras cosas que hacer.- presuroso, se levantó. Corrió hacia donde se encontraban Miss Swan y Miss Hale.

Se puso frente a ellas dos.

-Hola de nuevo, Sir Cullen.- exclamó Alice.

-Hola Alice ¿Dónde está Jasper?

-Ha ido por unas bebidas. Te ves alterado. ¿qué os ha pasado Sir Cullen?

-Me he encontrado con una dama guera de su juicio.

Miss Hale soltó una carcajada.

-Eso le pasa por dejarme sola buscando a Miss Swan.

Edward abrió los ojos como platos. Se le había olvidado por completo.

-Os estuve buscando, pero no os encontré hasta ahora.- mintió Edward convincentemente.

-¿Y quién es esa dama, exactamente?- preguntó Alice.

Edward la miró.

-Una dama llamada Tanya. No os ha dicho su apellido.

-¿Cómo es? Alta, rubia, escote atrevido?

-¿La conocéis?

-No. Viene hacia acá.

Edward abrió aún más los ojos.

-No es cierto. Sólo quería ver su expresión, Sir Cullen.

-¿Entonces cómo sabéis quién es?- preguntó Edward.

Alice y Miss Hale rieron.

-Tanya es mi hermanastra, tonto. Lo sabrías si hubieras venido antes al casillero.

-¿En serio Alice?

-Claro que sí.

-Eso realmente fue una sorpresa.- exclamó Edward.- Por cierto ¿De qué se estaban riendo?

Antes de que Alice pudiera contestar, Jasper apareció.

-Ya he vuelto, mi amor.- rozó la mejilla de Alice mientras juntaba su frente con la de él.

Edward y Rosalie sintieron necesidad de voltear a otro lado, ya que sentían que estaban invadiendo su privacidad.

-¿Y qué le ha pasado a la pobre de Bella?- preguntó

***************

-Se ve preciosa, Miss Swan.- exclamó Sir Eric.- Preciosa.

Bella se sentía incómoda. Rosalie y Alice la habían convencido de bailar con todos los caballeros solteros, en un fallido intento de conocer a alguien que le agradara.

Desafortunadamente, no estaba resultando.

Y lo peor era tener a su hermana y mejor amiga viendo como se burlaban de ella, sin ton ni son, al ver la mueca de disgusto que hacía siempre que bailaba con alguien.

-Lo siento Sir Yorkie, pero debo marcharme. Mi hermana me llama.

Se zafó rápidamente del agarre de Sir Yorkie mientras él hacía una mueca de desagrado.

Bella corrió rápidamente hacia Alice, Jasper y Rosalie que estaban acompañados de un caballero que no reconoció.

Alcanzó oír decir a Jasper:

-¿Y qué le ha pasado a la pobre de Bella?

Molesta, contestó.

-¿Acaso te estás burlando de mi, Jasper? Sé que se han estado burlando de mi.

El muchacho desconocido volteó. Era fuerte, con un cabello bronce despeinado, que vestía elegantemente. Parecía que sus ojos eran esmeraldas, de un hermoso color verde. Se la quedó mirando, hasta que el rompió el silencio.

-Alice, ¿porqué nunca había visto a esta hermosa dama antes?

-Porque nunca venís al castillo Edward. Ella es Isabella Swan, mi hermana heredera al trono.

-Perdone, ¿pero quién es él?- señaló a Edward.

-Soy Sir Edward Anthony Masen Cullen. .- sonrió.


¡ Qué tal! Me puse las pilas y pude terminar este capítulo! Pongan reviews! jiji, soy malvada! les deje ahí con la duda de que pasará ahora que Bella y Edward se conocieron! Gracias y sigan leyendo!