Capítulo Tres: El Compromiso
Edward no recordaba nunca haber visto una dama tan hermosa como la que tenía enfrente a él. Por fin había encontrado a su dama misteriosa. Al fin. La dama era hermosa, pero a su propia manera. Tenía unos ojos preciosos, como el chocolate. El cabello largo y marrón estaba ondulado, como finas capas que enmarcaban su hermoso rostro, que estaba contorsionado en una mueca de confusión. Su cuerpo era frágil, como si fuera una muñeca de porcelana. Per se veía con una actitud fuerte, inquietante e interesante.
-Así que usted es el famoso Sir Cullen.- murmuró la dama.
-Si. Y es un honor conocer a la famosa hermana de Alice. Debo comentar que la menciona demasiado.
Miss Swan se sonrojó.
-Debo suponer que así debió ser.- fulminó a Alice con la mirada.- Pero creo que he oído hablar más de usted.
-¿Y cómo es que me ha oído hablar de mí, alteza? ¿Acaso ha oído mi música?- preguntó esperanzado.
-No, mi hermana me ha hablado de usted.
-¿Buenas cosas, supongo?
-No tan buenas, Sir Cullen. Cosas cómo que anda conquistando a cualquiera que pasa enfrente de usted, sólo por mencionar una de ellas.
Bella sonrió.
Edward se le quedó viendo ceñudo. Nunca en su vida le habían hablado de ese modo y mucho menos con ese tono.
Parpadeó, sorprendido. Alice y Jasper rieron.
-Hum, Alice, querida, ¿os gustaría bailar conmigo en esta maravillosa velada?
Alice miró a Bella y a Edward fijamente.
-Creo que sí, cielo. Hay que dejar a este par solo.- Alice rió musicalmente.
Jasper jaló a Alice hacia donde la alegre música del violín sonaba. Alice no opuso resistencia y lo siguió con andar increíblemente elegante.
Rosalie miró hacia un lado y vio unos rizos negros moverse.
-Oh, allá está Sir Emmett Cullen. Con su permiso, Miss Swan y Sir Cullen.- hizo una pequeña reverencia mientras Edward la correspondía.
Bella sonrió al ver como Rosalie corría hacia donde estaba Emmett.
Había algo en ella que atraía la atención de Edward. Miró hacia donde estaba Miss Swan. Pero cuando quiso tratar de iniciar una conversación, Miss Swan había empezado a andar en el sentido contrario a donde se encontraba Edward.
Sir Cullen caminó a zancadas hacia Miss Swan, presuroso.
-¿Adónde vas, Bella?- preguntó cuando por fin la alcanzó.
Bella se detuvo y la miró asombrada.
-¿Qué pasa?
-Os me ha llamado Bella.- respondió
-Si. Su hermana os ha dicho que le gusta que le llamen de esa firma.- Bella empezó a andar de nuevo, ahora más presurosa llevando a un presuroso Edward detrás.
Sus rizos flotaban en el aire al caminar cuando bufó.
- Alice.- murmuró, molesta.- ¿Para qué queréis enemigos cuando tenéis una hermana como esa?
- Bueno, debo confesar que si fue ella.
- Pues cualquier cosa que os haya dicho Alice, sólo soy llamada Bella por los seres queridos.- Bella bufó de nuevo, al final.
Edward se detuvo haciendo que Bella también lo hiciera y volteara con un suspiro para verlo de frente. Sonrió. Él acercó más a Bella y susurró en su oído.
- ¿Acaso no soy yo un ser muy querido, Miss Swan?- susurró
Bella tembló haciendo que Edward sonriera aún más.
Dada la amplia experiencia de Sir Cullen, confiaba en que ella no sería ya tan testaruda. Pero Bella suspiró de nievo y dio un paso para atrás, mirando a Edward a los ojos.
-Probablemente lo sepa, pero no me gusta ser tratada de esa manera, Sir Cullen.- respondió fríamente.- Y no, no sois un ser querido, Sir Cullen, apenas un conocido. Por más que me desagrade que llame Isabella, no es propio que me llame Bella.
Edward soltó una carcajada.
-Hagamos un acuerdo, su majestad. Aunque no sea un ser querido, o al menos eso afirmáis,- Edward sonrió mientras Bella ponía los ojos en blanco.- te llamaré Bella y a cambio os podrá llamarme Edward. ¿Qué decís, majestad?
-No, ya os dicho que no es correcto, Sir Cullen.
-Sí así lo queréis, Miss Swan.
Bella mostró su obvio desagrado.
-¿Miss Swan?
-Claro. Eso es lo propio, Isabella. ¿Acaso no lo queréis así, Miss Swan?- remarcó las dos últimas palabras con arrogancia.
A Bella le irritaba demasiado que cualquiera le dijera así, incluso su familia. No hay que mencionar que esto le sacaba fuera de sus casillas.
-Muy bien. Podéis llamarme Bella. Pero vos seréis una excepción. Pero usted no es un ser querido, Edward.
-Eso decís ahora, Bella. Pero con el tiempo, no sé, podamos ser amigos, luego, no sé, ser compañeros… (en ese tiempo decir compañeros era decir pareja)
-Tantas cosas no os alcanzaran para una sola noche, Edward.
-No estoy hablando de una sola noche. Habló de varios días.- guiñó un ojo.
Bella abrió los ojos desmesuradamente.
-¿Cómo os osáis a hablar de ese modo? ¿Acaso vendréis mañana?- se oía irritada y desesperada.
-Claro.
Bella empezó a andar de nuevo. Edward la sujetó de la muñeca, firmemente.
-¿Adónde vas, Bella?
-Aunque vos estéis presente no hay nada que me sujete a estar con usted.
-Apuesto a que queréis que me quede, pero tu orgullo no os deja.
-Me atrevo a decir que eso es absolutamente ficticio.
-Y me atrevo a decir que incluso queréis bailar conmigo.
Bella se volteó molesta.
-No bailaría con usted aunque fuera el último caballero en este reino.
Edward la miró a los ojos y, una vez más, se perdió en ellos.
El chocolate se enfrentaba al esmeralda, los dos rehusando a desviarse del otro, ya que ambos estaban perdidos en el otro. Si alguien hubiera visto aquellos pares de ojos, no sabría decir cuáles eran los más hermosos. Los dos pares tenían su propio encanto.
Los de Bella eran profundos, tan profundos que no hallabas fin. Eran misteriosos, llenos de secretos ocultos, junto con un toque de aprensión y percepción. Y eran dulces, dulces como las mieles mismas y exquisitas, como su color, el chocolate, Curiosamente, era como nadar en un mar en donde era difícil salir.
Los de Edward eran extrovertidos, con una chispa de misterio y dulzura. Sus ojos cambiaban de acuerdo a su estado. Podían ser dulces como el azúcar mismo pero podían ser fríos y duros como el hielo. Eran tan verdes que se podía decir que una esmeralda habitaba cada ojo.
Pero a esa batalla por dominancia, se incluyeron unos ojos azules, quienes se veían bastante enojados. Se veían claros a lo lejos, pero al acercarte más, podías ver que una tormenta auguraba cerca.
El dueño y señor de esos ojos azules como el cielo puso su mano alrededor de la cintura de Bella, rompiendo la conexión íntima que había entre Bella y Edward.
El portador de los mismos ojos acercó a Bella a su lado haciendo que Bella lo mirara.
Edward, molesto por la interrupción, alzó la vista para ver quién era. Se sorprendió al ver que el con esos ojos correspondía a Sir Newton.
-Veo que ya habéis conocido a Sir Cullen.- susurró Sir Newton.
¿Quién os cree que es?
Edward estaba totalmente confundido y miraba con llamas en los ojos el brazo de Sir Newton alrededor de Bella.
Querría arrancar, despedazar de ser posible, ese brazo.
Edward nunca había sentido ese sentimiento de furia tan concentrado como ahora lo sentía, tan vívidamente que le daban nauseas.
Sentía coraje, mucho coraje. Y otro sentimiento que jamás había experimentado, pero sin embargo formaban un monstruo que rugía dentro de él.
Pero por otra parte, una mínima parte, sentía satisfacción. Bella estaba atrapada en el abrazo de Sir Newton pero se veía incómoda, como si no quisiera estar ahí. Trataba discretamente de zafarse, desesperada.
Y por último estaba la confusión. ¿Por qué Bella se dejaba? ¿Qué pasaba? Bella tenía el poder suficiente para mandarlo fuera del castillo de una vez por todas, si seguí en esa posición.
-Si, ya lo conocí. Es el primo de mi cuñado, Sir Jasper Cullen.
Michael Newton miró a Edward.
-Esa información no estaba en mi poder. ¿Hace cuánto que vosotros se conocen?
-Hace unos cuantos momentos. De hecho antes de que viniera gozábamos de una charla.- contestó Sir Cullen, receloso.
La mirada de Sir Newton de tornó aún más helada, pero antes de poder decir algo un golpe leve de una copa de vidrio lo calló. Una importante anunciación.
Los tres, la princesa y los dos caballeros se voltearon y vieron a Jasper y Alice, abrazados, viéndose con ternura excesiva. Sir Jasper Cullen había llamado la atención de todos.
Los murmullos y música callaron poco a poco hasta que se creó el silencio total. Todos voltearon hacia Jasper y Alice.
-Es un gusto, un placer, tener a todos vosotros aquí, cómo testigos de lo que estoy a punto de proclamar. Estamos todos aquí para celebrar a Miss Swan, alguien que simplemente siempre lleva alegría a todos los corazones para aquellos que la conocen, con su actitud siempre tan optimista. Conozco a Alice Swan hace seis meses y creo que es la mujer más hermosa y preciosa que he conocido jamás. En cuánto la vi, me enamoré totalmente de ella, y como un milagro del señor, ella correspondió mis sentimientos de afecto. No he conocido a nadie tan hermosa y radiante desde entonces y me regocijo de que jamás lo haré. Me di cuenta desde que la conocí y supe que tenía un tesoro en mis manos, uno que no podía malgastar de ninguna manera. Hoy decidí que quería atarme a ella de todas las formas posibles y le propuse matrimonio. Ella aceptó, gustosa. Pero tanta era nuestra felicidad que decidimos compartirlo con todos vosotros y esperamos que pueden compartir nuestro regocijo.
Alice lo abrazó fuerte y dulcemente y los dos se enfrascaron en un beso apasionado, mientras los demás aplaudían impresionados, mientras vitoreaban a la feliz pareja y aplaudían con gozo. No se le vio por ningún lado a Charles Swan, el rey, cosa que no sorprendió a nadie. Nunca se le veía en los méritos de sus hijas.
Cuando la atención de Sir Cullen se dirigió de nuevo a Sir Newton y Miss Swan, vio que la expresión del primero había cambiado de una forma tenebrosa. Se mostraba aún más posesivo y pensativo.
Sir Newton tomó con fuerza la delicada mano de la princesa Swan, provocando una mueca de dolor por la dama. La desafió a quejarse, pero no lo hizo. Sólo le miró con furia y rabia.
Mientras le trituraba la mano, empezó a caminar hacia adelante, llevando a una confundida Bella por detrás.
-¿Adónde me lleváis?
-A hacer un anuncio aún más importante, querida Miss Swan. Sólo tardara unos minutos, princesa.
Dejaron a Sir Cullen atrás. Pensó en seguirlos, pero no lograba encontrar sus piernas entumecidas. Sentía un mal presentimiento. Sentía que el monstruo dentro de él rugía sin parar, implacable.
La gente danzaba a su alrededor danzaba con gusto y alegría a su alrededor.
El problema que le concernía a Edward era sobre el compromiso entre Jasper y Alice. La gente empezaría hablar, no osarían hacerlo aquí, pero lo harían. Se preguntarían si algo andaba mal con Bella.
Según la tradición, en la familia siempre se debía matrimoniar a la mayor, antes de hacerlo la menor. Esto provocaría demasiados rumores en el reino, en especial proviniendo la noticia de la sagrada familia real.
A menos que…
Bella estuviera comprometida ya.
Negando mentalmente que fuera posible, caminó hacia adelante, tratando de eliminar esos pensamientos que le llenaban, tratando en un febril intento de alejarse de esos pensamientos que le llenaban.
Caminó y caminó hasta que casi choca con una señora que estaba en frente de él.
Elevó la cabeza hasta encontrarse con la mirada helada de una señora cuyo rostro ya había visto innumerables veces.
La reina Rachel de Inglaterra, esposa del rey Charles Swan.
Lo miró de arriba para abajo, disgustada, su boca formando una mueca de disgusto.
-¿Qué esperáis? ¿Es que no debéis arrodillarte ante tu reina? ¡Qué insolencia!
-Lo siento mucho su majestad. – Edward se arrodilló ante ella y pudo verla en realidad.
La reina era ya una anciana, con el cabello rubio recogido, Usaba un elegante vestido, con millones de joyas. Tenía los ojos azules, que le recordaron a Sir Newton.
-Supongo que usted debe ser Sir Cullen, ¿no es cierto, muchacho insolente?
-Sí, así es, su majestad.
Lo miró de pies a cabezas.
-Vienes de una muy buena familia y una bien adinerada, debo decir. Y debo admitir que eres bien parecido, también. Debéis conocer a mi hija, Tanya.
Los ojos de Edward se agrandaron considerablemente.
Sir Newton había dicho que su madre era la reina Rachel. Entonces, si Tanya era hija de la reina, también era hermana de Sir Michael Newton. Era Tanya Newton. Los dos eran hermanastros de Bella, ya que el padre de Bella era el rey Charles.
Antes de que pudiera decir algo, Sir Newton y Miss Swan aparecieron en donde hace un momento se encontraba Jasper.
A punto de decir algo importante. Todos callaron de nuevo al ver que la princesa Isabella estaba parada enfrente de ellos.
-Buenas noches a todos. Yo también quiero dar una anunciación importante, quiero que todos compartan el regocijo que nosotros gozamos. Como nuestros seres más queridos sabrán, estoy comprometido. Pero no con cualquier dama. No. Estoy comprometido, orgullosamente, con la Princesa Isabella Swan. Y estamos a punto de casarnos en un mes. Quería compartir vuestro gusto y placer con ustedes. Gracias.
La gente reverenció ante ellos, menos la reina Rachel y Edward. Todos aplaudieron con gusto, al saber que la futura reina y había escogido esposo y futuro rey.
Edward estaba angustiado, Sentía que estaba a punto de caerse.
Nunca lo habría deducido. Todo por la asunciones. Asumió que la princesa debía ser soltera, por supuesto. Ni siquiera se había molestado en preguntarle.
Estaba hecho una fiera. Una verdadera fiera que hay que temer.
Pero no era el único que se sentía de esa manera. Rosalie, Jasper y Alice se les veía que tenían el mismo humor que el.
Pero en especial Bella. Pero, aunque hubieras notado su mueca de disgusto, nunca nadie previó lo que estaba a punto de hacer. Ni siquiera Sir Newton, ni Alice, ni Edward.
Nadie esperaba lo que estaba a punto de suceder.
¡Hola a todos, de nuevo! Siento muchí haberlos dejado así en el capítulo anterior y haberme tardado tanto en poner un nuevo capítulo. Pero juro que pondré el sig. Capítulo pronto! Lo juro!
Pero, porfa, dejen reviews!
Gracias por leer!
p.s: ¿Ya vieron la peli de luna nueva? Si no la han visto, véanla. ¡Esta genial! ¡Muy apegada al libro!
Stardropper ;)
