Hola chicos. Sé que tiene años que no pongo un nuevo capítulo, pero las excusas y noticia están abajo. Nos leemos después del capítulo, chicas.
Capítulo Seis: ¿Castigo o recompensa?
-Nos vemos pronto, hermana mía.- le dijo Alice a Bella mientras que esta el deseo de vomitar se le hacía más presente. Se acercó más al oído y le murmuró.- Suerte, hermanita. En serio espero que vuestro señor te acompañe al tratar de convivir con estas dos bestias juntas.
Alice le dio una última mirada a su hermana de condolencia.
-Sed bueno, Edward. Mi hermana no tiene resistentes nervios y tu arrogancia hace que sus pobres nervios se destruyan por completo.
Edward levantó ceja y sonrió con brillo pícaro en sus ojos.
-Puede que le destruya los nervios a vuestra hermana, o puede que los repare. Me haré cargo de ello, no os preocupéis. De todos modos, es animado ver como vuestra hermana pierde los estribos. Es encantadoramente adorable.
Alice sonrió con el comentario de Edward y lo escrutó de arriba para abajo antes de salir por la puerta. No se inmutó por despedirse de su hermanastra quien veía con posesión a Edward, cosa que perturbó a Bella de gran manera.
En opinión de Bella, Edward Cullen y Tanya Black, eran tal para cual. Sus acciones y actitudes eran las mismas de arrogantes y de altaneras, sin mencionar que se creían del mejor ganado, aunque fueran el más horrible y peor ganado que Bella hubiera visto jamás. Se preguntó que pareja harían y cómo serían sus descendientes. Decidió que el bebé sería una víbora de lo más venenosa al crecer y era mejor no fomentar esa relación ya que le harían pasar un mal rato a Isabella. Y a Alice también, seguramente.
Bella se estresaba cada vez más y las continuas miradas que Edward le daba, llenas de interés y con brillo pícaro, y las miradas de Tanya por igual, que estaban llenos de ira y arrogancia, no ayudaban demasiado a calmar sus pobres y destruidos nervios. Edward fue el primero en terminar el pesado silencio que cada vez se hacía más cargado de tensión. Todos en la sala lo podían disgustar, pero Bella podía saborearlo con más claridad.
-Bueno, entonces ¿podríamos empezar a recorrer tan maravilloso castillo? Bella, me haría un gran favor enseñándome este precioso castillo.
Bella plasmó una sonrisa falsa en su rostro.
-Claro que sí. ¿Por dónde queréis empezar?
-Por los interiores de los castillos
-Está bien. Seguidme por favor.
-Estoy segura de que os encantará el castillo, Edward.- exclamó Tanya con voz falsamente alegre y cálida- Es maravilloso en todos los sentidos.
-Si, en especial cuando no está habitado por parásitos que se sujetan como sanguijuelas al palacio y al dinero*.- murmuró Bella, provocando las risas de Edward y la mirada fulminante de Tanya.
Los tres caminaron por los espaciosos corredores, Bella haciendo uno que otro comentario mientras que Tanya analizaba sus movimientos, y Edward escuchaba atento.
Los pensamientos de Tanya siempre eran llenos de codicia y avaricia, pero esta vez estaban completamente sucios de estos pensamientos. Se mezclaban con todos estos sentimientos y todos ellos iban dirigidos o a Bella o a Edward. Tanya jamás había sentido una obsesión tan fuerte como la que tenía ahora con Edward Cullen, en su vida había deseado tanto algo. Era rico, poderoso y bien parecido. Era difícil imaginarse a otro hombre tan perfecto como Edward Cullen y que tuviera todas estas virtudes.
Mientras tanto, Edward pensaba en lo difícil que era conquistar a Isabella Marie Swan, una mujer que empleaba todo un desafío.
Ayer, en la velada en la que se celebraba el cumpleaños de Alice, se había ido con la mente llena de imágenes de la encantadora y primorosa Isabella. Pensó que sólo sería cosa de un rato, que la olvidaría en cuánto viera a otra damisela que doblara su belleza. Pero después de pensarlo, se dio cuenta de que no había. Isabella era única, original y con una belleza natural y abrumadora. Había conocido damiselas extravagantes, hermosas y estéticas que fácilmente podían doblar la belleza de Bella en momentos. Pero la de Bella era única y Edward sabía que tendría que buscar incluso en el lugar más recóndito de la tierra para encontrar a alguien como ella. Si es que la había.
Pero no estaba enamorado, eso lo sabía muy bien. Sabía que le agradaba Bella, pero sólo era cuestión de días para que Isabella cayera en sus pies. Y aguantaría para ver como la princesa Swan caía a sus pies, sin remedio. La idea lo hizo sonreír.
Después de que Bella les enseñara todos los lugares en el castillo, fueron hacia afuera, a ver los maravillosos jardines por los cuales el castillo Swan era tan bien conocido.
Los jardines eran simplemente maravillosos, razón por la cual miles de personas venían en primavera para ver a los jardines del Castillo Swan. Rosas, tulipanes, no me olvides, margaritas, alcatraces y miles de otra flores cuyos nombres tan distintos y variados que Bella sólo podía nombrar algunos. Sus colores eran tan hermosos y variados que parecían un arcoíris botánico.
En el centro del jardín, como Edward ya había observado, se encontraba el lago más claro y hermoso que hubiera visto. Lleno de gansos y patos, era claro y puro, con algunos nenúfares en el centro de este. Con colores lila, rosa y azules predominantes, el lago era la atención del cualquiera que visitara el jardín.
-El lago ha sido nombrado por algunos poetas amigos de mi padre y es en general llamado como el lago más cuidado y hermoso de la comarca, Sir Edward. ¿Conoce usted de literatura, Edward?
Edward sonrió y asintió.
No me sorprendería si este mentecato no ha tocado en su vida un buen libro, pensó Bella mientras suspiraba.
-He leído muchos clásicos, Princesa Swan.- murmuró aún con una sonrisa.- Supongo que usted también, ¿no se así?
-Claro que sí. Cosas como Orgullo y Prejuicio, o Romeo y Julieta son grandes ejemplos de buena literatura.
-Veo que cuenta con buen gusto. ¿Todos en vuestra familia contáis con esa habilidad lectora que usted cuenta?
-Lamentablemente no, Sir Edward. Yo soy la que más lee, ya que mi padre está en pésimas condiciones como para seguir leyendo cómo cuando lo hacía cuando era más joven. Y mi joven hermana está más interesada en otras cosas.- murmuró Bella con desaliento.
-Yo he leído alguna buena literatura.- murmuró Tanya con voz fingidamente interesada y alegre. La verdad es que no tenía ni la más remota idea de lo que estaban hablando Bella y Edward, pero no podía dejar a Bella llevarse toda la fama y la atención de Edward.
Bella, sospechando de las intenciones de Tanya, le dijo con una sonrisa:
-Y, ¿qué libros ha leído tu, Tanya?- preguntó perspicaz.
-Ehm, Romeo y Julieta y Sueños en una noche de verano.- exclamó Tanya cuando se le vinieron a la mente los primeros títulos que había oído.
Edward, también sospechando de que Tanya mentía, no decidió avanzar con el tema y siguió hablando con Bella sobre Orgullo y Prejuicio.
Tanya se sonrojó fuertemente al ver que Edward no le hacía el menor caso, pero no por vergüenza, si no por rabia. No la había mirado, y su intensa mirada era toda completa para Bella, quien seguía hablando del lago.
Los celos la embargaron y le hicieron perder todo rastro de cordura. Una oleada de odio, dirigida a Bella, se apoderó de ella y sus principios, tampoco conocidos por ser muy limpios, he hizo que en su mente se desarrollara un plan demasiado malvado. Un plan diseñado para matar.
Dirigió una mirada al lago y sonrió.
-Sir Edward, ¿no honra de querer ver más de cerca los peces multicolores del lago? Son también muy conocidos, ya que de noche parecen fantasmas que nadan como murmullos del viento.- recitó Tanya.
-Claro, Miss Black. Estaré encantado de poder ver de cerca esos peces.
Dicho esto, Edward, Bella y Tanya se acercaron al lago donde los peces nadaban con elegancia y sutileza. Parecía que un hada hubiera vertido sobre el lago un arcoíris multicolor para que nadara en ya de por sí colorido y botánico lago.
El suelo estaba mojado y resbaloso, por lo cual Tanya y Edward caminaron con más cuidado de lo que hacían. Ambos caminaban con gracia preciosa y única y podían caminar como si fueran por un lugar plan en lugar de un lugar mortalmente resbaloso.
Bella caminaba a paso de tortuga, ya que era la única no equilibrada de su familia. Siempre se caía aún sobre los lugares más fáciles de caminar, y degustaba de una torpeza única e inigualable. Sintió una punzada de celos cuando vio a Edward caminar con tal gracilidad. Ya estaban cerca del lago, por lo cual no tardaría mucho la tortura.
-Bien Sir Edward.- murmuró esta mientras veía como su vestido se ensuciaba con un poco de lodo.- Como ve, estos peces son demasiado variados y extraños. Sólo uno es de la comarca, el único naranja que ve usted cerca del lirio morado. Los demás provienen de todo un mundo: desde China hasta Italia e incluso algunos vienen de Grecia.
-¿Cuántas criaturas acuáticas hay aquí?- preguntó Edward divertido de ver a Bella tratar de mantener el equilibrio.
-Nadie lo sabe con exactitud, pero se cree que hay alrededor de unos ciento cincuenta peces y cincuenta ranas rondando por ahí.- murmuró Bella, orgullosa de haber recordado tales datos de su niñez.
-Oh, Bella, creo que un pez anda herido. Tú estás más cerca de vuestro lago. ¿Por qué no os checáis si es cierto lo que he proclamado?
Tanya sabía algo que muy pocas personas sabían de Bella: adoraba cada uno de los peces de ese lago. Desde pequeña, venía desde las siete de la mañana para ver a los peces danzar en el lago con compañía de su padre y Alice. Y claro, amaba a cada pez por igual. Se sabía de dónde venía cada uno y en qué año llegaron, al igual que su procedencia. También adoraba las plantas y se sabía cada una de memoria y su ubicación también.
Tanya lo sabía, y esta vez le serviría de mucho.
-Oh, iré a ver. Espero que no sea el de Grecia.- suspiró Bella, preocupada de lo que le habría pasado al pez.
Caminó cuidadosamente hacia el lugar donde se podía apreciar los peces con más facilidad y miró mientras que Tanya la seguía.
-¿Está algún pez dañado?- preguntó Tanya mientras se inclinaba junto con Bella.- ¿Alguno?
-Yo no observo a ningún pez injuriado.- dijo Bella con voz aliviada.- Al menos, no se ve desde esta reducida vista.
-Sigue, observando. Estoy segura de que he visto algo. Oh, Edward, ¿podría pasarme un leño pequeño de entre los juncos?
-Claro.- murmuró Edward mientras se volteaba para coger un leño mientras Bella seguía observando.
Y fue justo cuando todo se volteó de cabeza.
Un suspiró, un empujón y Bella cayó hacia el agua, mojando todo su vestido justo en el momento en que Tanya se volteó.
La vista de Bella se volvió borrosa, confusa y trató de salir, pero no sabía nadar. Pataleó y trató de nadar, pero poco a poco se hundió. El vestido se empezó a hacer más y más pesado mientras se mojaba y su pelo no le dejaba ver nada.
Burbujas de aire se escapaban de entre los pálidos labios de Bella mientras que Bella trataba de llenar sus pulmones con más aire. El aire se agotaba, y sabía que no aguantaría mucho.
El lago era demasiado profundo y Bella sabía que antes de llegar hasta el fondo, se ahogaría por falta de aire o por los golpes que se daría si bajaba hasta el fondo, gracias a las rocas que había debajo.
El agua, una extraña combinación de azul y verde por tantos lirios, empezaba a llevarla a la inconsciencia mientras oía los gritos que se oían desde arriba al igual que el chapoteo del agua mientras algo caía al agua. Tal vez un leño en un vano intento de rescatarla.
Sabía que moriría. Era su hora de morir, aunque le hubiera gustado vivir un poco más, tener hijos y ver a su padre feliz y sonriente por última vez. Y, ¡Alice! ¡Cuánto la extrañaría en el otro mundo, el mundo de las almas! Su sonrisa y sus consuelos serían lo que más extrañaría, ya que adoraba a su hermana Alice.
También sabía que moriría sin jamás haber conocido al verdadero amor. No había conocido su Darcy, su Romeo. Y jamás lo conocería. Y jamás tendría hijos.
Se pregunto por un breve instante que le sucedería al reino. Y un segundo después, se dio cuenta que no le importaba.
Y así, con las últimas fuerzas que le quedaban, sonrió. Al menos quería que encontraran su cadáver con una última sonrisa, su última despedida. Susurró un último adiós mientras la inconsciencia se la llevaba…
Podía sentir las frías manos de la muerte sujetándola, tan vívidamente. Pero lo que le sorprendió es que no la llevaba hacia abajo, si no hacia arriba. La llevaba hacia arriba, con todas las fuerzas que estos brazos cargaban. Eran fuertes, musculosos, y Bella se maravilló de su musculatura. Decidió que estaba delirando por última vez.
Trató de ver el rostro de la muerte antes de morir, pero al hacerlo, algo la golpeó en la cabeza , todo se volvió oscuro y se dejó llevar por la inconsciencia.
Lo siento chicas, esta vez no tengo excusa. Es que tengo 3 historias incompletas y trato de hacerlas todas a la vez. Pero dejando eso atrás, ¿qué les pareció el capítulo?
Sé que no esta excelentemente escrito, pero vamos, no sean tan estrictas. Juro que a la próxima, no se tardara tanto.
