Disclaimer: Los personajes y la historia no me pertenecen. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de TouchofPixieDust, yo únicamente traduzco.
Monorrima
Trabajo n.º 14:
Es la hora en que se estima
Aprender a hacer una rima.
Debe escribir una monorrima.
Cada palabra al final del verso de un poema de rima monorrima debe rimar. El poema debe ser de al menos seis versos de largo, pueden ser más. Intente escribir sobre un amigo o una mascota.
—¡Otro trabajo no!
—Oh, para de quejarte, Inuyasha. —Kagome negó con la cabeza.
Ya. La única forma de que eso pasase sería si esa orden tenía un hechizo unido a ella. Inuyasha estaba empezando a odiar por completo aquel cuaderno suyo. Y el sonido de raspado de su lápiz le estaba poniendo de los nervios. La mitad de esos estúpidos trabajos terminaban con ella llorando, ¡y eso sencillamente era inaceptable!
—¡Nada de lágrimas!
Kagome se lo quedó mirando estúpidamente.
—¿Qué?
—Ya me has oído. Nada de lágrimas. No tienes permitido llorar con este. Si es triste, no te voy a dejar hacerlo.
—¿Dejar?
Ahora bien, ¿cómo se había podido olvidar de su carácter?
Pero estaba decidido. Nada de cosas tristes esta vez. Estaba harto de que Kagome se alterase por un estúpido profesor en un estúpido instituto en un estúpido futuro. Pero iba a mantenerse fuerte, incluso si recibía algunos «siéntates» con ello. Oh, oh… su aura estaba empezando a destellar salvajemente.
—¿DEJAR?
¿Por qué no había mirado aquel calendario con la «palabra del día» que Kagome había traído consigo hacía tiempo? Tal vez podría haber encontrado una palabra ligeramente mejor que «dejar». ¿Quién iba a saber que era una de sus palabras candentes? Cielos. Las mujeres eran muy confusas.
—¿De qué va tu historia esta vez? —preguntó Sango, para evidente decepción del zorrito y el monje sedientos de sangre. Esos dos sólo estaban esperando a que Kagome explotase.
—Esta vez no hay historia —dijo Kagome, distraída con éxito. Inuyasha tomó nota de recompensar a Sango enviando a Miroku a por un poco de leña más tarde para darle unos momentos en los que bajase la guardia contra sus manos errantes—. Es un poema. Una monorrima sobre una mascota, o un amigo, o algo.
—¿Monorrima?
—Sí, Shippo. Una monorrima es un poema en el que todos los versos terminan con una palabra que suena igual. Como contigo, bonito, chico.
—¿Qué es un «pico», Kagome? —preguntó Shippo mientras leía por encima de su hombro.
Kagome se puso de un interesante tono rosado. Pero ¿qué era un «pico» para que se sonrojase de esa forma?
—Mm… —Cerró el cuaderno rápidamente—. Es… eh… difícil de explicar… más o menos… —Miró hacia Sango en busca de ayuda. Al hanyou le irritaba que no lo mirase a ÉL. Tal vez un «pico» era otra de esas cosas de mujeres.
—¿Tu poema está terminado? —preguntó Sango con curiosidad, saliendo de nuevo al rescate de su amiga. Mmm, acababa de perder una noche libre de Miroku por culpa de eso.
—Bueno… sí…
—Léelo —exigió Inuyasha. Estaba escondiendo algo, podía olerlo.
Metió la libreta en su mochila, pero Inuyasha la recuperó.
—Oh, venga, Kagome —suplicó el zorrito—. Siempre nos lees las entradas de tu diario. —Inuyasha sabía que Kagome no sería capaz de hacer frente a aquellos grandes ojos verdes suyos cuando se ponía en modo suplicante. Por una vez, realmente trabajó a su favor.
Por supuesto, cedió. Aclarándose la garganta con nerviosismo, empezó a leer:
Me encanta mi perro peludo y bonito
Me dan ganas de abrazarlo y darle un pico
Irá a sacarte de cualquier conflicto
Correrá, saltará, peleará para ir contigo
Y encontrarte en el más lejano camino
Aunque cuando con el ramen no comparte un comino
Te dan ganas de darle con un tronco al chico
—Me gusta la parte en la que le pegas a Inuyasha con un tronco —dijo Shippo con un asentimiento de aprobación.
—Nunca dije que fuera Inuyasha. —Cerró el cuaderno y lo metió de nuevo en su mochila.
—Era sobre ramen y un perro… ¡por supuesto que era Inuyasha! —dijo Sango con una carcajada. La mirada que le dirigió Kagome le dijo a la otra mujer que era una traidora. Pero la exterminadora no debió de verla. Aunque Inuyasha sí que la vio.
—No, espera… el profesor dijo que podíamos… ya sabes… escribir sobre una mascota o algo así.
—Tu mascota es un gato —señaló Inuyasha.
—¿Tienes un gato como mascota? —preguntó Shippo.
—Por supuesto que sí —dijo Inuyasha de forma engreída. Sabía toda suerte de cosas sobre Kagome y su vida en el futuro que ninguno de los demás sabía. Él era el único que compartía su vida al otro lado del pozo—. Es blanco y negro y araña mucho. Está en la cocina o en la habitación de Kagome la mayor parte del tiempo. Se llama Buyo.
—El poema sí que sonaba muy a Inuyasha —comentó el monje.
Inuyasha frunció el ceño. No es que le gustase mucho que lo comparasen con una mascota. ¡Era un hombre y no un perro! Bueno, medio humano, en cualquier caso. ¡Pero sí que no era un perro tonto! No era un animal cualquiera, un perro guardián. Bajó la mirada a sus afiladas garras. Sin duda, no era humano.
Esperaba que todos estuvieran equivocados, que el poema no fuera sobre él.
Uno de sus mayores miedos, aunque nunca lo admitiría, era que Kagome lo viera como nada más que un animal. Movió las orejas mientras Kagome se movía por el campamento para prepararse para irse a dormir, que era evidentemente una estratagema para distraer a los demás del poema. Otro atributo perruno, eran un gran recordatorio de que no era humano. Sí, a ella le gustaban sus orejas, pero probablemente también le gustaban las orejas de Buyo.
Vio cómo Kagome alisaba su saco de dormir y se metía dentro. Shippo se acercó a saltitos y se acurrucó contra ella. El instinto le dijo que alejase al zorrito de ella, que ningún otro macho debería tocarla. Pero intentó ignorarlo, se negaba a ser gobernado por el instinto. Kagome quería a Shippo y Shippo quería a Kagome. Eran familia, o algo así. Y por mucho que le irritase a veces, no iba a intentar separarlos. No estaba controlado por sus instintos.
No era un animal.
¡No lo era!
Pero ¿ella entendía eso? Le decía que se «sentase». Decía «buen chico» mientras le acariciaba la cabeza. Si pensaba en él como si fuera un perro… un animal… nunca querría… no querría estar con un animal.
Genial. Se había preocupado porque el trabajo la alterase a ELLA, pero en cambio, ¡lo estaba destrozando a ÉL!
Uno por uno, los de su manada se quedaron dormidos. Manada… ese era un término animal… no un término humano. No era de extrañar que pensase en él como en un animal si incluso sus propios pensamientos giraban en esa dirección. Pero… ella nunca había dicho que fuese raro. De hecho, las pocas veces que le había oído referirse a ellos como una manada en realidad le había sonreído ampliamente.
Inuyasha ni siquiera se dio cuenta de que iba a despertar a Kagome hasta que estuvo junto a su saco dándole golpecitos en la pierna para llamar su atención.
—¿Inuyasha?
No se atrevía a hacerle la pregunta que quería, así que repitió la pregunta que había hecho Shippo antes.
—¿Qué es un «pico»?
Kagome se sonrojó. Entonces, apartó la mirada, mordiéndose el labio. Tras respirar hondo, asintió para sus adentros. Luego, volvió a mirarlo con ojos llenos de… algo… algo que no podía identificar, que tenía miedo de intentar identificar. Sonrió mientras se incorporaba, con cuidado de no molestar a Shippo. Se inclinó hacia delante, con los ojos prácticamente brillando, poniendo un poco nervioso a Inuyasha.
Ah, sí, pensaba en él como hombre.
Tragó saliva. De repente le sudaban las palmas de las manos y el corazón le latía erráticamente. Siguió acercándose más. Más. ¿Qué debería hacer? Sus instintos le estaban gritando, pero su cerebro estaba sobrecargado y no podía pensar con claridad. ¿Cómo se suponía que iba a pensar con claridad cuando lo estaba mirando así?
—Un pico —susurró Kagome en una voz que literalmente envió escalofríos extraños por su piel—, es un beso.
Un beso.
Kagome se echó hacia atrás y volvió a subir las mantas. Tras un momento, las puso sobre su cabeza y chilló. Pero Inuyasha estaba paralizado en el sitio. Me encanta mi perro peludo y bonito, me dan ganas de abrazarlo y darle un pico. Besarlo.
¿A él?
Esperaba que todos tuvieran razón, que el poema fuera sobre él.
Nota de la traductora: Ha sido un poco complicado adaptar la rima del poema, pero lo he dejado bastante fiel al original, en mi opinión. Espero que os haya gustado. A mí me encantan los capítulos desde la perspectiva de Inuyasha.
Voy a intentar subir el siguiente la semana que viene. Esta vez la autora me envió del capítulo 13 al 15 juntos, así que por eso estoy pudiendo actualizar esto tan seguido.
¡Muchísimas gracias por todos vuestros reviews hasta el momento!
