CAPITULO DÉCIMO.
Diciembre había llegado de repente, y el tiempo se les había echado encima, quedaban 10 días para los exámenes que siempre tenían los alumnos de los últimos cursos antes de las vacaciones y después de eso, Navidad. La mayoría de los estudiantes volverían a sus casas, y para los pocos afortunados que se quedaban en el castillo, el profesorado siempre intentaba sacar el mejor provecho de las fiestas. Pero los estudiantes, no veían la luz al final del túnel, los trabajos que se habían ido retrasando hasta dejarse para el último momento comenzaban a pasar factura, los profesores se apresuraban en acabar con los últimos temas del trimestre antes de los exámenes y de que sus estudiantes olvidaran todo durante el break de diciembre, y así todo. Pero además de todo esto, parecía que las prisas no solo afectaban a la parte académica, muchos alumnos hacían compras desesperadas buscando cubrir los regalos que se habían olvidado y a cada poco se quejaban en voz alta para que les dejasen ir a Hogsmeade a comprar, pero las salidas aún no estaban permitidas.
Caso distinto era el de Marlene Mckinnon, la joven hacía poco menos de una semana que había despertado y seguía internada en San Mungo, bajo la estricta mirada de los sanadores y enfermeros. La verdad, es que durante un momento las cosas se pusieron realmente feas para la chica, después de los dos primeros días en Hogwarts en los cuales no había mostrado cambios, la mañana del tercer día todo dio un giro drástico. Los expertos de San Mungo que habían postergado la visita a la joven, fiandose del diagnóstico del sanador Apgar tuvieron que acudir corriendo aquel martes, y lo hicieron con el tiempo justo para salvar la vida a la joven. La única testigo que había estado presente, además de los miembros del profesorado, fue Mikeila Ackerley, a quien después de semejante visión traumática la nueva enfermera Pomfrey despachó a toda prisa diciéndole que se pasara más tarde esa semana para nuevas revisiones. La ravenclaw no tuvo más remedio que obedecer, incluso cuando la preocupación por su capitana la sobrepasaba, eso sí, Ackerley no tardó en llegar a su sala común y gritar a los cuatro vientos lo que estaba pasando en la sala común. Se rumoreaba por el colegio, que entonces Daegal y Vivianne Mckinnon, quienes estaban sentados en la sala común juntos se habían levantado de golpe y corrieron lo más rápido que pudieron hasta la enfermería, pero cuando llegaron allí no había ni rastro de su hermana y nadie les dijo nada.
Unas semanas más tarde todo parecía ir mejor, sí bien es cierto que ninguno de los hermanos Mckinnon supo nada de su hermana mayor hasta un día y medio más tarde, cuando recibieron noticias estas eran buenas, o al menos no desastrosas. Marlene había estado muy cerca de morir pero después de luchar contra la horrible reacción, su cuerpo se había sumido en el más profundo agotamiento, y la rubia había caído en un coma mágico. Nadie supo decirles cuándo se iba a despertar, o sí tan siquiera iba a hacerlo, pero en la carta que mandó su hermana Sarah explicaba que alguien tan joven y en forma como Marlene, casi siempre se acaba despertando. Y así fue, tras un deterioro paulatino y severo, un día los sanadores tuvieron que aplicarle la resurrección mágica asistida, por suerte algo en ese proceso reactivó todo el sistema nervioso de Marlene y, aunque tardó en despertar más de lo esperado y ahora tenía brotes de magia accidental cuando ocurría algo que la sobresaltaba a su alrededor, desde ese momento la cosa solo fue a mejor. Por eso, actualmente mantenerla en observación, sólo era una precaución extra que tomaban por esos brotes de magia accidental, y para asegurarse que no se encontraba en el pico de "lucidez terminal".
El estado de Marlene, la eximia de hacer los finales, y le habían dado órdenes estrictas de sólo retomar el colegio después de las vacaciones, ya en Enero, a pesar de ello la joven había escrito a su pelirroja amiga exigiendo que le mandara los apuntes que le faltaban, que no tuviera exámenes no significaba que no pudiera aprender. Además, Mckinnon opinaba que probablemente en Hogwarts descansaría mejor durante las vacaciones que en su propia casa con la tropa de hermanos y sobrinos que tenía, pero ella estaba feliz. En ese momento se encontraba en su habitación del hospital, era la primera semana de diciembre, lo que implicaba día laboral, y sus padres estaban ocupados al igual que sus hermanos mayores. A pesar de que su hermana Sarah trabajaba en San Mungo, su puesto de enfermera apenas le dejaba tiempo para visitarla. En esos momentos, la rubia no podía evitar dar las gracias a Merlín por contar con amigos que ya habían terminado el colegio. De no ser así hubiera saltado por la ventana del hospital antes de permanecer allí encerrada otra semana más completamente aburrida y sin nada que hacer. Ya había intentado escaparse una vez de la habitación y dar vueltas por el hospital, pero la cosa no había salido bien, antes de llegar a la puerta el dolor de cabeza y la falta de aire en sus pulmones le habían hecho derrumbarse en el suelo, estaba muy débil y Marlene lo odiaba.
En lo que respecta a sus amigos mayores, era cierto que en su mayoría estaban muy ocupados , ya fuera por su formación post Hogwarts o por sus trabajos, pero estos se habían organizado en turnos para que al menos uno de ellos fuera a verla todos los días, y le hiciera compañía el mayor tiempo posible. Sino iban Alice y Elizabeth solas o con alguna amiga nueva, Frank y Benjy acudían a su lado, y si faltaba alguno de los aspirantes a aurores no tenía de qué preocuparse porque allí estaban Fabian y Gideon Prewett para entretenerla, y así continuamente. Había visto a más conocidos en esa semana hospitalizada que en sus últimos seis años en Hogwarts, por supuesto no habían faltado amigos de sus padres. Destacando entre ellos los señores Potter, quienes fueron de los primeros en visitarla y desde entonces Euphemia se había pasado varias veces, y sí podía un ratito todos los días. Prácticamente lo mismo había hecho Dorcas Meadowes, quien acudía puntual todas las tardes una vez las clases del día hubieran acabado. Además, Marlene también había recibido hasta la visita de Timothy Dearborn, el primo de James, quien ya parecía completamente recuperado del ataque sufrido en septiembre aunque le había quedado una bonita cicatriz en la cara para recordárselo.
El ruido de la puerta al abrirse distrajo a Marlene de su aburrimiento y desvariaciones, por la puerta entraron corriendo un niño pequeño de unos 9 años y detrás de él, una niña aun más pequeña jadeante. El chico era dueño de un cabello color arena y rizado y unos intensos ojos azules como los de Marlene, mientras que la niña era poseedora de unos rizos rubios y brillantes ojos marrones. Los dos saltaron sobre la cama de la adolescente.
- ¡Malen, Malen! -Gritaron a la par.
- ¡Enanos! -Exclamó la adolescente encantada mientras los envolvía en sus brazos -¿cómo estáis? Como os he echado de menos.
- Pero si vinimos en lunes -dijo la niña con una risa dulce.
- Lo sé peque, pero es que aún así os echo de menos -contestó Marlene, recibiendo una sonrisa brillante de la niña.
- ¿A que no sabes lo que he hecho Malen? -Preguntó el niño.
- Destrozar la casa, eso es lo que has hecho Tristan Mckinnon -la voz que llegó desde la puerta parecía resignada y pertenecía a Seraphina Bones, la institutriz de sus hermanos pequeños mientras sus padres trabajaban.
- Hola Seraphina, ¿cómo estás? -Preguntó Marlene cortésmente, mientras le indicaba que pasara con un gesto.
- Muy bien, tu ¿cómo te vas encontrando Marlene?
- Mejor -no añadió más, apenas tenía relación con la joven. Hacía no mucho que la habían contratado, como un favor al marido de su hermana mayor Poppy, Edgar Bones con quién se había casado un par de años atrás.
- Bueno -dijo Bones tras los minutos de cortesía necesarios -os dejo un rato a solas para que os pongáis al día, estaré en la cafetería si necesitas cualquier cosa mándame a Robert -añadió la institutriz mientras miraba significativamente al niño rubio parado detrás de ella.
El niño entró en el cuarto una vez Bones hubo abandonado la sala, un silencio cómodo se formó en la habitación, de quien sabe que está entre familia. Marlene observó con atención al recién llegado, no se podía creer aún lo mayor que estaba su hermano, si bien el próximo septiembre entraría en Hogwarts como había hecho Vivi ese curso, ya no era un niño. Parecía haber entrado en esa etapa preadolescente tan complicada, y cada vez se parecía más a William, quién era dos años mayor que Marlene. Entendía porque Seraphina había dicho Robert, pero para ella siempre sería Bobby.
- Bobby no te quedes ahí parado, -exclamó Marlene -ven a darme un beso ahora mismo. Te lo exijo como hermana mayor tuya que soy.
- Malen ya no soy un niño, no puedes darme órdenes todo el rato y menos de ese tipo -replicó mientras se acercaba y besaba a su hermana en la mejilla igualmente.
Los tres niños se acomodaron como pudieron en la cama de Marlene y ahí se quedaron media mañana, contando todas las aventuras que habían vivido en casa esos dos días. A la adolescente se le pasó el tiempo volando rodeada de sus hermanos pequeños, era cierto que cuando estaba en Hogwarts apenas pensaba en ellos, pero cada vez que volvía a casa sentía que había pasado mucho tiempo fuera por lo rápido que parecían crecer sus hermanos. Además, cuando estaba en casa solía pasar más tiempo con Will, con Sarah o con Daegal, que eran más cercanos a ella en edad. Ahora se daba cuenta de su error, Marlene adoraba a todos y cada uno de sus hermanos, y eso no era una hazaña pequeña, ya que eran nueve, pero realmente apenas conocía a unos pocos de ellos, y sentía que sí no se esforzaba, en especial con los pequeños, estos crecerían sin conocerla. La rubia no sabía como sus padres habían podido tener nueve hijos, ella se negaba en rotundo a pasar por eso, lo tenía decidido. Pero Marlene disfrutaba en exceso del caos que se formaba siempre en Navidad y verano, así que no iba a quejarse por tener ocho hermanos con los cuales pelear. Estaban tan entretenidos que nadie se percató de unos suaves golpeteos en la puerta, porque el ruido de las risas que compartían los cuatro hermanos invadía la habitación. Sin embargo, todos se dieron cuenta cuando la puerta se abrió y por esta entró Sarah Mckinnon con su uniforme de enfermera, hacía un año que trabajaba en San Mungo y se le daba muy bien. Una vez más los dos pequeños se llenaron de excitación al ver a otra de sus hermanas mayores.
- ¡Sarah, Sarah! -Volvieron a gritar al compás.
- Hola mocosos, espero que no estéis agobiando a Malen demasiado, sabéis que necesita mucho descanso.
- No Sarah no los asustes, solo me están entreteniendo contándome sus nuevas travesuras caseras -dijo la adolescente con una sonrisa -estoy muy bien de verdad -añadió para tranquilizar a su hermana mayor.
- Así que travesuras caseras -replicó la mayor una vez había comprobado que efectivamente su Malen tenía mejor color. -Bueno pues ponerme al día, no sabéis lo que echo de menos el follón que montáis, vivir en un piso con amigos no es tan divertido.
Y así estuvieron otro ratito más, a Marlene le encantaba estar acompañada de sus hermanos, pero el ruido y alboroto que causaban, le empezó a taladrar la cabeza tras un largo rato. Empezó a sentir un intenso e incipiente mareo, sin embargo intentó evitar a toda costa que Sarah lo notara, ya que sabía que echaría a sus hermanos y la obligaría a descansar, y no quería volver a estar sola en esa fría habitación. Parecía estar controlándolo hasta que Freya alzó su vocecita dulce unas octavas más de lo normal. Y entonces Marlene observó con terror cómo perdía el control.
Todas las ventanas de la habitación explotaron a la vez, lanzando un millar de pedacitos de cristal, yendo alguno de ellos a parar a las extremidades de los presentes. Los niños gritaron, en parte llevados por la sorpresa y en parte por el dolor, Marlene abrió sus ojos azules y con horror observó a sus hermanos. Sarah había conseguido levantar un escudo protector, pero demasiado tarde. Los bracitos de Freya estaban cubiertos de pequeños cortes por todas partes, por suerte Bobby había reaccionado protegiéndola con su cuerpo. El pre-adolescente tenía una fea herida a escasos centímetros de su ojo derecho, del hombro de Tristan sobresalía un gran trozo de cristal. Sin embargo, la peor parte se la había llevado Sarah al intentar proteger a los niños, todo su tronco estaba cubierto de cristales pequeños al igual que parte de las piernas.
La única que había salido ilesa era Marlene, y eso probablemente se debía a que su propia magia no se había atrevido a atacarla. Antes de que pudiera reaccionar, ayudar de alguna forma a sus hermanos todo se volvió negro.
Lily suspiró y cerró el tomo de transformaciones que tenía frente a ella, solo faltaban diez días para los exámenes y no era capaz de concentrarse, por ello los nervios comenzaban a pasarle factura aunque la pelirroja sabía que aún tenía tiempo de sobra de aprenderse lo que le restaba y para practicar los hechizos antes de que llegaran los exámenes. Levantó la mirada de su "Tomo II de La Metamorfosis en los Animales Vertebrados", y la paseó sobre sus amigos, se habían escabullido a un aula vacía del segundo piso para estudiar, pues la librería estaba saturada de gente y de zumbidos. Junto a ella se encontraban Remus, Heather, Adam y Pandora, y unas mesas más allá, alejada de todos ellos estaba Blish. Todos estaban estudiando para los exámenes de diciembre que se avecinaban, aunque ninguno de los adolescentes parecía verdaderamente concentrado en lo que estaban haciendo. Tampoco era de extrañar, desde el partido de quidditch, ninguno de sus amigos parecía especialmente "agudo".
Dora se dedicaba a trazar dibujos de criaturas extrañas en los bordes de sus apuntes, mientras Heather y Adam no paraban de cuchichear entre ellos. Por otra parte Remus se veía excepcionalmente pálido, incluso más que durante uno de sus brotes, Lily achacaba esto al peso emocional de estas semanas. Todos los presentes, advertidos por el golpe secó que causó el libro de Lily al cerrarse, volvieron su mirada a ella, la prefecta simplemente se encogió de hombros y sonrió de manera automática a modo de disculpa. Después empezó a recoger sus cosas y guardarlas en la mochila para marcharse de ahí lo antes posible.
- Lils ¿te vas ya de verdad? -Preguntó la trigueña entre susurros, por temor a la reacción de la morocha detrás de ellos.
- Si, sinceramente no me estoy concentrando nada así que mejor voy a aprovechar el tiempo de otra manera -respondió en el mismo volumen.
- ¿Y qué vas a hacer? -Volvió a preguntar la trigueña.
- No lo sé -dijo encogiéndose de hombros nuevamente, podía notar la mirada inquisitiva de Adam y Heather en ella, al igual que sentía como el prefecto la miraba de refilón con curiosidad sin pronunciarse. -Probablemente practique los hechizos de encantamientos, transformaciones o defensa.
- Tienes la cabeza llena de torposoplos, -comentó Dora sin apartar sus ojos zafiro de sus dibujos, -lo mejor será que te vayas a dar una vuelta.
- ¿Torpo qué? -Preguntó Adam elevando la voz por la sorpresa, un chasquido de Blish le hizo bajar la cabeza asustado.
- Torposoplos, son unos espíritus que viajan por el aire y se meten en el cerebro para enturbiar los pensamientos, crean confusión -respondió tranquilamente la rubia mientras se encogía de hombros.
Adam miró aún más extrañado a la ravenclaw, mientras Heather y Lily negaban con la cabeza y Remus escondía una sonrisa en sus labios.
- ¿Eso existe? -Preguntó nuevamente Adam, pero esta vez fue en un susurro y la pregunta la formuló en dirección a Heather, está formó las palabras no con los labios sin llegar a pronunciarla.
- Eso debe ser Dora -asintió Lily seria a lo comentado por la ravenclaw, Heather y Remus apenas contuvieron la risa, y Adam la disimuló con una tos. La rubia en cambio sonreía a Lily feliz -¿crees que es muy grave o que con dar un paseo se me pasara? -Mientras los Robins y Jorkins contenían la risa a duras penas, Remus puso cara de compungido y Dora alzó sus ojos para clavarlos en la pelirroja y analizar atentamente.
- No sé Lily -declaró la rubia frunciendo ligeramente el entrecejo con concentración -ya de por sí tienes tú una mente muy confusa, no creo que los torposoplos quieran quedarse mucho tiempo más. Tal vez con un paseo sea suficiente -vaticinó la rubia.
Ahora sí, todos los allí presentes que habían prestado atención a la confirmación estallaron en carcajadas, no pudiendo evitarlo. Claro, todos menos una rubia que no entendía qué había dicho que tuviera tanta gracia y una pelirroja a la que el chiste le había salido por la culata. Blish gruñó lo suficientemente alto para que las risas se volvieran calladas, y Lily se tranquilizó no pudiendo evitar sonreír ante la cara de conducción de Meadowes.
- Creo que aceptaré tu consejo Dora y daré una vuelta por los jardines.
Y la pelirroja, sin decir nada más y dejando atrás a sus amigos que intentaban nuevamente contener la risa, salió del aula y se dirigió a los terrenos a pesar de que la nieve cubría todo de blanco. Lily sabía que torposoplos seguro que no tenía, pero sí que había mil cosas en su cabeza, y el aire libre era un buen remedio para ellas, igual sí sus neuronas se congelaban y dejaban de inventarse tantos escenarios podría concentrarse en sus estudios. Evans, andaba sin rumbo fijo camino al lago, hasta que pasó por delante del sauce llorón y los recuerdos del año pasado llegaron a su memoria enviándole un escalofrío por la columna. Un nudo se había formado en su garganta, y un picor invadido sus ojos, la pelirroja sin darse cuenta comenzó a alejarse lo más lejos y más rápido posible del sauce, y acabó a los pies del viejo roble junto a la orilla del lago. Pero antes de que llegará definitivamente a los pies del árbol, una figura conocida hizo que se detuviera a unos metros. Sentado entre las raíces del árbol se encontraba un chico, su pelo azabache siempre revuelto se alzaba aún más despeinado de lo normal en todas direcciones por la brisa helada de diciembre, sus mejillas de un tono más oscuro que la media inglesa se encontraban coloreadas por el frío, y aunque Lily no podía ver su cara, ya que los ojos del joven se encontraban posados en las aguas congeladas del lago, no le hacía falta que la mirara para saber quién era.
James Potter, debía haber tenido la misma idea que ella, sin embargo Lily dudo que fuera a ser bien recibida. Sabía que las cosas no estaban bien entre ellos desde la pelea, y aunque la caída de Marlene parecía haber apaciguado las aguas, la contención de las mismas solo podía durar un tiempo y la pelirroja lo sabía. Lily intentó retroceder con sigilo sin ser vista, pero desafortunadamente pisó una rama y esta se quebró bajo su peso haciendo ruido a pesar de la nieve. Seguramente si hubiera sido otra persona, alguien que no tuviera el oído tan bien entrenado como Potter, Lily hubiese tenido una oportunidad. Pero por razones que escapaban a su conocimiento, los merodeadores parecían tener todos un oído muy agudo, el azabache giró de golpe con todos los músculos de su cuerpo tensos y la varita alzada en su mano izquierda, miró en rededor buscando el origen del ruido.
- Sal de ahí ahora mismo, quién sea, puedo ver tu sombra -su voz sonó dura, casi peligrosa.
La pelirroja se maldijo mentalmente pero salió de detrás del tronco que la ocultaba a la vista del capitán, con las manos en alto y avanzó lentamente. Vio como la oscuridad en los ojos de Potter desaparecía para ser sustituidos por un brillo, pero fue tan rápido que se preguntó si verdaderamente había pasado o se lo había imaginado.
- Evans ¿qué haces aquí? -Preguntó mientras volvía a guardar la varita.
- Me parece que he tenido la misma idea que tú, pero no te preocupes que ya me iba -dijo ella. -No quería molestarte -añadió, el chico no contestó simplemente volvió nuevamente la vista al lago mientras tomaba asiento de nuevo entre las raíces.
Evans intentó marcharse, de verdad que sí, pero aunque la hija de muggles no lo sabía, había algo que le impedía irse de allí. Llevada por un impulso o tal vez por la simple molestia que había surgido en su pecho al ser ignorada por el joven cazador como si no fuera nada, Lily volvió a hablar.
- A menos que no te importe que me quedé aquí contigo -Potter miró a la pelirroja -claro, pero tu a lo tuyo y yo a lo mío -una vez más Evans no obtuvo reacción alguna de su parte.
Entonces molesta con el azabache se sentó frente al lago, dejando una distancia de medio metro entre los dos, y ahí se quedaron los dos en silencio. La molestia de Lily crecía con cada segundo pasante, "vale que no fueran amigos, pero seguían siendo compañeros de curso y casa, lo mínimo que podía hacer era no pasar de ella" pensaba la pelirroja. Mientras que la indiferencia de James permanecía estática.
- ¿Alguna vez has patinado sobre el agua helada? -Preguntó Lily intentando romper el hielo, él negó con la cabeza, James no estaba seguro de saber qué significaba eso pero estaba seguro de no haberlo hecho nunca. - Creo que se podría en la orilla del lago, es lo suficientemente gruesa, y sino siempre se puede hacer un hechizo para reforzarla. -Siguió hablando Evans para intentar llenar el silencio entre los dos, mientras él permanecía impasible a su lado. -Varios deportes muggles se desarrollan sobre el hielo, mi favorito es el patinaje artístico -aunque Lily fingía mirar el lago sus ojos estaban posados en el chico a su lado. -Es tan bonito, en vez de deporte parece que los bailarines hicieran magia flotando sobre el agua...
- Evans, no te ofendas pero -la interrumpió él por primera vez -¿por qué no te callas de una vez? He venido a estar tranquilo y la verdad tanta charla acerca del parinaje no está ayudando.
- Patinaje -corrigió automáticamente.
- Lo que sea -contestó Potter.
- No hace falta que seas tan borde, solo quería hablar.
- Ya, pero yo no. ¿Por qué no buscas a alguno de tus amigos? No tendrás porque llenar el vacío con conversaciones banales con ellos -replicó el.
- ¿¡Acaso no puedes dejar de ser cínico ni un segundo?! -Preguntó verdaderamente dolida la chica.
- No, y por si no lo recuerdas fuiste tú quien tomó esa decisión -la voz del azabache estaba llena de un humor ácido.
Lily no volvió a hablar, esta vez fue ella la que clavó la vista en el lago, sus ojos verdes se llenaron de lágrimas sin poder evitarlo y tuvo que morderse los labios para no derramarlas. No sabía porque le dolía tanto que Potter le hablara así, pero lo hacía. Parecía odiarla casi tanto como a los slytherin y eso dolía, y mucho.
- Paso -dijo Mary.
- Yo también -suspiró Peter -el bote es tuyo Sirius.
- Si es que quién es bueno, puede chicos -dijo mientras estiraba las manos y retiraba las cartas de la mesa junto con los dulces ganados.
Estaban jugando en la sala común, sentados en el suelo frente a la chimenea, Mary les había enseñado un juego de cartas muggle. Y ahí se habían pasado toda la tarde apostando.
- Ya saben lo que dicen Black -el sarcasmo era evidente en la voz de la castaña, los dos chicos le miraron interrogantes -"afortunado en el juego, desafortunado en el amor" -una sonrisa traviesa surgió en sus labios. -Es un viejo dicho muggle -explicó ante las miradas de confusión de los dos, Peter prorrumpió en carcajadas.
- Pues muy desencaminado no va ese dicho -dijo el rubio entre risas, a la par que recibía un codazo del pelinegro -¡ouch!
- Cállate Pete -dijo malhumorado el mayor de los Black -soy Sirius Black podría tener a cualquiera -dijo con orgullo. -Y tu no puedes hablar -añadió riendo, haciendo que Peter se sonrojara y causando la risa en Mary.
- Que yo sepa soy el único de aquí que sale con alguien ahora mismo.
La risas de sus dos compañeros se vieron acalladas por este comentario, las de Sirius porque hacía un tiempo que no ligaba y sabía que su amigo llevaba bastantes más citas que él ese curso, y las de Mary porque no se sentía cómoda hablando de ese tema con ellos.
- Bueno eso no es cierto del todo -la voz de Emmeline Todler vino desde los sofás de la chimenea -¿no es así Macdonald? -Los ojos azules de la rubia estaban fijos sobre su compañera de cuarto y brillaban con satisfacción.
Mary frunció los labios, ¿quién le mandaba a esa barbie nórdica meterse en su vida? Los dos chicos alteraban sus miradas de una a la otra anticipando una pelea entre sus compañeras de curso.
- Eso, -empezó lentamente -no es asunto tuyo.
- Chits, chits -comenzó Sirius -vamos a calmarnos chicas y ahora Macdonald ¿acaso no vas a contar a tus compañeros de juegos de qué está hablando la völga esta?
- No lo sé la verdad, ni me importa -el tono de la hija de muggles era tajante, -simplemente nada de mi vida es asunto suyo, ahora sigamos con el juego.
- Eh no no -dijo esta vez Peter -que sí el dicho muggle tiene razón, a ti y a mí nos va muy bien en el amor. -Mary no contestó, no quería hablar con ellos de su vida privada.
- Bueno ya que ella no dice nada ya os lo digo yo -continuó Toddler.
- Emme -la intentó frenar Elea Lynch, pero su amiga solo la ignoró.
- Lo que quiere decir "la völga esta" -reanudó la conversación la rubia imitando a Sirius, quién no se dio por aludido. -Es que hay rumores que hablan acerca de un posible romance entre nuestra Ginebra aquí presente y un cierto Arturo de hufflepuff de ojos grises y placa de prefecto -Mary se estaba planteando seriamente utilizar el diffindo a modo de guillotina.
- Échate al retrete y tira de la cadena barbie nórdica -replicó Mary mordaz, Toddler pudo responderle con una cara de asco.
- Espera espera, ¿no estarás hablando del espantapájaros de Shafiqs verdad? -Preguntó el pelinegro mirando a Mary, entre las risas de sus acompañantes.
- No es ningún espantapájaros -replicó la castaña indignada.
- Nooo, claro que no -dijo con sarcasmo el mismo de antes -¿tú qué crees Pete?
- Que un poco sí que le veo espantando a pájaros, por lo menos a las águilas -dijo entre risas.
Mary les sacó la lengua a los dos idiotas de turno con los que se había puesto a jugar, no sabía quién le había mandado meterse en ese berenjenal. Por supuesto había pillado la referencia de los chicos, hablaban de la ex de Cedric una ravenclaw de un curso menos con quien había empezado a salir en cuarto y con la cual lo había dejado el año pasado.
- Uy te veo un poco picada -soltó Todler -me parece que los rumores que se escuchan no son simples rumores.
- Pues no, te equivocas. Aunque no sea asunto tuyo, entre Shafiqs y yo no hay nada.
- Eso no es lo que dice la gente.
- Eso es porque la gente es idiota -declaró Mary mientras chasqueaba la lengua -me ven hablando con Adam y sus amigos un par de veces y asumen.
- Robins tiene más amigos de hufflepuff a parte de Cedric -la voz de Elea se alzó suavemente, y cuando se dio cuenta de que todos la miraban se sonrojó y bajó la cabeza -solo digo que habrá otro motivo para que hablen de Cedric específicamente.
- Si, Lea tiene razón, pero no te preocupes Macdonald -exclamó Toddler. -Entendemos que te hayas fijado en el espantapájaros, después de todo aunque sea un poquito así, esta muy bueno.
Emmeline dejó escapar una risa tonta, de la forma en la que solo las adolescentes lo hacen. Y con esto último ella y su amiga se fueron de la sala ante las miradas de incredulidad de los chicos y la de asco de Mary.
- ¿De verdad creéis que el espantapájaros está bueno? -Preguntó Sirius realmente sorprendido.
- Lo está -zanjó la castaña el asunto volviendo su atención al juego.
- ¿De dónde viene Pops? -Llevaban una media hora en silencio mirando el lago, después de la brusca respuesta del chico, podía calcularlo porque sus dedos se habían entumecido y estaban rojos de jugar con la nieve.
- ¿Perdona? -Preguntó el adolescente confundido por la súbita pregunta.
- Es mi apodo ¿no? ¿De dónde viene? -Replicó ella.
- ¿De dónde has sacado eso? -Preguntó el de vuelta, clavando sus ojos avellana en los verdes esmeralda de ella.
- Me lo dijo Sirius.
- Ah -Lily esperaba una reacción más compleja de su parte.
- ¿No vas a responder?
- Ahora es Sirius y no Black -esa no era la respuesta que quería, pero al menos era algo.
- Si, ¿te molesta? -Intentó picarle ella.
- No, -declaró el azabache -solo estoy intentando calcular cuándo le culparas de todo y volverá a ser Black -la pelirroja le miró molesta.
- Eso, no es así -contestó fríamente -Sirius es mi amigo, por así decirlo.
- Tu amigo -la risa de James se extendió por los abandonados terrenos, mandándoles escalofríos a Lily por la espalda -creo que los dos sabemos como acaba eso.
- Pues no -replicó la pelirroja molesta sabiendo por donde iban los tiros.
- ¿Ah no? -Respondió él otra vez entre risas crudas -tal vez con una bofetada y una bonita sarta de insultos en medio de un pasillo.
- Yo no fui la única que insultó ese día -replicó ella furiosa.
- Pero sí la única que pegó -declaró él.
- ¿Ibas a pegarme Potter?
- No, por desgracia mi madre me enseñó a no pegar a las chicas -explicó el como si estuviera hablando con alguien al que le cuesta entender -¡incluso sí son como tú!
- ¿Qué significa eso Potter? -Medio gritó la hija de muggles indignada.
- Mira Evans, no me importa lo que hagas con tu vida -suspiró el chico cansado de todo eso -pero no metas a mis amigos en ella.
- ¿Y por qué no? ¿A ti qué más te da? -La voz de la prefecta empezaba a elevarse un par de tonos más de lo que era socialmente correcto -¿es que acaso tienes envidia? -Otra vez Lily recibió por respuesta la estúpida risa de Potter que le ponía de los nervios.
- Porque no quiero que acaben mal -replicó el capitán aún sin mirarla.
- Te estoy diciendo que Sirius también es mi amigo -Lily empezaba a enfadarse de verdad -no le va a pasar nada malo por serlo.
- Por así decirlo.
- ¿Cómo? -Preguntó confundida.
- Eso, es lo que has dicho tú -contestó James -"por así decirlo."
- ¿Por qué no maduras de una vez Potter? -Dijo ella cansada -solo te he hecho una pregunta, pero claro eres incapaz de perdonar un error que ocurrió hace más de un mes.
- ¿Un error? -Él también se había enfadado, James se había puesto de pie y ahora la encaraba -Evans, un error lo cometes en runas al traducir, o en aritmancia cuando calculas mal, hasta en adivinación cuando te inventas algo. Pero no, cuando defiendes a quienes luchan por algo contrario a tus valores.
- ¿Acaso tu nunca has hecho nada malo? ¿Nunca te has equivocado? -Ahora volvía a estar prácticamente gritando otra vez.
- Si, he cometido cientos de errores, me he equivocado mil veces y he sido un imbécil tropecientas más. Y tú nunca has dudado en echármelo en cara, gritarme por ello, hechizarme, insultarme o dejarme en ridículo delante de todo el colegio, incluso últimamente pegarme -por primera vez Lily era capaz de ver a James como un simple adolescente. Era capaz de ver el dolor y la inseguridad que le producían los constantes rechazos y humillaciones de la chica que le gustaba -pero nunca, ¡jamás! He despreciado a alguien por su sangre o por su origen, y si alguna vez he tratado a alguien de manera hostil o me he creído superior a ellos ha sido basándome en sus acciones y decisiones -Lily no podía hablar. -Sé que muchas veces he sido un cretino, y que no me merezco que la gente de la que me he burlado me perdone, pero era estúpido e inmaduro y mis bromas no hacían daño a nadie. Quizás he cruzado la línea en en… -por un segundo se trabó y sus ojos marrones parecieron brillar con lágrimas acumuladas, pero Lily vio como Potter tragaba saliva y continuaba hablando decididamente -en alguna ocasión, no lo niego a veces me pierdo, me dejo llevar por el momento y cuando quiero darme cuenta ya no hay vuelta atrás y sé debería haber parado antes. Pero me arrepiento de como me he comportado y sobretodo estoy dispuesto a cambiar y pedir perdón por todos esos fallos, ¿lo está tu amiguito? ¿Lo está ese a quién te pasas la vida defendiendo?
Había terminado su discurso, y se había quedado sin respiración su pecho se movía aceleradamente intentando recuperar un ritmo cardíaco normal. En algún momento del monólogo se había acercado a ella y su sombra se cernía sobre Lily un poco amenazante. Sus ojos estaban clavados en los de la pelirroja que le miraba sin poder hablar, llena de asombro y la última pregunta que él había hecho daba vueltas en su cabeza como un torbellino.
- Yo... -intentó decir ella, pero no salía nada más de su boca.
- Solo una cosa más Evans, hace un mes me dijiste que no me acercara a ti -James retomó la palabra -ahora te pido yo lo mismo. Pero añado algo -Lily le miraba paralizada incapaz de reaccionar -si vas a hacerle lo mismo a Sirius, lo mejor es que lo dejes ya. Ha sufrido suficientes pérdidas, no necesita una más.
Y cuando terminó se dio la vuelta y se marchó a pasos acelerados del lago, dejando a una perturbada prefecta a las orillas del mismo, con el corazón en un puño. ¿Acaso James Potter le había dicho que le dejara en paz? ¿De verdad él, que le había estado invitando a salir desde tercero no quería tener nada que ver con ella nunca más?
- Blish vamos a cenar ¿te vienes? -La voz de Heather distrajo a la cazadora de sus apuntes, aun seguían en el aula y la morocha estaba sola unas mesas más allá -¿te vienes o no? -Insistió la castaña.
- Si voy, déjame recoger y ahora os alcanzó -contestó.
Heather asintió con la cabeza, mientras indicaba a los demás que fueran saliendo, los cuatro se pararon delante de la puerta esperando a que saliera la cazadora. En ese momento se abrió la misma y una Blish enérgica salió de esta ya enfilada hacía el gran comedor sin percatarse que sus amigos estaban esperando ahí.
- Angie -canturreo Dora con el mismo ritmo que había estado tarareando media tarde, la morocha se giró con un rictus de exasperación en su cara.
- Te he dicho mil veces que no me llames así Meadowes.
- Pero Lily te llama así -dijo ella inocentemente.
- Ya, pero Lily es Lily -replicó de manera brusca -ahora ¡vamos! Qué tengo tanta hambre que me comería un gigante.
- Siempre tan delicada Blish -exclamó Adam, mientras se ponía a la par que su compañera de quidditch.
- Cuidado Robins -amenazó.
Los tres avanzaron por el pasillo mientras dejaban atrás a Heather y a Remus, quienes observaban la escena divertidos. La mente de Heather voló muy lejos, a un recuerdo similar del año pasado, y solo volvió a la realidad por la voz del prefecto.
- ¡Ey Heather! -La castaña le miró -¿estás bien? Es la tercera vez que te llamo -explicó el.
- Si, solo me estaba acordando de algo.
Rápidamente alcanzaron a los otros tres que habían seguido andando sin darse cuenta de que sus amigos se habían quedado atrás. Por lo que parecía Pandora se había puesto a cantar la canción con el nombre de Blish una y otra vez y Adam al ver la irritación que causaba en la cazadora se había unido, para molestia de la negra. Remus y Heather se vieron forzados a sofocar las risas que les causaba debido a las miradas asesinas de Blishwick. Cuando llegaron al gran comedor, la irritación de Blish había crecido hasta el punto que la vena del cuello le había empezado a latir hasta volverse visible.
Se sentaron cerca de James quien estaba "cenando" junto con Lazy Bones y sus amigas, las cuales prácticamente babeaban sobre sus platos al tener al capitán del equipo de quidditch cenando con ellas. Al verles entrar, el chico dio las gracias a las niñas de cuarto y se despidió de ellas para unirse a sus amigos. No habían pasado ni cinco minutos cuando llegaron entre risas Peter y Sirius, arrastrando a una molesta Mary.
- Bueno ¿qué pasa hoy? -Preguntó Heather -¿es el día de molestar a las chicas gryffindor? -Alterando la mirada entre Blish, que parecía querer sacar los ojos a Adam y Remus, y Mary que se estaba poniendo muy roja.
- Pues no sé si molestar Jorkins, -contestó Sirius -pero desde luego es el día de los descubrimientos.
- ¿Han demostrado por fin la existencia de los torposoplos? -Preguntó Dora, causando risas entre los que habían pasado la tarde con ella y recibiendo miradas de incredulidad de parte de Peter y Sirius.
- No -dijo tajantemente el último -pero quizá si descubran tu cerebro por ahí -añadió.
- Canuto -dijo Remus, mientras James contenía una sonrisa.
- Si, sí lo lamento chiflada -accedió Black, Dora se encogió de hombros como si la cosa no fuera con ella. -El caso, hemos descubierto que la aquí presente, Macdonald, sale con los espantapájaros de hufflepuff.
- ¿El espantapájaros de hufflepuff? -Preguntó Heather, dando voz a la pregunta de las chicas y Adam.
- ¿En serio? -Dijeron a su vez los dos merodeadores restantes -Cedric Shafiqs -añadió Remus ante las dudas.
- ¡Ey! -Se quejó el guardián por el apodo de su amigo.
- ¡Mer! ¿Cómo no me habías dicho nada? -Exclamó Heather sorprendida.
- ¿Y por qué Cedric no me ha dicho nada? -Se sumó Adam.
- Es que no es cierto -dijo una sonrojada hija de muggles -estos dos idiotas que se creen los cuentos chinos de Toddler. Una vez que hablamos y la gente saca conclusiones.
El debate de si estaban saliendo o no se reinició para disgusto de Mary, quien no paraba de sonrojarse, cosa muy poco habitual en ella, y que según Sirius solo daba credibilidad a los rumores. Todo fue a peor cuando el susodicho hufflepuff entró en el gran comedor y los cuatro merodeadores empezaron a gritar su apodo para horror de la castaña. Tan entretenidos estaban que ninguno se dio cuenta de que faltaba Lily entre ellos, o si lo hicieron no dijeron nada. Adam y James fueron los primeros en irse de la mesa, el primero se fue junto a sus amigos los tejones levantando más risas en el proceso. El segundo se excusó diciendo que tenía que escribir una carta para sus padres, los merodeadores no tardaron en seguirle y subir a la torre de gryffindor para pasar ahí un rato los cuatro. Aunque de camino algo desvió a Sirius, quien les instó a seguir y dijo que ya les alcanzaría. Quedaron solo en la mesa las chicas, pero Pandora se retiró al poco para irse con sus compañeras de casa, y Blish subió a las habitaciones a descansar.
- Mary -la voz de Heather estaba impregnada de dudas -¿estás saliendo con Shafiqs? -La castaña de ojos marrones miró extrañada a su amiga.
- Ya he dicho que no, que todo ha sido una idea de Toddler para molestar -contestó.
- Si, si claro -aun así la duda no había desaparecido la duda de su voz -pero ¿tu me lo contarías si tuvierais algo verdad? -Mary miró a su amiga
- ¿A qué viene todo esto Heather? -Preguntó.
- Pues que últimamente yo no he sido muy yo, y no te he prestado atención, quizá sin querer te he dejado de lado. Solo espero que sepas que estoy aquí para cualquier cosa.
Los ojos marrones de Mary brillaron con intensidad, todas las dudas que había tenido acerca de su amiga, el sentimiento de soledad, la pena, los deseos de abandonar Hogwarts y demás, desaparecieron de golpe. Pasó un brazo por detrás de Heather y apoyó la cabeza en su hombro, le encantaba la diferencia de altura que había entre ellas.
- Lo sé -dijo Mary mientras besaba la mejilla de su amiga -yo también.
Unas voces que parecían muy lejanas la despertaron de su sueño inducido mágicamente. Marlene abrió los ojos y parpadeó repetidas veces hasta que las formas y figuras se hicieron claras de nuevo. Había varias personas en su habitación, entre ellas pudo distinguir la figura de su hermana mayor Poppy, pero el resto le resultaban demasiado borrosas para deslucir quienes eran. Una vez su visión empezó a aclararse, pudo fijarse más en los allí presentes, y la rubia notó que a parte de su hermana mayor, también habían ido a visitarla su profesora de DCAO, Tim y las de los hermanos Prewett. Lo que no era capaz de distinguir era de qué hablaban, pero estaba casi segura que era de ella, ninguno de ellos se había percatado de que estaba despierta. Por un segundo todo lo que había ocurrido ese día se borró de su mente, pero solo fue un minuto, después los gritos de sus hermanos, los cristales, la sangre y todo lo demás volvió a su cabeza, y el ritmo cardíaco de Marlene empezó a acelerarse.
Los ruidos distrajeron a los mayores de su conversación, quienes desviaron sus ojos hacía la adolescente de la cama. Poppy fue la única que se acercó, se inclinó sobre la cama de su hermana pequeña y le acarició la mejilla con suavidad, como hacía cuando era pequeña y esta tenía una pesadilla.
- Malen, tranquilízate, vale, respira hondo y tranquilízate -lo decía con la voz calmada y pausada, pero Poppy no sentía nada parecido a esa tranquilidad auto impuesta.
Pero por mucho que quisiera hacerle caso la escena se repetía una y otra vez en la cabeza de Marlene y no era capaz de tranquilizarse, el ritmo frenético de su corazón y los nervios empezaban a pasar factura nuevamente al control de su magia y los objetos de la habitación comenzaron a levitar mientras un ligero temblor llenaba la misma. Entre jadeos, la rubia, comenzó a decir los apodos de sus hermanos, llevada por el miedo del desconocimiento de su estado.
- Malen, tienes que escucharme Sarah, Bobby, Tristan y Freya están bien, ¿vale? -Le dijo la castaña alzando la voz, miraba asombrada y un tanto asustada el despliegue de magia de su hermana. -Los niños están en casa a salvo con Seraphina, y Sarah sigue trabajando, cuando termine su turno vendrá a verte.
Marlene abrió sus ojos azules nuevamente, los cuales se habían cerrado por el miedo, y los fijó en los verdes de su hermana, esta le sonreía, sonrisa que se amplió al notar como el temblor desaparecía y los objetos volvían a su sitio. Era a la que menos se parecía de todos, junto con William, Daegal y Vivianne, los cuatro tenían el pelo castaño de su padre, y los ojos verdes de su madre aunque los de Will y los de Daegal eran casi marrones. También era con la que menos relación tenía, casi no habían coincidido en casa puesto que se llevaban ocho años, y cuando Marlene cumplió los tres Poppy se marchó a Hogwarts, pero había sido siempre la que la protegía de sus pesadillas y sus sueños, los cuales habían sido muy frecuentes durante la infancia de la rubia. Por eso Poppy siempre conseguía calmarla.
- Vaya rubia tu si que sabes hacer una entrada -el comentario sarcástico de Fabian Prewett, consiguió romper el ambiente tenso al instante.
- Es que como solo hablabais y no me prestabais atención tenía que hacerme notar -replicó ella, todos rieron.
- ¿Cómo estás Marlene? -Preguntó Dorcas con suavidad.
- Vaya, antes no soportaba que me llamaras Mckinnon y ahora se me hace raro no escucharlo. Estoy bien, siento lo de antes es que...
- Pierdes el control de tu magia -terminó Dorcas por ella.
- Ah no te preocupes rubia, a mi Meadowes también me hace perder el control -una vez más Fabian hizo una demostración de su ingenio.
- A ti Dorcas y todas las que no son Dorcas, ves una falda y te pierdes, te sonríe una y caes -atacó Tim con una sonrisa sarcástica.
- Si creo recordar que tu mujercita está entre las que me sonreían -devolvió el pelirrojo.
- Bueno basta ya de chorradas vosotros dos -ordenó Poppy -mi hermana tiene que descansar, así que no hace falta que presencie una pelea de testosterona.
- Ay Poppy, Poppy para que esto fuera una pelea de testosterona hace falta que haya hombres de verdad aquí -suspiro la profesora.
- ¡Ey! -Exclamaron todos los chicos presentes, la verdad es que Marlene se estaba divirtiendo con toda la situación.
-Perdona Gideon, hace falta más de un hombre de verdad -el segundo pelirrojo de la habitación guiñó un ojo a la negra.
- Bueno y cuéntanos Marlie, ¿has tenido sueños bonitos? -Desvió el tema Gideon, mientras se sentaba a un lado de la cama.
- ¿Si te digo que no me acuerdo me creerás?
- Mmm... eso es que no ha merecido la pena, -siguió el rollo Tim -cuando sueñes con algo que la merezca te acordaras.
- Como conmigo -exclamó Fabian.
- O conmigo -continuó su hermano.
- Creo que harían falta los dos -suspiró la mayor de los Mckinnon -pero sería más bien una pesadilla, para mi pobre hermana.
- O nuestra querida Poppy, acabas de... -empezó Fabian.
- Hacer una confesión de celos por pasión -terminó por él Gideon.
- Seréis brutos -exclamó la joven, poniéndose colorada, mientras los otros tres se reían del panorama -y es Bones -añadió.
- ¡Eso es un si, eso es un si! -Canturrearon los dos ignorando el último comentario.
Estuvieron un rato así bromeando y riendo, mientras los hermanos Prewett se las arreglaban para sacar de quicio a todos los presentes, menos a la enferma, a quién trataron como una reina. El primero en marcharse fue Tim, quién tenía que volver a casa con su mujer, al poco rato le siguió Dorcas pero antes de irse Marlene le hizo prometer que le traería noticias de sus amigos. Los hermanos Prewett se vieron forzados a irse cuando Sarah Mckinnon, habiendo terminado su turno entró en la habitación y los echó por molestar a su hermana, y así se quedaron las tres chicas solas.
Nada más salir por la puerta los dos pelirrojos Marlene notó como se tensaba el ambiente, estaba claro que sus hermanas habían planeado esto. No era casualidad que estuvieran a solas.
- Malen -comenzó la mayor de las tres -Sarah y yo queríamos hablarte de algo, es muy importante.
- Si, y papá y mamá no han podido estar aquí por los niños, pero si no hubieran venido -continuó la enfermera. -Se trata de tu magia.
- ¿Es por lo qué ha sucedido esta mañana? -Preguntó la adolescente mientras las lágrimas acudían a sus ojos y sentía como podría empezar a perder el control otra vez -lo siento, perdí el control entre tanto grito, no volverá a suceder.
- No, no es eso -dijo Poppy firmemente, frenando el brote -tiene que ver, pero no se trata solo de eso. Sarah te lo explicará mejor, ya que ella entiende de estas cosas.
- Malen -la mediana le había tomado de la mano y le miraba directo a los ojos, en estos había ¿dolor? -Cuando tuviste el accidente -empezó, pero fue interrumpida por un bufido de descontento de Poppy -cuando tuviste el accidente -volvió a repetir, esta vez más alto -Te golpeaste la cabeza, ya lo sabes. Lo que no sabes es que hay muchísimas cosas que la magia no cura, los medimagos, sanadores y demás fueron capaces de cerrarte la herida y esta empezó a sanar, pero no somos capaces de sanar la parte mental.
- ¿Qué...? -Intentó preguntar la rubia asustada, pero el aire no le llegaba bien a los pulmones.
- Tranquila Malen -intentó Poppy relajarla mientras le agarraba la otra mano y observaba cautelosa a su alrededor -escucha a Sarah hasta el final.
- Eso no significa que no pueda sanar, sino que de eso te encargas tú ¿comprendes? -Marlene asintió, aunque en realidad no entendía nada -y lo has hecho muy bien hasta ahora. -Hizo una pausa para cruzar la mirada con su hermana mayor durante unos segundos -pero parece ser que hay algo que te impide sanar del todo. Los sanadores no saben lo que es, pero creen que la misma naturaleza de tu magia se ha visto afectada, y que ya no es tuya. Si no que ha tomado, por así decirlo, vida propia.
- ¿Qué quiere decir eso? -Sarah había parado de hablar tras decir esas palabras, pero Marlene no entendía nada. Las dos mayores volvieron a mirarse.
- Lo que Sarah está intentando decir, -Poppy no parecía ser capaz de continuar, pero tragó saliva y lo hizo -es que dentro de los magos conviven dos naturalezas, la humana y la mágica. Estas viven en armonía, complementándose mutuamente, y así somos capaces de expresar nuestra magia y controlarla. Pero hay quienes no pueden vivir en armonía, y sufren que sus dos naturalezas se peleen constantemente, esto tiene repercusiones en su expresión mágica, como los…
- Los obscurus -terminó Marlene por ella, empezando a comprender por dónde iban los tiros. Sus hermanas la miraron sorprendidas. -Lo leí en un libro hace un tiempo, cuando estudiamos la quema de brujas.
Poppy y Sarah asintieron entendiendo de dónde había venido la curiosidad de su hermana.
- ¿Eso es lo que soy yo ahora? -Preguntó la adolescente, sabiendo las consecuencias nefastas de ser uno.
- No -replicó la mediana con firmeza -pero parece ser que el daño psicológico que sufriste ha roto ese equilibrio, no sabemos nunca cómo reaccionara el cuerpo, hay gente que se vuelve loca, otros pierden su poder y otros su parte humana. Sin embargo tu -Sarah se volvió a pausar y apretó fuertemente la mano de su hermanita -has perdido el control de tu magia.
Esa noche James estaba apoyado en el alféizar de la ventana de su cuarto en la torre, con los pies colgando de la misma, cuando Sirius entró en el cuarto. Apenas se habían visto en todo el día y llevaban mucho tiempo sin tener una de sus charlas. El ruido que hizo la puerta al abrirse no fue capaz de distraer a James de sus pensamientos, pero si lo hizo la presencia de alguien más a su lado. Cuando giró la cara para ver quién era sonrió, aunque no podía ser nadie más ya que sus otros tres compañeros de habitación estaban durmiendo en sus camas desde hacía un rato. Y las respiraciones fuertes y acompasadas de los mismos lo demostraban.
- ¿Me acompañas a fumar? -Preguntó el recién llegado.
- ¿Por qué no fumas aquí?
- Ya sabes como es Lunático, si se despierte por el olor o si mañana por la mañana lo huele estará de mal humor el resto del día -contestó encogiéndose de hombros, el azabache asintió. -Bien, coge el mapa.
- ¿Por qué? ¿Dónde quieres ir?
- Me apetece fumar en la torre de astronomía -replicó.
- ¿Hasta allí? ¿Ahora? -A pesar de ello se resignó rápidamente, se puso sus zapatillas y cogió su jersey del equipo.
Los dos anduvieron en silencio por los pasillos mientras vigilaban los movimientos del profesorado que se ocupaban de hacer las rondas esa noche. Cuando llegaron a la torre Sirius sacó su varita y la abrió de un golpe sin pronunciar palabra alguna, al llegar arriba James transformó unas piedras que había allí en unos cojines ganándose una mirada divertida del oji gris.
- Se nos va a helar el culo si no -dijo mientras se encogía de hombros a la burla no formulada.
- Bien pensando Cornamenta -le concedió el otro -¿hace buena noche no?
- Dispara Black ¿qué quieres? -Este no contestó de inmediato si no que aumentó su sonrisa y le dio una calada al cigarro que acababa de encender.
- ¿Por qué voy a querer algo?
- No sé -dijo Potter con la voz impregnada de sarcasmo -me sacas del cuarto, me traes a la torre, te sientas aquí y ¿hablas del tiempo? -Los dos adolescentes cruzaron sus miradas, una llena de diversión la otra una mezcla entre exasperación y burla.
- Pero es que hace una noche magnífica -el bufido de su amigo, le indicó que ya se estaba cansando -perdón, perdón. -Dijo mientras levantaba las manos en una ademán de derrota -¿hoy no tienes paciencia no?
- Sirius tío es la una de mañana, hace un frío de pelotas, mañana tenemos clase y hoy ya ha sido una mierda de día. No lo empeores -le advirtió Potter.
- ¿Por qué será que últimamente no conseguimos ponernos de acuerdo en nada Jamsie? -Preguntó el mayor de los Black.
- ¿A qué te refieres? -Le preguntó confundido su amigo.
- Es como si estuviese decidido a llevarme la contraría -continuo el chico sin explicarse, ganándose más miradas del azabache -cuando yo digo negro tu dices blanco, cuando yo decido gastar bromas pesadas tu madurar...
- Tu siempre has gastado bromas pesadas -apuntilló James, interrumpiendo al pelinegro.
- Ese no es el punto.
- Estas muy raro Black.
- Siempre he sido raro Potter, -replicó -soy la oveja negra de la familia Black, eso implica ser blanco o al menos en mi caso gris. Sarcástico ¿no crees? -James negó con la cabeza. -El caso es, que cuando yo decido que me cae bien Evans ¿tú pasas página? -El capitán miró incrédulo a su amigo ¿así que se trataba de eso? ¿De Evans?
- Eso, -dijo lo más tranquilo que pudo James -¿a ti qué más te da?
- Me importa porque llevas años hablándome de Evans -antes de que James pudiera defenderse Sirius le calló con un ademán -llevo años escuchando lo maravillosa que es, lo perfecta, lo guapa y lo lista, ¿y ahora que empiezo a verlo decides superarlo?
- Vaya pensaba que hacía falta más que una sonrisa para engatusarte Black -replicó Potter con una sonrisa ladina, intentando disimular el nudo de su garganta
- Es mi amiga, -Potter dejó escapar un bufido/risa de incredulidad -oh lo es. Y tú hoy te has pasado con ella.
James miró con rabia a su amigo, ¿acaso le estaba vacilando? Llevaba años diciéndole que pasara de esa tía, que no era nadie, que no merecía la pena. Y él, James Potter, llevaba años quedando como un gilipollas por ir detrás de ella, como un imbécil por perder el culo por una tía que pasaba de él ¿y ahora? ¿Precisamente ahora? ¿Cogía y se ponía de su parte? ¿Cuando él se daba cuenta de que quizá ella no era como él creía? Eso sí que no, ni de coña iba a pelearse con su mejor amigo por una tía y menos Evans.
- Estarás de coña -contestó muy serio.
- No, no lo estoy -Sirius le devolvió una mirada gris llena de desafío -he hablado con ella, me ha contado lo que ha pasado en el lago.
- Querrás decir que te ha contado su versión -replicó James.
- No creo que diste mucho de la tuya, -contestó Black -me ha dicho que te ha hecho una pregunta y al final os habéis acabado peleando, porque te ha llamado inmaduro y tu has reaccionado. -James no se podía creer lo que estaba escuchando. -Y como últimamente saltas a la mínima cuando se trata de ella, no es muy difícil de creer.
- Claro y como siempre tengo que ser el malo en la historia de Evans.
- No, -le cortó Sirius -ha dicho que también ha sido culpa suya, y que no me metiera.
- ¿Y entonces para qué te metes? Nadie te ha dado vela en este entierro -la voz siempre cálida de James, sonaba gélida en esos instantes.
- Porque no creo que sepas lo que estás haciendo -dijo Sirius -¿vas a renunciar a Evans ahora? ¿Después de tanto tiempo? ¿Y más ahora? No lo creo.
- Quizá ella no es la persona que creía. ¿Y qué quieres decir con ese "y más ahora"?
- ¿Qué pasa? ¿Se le ha caído la careta y doña perfecta no es tan perfecta cómo creías y por eso ya no te interesa? -Solo había sarcasmo y burla en el tono de Sirius, quién deliberadamente ignoró la pregunta formulada por su amigo -¡despierta James! Evans no es perfecta, nadie lo es. Pero al menos es legal.
- Sirius -la voz de James ya no sonaba ni molesta, ni gélida ni nada. Simplemente estaba cansado -te estás metiendo donde no deberías, esto no es asunto tuyo. Y sí tanto te preocupa Evans, vete a consolarla -había elevado la voz poco a poco.
- Pues quizá lo haga -exclamó el oji gris, los ojos almendra de James se clavaron en los de él como un taladro -después de todo tu ya pasas de ella ¿no? Y como he dicho es una tía legal y tiene un polvo que te cagas -dijo con una sonrisa entre sus labios.
James sabía que estaba diciendo todo eso para hacerle enfadar, para sacar la reacción que deseaba de él. Pues no iba a ser así.
- Bien -dijo como si nada, empujando el nudo de su garganta hasta su estómago -haz lo que quieras. Pero Sirius, no me vengas llorando cuando te deje tirado por otro.
Gris y avellana chocaron el uno contra el otro, Sirius sostenía la mirada de su amigo intentando encontrar restos de lo que sabía sentía por Lily, pero para su sorpresa ahí no había nada. Black sabía que ese día había cruzado la línea, una línea invisible que nunca se propuso cruzar y que nunca nadie debía hacerlo, pero con lo último que había dicho la línea ahora parecía un punto en la distancia. También supo, que por primera vez en su vida desde que conocía a James una tía amenazaba con ser capaz de poder interponerse entre ellos dos. Pero Sirius de verdad esperaba que esto no tuviera consecuencias para él y su "hermano" en el futuro.
- Black -la voz de James volvió a sonar por la torre, firme, sería, fría y distante -la próxima vez que utilices uno de mis apodos con alguien, asegúrate de que merezca la pena.
- La merece -dijo Sirius, el azabache solo se encogió de hombros.
- Yo también lo pensaba -hizo una pausa larga antes de meter la mano en el bolsillo del pantalón del pijama. -Toma -dijo mientras le lanzaba el mapa -vuelve solo a la torre, yo me piró a dormir.
¡Hola de nuevo a los que me leéis!
Espero que os guste este cap, como veréis he mencionado personajes de la era merodeadora a los que tengo mucho cariño y quiero incluir en el futuro, aunque apenas hayan salido por ahora o no lo habían hecho hasta ahora. Sé que soy un poco pesada, pero os recuerdo si tenéis dudas o cualquier cosa podéis preguntar (además hace ilusión), de todas formas gracias por pasaros a leer.
Paula de nuevo muchas gracias por dejarme un review, me emociona siempre que pasa eso. Creo que tus dudas acerca de mi rubia favorita se han aclarado en este capítulo, pero como verás a Marlene le quedan muchas cosas que enfrentar. Y si tienes más o tienes teorías pues no dudes en preguntarme. Este capítulo te lo dedico a ti (espero que te guste.)
Besos
B.
