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Cómo convertirse en un ninja de Konoha

Capítulo 2. A enemigo que huye puente de plata

El sol salió esa mañana como burlándose de mí, demasiado temprano para lo que me gustaría. Al mirarme al espejo comprendí que ese día era probable que yo despertara el instinto de alerta zombi en el resto de la gente.

¿Quién iba a imaginarse que el término "a primera hora" significara al amanecer? Por favor, pero si aun no habían puesto las calles en su lugar. Recordé lo mucho que se había reído Karin de mí cuando me sacó de mi error informándome a qué hora me tenía que levantar, maldita zanahoria.

La verdad era que todos se habían divertido de lo lindo a mi costa cuando les dije que estaba en periodo de prueba. Incluso Sasuke lo había encontrado gracioso, ahora que él ya no estaba jodido encontraba muy entretenidas las desgracias ajenas.

Cuando Naruto me dijo "Tsunade-baachan te la ha colado bien dattebayo" terminó de confirmarme que era el único pringado al que le habían puesto algo parecido a un periodo de prueba. Genial.

Cargué mi preciosa espada al hombro y salí al pasillo del apartamento que compartía con Karin y Juugo. Los alquileres no estaban como para hacerse el delicado eligiendo mejores compañeros de piso. El traidor de Sasuke tenía una bonita casa dónde quedarse y no nos había dejado acercarnos ni a veinte metros. Así que ante la posibilidad de tener que dormir al raso, había hecho de tripas corazón y aceptado vivir con ellos.

Iba a salir silenciosamente cuando me dije ¿Qué mierda? La zanahoria y el grandullón se habían reído de mi desgracia, ¿por qué iba a dejarles dormir tranquilamente mientras yo trabajaba como un burro?

Con el ánimo renovado me di la vuelta y llegué dando zancadas hasta la habitación de Karin.

- ¡Hace un día precioso! – comencé a gritar abriendo la puerta de una patada. El interior estaba oscuro como la cueva de un oso.

Oí unas cuantas maldiciones, pero eso no me detuvo. Sin dejar de gritar idioteces crucé la estancia para llegar hasta mi objetivo, la ventana. Sin ninguna consideración abrí las cortinas de par en par dejando que la luz iluminara toda la habitación y después abrí también la ventana dejar que el aire fresco entrara.

- ¡TE ODIO! ¡DEJAME DORMIR MALDITO IMBÉCIL! – Karin intentó lanzarme todo lo que tenía a su alcance, afortunadamente no llevaba las gafas puestas por lo que su puntería dejaba mucho que desear.

Esquivando todos los bártulos que había extendidos por el suelo más los que ella me lanzaba conseguí llegar hasta la puerta, salir y cerrar tras de mí suspirando aliviado por haber escapado de "medusa". Si hubierais visto a Karin recién levantada comprenderíais lo acertado de ese apodo.

Bueno, primera parte de mi venganza completada, ahora faltaba el segundo objetivo. Sasuke estaría orgulloso de mí, bufé cínicamente ante mis ocurrencias ¿Sasuke orgulloso?, creo que madrugar está afectando gravemente a mi percepción de la realidad.

Llegué hasta la habitación de Juugo y repetí la "operación lindo despertar", es decir, patear la puerta, entrar berreando y abrir la ventana. Cuando Juugo se lanzó hacia mí gritando cosas como ¡voy a matarte!, por un momento pensé que volvía a estar poseído por el sello maldito. Pero después de esquivarlo un par de veces comprobé que lo que ocurría es que mi habilidad para irritar a los demás era jodidamente buena, tanto como para hacer que el apacible Juugo maldijera como un tabernero, aun en su estado normal.

Satisfecho de mi mismo por haber conseguido que mis compañeros empezasen la mañana con tanta alegría como yo, nótese el sarcasmo, me encaminé por fin hacia la torre Hokage.

Al llegar a mi destino comprendí por qué los ninjas de Konoha decían que llegar tarde a un llamado de la Hokage podía ser más mortal que una misión de rango S. Tsunade me gritó hasta el cansancio mientras yo contemplaba las cortinas del despacho considerando seriamente la posibilidad de ahorcarme con ellas.

Después de la reprimenda que milagrosamente no contuvo violencia física, Shizune me entregó la lista de misiones con una mirada de lo que parecía una mezcla de disculpa y compasión.

Con un nudo en la garganta miré la lista y se me cayó el alma a los pies, ¿Cuándo me había convertido en el recadero de Konoha? Suspiré con fastidio, al menos cada estúpida misión me acercaba más a realizar verdaderas misiones pagadas cuando tuviera mi banda.

Me dirigí a la puerta tranquilamente ojeando la lista y alcé la mano sin volverme, con un "Nos vemos" a modo de despedida.

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- Eh, tú, Hebi – se dirigió hacia mí el chuunin con el que debía compartir esa misión.

Genial, me había tocado con "el hombre desactualizado" ¿cómo que Hebi? A ver, de qué época había salido este tío, quiero decir, me había llamado Hebi, hacía siglos que dejamos ese nombre, llamarme Taka ya habría sonado desfasado ¿pero Hebi? Por Kami alguien debería darle una lección de historia reciente.

Le miré con molestia, después de llevar toda la mañana con misiones cómo pasear perros que juraría que me pasaron pulgas, podar jardines hasta el punto de odiar cualquier forma de vida vegetal, y ayudar en toda clase de negocios haciendo recados y pateándome la villa de arriba abajo ¡literalmente!.

Cómo decía, después de eso, la diplomacia había bajado unos cuantos puntos en mi escala de valores. Y para terminar de arreglarlo, ahora estaba metido hasta las rodillas en un río junto a un par de mocosos genin y un chuunin que tendría problemas para atarse sus propias sandalias, y todo eso para completar mi enésima misión consistente en recoger la mierda que los demás tiraban al agua.

En cuanto el molesto chuunin terminó de decirme chorradas, de las cuales he de confesar que no escuché ni la más mínima parte. Decidí que me merecía un descanso, así que me dirigí hasta la orilla para salir y me senté apoyando mi espalda contra el árbol junto al que habíamos dejado nuestras cosas, cerré los ojos y saqué mi amada cantimplora para dar unos cuantos tragos.

- Suigetsu-kun – me llamó suavemente una dulce y chillona vocecilla interrumpiendo así mi merecido descanso.

Me limité a abrir únicamente un ojo para comprobar quién me molestaba en esa ocasión, recordando para mis adentros que no debía matar a nadie. Si algo me había enseñado Sasuke en nuestros primeros tiempos cuando aun éramos Hebi, era que los ninjas de Konoha no mataban inocentes, aunque he de decir que diferíamos mucho en nuestro concepto de inocente.

- ¿Si? – pregunté con tono suave a la niña que me miraba sonrojada. No recordaba su nombre, era una de los genin que me acompañaban en esta misión, a diferencia de su compañero y el chuunin, la pequeña de doce años parecía sentir algún tipo de fascinación por mí. Nee, que fastidio, ¿por qué no podía limitarse a mirarme con recelo como los otro dos?

- ¿Es verdad que vas a quedarte y a ser un ninja de Konoha? – preguntó la niña con ojos brillantes.

Tsk. El reflejo de un rayo de sol en la pulida banda que la chica llevaba atada a la frente me dio en el ojo recordándome que hasta el más mísero genin de esa aldea pintaba más que yo.

- Es posible – suspiré con tono despreocupado y cerré de nuevo el ojo - ¿te gustaría? – pregunté maliciosamente volviendo a mirarla de reojo con los ojos entreabiertos.

- Ehm… yo… esto… - tartamudeó la niña enrojeciendo, cuando ya resolvió que no iba a decir nada se alejó azorada.

Uhh, Suigetsu, que maléfico te estás volviendo haciendo sonrojar a niñas de doce años, pensé rodando los ojos. Al menos estaría lo suficientemente avergonzada como para no acercarse en un rato.

En ese momento oí un ruido a mi derecha justo al lado de los arbustos que había junto a nuestras bolsas de comida para la merienda. Me acerqué cautelosamente y vi… ¡una mano! ¡Nos estaban robando! Esto sí que era el colmo.

- ¡Eh! – grité yo llamando la atención de mi grupo y señalando al ladrón que se incorporó al verse descubierto.

Antes de emprender una carrera para huir, se encargó de tirarme tres kunais que esquivé por los pelos, ¿Quién habría dicho que ese raterillo fuera armado? Era lo que pasaba últimamente, tras la guerra había muchos ninjas sin rumbo disipados por ahí. Además cualquier idiota podía conseguir un kunai.

Me lancé en su persecución agradeciendo interiormente que llegara un poco de acción por fin, sin embargo, no había avanzado ni treinta metros cuando el chuunin que me llamaba Hebi me detuvo.

- ¿Se ha llevado algo? – me preguntó.

Le miré interrogante, y yo qué sabía, el caso es que tenía intención de hacerlo ¿no?

- Como decimos en Konoha, a enemigo que huye puente de plata – contestó con tranquilidad dándose la vuelta para volver con los mocosos – nuestra misión es limpiar el río, no perseguir maleantes. No nos ha atacado así que déjalo ir.

¡No te habrá atacado a ti! Pensé indignado, ¿es que no había visto cómo me contorsionaba como una lombriz para esquivar los kunais homicidas de ese tío? Pero el chuunin se perdió mi cara de descolocada indignación, ya que aun no había terminado de hablarme cuando se giró encaminándose hacia el río y me indicó con una mano que le siguiera.

- Tsk, en Konoha sois unos vagos – murmuré contrariado sin que me oyera caminando tras él. A mí no me engañaba, lo que le pasaba a ese era que no quería ponerse a perseguir a nadie a estas alturas del día cuando casi habíamos acabado la misión, si es que se le puede llamar misión a esto.

Volví a meterme en el río pescando con aburrimiento las latas que bajaban flotando, al menos estaba en el agua, eso me agradaba. También pesqué con el mismo aburrimiento a la niña genin cuando pasó por mi lado medio ahogándose con la corriente que se la llevaba, la arrastré hasta la orilla y decidí que ya era lo suficientemente tarde como para marcharme de allí, creo que había completado mi primer día de sobra.

Antes de alejarme dejé a la niña tosiendo en el suelo y vi como los otros dos se acercaban preocupados y mirándome raro, por favor, ni que la hubiera ahogado yo y eso que ganas no me faltaron.

- Ja ne – alcé una mano para despedirme y me alejé murmurando con tranquilidad – espero no tener que veros nunca más ¿sería bonito no? En realidad odio los reencuentros…

Cuando por fin llegué a casa arrastrando mi espada por el agotamiento después de mi horrible día, tuve que pensar dónde estaban todas las partes de mi cuerpo para lograr coordinarme e introducir la llave en la cerradura y abrir la puerta. Sé que este acto no es muy ninja que digamos, pero creedme, si hubiera intentado entrar por la ventana la caída habría sido segura y me habría convertido en zumo de Suigetsu, puede sonar apetitoso pero tiene muy poco glamour.

En cuanto crucé el umbral y conseguí enfocar el pasillo decidí que me desplomaría sobre la primera superficie medianamente mullida que encontrara, decir que estaba cansado era poco.

- ¡Ahí estás, maldito cagamañanas y despertador estúpido! – oí amortiguada la voz de Karin procedente de algún lugar que no conseguía identificar - ¡Ahora te vas a en…

La zanahoria entró en mi campo de visión, y yo en el suyo, en ese momento su expresión de enfado se disipó. Tsk, realmente debía tener un aspecto horrible para poder apaciguar los ánimos asesinos de Karin.

- ¿De dónde vienes? ¿De un campo de minas? – preguntó acercándose con el ceño fruncido.

- No, eso fue esta mañana – contesté dando otro paso.

Un manotazo por parte de Karin sobre la mano con la que sostenía la espada me hizo soltarla, estaba tan hecho polvo que ni siquiera me importó. Vi de reojo como ella la apoyaba con esfuerzo en la pared.

- Recuerda cómo se camina y sígueme, cara de pez – ordenó la zanahoria sin mirarme y comenzando a andar.

Cuando me quise dar cuenta estaba sentado en la mesa de la cocina mirando como Karin ejercía de "mama", al parecer el verme desamparado y al borde del desmayo había despertado su instinto maternal… o tal vez quería envenenarme. El caso es que estaba meneándose de un lado para otro hirviendo agua mientras comentaba algo sobre un té.

- ¿De verdad llevas todo el día haciendo misiones, tiburón? – me preguntó la zanahoria volviéndose hacia mí – así que es cierto lo del periodo de prueba.

- No, me lo he inventado por que suena elegante – supongo que mi sarcasmo habría tenido más efecto si no lo hubiera dicho mientras apoyaba la cabeza sobre una mano y luchaba por tener los ojos abiertos. De todas formas, ni tenía ganas, ni estaba en condiciones de discutir.

- Lo conseguirás, eres demasiado terco para…

No conseguí saber para qué era demasiado terco ya que en ese momento el mundo se desvaneció transportándome al placentero país de los sueños.


Hola! ¿qué os ha parecido la segunda entrega de la historia de Suigetsu?

Pobrecito mío, lo que le toca aguantar jaja aunque él tampoco es un santo, eh. Eso de que te abran la ventana por la mañana cuando estas durmiendo es horrible, a mí también me entrarían instintos asesinos.

Como habréis podido comprobar, los títulos de los capítulos son refranes, si alguno no se entiende (no creo que en todos los países sean los mismos) me preguntáis aunque creo que el significado está bastante claro.

Muchas gracias por vuestros reviews y también a las alertas y los favoritos :) espero que os guste.

Besos Ela.