Disclaimer applied


Cómo convertirse en un ninja de Konoha

Capítulo 3. A buen entendedor pocas palabras bastan

Desperté por el sonido de mi propio ronquido que me asustó haciendo que abriera los ojos, espantado.

Lo primero que noté fue que estaba durmiendo sobre un gran charco de baba, presumiblemente mía. Después, cuando intenté incorporarme y pude oír chirriar mis articulaciones comprendí que seguía sentado en la mesa de la cocina tal y como me había quedado con la cabeza apoyada en el mueble. Bueno, tal y como me había quedado no, alguien había tenido la gentileza de echarme una manta por encima. Entendéis que lo de gentileza va con sarcasmo ¿no?

Me desperecé con dolor ya que tenía todo entumecido por la postura en la que había dormido. Cuando por fin pude abrir los ojos y enfocar a mi alrededor vi que no estaba solo, un tipo que no conocía me miraba con las cejas alzadas sentado al otro lado de la mesa, de mi mesa.

- ¿Quién se supone que eres tú?

- Hiroaki – contestó el intruso con tranquilidad.

Estreché los ojos para mirarle de arriba abajo, era joven puede que un par de años más que yo, castaño y llevaba gafas rectangulares sin montura, tal vez se creía intelectual.

- ¿Y se puede saber que hace Hiroaki en mi mesa? – pregunté tranquilamente.

Pareció descolocado por un momento.

- Yo… soy…soy amigo de Karin – contestó medio tartamudeando.

- Por lo general cualquiera que tenga el suficiente grado de masoquismo como para aguantar a la zanahoria merece mi respeto o mis condolencias, sin embargo, eso no contesta a mi pregunta – repliqué aburrido.

Así que ese era otro de los chuunin don nadie con los que Karin solía andar, pobres tipos, me dan lástima. Aunque generalmente, ella no los traía a casa y menos si Juugo o yo estábamos por allí.

- He venido a visitarla – me respondió el muchacho con un poco más de confianza.

- Y dime, ¿no te parece un poco pronto para hacer visitas? – indudablemente, si ese inconsciente se atrevía a despertar a Karin pasaría rápidamente a engrosar su lista de ex.

- ¿Pronto? Son las diez de la mañana – comentó descolocado.

Las diez…

¡Las diez!

- ¡¿Cómo que las diez? – exclamé levantándome de un salto, hace horas que tendría que estar en el despacho de Tsunade para recoger mis misiones. Me llevé las manos a la cabeza, de esta seguro que me mataba.

- Ah sí, tú debes ser Suigetsu ¿no? Karin me contó lo de tu periodo de prueba – dijo el muy idiota sin poder esconder el tono de "me he reído de ti todo lo que he querido" al pronunciar las últimas palabras.

Me agaché hasta que mis ojos y los suyos quedaron a la misma altura.

- Fuera de mi casa – ordené con mi tono tranquilo pero peligroso, ya sabéis cual, ese que da miedo.

- ¡Ya estoy lista! – la voz de la zanahoria acercándose por el pasillo nos hizo girar la cabeza.

- Suigetsu, ya estás despierto – dijo al llegar hasta la puerta de la cocina.

Había algo raro en todo aquello y no lograba identificar qué era, Karin me sonreía desde el umbral saludándome amablemente… un momento, Karin, sonreír, amablemente y encima me había llamado por mi nombre. Ya sabía que era lo que me ponía los pelos de punta de toda aquella situación ¡Karin estaba siendo agradable!

La miré a ella y luego volví mi mirada hacia el listillo con gafas que se había reído de mi desgracia, de nuevo miré a Karin que sonreía con cara de no haber roto un plato en su vida.

- Creo que queda algo de desayuno por ahí – siguió hablándome la pelirroja señalando algo que ni me molesté en mirar.

Me concentré en que mi boca no se abriera por la sorpresa dejándome como un tonto, ya bastante tenía con que el señor "me contó lo de tu periodo de prueba" me hubiera visto despertar en esas condiciones, no quería darle más motivos para pensar que tenía un grave daño cerebral.

Un momento, la comprensión y el alivio llegaron a mí. Ella estaba siendo amable porque no quería quedar como la loca psicótica que era normalmente delante de ese tipo. Sonreí maliciosamente, lo llevaba claro.

- No gracias, Karin – contesté poniendo énfasis en su nombre.

Me levanté para acercarme sin dejar de sonreír de una manera que hizo que ella me mirara alarmada, me conocía lo suficiente como para no bajar la guardia.

- Quería agradecerte también tu amabilidad por dejarme dormir tan apaciblemente – la reticencia en sus ojos me confirmó que había entendido el sarcasmo.

No sólo me había dejado rompiéndome la espalda en la mesa de la cocina, sino que había permitido que me durmiera sin despertarme para ir a cumplir mis misiones cuando llegó la hora.

Noté el horror en su expresión cuando me acerqué y la abracé con fuerza apropósito para que no pudiera casi respirar, levantándola unos centímetros del suelo.

- Suéltame asqueroso – me susurró entre dientes sin mover la boca ni variar su expresión de sonrisa forzada para que "Hiro-no sé qué" no se percatara de nada.

Decidí poner el broche de oro a mi actuación y cuando la posé de nuevo en el suelo, le revolví el pelo con la mano como si fuera una niña. Había aprendido a puro de golpes que la zanahoria odiaba que le tocaran el pelo, aquel que le revolviera un solo mechón fuera de su lugar era hombre muerto. Qué queréis que os diga, me gusta el riesgo.

Haciendo gala de un autocontrol del que realmente no la creía capaz, Karin se adecentó el pelo con las manos y me dedicó una sonrisa llena de dientes que parecían estar a punto de hacerse trizas por la forma en la que apretaba la mandíbula.

- ¿Tú no tienes que ir a recoger cacas de perro por tu periodo de prueba? – preguntó manteniendo su tono falsamente amable pero lleno de veneno.

¡Auch! Eso me había dolido, un derechazo directo al orgullo. Debería haberlo adivinado, la zanahoria siempre juega sucio, lo suyo son los golpes bajos. Sin embargo, nunca superará al maestro.

- Oye, si vas a acostarte con él usa protección, si vuestros hijos heredan tus dioptrías más las suyas necesitarán unas gafas de culo de vaso – murmuré para que sólo ella me oyera.

Esta vez su expresión sí que abandono todo rastro de sonrisa, abrió la boca y frunció el ceño como si tuviera tantos insultos agolpados en su garganta para mí que no supiera decidirse.

Con un habilidoso salto o evasión o lo que fuera que hice, llegué hasta mi espada y la cargué al hombro listo para irme antes de que Karin se recuperara de su conmoción.

- Zanahoria – le dediqué una reverencia – Cómo te llames – incliné la cabeza hacia el intruso – no hagáis nada que yo no haría – me despedí saliendo por la puerta en el preciso instante en el que una ola de insultos salía de la boca de la pelirroja que había perdido toda la compostura de la que había hecho gala.

Supongo que ahora esperareis ansiosos de sangre a que os cuente cómo al llegar a la torre Hokage, Tsunade me soltó la bronca de mi vida con puñetazos incluidos por llegar tarde… Pues jodeos. Ja. Resultó que por una vez la suerte estaba de parte de los sexis, y la vieja estaba de sorprendente buen humor debido a que le habían regalado un montón de cajas de sake de importación. Estoy seguro de que era de contrabando pero eh, me habían salvado la vida ¡viva el mercado negro!

La vieja parecía a punto de saltar a bailar la conga encima de su escritorio. Decidí no acercarme mucho porque la veía dispuesta a darme un beso y arrastrarme a bailar con ella. Oh, está bien, estoy exagerando ¿pero todos habéis sonreído al imaginarlo nee?

Aun así, la cara de vergüenza ajena que tenía Shizune cuando me entregó la hoja con mis misiones os dará una idea del extraño estado de alegría de Tsunade.

- ¿Sólo una esta vez? – murmuré con desconcierto al ver la lista. No era que me quejara ni mucho menos, el día anterior había acabado hecho polvo, es sólo que me extrañaba esa extraña muestra de piedad, demasiadas cosas buenas en sólo una mañana.

Shizune pareció compartir mi extrañeza ya que me arrebató la hoja para examinarla con el ceño fruncido.

- Tsunade-sama – llamó indecisa - ¿está segura de que quiere enviar a Suigetsu-san a esta misión? – preguntó recalcando la palabra "esta".

Me pareció que lo decía como si fuera algo tremendamente peligroso. La miré desconcertado, pero si era una estúpida misión de ayudar en el hospital, a mi parecer era infinitamente más sencilla que la de limpiar de minas el campo de entrenamiento 10 como había tenido que hacer ayer.

- Sí, claro – dijo la Hokage sin mirarnos, estaba demasiado ocupada contemplando los brillos que hacía el sol en su recién adquirido sake – patéales el culo, muchacho.

Alcé una ceja, esa vieja ni siquiera sabía a qué misión me estaba mandando.

Shizune suspiró y me devolvió la hoja con una mirada de compasión. Ni que me estuviera mandando a la guerra.

- Ten cuidado, Suigetsu – murmuró la chica cuando me volví para salir por la puerta.

- Claro, no vaya a ser que alguna anciana me atice con su bastón – contesté con burla.

*/*/*/*/*/*/*

¡Maldita la hora en la que permití que me enviaran a este lugar!

¿Qué las viejas iba a atizarme con el bastón? Sí, tal vez lo hicieran para noquearme y después violarme entre todas. ¡¿Cómo la tercera edad podía estar tan salida? Desde que había entrado en el hospital había sentido sus miradas sobre mí como si fuera un pedazo de carne fresca entrando en la guarida de los leones, y ya llevaba varios pellizcos en el culo a los pocos minutos.

Ahora entiendo la aprensión de la ayudante de Tsunade por mandarme aquí. Yo había pensado que sería un trabajo sencillo y descansado, simplemente dar paso a las consultas a las ancianitas que venían a hacerse sus chequeos y a los ninjas con heridas leves.

Sin embargo, pocos eran los ninjas que iban a ese lugar, por no decir ninguno. Una vez que conoces este sitio no querrías volver ni aunque te faltara un brazo. Los jounin y chuunin solo venían por heridas graves y entraban por otro lugar.

- Señora Inuzuka, puede pasar a la consulta tres – informé desde mi posición pegada a la pared, al menos así tenía un frente cubierto.

- Oh, mi querido muchacho, ven ayúdame a levantarme, mis piernas ya no son lo que eran – pidió la anciana.

Entrecerré los ojos, esa vieja estaba más ágil que yo, era la líder de las demás ancianas pervertidas que se amontonaban en la sala de espera, no sé de sus piernas pero puedo asegurar que sus manos eran rápidas, ya me había sobado por todas partes cuando entré.

Con cautela, vigilando a todas las demás momias, me acerqué hasta la señora que me miraba con una sonrisa pícara en su arrugado rostro, agarró su bolso del que sobresalía la cabeza del perro chihuahua también viejo, que llevaba dentro, y alargó la otra mano para que la ayudara. Supongo que os preguntáis por qué le permitían ir con perro al médico, bueno, es una Inuzuka, no dan dos pasos sin un chucho al lado.

Me incliné para levantar a la señora con mis sentidos alerta. La vieja se me abrazó más fuerte de lo necesario pegándose y apoyando todo su peso en mí, tuve que rodearla con un brazo por qué no parecía dispuesta a caminar por sí misma. Me estaba ahogando en perfume.

Me incorporé de un brinco al notar otro pellizco en el culo, malditas viejas, sin embargo no podía soltar a la señora ni aunque quisiera ya que se había enroscado a mí como una boa.

- Joven, que brazos más fuertes tienes – comentó la señora aprovechando para tocarme el brazo. Comencé a avanzar hasta la consulta prácticamente arrastrándola.

- Ya está señora – suspiré con esfuerzo por haber cargado con ella hasta la puerta.

- Oh, que buen chico eres, tienes que venir más a menudo – me dijo la vieja pellizcándome la mejilla como si fuera mi abuela. Después me plantó un beso en la otra mejilla sin que pudiera apartarme a tiempo dejándome una gran marca de carmín rojo, por supuesto también aprovechó para tocarme el culo de nuevo.

Tan desesperado había estado en librarme del mortal abrazo que no me había dado cuenta que el resto de las acosadoras habían aprovechado mi descuido para rodearme, si luego me pedían ayuda para andar iban listas.

Busqué con desesperación una vía de escape antes de que se abalanzaran sobre mí.

- Tienes razón, Tamuya – comentó una voz – tienes que venir más veces, joven.

Al momento, todas mostraron su acuerdo pellizcándome en la mejilla como abuelas e intentando darme sonoros besos en la cara imitando a la señora Inuzuka, y aprovechando también para magrearme y estirarme de la ropa.

Aun no comprendo cómo conseguí escapar con mi virtud intacta de esa horda de viejas pervertidas y meterme corriendo en la primera puerta que vi, cerrando tras de mí y apoyando la espalda en la puerta por si acaso intentaban echarla abajo.

- ¿Suigetsu? – una voz hizo que me girara espantado.

Al otro lado de un escritorio, la dueña de la consulta me miraba elevando las cejas con extrañeza.

- Sakura – conseguí decir recuperando el aliento.

- ¿Qué te ha pasado? – preguntó sin cambiar su cara de sorpresa y evaluándome con la mirada. Supongo que en ese momento no ofrecía mi mejor aspecto, pelo revuelto, manchas de carmín, la ropa descolocada y posiblemente rasgada, y seguramente tenía algún que otro arañazo.

- Las señoras de la sala de espera han intentado abusar de mi inocencia – le dije por una vez hablando sin broma alguna esperando que me creyera.

Sakura abrió mucho los ojos.

- Ahora entiendo por qué estaban tan agitadas, han venido todas con la tensión por las nubes – comentó levantándose.

Yo intenté recomponer la poca dignidad que me quedaba después de tener que huir de un montón de señoras cuya media de edad era ochenta años. Me peiné, recoloqué mi ropa e intenté quitarme el carmín de la cara.

Sakura me indicó que tomara asiento y me dio un vaso de agua para que me recuperara. Esa chica siempre era gentil, cuando no la enfadabas claro, en ese caso podía ser tan terrible como Tsunade. En realidad era como una Tsunade pequeña, claro que sin esos… airbag delanteros, ya me entendéis, y sin tanto sake.

- Tranquilo, aquí no entrarán – me sonrió.

Una parte dentro de mí sintió alivio, al menos estaba a salvo.

- Iba a salir a comer, ¿quieres venir? – me preguntó amablemente.

Levanté una ceja, ¿"Miss piernas Konoha", me estaba preguntando si quería comer con ella? Puede que mi día se estuviera arreglando. La miré de arriba abajo, al menos restauraría un poco mi ego perdido por haber sido acosado por la tercera edad. Aunque una conversación que había mantenido con Kiba poco tiempo antes me hacía dudar sobre si aceptar su ofrecimiento.

- No te preocupes, saldremos por la ventana – me tranquilizó malinterpretando mis pensamientos.

Cuando Sakura se giró para colgar su bata de médico y coger su bolso de la percha, todas mis dudas se disiparon. Necesitaba un descanso y desde luego ni loco salía otra vez con todas esas viejas de manos largas, así que salir a comer con las piernas más bonitas de Konoha parecía un buen plan. Ya os he dicho que me gusta el riesgo ¿no?

El caso es que salimos por la ventana, saltando por los tejados hasta aterrizar en la entrada del hospital, logrando así esquivar a las señoras locas.

- Has tardado – dijo una voz en cuanto tocamos el suelo.

Al girar la cabeza pude ver a Sasuke recargado contra la pared del hospital con aire casual.

- No demasiado – le contestó la pelirrosa con una sonrisa – Suigetsu viene a comer con nosotros, ¿dónde está Naruto?

Sasuke rodó los ojos.

- Oh, Naruto es un exagerado, tampoco he tardado tanto – comentó la pelirrosa como si él le hubiera dado una explicación extensa sobre dónde se encontraba exactamente el rubio y por qué se había marchado.

Después Uchiha me miró moviendo la cabeza en lo que yo supuse sería un saludo, viniendo de Sasuke seguro que lo era.

- Será mejor que vayamos al Ichiraku antes de que Naruto se atiborre sin nosotros – comentó Sakura comenzando a andar.

- Mmm, Ichiraku – comenté yo caminando tras ella junto a Sasuke – es el mejor sitio para comer de la villa ¿no crees Sasuke?

- Hmp.

Le miré con cara de "¿en serio sólo piensas decir eso?". Había olvidado lo que significaba llevar una conversación con Sasuke.

- Sí, yo también prefiero las bolas de arroz – intervino Sakura volviéndose hacia nosotros.

¿Bolas de arroz? ¿Quién había dicho nada de bolas de arroz? Yo sólo había oído "Hmp" ¿eso significa, a mi me gustan más las bolas de arroz? Cuando yo viajaba con él eso significaba sólo tres cosas "si, no y cállate" bueno podía haber una cuarta versión que era "cállate idiota" pero la interpretación no iba mucho más allá.

- Sasuke, recuerda que hoy tienes chequeo en el hospital – continuó hablando Sakura – No, tranquilo, puedes entrar por la puerta, ya han tenido bastante con Suigetsu.

Me guiñó un ojo… eh, me había guiñado un ojo, eso en mi idioma tiene un significado concreto, al margen de que estuviera hablando de mi traumática experiencia con las ancianas acosadoras.

- Tsk.

- Oh, está bien, dejaré la ventana abierta – cedió la pelirrosa.

Por Kami, ¿es que tenían alguna especie de código Morse para comunicarse sin tener que hablar? Bueno, sin que Sasuke tuviera que hablar porque ella no había parado en todo el rato, por favor, no entiendo cómo no se ahoga. Eran como la versión ninja de C3PO y R2, sí yo también he visto Star Wars, ya os dije que veía películas de zombis así que no sé de qué os extrañáis, los shinobis también tenemos tiempo libre… bueno algunos.

Al fin llegamos al Ichiraku donde Naruto nos esperaba ya con un par de boles vacíos a su lado.

Quiero aclarar que lo que voy a contar a continuación no es uno de mis mejores momentos, alego enajenación mental por trauma reciente.

Bueno, el caso es que Sasuke se acercó a Naruto para empezar a discutir, pegarle o yo qué sé, esas cosas que suelen hacer. Yo me senté con Sakura tranquilamente a esperar que nos trajeran un humeante bol de ramen.

- No sé cómo se le ha ocurrido a Tsunade-shisou mandarte al hospital – se carcajeó levemente volviéndose hacia mi – ya sabe que no puede mandar chicos guapos.

Ehh, ¿soy yo o acababa de llamarme guapo? Le sonreí seductoramente aunque ella no pareció darse por aludida. Con disimulo eché una mirada hacia Naruto y Sasuke, bien, estaban entretenidos.

- Nee, qué le vamos a hacer – suspiré resignado estirándome y acercándome sutilmente – el deber me llama, qué sería de mi vida como shinobi si no tuviera que escapar de una horda de ancianas perturbadas de vez en cuando.

Ella se rió, soy ingenioso y encantador, lo sé, y más aun cuando intento ligar.

- Hey, héroe ninja – me dijo sonriendo con algo de sorna – tienes una herida de guerra.

Acto seguido alzó una mano para limpiarme un poco de carmín de la mejilla que aun me quedaba de mi pelea con las viejas.

Vale, meteos en mi cerebro y razonad si podéis culparme por lo que hice a continuación.

Con un súbito impulso acorté rápidamente la distancia y la besé.

Oh, vamos, ¿qué son esas caras? Cómo si no supierais que soy un pervertido incurable…

Un empujón en el pecho por parte de la chica me obligó a separarme y pude ver su cara de sorpresa y molestia que claramente se preguntaba sobre mi estado mental. En ese momento, noté que sus ojos veían algo detrás de mí y su expresión cambiaba de molestia a terror.

- Oh, dios mío – murmuró llevándose las manos a la boca.

Me giré justo en el momento en el que Sasuke levantaba su puño con intención de hacerme papilla.

Repasemos, Sakura me había guiñado un ojo, me había dicho guapo y luego me había tocado la cara… En cualquier idioma a eso se le llama coquetear, bueno, tal vez mi mente esté perturbada por los libros Icha Icha y tener a Karin como referencia más cercana de comportamiento femenino no es muy fiable.

Tal vez ella sólo estaba siendo amable… la pregunta está clara ¿podría haber evitado esto?... Bah, no.

El puño de Sasuke impactó contra mi cara lanzándome al suelo.

- ¡Sasuke! – creo que Sakura intentó detenerle – Oh, Kami ¿está muerto?. ¡Naruto! ¡ven, Sasuke ha matado a Suigetsu!

En ese momento, recordé la conversación que mantuve con Kiba unos días antes, en la que me había dicho que sería gracioso ver la cara de Sasuke si alguien besaba a Sakura, así sabrían si de verdad se interesa por ella o no.

Recuerdo que pensé que al final no había sido muy gracioso, antes de que todo se volviera negro y me quedara inconsciente.


Hola!

¿Qué os ha parecido el nuevo capítulo de las desgracias de Suigetsu? Jaja pobrecito mío no le sale nada bien, en todas las situaciones termina apaleado. Personalmente es uno de mis capitulos preferidos jaja imaginarme a Sui-kun huyendo de las ancianas pervertidas.

Veo que el título del capítulo anterior no se entendió muy bien, el refran "a enemigo que huye puente de plata" quiere decir algo asi como facilitar una retirada ventajosa para las personas que nos están haciendo o nos pueden hacer algún mal o daño. Espero que ahora quede más claro, por ejemplo cuando el ninja que intenta robarles se escapa, el chuunin compañero de Suigetsu decide no perseguirlo, si se va pues mejor para nosotros.

El título de hoy "a buen entendedor pocas palabras bastan" creo que se entiende mejor, quiere decir que a alguien que entiende las cosas no hace falta explicárselas con muchas palabras y en detalle. Por ejemplo a la hora de entender las conversaciones con Sasuke que no sale del Hmp, Hn y Tsk.

Muchas gracias por vuestros comentarios ;)

Besos Ela.