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Cómo convertirse en un ninja de Konoha

Capítulo 4. A donde fueres, haz lo que vieres

Después de dos días inconsciente por el tremendo porrazo que me asestó Sasuke, al tercero desperté con una bonita jaqueca que se incrementó segundos después, al reconocer a la persona que entró por la puerta con una bandeja.

- Oh, no, es verdad que me he muerto – dije con una mueca de fastidio – y además estoy en el infierno – terminé con voz teatral.

Karin me lanzó el cuchillo de lo que supuse, era mi bandeja del desayuno.

- La próxima vez dejaré que mueras de hambre pescado desagradecido – berreó la zanahoria.

El cuchillo que me había lanzado temblaba a milímetros de mi ojo derecho, clavado en la pared en la que yo me apoyaba para sentarme en la cama.

- Reconoceré que tienes buena puntería, pelo de escoba – comenté mirando el arma blanca – no sé por qué te retiraste.

- He fallado – contestó con tono sombrío – pero puedo probar otra vez, eres un blanco genial – me dijo cogiendo la cuchara y preparándose para apuntar.

- ¡Enfermera! – grité a la desesperada, esa loca era capaz de matarme allí mismo con una cuchara sopera.

Para mi desgracia, la enfermera pasó de ayudarme dejándome a mi suerte con la desquiciada pelirroja, al parecer mi grito no le había parecido lo suficientemente urgente como para acudir a ver si estaba siendo asesinado.

Karin dejó caer la cuchara en el plato haciendo un ruido entre glup y chup al hundirse en lo que fuera que contenía. La zanahoria me lo acercó con una macabra sonrisa que no me hacía prever nada bueno.

- Han dicho que te lo comas todo – me informó con satisfacción – así que quiero verte lamer el plato, cerebro de marisco.

Bajé la vista hacia la comida y creo que me puse verde, aunque no tan verde como el caldo grumoso que llenaba mi plato.

- ¿Está es la comida que le dan a un convaleciente? Se nota que la vieja no quiere que nadie se quede en el hospital demasiado tiempo – comenté cogiendo un poco con la cuchara y dejándolo caer de nuevo al plato mirándolo con desagrado y oyendo su glup-chup.

- Todo – ordenó la zanahoria mirando la desagradable papilla de veneno podrido.

- ¿Qué he hecho para merecer esto? – me quejé con una mueca.

A ver, tenía todo el derecho a quejarme, me despertaba después de dos días inconsciente y lo primero que encontraba era a Karin obligándome a comer un plato de… ni siquiera me atreví a especular lo que era.

- Tienes suerte de que Sasuke no te matara, ¿por Kami, como se te ocurrió? – me preguntó con cara de exasperación.

- Oh, venga, nadie sabía si estaban juntos o no – me defendí.

Es verdad, las chicas en Konoha son un tema extraño, al menos las kunoichi. Todas están extraoficialmente pilladas y ni se te ocurra acercarte a ellas o su supuesto "no-novio" te dejará en el estado en el que yo me quedé.

- Todos en Konoha lo sabían, idiota – espetó con poca paciencia.

- Además, fue un acto reflejo – proseguí sin hacerle caso – estaba necesitado de cariño, habría besado a cualquiera, incluso a t… bueno puede que no tan necesitado.

- Te oigo hablar pero no te veo comer – se vengó la zanahoria mirándome con ojos entrecerrados y siseando las palabras.

Dirigí mi atención de nuevo al asqueroso plato que tenía delante y hundí la cuchara en él con una mueca de asco, después cerré los ojos y me lo metí en la boca preparándome para las seguras arcadas, pero ehh…

Abrí los ojos cambiando mi expresión, no estaba tan mal como parecía, sabía como a algo vegetal, no sabría explicarlo. Con una nueva actitud frente a la comida, cogí otra cucharada sin tantos remilgos ante la mirada perpleja de Karin.

- ¿Qué? Tú eres la que quería que comiera – repliqué ante su mirada de boba, llenándome la boca de nuevo. Empezaba a cogerle el gustillo, la verdad era que tenía hambre.

- Por supuesto, disfrútalo – contestó conteniendo una carcajada, en ese momento no quise buscarle significado.

La puerta se abrió y por ella entró la enfermera con una bandeja.

- Suigetsu-san – se extrañó mirándome comer - ¿qué… Por Kami, ¿por qué está comiendo un plato del concentrado de humus para Katsuyu-san?

Por un momento me quedé en blanco todavía sosteniendo la cuchara en mi mano…

Humus concentrado para la babosa…

Había estado comiendo comida de babosas…

De pronto todas las arcadas que había previsto antes se apoderaron de mí haciéndome sudar frío…

- ¡MALDITA ZORRA TRAIDORA!

Sin embargo, Karin ya se había marchado y seguramente estaría riéndose de mí en algún lugar.

*/*/*/*/*

Esa misma tarde, poco antes de que pudiera marcharme por fin del hospital, recibí la visita de cortesía de la Quinta Hokage. Lo de cortesía es un sarcasmo evidentemente, lo único que quería esa vieja esclavista era asegurarse de que ya estaba en condiciones de seguir haciendo el trabajo sucio, y lo de sucio sí que es literal.

Y encima tenía la cara de decirme que tenía trabajo atrasado de los dos días que pasé inconsciente, ¿es que esta mujer no conoce el concepto de baja laboral? Se merecía que la denunciara ante el sindicato de ninjas, luego me di cuenta de que los ninjas no tenemos sindicato… ¡nee, qué opresión!

Ah, no os creáis que dijo eso y se marcho, no, no, no, parece que no conozcáis a Tsunade, antes de irse me reprochó mi actitud diciendo que si quería ser un ninja de Konoha no podía ir así por la villa. ¡Venga ya! Sasuke es el loco homicida, yo la víctima ¿Cuántos días había estado él inconsciente en el hospital? ¡Yo dos! Y luego había comido alimento de babosas… pero eso era algo que prefería no recordar.

Al menos estaba libre hasta la mañana siguiente, en la que comenzaría de nuevo a trabajar para complacer a la vieja arpía y recuperar los días atrasados, seguro que me mandaría a desatascar los retretes de los Akimichi o algo así, es lo suficientemente retorcida para eso.

Antes de llegar a casa me sorprendí al encontrarme a Hirario...Hirakio… bueno al amigo de Karin, su nombre es lo de menos, besuqueándose con una castaña en un callejón, una castaña que evidentemente no era la zanahoria. Supuse que ya se había cansado de él, ese chico debería agradecerle a Kami por haber esquivado esa bala.

En cuanto crucé la puerta de mi casa, me puse a buscar a Karin, para "agradecerle" por la apetitosa comida que me había llevado por la mañana. La encontré en la cocina preparando algo que ni por todo el oro del mundo yo iba a probar.

- Vaya zanahoria, parece que te ha dado por la gastronomía – me acerqué fulminándola con la mirada – la próxima vez te prepararé yo la comida, le preguntaré a Naruto qué comen los zorros de nueve colas ya que voy a alimentar a una zorra de… ¿cuántas colas tienes tú?

- Sigue molestándome y el que acabará sin ninguna cola serás tú – me amenazó volviéndose hacia mí con unas tijeras en la mano que abrió y cerró intimidante.

Lo reconozco, retrocedí un paso. Pero eh, ¿quién no lo habría hecho ante una loca armada muy capaz de dejarte sin descendencia? Meditadlo.

Aun así, mi capacidad de recuperación es rápida. Soy hábil de pensamiento, sobre todo en lo que se refiere a contraatacar con putadas. Me disponía a soltar cualquier ingeniosa barbaridad para hundirla en la miseria cuando mi atención se desvió al ver a Juugo entrar tranquilamente.

- ¡¿Qué mierda es eso? – pregunté alterado, y no era para menos.

Juugo pego un pequeño salto ante mi exclamación y me miró con sorpresa.

- ¿Qué? – preguntó el gigantón avergonzado. Oh, más le valía estarlo. Se llevó la mano a la frente para intentar tapar el trozo de metal pulido con el símbolo de la villa grabado que llevaba en ella, como si así pudiera hacer que me olvidara de él – Ah, esto – dijo, por fin se había dado cuenta de que su "esplendido camuflaje" no funcionaba muy bien – es una banda ninja.

Oh, ¿de verdad?

- ¡Ya sé que es una banda ninja! – espeté con molestia - ¡¿Cómo se supone que la has conseguido? Llevo días rompiéndome el espinazo para conseguir una.

Debía tener pinta de loco psicópata con una crisis de ansiedad porque Juugo retrocedió ante mi mirada inyectada en sangre.

- …Ehmm… Hana-san me dio una… dijo que ya que trabajaba con ellos…ehm… ya sabes que estoy aprendiendo con los veterinarios del clan Inuzuka… - mi furia se aplacó un poco cuando noté que Juugo parecía a punto de escarbar un agujero en el suelo para meterse dentro y escapar de mi mirada acusadora que le decía "traidor, ojalá te muerda un perro".

De pronto me sentí deprimido, y me dejé caer en una silla resoplando.

- Da igual Juugo – le tranquilicé con voz desanimada, ehh yo también puedo deprimirme no me miréis así.

El gigantón parecía haberse quedado sin palabras, estoy seguro que incluso la zanahoria se giró poniendo cara de extrañeza al oírme.

- No te… tú… estoy seguro de que no tardarán en darte una, Suigetsu – intentó animarme el grandote – te va bien en el periodo de prueba.

- ¿Estamos hablando de lo mismo? – pregunté incrédulo – acabo de salir del hospital, solo me mandan misiones de mierda, las viejas intentan violarme y el resto de la villa me mira mal.

Tenía un momento de crisis existencial ¿vale? Por favor todo eso era verdad, la vida me iba de pena.

- ¿Las viejas intentan… - empezó a joder Karin, por suerte Juugo la detuvo.

- No encajo aquí… - ¿soy patético verdad? Yo y mis momentos autocompasivos – No entiendo por qué vosotros os habéis adaptado tan bien, todos os aceptan…

- Ag, tiburón, lo que pasa es que tú eres demasiado tú – me dijo la zanahoria en tono de exasperación – por eso no logras encajar.

La miré cansadamente con una ceja alzada, ¿acaso no había visto que no estaba de humor para acertijos estúpidos?

- Ilumíname, zanahoria. El problema es que yo soy demasiado yo ¿qué diablos significa eso? Claro que yo soy yo, eso no tiene sentido – murmuré sin ánimos para continuar la conversación.

¿En qué momento eso se había vuelto un consultorio psicológico? Y encima con Karin y Juugo de psicólogos… en verdad mi vida apestaba.

- Pues en que tienes que intentar hacer lo que veas, no lo primero que se te pase por la cabeza, pescado idiota – espetó la zanahoria – imita sus costumbres y así te integrarás.

- La mayoría de sus costumbres son estúpidas – me quejé.

- En ese caso aun lo tendrás más fácil – se burló de mí.

Oh, está bien, había cogido el chiste, me resultará fácil imitar conductas estúpidas porque soy estúpido, un aplauso para la zanahoria acaba de hacer su chiste del año. Me limité a fulminarla con la mirada.

- Ahora entiendo por qué tú no tuviste ningún problema – por supuesto, no podía quedarme callado, ya os he dicho que mi lengua es afilada.

*/*/*/*

Los siguientes días me maté haciendo misiones, no tenía un minuto de descanso, llegaba a casa y me desplomaba en cualquier lugar, muchos días ni siquiera llegaba a la cama y acababa durmiendo en el sofá o en la bañera por haberme quedado dormido mientras me bañaba.

Juugo y Karin ya no se extrañaban al verme entrar en coma en cualquier lugar en cuando me quedaba quieto más de dos minutos.

Sobre la mitad de la semana más o menos, milagrosamente pude llegar a casa a la hora de comer, tal vez la vieja se compadeció de mi o quizá volvió a recibir su sake de contrabando, sea lo que fuere, el caso es que llegué a casa silbando, contento por primera vez.

Bueno, lo que vais a conocer a continuación es otra de mis escenas gloriosas en las que desearía que alguien me hubiera pegado con un cazo para dejarme inconsciente e impedirme hacer nada.

Volvamos a mí, entrando tranquilamente en mi casa silbando tranquilamente la melodía de algún anuncio, cuando de pronto me doy cuenta de que alguien me observa desde mi sofá en mi salón.

- ¿Qué haces aquí Hiwaki? – pregunte con las cejas alzadas por la sorpresa.

- Es Hiroaki, realidad – me contestó.

- Sí, como sea – dije moviendo la mano y despatarrándome en otro asiento cercano – eso no contesta a mi pregunta.

Ese idiota tenía la maldita costumbre de contestarme a cosas que no le pregunto e ignorar las que de verdad quiero saber, aunque en el fondo cualquier cosa que pueda decir me da completamente igual, o eso pensaba.

- Espero a Karin.

Eso sí que me descolocó completamente, es que acaso no se había estado besuqueando con una castaña en un callejón hace unos días. Pobrecillo, tal vez la zanahoria lo había embaucado de nuevo para que volviera.

- ¿Otra vez? Pensaba que ya te habrías cansado – comenté mirándole de reojo.

- Oh, y lo estoy, sólo espero conseguir lo que quiero de una vez para terminar con todo esto.

Waa, ¿Qué directo no? Así que sólo quería a la zanahoria para una cosa… me imaginaba qué podía ser. Que pervertido aprovechado, tal vez no era tan idiota como parecía.

- No creo que pueda sostener esto mucho más, Karin es demasiado mandona y gritona – se quejó con un suspiro – al principio se comportaba más normal.

No pude evitar reírme, la zanahoria no podía aparentar durante mucho tiempo ser dulce y amable, su verdadera cara salía a la luz y te mordía el culo.

- Espero que valga la pena – uhh, demasiada información para mí – tal vez debería haber contratado a alguien, pero me dijeron que Karin lo haría bien.

El rumbo de la conversación ya no me estaba gustando nada. ¿Era cosa mía o estaba insinuando que la zanahoria era un poco zorra? Bueno, yo la llamaba zorra a cada rato, pero yo era de la familia, este idiota que viene aquí a mi casa a quitarme mis insultos ¿Qué se ha creído?

- Ya sabes, dicen que tiene experiencia en…

Se acabó.

El idiota acababa de terminar de hincharme las narices, así que antes de que pudiera terminar su frase tenía mi puño estampado en la cara.

- ¡Suigetsu! – gritó la voz de la zanahoria desde la puerta.

- Se me ha resbalado la mano – me excusé yo con cara de inocencia.

A mi lado el idiota se retorcía tapándose la nariz, nee, que exagerado.

- Hiroaki ¿estás bien? – preguntó agachándose junto a él.

Yo me limité a mirarlo cruzado de brazos y con pose digna, se había ganado el puñetazo por Kami, estoy seguro de que ella le habría dado más fuerte si supiera lo que había dicho. Además, ella misma me había aconsejado que imitara lo que veía en la gente de Konoha ¿no?, muy bien, estaba imitando a Sasuke partiéndome la cara.

- Lo siento, Karin, pero creo que voy a dejarlo, esto no funciona, lo intentaré por mi cuenta – dijo el imbécil levantándose – gracias por todo.

En cuanto cruzó la puerta pude sentir la que se me venía encima.

- ¡¿Pero qué se supone que haces, idiota? – la zanahoria se volvió hacia mí hecha una furia.

- Tampoco es para tanto – contesté de mala gana.

- Ves, a esto me refiero cuando digo que eres demasiado tú – siguió gritándome – ¡no puedes ir por ahí pegándole a cualquiera!

Eso sí que me hinchó las narices, ¿Qué yo le iba pegando a cualquiera? Pero si normalmente era yo el que recibía. Me levanté para encararla.

- ¡Venga ya, eres una exagerada! Además el tipo se lo merecía, ese imbécil no te conviene zanahoria así que tampoco es una gran pérdida, ¡deja de hacer tanto escándalo!

- ¡¿Pero de qué estás hablando, cerebro de merluza?

¿Cerebro de merluza? Ese era nuevo.

- Hiroaki y yo no estábamos juntos – siguió explicándome a gritos – yo le estaba ayudando a conquistar a una chica.

Ah, pensé nerviosamente, ahora encajaban muchos de los comentarios extraños de ese retrasado, en realidad no la estaba llamando zorra… creo que tengo que dejar de leer libros Icha Icha, tengo la mente sucia.

- ¡Todo el mundo en Konoha sabe que Hiroaki está muerto por Kanna! – me recriminó.

Y yo qué sabía de quien mierda eran Hiroaki y Kanna.

- Tal vez ese sea el problema, zorra – le grité alterado - ¡Yo no soy de Konoha!

Agg, ahí estaba mi amargura.

- ¡Y si sigues así no lo serás nunca!

- Bruja – sisee con ira - ¡¿cómo iba a saber yo que se estaba refiriendo a que le ayudabas a conquistar a esa chica, parecía que te estaba llamando zorra?

- ¡Ohh, por favor! ¿Ahora te ha dado por defenderme? ¡El único que me llama zorra eres tú!

He de admitir que ahí tenía su punto, pero ese es un tema diferente.

- ¡Eso será porque lo eres!

- ¡Imbécil! – me contestó acercándose un paso con los dientes apretados.

- ¡Insoportable! – yo también me adelanté con los ojos chispeando de ira, la zanahoria es la única que consigue sacarme de mis casillas.

- ¡Estúpido!

- ¡Loca desquiciada!

A pesar de que yo era bastante más alto que ella no estaba ni un poquito intimidada, me fulminaba con la mirada a centímetros de mí como si quisiera prenderme fuego con los ojos lanzándome rayos laser.

- ¡Cerebro de sardina!

- ¡Pelo de escoba!

Karin hizo un ruido como si estuviera contemplando seriamente la posibilidad de matarme y tirar mi cadáver al río.

- ¡Cerdo, retrasado, asqueroso, tiburón, anormal!

- ¡¿Vamos a enrollarnos? – pregunté yo de pronto con el mismo tono.

Este es el momento en el que deberían haberme pegado con el cazo, antes de decir eso. Pero ehh, no es culpa mía, es culpa de las películas, me he hartado de ver escenas en la que chico y chica que se insultan con furia terminan en una escena para mayores, y yo necesitaba que mi vida se volviera una escena para mayores, por Kami el estrés me estaba matando.

- ¡No! – respondió furiosa.

- ¡Bien! – dije alejándome y dando un portazo al salir.

Las cosas de las películas nunca funcionan, deberían advertirlo, poner una nota de "no intenten esto en sus casas", algo así para mentes influenciables como la mía, estoy seguro que no soy el primero al que le pasa.

*/*/*/*

Durante el resto de la semana intenté, a regañadientes, seguir el consejo de la zanahoria y tratar de imitar las costumbres de los habitantes de la villa.

Hiyotaki, bueno, el listillo que necesitaba la ayuda de Karin para ligar, se cruzaba de acera cada vez que me veía. Por mi mejor, no tenía ninguna intención de disculparme. ¿Quién se iba a imaginar que cuando dijo que Karin tenía experiencia y lo haría bien se refería a lo de darle consejos? Vamos ni que la zanahoria tuviera una consulta matrimonial.

Volvamos al tema, definitivamente, esa semana comprobé que yo no podía dejar de ser yo por mucho que lo intentara.

Probé a cuidar a los bichos con los Aburame y terminaron persiguiéndome dos enjambres de abejas furiosas, intenté entrenar con Rock Lee y a los veinte minutos me dio un colapso, acepte una competición para comer como Chouji y acabé en el hospital por empacho. Era demasiado inquieto para estar todo el día viendo nubes como Shikamaru, de los Inuzuka mejor no hablamos, incluso fui a la academia para ayudar a Iruka y los niños terminaron pintándome la cara con acuarelas. Tratar de imitar a Naruto era simplemente agotador, y Sasuke me daba miedo.

Finalmente concluí que no encajaba en Konoha, de ninguna de las maneras. Jamás conseguiría esa banda. Llegar a ese razonamiento me deprimió, en realidad cuando había decidido quedarme en la villa no lo hice por el Ichiraku, sí sé que os sorprende enteraros de esto, pero la verdad era que me quedaba porque me agradaban todos los idiotas que había conocido uniéndome a Sasuke, tanto Taka como Naruto y los demás estúpidos de la aldea.

Pero allí cada uno tenía su lugar, eran como un circulo en el que todos encajaban a la perfección, todos menos yo. Por eso había decidido que esa misma noche armaba mis cosas y al camino. Me apenaba marcharme pero era lo mejor. Tres semanas, había aguantado tres semanas en periodo de prueba, pero todo parecía indicar que tranquilamente podían convertirse en tres años y aunque no fuera así, a nadie le importaría que yo me marchara.

Como cada maldito día, crucé la puerta al llegar a casa y dejé mi espada contra la pared, sin embargo algo me alertó, ¿se oían murmullos en el salón?

Cogí mi espada de nuevo y me encaminé hacia allí, al asomarme me quedé de piedra.

- Mierda, ha llegado pronto – dijo Karin.

- Ya te dije que le mandaras más misiones vieja, dattebayo – gritó Naruto.

- ¡Cállate, mocoso!

- En esta villa no se pueden hacer sorpresas – se quejó Sakura.

- Te lo dije – murmuro Sasuke

Allí discutiendo frente a mí, apretados en la sala de estar, que era grande afortunadamente, se encontraban todos apelotonandose debajo de una pancarta a medio colgar, Juugo, Karin, Sasuke y todos sus compañeros, Tsunade, Shizune, incluso pude ver al chuunin desactualizado y los dos mocosos con los que había trabajado en el río, también a un grupo de señoras de las que me habían acosado en el hospital y me saludaban con la mano.

Kiba tiró de la pancarta para terminar de colgarla y pude leer lo que ponía "felicidades al nuevo ninja de Konoha".

- Sorpresa – dijo Lee sonriendo y consiguiendo que Neji rodara los ojos abochornado.

Yo no salía de mi asombro, creo que incluso tenía la boca abierta.

- Tenemos algo para ti mocoso – dijo la Hokage sonriendo.

Sin poder reaccionar vi como Karin se acercaba a mí y me anudaba algo en la frente para acto seguido darme un pequeño beso en la mejilla y alejarse sonriendo.

Como un tonto me llevé la mano a la frente y toqué una tira de metal pulido, me giré y vi mi reflejo mirándome desde el espejo que había a la derecha, un atractivo ninja de ojos violetas con una… ¡banda de Konoha en la frente!

Me volví para mirarlos con una sonrisa emocionada. ¿Qué? Estaba conmovido.

- Bien, Hozuki Suigetsu, desde hoy te declaro ninja de Konoha – dijo Tsunade.

Las señoras del hospital empezaron a aplaudir y por supuesto Naruto se les unió encantado, Kiba también vitoreó con Akamaru ladrando y Juugo como buen amigo. Sasuke me sonrió de lado, os lo juro. Los aplausos se fueron extendiendo durante unos segundos.

Chouji sacó una tarta de algún lugar y me acerqué riendo, recibí palmadas en el hombro y la niña genin que había sacado del río me abrazó.

¿A qué es una bonita estampa? Seguro que alguno de vosotros está llorando ¿nee?

Resulta que ahora todos me querían, la niña genin y sus compañeros estaban muy agradecidos por que la salvara del río, aunque fuera sin darme cuenta, Sakura porque por fin Sasuke se había atrevido a hacer algo por ella frente a todos, Naruto porque era Naruto, las señoras del hospital por razones obvias, Tsunade porque le había quitado de encima un montón de misiones, y así una larga lista.

En ese momento, mientras comía y reía con todos me di cuenta de algo, no debes cambiar y dejar de ser tú para encajar, lo que tienes que hacer es ser tú mismo y golpear con fuerza al círculo para hacerle encajar contigo.

- Nee, zanahoria, ¿y ese beso? – pregunté pícaramente cuando me acerqué - ¿vamos a enrollarnos ahora que soy ninja oficial?

- Sigue soñando tiburón – me contestó, pero ehh, pude ver como asomaba una sonrisa.

- Caerás, sé que sientes debilidad por los chuunin.

- ¿Quién es el chuunin? ¿Tú? – preguntó Kakashi mirándome con su ojo como si supiera algo que yo no, algo sumamente divertido al parecer.

- Bueno, en realidad creo que mejor jounin – contesté yo sonriendo con orgullo.

- Para eso tendrás que esperar un poco muchacho – dijo Tsunade saliendo de no se sabe dónde con una botella de sake – de momento tienes el mismo rango que Naruto y Sasuke.

Bueno, en ese caso no podía ser tan malo, ellos estaban entre los más fuertes de la villa. Así que, iluso de mí, me giré para preguntarles.

- Sasuke, ¿vosotros que rango tenéis?

- Tsk – mi antiguo compañero de viaje me fulminó con la mirada y apartó la vista molesto.

A su lado Naruto bajó la cabeza con aire deprimido.

- Genin – se lamentó el rubio.

¡¿Qué? ¿cómo que genin? ¿quería decir que tendría que hacer las mismas misiones de mierda? Cobrando sí, pero ehh, yo tenía nivel de jounin.

- Bienvenido a la jerarquía ninja – rió Sakura guiñando un ojo y sacándole la lengua a sus compañeros.

Bueno, al menos esta vez no sería el único al que putearían, pensé mirando a Naruto y Sasuke.

*/*/*/*

Y así fue cómo me convertí en ninja de Konoha. Por supuesto no pasé mucho tiempo como genin, me convertí en chuunin y luego en jounin, pero esa es otra historia.

Como ya dije, esta no es una gran leyenda llena de héroes, venganza y traición, yo no soy Uzumaki Naruto y no necesito serlo, me basta con poder decir que soy Hozuki Suigetsu ninja de la Hoja.

Nee, ¿a que suena bien?


Hola!

Bueno, hemos llegado al final de este fic, sé que ha sido cortito pero pobre Suigetsu no podía putearle durante más capítulos jaja. Espero que os haya gustado tanto como a mí escribirlo.

El titulo de hoy creo que se entiende bien, significa que cuando vayas a un sitio nuevo tienes que fijarte en los demás y hacer lo mismo que ellos para así aprender sus costumbres.

Me da pena terminarlo, la verdad es que me ha encantado escribir desde la perspectiva de Suigetsu, es como un soplo de aire fresco ¿nee? Jaja

Muchas gracias a todos los que lo leísteis y sobre todo a los que me dejasteis geniales reviews :D

Hasta pronto ;) Besos Ela.