Capítulo 2: Please Please
Kaede Rukawa. 17 años. Casi metro noventa de altura. Estrella de su equipo de básquet, el Shohoku, y famoso por su carácter cerrado y su gran afición a dormir en todas partes.
Para Kaede Rukawa, la vida siempre había sido lo tranquila que uno podría desear. Su rutina diaria consistía en entrenar y dormir, y con eso tenía más que suficiente. Sólo confiaba en él mismo, ya que estaba seguro que él era la única persona que jamás le fallaría, y no necesitaba a nadie, ni en el baloncesto, ni en nada. Jamás había necesitado a nadie y las cosas le habían ido bastante bien de esa forma. Pero a los quince años su monótona vida se encontró con un imprevisto que no entraba en sus planes; un imprevisto pelirrojo que se empeñó en trastocarle completamente. Desde el momento en el que se peleó con él por primera vez en la terraza del instituto, Rukawa supo que no se encontraba ante alguien corriente. Hanamichi Sakuragi, pues así se llamaba, irrumpió en su vida como un huracán y Rukawa no fue capaz de detener la avalancha de sentimientos que se le vino encima. Si bien en un principio Rukawa consideraba a Hanamichi su objeto de burla favorito, pronto se dio cuenta de que ese idiota se había vuelto más imprescindible de lo que al moreno le gustaría. Tan imprescindible, que Rukawa se encontró deseando cada día el ir a los entrenamientos con el equipo sólo para verle o para oír su voz; tan imprescindible que Rukawa ya no era capaz de concebir su vida sin la presencia del tensai. Por primera vez en toda su vida, Kaede Rukawa se había enamorado.
Y ahora se encontraba delante de una chica que por todo el morro pretendía salir con él, con el hombre de hielo Kaede Rukawa, como si eso fuera tan fácil.
-Tú estás loca.
-Sí, quizá esté loca... ¿Pero sabes una cosa? Algo me dice que no vas a poder negarte a mi proposición.
Rukawa tuvo que admitir que la seguridad de aquella chica era admirable. Pese a su asombro, consiguió responder con su frialdad habitual.
-¿Ah, sí? A ver, porque a mí no se me ocurre ni un solo motivo por el que debería aceptar algo así. Sorpréndeme.
Aya sonrió de oreja a oreja.
-A ti te gusta Hanamichi, ¿verdad? - preguntó con toda naturalidad.
A Rukawa esa pregunta le pilló totalmente por sorpresa, tanto, que no pudo reaccionar a tiempo. Su furioso sonrojo y la ausencia de una negativa inmediata le delataron completamente. ¿Cómo podía ella, que acababa de conocerle, saber algo así? ¿Acaso era tan obvio? Rukawa trató de recobrar el control de sus pensamientos.
-¿Se puede saber cómo...?
-¿Cómo lo sé? Digamos que soy muy buena adivinando los sentimientos de los demás. Es como un don, no sé, desde siempre he sido así. Además, la expresión de celos de tu mirada al verme agarrada del brazo de Hana-kun hace un rato me lo ha dicho todo, y luego el alivio que has mostrado al decirte que yo era como su hermana me lo ha acabado de confirmar. ¿Alguna vez te han dicho que tienes unos ojos muy expresivos?
Rukawa estaba cada vez más átonito.
-Ya veo... O sea que pretendes chantajearme y decirle a Hanamichi que me gusta, o contarle a todo el mundo que me van los tíos si no salgo contigo, ¿es eso?
-Kaede Rukawa, ¿por quién me tomas? - contestó Aya, haciéndose la ofendida - Por supuesto que no, yo nunca haría algo así.
-¿Y entonces que se supone que vas a hacer? ¿Por qué no hablas claro de una vez? - Al jugador del Shohoku se le habían acabado las ideas y comenzaba a agotársele también la paciencia.
-Hagamos una cosa, ¿por qué no dejas tu práctica por un rato y vamos a tomar algo por aquí cerca? Con el calor que hace, me apetece beber algo fresquito. Si vienes te lo explico todo, ¿vale?
Rukawa estuvo a punto de rechazar la oferta y olvidarse de todo el asunto de una vez, pero de alguna forma sintió que debía acompañar a aquella chica y escuchar todo lo que tenía que decirle. Quizá la situación no era tan mala como parecía, y por probar no perdía nada.
-Está bien - aceptó el chico, resignado. "Espero no arrepentirme de esto"
Caminaron en silencio hasta una cafetería cercana y allá se acomodaron. Aya pidió una copa de helado mientras que Rukawa se contentó con un café.
-Te agradecería que fueras directa al grano, si puede ser - rompió el silencio por fin el jugador de básquet.
-Está bien, me imagino que ya te he hecho sufrir bastante - respondió Aya, saboreando con gusto su helado - Verás, como te he dicho antes, yo conozco a Hanamichi desde hace muchos años... Aunque ya hace bastante tiempo que no nos veíamos, para mi Hana-kun es y siempre será como mi hermano. Lo quiero muchísimo y lo que más me importa es que sea feliz. Por eso he pensado que quizá tú podrías ayudarme.
-¿Ayudarte? Me parece que en el caso de Sakuragi, el concepto de felicidad y yo no somos muy compatibles que digamos. ¿Es que nunca te ha contado lo mucho que me odia?
-Sí, Rukawa, me lo ha contado... Me lo ha dicho multitud de veces, en cada carta que me enviaba, casi en cada conversación telefónica... Prácticamente de lo primero de lo que me habló cuando llegué fue de ti, Rukawa.
-No comprendo lo que quieres decirme.
-Es muy fácil, Rukawa. Eres tú. Siempre has sido tú. ¿Nunca te has preguntado a qué venía esa obsesión para contigo? Con la excusa de que te odia, Hanamichi se pasa el día hablando de ti, pensando en ti. Si ha llegado tan lejos como jugador de básquet es simplemente porque quería ser mejor que tú... Tú has sido el centro de su vida en los dos últimos años y medio, Rukawa. Tú.
Rukawa permaneció en silencio, reflexionando sobre lo que le acababa de decir la amiga de Hanamichi. ¿De veras él era tan importante para el pelirrojo? Él siempre había ayudado a Hanamichi a mejorar en su juego, aunque tuviera que hacerlo mediante insultos y provocaciones para que éste le hiciera caso. Había estado a su lado todo este tiempo, disfrazando sus verdaderos sentimientos bajo una máscara de desprecio e indiferencia. Lo que estaba insinuando esa chica... ¿es que Hanamichi había estado haciendo lo mismo? ¿Entonces no le odiaba?
-Mira, te diré lo que creo - continuó Aya -. Creo que Hana-kun no te odia, más bien todo lo contrario. Yo diría que le gustas, pero que aún no lo ha acabado de asimilar.
El jugador del Shohoku casi se atragantó con el café al oír eso.
-¿Cuál es la razón de que pienses eso? - preguntó Rukawa, con incredulidad. Que Hanamichi no le odiara era algo que aún podía creerse, ¿pero que le gustara? Eso ya era demasiado bonito para ser verdad.
-Bueno, te acabo de demostrar hace un momento que soy bastante buena adivinando los sentimientos de los demás, ¿no? Y contigo, que según dices eres un experto en esconder tus emociones - Rukawa asintió, pero seguía manteniendo una expresión de escepticismo -. Mira, esta mañana le pregunté a Hana-kun sobre su relación con Haruko, y me dijo que la cosa no iba muy bien y que probablemente iban a cortar pronto.
-Si, eso había oído yo también - afirmó Rukawa.
-Ahá. Y cuando le pregunté si era por tu causa, ya que durante mucho tiempo Haruko estuvo loca por ti, él se puso como un tomate pensándose que lo decía por él. Y no sólo por eso, como te he dicho él está obsesionado contigo, y haga lo que haga acaba pensando en ti. Por eso creo que realmente Hana está interesado en ti... aunque ahora mismo sería incapaz de admitirlo, claro.
-¿Qué propones, entonces? - cuestionó el chico, con un deje de esperanza en su voz.
-Pues lo que te he dicho antes, Rukawa... Salir contigo. Fingir que tú y yo somos pareja para que Hanamichi admita de una vez lo que siente por ti.
-Ponerle celoso...
-Exacto. Hasta que Hanamichi no esté completamente seguro de sus sentimientos jamás se atreverá a intentar algo contigo, por eso necesitamos darle un empujoncito y que se aclare del todo. Claro que también puede ser que yo esté equivocada y que al final todo esto acabe por hacerte daño... Si me dices que sí, tienes que ser consciente de todo esto.
Rukawa comenzó a darle vueltas al asunto. Lo cierto es que la idea se le hacía cada vez más atractiva. Había un riesgo, sí, y tal como acababa de decir Aya, si la cosa salía mal él sería el que saldría peor parado. Podría acabar con el corazón roto, ¿pero acaso sería mucho peor que la punzada de dolor que sentía en el pecho cada vez que veía a Hanamichi junto a esa niña, la hermana del ex-capitán Akagi? Por otra parte, el beneficio a obtener superaba y con creces al posible riesgo. Si el plan tenía éxito, podría tener a Hanamichi entre sus brazos como siempre había soñado. ¡Podría ser suyo! Poco que perder, mucho que ganar. Rukawa tomó una decisión.
-Entonces que, ¿te animas? - preguntó Aya, aunque imaginaba cuál iba a ser la respuesta.
-Lo haré - contestó Rukawa, para alegría de Aya.
-¡Fantástico, Rukawa-kun! Vamos a hacer todo lo posible para que esto salga bien, ¿vale?
"Que pase lo que tenga que pasar a partir de ahora", pensó Rukawa, algo inseguro, pero muy ilusionado. Su sueño estaba a punto de hacerse realidad.
--TBC
¡Segundo capítulo terminado! La verdad es que no ha pasado gran cosa, espero que el siguiente sea un poco más animado.
¡Muchísimas gracias por vuestras reviews! Me hacen mucha ilusión y me animan mucho, en serio. Sakare, en cuanto pueda te agregaré al messenger, aunque ya te aviso que no me conecto casi nunca.
¡Nos vemos en el tercer capítulo!
Kaede Rukawa. 17 años. Casi metro noventa de altura. Estrella de su equipo de básquet, el Shohoku, y famoso por su carácter cerrado y su gran afición a dormir en todas partes.
Para Kaede Rukawa, la vida siempre había sido lo tranquila que uno podría desear. Su rutina diaria consistía en entrenar y dormir, y con eso tenía más que suficiente. Sólo confiaba en él mismo, ya que estaba seguro que él era la única persona que jamás le fallaría, y no necesitaba a nadie, ni en el baloncesto, ni en nada. Jamás había necesitado a nadie y las cosas le habían ido bastante bien de esa forma. Pero a los quince años su monótona vida se encontró con un imprevisto que no entraba en sus planes; un imprevisto pelirrojo que se empeñó en trastocarle completamente. Desde el momento en el que se peleó con él por primera vez en la terraza del instituto, Rukawa supo que no se encontraba ante alguien corriente. Hanamichi Sakuragi, pues así se llamaba, irrumpió en su vida como un huracán y Rukawa no fue capaz de detener la avalancha de sentimientos que se le vino encima. Si bien en un principio Rukawa consideraba a Hanamichi su objeto de burla favorito, pronto se dio cuenta de que ese idiota se había vuelto más imprescindible de lo que al moreno le gustaría. Tan imprescindible, que Rukawa se encontró deseando cada día el ir a los entrenamientos con el equipo sólo para verle o para oír su voz; tan imprescindible que Rukawa ya no era capaz de concebir su vida sin la presencia del tensai. Por primera vez en toda su vida, Kaede Rukawa se había enamorado.
Y ahora se encontraba delante de una chica que por todo el morro pretendía salir con él, con el hombre de hielo Kaede Rukawa, como si eso fuera tan fácil.
-Tú estás loca.
-Sí, quizá esté loca... ¿Pero sabes una cosa? Algo me dice que no vas a poder negarte a mi proposición.
Rukawa tuvo que admitir que la seguridad de aquella chica era admirable. Pese a su asombro, consiguió responder con su frialdad habitual.
-¿Ah, sí? A ver, porque a mí no se me ocurre ni un solo motivo por el que debería aceptar algo así. Sorpréndeme.
Aya sonrió de oreja a oreja.
-A ti te gusta Hanamichi, ¿verdad? - preguntó con toda naturalidad.
A Rukawa esa pregunta le pilló totalmente por sorpresa, tanto, que no pudo reaccionar a tiempo. Su furioso sonrojo y la ausencia de una negativa inmediata le delataron completamente. ¿Cómo podía ella, que acababa de conocerle, saber algo así? ¿Acaso era tan obvio? Rukawa trató de recobrar el control de sus pensamientos.
-¿Se puede saber cómo...?
-¿Cómo lo sé? Digamos que soy muy buena adivinando los sentimientos de los demás. Es como un don, no sé, desde siempre he sido así. Además, la expresión de celos de tu mirada al verme agarrada del brazo de Hana-kun hace un rato me lo ha dicho todo, y luego el alivio que has mostrado al decirte que yo era como su hermana me lo ha acabado de confirmar. ¿Alguna vez te han dicho que tienes unos ojos muy expresivos?
Rukawa estaba cada vez más átonito.
-Ya veo... O sea que pretendes chantajearme y decirle a Hanamichi que me gusta, o contarle a todo el mundo que me van los tíos si no salgo contigo, ¿es eso?
-Kaede Rukawa, ¿por quién me tomas? - contestó Aya, haciéndose la ofendida - Por supuesto que no, yo nunca haría algo así.
-¿Y entonces que se supone que vas a hacer? ¿Por qué no hablas claro de una vez? - Al jugador del Shohoku se le habían acabado las ideas y comenzaba a agotársele también la paciencia.
-Hagamos una cosa, ¿por qué no dejas tu práctica por un rato y vamos a tomar algo por aquí cerca? Con el calor que hace, me apetece beber algo fresquito. Si vienes te lo explico todo, ¿vale?
Rukawa estuvo a punto de rechazar la oferta y olvidarse de todo el asunto de una vez, pero de alguna forma sintió que debía acompañar a aquella chica y escuchar todo lo que tenía que decirle. Quizá la situación no era tan mala como parecía, y por probar no perdía nada.
-Está bien - aceptó el chico, resignado. "Espero no arrepentirme de esto"
Caminaron en silencio hasta una cafetería cercana y allá se acomodaron. Aya pidió una copa de helado mientras que Rukawa se contentó con un café.
-Te agradecería que fueras directa al grano, si puede ser - rompió el silencio por fin el jugador de básquet.
-Está bien, me imagino que ya te he hecho sufrir bastante - respondió Aya, saboreando con gusto su helado - Verás, como te he dicho antes, yo conozco a Hanamichi desde hace muchos años... Aunque ya hace bastante tiempo que no nos veíamos, para mi Hana-kun es y siempre será como mi hermano. Lo quiero muchísimo y lo que más me importa es que sea feliz. Por eso he pensado que quizá tú podrías ayudarme.
-¿Ayudarte? Me parece que en el caso de Sakuragi, el concepto de felicidad y yo no somos muy compatibles que digamos. ¿Es que nunca te ha contado lo mucho que me odia?
-Sí, Rukawa, me lo ha contado... Me lo ha dicho multitud de veces, en cada carta que me enviaba, casi en cada conversación telefónica... Prácticamente de lo primero de lo que me habló cuando llegué fue de ti, Rukawa.
-No comprendo lo que quieres decirme.
-Es muy fácil, Rukawa. Eres tú. Siempre has sido tú. ¿Nunca te has preguntado a qué venía esa obsesión para contigo? Con la excusa de que te odia, Hanamichi se pasa el día hablando de ti, pensando en ti. Si ha llegado tan lejos como jugador de básquet es simplemente porque quería ser mejor que tú... Tú has sido el centro de su vida en los dos últimos años y medio, Rukawa. Tú.
Rukawa permaneció en silencio, reflexionando sobre lo que le acababa de decir la amiga de Hanamichi. ¿De veras él era tan importante para el pelirrojo? Él siempre había ayudado a Hanamichi a mejorar en su juego, aunque tuviera que hacerlo mediante insultos y provocaciones para que éste le hiciera caso. Había estado a su lado todo este tiempo, disfrazando sus verdaderos sentimientos bajo una máscara de desprecio e indiferencia. Lo que estaba insinuando esa chica... ¿es que Hanamichi había estado haciendo lo mismo? ¿Entonces no le odiaba?
-Mira, te diré lo que creo - continuó Aya -. Creo que Hana-kun no te odia, más bien todo lo contrario. Yo diría que le gustas, pero que aún no lo ha acabado de asimilar.
El jugador del Shohoku casi se atragantó con el café al oír eso.
-¿Cuál es la razón de que pienses eso? - preguntó Rukawa, con incredulidad. Que Hanamichi no le odiara era algo que aún podía creerse, ¿pero que le gustara? Eso ya era demasiado bonito para ser verdad.
-Bueno, te acabo de demostrar hace un momento que soy bastante buena adivinando los sentimientos de los demás, ¿no? Y contigo, que según dices eres un experto en esconder tus emociones - Rukawa asintió, pero seguía manteniendo una expresión de escepticismo -. Mira, esta mañana le pregunté a Hana-kun sobre su relación con Haruko, y me dijo que la cosa no iba muy bien y que probablemente iban a cortar pronto.
-Si, eso había oído yo también - afirmó Rukawa.
-Ahá. Y cuando le pregunté si era por tu causa, ya que durante mucho tiempo Haruko estuvo loca por ti, él se puso como un tomate pensándose que lo decía por él. Y no sólo por eso, como te he dicho él está obsesionado contigo, y haga lo que haga acaba pensando en ti. Por eso creo que realmente Hana está interesado en ti... aunque ahora mismo sería incapaz de admitirlo, claro.
-¿Qué propones, entonces? - cuestionó el chico, con un deje de esperanza en su voz.
-Pues lo que te he dicho antes, Rukawa... Salir contigo. Fingir que tú y yo somos pareja para que Hanamichi admita de una vez lo que siente por ti.
-Ponerle celoso...
-Exacto. Hasta que Hanamichi no esté completamente seguro de sus sentimientos jamás se atreverá a intentar algo contigo, por eso necesitamos darle un empujoncito y que se aclare del todo. Claro que también puede ser que yo esté equivocada y que al final todo esto acabe por hacerte daño... Si me dices que sí, tienes que ser consciente de todo esto.
Rukawa comenzó a darle vueltas al asunto. Lo cierto es que la idea se le hacía cada vez más atractiva. Había un riesgo, sí, y tal como acababa de decir Aya, si la cosa salía mal él sería el que saldría peor parado. Podría acabar con el corazón roto, ¿pero acaso sería mucho peor que la punzada de dolor que sentía en el pecho cada vez que veía a Hanamichi junto a esa niña, la hermana del ex-capitán Akagi? Por otra parte, el beneficio a obtener superaba y con creces al posible riesgo. Si el plan tenía éxito, podría tener a Hanamichi entre sus brazos como siempre había soñado. ¡Podría ser suyo! Poco que perder, mucho que ganar. Rukawa tomó una decisión.
-Entonces que, ¿te animas? - preguntó Aya, aunque imaginaba cuál iba a ser la respuesta.
-Lo haré - contestó Rukawa, para alegría de Aya.
-¡Fantástico, Rukawa-kun! Vamos a hacer todo lo posible para que esto salga bien, ¿vale?
"Que pase lo que tenga que pasar a partir de ahora", pensó Rukawa, algo inseguro, pero muy ilusionado. Su sueño estaba a punto de hacerse realidad.
--TBC
¡Segundo capítulo terminado! La verdad es que no ha pasado gran cosa, espero que el siguiente sea un poco más animado.
¡Muchísimas gracias por vuestras reviews! Me hacen mucha ilusión y me animan mucho, en serio. Sakare, en cuanto pueda te agregaré al messenger, aunque ya te aviso que no me conecto casi nunca.
¡Nos vemos en el tercer capítulo!
