Rukawa llevaba un buen rato caminando arriba y abajo por la cancha de baloncesto y consultando su reloj cada medio minuto. La noche anterior había ido a un festival de verano con Hanamichi y Aya, su novia postiza, y no sabría decir si la cosa había ido bien o todo lo contrario. Hanamichi había sido increíblemente amable con él durante toda la velada, e incluso le había hecho un regalo. Pero fue agradecérselo con una sonrisa y el chico pelirrojo salió corriendo pies para qué os quiero. Al cabo de un rato se encontró a Aya y ésta le aseguró que ambas cosas eran buenas señales, y cuando ambos estaban ya en casa Aya le llamó.
Estuvo nervioso el resto de la noche, dando vueltas en la cama y durmiendo sólo a ratos. Aya le había dicho que tenían que quedar la mañana siguiente porque tenía que contarle algo muy importante; pero no le había especificado nada así que supuso que Hanamichi estaría por allí cerca escuchando. Así que no sabía si las noticias que venía a traerle Aya eran buenas o malas, y por eso estaba tan nervioso. Había quedado con la amiga de Hana a las diez pero con la ansiedad de saber cuanto antes lo que tenía que decirle había llegado una media hora antes, y el tiempo restante hasta la hora de la cita se le estaba haciendo eterno.
Se apoyó en el palo de la canasta y consultó su reloj una vez más. Faltaban cinco minutos para las diez. ¿Sería Aya puntual? Estaba seguro que iba a darle algo si la chica tardaba mucho en presentarse. Tampoco estaba muy seguro de si no le iba a dar algo también si Aya le decía que el plan para conquistar a Hanamichi había sido un fracaso. En su imaginación había pensado en todas las posibles respuestas que le daría Aya en cuanto viniera, y no sabía si estaría preparado si su amiga le comunicaba una mala noticia. Lo que sabía era que, si Hanamichi le rechazaba, o no le aceptaba, se iría a Estados Unidos en cuanto terminara la secundaria y haría lo posible por tardar el mayor tiempo posible en enamorarse de nuevo, si es que volvía a hacerlo algún día.
Su reloj marcó las diez y tres minutos cuando divisó a Aya que venía de camino. Se le aceleró el pulso.
No tardó mucho en llegar hasta él, pero a Rukawa ese lapso de tiempo se le hizo interminable. Aya venía seria¿sería eso una mala señal¿Le habría dicho Hanamichi que no quería absolutamente nada con él y que sólo estaba siendo amable por no contrariar a su amiga? Aya le saludó con la mano, y suspiró.
-Te traigo una buena y una mala noticia. ¿Por cuál quieres que empiece?
Rukawa sintió como si se le parara el corazón de golpe.
-¿La... mala? – contestó, con inseguridad.
-De acuerdo. La mala noticia... es que en este mismo momento te quedas sin novia. La buena... Es que cuando quieras puedes ir a decirle a Hanamichi que le quieres porque él siente lo mismo por ti. Felicidades.
Ahora sí, ahora Aya sonreía feliz, mientras Rukawa le miraba incrédulo. ¿Le acababa de decir que Hanamichi estaba enamorado de él? Se pellizcó el brazo no fuera a ser que otra vez estuviera soñando pero no, le dolió, y Aya seguía delante suyo con una enorme sonrisa en los labios.
-Pero... cómo...
-Te tengo que confesar algo, Kaede, algo que a ti también te he escondido. Llevo un tiempo viéndome con Sendoh, y estamos saliendo juntos. Estamos enamorados y... anoche quedé con él sin deciros nada a ti, ni lógicamente a Hanamichi. Pero cuando Hanamichi salió corriendo después de darte el peluche se ve que nos vio, y al llegar a casa me metió una bronca monumental por estar engañándote.
-¿De verdad¿Hanamichi estaba preocupado por mí? – Si dos meses atrás alguien le hubiera dicho a Rukawa que era tan importante para el pelirrojo, no le hubiera creído de ninguna de las maneras.
-Sí, muchísimo. Después de eso sólo tuve que pincharle un poco para que me lo acabara confesando todo. Pobrecito, me dijo que te quería pero que no quería decir nada para no hacernos daño a ninguno de los dos. Es adorable, no me extraña que estés enamorado de él.
-La verdad es que... No sé qué decir Aya – Rukawa sentía una mezcla de emoción, felicidad, nerviosismo y algo de temor que le estaba bloqueando por completo.
-A mí no tienes que decirme nada, Kaede, es con Hanamichi con quien tienes que hablar lo más pronto posible. ¿O es que aún quieres alargar más vuestra agonía?
-N... No¡claro que no! – respondió el jugador del Shohoku lleno de determinación -. ¡Ahora mismo voy a ir a hablar con él!
Ya se iba a ir corriendo cuando Aya le llamó una última vez.
-¿Qué tal un abrazo para celebrar que nuestro plan ha funcionado tan maravillosamente bien?
Rukawa sonrió y envolvió a Aya entre sus brazos, estrechándola lo más que pudo contra él. Rukawa no era muy bueno con las palabras, pero Aya entendió perfectamente todo el afecto y el agradecimiento que su chico le estaba expresando con aquel gesto.
-Gracias – le susurró Rukawa al oído, para después darle un beso en la mejilla y salir corriendo hacia el hogar de los Sakuragi.
-¿Debería estar preocupado por ese abrazo y ese beso? – se oyó una voz, y acto seguido Aya se vio rodeada de nuevo por unos fuertes brazos que la cogían con suavidad desde atrás. Aya rió y alzó la vista hacia Akira Sendoh, quien la miraba con su habitual sonrisa adornando su atractivo rostro.
-Mmm bueno, te aviso que desde este momento tu chica ya sólo sale en exclusiva contigo... ¿Podrás con tanta responsabilidad? – le respondió Aya, dándose la vuelta para poder corresponder el abrazo de su chico. De su chico de verdad.
Akira fingió que se lo pensaba por unos insantes.
-Bueno, supongo que tendré que dejar yo también a mis otras novias para estar empatados.
-¡Oye! – Aya se hizo la ofendida y Akira le hizo cosquillas para hacerla reír de nuevo. Aya lo abrazó lo más fuerte que pudo. Ahora que ya no tenía que preocuparse por Hanamichi, tendría que preocuparse por su futuro inmediato... en menos de dos semanas se iría de vuelta a Londres, y aún no sabía qué pasaría entre ella y Sendoh. Tampoco sabía si quería saberlo.
Rukawa se detuvo frente a la puerta de la casa de Sakuragi. Había arrancado a correr desde la cancha de básquet y no había parado hasta llegar a su meta. Esperó un poco para recobrar el aliento y acercó el dedo al timbre.
Lo retiró.
Quería unos instantes más hasta hacerse a la idea del todo. El corazón le bombeaba con fuerza en el pecho, como insistiéndole para que llamara de una maldita vez al timbre y disfrutara por fin del amor correspondido, pero como siempre trató de racionalizarlo todo antes de precipitarse y hacer alguna tontería. Era la primera vez que iba a confesarse a alguien, y quería hacerlo bien.
Esperó un par de minutos más hasta asegurarse de que sabía lo que tenía que decir y entonces llamó al timbre.
Hanamichi también había pasado una noche horrible. La jornada había sido muy intensa y le había dejado exhausto. Primero había salido huyendo cuando Rukawa le había dedicado una increíble sonrisa que si no le había parado el corazón había sido de milagro; después había visto a Aya besando a Sendoh y se había puesto furioso. Había pasados unas semanas realmente espantosas escondiendo sus sentimientos por Rukawa para no hacerle daño a su amiga para enterarse de que ella estaba liada con otro. Al llegar a casa había abroncado a Aya con todas sus fuerzas y había terminado confesándole el amor que sentía por su novio. ¿Exnovio? Aya le había prometido que esa misma mañana rompería con él y que entonces él tendría vía libre para confesarse ante Rukawa, algo que le había aliviado momentáneamente. Pero el alivio pronto dio paso al pánico. ¡Tenía que confesarse ante Rukawa! Los pocos ratos en los que había logrado dormir había soñado que Rukawa le partía la cara después de decirle que estaba enamoradísimo de él.
Ya no lo quedaban uñas para morder cuando Aya salió de casa a cumplir con su cometido. Se puso a limpiar para pasar el rato e intentar distraerse pero fue imposible, su mente funcionaba a mil por hora.
¿Vendría Aya a decirle cómo se lo había tomado Rukawa?
¿Debía llamar a Rukawa ese mismo día o esperar un tiempo prudencial a que encajara su ruptura con Aya?
¿Podría hablar con Rukawa o se negaría éste en redondo al haberse quedado sin novia?
No paraba de hacerse preguntas que por el momento no podía responder.
Cuando sonó el timbre, Hanamichi se sobresaltó. Cuando escudriñó por la mirilla para ver de quién se trataba, el estómago se lo contrajo al instante. ¡Rukawa!
Hanamichi abrió la puerta tratando de calmarse lo máximo posible. Rukawa le saludó con un tímido "hola" y entró en su casa, con las manos metidas en los bolsillos. También se le veía algo nervioso, pero definitivamente no tenía cara de estar enfadado, ni tampoco triste. Por un momento Hana temió que se hubiera confundido y pensara que había quedado con Aya allí en vez de en el parque y que todavía no hubieran hablado, porque hacía muy poco rato que Aya había salido de casa y le extrañaba que lo hubieran solucionado todo tan depresisa.
Tragó saliva.
-Hum, esto, Rukawa, Aya salió hace un rato para ir a hablar contigo. ¿No os habéis visto?
-Sí, acabamos de vernos. ¿Sería mucha molestia que me trajeras un refresco?
Hanamichi accedió enseguida, aliviado de poder estar a solas unos momentos antes de enfrentarse a la conversación que debía tener lugar si falta. Si acababa de romper con su chica y se le veía tan normal era algo bueno¿verdad? Si se lo había tomado tan bien quizá era verdad lo que había dicho Aya y no estaba enamorado de ella como tanto temía él. Se sintió optimista mientras le llevaba el refresco a Rukawa, pero al ver su cara inexpresiva le entró de nuevo el bajón. Una cosa es que no estuviera enamorado de Aya, otra cosa era que tuviera alguna oportunidad con él.
Le observó mientras apuraba el refresco de un trago y decidió que había llegado la hora de confesarse, no valía la pena alargar más el sufrimiento. Que pasara lo que tenía que pasar y punto.
-Rukawa – empezó a decir Hanamichi.
-Sakuragi – dijo al mismo tiempo el chico moreno.
-Tú primero – ofreció Hanamichi.
Tras un breve instante de indecisión Rukawa aceptó el ofrecimiento y comenzó a hablar.
-Supongo que Aya ya te comentaría ayer que iba a romper conmigo – esperó a que Hanamichi asintiera antes de proseguir -. Bueno, pues ya lo ha hecho, hace unos momentos, en la cancha.
-¿Y estás bien? – preguntó Hanamichi, tanteando.
-Sí, lo estoy. Bueno... La verdad es que estoy un poco nervioso y no sé cómo decirte esto – pensaba que se le iba a salir el corazón del pecho. Ni jugar una final de baloncesto era tan difícil como esto -, y seguramente te sorprenderá, pero he de hacerlo.
-Adelante – le animó Hanachimi con suavidad. Si lo que le iba a decir el 11 del Shohoku era lo que creía...
-Aya me comentó que ayer... hum... que ayer estuvísteis hablando y que le dijiste que... bueno... que tú...
-Que estoy enamorado de ti – terminó la frase Hanamichi con una seguridad en su voz que no tenía ni idea de dónde había salido – Sí, así es.
En la carrera que se había pegado para ver a Sakuragi Rukawa más o menos se había hecho a la idea de lo que le había dicho Aya, que Hanamichi realmente sentía algo por él, pero oírlo de los propios labios del pelirrojo era simplemente increíble. Ahora sí, ya no tenía nada que temer.
-Eso es – el chico de pelo negro trató de contener la emoción en la voz, aunque ya poco le importaba, más bien tenía ganas de saltar de felicidad – Y yo pues... pues cuando me lo dijo Aya no me lo podía creer porque... porque hace tanto que soñaba con algo así que...
-¿Me estás diciendo que tú...?
-Que yo también te quiero. Sí.
Por un momento ambos chicos se quedaron quietos sin saber muy bien que hacer y esperando que el otro hiciera algo.
Hanamichi fue el primero que se decidió. ¿Para qué esperar más? Acortó la distancia que los separaba y abrazó a Rukawa lo más estrechamente que pudo. Éste le correspondió el abrazo y durante unos cuantos minutos permanecieron así, abrazados, como si tuvieran miedo de que todo fuera un sueño y de que si se separaban todo terminaría. Rukawa se dio cuenta de que Hanamichi lloraba, pero sabía lo que aquellas lágrimas significaban. Eran lágrimas de alivio, de felicidad, lágrimas que dejaban atrás todo la frustración y la impotencia de las últimas semanas, de los últimos años. Rukawa sonrió, contento. Todo había terminado bien, como tenía que ser. Todo había valido la pena. Siempre estaría agradecido a Aya.
-Todo ha valido la pena – susurró Rukawa, inmerso en la calidez que le propocionaban los brazos y el cuerpo de Hana. Cuerpo que se retiró ligeramente cogiéndole de los hombros para mirarle a la cara.
-¿El qué? – cuestionó el pelirrojo, algo serio. Rukawa se asustó. ¿Había metido la pata? - ¿El qué ha valido la pena?
-Ehm, pues el sufrimiento de estar tanto tiempo sin decirnos nada. ¿Por qué habremos tardado tanto? – contestó Rukawa con voz temblorosa.
Rukawa quiso abrazar a Hanamichi de nuevo pero éste se lo impidió. No terminaba de creerse lo que le acababa de decir el zorro.
-Rukawa – la voz de Hana empezaba a sonar fría -. ¿Sabías que Aya se veía con Sendoh?
-Eh, sí. Bueno, no. Me lo ha dicho ella esta mañana.
-¿Y no te ha importado que te haya estado engañando?
-¿Por qué habría...?
-Era tu novia. Hace media hora todavía lo era. ¿Por qué estabas con ella si ninguno de los dos estaba enamorado del otro?
Rukawa se mordió el labio, asustado. En cuestión de segundos, todo parecía haberse ido al traste y no entendía muy bien porqué. Decidió contarle la verdad, esperando que, después de todo, lo entendería. Ahora por fin ambos sabían lo que sentía el otro, estaban juntos, no tenía porqué importarle¿no?
-De acuerdo, mira, Sakuragi, no te enfades, pero Aya y yo no estábamos saliendo de verdad. Cuando nos conocimos ella me dijo que estaba convencida de que tú sentías algo por mí, pero que sabía que tú todavía no te habías dado cuenta y necesitabas algo para admitirlo, y por eso me propuso fingir que salíamos para que te pusieras celoso y...
-Entiendo – dijo Hanamichi con tranquilidad.
Rukawa no supo descifrar la expresión del rostro del pelirrojo, pero desde luego no era ninguna expresión de comprensión.
-O sea – continuó Hanamichi – que os habéis estado burlando de mí a mis espaldas¿no¿Es eso lo que me quieres decir?
-¿Qué¡No¡No, Sakuragi, para nada! Lo hicimos con la mejor intención del mundo¡te lo juro!
Para sorpresa de Rukawa, Hanamichi comenzó a reírse, pero su risa era amarga.
-¿Cómo te atreves a jurarme nada cuando me acabas de decir que os habéis pasado más de un mes mintiéndome a la cara? Supongo que lo de que me quieres también es una mentira¿no¿Es eso lo que ha valido la pena¿Destrozarme el corazón¿Tanto me odias? Y yo había empezado a creer que te entendía mejor y que en el fondo no me despreciabas tanto como pensaba... Soy un imbécil.
-¡No, Hanamichi¡Es cierto que te quiero¿Por qué no me escuchas? – Rukawa empezó a llorar, suplicando al otro chico que le creyera, pero era imposible, Hanamichi se había cerrado en banda y ni siquiera le estaba escuchando.
Hanamichi cogió a Rukawa por el brazo en un gesto brusco y lo dirigió hacia la puerta. Abriéndola, echó al chico moreno fuera de un empujón.
-Si lo que querías era verme sufrir, lo has conseguido, felicidades. Lo peor del caso es que de ti todavía me lo podía esperar, pero de ella...
-Hana...
Hanamichi le cerró la puerta en la cara. Rukawa la golpeó durante varios minutos gritando para que la volviera a abrir, pero lo único que obtuvo de respuesta fue un terrible silencio.
Finalmente se apoyó de espaldas en la puerta, resbalando hasta quedarse sentado en el umbral, todavía llorando.
Si se acababan de decir el uno al otro que se querían¿cómo podía haberse estropeado todo tan deprisa?
¿Cómo?
