Hanamichi se apoyó en la puerta con las manos en la cara mientras Rukawa golpeaba desde el otro lado y le gritaba que por favor le escuchara y le dejara entrar para que pudieran hablar y arreglarlo. Una parte de él quería abrir la puerta y darle la oportunidad al otro chico de que pudiera explicarse, pero su orgullo herido no le permitió hacerlo. Al cabo de un rato, los golpes cesaron y todo se sumió en un silencio perturbador. ¿Ya estaba? ¿Todo se había terminado? ¿Cuando apenas había comenzado?
Hanamichi no se había sentido tan mal en toda su corta vida. Creía que había llegado al límite del sufrimiento cuando agonizaba por sus sentimientos no correspondidos, pero estaba claro que eso no podía ni compararse al dolor que sentía en aquel momento. Traición. Era el sentimiento más amargo del mundo.
Se sentó en el sofá, limpiándose las lágrimas con furia, tan herido en su orgullo que no quería ni llorar. ¿Cómo había sido tan estúpido de creer que Rukawa era sincero cuando le había dicho que le quería? Porque parecía sincero, le contestó su propia cabeza. Y era cierto. Rukawa podría ser todo un maestro en esconder emociones, pero no creía que fuera tan buen actor como para haberle dicho que le quería con esa mirada de honestidad. Pero me ha estado mintiendo durante más de un mes, igual que Aya. Me han estado haciendo creer que estaban juntos solo para verme sufrir. Lo bien que se lo habrán pasado riéndose de mí a mis espaldas. ¿Por qué iba a creer que antes estaba siendo sincero? Mientras racionalizaba la situación, las lágrimas cesaron de asomarse a sus ojos. Hanamichi sintió que se estaba acercando a comprenderlo todo, y que tenía que hacerlo antes de que fuera demasiado tarde. Porque no tenían ningún motivo para querer que sufrieras. ¿Por qué iba a quererlo Aya? Es tu mejor amiga, quiere lo mejor para ti. Y si ella pensaba que lo mejor para ti era que descubrieras tus sentimientos por Rukawa, sabiendo ella que él te correspondía...
La voz de su cabeza cada vez le hablaba más claro y más alto. Lo estaba entendiendo todo, era lo que Rukawa le había intentado decir y él no había querido escuchar. Quizás no han obrado lo mejor que podían, pero... lo hacían por mi bien... Rukawa le había dicho que lo habían hecho con la mejor intención. Claro que sí, tonto... ¿No acabas de ver a Rukawa? Se ha puesto a llorar desesperado porque le estabas echando fuera de tu vida sin darle la opción de explicarse. ¿Te parece que ésa es la reacción de alguien que quería hacerte daño?
No, no lo era. Si Rukawa lo hubiera hecho todo con la intención de burlarse de él, desde luego que no hubiera reaccionado así. ¿No le había dicho Hanamichi que creía estar comprendiéndole mejor? Y era verdad, había llegado a la conclusión acertada de que Rukawa se había estado comportando así con él todo ese tiempo porque era la única manera que conocía para relacionarse con él, no porque quisiera hacerle daño. Y seguramente había pensado, o había estado de acuerdo con Aya, que el único modo de acercarse a él era hacerle creer que había encontrado a otra persona.
Él no quería hacerme daño, comprendió por fin el pelirrojo, pero yo sí le he hecho daño a él.
Hanamichi se levantó de un salto y se lanzó hacia la puerta, dispuesto a correr detrás de Rukawa y pedirle perdón. Quería volver a sentirle entre sus brazos y no volver a soltarle nunca.
Cuando abrió la puerta, se sorprendió al ver a Rukawa todavía allí, sentado en el umbral y con la cara llena de lágrimas, mirándole confuso. Hanamichi volvió a cogerle del brazo, esta vez con mucha más suavidad, ayudándole a ponerse en pie y metiéndole de nuevo en su casa.
-No llores más... – dijo el pelirrojo, limpiándole las lágrimas con sus pulgares.
-Hana..michi...
-Sólo dime una cosa – preguntó el número 10 del Shohoku, acariciando con sus manos los brazos del chico moreno – Sólo una, y por favor respóndeme con sinceridad –. Rukawa asintió, esperanzado - ¿Me quieres?
Los rasgos faciales de Hanamichi se habían suavizado, y ahora miraba con ternura a Rukawa.
-S.. ¡sí! Hanamichi, te quiero más que a nada en este mundo. Sé que lo he demostrado horriblemente todo este tiempo, pero si me das una oportunidad, yo... – Se interrumpió al ver la sonrisa en el rostro del otro chico - ¿Qué?
-Que es cierto que lo has demostrado horriblemente, pero yo tampoco es que haya sido todo un ejemplo a la hora de demostrártelo a ti, dos minutos después de confesarnos y ya hemos tenido nuestra primera pelea como pareja.
Rukawa abrió la boca, sorprendido. Después de la discusión, lo de ser pareja parecía más lejano que nunca. Con cierto temor a volver a enfadar al pelirrojo, abordó el tema con la esperanza de cerrarlo definitivamente.
-Lo siento muchísimo, Hanamichi, pero, me crees, ¿no? Jamás tuvimos la intención de burlarnos de ti. Aya te adora, y lo único que quería era verte feliz. Y yo... estaba tan ilusionado con la idea de que tú pudieras sentir algo por mí, que ni me paré a pensar que podía estar haciéndote daño. Soy un idiota, perdóname.
Hana volvió a reír, pero en esta ocasión fue una risa suave y de alegría. Estrechó a Rukawa entre sus brazos, dejando que todo el dolor que había sentido en las últimas semanas dejara paso a la enorme felicidad que sentía.
-Perdóname tú a mí, soy un cabezón y tenía que haberte escuchado antes de ponerme como me he puesto. Dejémoslo todo atrás, Rukawa. Ahora sólo quiero... gritar que te amo.
Se miraron a los ojos, Rukawa sonriendo de la misma forma que lo había hecho la noche anterior y Hanamichi sonriendo a su vez sabiendo que ahora sí, esa sonrisa era sólo suya. Cuando el pelirrojo acercó su cara a la suya, Kaede cerró los ojos. No los abrió cuando sintió los labios de Hanamichi posarse en su frente, ni tampoco cuando seguidamente le besó en los párpados, en la nariz, en la barbilla. Tampoco los abrió cuando finalmente los labios del pelirrojo entraron en contacto con los suyos, sino que se abandonó a un beso que había tardado demasiado en llegar.
Cuando abrió los ojos, comprobó aliviado que Hanamichi todavía seguía allí sonriéndole y que esta vez no se trataba de ningún sueño. Volvieron a besarse una y otra vez, tratando de compensar todo el tiempo que habían desperdiciado en los últimos años.
Aya llegó a casa a media tarde, después de pasar el día con Sendoh. Supuso que les había dado el suficiente tiempo a los chicos para que pudieran hablar y confesarse y esperaba que al abrir la puerta se los encontraría allí a los dos, abrazados y radiantes de felicidad. No podía esperar a ver sus caras de alegría y las efusivas gracias que le darían cuando la vieran aparecer. Nada le producía más satisfacción que pensar que su plan había resultado ser un éxito tan absoluto.
Cuando por fin entró y anunció su llegada frunció el ceño, extrañada, puesto que no se oía nada. Quizá habían salido. Pero después de quitarse los zapatos y encaminarse al salón, vislumbró la figura de Hanamichi, sentado solo en el sofá, con semblante serio.
-¿Hanamichi? – preguntó la chica. Su amigo levantó la vista y la miró con expresión ausente. Aya comenzó a temerse lo peor.
-Hola – dijo él, fríamente.
-¿No estás con Rukawa? Pensaba que había venido a hablar contigo.
-Así es, ha venido esta mañana, pero le he echado en cuanto me ha dicho lo que tenía que decirme.
Aya se sentó en el sofá junto a él, sorprendida.
-¿Cómo? ¿Que le has echado? ¿Por qué? ¿No le has dicho lo que sientes por él?
-Oh, sí, se lo he dicho, y él ha tenido todo el morro de decirme que también me quiere. Pero le conozco, ¿sabes? Y no me lo he creído. Y entonces me ha dicho la verdad; que todo ha sido una farsa entre vosotros dos para que yo me pusiera celoso.
La amiga de Hanamichi sintió como se le secaba la garganta. Había supuesto que tarde o temprano alguno de los dos le acabaría contando la verdad sobre su relación falsa, pero había creído que, una vez él y Rukawa estuvieran por fin juntos, a Hanamichi no le importaría. Se había equivocado.
-Escucha Hana, lo puedo explicar. Fue idea mía, ¿vale? Desde el principio me dí cuenta de lo que sentías por Rukawa y pensé que ésta sería la manera más fácil de que fueras consciente tú mismo de ello. Sé que lo has pasado mal por mi culpa pero pensé que si todo salía bien…
Hanamichi alzó la mano, pidiéndole que no siguiera hablando.
-Aya, déjalo. Puede que tú lo hayas hecho con tu mejor intención, pero no es el caso de Rukawa. Rukawa siempre me ha detestado, y eso no ha cambiado. Quería verme sufrir y lo ha conseguido. Ya está, se acabó, me recuperaré. Supongo que el descubrir que no es la persona que yo creía me ayudará a olvidarme de él más rápido.
¿Se acabó? ¿Cómo que se acabó? ¡Su plan no podía terminar de esa manera!
-Hanamichi, estás muy equivocado. Rukawa te quiere, lo sé, y jamás ha querido verte sufrir, todo lo contrario. ¡Debes llamarle y hablar con él!
-No te engañes más – le respondió el pelirrojo, con una sonrisa triste -. Él y yo no estamos destinados a estar juntos. No importa lo mucho que le quiera, él me odia, siempre ha sido así, y siempre va a ser así. Hacerte creer que él también estaba enamorado de mí ha sido parte de su juego.
-¡No! – las lágrimas afloraron a los ojos de Aya - ¡Rukawa no es así! ¡Tú no has visto su cara esta mañana cuando le he dicho que le querías! ¡Tú no le has visto todo este tiempo asustado y esperanzado de que nuestro plan surtiera efecto! ¡Eres tú el que te estás engañando a ti mismo! Voy a llamarle ahora mismo para que venga aquí y lo aclaréis, ya verás como te estás equivocando, me niego a que todo esto termine así.
Aya se levantó dispuesta a alcanzar el teléfono y llamar a Rukawa pero Hanamichi le cogió por el brazo. Le miró, disgustada, pero entonces la cara de su amigo cambió completamente y se transformó en una enorme sonrisa. E instantes después, empezó a reírse a carcajadas.
-¿Y ahora qué pasa? – preguntó, atónita.
-¡Deberías verte la cara! – dijo el jugador del Shohoku sin poder parar de reír.
-¿Qué diablos es tan gracioso?
-La venganza es dulce – consiguió decir Hanamichi cuando controló su risa.
-¿Qué?
Aya entrecerró los ojos, confusa.
-Rukawa y yo hemos tenido una pelea monumental cuando me ha explicado vuestro plan porque yo lo he interpretado como que ha estado más de un mes burlándose de mí y humillándome. Pero después de que se me ha pasado la obcecación, hemos conseguido aclararlo y ya puedes respirar tranquila porque estamos juntos – le confesó al fin.
Aya soltó un gritito de alegría y abrazó a Hanamichi por el cuello, con tanta fuerza que por poco estuvo a punto de ahogarlo y de dejar a Rukawa sin novio.
-¡Por fin! ¡Felicidades Hana, me alegro muchísimo! – pero entonces recordó el numerito de hacía unos momentos y su expresión se ensombreció. - ¿A que venía lo de antes?
-Bueno, aunque tus intenciones eran buenas, he estado todas estas semanas sufriendo por tu culpa, así que pensé que un poco de tu propia medicina no te sentaría mal.
Hanamichi le guiñó un ojo y Aya aceptó su treta. Se la merecía.
-No estás enfadado conmigo, ¿verdad?
-Claro que no, tonta. Ya sabes que yo me lo tomo todo muy mal al principio porque soy así de temperamental, pero no te puedes ni imaginar lo feliz que soy ahora, y es todo gracias a ti.
Volvieron a abrazarse, si Hana se sentía la mitad de feliz de lo que sentía ella en aquel momento, se daría con un canto en los dientes.
-¿Y dónde tienes a tu enamorado? – le preguntó a su amigo en cuanto finalizaron su efusivo abrazo.
-Ha ido a su casa, a cambiarse. Esta noche vamos a tener nuestra primera cita.
-¡Qué maravilla! ¿Y qué váis a hacer?
-Cine y cena, lo típico… - pero Hanamichi lo dijo como si fuera lo más especial del mundo y Aya no pudo evitar sonreír.
Rukawa llegó al cabo de un rato, guapísimo. Aya fue testigo de cómo se le iluminaron las caras a los dos chicos al verse, y lo felices que se les veía cuando se dieron un beso a modo de saludo.
-¿Tú no tienes ningún plan para esta noche? – le preguntaron los dos chicos antes de irse para su cita.
-Sí, ahora de aquí a un ratito Akira vendrá a buscarme – intentó decirlo con normalidad pero la voz le traicionó y sus amigos se dieron cuenta.
-¿Va todo bien? – cuestionó Rukawa.
-Sí, sí – dijo Aya, pero no resultó muy convincente –. Es sólo que hoy hemos estado hablando largo y tendido sobre lo nuestro, y hemos tomado la decisión de que no va
a ser viable llevar una relación a distancia aunque nos comprometamos a llamarnos e irnos a ver en vacaciones y eso.
Hanamichi y Rukawa se miraron e intercambiaron una mirada comprensiva.
-¿Quieres que nos quedemos contigo esta noche? – dijo Hanamichi, cogiendo de la cintura a su amiga – No nos importa, en serio.
-¡No! – negó la chica enérgicamente. Con lo que le había costado juntarlos, ahora no iba a permitir que estropearan su primera cita por su culpa – Estoy bien, de veras.
Akira y yo seguiremos juntos estos días que me quedan y después nos diremos adiós. Son cosas que pasan, si en el fondo ya lo tenía asumido cuando empezó todo.
-¿Seguro? – esta vez fue Rukawa.
-Siiiiiiii pesados. Id y pasáoslo bien, que os lo merecéis. Ya os secuestraré alguna noche antes de irme para que me hagáis compañía y seais mi paño de lágrimas, pero no ésta, hoy no os necesito para nada, así que venga, ¡largo!
Después de un instante más de duda por fin los chicos le hicieron caso y, dándole un beso en la mejilla cada uno, se despidieron y se marcharon. Aya fue a sentarse de nuevo en el sofá, sin energías. Por un lado estaba triste, pero por el otro estaba contenta con todo lo que había pasado. No sería capaz de conservar a la persona de la que se había enamorado, pero había vivido un romance maravilloso en las semanas en las que había estado en Japón, sin contar la buena obra que había hecho con Hanamichi y Rukawa, y eso no se lo iba a quitar nadie. Sólo con esos recuerdos tan fantásticos, sabía que iba a ser más que capaz de sobrevivir una vez estuviera de vuelta en Londres.
-Siempre positiva – se dijo a sí misma levantándose de un salto y dirigiéndose al baño a preparse para su cita con Sendoh.
Hanamichi y Rukawa volvían de su cita en un cómodo silencio, paseando tranquilamente, sin ninguna prisa por llegar a casa. Llevaban un rato sin decir nada, y Hanamichi se fijó en que Rukawa estaba pensativo, como dándole vueltas a algo.
-Hey – le dijo, golpeándole suavemente en el hombro con el suyo propio - ¿Me quieres decir que es eso que te ronda por la cabecita? Si te preocupa algo ya sabes que puedes confiar en mí, ¿no?
Rukawa le sonrió, asintiendo.
-Estaba pensando en Aya – le admitió -. En lo que ha dicho de que ella y Sendoh no se ven capaces de llevar una relación a distancia.
-Aha. Es una pena, pero estoy seguro que lo superará, Aya es una chica muy fuerte.
-Sí, de eso no me cabe duda. Pero estaba pensando que… Bueno, mi sueño siempre ha sido que en cuanto terminara el instituto me iría a Estados Unidos.
Hanamichi se detuvo, propiciando que Rukawa hiciera lo propio. Se arrepintió un poco de haberlo dicho porque lo último que quería era empezar una nueva pelea con lo bien que estaba marchando todo pero Hana parecía tranquilo.
-De todas maneras quiero que sepas que ahora tú eres mi prioridad y…
Hanamichi le cortó con un rápido beso.
-Rukawa, si tu sueño siempre ha sido irte a Estados Unidos, yo no soy quién para impedírtelo, todo lo contrario. Quiero que lo persigas y te conviertas en el mejor jugador de baloncesto de la historia que haya jugado en la NBA.
Kaede rió ante la exageración, tremendamente aliviado. Cogió las manos del pelirrojo.
-Si te pidiera que vinieras conmigo, ¿lo harías? – le preguntó, aguantando la respiración.
Hanamichi no dudó ni un segundo antes de responder.
-Cariño, después de lo que nos ha costado llegar hasta aquí, me iría contigo hasta el final del mundo si hiciera falta. Aunque eso significará que pasarás a ser el segundo mejor jugador de la historia de la NBA después del gran Hanamichi Sakuragi, lo sabes, ¿no?
Rukawa volvió a reír, feliz, y mirando a un lado y otro y comprobando que no había mucha gente por la calle, se atrevió a abrazar a Hanamichi.
-Todo saldrá bien, ¿verdad? – le preguntó al oído.
-Claro que sí, amor. Claro que sí – le respondió su chico, de nuevo con tanta firmeza y convicción en su voz que a Rukawa le fue imposible no creerle.
Todos hubieran querido que ese verano hubiera durado para siempre, pero desgraciadamente los pocos días que le quedaban a Aya en Japón se le pasaron en un suspiro. Fueron unos días maravillosos, pese a la cuenta atrás que pesaba sobre las cabezas de una de las dos parejas.
Así, casi sin darse cuenta, Aya volvía a estar en la estación de tren, bajo un cielo tan intensamente azul y brillante como el de su llegada, también con un gigante de pelo rojo que acaparaba todas las miradas y que esta vez, eso sí, estaba acompañado por otro chico igualmente atractivo de su misma estatura pero con un cabello negro azabache y una tez mucho más pálida.
Los dos chicos habían insistido en acompañarla hasta el aeropuerto y despedirla allí, pero Aya se había negado. La despedida ya estaba siendo suficientemente dura y prefería terminarla cuando antes.
-Portaos bien en mi ausencia, ¿vale? – les dijo. Los dos le miraron con cara de pena y pese a la tristeza que ella también sentía, no pudo evitar reír ante esas expresiones tan adorables -. Venga chicos, haré todo lo posible para volver el verano que viene, ya veréis que con lo ocupados que váis a estar antes de que nos demos cuenta ya será hora de vernos otra vez.
-Más te vale – dijo Hanamichi, y Rukawa asintió con vehemencia, del todo de acuerdo con su novio.
-Prometido. Y ya sabéis que yo siempre cumplo lo que prometo.
Llegó la hora de los abrazos. Rukawa fue el primero.
-Nunca podré agradecerte lo suficiente todo lo que has hecho por mí – murmuró, y Aya le acarició la espalda, contenta.
-No necesito que me lo agradezcas. Sólo quiero que hagas feliz a mi Hana, ¿vale?
-Descuida.
El abrazo con Hanamichi fue más largo, puesto que sabían que en cuanto se separaran, ya no habría ninguna excusa más para demorar su partida.
-Cuídate mucho, ¿eh? – le dijo ella a su amigo, y él la estrechó todo lo que pudo antes de soltarla.
-¿Seguro que no te arrepentirás de no haberle pedido a Sendoh que viniera a despedirte hoy?
Aya sacudió la cabeza. Si ya era difícil despedirse de Hana y de Rukawa, le hubiera sido imposible subirse a ese tren con Akira allí. Ya se había despedido de él la noche anterior, y aunque ella había visto en su rostro que él quería pedirle que no lo dejaran, no le había dado la oportunidad de pronunciar esas palabras. Era realista, y ya se había obrado un milagro ese verano. Era imposible que ocurrieran dos.
-Es mejor así – dijo, con voz temblorosa, porque aún así, aún así si pudiera verle una vez más, quizá…
-¡Aya! ¡Espera!
Su corazón se detuvo al oír la familiar voz. Hana y Rukawa se apartaron en cuanto vieron llegar a Akira Sendoh, corriendo en dirección a ellos, gritando el nombre de la chica como si le fuera la vida en ello.
Cuando por fin llegó envolvió a la perpleja Aya entre sus brazos, sin importarle lo más mínimo todas las miradas curiosas que les dirigieron los presentes en la estación.
-Aya, te quiero – le dijo, soltándola y cogiéndole la cara con las dos manos -. Me da igual la distancia, te esperaré lo que haga falta. Esperaré hasta que puedas volver a Japón. O ahorraré para irme yo a Londres. Pero no quiero que nos separemos. Por favor dime que tú tampoco lo quieres.
Se hizo el silencio a su alrededor. Todo el mundo los miraba, expectantes por oír su respuesta. Hanamichi y Rukawa la animaban silenciosamente a decirle a Sendoh que ella también quería seguir junto a él.
Tenía que tomar una decisión. ¿Seguir a su corazón, que le decía que a qué estaba esperando para decirle a Akira lo mucho que le amaba y que se moría por seguir junto a él? ¿O hacer caso a su cabeza, que le decía no sin razón que una relación a distancia estaba condenada al fracaso por mucho empeño que le pusieran los dos para mantenerla a flote?
Cerrando los ojos, cogió aire y las palabras salieron solas.
-No – susurró. Cuando volvió a abrir los ojos y vio la expresión en la cara de Akira, supo que había tomado la decisión correcta -. No, yo tampoco quiero que nos separemos.
Y de esa manera el mejor verano de sus vidas llegó a su fin con un último abrazo y un último beso antes de subirse al tren pero llevándose consigo la promesa de que esa felicidad que sentían los cuatro adolescentes, pese a todos los obstáculos que sin duda se iban a encontrar en el camino, no había hecho más que empezar.
FIN
