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CAPITULO 3
¡Valla tío!
Mis ojos recorrieron su pelo de color bronce, alborotado por el viento, su atlético torso y sus brazos fibrosos, así como el traje de baño que le llegaba hasta las rodillas. Apesar de la distancia, podía apreciar que estaba bien dotado y los músculos de sus piernas eran potentes. Me imaginé esas piernas rodeándome el cuerpo.
Con los brazos cruzados me apoyé sobre el marco de la ventana. Mi cuerpo vibraba al recorrer cada centímetro de aquel desconocido. Y ese hombre tiene muchos centímetros en los que fijarse.
Al caminar hacía el agua, su piel brillaba por el sudor. Me fijé que andaba de un modo rigido. Cojeaba de la pierna derecha, como si notara un gran dolor a cada paso que daba.
Cuando el Adonis llegó a la orilla del mar, se detuvo y separó las piernas hacia fuera, como mi tio era militar, reconocí enseguida esa postura.
Le observé durante unos instantes más y estudie su lenguaje corporal. La actitud de ese hombre era de dirigirse a sus tropas y no la de quedarse mirando el mar.
Estaba de suerte.
El hombre se dio la vuelta como si hubiera percibido mis ojos posados en él. Dirigió la mirada hacia la ventana donde me encontraba apoyada cuando nuestras miradas se encontraron, me eché hacia atrás, sobresaltada por la fuerza del deseo que invadió en mi. Sentí una oleada de calor y empecé a sudar de la cabeza a los pies, aunque sabía que esa reacción no tenía nada que ver con el calor tropical.
¿Qué había en aquel hombre que hacía que me temblaran las rodillas incluso cuando nos separaba cien metros de distancia?
La lujuria se apoderó de mi y empecé a tener pensamientos lascivos.
Cerré los ojos; me imaginé como resultaría la esperiencia de entrgarme a un soldado adiestrado, un individuo que no tenía nada que ver con los hombres con los que solía tratar. A juzgar por su presencia impotente, su desciplinado lebguaje corporal y su mirada y su mirada penetrante aventuré que él sería sin duda capaz de convertir mis fantasías sexuales en realidad. Además, seguro que lo haría de buena gana. Sentí calor en la entrepierna y se me humedecieron las bragas al imaginarme en su cama, atada y sometida mientras él se encargaba de disciplinar mi cuerpo de la forma más deliciosa y escandalosa.
A decir verdad, me sorprendí, ya que con solo una mirada mis hormonas se han revolucionado de una manera asombrosa.
Cerre los ojos y respire profundamente, decidí sacar el máximo partido a mis vacaciones. Decidí renunciar a la siesta, ponerme un bikini y salir para conocer lugareños o a aquel hombre alto, corpulento y misterioso que estaba en la orilla.
Cuando abrí los ojos otra vez, el hombre ya no estaba. ¡Había desaparecido!
Ausente sin permiso.
Desaparecido en combate.
Parpadeé y busque al Dios Griego con la mirada, pero se lo había tragado la tierra. Me pregunté si solo era producto de mi imaginación. Quizá esta mágica isla había echo que mi mente creara al hombra perfecto.
Fuera lo que fuera, necesito un baño para bajar la calentura antes de que mi cuerpo se convertiera en cenizas por una convustión espontánea. Me quité la ropa, saqué un diminuto bikini azul eléctrico y me dirigí con parsimonia al mar.
Me encantaba sentir la la arena caliente bajo mis pies, caminé por la orilla y contemplé el óceano, me di cuenta de que mi piel había enrojecido.
Miré el agua de color esmeralda, estaba limpia. Así que decidí entrar.
Me sentí aventurera y atrevida. Corrí ghacia delante y avancé hasta que el agua me llegó a la altura del cuello. Era delicioso sentir el agua abrasada. ¡Podría verme los dedos de los pies!
De pronto ví algo que nadaba hacia mis extremidades
-Maldita sea, ¿qué demonios es eso?
Se me aceleró el pulso. Abrí la boca para gritar, pero no me salían las plabras. Agité las manos y las piernas para flotar en el agua.
PEro ¿en qúe estaría pensando ? ¿Cómo se me ocurría aventurarme en aguas desconocidas sin compañía? ¡Sólo Dios sabía qué criaturas letalesnadaban en el Pacífico! pude que fuera una chica lista de ciudad, pero esto no me servía en este momento.
¿Por qué no se me ocurrió invitar a Alice?
Decidí cambiar de estrategi y traté de quedarme inmovil. Miré hacia el fondo del mar en busca de lo que hubiera allí abajo y esperé a que treinta segundos empecé a tranquilizarme..
Tal vez hubiera huido.
Sin embargo, ese ''algo'' volvio a rozarme el nmuslo y se metió entre mis pierna abiertas.
-¡Dios mío!- chillé- ¿Qué diablos...?- Casi no pude pronunciar las palabras; me ahogaba con el agua que me entraba por la boca. Mi cuerpo comenzó a hundirse hacia el fondo del mar. Sumergida por completo abrí los ojos y me encontré con una serpiente.
Ubna serpiente. Grande. ¡Joder! ¡Una serpiente enorme!
Era una anaconda en realidad.
Y lo que más odiaba (aparte de viajar en avión) era...
Jadeaba, no podía respirar; traté de hacer pie; el reptil avanzaba hacia mi.
Noté un tirón en el brazo. Segundo más tarde me vi alzada por unos brazon que me mantenían erguida. Estaba ante los ojos esmeraldas más hermosos que había visto en mi vida.
-¡Ya te tengo!
Oh, Dios. ¡Era él ! El Dios Griego en carne y hueso.
-Yo...-De pronto recorde la anaconda. Eché un vistazo al agua y me agarre con fuerza al hombre.-Tenemos que salir de aquí antes de que nos muerda!
-Casi nunca lo hacen
-Bueno, como bien dices, ''casi'' nunca- farfulle abrazandome a él y temblando. Aquellos enormes brazos me rodearon y me sacaron del agua.
-¿Se siente mejor ahora?- me dijo con rostro inexpresivo. No sabía si el se estaba divirtiendo con la situación a si estaba fastidiado.
-Lo estaré cuando alcance la orilla.
Agrandes zancadas me llevó hacia la arena. Peron no se detuvo ahí. Con actitud de mando, tomó el control de la situación y subió por la playa camino hacia mi cabaña.
-Era una anaconda- susurre parpadeando- Tenía al menos tres matros de largo.
-Era una serpiente de mar
-¿La ha visto?
-Sí, la he visto
-Era enorme
_Como máximo tenía sesenta centímetros de largo
Sin pelos en la lengua solte:
-Yo no estoy tan segura. Ha nadado entre mis muslos. Creo que sé reconocer si tengo sólo sesenta centímetros entre las piernas o si se trata de tres metros.
El Dios Griego se aclaro la garganta y replicó
_Supongo que así es
Cuando oí el tono de su voz, incline la cabeza para mirarle a los ojos. Muy aguda Bella, así no vamos bien pensé.
Justo entonces empecé a toser y sacar el agua de mis pulmones. Él se detuvo, incliné la cabeza para mirarle. Sus ojos verdes me miraban con preocupación.
-¿Se encuentra bien?- Dijo con voz profunada y sensual que despertó todos mis sentidos y que me provocó un cosquilleo en mis ternminaciones nerviosas.
¿Era real aquel hombre? Estaba tentada a pellizcarme a mi misma y comprobar si estaba soñando. PEro en lugar de hacerlo, le pellizqué a él. Justo en el pezón. Se puso duro.
Bien, bien...
-Estoy bien- chillé apretando mi cuerpo contra él. Me encantaba lo bien que me sentía en sus brazos y pensé que estaría mejor tener a aquel pedazo de tío entre mis piernas.
Al Adonis, se le contrageron los músculos. Fruncio el ceño al mirar su pezón enrojecido, pero ahora por motivos totalmente distintos.
Abrazada a él, sentí el calor de su cuerpo y aspiré su olor. Olía a sol, arena, mar...y a hombre.
Aproveche para examinar a ni Aios Griego surgido de la nada para pelo corto estaba mojado y había quedado peibnado hacia atrás. Tenía la tez blanca y recién afeitada. El agua goteaba por su cabello cobrizo. Me humedeci los labios y reprimi un gemido de placer mientras seguía con mi inspección.
La mano del hombre se deslizó más cerca de mis nalgas mientras me sostenía en sus brazos. Al notar que sus dedos se hacercaron a mi espina dorsal sentí un repentino calor
