"Oh, the dead don't die
Anymore than you or I
They're just ghosts inside a dream
Of a life that we don't own
They walk around sometimes
Never payin' any mind
To the silly lives we lead
Or the reaping we've all sown
There's a cup of coffee
Waiting on every corner
Someday we're gonna wake up and find the corner's gone
But the dead will still be walking 'round this ol' world alone"
En aquel sitio tan solo se escuchaban aquellos desgarradores gritos, eran lo único audible en tan horrible escena.
Todo ser presente corría con desesperación tratando de salvarse a sí mismo, sin preocuparse de quién lo rodea. Los niños lloraban, las mujeres gritaban y los hombres trataban de defenderse como podían. Pero nada de eso servía, todos estaban siendo devorados poco a poco.
Mientras veían como amigos y familiares eran comidos vivos por otros glóbulos que alguna vez fueron sus conocidos, una familia guardaba silencio observando aquella masacre desde el interior de una pequeña casita al lado de la playa.
La madre abrazaba con fuerza a su hijo que dormía tranquilo ajeno a la terrible situación, el padre observaba cuidadosamente por uno de los pequeños orificios de la ventana.
—¿Todo sigue igual?—la madre preguntó desanimada.
—Si...—afirmó con frustración el padre quien era un glóbulo rojo, masajeando su frente—¿Como esta nuestro pequeño Roger?—cerró el orificio de la ventana para caminar hasta donde su esposa, a quien abrazo con cariño mientras veía con tristeza a su pequeño hijo.
—Él está bien...—con cuidado acarició el rostro de su hijo dormido, apreciando lo indefenso y frágil que era—¿Pero nosotros lo estamos también?—le cuestionó a su esposo con los ojos cristalinos.
—Claro que lo estamos amor, encontraremos la manera de salir de esto—depositó un pequeño beso en la frente de su esposa—. Te prometo sacarlos a ambos de este desastre.
La mujer asintió para seguir abrazando en silencio a su hijo, sin poder evitar temer por lo que pudiera pasarles a ellos o a su pobre niño.
Por su parte el glóbulo rojo comenzó a caminar por la casita revisando sus provisiones y armas, sabía que el cuerpo ya no tenía mucho tiempo y debía huir lo antes posible con su familia.
—Cómo...¿cómo deje que esto pasará?
Se lamentaba con desesperación hablando en voz baja, en un tono que era casi inaudible.
A lo lejos en el suelo yacía el cuerpo inerte y quemado de su esposa; quién aún se aferraba con todas sus fuerzas al cadáver de su hijo.
El glóbulo se lamentaba golpeando con frustración el suelo, tratando de desahogarse tras perder lo único que consideraba valioso; su familia.
Sin embargo, pronto su lamento fue interrumpido, levantó los ojos al apreciar frente a él una sombra familiar. Delante de él estaba el parásito causante de la infección, y también quién había asesinado a su familia.
—Vaya, si que luces patético Brian.
—Tú...¡jodido malnacido!—se abalanzó sobre el parásito tratando de golpearlo con toda la fuerza que su debilitado cuerpo podía ofrecer.
Sin mínimo esfuerzo el parásito lo esquivó para posteriormente tomarlo con fuerza de la camisa, sujetando con fuerza y dejando que el glóbulo rojo sienta el ardiente calor que desprenden sus garras; era tan caliente que incluso con un solo roce sentía su piel arder.
—Brian por favor, no hagas las cosas más complicadas—hablaba con un tono tan tranquilo y sereno que fácilmente podría tranquilizar a alguien con solo exclamar alguna palabra simple, pero ese tono solo provocaba disgusto en Brian—. Ambos sabemos como terminará esto, no tiene sentido complicarlo más.
Tan ladino y narcisista sonreía sin importarle el rostro aterrado del glóbulo. Adoraba tanto ver ese hermoso rostro sumido en el pánico y terror; y adoraba ser él quien provocaba ese miedo.
—Diste una buena pelea tratando de proteger a tu familia y a tu ciudad, pero no eres más que un débil glóbulo—aún sosteniéndolo acercó más su rostro al de Brian casi rozando su piel—...no representas una amenaza para mi, cariño.
Sin más abrió su mano libre y clavó sus afiladas garras en el estómago del glóbulo, haciendo que aumenten su largo (y atraviesen el resto del cuerpo en el proceso) dentro del paralizado Brian: quién solo veía estupefacto el final de su vida. Un reconocible brillo violeta se hizo presente en el estómago de Brian, al mismo tiempo que sentía como su cuerpo era consumido en llamas desde dentro. Aceptando su final relajó los músculos tensos de su cuerpo, viendo como poco a poco se derretía bajo las garras de aquel horrible parásito. El dolor era terrible e intenso, pero aún sufriendo mantuvo la mirada firme en los ojos de su asesino.
—Pagarás por esto algún día TTX...y lamentarás haber nacido.
TTX no respondió, solo seguía sonriendo mientras lo veía con genuina curiosidad.
Brian cayó al suelo finalmente derritiéndose por completo, con los restos de su destrozado cuerpo ensuciando las garras de TTX. El cruel verdugo seguía sonriendo victorioso, limpió gentilmente las garras en su traje negro. Pero se paralizó de un momento a otro desconcertado, sintiendo como si hubiera alguien más ahí mismo; alguien que lo observaba atento.
Con lentitud giró la cabeza hacía atrás, y cuando finalmente sus ojos distinguieron bien a quién tenía a sus espaldas sonrió ampliamente; mostrando mejor aquellos afilados colmillos amarillos que lo hacían ver más amenazante de lo que ya era.
El asesino giró su cuerpo por completo para comenzar a caminar en dirección a quién le veía, dejando notar mejor lo alto y esbelto que era.
Cuando estaba casi por llegar se agachó para ver mejor a su pequeño observador, sin embargo en ese preciso momento Mal volvió a la realidad con exaltación; era otra de las tantas pesadillas que experimentaba despierto.
Desde hace mucho que ese horrible sujeto estaba presente en sus pesadillas, odiaba tanto tener que seguir viéndolo; lo conocía a la perfección y lo aborrecía con toda su alma. Pero lo que jamás logró comprender era la presencia de esa curiosa familia a la que veía ser asesinada una y mil veces en sus pesadillas. Al principio solo se quedaba en un mal sueño, pero con el paso del tiempo terminó experimentando esos malos sueños totalmente despierto y consciente. Era tan extraño, se sentía tan vívido y real que casi parecía un recuerdo lejano.
Decidió ya no darle importancia, para tratar de distraerse comenzó a revisar la mordida que el glóbulo infectado le había hecho en el brazo. No era tan profunda pero le provocaba un ligero malestar.
—¿Te encuentras bien Mal?—le preguntó Mara quién al fin había tomado valor para hablarle, pues lo había estado observando desde hace un buen rato—Te veías muy asustado, pero parecías estar soñando despierto...—exclamó con notable preocupación, pero también sutilmente asustada.
—¿Eh?—a veces olvidaba lo expresivo que era su rostro durante sus pesadillas—...oh, si; lo siento. No era mi intención asustarte, solo...soñaba despierto; cómo dijiste.
—¿Que soñabas?—se animó a preguntar la hormona—¿Y desde cuándo te pasa?
Ambos estaban en una de las mesas más apartadas del cabaret mientras que Murphy estaba en su oficina tratando de calmar a Johnny y convencerlo de dormir un poco para tranquilizarse y recuperar fuerzas.
Por el momento los glóbulos infectados se habían mantenido quietos y alejados, por lo que podían darse el lujo de hablar tranquilos para comprender mejor la situación.
Mal se cuestionó unos segundos si ser sincero con Mara, pero prefería mentir para no entrar a detalle en su vida.
—Solo un recuerdo desagradable...—se quedó pensativo al hablar, pues realmente nunca prestó atención a cuando habían comenzado sus pesadillas—y si te soy sincero no sé desde cuándo me pasa. Es algo que experimento desde mi niñez.
—Vaya, eso suena terrible...
—Nah, aunque no lo parezca te acostumbras con el tiempo.
—Yo no podría acostumbrarme a eso...pero mejor dime, ¿cómo está tu brazo?
—Está bien, he tenido peores heridas.
Mara se acercó un poco más para tomar el brazo de Mal y revisarlo, la mordida era notable y se veía un tanto profunda.
La fiebre no pudo evitar retroceder un poco inconscientemente al sentir el tacto de Mara, no le disgustaba pero tampoco era fanático de lo que lo tocarán sin preguntar.
—¿Estás seguro?, no se ve nada bien.
—Estoy bastante seguro, no te preocupes.
La hormona lo vió incrédula, esa herida necesitaba ser tratada o podría empeorar. Bajó la mirada observando la mano y muñeca del parásito para asegurarse de que no hubiera más heridas, sólo encontró algunos rasguños; o eso creía hasta que observó detenidamente la parte visible de la muñeca de Mal bajo su guante.
Con rapidez y sin decir nada la hormona jaló el guante negro para ver mejor aquella herida, estaba magullada, negra por una posible quemadura y aún se notaba sensible; cómo si acabará de lastimarse.
Al verlo mejor Mara trató de tocarla para inspeccionarla mejor, pero Mal quitó rápidamente su mano con un quejido bajo.
—Lo lamento, pero por favor no toques mi muñeca—le pidió.
La hormona no respondió y se quedó en silencio observando la herida, ahora su rostro mostraba más preocupación que antes.
—¿Thrax te hizo eso?—por las palabras del parásito sabía bien que su relación con la vacuna no era buena, y sabiendo que pasó la noche en su departamento no sería sorpresa que lo haya lastimado.
Mal comenzaba a sentirse interrogado e incómodo, no le gustaba que le hicieran tantas preguntas; además no entendía porque la hormona mostraba preocupación por él. Que alguien más se preocupará por él...era algo nuevo, y extrañamente confuso.
—No, ese tipo no puede hacerme nada —hizo una pequeña pausa mientras veía su herida—. Pero la policía me puso un rastreador en la muñeca para mantenerme vigilado, no me gustó esa estupidez así que...me lo arranque antes de venir.
No hay descripción adecuada para la cara de Mara al escucharlo decir eso.
A su parecer aquello era demasiado irresponsable y estúpido.
—Mal, sinceramente no esperaría algo así de ti...
El parásito movió los hombros.
—¿Por qué no?, no me gusta sentirme observado; además solo sentí un ligero cosquilleo cuando lo arranque—claramente Mal omitió algunas partes sobre el proceso para quitarse el rastreador.
Mara estaba por reñirlo por su acción imprudente y peligrosa para sí mismo, pero Murphy se acercó hasta ellos salvando a Mal del reclamo de la hormona.
—Johnny logró calmarse, ahora está descansando en mi oficina—les informó al tiempo que suspiraba cansado.
—Menos mal, el pobre estaba muy alterado—mencionó Mara.
Murphy le preguntó a Mal sobre la mordida en el brazo, el parásito le explicó que estaba bien; pero Mara le hizo mención al glóbulo sobre la herida de la muñeca. Ahora era Murphy el que cuestionaba a la fiebre por lastimarse así.
Sin embargo su charla fue interrumpida por un fuerte golpe en la parte trasera del cabaret. Ese sonido alertó a los tres presentes e hizo recordar algo a Mal.
—Murphy, ¿arreglaste la puerta trasera?—le preguntó Mal, pues días atrás había derribado la puerta trasera para recuperar sus cosas del cabaret; y ahora rogaba porque el glóbulo lo haya arreglado.
Murphy tragó saliva.
—No, hoy por la tarde vendrían a repararla.
«Mierda»
Definitivamente una mordida en el brazo iba a ser el menor de sus problemas hoy.
Mientras tanto en un edificio bastante alejado del cabaret Voltaire, dos detectives analizaban en silencio varios documentos colocados cuidadosamente sobre un pizarrón.
Ambos observaban en silencio intentando atar cabos sueltos en su cabeza, creando nuevas teorías o posibilidades; sin embargo ninguno parecía llegar a nada útil.
—No lo entiendo Ozzy, todo esto sobre Mal es extraño y sin sentido—Drix de verdad se esforzó en tratar de entender un poco la situación, pero terminó encontrando muchos huecos; más de una cosa era ilógica en el parásito—. ¿Seguro de que no hay más información?
—Muy seguro, no logré encontrar nada más—aceptó con pesimismo—. Lo único claro es que Mal no es un parásito común—exclamó Ozzy mientras se acercaba al pizarrón y añadía otra hoja.
—¿Y qué hay de Thrax?—aunque Drix no pudiera verlo Ozzy hizo una mueca de disgusto al escuchar como nombraba a la vacuna—¡Él mismo nos dijo que lo conoce desde hace años!, debe de saber más de él que nosotros.
—No quiero involucrarlo mucho en la investigación, aún no confío en él del todo. Además, ¿cómo sabríamos que no nos miente sobre Mal?—por más extraño que suene, Ozzy prefería confiar en el parásito antes que en la vacuna.
Desde que Thrax llegó a la ciudad cumplió con excelencia su trabajo como vacuna, aún si lo odiaba. Pero obviamente las cosas entre la muerte roja y el glóbulo blanco que lo venció eran de lo más complicadas. Ozzy no lograba confiar en él pese a que de verdad estuviera ayudando a la ciudad, en cambio el jefe Gluteus, Maria y otros no tardaron en simpatizar con la vacuna; a final de cuentas el maldito era carismático.
Irónicamente Drix era de los pocos que tampoco confiaba en él del todo, quizás por haber presenciado con sus propios ojos la hostilidad natural del ex-virus. Esto le brindaba un poco de felicidad al glóbulo, pues sabía que contaba con el apoyo de su compañero.
Aunque claro, Drix confiaba en Thrax cuando se trataba de la seguridad de la ciudad; también cuando no contaban con más opciones.
—No tiene motivos para mentirnos Ozzy, no lograría nada—la píldora se acercó a su compañero para colocar una mano sobre su hombro tratando de darle ánimos y confianza—. Yo sé que quieres ayudar a Mal, pero para eso necesitamos la ayuda de Thrax.
Ozzy nuevamente se mostró disgustado ante la idea de recurrir a Thrax, pero aún con ese disgusto se esforzó para sonreírle a su compañero.
Cuando estaba accediendo a la sugerencia de Drix, se vió interrumpido por una llamada entrante en el teléfono de la píldora.
—Oh, es Maria—exclamó mientras revisaba la pantalla de su celular.
—Que extraño, ¿habrá sucedido algo?
Drix contestó y colocó el altavoz para que Ozzy también pudiera escuchar, pronto pudieron distinguir la habitual y tranquila voz de María; quién comenzó a explicarles todo el asunto de la segunda defensa haciéndose cargo de Mal. Ambos escuchaban con atención cada palabra al mismo tiempo que discutían con Maria por la repentina decisión del archivista. Tratar con la segunda defensa del sistema inmune era complicado y difícil, eran estrictos a más no poder; obviamente teniendo gran desprecio por el jefe Gluteus y su deficiente trabajo protegiendo la ciudad.
Habrían seguido discutiendo de no ser por extraños gritos en la estación de policía, Maria se mostró extrañada mientras que los detectives preguntaron con preocupación que sucedía. La oficial trató de explicar la situación pero más gritos pronto la interrumpieron, esto sólo aumentó la preocupación de los detectives quienes nuevamente preguntaron que pasaba; sin embargo la línea comenzó a cortarse haciendo imposible entender sus palabras, tan solo dejando oír algunos insultos y quejidos de Maria.
Así la llamada se cortó definitivamente, haciendo que Drix tratará de devolver la llamada para verificar que todo estuviera bajo control; pero la oficial Amino no respondió.
—¡Debemos buscar a Maria y ayudarla!—Drix era el más preocupado ante la idea de que Maria estuviera en peligro.
Ozzy asintió mientras se colocaba su chaqueta.
Cuando ambos detectives estaban por salir escucharon como alguien tocaba bruscamente la puerta de su oficina.
—¿Quién es?
El glóbulo preguntó en voz alta, pero la única respuesta fue un largo silencio.
Tomó la perilla con cuidado queriendo girarla y abrir la puerta, sin embargo pronto fue empujado con fuerza; quién estuviera afuera había abierto la puerta sin problema.
—¿Cómo fue que sucedió esto?
—Eso deberías saberlo tú—le respondió con irritación—. Esos glóbulos rojos fueron infectados por un parásito.
Thrax guardó silencio para luego asomar un poco la cabeza fuera de la patrulla y observar a detalle los infectados.
Glóbulos rojos con notable aspecto deteriorado y un gran impulso de agresividad. Un brillante líquido naranja escurría de sus bocas y ojos...un líquido bastante similar al de Mal.
—El único parásito en la ciudad está bajo tu cuidado—le siguió reprochando Maria mientras la vacuna aún observaba sin prestarle mucha atención—. No fuiste capaz de controlarlo y ahora tenemos serios problemas.
—No fue Mal, no salió en toda la noche—le explicó sin mirarla—. Además el período de incubación toma días, semanas o hasta meses; es imposible que Mal haya infectado glóbulos tan rápido.
—¿Y entonces quién los infectó?, ¿otro parásito del que no sabemos nada?—el sarcasmo en su voz era evidente.
Thrax finalmente se volteó hacía ella viéndola con molestía.
—Efectivamente—exclamó con simpleza, para luego sacar de su abrigo el aparato conectado al rastreador de Mal—. Incluso ahora Malik sigue en mi departamento, él no provocó esto.
Maria vió la pantalla del aparato algo incrédula, dudaba mucho que ese parásito obedeciera a la vacuna.
Tras unos segundos Thrax guardó nuevamente el aparato.
—¿Dónde está el jefe Gluteus?
—Se fue con otros oficiales antes de que esto iniciará, quería hablar con el alcalde para convencerlo de no involucrar a la segunda defensa—explicó—. Los demás oficiales que estaban conmigo fueron mordidos y huyeron.
—Hm...
Si bien los oficiales habían sido terriblemente golpeados, arañados y mordidos al menos no iban a infectarse; no mientras sean glóbulos blancos y no rojos. Thrax lo sabía y eso lo mantenía tranquilo, solo debían alejar a los infectados de otros glóbulos rojos para evitar más infecciones y luego eliminarlos poco a poco.
—Lo adecuado sería alejarnos y buscar refuerzos, aunque no podamos infectarnos esos glóbulos siguen siendo peligrosos y en extremo agresivos—no vió necesario mencionarlo, pero la agresividad de los glóbulos derriba de un hambre incontrolable; provocando que devoren todo a su paso incluso si no pueden transmitir la infección.
Ellos realmente no piensan en lastimar o contagiar, solo en comer.
Ni siquiera son capaces de pensar, son un cascarón vacío siguiendo sus más básicos instintos.
—¿Pero qué hay de los civiles?—Maria tenía razón, después de todo la estación de policía estaba rodeada de muchos edificios con varios civiles dentro—No podemos permitir que los lastimen.
—Buen punto...—claramente a Thrax no le importaban mucho los civiles, pero debía cumplir con su papel como vacuna protegiéndolos—¿Hay manera de contactar al alcalde para establecer estado de emergencia?
No había muchas opciones, lo más adecuado ahora era intentar que los civiles no abandonen sus casas o trabajos, asimismo que se mantengan alejados de la estación de policía; que parece ser el único lugar con infectados hasta el momento.
—No, desde que los infectados llegaron la comunicación se volvió muy inestable. Trate de contactar a varios conocidos y no funcionó.
—Mierda...
Thrax y María estaban demasiado ocupados dialogando cómo para notar la presencia de dos infectados acercándose a ellos tras la patrulla, el bajo pero audible sonido de sus voces fue suficiente para revelar su escondite. Así sin esperar más ambos infectados se arrojaron sobre Maria, uno mordiendo con desesperación su brazo mientras el otro trataba de pasar sobre su compañero.
Maria contuvo un grito ahogado para no llamar la atención de más infectados.
Thrax actuó con rapidez comenzando a forcejear con el otro infectado para atravesarlo con su garra. Maria también comenzó un forcejeo hasta que logró alejar al infectado de una patada, arrojándolo hacía la vacuna. Antes de que Thrax pudiera atravesarlo vió como el glóbulo deteriorado era congelado frente a sus ojos.
—¡Hey!—los llamó en voz alta una voz familiar—¿Están bien?
—Baja la voz Jones.
Osmosis Jones, Drix y dos viejos conocidos se hicieron presentes en la escena.
—¿¡Estás bien Maria!?—con apuro la píldora se acercó a la oficial Amino para verificar su estado, ignorando por completo a la muerte roja.
—Si Drix, estoy bien—Maria le sonrió a la píldora mientras trataba de cubrir la mordida en su brazo.
Thrax rodó los ojos con fastidio por la escena de los enamorados, para luego dirigirse a Jones.
—Estamos bien, pero tus gritos seguro llamaron la atención de otros infectados—tras reclamarle vió detenidamente a sus dos acompañantes, el bibliotecario archivista Phils Phizer; una vacuna con conocimientos en virología (y el culpable de involucrar a la segunda defensa). Detrás de la vacuna estaba James Edwards, quién hace unos segundos también había reñido a Jones por su tono de voz—Cubranse antes de que pase algo más—les pidió de mala gana.
—Se ve que lograste controlar bien al parásito, eh Thrax?—exclamó con sarcasmo James.
La muerte roja no podía evitar sentirse frustrado con la presencia de James, pues era nada menos que el mejor agente de la segunda defensa del sistema inmune; y alguien con quién Thrax ha tenido varias disputas y conflictos. Su presencia significa problemas, y más si fue enviado para hacerse cargo de Mal.
—Esto no lo provocó Malik, es imposible que lo haya hecho—le respondió con fastidio.
—Claro, lo que tú digas.
Nuevamente asomó la cabeza notando como los demás infectados parecían no haber escuchado o visto nada, seguían parados en silencio viendo a la nada.
«Que raro, nunca ví que se quedarán quietos antes...»
Pensó Thrax sin escuchar las quejas de Ozzy por no haberles agradecido la ayuda. Detrás del glóbulo podía verse a Drix teniendo problemas para ocultarse tras la patrulla por su gran tamaño.
—¿No nos escucharon?—preguntó el bibliotecario.
Thrax negó.
—Me alegra que vinieran, ¿pero porque lo hicieron?, es peligroso—Maria les cuestionó a los detectives.
—Lo sabemos, pero nos preocupamos por los gritos y decidimos venir para ayudarte—explicó Drix.
—Claro ese era el plan hasta que estos dos derribaron nuestra puerta—se quejó Ozzy viendo con ligero enfado a Phils y James.
—¡Ya me disculpé por eso!—le respondió disgustado Phils—Además los infectados nos estaban pisando los talones, ¿que esperabas que hiciéramos?
—Espera, ¿hay más infectados?—Thrax había estado ignorando su conversación porque le resultaba más útil vigilar a los glóbulos, pero las últimas palabras de la vacuna captaron su atención.
—Si—ahora le respondió Ozzy—. Toda la zona de nuestro edificio está llena de esos glóbulos agresivos, si Drix no los hubiera congelado no hubiéramos podido venir.
—Así es—continuó Phils—, James y yo estábamos pasando cerca de esa zona cuando nos persiguieron. No se me ocurrió nada mejor que pedirle ayuda a estos dos.
—¿Y hacía dónde se dirigían?
Phils guardó silencio, dando la impresión de que no quería responder. Esto provocó desconfianza en Maria y Thrax, quienes se vieron disimuladamente por unos segundos para luego ver a la vacuna otra vez.
—Íbamos camino al departamento de Thrax para llevarnos al parásito—soltó sin más James captando la atención de los presentes—. Sabía que no ibas a entregármelo tan fácil—dijo ahora viendo directamente a la muerte roja—, así que cuando Phils me avisó que te vió salir del departamento por las cámaras de vigilancia, me pareció un buen momento para ir por el parásito.
No hay manera adecuada de describir el rostro enfadado de Thrax ante las palabras del agente.
—¿Cómo se atrevieron a hacer algo así?—reprochó Maria—, ¡Nos avisaron por la mañana que se lo llevarían después de unos días!
—¿Y esperabas que fuéramos tan incompetentes cómo ustedes para dejarles un parásito peligroso así sin más?—James veía con enojo a la oficial—Era mejor quitárselos cuando bajarán la guardia que esperar sus estúpidas excusas para hacerse cargo del caso...además fue evidente que Thrax no podría controlarlo.
—Mira jodido agente de cuarta—por un momento Thrax olvidó la situación en la que estaban para tomar con furia el cuello de la camisa de James—. Conozco a ese parásito desde hace años, si hay alguien que puede controlarlo soy yo. Hasta el momento he logrado mantenerlo tranquilo en mi departamento.
—¡JA!—James soltó una falsa carcajada que solo empeoró la furia de Thrax—¿Estás seguro de eso?
La muerte roja no comprendía la actitud del agente, hasta que Ozzy lo llamó en voz baja tratando de captar su atención.
—Hey rojo...—con preocupación Ozzy sacó de su chaqueta una pequeña parte del rastreador negro que debía estar en la muñeca de Mal—Creo que alguien se te escapó cuando no estabas...
Antes de ir en búsqueda de Maria, Phils y James convencieron a los detectives de buscar a Mal en el departamento del ex-virus; si él había comenzado la infección debía ser detenido y encerrado lo antes posible. Lograron abrirse paso entre los infectados sólo para descubrir que el parásito no estaba en el edificio, solo dejó partes quemadas del rastreador (quedando únicamente en perfecto estado la parte principal que se conecta al aparato para rastrearlo) y una ventana rota.
Después de eso tomaron camino a la estación de policía, llegando a la situación actual.
—¿Sigues creyendo que puedes con él?—James sonreía burlón aún en el fuerte agarre de la vacuna.
Antes de que pudieran continuar con aquella escena, varios de los infectados "despertaron" corriendo rápidamente hacía la patrulla gritando y gruñendo. Todos se alertaron por los gritos, haciendo que Thrax soltará a James y Drix comenzará a disparar para tratar de congelarlos.
—¡Tenemos que irnos!—gritó Ozzy viendo como los infectados se iban acumulando, Drix solo no podría contra todos ellos.
—¿¡Y a dónde pretendes que vayamos!?
—Cualquier lugar será más seguro que quedarnos aquí para ser comida de infectados.
El grupo no tenía una idea clara de que hacer o dónde ir, quedarse quietos ahí no era una opción y los infectados se estaban acercando cada vez más; era imposible que Drix pudiera congelarlos a todos. Si trataban de huir los glóbulos los seguirían y terminarían invadiendo más zonas del cuerpo, aunque por las palabras de Ozzy y Phils era posible que ya estuvieran en varias partes causando problemas. Empezaban a desesperar al mismo tiempo que los infectados comenzaban a evadir a sus compañeros congelados para acercarse al grupo.
Sin previo aviso una cuerda fue arrojada desde lo más alto de uno de los edificios.
—¡Hey!—gritó para llamar la atención de los no infectados—¿Necesitan una mano?
"There'll be no one out at night for the lights to shine down on
But the dead'll still be walking 'round in this old world alone
Oh, well after life is over the afterlife goes on
Hearts break when loved ones journey on
At the thought that they're now forever gone
So we tell ourselves they're all still around us all the time
Gone but not forgotten, just memories left behind
But the dead'll still be walking 'round in this old world alone
Oh, well after life is over the afterlife goes on
Oh, well after life is over the afterlife goes on"
