Resumen: Segunda parte de la serie "Constelaciones". Draco y Harry están felizmente disfrutando del comienzo de su relación, sin embargo, los problemas están lejos de acabar. ¿Podrán superar los obstáculos que les serán puestos en el camino y a las acciones de quienes intentan separarlos? ¿O su relación terminará incluso antes de que siquiera pueda comenzar? DRARRY
Disclaimer: el universo de Harry Potter no me pertenece, todo es propiedad de Rowling y Warner Bro.
Advertencia: el capítulo contiene (hacia el final) sexo oral explícito y trabajo manual (masturbación).
Galaxia: Dejando detrás algunos miedos
28 de diciembre de 2010
Después de que logro salir de mi ensimismamiento, tomo de nuevo el tenedor y termino de comer el desayuno con prisa antes de que se enfriara por completo. Con un movimiento de mi varita, llevo todos los platos al fregadero y lanzo los hechizos correspondientes para que éstos comiencen a lavarse, secarse y guardarse por sí solos. El resto de la mañana lo paso haciendo hechizos de limpieza en cada parte de la casa. La cama se tiende y los pisos se lustran hasta que, incluso, uno podría comer en ellos. Lo último en mi lista de tareas diarias era el baño, y para cuando termino con éste, descubro con sorpresa que sólo eran las diez de la mañana. Todavía era demasiado temprano para que Harry saliera del trabajo para almorzar. Lanzando un desganado suspiro, me acerco al escritorio y enciendo la computadora. Si bien estaba de vacaciones, eso no significaba que no pudiera organizar un poco mis archivos y quizás leer algún correo que me hubiera quedado pendiente.
Trabajo en silencio por una gran cantidad de tiempo. Lo único que se escuchaba en la sala era el sonido que hacían las teclas al ser presionadas y los clics ocasionales del ratón cuando le daba a un archivo. Estaba tan enfrascado en la lectura del nuevo contrato que la editorial me había enviado para la publicación de la saga "Galaxia", que ni siquiera escucho el sonido de una aparición y sólo me doy cuenta de ello cuando siento unos suaves labios posarse en mi cuello y unas manos comenzar a masajearme los hombros.
─¿Qué estás haciendo?
─No te oí llegar. ─Digo distraído, mientras marco una parte del contrato con la que no estaba de acuerdo y con la que tendría que luchar más tarde con la editorial.
─Puedo ver eso. ─Harry deja un último beso en mi mejilla y se aparta de mí, lo cual hacía que una parte de mí se resintiera por la distancia que nos separaba. ─Entonces, ¿qué estabas leyendo?
Harry pregunta de espaldas a mí, a la vez que se encarga de sacar de una bolsa de papel lo que había traído para almorzar. Mi estómago gruñe apreciativamente al percibir los agradables aromas que estaban dejando las hamburguesas y las papas fritas al ser retiradas de sus envoltorios.
─El nuevo contrato que me envió la editorial para "Galaxia".
─¿"Galaxia"? ─Pregunta Harry con confusión, sacando la última hamburguesa de su envoltorio y girándose hacia mí. ─¿Qué es eso?
─Así es como voy a llamar a la nueva saga que continuará la historia de "Constelaciones". ─Decir que Harry se ilumina al oír esto era un gran eufemismo. De hecho, su rostro parecía incapaz de dejar de sonreír y su expresión tenía un absoluto deleite. ─Pero no puedes decirle nada de esto a nadie, Harry. Hablo en serio, ni siquiera a Granger. Si se llegara a filtrar algo de esta información antes de tiempo, la editorial tendría mi cabeza por ello.
─No te preocupes, no diré nada. Así que "Galaxia", ¿verdad? ─Harry dice esto con un pensativo tono, mientras se acerca a mí y enrosca sus brazos en mi cuello. Automáticamente, mis manos se posan en sus caderas y lo acercan a mí. ─Me gusta como suena eso.
─Mmm.
Es lo único que puedo decir antes de acortar la distancia que nos separaba y tomar sus labios entre los míos. Harry hace ese adorable sonido que era mezcla de gemido y mezcla de ronroneo, y devuelve el beso con gusto. Pasamos unos cuantos segundos recorriendo nuestras bocas en una acalorada danza antes de que Harry se aparte de mí y nos inste a almorzar. Como puedo, reprimo el sonido de frustración que intenta salir desde lo más profundo de mi ser. Ciertamente este beso no había sido suficiente y sólo me había dejado con ganas de más, aunque no permito que nada de esto atraviese mis expresiones y sigo a Harry hacia la mesa de la isla. Comemos en una agradable charla, o, mejor dicho, Harry parloteaba sobre los cientos de cosas que le habían ocurrido en la mañana, mientras yo asentía en los lugares adecuados y realizaba preguntas acordes a lo que estaba diciéndome, sin embargo, mi mente no podía apartarse del todo de la conversación que había tenido con Blaise no menos de unas horas atrás.
─Entonces, además de leer el contrato, ¿qué has estado haciendo mientras no estuve en toda la mañana?
Harry pregunta esto sin una pizca de malicia detrás, a la vez que sumerge una papa frita en un poco de Kétchup, pero yo no podía hacer otra cosa más que preguntarme si él no poseía habilidades Legeremantes para darse cuenta de hacia dónde habían viajado mis pensamientos.
─Blaise vino a desayunar. Por cierto, él ya tiene un nuevo apodo para ti.
─¿En serio? ─Suelta Harry con una escéptica mirada, mientras baja su vista a la vacía caja de papas fritas que tenía frente a él. Sin decir nada, se acerca a la mía y me roba una de ellas para proceder a mojarla en otra salsa, esta vez era en mostaza. Aunque no tengo tiempo de reprenderlo por ello, ya que vuelve a abrir la boca, y dice: ─¿Por qué presiento que no va a gustarme este nuevo apodo?
Me encojo de hombros y me meto el último bocado de hamburguesa a la boca. Luego de tragar, tomo un poco de agua y digo en un desinteresado tono: ─Blaise se comió la mitad de mi omelette y ello pareció haber sido suficiente para que te ganaras el apodo de "Harry-Mejor-Chef-Del-Mundo-Potter".
Harry suelta una carcajada ante eso y yo no podía evitar que un agradable calor se instalara en mi pecho al oírlo. Siempre me había encantado su risa, pero ser el responsable de poder sacar esos hermosos sonidos de él, sólo hacía que esto fuera aún más placentero y que una gran sensación de orgullo se apoderara de mí. Internamente me digo que, a partir de ahora, haría hasta lo imposible para conseguir hacerlo reír. Harry no parecía ser consciente de lo que su risa provocaba en mí, y simplemente se dedica a robarme papas fritas de mi caja. Por mi parte, ruedo los ojos y finjo no prestarle atención a este hecho, después de todo, no era la primera vez que Harry había hecho algo como eso. Incluso cuando aún éramos sólo amigos, él se las apañaba para robarme papas fritas de mi comida. Nunca entendería el por qué simplemente no pedía una de mayor tamaño para él, siendo que tanto le gustaban, pero no era como si me importara. Había algo inusitadamente entrañable en el hecho de compartir comida. A mi mente viene la descarada proposición que Harry había hecho esta mañana, y no consigo evitar preguntarme si a esto estaba refiriéndose él, o a algo mucho menos inocente que esto. Para el bien de cierta parte de mi anatomía, esperaba que fuera esto último.
Terminamos de comer y me deshago de todos los envoltorios vacíos. Detrás de mí, Harry estaba lanzando un hechizo de limpieza sobre la mesa y los vasos que utilizamos. Cuando la cocina vuelve a estar igual de impecable que antes de almorzar, vamos hacia el sofá y nos recostamos durante unos minutos.
─¿Qué hora es? ─Pregunta un adormilado Harry desde el lugar en el cual se había acurrucado a mi costado derecho.
─Casi la una.
Harry suelta un irritado bufido y vuelve a sentarse correctamente en el sofá, a la vez que frota sus ojos por detrás de sus horrendas gafas. Cuando termina de hacer esto, se gira hacia mí y me da una arrepentida mirada.
─Voy a tener que volver al trabajo. Mi hora para almorzar ya está por terminar.
Malditos Aurores y sus jodidos horarios. No, tacha eso. Malditos Aurores y punto. Honestamente, Harry no necesitaba perder su tiempo en una profesión tan demandante como esa, en especial cuando podría estar en estos momentos acurrucándose contra mí, y quizás, haciendo algo mucho más interesante. En momentos como estos, realmente debía hacer un esfuerzo sobrehumano para no rogarle que renunciara a su jodido trabajo para poder quedarse aquí para siempre. Sin embargo, esto era algo que jamás saldría de mi boca por dos motivos. El primero de ellos era que un Malfoy nunca rogaba, sin importar cuánto deseáramos algo; y el segundo de ellos era que, por más que detestara la idea de que Harry tuviera que trabajar tantas horas al día, jamás me atrevería a pedirle algo como eso. Sabía más que nadie cuánto amaba Harry su profesión, por lo tanto, jamás se me pasaría siquiera por la cabeza el inmiscuirme en ello. Nunca le pediría que renunciara a nada ni nadie que él quisiera, aun si eso fuera a causarme sufrimiento a mí. A veces, amar tan incondicionalmente podía ser bastante contraproducente para con los intereses de uno.
─De acuerdo. ¿Vendrás a cenar?
─Por supuesto. Trataré de salir lo más temprano posible.
Harry se levanta del sofá y se coloca frente a mí. Inclinándose hacia adelante, toma mis labios en los suyos y me da un beso que estaba cargado de sentimientos. En su boca aún podía saborear el peculiar sabor de la mostaza, pero eso no podría importarme en lo absoluto. Una de mis manos toma la cadera de Harry e intenta acercarlo hacia mí, pero él se aparta antes de que lo consiga.
─Será mejor que me vaya antes de que me gane uno de los aburridos sermones de Robards por llegar tarde.
Harry me da un último pequeño beso sobre mis labios y se desaparece en un fuerte chasquido. Ese sonido me recuerda que iba a tener que hacer algo al respecto con ello, antes de que los vecinos muggles que nos rodeaban comenzaran a cuestionarse por el extraño ruido que solía escucharse con una alarmante frecuencia. Quizás Harry y yo podríamos colocar algún hechizo de insonorización en todo el apartamento. Sí, eso podría funcionar. Además de eliminar cualquier amenaza de que nuestros vecinos muggles descubrieran algo con respecto a la magia, también serviría para que no tuviéramos que contenernos en lo absoluto cuando avanzáramos en nuestra relación. Podríamos ser todo lo ruidosos que quisiéramos, sin tener que preocuparnos porque nuestra intensa vida sexual (porque sí, nuestra vida sexual no sería otra cosa más que intensa) horrorizara al resto de personas del edificio.
Más animado que nunca, me dirijo al baño para higienizar mis dientes. Una vez hecho esto, vuelvo mis pasos hacia el escritorio para terminar de leer el contrato de "Galaxia". La siguiente hora la paso anotando las discrepancias que tenía con la propuesta que me habían hecho y tratando de dejar en claro las condiciones mínimas que requería para aceptar un nuevo contrato. Cuando termino con ello, observo el resto de actividades que tenía pendientes en mi computadora, pero para mayor sorpresa, descubro que ya me había puesto al día con todo. Un rápido vistazo al reloj de la chimenea me dice que apenas eran las dos de la tarde. Todavía faltaba una eternidad para que Harry volviera del trabajo. ¿Qué se suponía que iba a hacer hasta entonces?
Un exasperado bufido escapa desde lo más profundo de mi ser, mientras observo en blanco la pantalla que tenía frente a mí; y aunque había sido yo quien le había pedido a Adrian un mes de vacaciones, no creía que pudiera quedarme sin hacer nada por mucho más tiempo, en especial cuando mis dedos estaban picando por comenzar a escribir todas estas ideas que se me estaban ocurriendo en el momento. Cediendo ante mi inesperado momento de inspiración, creo un nuevo archivo y lo nombro como "Galaxia. Libro I. Capítulo I". Sin perder un segundo, comienzo a plasmar en palabras todas las ideas que estaban pasando por mi mente.
"…Etamin siente cómo empieza a recuperar la conciencia poco a poco, pero el agotamiento físico que poseía era tal que lo único que podía hacer era permanecer inmóvil y con los ojos cerrados contra el agradable cuerpo que sostenía el suyo. ¿Quién era la persona que lo estaba apretando contra su pecho como si estuviera tratando de aferrarse a su vida? ¿Y por qué lo estaría haciendo? Etamin no podía recordar a nadie a quien pudiera importarle lo suficiente como para tratarlo de esa forma. Sin embargo, un desgarrador sollozo lo aparta de estos pensamientos y lo único que puede hacer es enfocar toda su atención en el joven que estaba hablándole con una voz tan amable, pero que, a su vez, se encontraba cargada de dolor y tristeza.
─Por favor… por favor, despierta.
Esa voz… Etamin podría reconocer esa voz en cualquier parte y circunstancia. Aunque eso no podía ser cierto. Él no estaría aquí. Él no podría estar aquí, en la tierra de la Constelación del Dragón, y sosteniendo a Etamin con tanta fuerza como si tuviera miedo de que él pudiera desaparecer de no hacerlo. No, ciertamente esto no podía estar pasando. Nada de esto podía ser real porque Leonis lo odiaba, y él había sido dolorosamente claro al respecto. Entonces, si no era Leonis quien estaba sosteniéndolo como si su vida dependiera de ello, ¿quién era? ¿Y por qué se sentía y olía como Leonis? ¿Por qué su voz era tan parecida a la de ese adorable gatito?
─Es mi culpa. Todo esto es mi culpa. Yo te hice esto, y en verdad lo siento. Yo no… yo no lo sabía. Yo… por favor, Etamin… tienes que despertar. Yo necesito… Tienes que despertar para que pueda decirte esto cara a cara, para que pueda decirte la verdad de todo. Lamento todas y cada una de las mentiras que te dije. Yo no… yo no te odio. De hecho, creo que nunca lo hice.
Leonis. Sí era él. No había estado imaginando cosas, esa era sin duda su voz. Esa calidez que sentía recorrer cada centímetro de sí al percibir cómo los dedos de Leonis estaban tocando su mejilla con suavidad, era la misma que sentía cada vez que sus pieles se rozaban. Leonis sí estaba aquí y estaba sosteniéndolo en sus brazos; pero, ¿por qué? ¿Y por qué sonaba tan desesperanzado y cómo si su mundo estuviera viniéndose abajo? Nada tenía ningún sentido. ¿Acaso había muerto y reencarnado en un universo paralelo, uno en el cual Leonis no lo odiaba? Pero, ¿qué no había llegado a la conclusión de que no importaba cuántas dimensiones diferentes existieran, en ninguna de ellas Leonis lo amaría? Entonces, ¿por qué este Leonis se oía completamente atormentado por la idea de perderlo?
─Por favor, Etamin. Tienes que despertar. Tienes que despertar para que puedas volver a llamarme 'gatito' y decirme lo muy tonto que soy por confiar ciegamente en todos. Por favor… no me dejes. ─Leonis acerca su rostro al de Etamin y coloca su frente con la del inerte joven que tenía en sus brazos. Una vez hecho esto, reprime un sollozo y dice en un bajo susurro algo que estaba cargado de emoción y desesperación. ─Vuelve a mí, dragón."
Observo la última frase que había escrito y no puedo evitar sonreír. A pesar de lo cliché que era ese apodo, no conseguía evitar pensar que le sentaba a la perfección a Etamin. Harry realmente se había lucido con ello. Guardo el archivo en el que había estado trabajando y decido que me daría una ducha antes de comenzar a hacer la cena. Todavía era temprano, así que podía darme el lujo de tomarme un largo baño. No sé cuánto tiempo paso bajo el constante chorro de agua caliente, pero había sido el suficiente como para que mis dedos se volvieran tan arrugados como una pasa de uva. Una vez cambiado, me dirijo a la cocina y empiezo a cocinarnos algo de cenar. El sonido de una aparición a mi espalda me indica que Harry había vuelto. Me giro para saludarlo y no puedo evitar soltar una fuerte carcajada ante la imagen que tenía frente a mí. Parado a unos pasos de distancia se encontraba Harry, quien estaba cubierto de pies a cabeza por una extraña sustancia de un color verdoso y que parecía tener la consistencia de los mocos de gusarajo. Asqueroso.
─¡Deja de reírte, idiota! ─Harry refunfuña a la vez que se dirige al baño. ─Un imbécil quiso robar Felix Felixis del boticario del Callejón Diagon, y para poder huir, lanzó una Bombarda en mi dirección, pero lo único que hizo con su mala puntería fue explotar sobre mi cabeza un frasco que tenía esta mucosidad.
─Creo que esa mucosidad de la que hablas son mocos de gusarajo. ─Suelto entre medio de una risa, pero eso sólo me gana un ceño fruncido de parte de Harry.
─Oh, gracias, Draco. Saber el verdadero nombre de esta cosa realmente ayuda. ─El sarcasmo con el que Harry me reprende sólo hace que mi risa se convierta en una completa carcajada. Harry me observa con irritación por un segundo y luego reanuda sus pasos al baño. ─Iré a darme una ducha. Tengo esta asquerosa mucosidad metida en lugares en los que ni siquiera quiero pensar.
Lo escucho caminar con prisa y encerrarse en el baño. Cuando el agua comienza a correr, saco la comida del horno y la coloco sobre la mesa, asegurándome de lanzarle un hechizo para mantenerla caliente. Una vez hecho esto, limpio el desastre que Harry había dejado a su paso y me siento a esperarlo en la mesa de la isla. Harry sale de nuestra habitación completamente limpio y con el cabello aún húmedo, y se acerca hacia mí para dejarme un pequeño beso en los labios. Al parecer mis burlas por lo que le había ocurrido no lo habían enfadado tanto como aparentaba. Comemos en una agradable calma, contándonos todo lo trascendental de nuestro día y yo no puedo evitar pensar que jamás había sido más feliz en toda mi vida. Después de lavar los platos e higienizarnos, vamos hacia el sofá y nos quedamos en silencio observando la encendida chimenea.
─¿Harry?
─¿Mmm?
─Vamos a tener que colocar algún hechizo de insonorización en el apartamento.
─¿Por qué? ─Harry se levanta del lugar en el que estaba acurrucado y me observa con un travieso brillo en sus ojos. No sabía con certeza qué estaba pasando por su mente, pero podía asegurar que no era algo inocente en lo absoluto.
─Los muggles que viven en el edificio comenzarán a preguntarse por el ruido que hacen tus apariciones.
─Oh, eso. ─Las mejillas de Harry se tornan completamente rojas y con ello confirmo mis sospechas. El descarado gatito había estado pensando en algo completamente diferente. ─Sí, tienes razón. Podemos agregar algún hechizo de ese estilo. Y también tenemos que colocar hechizos protectores, sólo por si acaso algún periodista decide querer husmear en nuestra vida.
─Mmm.
No digo nada más, pero me aprovecho de la distracción de Harry para atraerlo hacia mi cuerpo hasta que logro colocarlo a horcajadas. Harry suelta una divertida risita y sin perder tiempo comienza a besarme. Pasamos un buen rato en este estado, simplemente dejando que nuestras lenguas batallen y amortiguando gemidos contra la boca del otro. Mis manos acercan a Harry hasta que éste queda completamente sentado en mi regazo y esto sólo provoca que una deliciosa fricción recorra la parte en la que nuestras excitadas entrepiernas se rozaban. Harry suelta un ahogado jadeo y comienza a realizar un descendente camino de besos desde mi barbilla hasta mi cuello, pero lo que consigue hacerme temblar de lujuria son las cálidas manos que se cuelan por mi suéter y empiezan a levantármelo para quitármelo. El simple roce de las manos de Harry contra la piel de mi pecho es más que suficiente para despertarme de ese trance en el que habíamos caído. A mi mente llegan las palabras que Blaise me había dicho hoy, y eso era todo lo que necesitaba para detener esto antes de que las cosas se salieran de control.
─Harry… Harry, espera. Detente.
─¿Y ahora qué? ─Harry dice esto con molestia y se baja de mi regazo de inmediato, pero su cuerpo delata por completo lo que en verdad estaba sintiendo. Sus hombros estaban caídos y sus manos no paraban de juguetear la una con la otra; pero lo que terminaba de clavar un puñal en mi pecho era la herida mirada que se había apoderado de esas hermosas esmeraldas. Harry no tenía lágrimas en sus ojos, pero yo podía ver con claridad lo mucho que mis palabras lo habían afectado. Y justo cuando creo que no dirá nada y simplemente me dejará solo en el sofá y sin que pudiera explicarle el motivo por el que lo detuve, Harry eleva la vista y me observa con una insegura mirada que detestaba ver en él. ─¿Hice algo mal?
─¿Qué? ¡No, claro que no! ¿Por qué dirías algo como eso? ─Pregunto con genuino desconcierto, a la vez que intento tomar una de sus manos, pero Harry me aparta de un manotazo.
─Entonces, ¿por qué? ─Al ver que no estoy comprendiendo a qué se estaba refiriendo, Harry rueda los ojos, y dice: ─¿Por qué siempre me detienes cuando intento ir más allá de un simple besuqueo?
Escuchar esto de boca de Harry hace que mi corazón comience a bombear sangre con mayor velocidad, a la vez que cierta parte de mi anatomía da un interesante salto en mis pantalones. Sin embargo, mi calculador cerebro pone paños fríos en toda esa descontrolada excitación que me acometía y me insta a pensar con la cabeza adecuada para comportarme como el adulto responsable que se suponía que era. Soltando un suspiro, me giro hacia Harry y trato de tomar su barbilla para hacer que me enfrente. Harry trata de apartarse, pero no le permito hacerlo.
─Harry, mírame.
Harry suelta un exasperado bufido y me observa a través de esas largas pestañas que tenía y que tanto me gustaban. Una vez que tengo su completa atención, aclaro mi garganta y comienzo a decir todo aquello que me había estado carcomiendo por dentro.
─No has hecho nada malo, ¿de acuerdo? No quiero que pienses eso ni siquiera por un segundo.
─Entonces, ¿por qué…?
─Déjame terminar. ─Digo esto con un suave tono, pero con firmeza. Harry cierra la boca y se cruza de brazos en un enfadado gesto, aunque no parecía mostrar indicios de querer volver a interrumpirme. Tomando una leve inspiración, continúo explicándome. ─Como estaba diciendo, no has hecho nada malo. De hecho, es todo lo contrario. He disfrutado en demasía de todo esto que estábamos haciendo, más de lo que te podrías imaginar. Y créeme cuando te digo que no hay nada que quisiera más en este mundo que avanzar en ello, pero...
─Pero ¿qué? ─Harry pregunta esto con un remanente de irritación, pero podía ver con claridad que mis palabras habían servido para alejar la mayor cantidad de inseguridad e incertidumbre de él.
─Pero no creí que estuvieras listo para dar un paso tan grande como este.
─¿Qué? ¿De qué estás hablando?
Y ahora era Harry quien preguntaba esto con genuino desconcierto. Esto no iba a ser nada fácil de explicar, ¿verdad? Genial. Simplemente, genial. Tomando otra inspiración, me armo del poco valor que poseía y dejo salir algunas (no todas) de las inquietudes que tenía y que habían sido las responsables de no haber intentado avanzar en nuestra relación.
─Sólo han pasado unos pocos días desde que saliste de ese control que la comadreja tenía sobre ti. Yo… yo no creí que estuvieras listo para avanzar en este sentido. Tú… nunca has estado con otro hombre, y recientemente has descubierto que también te gustan las personas del mismo sexo. Todo esto es muy repentino y ni siquiera te has dado tiempo para sanar por lo ocurrido. Yo sólo creí que…
─Ok, detente. No estás teniendo ningún sentido. ─Harry me detiene de inmediato al colocar una mano sobre mi pecho, a la vez que me observa con algo de exasperación, y por contradictorio que pareciera, con una tierna sonrisa bailando por su rostro. No entendía el motivo de esta última, pero no tenía que preocuparme por resolver adivinanzas ya que Harry vuelve a hablar con una gran determinación en su voz. ─Primero que nada, no eres quién para decidir cuándo estoy listo para hacer algo o no.
─Pero…
─No, Draco. Cierra la boca y escúchame. ─Harry me observa con esa peligrosa mirada de Auror Todopoderoso y yo no podía hacer nada más que cerrar la boca y escucharlo. Realmente odiaba esa mirada. ─Nadie, ni siquiera tú, puede decirme qué hacer o cómo debo sentirme. Así que no intentes hacerme ver que sabes lo que pasa por mi mente y mis emociones, porque no lo sabes. Estoy listo para seguir adelante en nuestra relación y nada de lo que ha ocurrido mientras estuve bajo los efectos de la Amortentia me hará cambiar de parecer. Ese tema está en el pasado y no quiero volver a pensar en ello, no le daré la satisfacción a Ginny de seguir arruinando e interponiéndose en nuestras vidas. Y en segundo lugar (y como ya te lo he dicho antes) he tenido sentimientos por ti desde casi el mismo momento en el que volvimos a reencontrarnos, quizás incluso desde antes, después de todo, no puedes negar que nuestras peleas en Hogwarts estaban cargadas de tensión sexual; así que, el que me gusten los hombres no es algo nuevo para mí. Sí, tienes razón en el hecho de que no tengo experiencia en ello, pero eso no significa que no pueda aprender. Eso no quiere decir que tú no puedas guiarme en ello.
Harry me observa con una intensa mirada que eleva cada uno de los vellos de mi piel. Merlín, si las miradas pudieran derretir, en este momento no quedaría más que una masa líquida de mí mismo en el suelo. Y esta reacción que había conseguido en mí no era únicamente producto de esas penetrantes esmeraldas que tenía por ojos, sino que gran parte de ello se debía al velado ofrecimiento que me había hecho. ¿De verdad Harry estaba dispuesto a dejarse guiar por mí? Eso era prácticamente un ofrecimiento para asumir un papel sumiso, ¿verdad? No lo sé. Todo parecía indicar que así era, pero no podía dejar que mis esperanzas y deseos leyeran e interpretaran cosas que, en verdad, no eran reales. Tratando de calmar la excitación que me produjeron sus palabras, lo atraigo hacia mí y lo beso con la intención de demostrarle todo aquello que no estaba en condiciones de expresarle con palabras en este preciso momento. Harry sonríe dentro del beso y suelta ese característico gemido-ronroneo que tanto conseguía excitarme, a la vez que vuelve a poner sus manos en mi suéter, y nuevamente lo detengo, aunque no por los motivos en los que él estaba pensando.
─Habitación. Ahora.
Harry me da una brillante sonrisa y se pone de pie de un salto. Sin darme tiempo a que me levante, jala mi brazo y me insta a dejar el sofá. Damos los pasos que nos separaban del dormitorio intercalando besos y gemidos. Una vez que estamos a unos centímetros de la cama, Harry me empuja hasta que caigo cuan largo soy sobre ésta. Inmediatamente, Harry se sube hasta quedar a horcajadas de mí y comienza a besarme con una intensidad con la cual nunca me había besado. La pasión y excitación con la que su lengua recorría mi boca era capaz de encenderme como un Fuego Maldito. Sus manos reanudan la tarea que habían querido hacer en el sofá no una, sino dos veces, y en menos de lo que tardo en dar un pestañeo, me encuentro desnudo en la parte superior. Sin embargo, los besos que Harry me estaba dando no se reanudan y, por el contrario, lo noto tensarse encima de mí. Completamente confundido por este cambio de actitud, abro los ojos que ni siquiera me había percatado de haber cerrado y trato de hallar el motivo por el cual se había perturbado. Cuando mis ojos se posan en la figura de Harry, veo que él no parecía ser capaz de apartar la mirada de las grandes cicatrices que me había dejado el Sectumsempra. Y no puedo evitarlo, pero mi pecho se llena de una gran sensación de desilusión al ver la horrorizada mirada que se había apoderado de esas esmeraldas. Demasiado para que Harry pudiera ser capaz de, si no gustarle, al menos ignorarlas.
─Yo te hice eso.
─Sí. ─Digo esto con un desganado suspiro, mientras intento buscar con la mirada el lugar al cual Harry había arrojado mi remera de manga larga. ─Puedo ponerme una remera para cubrirlas, si quieres.
Comienzo a intentar levantarme para buscar algo con lo cual poder cubrirme, pero Harry me vuelve a presionar contra el colchón y comienza a recorrer cada una de mis cicatrices con besos y palabras murmuradas que sonaban a "lo siento, Draco" y "no sabía lo que ese hechizo hacía". Así que el motivo por el cual me había observado con esa horrorizada mirada no era porque le disgustaran, sino por el hecho de que aún se sentía culpable por ello. Bueno, no podía dejar que siguiera torturándose de esa manera, ¿verdad? En especial cuando eso estaba en un pasado al que no quería ni tenía intenciones de volver. Tomando un puñado de sus cabellos, los jalo para que se acerque a mi boca. Una vez que Harry hace como le digo, lo beso con intensidad para demostrarle con ello que no había nada por lo cual debiera seguir disculpándose, aunque eso no parece ser suficiente para calmar a mi arrepentido gatito. Quizás las palabras pudieran tener éxito en su lugar.
─Harry, basta. Deja de culparte por ello.
─Pero…
─Está en el pasado, y ya te has disculpado por ello una infinidad de veces.
─Sí, pero no sabía que te…
─¿Que qué? ¿Qué me habías dejado cicatrices? Eso sólo fue un pequeño precio a pagar por mantenerme con vida. Además, no es como si yo hubiera sido un inocente en esta historia. ¿O acaso ya has olvidado la maldición que iba a lanzarte?
─Pero no lo hiciste. No me lanzaste la maldición Cruciatus, y dudo que siquiera hubieras reunido el deseo necesario para conjurarla por completo.
─Eso no es algo que tú puedas saber a ciencia cierta. Por ese entonces, no era la misma persona que soy ahora. Ninguno de los dos lo somos, afortunadamente; así que, ¿por qué seguir pensando en algo que está donde debe estar, en el pasado?
Harry me da una agradecida mirada que estaba cargada de lágrimas que no dejaba caer, y sin decir nada, vuelve a posar sus labios en mí y me da un beso que hablaba por sí solo de todo aquello que no decía en palabras. Sus labios vuelven a hacer un recorrido descendente por mi barbilla, cuello y pecho, pero a diferencia de la última vez, éste tenía el único propósito de brindarme placer. La traviesa boca de Harry lame y chupa uno de mis pezones hasta hacer que se endurezca, y una vez hecho esto, pasa a atormentar al otro. Cuando ambos están sensibles y completamente erectos, Harry sigue descendiendo por mi pecho, intercambiando besos y pequeñas succiones. Antes de lo previsto, los labios de Harry alcanzan la cinturilla de mis pantalones y no puedo evitar soltar un gemido al sentir su barbilla rozando el gran bulto de mis jeans. Harry suelta una pequeña risita al escucharme y realmente debo hacer un esfuerzo sobrehumano por no tomarlo de los cabellos y presionarlo contra mi erecto pene.
Unas cálidas manos comienzan a juguetear con torpeza sobre la cremallera y el botón que mantenía retenida mi excitación. Con desesperante lentitud, Harry deshace el botón y comienza a bajar el cierre. Mi erección da un salto de alivio al verse liberada de esa asfixiante restricción, pero esto no era suficiente para calmarla en lo absoluto; por el contrario, el cálido aliento de Harry sobre ella hace que adquiera su casi completa elevación. Necesitaba más. Necesitaba que me quitara toda esta condenada ropa de una vez por todas. En un inconsciente movimiento, elevo mis caderas hasta que consigo presionar mi erección contra el fascinado rostro de Harry, el cual no parecía hacer otra cosa más que quedarse observándome en una especie de hipnotizado trance. Este repentino movimiento hace que los labios de Harry rocen mi erección a través de la fina tela de mi ropa interior. Un ahogado jadeo escapa de mi boca cuando siento a Harry dejar un pequeño beso en la negra tela de mi bóxer, antes de reanudar el olvidado trabajo de desvestirme.
Lentamente, Harry engancha sus dedos al borde de mis pantalones y comienza a bajarme tanto el jean como la ropa interior. Cuando está a mitad de camino de quitarlos, decido ayudarlo con la tarea y de una sola patada mando a volar mis zapatillas por algún lugar del suelo. Finalmente, y después de unos agonizantes segundos, Harry termina de quitarme toda la ropa y me quedo completamente desnudo debajo de él. Harry parecía estar completamente fascinado con mi erección y sus ojos no podían apartarse de ella. Esas esmeraldas estaban repletas de lujuria y anhelo, era casi como si nunca hubieran visto algo más delicioso en su vida. Harry comienza a gatear en un lento movimiento hasta quedar a centímetros de mi pulsante erección, y aunque sabía que esa no había sido su intención en lo absoluto, la forma en que se movía para acercarse a mí era absolutamente erótica y capaz de hacerme gruñir de deseo.
En el preciso momento en el cual el rostro de Harry queda a milímetros de mi excitación, vuelvo a percibir ese cálido aliento que me enviaba ráfagas de placer por todo el cuerpo. Mi pene da una sacudida ante esto, pero lo que terminaba de hacer que adquiriera su máximo esplendor era ver la forma en la que Harry estaba observándola. Sus ojos se encontraban hipnotizados en ella y estaban cargados de una especie de primitivo deseo. Lentamente, lo observo acercar una de sus manos y tomarla con algo de incertidumbre, como si no estuviera muy seguro de qué hacer con ella. El pensamiento era en parte ridículo, siendo que él poseía un miembro igual entre sus piernas, pero más que eso era absolutamente adorable la forma en la cual su inexperiencia estaba sacando a la luz esa parte tan dubitativa de sí, la cual no solía ser una característica de él.
Y aunque era indecoroso, no podía evitar que una especie de necesitado gemido saliera de mi entreabierta boca ante el primer roce de sus manos con mi excitación. Ese sonido que escapa sin mi consentimiento parecía ser todo lo que Harry necesitaba para eliminar de sí cualquier rastro de timidez. En un rápido movimiento, toma con confianza mi pene y comienza a acariciarlo desde la base hasta la punta. Su otra mano no pierde el tiempo y se acerca hasta mis testículos, y comienza a tocarlos y dejar pequeños jalones que enviaban agradables descargas eléctricas por todo mi cuerpo; pero ninguna de estas increíbles sensaciones se comparaba a lo que siento en el momento en el cual Harry eleva la vista y conecta nuestras miradas, para pasar a acortar la distancia que lo separaba de mi pene, y con un seductor gesto, saca la lengua y lame la punta de la misma. El rostro de Harry se frunce con desconcierto al saborear el líquido preseminal que había en ella, pero algo en su mirada me decía que éste no lo había encontrado para nada desagradable.
Oh. Por. Merlín. Bendito.
Una especie de jadeo y gruñido escapa de mí y me lleno de emociones contradictorias. Había una parte de mí que sólo quería mantener los ojos abiertos para no perderme un segundo de la forma en la cual Harry estaba dándole pequeñas e inexpertas lamidas a mi pene, pero otra parte de mí no estaba segura de poder contenerse lo suficiente de seguir mirando esa hermosa y totalmente obscena imagen. Mis manos picaban por la necesidad de tomarlo del cabello y enterrarle toda mi pija de una vez hasta golpear con fuerza su garganta, pero la parte racional de mi cerebro evitaba este descontrolado accionar y me brindaba la fuerza de voluntad necesaria para aguantar la curiosa e inexperta forma en la cual Harry estaba descubriendo las maravillas de chupársela a un hombre.
Harry deja de juguetear con mis testículos para pasar a acariciar la parte inferior de mi pene. En ningún momento deja de dar pequeñas lamidas y besos en la cabeza de mi pija, y eso sólo conseguía reafirmar lo muy acorde que era el apodo de "gatito" para él. Harry me observa por unos segundos a los ojos y en esas esmeraldas podía ver una pasión que se entremezclaba con otro tipo de sentimientos, pero no estaba seguro de saber cuál era, o, mejor dicho, creía saber cuál era, aunque no estaba seguro de haberlo interpretado correctamente. Después de observarnos con intensidad y transmitir con nuestras miradas todo aquello que no decíamos en palabras, Harry aparta la mirada y deja un último beso sobre la punta de mi pene, para pasar a abrir su boca a su máxima capacidad y tomarla casi por completo en ella. Un ahogado grito escapa de mi boca en el preciso momento en que siento mi hombría ser engullida por esa caliente y húmeda cavidad, pero éste queda completamente amortiguado por los sonidos de arcadas y la fuerte tos que Harry estaba soltando. De inmediato, me elevo como puedo desde el lugar en el que estaba recostado, y aparto a Harry con suavidad para que no se ahogara más de lo que ya lo había hecho al tomar más de lo que podía o estaba acostumbrado a tener en su boca.
─Whoa, Whoa, Whoa. Tranquilo. Ve despacio. ─Lo levanto del lugar en el que estaba arrodillado y lo observo dar grandes bocanadas de aire con gran preocupación. Lo último que querría era que se lastimara a sí mismo dándome placer. ─¿Estás bien? ¿Necesitas que te traiga algo?
Harry deja de toser y parece respirar uniformemente, pero eso no terminaba de aniquilar por completo mi preocupación. Trato de acercarme para comprobar por mí mismo si todo estaba bien, pero Harry lleva sus manos a su rostro para cubrirse con ellas por completo, y ni aun así era capaz de evitar ocultar del todo el gran sonrojo que recubría su cara. Estaba sumamente avergonzado, cualquiera con un mínimo de materia gris en su cerebro se daría cuenta de ello, y eso sólo hacía que quisiera tomarlo entre mis brazos y besarlo hasta la inconciencia.
─¡Merlín! Esto es tan vergonzoso. Debes pensar que soy totalmente patético. ─Harry dice esto en un avergonzado murmullo, sin mover sus manos de su rostro. ─Lo siento mucho, Draco.
─Hey, no. No digas eso. ─Lo obligo a quitar sus manos de su rostro y hacer que me mire a los ojos. La tarea no era para nada sencilla porque él estaba forcejeando para evitar mi mirada, pero no me dejo vencer y lo fuerzo a hacer como quiero. Cuando consigo tomar su barbilla y elevarla hacia mí, dejo un pequeño beso en sus labios antes de comenzar a masajear suavemente su adolorida garganta, y con un bajo susurro, digo: ─Lo estabas haciendo increíble. De verdad, lo digo en serio. Y no tienes que preocuparte por eso, es normal.
─No, no lo es. Tú no te habrías atragantado a ti mismo dándome una mamada. ─Harry dice esto con un avergonzado tono, y por imposible que parezca, sus mejillas adquieren una tonalidad aún más rojiza.
─Tal vez ahora no, pero la primera vez que se la chupé a alguien me pasó algo parecido.
Harry me observa con algo suspicacia, como si no estuviera seguro de que estuviera diciendo la verdad sobre ello, pero lo que más se vislumbraba en esas esmeraldas eran unos genuinos y letales celos. Interesante, no pensé que mi gatito fuera a ser tan posesivo.
─No creo que quiera escuchar acerca de tus anteriores conquistas, Draco; mucho menos saber acerca de quién te ha enseñado a hacer estas cosas.
El irritado tono con el que Harry dice esto era casi palpable y haría estremecer a cualquier otra persona, pero en mí sólo generaba una sensación de satisfacción. El que Harry sintiera celos y se volviera posesivo conmigo sólo conseguía demostrarme cuánto le importaba a este despistado Auror.
─Eso fue hace mucho tiempo, más precisamente en nuestro cuarto año. Uno de los chicos de Durmstrang fue quien me enseñó. Y antes de que comiences a hacer un gran escándalo por ello, no, no lo he vuelto a ver ni a hablar con él desde cuarto año. Honestamente, ni siquiera recuerdo bien su nombre.
Harry me observa de reojo con un enfadado mohín, a la vez que se cruza de brazos. Bueno, al menos ya no estaba sonrojándose como una casta virgen, lo cual él ciertamente era en todo lo referido al sexo gay, pero ese no era el punto. Tratando de aligerar el pesado ambiente que se había instalado entre nosotros, descruzo sus brazos y tomo su rostro para volver a besarlo con suavidad, transmitiéndole con él todo lo que sentía y que no podía expresarle en palabras, al menos no fuera de mis libros. Y eso era todo lo que necesitaba hacer. De inmediato, Harry vuelve a derretirse y eliminar de su cuerpo todas las tensiones producidas por fallidas mamadas y celos hacia desconocidos ex amantes.
Lentamente, lo atraigo hacia el cabezal de la cama y con toda la delicadeza que puedo reunir lo hago recostarse sobre la cama. Sin romper el beso en ningún momento, comienzo a tirar de su suéter para quitárselo. Harry se separa de mis labios y me permite retirarle todas las prendas superiores hasta quedar desnudo. El pecho de Harry queda al descubierto y completamente expuesto a mí. Varias cicatrices de desconocidas batallas se hallaban esparcidas por éste, pero la más llamativa de todas ellas era una en forma circular en el centro del pecho y la cual parecía haber sido provocada por alguna especie de quemadura. Observo la extraña marca con una ceja en alto y la recorro con dos de mis dedos, lo cual hace que Harry se retuerza en anticipación. Harry parece notar mi curiosidad por ella, porque se apresura a soltar una exhalación, y dice:
─Larga historia, y no es una para contar en este preciso momento.
Elevo nuevamente mi ceja ante esa vaga explicación, pero no insisto en ello y simplemente bajo mi boca hasta posarla en ella. Sin perder tiempo, comienzo a besarla y lamerla de una manera que sabía que lo haría comenzar a gemir, y Harry no me defrauda. Al instante, el dormitorio comienza a llenarse de jadeos y gemidos. Me entretengo por un tiempo con cada uno de los pezones, pero la excitación que me recorría era tan grande que no podía perderme en ellos tanto como me gustaría. Continúo bajando por ese tonificado cuerpo hasta alcanzar la cintura del pantalón, y a diferencia de Harry, desabotono y abro con extrema maestría el jean para conseguir quitárselo (junto a su ropa interior) en un movimiento fluido y rápido.
Harry me observa con los ojos entrecerrados en lujuria a través de esas pestañas que eran infinitas, a la vez que se muerde el labio inferior para evitar soltar más gemidos; y eso era algo que ciertamente no podía tener. No, conmigo él nunca necesitaría reprimirse. Mientras él fuera mío, me encargaría de hacer que expresara cada una de las emociones que estaba sintiendo con los gestos que él quisiera realizar. Sin apartar la vista de esas esmeraldas, tomo la erección de Harry en un experto agarre y la sopeso por un momento, notando todas y cada una de las diferencias que tenía con la mía. La de Harry era bastante más corta y delgada que la mía, pero tenía un color rosado más oscuro y venas que sobresalían de una manera encantadora. La boca se me llena de saliva al pensar en chupársela hasta lograr convertirlo en una masa lloriqueante y gimiente debajo de mí, y sin encontrar motivos para alargar esto, hago exactamente como pienso.
No apartando la vista de la de Harry ni por un segundo, bajo mi boca hasta poder tomar esa húmeda cabeza y le doy una fuerte succión. El primer contacto de mi lengua con su pija hace que Harry agarre las sábanas con puños y suelta un fuerte gemido que, estaba seguro, podrían escuchar varios de nuestros vecinos. El amargor del presemen inunda mis sentidos y me hace soltar un ahogado gemido, pero no me detengo a pensar en ello y enfoco toda mi concentración en brindarle placer a Harry. Suelto la cabeza y comienzo a realizar un ascendente camino de lamidas, succiones y besos desde la base hasta la punta. La mano que no estaba sosteniendo el erguido miembro se encargaba de retorcer y acariciarle los testículos, lo cual incrementaba aún más los jadeos que Harry estaba haciendo. Al ver lo sensibles que eran, bajo por su longitud y tomo uno de ellos en mi boca, mientras una de mis manos realizaba un movimiento de sube y baja sobre su pene. Cuando le brindo suficiente atención a uno, paso al otro y le desperdigo el mismo tratamiento. La mano que tenía libre viaja un poco más abajo, hacia cierta parte que cubría ese apretado agujerito, pero me contengo a último momento y hago que se desvíe hacia uno de sus muslos. Todavía no. Ya habría tiempo para explorar esa hermosa parte de Harry. Por hoy tendría que ser suficiente con esto, de nada serviría asustarlo con esto ahora, en especial porque ninguno de los dos iba a durar mucho más.
Con un impúdico sonido, suelto el testículo que estaba chupando y vuelvo a ascender por ese hermoso pene al cual ya estaba volviéndome adicto. Mi vista se posa en el agitado joven debajo de mí y no puedo evitar encontrar esa imagen completamente excitante. Harry continuaba apretando las sábanas como si éstas pudieran darle la fuerza suficiente para no correrse. Sus ojos estaban fuertemente cerrados, y su boca estaba ligeramente abierta y soltando ahogados jadeos. Y era todo lo que necesitaba ver para reanudar mi olvidada tarea de brindarle todo el mejor placer que nadie pudo, puede, ni podrá darle jamás. Dejando un último beso sobre la cabeza de la hombría de Harry, lo observo con una hambrienta mirada, y digo:
─Harry, mírame.
Y en cuanto Harry abre sus ojos, abro por completo mi boca y tomo toda su erección en mi boca hasta que incluso golpea mi garganta; pero lo más excitante de todo esto, lo que volvía loco de lujuria a Harry, era el hecho de que aún estaba observándolo. En ningún momento mis ojos se cierran, por el contrario, permanecen fijos en el jadeante rostro de Harry. Mi boca comienza a realizar ascendentes y descendentes movimientos por todo ese erecto miembro en un rápido y constante movimiento, y los sonidos de succión que estaba realizando se sumaban a los descontrolados gritos que Harry estaba soltando. Su rostro era una completa representación del éxtasis y estaba seguro de que él no duraría mucho más antes de que alcanzara el punto de no retorno. Aumento aún más las succiones y chupadas, y cuando estoy seguro de que él estaba a punto de correrse, tomo por completo toda su erección en mi boca hasta que lo siento llegar a mi garganta. Y eso es todo. Harry se eleva un poco de la cama y se corre dando otro de esos gemidos-ronroneos, sólo que este era mil veces más caliente de los que había escuchado hasta ahora.
Diligentemente trago todo su semen sin siquiera pensar en ello, antes de arrastrarme hacia la cabecera de la cama y tomar sus labios en un posesivo ataque. Harry estaba tan perdido en ese mar de placer en el que lo había dejado su orgasmo, que lo único que podía hacer era devolverme a medias el beso. No importaba, realmente no, ya que no necesitaba mucho más para alcanzar mi propia terminación. Unos firmes y rápidos sube y baja sobre mi hinchada pija eran lo único que necesitaba para correrme con fuerza sobre la piel del estómago de Harry, mientras ahogaba mis gemidos en su boca. Sentir mi semen sobre su piel parece traer a Harry de regreso de ese placentero lugar en el cual se había extraviado y suelta un sonido que era en parte gemido y en parte suspiro, como si sentir esa pegajosa sustancia en sí sólo hubiera terminado de coronar el perfecto momento. Nuestras bocas permanecen unidas y besándose, pero no había quedado nada del desenfreno anterior. Por el contrario, los besos que estábamos dándonos eran lánguidos y llenos de esa increíble sensación post orgásmica que era imposible de ser descripta con palabras.
Dejo un último beso sobre esos hinchados labios y lo observo en silencio. Harry tenía los ojos cerrados y sus músculos parecían haberse relajado a tal punto de parecer una masa uniforme sobre la cama, pero lo que más destacaba de todo esto y aquello que me hacía gritar internamente de euforia, era la gran sonrisa que estaba plasmada en su rostro, la misma que gritaba a los cuatro vientos lo mucho que había disfrutado esto.
─Wow. Eso fue…
─¿Bueno? ─Digo con un divertido tono de voz, sin poder evitar reprimir del todo una risita.
─¿Bueno? Eso no sólo fue bueno, Draco. ¡Eso fue increíble! ─Harry dice esto con gran emoción, a la vez que suelta una especie de enamorado suspiro. Lentamente, abre los ojos y los posa en los míos, y en ningún momento deja de sonreír. ─Ese fue sin lugar a dudas el mejor orgasmo de mi vida.
Una fuerte carcajada escapa de mi boca al escuchar esto y le doy una incrédula mirada, negándome por completo al creer en esto. No porque yo no fuera bueno en la cama, de hecho, era lo suficientemente bueno como para que todas mis anteriores conquistas hubieran querido repetir, pero ciertamente no podía creerle cuando decía que una simple mamada había sido su mejor experiencia sexual, por mucho que quisiera hacerlo. Sin embargo, el rostro de Harry se frunce en una mueca y me observa con una penetrante mirada que no expresaba otra cosa más que sinceridad.
─Estás exagerando.
─Hablo en serio, Draco. Eso fue increíble. Nunca pude ser capaz de correrme de esa manera.
─¿Nunca? Pero ¿qué hay de las veces que tuviste sexo con la comadreja? ─Una repugnante mueca se debía de haber apoderado de mi rostro, estaba seguro de ello, porque Harry estaba soltando una risita al verme. ─¡Oh, maldición! Creo que voy a vomitar. El sólo hecho de pensar en ti y esa perra teniendo sexo es… absolutamente repugnante.
─Si te hace sentir mejor, nunca pude tener un orgasmo con ella. La única forma en la que podía hacerlo era si yo me tocaba a mí mismo, y realmente nunca se sentía de esta forma.
─¿Nunca? ¿De verdad? Eso sí que es extraño. Es decir, estabas bajo los efectos de la Amortentia, eso tendría que haber sido suficiente para que se elevaran los niveles de lujuria en ti.
Harry me observa pensativo por unos segundos, a la vez que lleva sus brazos a mi cuello y comienza a juguetear con el cabello que encontraba allí. Después de lo que parece una eternidad, muerde su labio y vuelve a hablar.
─Nunca pude, y eso era algo que Ginny odiaba. No sé por qué la poción no funcionaba correctamente conmigo, pero se sentía como si algo no estuviera bien. Como si eso que estaba haciendo con ella no fuera lo correcto. De hecho, practicarle sexo oral a ella me repugnaba. Odiaba tener que hacerle eso; pero, a pesar del gran fiasco que fue mi patético intento de hoy, no me sentí así en lo absoluto contigo. En realidad, se sintió como si eso fuera lo correcto, lo natural. Algo que en verdad me encantaría volver a intentar hacer. ¿Tiene sentido?
Sí, de hecho, las palabras de Harry tenían mucho sentido. Si bien la forma a la que se había resistido a los efectos de la Amortentia aún no quedaba del todo clara y una parte de ella podía atribuirse únicamente a la fuerza mágica que este poderoso hombre poseía, otra parte sólo podía ser debido a que las preferencias sexuales de Harry siempre parecieron favorecer a los hombres en lugar de a las mujeres, y eso era algo que ni siquiera la Amortentia podría borrar de la mente de Harry porque era parte de su esencia, de lo que lo hacía ser quien era. Esto quedaba claramente confirmado con lo que acababa de confesarme. Una sensación de alivio se extiende por todo mi ser y no puedo hacer nada más que besarlo para transmitirle todo lo feliz que me hacía oírle decir tales cosas. Cuando nos separamos, lo observo con una presumida sonrisa y una ceja en alto que sabía que, muy en el fondo, conseguía excitarlo.
─Tiene perfecto sentido para mí, y si estás dispuesto, estaría encantado de que volvieras a intentar chupármela. Sólo dame unos minutos para recuperarme y será toda tuya de nuevo.
Harry suelta una divertida carcajada ante esto y me atrae para darme un último beso, antes de separarse y lanzar sobre nuestros cuerpos un hechizo sin varita para limpiar los rastros de nuestro anterior encuentro. En un rápido movimiento me recuesto sobre el lado derecho de Harry y de inmediato lo siento acurrucarse sobre mi pecho. Otro pase de la mano de Harry sobre el aire hace que una manta se pose sobre nosotros y nos cubra. Y así, escuchando la acompasada respiración de Harry sobre mí, comienzo a cerrar los ojos y a perderme en un mar de sueños que, por primera vez en mi vida, no serían tan maravillosos como lo era la verdadera realidad. Después de todo, nada podría igualarse a tener al verdadero Harry conmigo.
Notas finales: ¿Qué les ha parecido el Lemon que hemos tenido? Sepan que pueden dejarme sus opiniones en un comentario.
Como pudieron ver, las cosas comenzaron a encenderse entre Draco y Harry; y a partir de ahora, esto sólo se volverá aún más caliente. ;)
Ahora sí, me despido. Nos leemos el próximo fin de semana.
