Se levanto de la silla entumecido y sintiéndose desorientado, algo muy común en esos días.

· - Espera en el pasillo – ordeno la oficial, mientras acomodaba algunos de los papeles que puestos en la mesa.

El pobre chico, obedeció lo mejor que pudo, en verdad ese mareo estaba siendo peor últimamente, necesitaba beber un vaso de agua, y no sabía por qué tenía esa extraña necesidad de comer algunos cuantos insectos demasiado presente en sus pensamientos .

· - Siéntate en esa silla – la orden del oficial no dejando, ningún resquicio para la oposición.

Mientras nuestro joven amigo, sufría en silencio sus malestares, en el interior de la oficina la cosa no era más amena.

· - ¿Algún progreso? – cuestiono el capitán Thomson, mientras tomaba la carpeta de la investigación frente a él.

· -Lamento informarle que no – comento la oficial.

· - ¿No logra recordar nada a un? – pregunto, mientras intentaba hilar entre ellas, alguno de los pocos datos que conocían de ese chico.

· - No – respondió de la oficial.

· - Nos está ocultando algo – fue lo último que comento el capitán dejando la oficina.

Poco después, el joven era subido a una patrulla, a pesar de su mareo creciente, y mientras su compañero conducía, la oficial Roux, repasaba en silencio sus notas.

Adolescente masculino de aproximadamente quince años de edad, encontrado desnudo, hace ocho meses, sin signos de violencia, pérdida de memoria, solo recordaba su nombre, y algunos pocos detalles más de su vida, totalmente fuera del sistema, padres dedicados a la agricultura, ¿muertos quizás?

Volvió a releer esa parte final, algo no cuadraba en este caso, el chico era demasiado grande para no aparecer en la base de datos del gobierno, a menos que nunca lo vieran registrado en el mismo o fuera un inmigrante ilegal.

La cuestión era, inmigrante de donde, su fisonomía tono de piel y tonalidad de cabello, lo hacían poco resaltante, quizás el tono de su cabello, pero ella también era pelirroja, así que no era algo tan inusual.

Por ahora la teoría más aceptada y quizás viable, era que el joven y sus progenitores formaban parte de alguna comunidad aislada dedicada a la agricultura, posiblemente menonitas, el país de origen era todavía más complicado de averiguar debido a la poca cooperación del adolescente, pero se asumía que fuera México a un que no se descartaba Paraguay o Bolivia como su posible origen, pero las pesquisas no daban resultados.

· -Llegamos – replico su compañero, sacándola de su ensoñamiento.

Momentos después, terminado la firma del papeleo en el instituto de acogida, y soportar la cantaleta de la directora Urriola sobre que si fuera posible que informara que el departamento de acogida necesitaba algún fondo gubernamental extra.

Algunas horas después.

Sprig despertaba acostado sobre el piso a un lado de su cama, no lograba recordar como llego ahí en primer lugar.

Recordaba haber bajado de la patrulla y entrado en el edificio, a la señora Urriola hablando con la oficial que llevaba su caso, y poco más.

Se levanto lentamente, sintiendo asco al ver su bote de basura lleno de vomito negro, sintiendo de nuevo las arcadas regresar, vomito segundos después dentro del bote, sintiéndose a un más miserable.

Termino acostándose en su cama y entregándose a sus sueños.

Los cuales eran uno de los pocos lugares donde era feliz, feliz recordando como ayudaba a sus padres a levantar la cosecha, como barría la entrada de la casa, o como añoraba volver a ver a esa chica, a esa chica de pelo castaño que inundaba sus recuerdos, pero que a duras penas lograba recordar.

¿Cómo se llamaba esa chica? Su mente era un mar embravecido, recordaba tomarla de la mano, recordaba haber sido muy buenos amigos, ¿recordaba haber sentido algo por ella?

Nunca lograba sacar nada de esos pensamientos extraños.

Días más tarde.

El instituto de acogida estaba lleno como siempre, niños separados de sus padres, por orden judicial, algunos por migración, otros perdidos y en otros casos por el fallecimiento de sus progenitores o tutores.

· - Pásame la regadera – ordeno a uno de los muchos niños que se arremolinaban a su alrededor, mientras cuidaba el huerto que rescatara en su momento.

Por alguna extraña razón, empezó a sembrar restos de zanahoria, nabos y pepinos, que sobraban de la cocina comunitaria, le relajaban en cierta medida, y poco a poco se convirtió en una actividad que el personal fomentaba, dado que ayudaba a los chicos más grande a entretenerse y a los más pequeños a tener quien los supervisara en el área de juegos justo enfrente del huerto.

· -Veo que el huerto pronto dará su primera cosecha – exclamo alguien detrás de él.

· - Así es señorita Urriola – respondió el chico tomando en esos momentos la regadera de las manos de uno de sus improvisados ayudantes.

La señorita Urriola tenia mas de treinta años de servicio dedicado y ocho como directora de ese instituto, pero incluso con su experiencia, nunca había conocido una situación igual.

Sprig era un caso misterioso, sin apellido, registro medico, sin recuerdos, sin nada, era como si de un momento a otro, apareció en el aire.

· - - te recuerdo tu sesión con la señorita Smith esta tarde – dijo antes de retirarse.

· - - Descuide estaré puntualmente en la sesión – respondió el adolecente mientras regaba el huerto.

La terapia, se suponía que le ayudaría a abrir su mente, sus recuerdos, pero era como si de un espacio en blanco se tratara, bueno totalmente en blanco no.

En ocasiones tenia destellos de colores, recordaba estar enamorado, recordaba haber sentido el aroma de la muerte, recordaba el amor de una familia, y recordaba una cabellera castaña, pero nada mas.

Así que en lugar de hablar de el, la terapia se convirtió lentamente en una educación a grandes rasgos de lo que la sociedad esperaba de una persona funcional.

Que tuviera un trabajo, que siguiera estudiando, etc.

Después de su terapia ayudaba con los mayores a servirle a los mas pequeños la cena, y a lavar la loza usada durante el día.

El centro no tenia a demasiados adolecentes ingresados, y los que estaban ingresados estaban mas vigilados, para evitar problemas a futuro.

Así que unas noches mas tarde se le hizo raro ver a dos de esos chicos casi arrastrar a una de las chicas a una aula vacía.

Lo que paso después, fue algo que no olvidaría pero prefería intentarlo, el saltando sobre esos imbéciles, el llanto de la pobre chica con la ropa desgarrada, la navaja clavada en su costado, el puñetazo que le rompió la nariz a uno de esos mal nacidos, los gritos del señor Sánchez el guardián del instituto entrando junto a la señorita Urriola, y para rematar la patada que le dio al otro tipo directo en las bolas.

Por lo demás fue una noche demasiado larga, que termino con un bote lleno de vomito negro y el tirado en el piso, susurrando entre dientes un solo nombre.

Anne.