No soy precisamente la persona más romántica que existe, pero hare mi mejor esfuerzo. Al menos por publicar esta actualización en el mes correspondiente… aunque si lo hago para los últimos días creo que sabrán disculparme. La vida real por lo general no hace concesiones al fanfiction.

Gracias por su comprension. Espero que esto compense en parte la espera.


Draco no estaba muy seguro de que es lo que su madre esperaba conseguir confrontando a su anfitrión, aunque de lo que si estaba seguro es que no estaba ansioso por averiguarlo. La casa era cómoda, estaban a salvo. En lo que a él se refería era suficiente porque hasta hace muy poco tiempo incluso aquello estaba por encima de lo que pensó era posible. Ser una presa con un blanco pintado en la espalda en su propio país no era algo que olvidase jamás. Pero sí que deseaba un trato más razonable para su tía Bella.

¿Qué daño podía hacer? La casa se encargaba de obliterar cualquier amenaza incluso cuando el enemigo se encontraba pensando en llevarla a cabo. La persona en cuestión solo debía estar dentro de los terrenos. Así que… ¿Exactamente que podía hacerles su tía Bella de tener mayor libertad dentro de la mansión?

Ella también era miembro de la noble y ancestral casa de los Black, pese a que hubiese decidido formar parte de las filas de los mortifagos… si acaso, lo único por lo que debiera ser reprochada era que hubiese huido sola. Pero dadas las circunstancias sí que la entendían.

Ella genuinamente pensó que no había otra opción.

Draco no hizo muchas preguntas, su tía estaba a salvo aun cuando su primo y sus tíos se encontraban todavía en el Reino Unido donde seguramente la situación debía estar deteriorándose rápidamente.

Aun con su propio infierno particular, su familia se encontraba al corriente de otras noticias. Que la situación no los afectase gravemente era porque su familia llevaba siglos establecida allí, todos los negocios y relaciones que mantenían los ayudaban a escapar de crisis como la que se estaba desarrollando, apenas sintiendo su efecto.

La escasez de ingredientes de pociones era algo de lo que Severus se quejaba cuando debía estar en Hogwarts, para las clases y cuando debía hacer las pociones para la Enfermería. Pero del resto, para sus experimentos privados e incluso cualquier encargo, sus clientes eran los encargados de proveer los ingredientes, cubrir sus viáticos y honorarios.

Draco solo ingería pociones elaboradas por el mismísimo Severus o en su defecto, las que el mismo elaboraba.

Era algo que su madre se esforzó en inculcarle aun cuando apenas sabia decir su nombre. Era preparación para el futuro.

Muchas personas deseaban sacarle provecho a su sangre y a su dinero. Entre ellos, muchos no escatimarían en esfuerzos para echar mano del dinero y el poder de los Malfoy. Draco no pasaría a engrosar las filas de aquellos que debían casarse a consecuencia de ser drogados y abusados. No se imaginaba un destino más infame que el de estar casado con tu peor enemigo. Probablemente acabaría matándose, (eso después de asegurarse que esa persona no recibiera ni un knut de la fortuna familiar)

Su pasión por las pociones era en parte un arma y un escudo.

Terminados sus últimos retratos, cada cual más perturbador que el anterior; Draco se encontraba sumergido en preguntas que lejos de disminuir, aumentaban. Como cuando las olas alcanzaban alturas impresionantes antes de ir a morir a las orillas.

Grindelwald, Dumbledore, Potter, el mismísimo Harry Potter. Y alguien más que solo podía ser el padre de Potter.

¿Cómo es que estaban relacionadas todas estas personas? Bien, era algo que debía averiguar si quería que todas las visiones que estaba teniendo dejasen de atormentarle.

En lo único que podían acordar todos era que el mundo se les volvió de cabeza. Todo ocurrió sin que nadie sospechase en lo más mínimo donde iba a parar todo aquello. Hellsing mantenía el control de todo con una eficiencia que dejaba atrás al Ministerio en todos los aspectos. Los ciudadanos que antes no quisieron enfrentar a la única autoridad conocida por conveniencia, tedio o flojera, se encontraban incapaces de enfrentar a un poder organizado como este. Uno, que para más inri, conocía a la perfección a lo que se enfrentaba.

Eran muchos los que no se terminaban de creer todo lo que salió a la luz a raíz de esa intervención. Que Albus Dumbledore estuviese siendo buscado por esta gente con tanto ahínco y lo que ocurrió en Hogwarts. Nada de eso estaba claro. Nadie tenía respuestas.

Lo único que todos sabían es que estaban sin rumbo, sumergidos en problemas y nadie parecía estar dando una solución.

Todo parecía haber empezado a irse al infierno desde que los Malfoy desaparecieran sin dejar rastro, muchas personas los odiaban por ello. Los rumores que circulaban entre las masas eran absurdos.

Que Severus Snape hubiese desaparecido también… pues.

Parecía que estaban sumergidos en una vorágine de problemas.

La desaparición de Snape y los Malfoy, la muerte de Harry Potter, la llegada de Hellsing para intervenir en todo, la escasez, la intervención en Hogwarts y la fuga de Albus Dumbledore que ahora era un fugitivo.

Todo aquello parecían ser hechos aislados sin orden o concierto, una serie de eventos desafortunados que no hicieron sino contribuir al clima de miseria generalizada.

Rumores y teorías volaban en todas direcciones. Todos estaban aterrorizados. Y los que no, pues… no es que estuviesen mucho mejor.

La incertidumbre era generalizada. Y la pregunta que pasaba por la mente de todos era ¿Qué viene ahora?

Que Voldemort no hubiese aparecido ahora… ¿Era acaso una bendición o una maldición? A estas alturas, ya no lo sabían.

Merlín los ayudase a todos.

Andrómeda Tonks no era una mujer débil de corazón, de esas que solían sufrir crisis de nervios y enloquecer a todos los que se encontrasen a su alrededor. Criada en el seno de una familia como los Black, no podía ser de otra manera. Pero… su crianza la había preparado para lidiar con adversarios políticos, administración de los bienes y negocios. Ciertamente, no fue una preparación para aceptar de buen grado que su única hija se metiese a Auror. Y que luego fuese y se involucrase en un desastre tan grande como el que estaba planificando su primo menor. El mismo al que creyeron muerto por más de veinte años.

El infame temperamento Black que era tan celebre en los registros era una forma elegante de decir que todos estaban tocados de la cabeza. Punto. En los hombres, que tuviesen un carácter fuerte era algo aceptado y hasta promovido. Pero, ¿En mujeres? Por ello es que tuvo tantas dificultades en aceptar la elección de carrera de Dora, de hecho, ese solo fue una de las muchas que enfrento a medida que la criaba. Cada día fue un compromiso y aprendizaje. Lo que si tenía claro es que no quería ser como sus propios padres. Jamás. Nymphadora jamás sentiría el temor y la indefensión que invadieron a Andrómeda cuando escucho por primera vez con quien pretendían casarla sus padres, todo en una transacción que para ellos no era diferente a adquirir una membresía en un club de lujo. Aunque, por supuesto, con su decisión llegaban las inevitables variables. Como que su hija se fuese a involucrar en este atolladero que por poca cosa no le cuesta la vida. Y que precisamente fuese Bella quien la hubiese salvado… pues, despertada recuerdos nada agradables para Andrómeda.

¿Qué se supone que estaba ocurriendo? Ni ella lo sabía. Pero si algo llegaba a ocurrirle a Nymphadora… iba a enseñarle a Regulus, Sirius y todos los involucrados exactamente cuál fue su educación en maldiciones no del todo legales. Independientemente que Dora se hubiese involucrado en todo aquello voluntariamente.

Alois se encontraba mejor de lo que estuvo en los meses previos. Es como si su mera presencia en la ciudad le estaba revitalizando. Reservaron habitación en una casa en el barrio francés que fue remodelada para ofrecer sus habitaciones como apartamentos independientes. Todo en aras de ser discretos y renunciar a la menor cantidad posible de comodidades. En algunos puntos, Ciel no cambiaba.

Una vez noble, siempre uno. No vacilaba al momento de cumplir sus misiones si debía ensuciarse las manos para que los resultados cumpliesen con sus estándares y los de Sir Hellsing. Pero, bajo ningún concepto iba a compartir residencia con vagos y malvivientes en alguna pocilga de mala muerte. Expresado exactamente en esas palabras, su categórica negativa fue muy divertida para sus acompañantes.

Bien, ahora a cazar a un mago.

Desde que asumiera su nueva identidad, Enric no tuvo mucho tiempo de ocio, menos aún, tiempo para estar aburrido. Por ello es que encontrarse sin nada que hacer era algo a lo que ya le perdió costumbre e incluso, gusto.

Cuando viviera con sus parientes en Privet Drive, añoraba tener tiempo libre. Y ahora que lo tenía, era precisamente lo que menos quería. Ansiaba estar participando en el plan, el mismo que ayudo a construir.

Su padre puede haber sido la mente principal y el patrocinador del proyecto. Pero al final del día, Enric jugó un papel crucial en todo aquello. Uno que no deseaba abandonar.

El castigo abarcaba que no podía encontrarse presente para discutir nuevos cursos de acción, el progreso de lo implementado, ni siquiera podía ver noticias del Reino Unido. ¡Era absurdo!

Podía decirse que convivía con su furia como constante compañía, era lo que llevaba a todas sus clases privadas, cuando enviaba sus deberes por correo a Ilvermorny. En todas las funciones sociales que debía cumplir. Se hizo tan bueno escondiendo como se sentía en realidad, una máscara perfecta.

Quizá fue eso lo que termino por hacerle experimentar en primera mano una serie de eventos que a primera vista podían llamarse desafortunados.

El castigo no era en si el permanecer encerrado en la mansión Black a todas horas del día. Ciertamente, James deseaba mantenerlo al margen de cualquier cosa que estuviese involucrada en el plan. Del resto, Enric podía hacer lo que quisiese. Y resultaba que ese día se llevaría a cabo una exposición de arte. Era un evento lo suficientemente normal como para asistir a solas por lo que nadie pensó que necesitase compañía. Y casualmente ninguno de los adultos se encontraba libre. Muy conveniente ya que no deseaba compañía.

Por eso, no era precisamente un campista feliz cuando se encontró con Draco Malfoy entre los asistentes al sitio.

No es que él y el rubio hubiesen tenido algún desacuerdo. Todo lo contrario. No cruzaban palabras salvo las necesarias, incluso menos que eso. El menor de los Malfoy estaba en clases particulares y cursaba algunas materias por correspondencia pero no en Ilvermorny. Para aquellas que no podían enseñarse a distancia tenia tutores. Donde se llevaban a cabo sus clases, Enric no sabía.

Lo cierto es que evitaba la compañía del rubio. Por completo. Para él era perfectamente válido fingir que Draco Malfoy no existía. Porque la otra opción le parecía completamente inaceptable.

Era… complejo.

No lo odiaba. Pero aborrecía la idea de estar siendo atraído, arrastrado e inexorablemente coaccionado hacia el otro. De todas las revelaciones a las que tuvo que adaptarse, aquella era la más amarga.

Por razones obvias, no era alguien que reaccionara bien cuando alguien pretendía obligarlo a hacer algo que no deseaba. Eran cicatrices que dejo su vida anterior que no desaparecerían. Si podían suprimirse o controlarse. Pero en la reacción espontánea, Enric no reaccionaba nada bien al ser controlado. No le gustaban las cosas que escapaban de su control o influencia.

Y lo que pasaba con Draco Malfoy era algo que no podía controlar.

Podía mentirse a sí mismo tanto como quisiera, podía ignorar el asunto hasta sofocarlo sin piedad al fondo de su cabeza. Al sitio donde relegaba todo aquello con lo que no quería lidiar. Pero el problema seguía existiendo y bajo ningún concepto se iba a librar. Fue quizá por eso que su reacción visceral fue tan fuerte.

Apenas sus ojos se encontraron con los del rubio debió perder el control de su expresión, lo que sea que leyó Draco en su rostro hizo que el rubio le diera la espalda rápidamente y se quedara al otro lado del salón.

Y si ese primer momento no fue un indicio claro, el día fue de mal en peor a partir de ese momento.

Horas después, caminando a paso apresurado en medio de los muggles y dando miradas de soslayo a su alrededor, Enric pensó con cierta amargura que eran días como estos en los que pensaban las personas cuando empleaban la frase "mejor quedarse en casa". Tener que estar huyendo de sus perseguidores en la renuente compañía de Draco Malfoy no figuraba para nada en la expectativa que tenía para ese día.

Y nada de esto hubiese pasado si le hubiesen dejado continuar con sus planes como antes.

Ya quisiera verle aquí intentando huir de estos tipos.- pensó con amargura.

Draco iba a su lado con una expresión inescrutable. Sin refutarle o sugerirle absolutamente nada. De ser otras las circunstancias, seguramente estaría intentando enmendar las cosas con el rubio. Porque esa lamentable primera impresión en la exposición de arte habría de pasarle factura en un momento crítico. Hasta ahora, el menor de los Malfoy siguió sus instrucciones sin mayor renuencia. Pero… Enric no se hacía ilusiones.

Pese a las circunstancias, Draco Malfoy no se ganó la fama que tenía en Hogwarts por ser de carácter dócil. La obediencia de Draco era solamente porque Enric demostró ser quien mejor podía proceder en esa situación.

James no podía estarse quieto, caminaba de un lado al otro en el estudio esperando por alguna noticia. Hace horas que Enric debía encontrarse en casa. La exposición de arte a la que dijo que iría termino al menos 8 horas antes. Y que Draco también se encontrase en el edificio no ayudaba a controlar los ánimos en casa. Regulus y Lucius estuvieron a nada de maldecirse, al final. Remus de alguna manera controlo la situación. Entre él y Snape tomaron el control.

Demostraron que podían hacer equipo eficientemente cuando sus intereses coincidían. Los aurores no encontraron señal alguna de los chicos. Ni algo que indicara que los secuestraron.

La búsqueda se estaba haciendo a gran escala en todas las zonas maginas de la ciudad porque los Malfoy eran refugiados. Para nadie era un secreto la cacería de brujas que el Ministerio de Fudge había montado para capturarlos, el caos político y social que imperaba en el Reino Unido bien pudo ser la aprobación unánime del asilo que recibieron los Malfoy por parte de las autoridades.

Que fuesen parientes de los Black y que ambas familias hubiesen hecho donativos significativos al gobierno garantizaba que fuesen escuchados y que la búsqueda de sus herederos fuese prioritaria y que el periodo de espera obligatorio fuese abandonado.

El tiempo era crucial.

Que no hubiese señales de algún enfrentamiento era lo que los tenía a todos al borde de un colapso. Bellatrix no necesitaba compartir demasiado sobre los mortifagos para que todos acordasen unánimemente que aquello no podía ser obra de Voldemort o sus mortifagos. Ya tenían suficiente con lo que lidiar. Eso solo dejaba a Hellsing.

Pese a que les temían, Regulus no escatimaría en esfuerzos por destruirlos si es que se atrevían a ponerle una mano encima a su hijo.

En eso al menos, él y Lucius estaban de acuerdo. Iban a demostrarle al mundo que tan temibles podían ser las antiguas familias cuando realmente se les cruzaba por el lado equivocado.

Con una expresión de pocos amigos y el entrecejo fruncido, aun así ella era hermosa. La clase de mujer que esperabas ver en alguna pasarela de modas o en una sesión de fotos y no vagando por las calle, vestida de motorista, con el lenguaje de un marinero y un puño nada desdeñable que no dudaba en emplear cuando algunos de sus admiradores más entusiastas le ofrecían cumplidos por sus atributos.

Y si ella era preciosa, sus acompañantes parecían sacadas de un sueño. Era como si hubiesen tomado cada estereotipo de la mujer ideal y lo hubiesen materializado. Eran seis.

La pelirroja era la que avanzaba al centro y casi de primera. Seguida de una despampanante rubia de ojos azules que sin duda debía ser parte de un film. Eso, o debía querer hacer un casting. Su top recordaba al que usara la mujer maravilla. Iban seguidas de cerca por una pelinegra que recordaba a las chicas que se vestían como vampiros, detrás, venían otras tres. Dos de ellas eran idénticas, gemelas de cabello castaño y ojos almendrados. Y la última era una chica que tenía el cabello con los colores del arcoíris.

Otro punto de interés era una pareja joven, ingleses. Ellos y su mayordomo recorrieron la ciudad disfrutando de los mejores lugares. Si había algún plan en sus visitas, nunca lo compartieron. Pero sí que parecían estar particularmente interesados en los lugares frecuentados por la clase alta del lugar. Cosa que nadie cuestionaba en absoluto. Ellos mismos eran de clase alta. Era natural que quisiesen encontrarse en un ambiente donde pudiesen sentirse cómodos. ¿No?

Que todos estos personajes tan pintorescos se hubiesen encontrado exactamente en la zona que estaban investigando exhaustivamente por la desaparición de los herederos de las casas Black y Malfoy. Y que, casualmente, ninguno de ellos estuviese disponible para un interrogatorio…

Si fuese por las familias ya estuviesen declarados como sospechosos. Tal como estaban las cosas, los aurores de la MACUSA estaban experimentando dificultades conteniendo a Lord Black. Puede que en América el Ministerio fuese independiente de las familias sangre pura, pero eso no quería decir que estas estuviesen completamente indefensas a los designios y caprichos del gobierno. Aparte, eran el tipo de personas que no aceptaban mansamente algo que no les gustaba.

Eso era algo que la Ministra tenía muy presente. Y encima de todo, el incidente era con sus herederos. Eso para esa clase de familias era lo más sagrado.

Si esos dos chicos no aparecían estos dos sí que podían destruir la ciudad si juntaban cabezas.

Lord Lucius Abraxas Malfoy era altivo, arrogante… y fácil de perfilar. Pero aquello no lo hacía inofensivo, que fuese predecible no le quitaba todos los galeones en Gringotts que podía mover.

Lord Black, proclamado por toda la clase alta de la ciudad como el misterioso benefactor de gran parte de sus proyectos ambiciosos. Misterioso en todos los aspectos. Incluso, hasta hace poco era una especie de leyenda inalcanzable del que nadie sabía absolutamente nada. Oh, la familia Black era influyente y poderosa en la ciudad, presentes en todo. Pero aun así, nadie conocía el nombre de su actual cabeza de familia. O que tuviese un hijo.

Enfrentada con esta crisis política y diplomática de proporciones astronómicas, la Presidenta del Magicongreso, Seraphina Picquery sintió encima cada uno de sus años, todo aquello bajo su fachada imperturbable.

Por Merlin que no dejaría que la desaparición de dos adolescentes causase estragos en su ciudad.

La investigación estaba en proceso y no se escatimarían recursos. La exposición de arte de la que los dos chicos desaparecieron estaba siendo investigada. ella y todos sus alrededores. Casi todos los involucrados fueron ubicados para interrogatorio a excepción de un grupo de seis mujeres y una pareja de ingleses.

Era una suerte que los muggles no estuviesen recelosos a estas alturas.

Y es que… parecía que en la ciudad debía haber alguna especie de evento de moda. Últimamente mucha gente de buen ver se encontraba circulando por las calles. La gente pensaba que quizá sería porque estaban filmando alguna película o seguramente empezarían a rodarla pronto.

Por ello, nadie parpadeo siquiera cuando se armó un alboroto en el viejo barrio francés en el que empezaron a verse luces de colores. Como si se tratase de un arcoíris o luces de navidad.

¡Sin duda alguna debían ser efectos especiales! De hecho, lejos de alejarse, aquello atrajo aun a más personas.

Y eran esas fotos y videos cortos que los muggles compartían en sus "redes". Eso es lo que estaban utilizando para reconstruir la escena, y, con algo de suerte encontrar a ambos chicos.