Feliz mes del amor y la amistad, si es que puedo subir esto antes de que termine el mes, eso es. Teniendo en cuenta que subí la actualización de Enero, en Febrero. Voy bien.
Extra: Gracias por los comentarios, tambien, por la paciencia. Con suerte, tendre tiempo de sentarme a ordenar todo esto.
James no terminaba de encajar en La Madriguera. Volver a encontrarse entre esas cuatro paredes se sentía familiar y extraño al mismo tiempo. Pero las cosas no podían ser de otra manera. Ahora que podía salir y entrar de la casa como se le antojase, no había razón para un conflicto.
Luego de ese día, nada volvió a ser lo mismo. Para empezar, la solución a lo que parecía un conflicto eterno entre sus padres estaba dada. Luego de que su madre desestimase el caso, los cargos desaparecieron así, sin más. Todo solo quedo en sus recuerdos y en algún artículo amarillista un par de veces por semana en las columnas laterales del Profeta.
Todos parecían haber adoptado la opinión de no hablar de ello, como si así pudiesen borrar los meses previos si es que algo como eso en algún momento tenía la posibilidad de desaparecer. Era algo que jamás olvidarían pese a los presentes esfuerzos existentes por ahogarlo. Pero una cosa sí que estaba clara y en eso nadie veía la necesidad de reservar sus opiniones. El matrimonio de sus padres estaba acabado. No se podía regresar de algo así.
James pasaba la mayor parte del día fuera de la Madriguera, regresaba por las noches antes del toque de queda para no tener problemas con la abuela Molly. Aunque si fuese por ella, James estaría como Albus y los Slytherin. Sin poder poner un pie fuera de la casa. Solo así estaría contenta.
Lejos de aprovechar su nueva libertad como lo hiciera un mes antes… ahora pasaba su tiempo fuera de la Madriguera en compañía de personas que creció sintiendo la necesidad de odiar. Si de algo sirvió todo aquello fue para devolverle a la cara lo equivocado que estaba, lo patético y prejuicioso que fue en el pasado.
Fred no lo entendía del todo y aquello estaba causando que se distanciaran… pero James no podía simplemente recoger su vieja identidad, volver a sumergirse en ella y hacer como que nada había pasado. ¿Cómo hacerlo después de lo que había enfrentado?
Delphini y todas esas personas que la seguían solo querían vivir en paz. No estaban buscando grandeza, poder, tampoco querían implementar los ideales de Voldemort, si acaso, fueron víctimas colaterales. Se convirtieron en los oprimidos a manos de unas "victimas" implacables sedientas de reivindicaciones inagotables.
¿Qué más podían quitarles?
Eran magos sin derecho siquiera a portar una varita. James no podía imaginarse si quiera un día sin tener la suya, que se sentía como una extensión de su cuerpo.
Tal como estaban las cosas, hacer las paces con todo aquello que hizo antes de abrir los ojos le estaba costando, bastante.
Y un constante recordatorio de su peor faceta eran Albus y Scorpius Malfoy.
No se sentía físicamente capaz de encontrarse en el mismo espacio que ellos sin recordar alguna cosa desagradable que hizo o dijo a alguno o a ambos. De hecho, esa cicatriz mágica en forma de serpiente que llevaba en la mano ya no se activaba para causarle dolor. Su propósito se cumplió. Fuerte y claro.
Tal como estaban las cosas, James debía convivir con aquella sensación que se esforzó en ocultar al fondo de su mente, bien adentro para que no resurgiera… esa de no ser suficiente.
No era suficiente. Pero quería serlo.
Por eso, todos los días que podía permitírselo, se encontraba en esa casa vieja en lo que podía ser llamado el medio de la nada. Rodeado de toda esta gente, ayudándoles en todo lo que pidieran. ¿Quién diría que James Potter se encontraría ayudando a descendientes de los mortifagos? Era fácil olvidarlo cuando jugaba con los niños o cargaba cosas para las ancianas.
Su presencia ya era fija, nadie se cuestionaba que era lo que estaba haciendo allí.
El día de hoy, llovía como si el cielo fuese a caerse en pedazos. Pese a lo viejo de la casa, era cómoda, sin filtraciones. Algo que no podía decirse al verla desde afuera. El escondite perfecto.
Era una maravilla lo que el dinero y la influencia bien aplicados podían hacer. Que Draco Malfoy fuese el benefactor de toda esta gente no era un secreto, al menos, no para ellos. Para otros sí que debía serlo. Todas estas personas eran fugitivas del Ministerio.
Incluidos los niños.
_ Potter- saludo ella fríamente, haciéndose a un lado para dejarle pasar, era un recibimiento cálido en sus libros, especialmente comparado a la primera vez que toco la puerta.
Delphini era una de las pocas personas en ese complejo capaz de pelear. Ella sola, contaba al menos por dos aurores. Conseguir la información de donde se encontraban le costó su tiempo, especialmente porque su padre no estaba muy dispuesto a compartirla al principio.
Su razón para seguir mejorando, debía ser digno de ella. Mientras tanto… aguantaría todo lo que le tuviese preparado. No era menos de lo que se mereciera.
…
Reconciliarse con todos los cambios que afronto en menos de un año era un trabajo de todos los días. Y a veces, cuando el tiempo le permitía apreciar lo lejos que llego, no podía más que apreciarlo.
Al aceptar esa misión, las cosas con Ginny no iban bien, pero jamás se imaginó estar en medio de un divorcio tan turbulento como el que tuvieron. O que hubiese problemas con sus hijos. O entre uno de sus hijos y toda su familia. Simplemente… el Harry Potter de hace unos meses atrás era un hombre que creía saberlo todo y al final no estaba en nada.
Solo así podía justificarse todo lo que paso. Y lo que aún no se solucionaba.
Alcanzar la decisión de dejar a los chicos al cuidado de Molly no fue recibido con mucho entusiasmo por parte de Albus. Y eso fue un recordatorio no muy agradable de la situación. Uno de los sitios que para él fueron un refugio, para su hijo se sentía como si fuese una prisión.
La relación de Albus con los Weasley era un punto sensible… ambas partes estaban firmes en su postura y Harry se encontraba en el medio, deseando desesperadamente que todo se resolviera sin rencores.
En realidad, poco o nada podía hacer para intervenir. Solo le quedaba esperar lo mejor de los involucrados… y rogar por un milagro aunque nunca fue particularmente devoto. Y como estaban las cosas… su propia crisis era un asunto que llevaba meses remitiendo al fondo de su mente.
Como estaba empezando a ver a Draco Malfoy en otra luz… como estaba ahogando a aquella bestia que solo sugiera cuando era joven y empezó a salir con Ginny…
Como acallaba a las voces que surgían de vez en cuando en reacción a alguna cosa que Draco hiciese o dijese.
Lo que era innegable es que se encontraba irrevocablemente fascinado. Respetaba y apoyaba al individuo que era Draco Malfoy ahora.
Muy lejos quedaba el recuerdo de lo que había sido… o al menos, de cómo Harry lo había percibido.
Si Hermione sospechaba que se encontraba inmerso en negación, decidió no inmiscuirse y por eso Harry estaba muy agradecido.
No podía permitirse distracciones cuando estaba librando una guerra contra enemigos invisibles. Aunque quedaba claro que solo se salvaba de la intervención porque Hermione siempre priorizo el bienestar de muchos sobre el bienestar de pocos. Especialmente después de la guerra cuando empezó a trabajar en el Ministerio.
La sesión del Wizengamot seria al mes siguiente y Harry sentía que debía aprender demasiadas cosas antes de ese momento. ¿Sería posible?
Por lo menos, Draco parecía encontrarse revestido en una paciencia infinita y no le sacaba los errores que cometía. Y es que… Harry no era precisamente material de primera clase a la hora de aprender etiqueta. De hecho, la única concesión en ese aspecto era la de ingerir sus alimentos con la boca cerrada y abstenerse de hablar con la boca llena. Y eso era decir mucho para alguien que prácticamente creció con los Weasley. (Ron era un claro ejemplo de ello) él y Hermione tenían suficientes discusiones relacionadas con ese tópico como para que quedase claro que los modales no eran algo por lo que se preocupasen mucho.
Ciertamente encontrarse en esta situación, teniendo que aprender toda clase de cosas que a simple vista parecían completamente superfluas e inútiles… ponía en perspectiva ese primer encuentro con Draco en el callejón Diagon. Aunque al final, de haber conocido todo lo que ahora debía aprender en menos de dos meses. Harry sabía que en ese momento no hubiese cambiado absolutamente nada. Igualmente hubiese elegido a Ron.
_ Deja de caminar con tanta tensión acumulada- interrumpió Draco, desde donde se encontraba consultando unos documentos. Daba la impresión que ni siquiera necesito levantar la vista para saber que Harry tenia mala postura…
_ ¿Cómo es que puedes saberlo si ni siquiera me estás viendo?- repuso Harry, conteniendo la irritación en su tono de voz.
_ Escucho- dijo Draco, haciendo a un lado sus documentos y centrando sus ojos en Harry. Pero eran esos ojos. Y por supuesto que tenía sentido. Nada estaba oculto a los ojos de una criatura. Menos aún una tan poderosa como aparentemente eran los elfos.- Tus pasos son muy fuertes. Eso habla de una tensión, estás preparado para ser atacado en cualquier momento y es habla de una excelente habilidad para el combate. Pero en el Wizengamot no es algo que sea apreciado, al contrario. Son personas que utilizaran absolutamente todo para destrozarte. Todo. Incluso lo que piensas que es insignificante. Y créeme que un par de ellos no van a tener reparos en ofender e insinuar cualquier cosa para que seas desestimado. Es un inicio difícil en tu carrera política gracias a todo lo que hizo Weasley con el divorcio. Pero… si alguien puede conseguirlo, ese eres tú.
Se levantó de la silla con una fluidez y economía en los movimientos que no fallaban en despertar cierta envidia en Harry, especialmente porque debía aprender a desenvolverse de esa manera, al menos mientras se encontrase en el Wizengamot.
_ Creo que ya entiendo porque estabas tan tenso en cuarto curso- comento Draco con una sonrisa.- Aunque la gente no lo ve del todo, caminar y bailar se encuentran relacionados, en un margen reducido pero es así a fin de cuentas. Cuando aprendes desde joven que los movimientos deben ser fluidos… es más fácil mantener una buena postura. No estoy diciendo que sea malo que estés alerta en todo momento, pero si queremos que esto funcione… creo que debo planear otro enfoque.
Y así fue que culmino la lección de ese día. Y Harry se encontraba decidiendo si iba o no a la Madriguera. El sitio que en el pasado se sentía como un refugio… ahora era todo lo contrario.
Sin saber que se iba a encontrar apenas entraba en la casa, Harry no estaba tan ansioso de ir, pero que los chicos se encontrasen allí lo hacía necesario. Era lo que todos acordaron como seguro.
El castillo ya no era solo de ellos.
Si le hubiesen dicho que se encontraría refugiando a un grupo de familiares de mortifagos hace unos meses atrás… el responsable seguramente hubiese acabado en San Mungo.
La propia Delphini Riddle no se encontraba en el castillo, se marchó a un refugio con los ancianos, las mujeres y los niños.
Draco, sus padres, Ron y Hermione se encontraban en Dunottar con todos los que no fueron con Delphini, y era una experiencia tensa para todos.
Ninguna de estas personas participo activamente en la guerra. Con excepción del mismísimo Yaxley. Era el único del grupo que podía representar una amenaza, Dolohov estaba demente. Al parecer una condición de sangre en su familia. Pero aun así a Ron no le hacía pizca de gracia que estuviese cerca de Hermione.
Era una convivencia tensa, en especial porque a toda esta gente le sobraban las razones para detestarles. Aunque no fueron directamente responsables de su miseria, tampoco hicieron lo suficiente para detenerla.
Y por eso, al menos. Estaban arrepentidos y dispuestos a enmendar lo que pudiesen.
Hacer algo que no estaba dispuesto a hacer parecía como un sacrificio insignificante en comparación a lo que todos ellos debieron soportar. Especialmente sus ancianos y niños.
A Harry no le entraba en la cabeza que hubiese niños nacidos en medio de toda aquella persecución y que se hubiese mantenido en secreto con tanto éxito. Aunque la existencia de la misma Delphini debió haberle puesto sobre aviso en que podía construirse un mundo con todas las cosas que ignoraba. Y estas personas estaban especializadas en el anonimato porque para ellos eso significaba mantenerse con vida.
…
Luego de lo que pareció una eternidad, Harry finalmente se sentía seguro para echarse en un sofá y abandonarse al agotamiento que sentía. Los chicos se encontraban en la Madriguera y contaban con escolta. Los Malfoy no fueron retenidos en el Ministerio de forma arbitraria y no tuvo que recurrir a amenazas para que asignasen a un auror imparcial para que tratase con el caso. Se podía decir que salieron bien librados.
Aunque no estaban cerca de averiguar quién estaba detrás de todo aquello, quien estaría ayudando desde las sombras y cual podía ser su objetivo.
Cuando su instinto le advirtió que le observaban. Ya era tarde. Se encontró con una varita firmemente apuntada a la frente, con una pálida pero determinada Delphini Riddle en frente.
Y detrás de ella… James.
_Quiero un Inquebrantable, auror Potter.
James veía de uno al otro, pero no parecía que fuese a intervenir… y estudiando la situación, Harry no tardo en fijarse en la creciente mancha de sangre en la camiseta de ella. En los golpes.
Ellos estuvieron temprano en el enfrentamiento en el que murió Isabela. No era de extrañar que se encontrase herida. En especial porque esos eran hombres elite. Era toda una hazaña que se encontrase ante él. Eso hablaba de promesa…
_ Quizá debería tener más información, antes de jurar algo que podría matarme al menos me gustaría saber de qué se trata.- Harry no se movió para que ella no le lanzase una maldición, pero en eso no iba a ceder.
_ No espero nada bueno del Ministerio y sus perros- la última palabra estaba recubierta de veneno y la semejanza a Bellatrix Black despertó un ramalazo visceral en Harry… aunque se obligó a mantener silencio. No debía ser el primero que lo rompiese- Recientemente, alguien me aseguro que, por lo menos, estaría dispuesto a perdonar inocentes.
_Escucho.
_ Primero, el inquebrantable. James será el testigo- ella no iba a ceder, pese a que se encontraba herida, su varita no flaqueaba. Era implacable.
Harry no deseaba apartar la mirada de ella, solo lo hizo para centrar sus ojos en James. Sin terminarse de creer que se encontrase allí con ella. No parecía que se encontrase bajo la Imperius. Su mirada estaba enfocada. La determinación brillaba en los ojos que heredo de Ginny.
Si esto fuese una estrategia para asesinarlo, James no estaría aquí, y si lo estuviese, seguramente estaría sujeto a la Imperius.
Tal como estaban las cosas, solo podía tomar una apuesta.
James se acercó, con la varita en la mano, al tiempo que Delphini seguía apuntando a Harry con la varita, firmemente sujeta en la mano izquierda. Harry sujeto la mano derecha que ella le tendía.
_ ¿Jura mantener en secreto del Ministerio lo que voy a compartir, Potter?- inquirió Delphini.
_ Si, juro- repuso Harry.
La primera lengua de fuego se envolvió firmemente alrededor de sus manos entrelazadas.
_ ¿Jura proteger a los inocentes, a los que no tienen nada que ver en todo esto, aun cuando tenga razones para odiarlos?
_ Si, juro- Harry ahora estaba intrigado, y seguramente se encontraría con toda una avalancha de problemas por haber aceptado esto en primer lugar.
_ ¿Y si es necesario… estaría dispuesto a luchar contra el Ministro si quisiera eliminarlos?- la mano de ella se cerró con más fuerza en torno a la suya y sus ojos parecían arder a la luz del fuego del Juramento Inquebrantable.
_ Si, juro- repuso Harry al final.
Solo entonces, ella empezó a hablar.
…
Parte de lo que hacia buenos o malos políticos era conocer los movimientos de tus enemigos, aun cuando estos pensaban que estaban haciendo un gran trabajo en ocultar su agenda. La política de alto nivel requería un delicado balance. Uno del que no muchas personas eran capaces. Aunque, por supuesto. El dinero era una necesidad ineludible.
Sin dinero no ibas a llegar muy lejos. Sin importar que tan buenas fuesen tus ideas o cuan impresionante fuese tu talento. El mundo, simplemente, no funcionaba de esa manera.
Al menos, no en estos días.
Los genios bien podían encontrarse cubiertos de mugre y harapos deambulando en las calles mientras que personas mediocres se encontraban viviendo una vida de ensueño. Era una sociedad en la que todo podía ser solucionado con dinero, lo único que no podía ser solventado era la misma falta de dinero. Y quien se hiciese ideas románticas del mundo y la vida no podría tapar el sol con un dedo.
Eran los observadores quienes conservaban su estatus quo. La equidad. Los que iban a la segura no sufrían perdidas mayores… aunque tampoco obtenían ganancias mayores.
Es por ello que este nuevo desarrollo con Potter era algo que les llamaba la atención. Fue un mensaje fuerte y claro. Ya no podían permitirse idioteces o andarse por las ramas. Y tal como estaban las cosas… la siguiente sesión del Wizengamot sería una oportunidad para estudiar el terreno. Una cosa era enfrentarse a alguien que se podía derrotar en el juego de la estrategia. Otra muy distinta era enfrentarse a alguien que podía dar una buena pelea… si no es que romper el tablero contra todo pronóstico.
…
Ginny se sentía fuera de lugar en su propia casa. Era una sensación profundamente desagradable, como si no se encontrase atada a ese lugar más que por la presencia física de sus padres o sus hijos… y de estos últimos, Albus no estaba particularmente inclinado a intercambiar más palabras de las necesarias con ella.
Los chicos estaban involucrados en lo que sea que Harry, Ron y Hermione estuviesen haciendo. Y no estaban ansiosos por compartir detalle. Aparte, Ginny no se sentía cómoda estando en la misma habitación que Scorpius Malfoy.
Era ridículo. Pero aun así, pronto se encontró viviendo con Michael en su pieza pese a las objeciones de su madre.
Desde que llegasen los chicos a la Madriguera no había visto a Harry. Y si se sentía incomoda en presencia del menos de los Malfoy esa incomodidad no era nada comparada a la que sentía a la sola idea de encontrarse con Harry. Ya que James estaba a salvo no quedaba mucho de lo que tuviesen que hablar.
Por ello, le causo una fuerte impresión enterarse que Harry, ese que previamente nos e involucraba en política, en lo que parecía haber sido de un momento a otro se sintiese inclinado no solo a aceptar un asiento en el Wizengamot sino a participar activamente en las sesiones con todo lo que eso implicaba.
Básicamente, Harry estaba haciendo todo lo que en algún momento juro a Ginny que nunca haría. Y nadie quería decirle absolutamente nada.
Tener que aceptar que uno de sus mayores miedos se materializaba y no había nada que pudiese hacer al respecto era un trago amargo. Muy difícil de pasar.
En fin, sentirse fuera de lugar parecía ser aquello de lo que no escaparía.
…
…
Los días transcurrían sin pena ni gloria en la Madriguera, si a Scorpius le preguntaban cuanto tiempo pasó desde el entierro de su madre, no podía dar una respuesta clara. No lo sabía.
Albus y Emma no le dejaban solo, menos mal, porque de lo contrario no hubiese hecho otra cosa salvo quedarse sentado o acostado contemplando el vacío. ¿De que servía otra cosa? Cuando tuvo la iniciativa de hacer algo… perdió más de lo que se le hubiese pasado por la cabeza.
