"Casual II"

Amber Mist

Te Odio.

Cuando llegó a la habitación de su hotel, dejó el trofeo sobre la repisa y caminó cansinamente hacia la cama, donde se dejó caer con pesadez sobre el colchón, boca abajo, con brazos y piernas extendidos y la mirada fija en el pequeño haz de luz que se escabullía por debajo de la puerta, permitiendo esa pequeña iluminación en la oscuridad de su dormitorio. Frunció el ceño, había estado pensando en lo mismo durante toda su fiesta de celebración y por los numerosos días de campeonato, había esperado y albergado todo tipo de esperanzas, practicó durante horas en el espejo las reacciones que reflejaría cuando la vea entrar o saludarlo desde la gradas...

Pero ella no estuvo. La buscó, la esperó, la soñó... pero ella... no estaba...

Una lágrima solitaria rodó por su mejilla para hundirse en las sábanas blancas. La única que se permitió llorar por ella esa noche...

Abrió los ojos al oír el estridente sonido del despertador. Odiaba ese sonido, pues le recordaba que debía regresar al papelerío insoportable de la oficina. Bostezando, aún cansado se levantó, haciendo a un lado las sábanas y poniendo ambos pies en el suelo. Se refregó el rostro con las palmas de sus manos, obligándose a despertar y con un envión desde el colchón, acabó de levantarse.

Caminó hacia la cocina, donde encendió la cafetera para que caliente su tan necesitado líquido y caminó directo hacia el baño para asearse. Sus mañanas rutinarias comenzaban siempre con aquella sensación vacía y molesta en la boca de su estómago, la cual no se debía a su apetito feroz, sino a las repetitivas imágenes que se manifestaban todas las noches en su merecido sueño. Rezongaba por lo bajo, dirigiendo múltiples insultos a la causante de aquel "mal recuerdo" y se regañaba a sí mismo por permitir que ella fuera su primer pensamiento del día; no era justo... desde que se pelearon que había sido igual... incluso cuando mantuvo aquellas desastrosas relaciones, su primer pensamiento en la mañana era Misty...

Y la odiaba por eso...

Encendió la lluvia y esperó a que el agua llegara a una temperatura justa, como todas las mañanas. La imagen soñada regresó a su mente, la dama sin rostro, pues le era imposible imaginar como se vería ella ahora, luego de tantos años, imagen que le hacía preguntarse todas las mañanas cómo será su apariencia¿Se parecerá a sus hermanas¿Seguirá siendo igual que en sus días de viaje?...

-¿Qué me importa eso?­- Gritó dentro de su cabeza. –Puede parecer una modelo ahora... eso no cambia el echo que la odie tanto –

Se sentía más tranquilo y confortado al creer que no le importaría nada de ella, ni su apariencia, ni su carácter, ni su personalidad... nada de las cosas que lo habían cautivado de joven, cuando según él, era demasiado ingenuo para juzgar a una persona, cuando no pudo ver que las demostraciones de amistad y afecto de la joven entrenadora eran solo una farsa...

-Porque a ella jamás le importé... Solo tuvo miedo de quedarse sola... Por eso me persiguió... –

Así comenzaba Ash sus días, alimentando el odio irracional contra Misty, el cual continuaba creciendo con el correr de las horas y que descargaba sobre el gimnasio Celeste.

El vapor que salía de la ducha le indicó que debía entrar ya. Sacudió la cabeza, apartando totalmente el pensamiento y dispuesto a continuar con la monotonía de su mañana.


Se apresuró, recogiéndose su abundante cabello anaranjado en un desprolijo rodete que amenazaba con deshacerse con los movimientos bruscos que la mujer prometía realizar durante el día. Era su segunda jornada lejos de Ciudad Celeste, ansiaba poder regresar cuanto antes a su Gimnasio y levantarlo de la ruina que, seguramente, le habían provocado sus vanidosas hermanas. Tomó su taza de café con un largo sorbo, rezongando por beberlo tan caliente y reuniendo todos sus papeles se dispuso a marcharse...

-Buenos Días, Misty... – La aludida hizo una mueca de disconformidad al escuchar a su compañera y fingiendo una sonrisa volteó para saludarla.

-Buen Día, Eirka. –

-Creo que... – Comenzó la mujer apenada, viéndose su propio pijama aún puesto. –Se me hizo tarde... –

-Te llamé como una docena de veces. Ya tengo que irme. –

-Lo siento, Misty... Llegué muy tarde anoche y... –

-Lo sé. El café está listo y quedó pan para tostadas. Nos vemos más tarde. –

-¿No podrías esperar? Será solo media hora... –

-No tengo media hora, Erika. Tengo que estar en la Liga en veinte minutos y sabes lo complicado que se pone el tránsito a esta hora. –

Erika asintió con la cabeza e hizo un gesto con su mano para indicarle que podía continuar su camino. Misty le sonrió con simpatía llevándose una mano a su rodete el cual desarmó con solo tocarlo y dejó sus papeles sobre el sillón...

-No puedo presentarme así en la Liga. Apresúrate para desayunar y cambiarte, yo tengo que arreglarme como corresponde. –

-Gracias, Misty. Eres una buena amiga. –

-Lo sé. Pero no perdamos tiempo con esto. –

Las tardanzas de su amiga realmente la sacaban de quicio algunas veces, dijo media hora, pero Misty sabía perfectamente que eso significaba más de una hora entera. Sonrió al tiempo que se peinaba correctamente y decidió pensar solo en las conveniencias que tenía al compartir el alquiler con Erika, no solo pagaba la mitad de todos los gastos, sino que la Líder de Ciudad Azulona era una buena confidente y divertida compañera con la que disfrutaba compartir su vida cotidiana, además que ambas atravesaban un dilema similar: mientras Misty debía pagar la pelea con Ash tramitando sus peticiones por caminos burocráticos, Erika debía hacer lo mismo para defender el secreto de su negocio, ya que el mencionado Maestro Pokémon no estaba dispuesto a proteger intereses que no pertenecieran exclusivamente al Gimnasio. La líder de Ciudad Celeste estaba feliz de poder defenestrar la administración de Ash con otro líder de gimnasio, ya que el resto de sus compañeros estaban más que satisfechos con su labor, cuestión que enfurecía a la mujer pelirroja que se veía en constante desventaja.

Se miró al espejo, luego de resolver su cabello dejándolo suelto completamente y asegurándose que estuviese bien peinado. Por alguna razón, pensó que sería una buena oportunidad para arreglarse mejor ese día y, aprovechando que Erika recién estaba preparándose sus tostadas, tomó los accesorios de maquillaje de su compañera y comenzó la investigación de cada frasco.

Media hora más tarde, la entrenadora de Pokémon hierva estaba cambiada y lista para su arreglo personal, mientras Misty continuaba encerrada en el baño terminando de resaltar sus ojos verde-azulados con delineador; la imagen del hombre del bar bailaba entre sus pensamientos, al tiempo que especulaba en el pequeño juego que deseaba comenzar, el juego de cruel seducción que antes habían jugado con ella y que había perdido dolorosamente. Parte de sí aseguraba que un hombre que pretendía sentarse en la mesa de una desconocida, armado con aquella arrogante sonrisa en su rostro era un hábil y experimentado jugador, tenía altas posibilidades de perder ante alguien como él, pero la otra parte aseguraba que valía la pena intentar y en caso de ganarle a alguien como él, aseveraría futuras victorias satisfactorias para su historial de desilusiones.

-Misty... ¿Te falta mucho? Necesito maquillarme... – Ante la voz de su compañera, la aludida se sonrió en el espejo, todo esos años de observar a sus tres hermanas maquillarse podrían garantizarle un master en arreglo personal si el gimnasio se caía en pedazos, cosa que ocurriría si no se apresuraban ambas a acabar con los trámites de la Liga.

-Lo siento, Erika. Es todo tuyo... – Abrió la puerta y recibió la sorprendida expresión de su amiga. -¿Qué?¿Hice algo mal? –

-Para nada, te vez fantástica... Pero... ¿A que se debe ese interés en la imagen? Creí que no te gustaba... –

-Es solo un cambio de exterior. Nada importante. – sonrió ella, al tiempo que le daba espacio a su compañera para que tome su tiempo frente al espejo.

-No te preocupes, amiga. Solo me tomará cinco minutos. Mientras... ponte esto. – Le extendió del botiquín del baño un pequeño frasco de cristal –Usa solo una gota, es una nueva fórmula que estamos desarrollando, más poderosa que las otras. –

-Te lo agradezco, Erika... pero... –

-Pruébatelo, Misty. Tómalo como parte de tu cambio. –

Misty obedeció a su amiga, aplicándose solo una gota del perfume en su muñeca izquierda, ciertamente el aroma era dulce y cautivador, debía admitir que era el mejor que hubo probado, pero antes que pudiese comentarle algo, el teléfono la interrumpió...

-Hola... –

-Buenos Días, necesitaba hablar con la Líder del Gimnasio de Ciudad Azulona, por favor. –

-Sí¿De parte? –

-De la Liga Pokémon, es para responderle sobre una petición. –

-De acuerdo...- No necesitaba preguntar por la propia, pues ya conocía la respuesta, por lo que solo dejó reposar el tubo sobre la pequeña mesa y se acercó a su compañera para avisarle. Erika se apresuró a guardar su delineador en el estuche y se abalanzó hacia el teléfono.

-Sí, habla Erika. –

La líder de Ciudad Celeste observaba a su compañera sonreír y asentir con cada palabra mencionada del otro lado de la línea, era obvio que el Maestro había aprobado su petición, por lo que sumó otras razones por las cuáles ella lo odiaría: seguía sin aprobar sus peticiones y ahora haría que su única compañera en Ciudad Verde tuviera que volver a su pueblo natal, dejándola sola en ese inmenso lugar, podría pensarse que no había posibilidad que él supiera de la amistad que compartían, pero para Misty pensar que Ash apoyara la idea de defender la base de un perfume debía ser solo por causas de extrema necesidad y urgencia, es decir, solo para perjudicarla a ella...

¿Estaba siendo egoísta?¿Estaba siendo egocéntrica? No, estaba siendo racional.


Bebió su vaso de gaseosa tras exponer una amplia sonrisa. Su día había comenzado estupendamente, una vez que llegó a la Liga. El sol brillaba intensamente, la brisa fresca del mediodía balanceaba la fuerza del astro, la comida de su bar preferido jamás le había sabido tan bien, la mesera fue bastante veloz en traerle su pedido, tenía pocos papeles en la oficina por lo que podía asegurarse una tarde de puras batallas y, quizás lo más satisfactorio del día, estaba seguro que pudo arruinar la mañana de Misty con solo firmar un papel; podía parecer un poco cruel su actitud, pero esas acciones pequeñas eran las que le traían sonrisas a sus facciones cada mañana, sobretodo cuando comprobaba que entre los dos era él quien tenía todos los ases para ganar la pelea.

Aprobar la petición de Erika no había sido una decisión sencilla, pues no estaba de acuerdo en que la Liga se comprometa a cubrir como seguro los riesgos que pudiesen correr las fórmulas del perfume que se fabricaba en el gimnasio, las batallas y las medallas no tenían nada que ver en ese asunto. Fue tras descubrir que su "enemiga" y la Líder de Cd. Azulona estaban compartiendo departamento, que la elección le fue más sencilla, después de todo –justificó él- es un apoyo económico que necesita el Gimnasio. Entonces aprobó la petición de Erika y pidió que el asunto fuera tratado con urgencia para que la Líder pudiera regresar rápidamente a sus correspondientes funciones, mientras archivaba peticiones negadas al Gimnasio Celeste, sin tomarse la molestia de leer que era lo que necesitaban.
Cerró los ojos, disfrutando la escena que en su imaginación podría vivir la menor de las hermanas Waterflower, sola en una de las ciudades más grandes de Kanto, ahogada en papeles y trabas burocráticas que le imponía el camino alternativo para que aprueben sus diversas peticiones, rebalsada de cuentas por pagar y con la presión de tener un Gimnasio que se caería a pedazos víctima de la pésima administración de sus hermanas. Sí, para Ash esa era una mañana gloriosa, nada podría arruinarle su buen humor...

Mientras se regocijaba en su fantasía malvada, la puerta del bar se abrió y la mujer pelirroja que había negado su compañía el día anterior, se abría paso entre las mesas, caminando hasta donde estaba él, pero sin siquiera reposar su visión en el hombre aunque fuera una sola vez. Ash se dejó caer contra el respaldo y la observó con la misma expresión arrogante que había usado antes, esperando que de una vez ella lo notara; la mujer escogió una mesa justo en frente de la suya, solo dos sillas vacías los separaban y cuando sacó de su cartera el mismo libro que estaba leyendo anteriormente sus azulados ojos al fin notaron la insistente mirada del hombre moreno que alzando una ceja y sonriendo de lado, volvía a sugerir un intento de seducción que esta vez obtuvo un pequeño resultado: ella también sonrió...

-Sí, Ketchum... Eres todo un ganador... – Se afirmó a sí mismo, al recibir aquella respuesta –Ahora será mejor que no la mire... dejemos que el juego comience... –

Y así lo hizo. Feliz de haber obtenido una mirada más amena que la del día anterior, el hombre pretendió simular que ella ya no estaba allí y continuó comiendo mientras leía interesado los titulares del periódico, aunque gracias al amplio rango de visión, podía distinguir los distintos movimientos de la mujer frente a él...

-Cuidado, Ash... ella es una jugadora experta... Puedes verlo por su forma de mirar, de entornar aquellas largas pestañas... juega tranquilo, no dejes que saque ventaja... –

Sonrió ante las advertencias de su mente y se inclinó hacia delante, apoyando ambos brazos sobre la mesa reposando el peso de su cuerpo sobre ellos, leyendo con simulado interés alguna nota aleatoria, pretendiendo que en aquel movimiento se pudiera apreciar mejor su buen trabajo de ejercicio de brazos que realizaba todas las noches, luego de las batallas en la Liga. Alguna reacción pudo leer en los movimientos de la mujer, pues pese a usar unos comunes jeans, ella cruzó sus piernas de una manera sugestiva, que para cualquier otro observador del bar el movimiento era solo para acomodar mejor su postura de lectura, pero desde la ubicación y perspectiva de Ash, ella estaba claramente mostrándole su perfecta forma y curvas. Para aquello había solo una respuesta que la mujer podría esperar, él levantó la vista del periódico y le sonrió, aún con aire confiado, recibiendo una directa mirada de ella, luego volvió a bajar la cabeza al texto y continuó la lectura.

Los movimientos de ambos eran sutiles y lentos, como si en todo el local fuesen los únicos presentes, se movían en un ritmo único que solo ellos podían realizar, pese que para los demás clientes y trabajadores, entre esas dos mesas no había más que dos sillas vacías, para los dos jóvenes el ambiente era aún más reducido y solo esperaban ser vencedores de la primera parte del juego: quien lograra seducir primero, quien consiguiese que el otro se sonrojara o apenara de su conducta, quien obligara al otro a abandonar la postura seductora por un momento, quien pudiera mantenerse en pie luego del duelo de miradas y diminutos movimientos, aquel sería el vencedor.

Misty realizó, entonces, una de las tácticas más eficaces que conocía. Se acarició su cuello, cerrando los ojos simulando masajearse una dolorosa contractura, que de hecho tenía en ese momento, e inclinando su cabeza a un lado, obligó a su abundante cabello a caer delicadamente, con una corriente hipnotizante de sedoso manto anaranjado que delineó con elegancia el trayecto del movimiento. Ash no pudo evitar mirarla embobado, pese a que su mente le exigía no fijar demasiado la vista. Con esfuerzo promovido por su competitividad y ambición de ganar pudo continuar con su artículo aparentando no estar impresionado por la táctica, haciendo que la mujer perdiera todo interés por la contienda y, verdaderamente, se concentrara en su libro.
Entonces él se dio cuenta de su error al dejar que decayera el momento, pidió la cuenta de su almuerzo y se dispuso a retirarse decepcionado. Al levantarse de su lugar y colocarse su abrigo, encontró en el bolsillo de este una carta que le abriría una nueva posibilidad, se acercó a la mesa de ella con el mismo paso confiado y seguro que había usado anteriormente, encontró la mirada de ella cuando se detuvo justo en frente y apoyó su mano en la mesa, la mujer le sonrió asumiendo su victoria, suponiendo que sería él quien daría el primer paso, pero no fue así, Ash le devolvió la expresión y se reincorporó de la mesa continuando su camino como si no hubiese pasado nada. Misty observó el lugar en donde se había apoyado, encontrando allí un bombón de chocolate, volteó con una amplia sonrisa ilusionada y dispuesta a agradecerle, el gesto la había cautivado y fue justamente eso la que la llevó a la indiscutible derrota, el hombre no volteó, ni se molestó en volver a mirarla, pero era obvio que la derrotada deseaba que lo hiciera...

-Maldito... – Pensó, luego que la figura de él se desvanecía a lo lejos a través de la puerta de vidrio. Golpeó con furia la mesa, recordando toda la escena y preguntándose en que se había equivocado, asumiendo que perdió solo por golosa. ¿Por qué a ella le costó tanto captar su atención y para él fue tan fácil?¿Por qué era tan injusto? No importaba, era solo una batalla que decidió concederle, porque Misty estaba dispuesta a ganar la "Guerra"...


Cuando llegó a la oficina pensó en sacarse los zapatos al sentarse en el escritorio, pues creyó que ya no cabría en ellos de lo orgulloso que estaba de sí mismo. La mujer del bar con esa pequeña "pelea" de tácticas seductoras –de la cual era el flamante vencedor- le había dado a su día, tan maravilloso desde el inicio, un brillo adicional. En el camino de regreso a su trabajo, recolectó diversas miradas, caídas de ojos y sonrisas de varias chicas y mujeres a quienes les dedicó su recientemente aprobada sonrisa "matadora", se creía invencible, todo un "galanaso" y esa seguridad es la que llamó la atención del grupo femenino que lo seguía con la mirada por la calle...

-Ketchum... Eres el próximo Brad Pitt... – Se dijo a sí mismo, sentándose en su gran silla de cuero y apoyando su espalda contra el alto respaldo. Comenzó a recrear en su mente su escena en el bar, permitiéndose ser más conciente de los delicados movimientos de su "contrincante", de su hermoso y brillante cabello que caía con gracia hacia un costado cuando ella inclinó la cabeza y le expuso la elegante línea de su cuello; pensó en los cautivadores ojos verde-azulados que se ensombrecían cuando ella entrecerraba sus largas pestañas negras. Debía admitir que, de quedarse cinco minutos más, él sería el perdedor del combate. Negó con la cabeza, sorprendido y algo apenado de sus pensamientos, nunca se había comportado de una manera tan superficial, ni se había permitido caer tan fácilmente en las redes de belleza de las mujeres: pero ella era diferente... podía sentirlo...

-Sr. Ketchum, tiene una llamada por la línea uno. – La voz de su secretaria lo volvió a la realidad de la oficina, le agradeció gentilmente por el comunicador y atendió la llamada sin molestarse en preguntar quien era.

-Ketchum, buenas tardes. –

-Buenas para usted, señor Maestro Pokémon. – Le respondió una furiosa voz femenina del otro lado, una voz que no pudo precisar a quién pertenecía.

-Dígame¿Quién habla? – Él continuaba con un tono amable, pues pocas cosas podrían haber opacado su glorioso día.

-La Líder de Gimnasio de Ciudad Celeste. – Afirmó con cierto orgullo.

-Ah, Misty Waterflower. – Dijo entre dientes, sintiendo la cercanía de nubes negras en su momentáneo paraíso.

-Señorita Waterflower para usted. – Resistió una carcajada; estaba furioso con ella, la odiaba, pero su terquedad y carácter eran características que le encantaban de ella.

-De acuerdo¿Qué se le ofrece? –

-Sé que no puedo obtener nada de usted, Ketchum. –

-Señor Maestro para usted. – Se burló, creyendo que el mal tiempo pararía enseguida.

-No sea ridículo. – Protestó del otro lado. –Solo llamaba para informarle que no necesito su aprobación para sacar a flote mi Gimnasio. –

-No lo dudo. – Replicó instantáneamente, aún con una pizca de comicidad, pero creyéndolo profundamente –Tenga en cuenta que no es necesario reportarme el modo que efectuará sus trámites, Señorita Waterflower. –

-Lo sé. Solo quería que supiera que ya no seré su divertimento diario. Haré los trámites por el camino tradicional.-

-Por mí está bien. Ya se me estaba acabando el marcador rojo. Espero disfrute llenar formularios, tendrá que firmar muchos. –

-Claro que lo haré. No necesito sus atajos, nunca funcionan. – Ella sabía cuales eran los puntos sensibles del Maestro, perderse en los caminos era el estigma de Ash y una costumbre que detestaba de sí mismo, ninguna otra metáfora podría haberlo enojado tanto.

-¿Es todo? –

--No. – Contestó, con el mismo aire sobrador y confiado que había mantenido durante toda la conversación –También recuerde que lo odio. –

-Es mutuo. –

-Buenas Tardes. –

-Adiós. –

Al colgar, dejó escapar un largo suspiro que parecía más angustiado que molesto. Pelear con Misty de la manera abstracta en que se manejaban, mediante papeles, no le era tan dificultoso como en persona. Hacía años que no escuchaba su voz, no recordaba como era... fue extraño oírla... Si bien durante la conversación le pareció divertido burlarse de ella, ahora sentía el momento como una carga. Sonrió tristemente y se permitió pensar en una distracción que lo ayudara a sobreponerse, el tema anterior a la llamada: la Mujer del Bar, una vez más se abrió paso entre sus pensamientos, lo cual le ayudó a ver la situación con Misty de otra manera...

-Ketchum... Has vencido a dos mujeres en una tarde. Eres El Maestro. –

Lejos estaba de imaginar que en realidad, había vencido dos veces a la misma mujer y mucho menos pudo pensar que ella preparaba una estrategia doble para él.

CONTINUARA