Capítulo 3 Los templos
Karah mira a sus alrededores, el cómo ella y el Zabrak bajan en la plataforma de manera lenta para que así, ella pueda apreciar la construcción; Obeliscos cuyas puntas emanan una luz carmesí que iluminan los extensos pasillos que llevan a puertas triangulares en cada dirección.
La energía en el templo se manifiesta en susurros que hunden la psique de Karah, quien aprieta su cabeza para prevenir escucharlas. Lleva toda su vida teniendo que oírlas, pero no pasaban de murmuros casi audibles, ahora resuenan como si fueran gritos rebotando en su mente.
─No, déjalas entrar. Ellos te guiaran, su fuerza será la tuya. ─Indica el Zabrak al tentar el hombro de la pelirroja mientras está gime cómo si quisiera llorar.
─ ¡Cállelas! ¡Por favor! ─Suplica Karah tratando de levantarse pero en su cuerpo se ejerce algún tipo de fuerza gravitatoria que la vuelve más pesada, es el Zabrak, usa su dominio para mantenerla de rodillas y dejarla humillada mientras es incapaz de defenderse ante los espectros que le hablan.
─Oblígame. ─Ínsita el Zabrak al ejercer más presión. ─¿Quieres detenerme? ¡Entonces usa tu ira!
Karah puede sentir su cerebro palpitar mientras gruñe; Risas se manifiestan, gruñidos de furia que la alientan a caer en el lado oscuro cómo aquel momento en el que libero su relámpago. Su cuerpo se tensa al saber que su única opción e luchar, cómo su padre le dijo. Ella está destinada a un mayor propósito, aprieta su collar y ejerce presión sobre
Él sonríe al ver que el temblor en sus rodillas no es por miedo, más bien es su voluntad manifestándose contra la suya. Lentamente ella ejerce la misma fuerza para anular su poder y levantarse, incluso ve que la plataforma se está agrietando. La deja ir, ella ya le demostró qué está dispuesta a luchar.
─Los jedi, ignorantes, pretenciosos. Hace años un maestro jedi y su padawan lucharon en este planeta y ni siquiera sintieron el lado oscuro emanando del planeta. Su ego los cegó, por eso los sith perseveran y ellos ahora viven en el olvido. Nosotros, podemos reinar desde aquí Karah, podemos terminar lo que Temerius y Palpatine tenían planeado. ─Recita aquel Zabrak al tomarla del hombro mientras aterrizan al suelo.
Karah ve la pirámide frente a ella, escrita en un dialecto que el tiempo ya olvidó pero de alguna manera le comunica un mensaje. Un mensaje sobre tomar el poder con sus propias manos, sobre el lado oscuro de la fuerza.
Viendo directo al diamante rojo de la entrada, las voces vuelven pero ya no le provocan dolores de cabeza, ahora las escucha a la perfección; Alientan su sed de venganza por lo que le hicieron a su padre, le muestran visiones de su derecho de nacimiento. El trono de la galaxia le pertenece a ella, su logró más grande será el alza de los Sith, no importan las vidas que deban perderse, la de su padre fue la que lo empezó su nuevo reinado y la honrará alzándose ante los demás.
Aquel Zabrak sonríe al ver la espalda de su nueva aprendiz, iluminándose por el carmesí que crea una perfecta silueta a contra luz, cuya sombra refleja al primer lord Sith, darth temerius; Nacida en una familia grande, perteneciente a los que tienen el privilegio de la fuerza y con la sombra de los emperadores del lado oscuro, ella es la sombra del imperio que conquistara la galaxia y él será su maestro.
…
En la nave de Luke; Él puede detectar un disturbio en la fuerza, la sombra del lado oscuro manifestándose en alguna parte de la galaxia. Pero lo que más le preocupa es la mirada de Shmi, quien ve por la ventana aquel mar de estrellas, sabiendo que su vista apunta a Lothal.
─Yo también extraño Tatooine, pero el estar allí me recuerda los cuerpos quemados de mi tía y tío, el hecho de que mis amigos volaron de allí antes que yo. Aun así, a veces extraño la sensación áspera de la arena y ver los soles gemelos ponerse. ─Cuenta Luke al sentarse al lado de Shmi y ver el espacio. A veces él también desea ver su planeta asomarse en las estrellas.
─¿Cómo se abandona algo, cuando es lo único que conoces toda tu vida? ─Pregunta Shmi, aun apreciando la ventana.
─Te llevas una parte de ese lugar contigo, cómo los recuerdos, un contrabandista que quería mucho dinero junto a su Wookie. ─Luke ríe y luego ve al astro mecánico negro de su padawan, sonríe al recordar a su compañero que actualmente está en el senado con su hermana. ─Un droide que tú tío compro.
Al escuchar la palabra droide, Shmi finalmente mira a otro lado. Observa a su compañero leal que de alguna manera siempre estuvo para ella. Recuerda más cosas con él que con sus padres, lo mismo con el pobre Delfox quien se encuentra reposando en la enfermería. Se llevó consigo un oficial y quizá una excusa para volver a su hogar en algún momento, pero ella decidió ir con Luke, su corazón le dice que fue la decisión correcta.
─Maistro Luke, estaimo reicibiendo un mensaje del Almirante Solo. ─Grita el piloto para llamar la atención de Luke.
Luke se apresura a la cabina del piloto, sentándose al lado de un viejo Gungan quien oprime los botones del transmisor, revelando al holograma del Almirante Han Solo quien se muestra estoico ante Luke.
─¿Qué paso Han? ─Pregunta Luke al sonreírle.
─Es almirante solo para ti, maestro Skywalker. ─Responde el almirante.
Ambos se quedan en silencio, viéndose directamente con una mirada fría por unos cuantos segundos. El primero en sonreír es Luke quien esboza una risilla, siendo seguida por Han quien aumenta el volumen de su risa.
Son diez segundos de alegría entre amigos tan íntimos, diez segundos que en una galaxia tan violenta valen lo mismo que toda una vida. Para ambos, la felicidad a veces se siente cómo un lujo, toda una vida llena de supervivencia para Han y un viaje lleno de pérdidas para Luke. No es malo tener esos pequeños momentos de felicidad y apreciarlos.
Shmi esboza una sonrisa al ver que su maestro no es un hombre tan serió cómo ella creyó, los cuentos relataban a los Jedi cómo hombres estoicos que jamás sonreían, que luchaban con furia para la paz hasta que traicionaron al senado… pero siempre se preguntó entonces cómo es que el imperio fue peor que los Jedi quienes se supone eran codiciosos. ¿Cómo guerreros de la paz intentarían tomar el poder?
En Lothal, el capitán Delfox le contó alguna vez que un Jedi liberó el lugar a costa de irse al infinito espacio con una manada de Purrgil. ¿Si los Jedi eran corruptos cómo uno los salvó? Ella quiere ser un Jedi pero no se siente malvada, más bien ansiosa, más cuando ve a aquel hombre rubio frente a ella siendo tan optimista incluso cuando habla con un líder militar.
Han deja de reír, inhala y exhala aun manteniendo su sonrisa. Mira a Luke sabiendo que él sabrá manejar las noticias.
─Luke. ¿Estás consiente de lo que acaba de pasar en Naboo? ─Interroga Han, cruzando sus brazos al ver a su amigo.
─Estoy consciente del Zabrak con el sable de luz. Deduzco que es un inquisidor sobreviviente, algún plan de respaldo de Palpatine. Iré a investigarlo una vez que establezca a mi padawan a la academia. ─Responde Luke al acariciar la cabellera de Shmi quién ríe por ese gesto.
─Luke, dicen que el Zabrak se llevó a una niña. Según el censo ella se llama Krah Krennic y algunos soldados la vieron usar la fuerza.
Shmi siente el cambio de humor de Luke, ve la piel erizada del maestro así como la pérdida de su sonrisa, siendo remplazada por miedo a esa información.
Los pensamientos negativos empiezan a abrumar a Luke, la idea de un nuevo Lord Sith y una aprendiz emergiendo al mismo tiempo que él intenta rehacer la orden Jedi. El apellido Krennic le suena de algún lado, pero para él los lazos de sangre son irrelevantes comparados con las acciones de los individuos.
Shmi ve la mano de Luke temblar cómo si algo se apoderara de su mente, a ella le reconfortaba abrazar a Mequi cuando se sentía sola, pero tristemente su tacto era solo metal frío, no era igual a cuando un Lothcat se le acercaba a jugar y ella sonreía por poder acariciar su tibio vientre.
Sin temor, toma la mano de su maestro quién vuelve a la realidad con una fuerte exhalada. Voltea a Shmi quien se mira preocupada por él mientras acaricia su mano. Se da cuenta de que si él teme, transmitirá el miedo a su aprendiz. Recuerda las palabras de su maestro verde. ´´Un reto de por vida es, no transformar el miedo en furia´´
─Gracias, Shmi. ─Susurra Luke al apretar la mano de la niña y recibe cómo respuesta una sonrisa.
Han nota la mirada que esa niña le da a Luke, no es la de una alumna a su maestro. Aunque es el primer momento en el que ve a esa desconocida infante, cree que ella le hará más bien a Luke que él a ella.
─¿Quieres que mande a algunos soldados en busca del Zabrak? ─Pregunta Han para calmar a Luke.
─No. Es muy peligroso para alguien que no tiene experiencia contra estos guerreros. Por el momento los dejaremos ir, no podemos darnos el lujo de perder gente así. Pensaremos en una estrategia para localizarlos, pero ustedes manténganse pendiente de grupos imperiales. ─Asegura Luke manteniéndose firme ante la situación. ─Si aparece nueva información no dudes en informarme Han.
─Así será Luke, que la fuerza te acompañe. ─Se despide Han asintiendo.
El holograma desaparece mientras Luke se sienta y acaricia su barba pensando en su siguiente movimiento. Un lord Sith intentando alzarse, usando a una niña sensible cómo títere para consolidar su legado, le parece repugnante pero no puede negar que en cierta medida es parecido a lo que los Jedi hacían al llevarse a recién nacidos y él también se está llevando a una niña huérfana en este momento. Pero al menos él lo hace con su permiso, posiblemente el zabrak abdujo a esa tal Karah.
─¿Deisea que cambiemos el rumbo? ─Pregunta el piloto pero solo recibe un gesto negativo por parte de Luke.
El Gungan asiente y continua su camino, oprime una secuencia de botones para que ingresar al hiperespacio.
─No me cansó de esta parte. ─Asegura Luke al tomar del hombro a Shmi y acercarla a la ventana para que preste atención.
El motor resuena cómo un blaster cargándose y de repente las estrellas se deforman, convirtiéndose en un túnel celeste que parece rodearse de nubes tormentosas. De repente un ´´boom´´ resuena y la nave sale disparada. Shmi puede sentir cómo se mueven a tal velocidad que toda visibilidad parece nula pero a sus alrededores la sensación de vida se manifiesta. Escucha unos ecos en sus alrededores y su corazón entra en un estado de confort.
Luke también las escucha, ballenas que viajan en el hiperespacio sin rumbo fijo o más bien sin rumbo conocido por ellos. Solo sabe de una persona que ha logrado ver el supuesto final del camino de los Purrgil, ve la sonrisa de Shmi y el cómo ella ríe mientras alza la mano hacía el cristal e instintivamente cierra los ojos.
Él también lo hace, siguiendo las acciones de la niña. Ambos se sincronizan y meditan para sentir los pensamientos de las ballenas, pudiendo escuchar que en sus ecos hay una calma que se transmite a ellos. La fuerza se transmite en ellos, pueden escuchar sus voces y entenderlas sin hablar el mismo idioma, encuentran reconfortante el cómo en tiempos violentos, puedan encontrar criaturas que transmitan aquella paz, el camino que los Jedi deben transferir a la galaxia.
…
Karah entra a una de las habitaciones del templo, un conjunto de tres asientos empolvados, desgarrados por el paso del tiempo. Tal vez algún animal lo usó para descansar, tal vez algún explorador se topó con el lugar y busco tesoros entre los cojines.
Instintivamente, Karah va y se sienta en el del centro debido a que tiene la apariencia de un trono. Se hunde en la comodidad de su silla y suspira mientras relaja su espalda.
Puede ver bien que hay frente a ella, un Zabrak hincándose frente a ello cómo si ella fuera su líder a pesar de ser su aprendiz. Son así de altas las expectativas que le tiene, ella debe lograr obtener el poder para que los demás se arrodillen igual que él. Piensa en los cuentos Sith que su padre le contaba, en lo fácil que hizo ver a Palpatine consiguiendo poder dentro del senado para corromper la republica desde adentro. Ella no tiene tanto alcance.
─No te preocupes por el poder, nosotros tenemos aliados. ─Indica su maestro cómo si leyera sus pensamientos.
Ella lo ve sacar un comunicador y proyectar un holograma de un oficial de alto rango imperial, un hombre de canas y con una cicatriz en el ojo. Ya se ve cómo un viejo que se encuentra listo para el retiro.
─Oficial especial Warlord. Asumo que encontró a la sucesora. ─Habla el hombre con una voz lenta y profunda, cómo si sus pulmones se esforzaran en exhalar sus palabras de la boca.
─Almirante York, no lo haría perder su tiempo. Mírela por su mismo. ─Indica el Zabrak al apuntar a Karah.
El holograma voltea y ve con un seco rostro a Karah, mostrando que no está impresionado por lo que ve, cómo si hubiese esperado algo mejor.
Ella frunce el ceño al ver ese rostro de subestimación, parece que ahora tiene cómo reto personal mostrarle que es una Sith capaz. Se levanta de su silla e infla el pecho para tratar de parecer más amenazante ante el almirante pero este ni se inmuta.
─La niña Krennic, claro. ─Dice el Almirante con poca energía o impresión, solo suspira agotado. ─Naboo sigue rodeado de fuerzas neo republicanas, tendrán que encontrar una salida por su cuenta. Buena suerte.
El holograma desaparece, dejando a Karah molesta por esa actitud mientras Warlord manifiesta su indiferencia ante la susodicha.
La chica baja la mirada, cerrando los puños por la furia de no parecer digna ante quien debería ser su subordinado. Su corazón se acelera mientras piensa en el menosprecio con el que ha sido tratada, cómo si no importara quien es.
─Ignora al Almirante York, él jamás entendió el poder de los Sith.
─¿Porqué yo? ─Pregunta Karah.
El Zabrak arquea la ceja mientras se acerca a Karah.
─¿Por qué me eligió si apenas tengo poder? ─Vuelve a interrogar la pelirroja al sentir humedad en sus mejillas. No es digna en sentarse en el trono de un Sith. Ni siquiera pudo unirse a las filas del imperio para seguir su legado familiar. ¿Cómo seguiría el legado de un lord Sith?
El maestro la toma del hombro, acaricia su mejilla para limpiar su lagrima y después procede a golpearle el estómago, sacándole todo el aire y poniéndola de rodillas mientras escucha sus gemidos.
Karah se retuerce y siente el pie del Zabrak empujándola al suelo de una patada, recibiendo fría grava en su cara que rasga sus mejillas y la hace toser.
─Porqué Palpatine sintió que en ti podría recaer su legado. Yo soy solo un esbirro. ─Responde él al patearle su rostro y dejarla inconsciente.
…
Desde el crucero imperial, el almirante se mira harto mientras se dirige a la ventana para ver las estrellas, apreciando sus cazas TIE patrullar el perímetro.
─Mi señor, esa era la elegida del emperador. ─Dice una joven de cabellos oscuros, usando el uniforme gris de los oficiales del imperio.
─Pfff. ´´Elegida por el emperador´´ ─Arremeda el almirante mientras cierra su puño. ─El mayor error de ese asqueroso anciano es creer que aquella burda magia podría darle control. El verdadero poder se gana en combate, no puedes avanzar a base de trucos baratos. Cuando lleguen yo mismo los ejecutare, no más usuarios de la fuerza que creen merecerlo todo.
La oficial duda en las palabras del Almirante, se supone que deben seguir la voluntad del emperador. Pero al almirante York no parece importarle, desde que tomó el mando de las flotas de soldados ha ignorado impuesto su voluntad en contra de todos los enemigos del imperio, todos los escuadrones que manda lanzan ofensivas sin piedad, erradicando pueblos enteros cómo lo hacía el emperador, pero al menos Palpatine daba la oportunidad de rendirse y obedecer. York solo aniquila sin cuestionar, por eso más y más reclutas llegan a su flota, piensan que así él tendría clemencia con sus pueblos.
Un droide de protocolo entra a la sala, poniéndose entre la oficial y el almirante.
─Diga unidad C7. ─Ordena el Almirante.
─Hemos interceptado una transmisión entre el almirante Solo y el gran maestro Skywalker. Nuestros operadores están rastreando al Jedi. ─Dice el droide.
─Déjelo, es al almirante al que necesitamos eliminar. ─Ordena el almirante al mirar despectivamente al droide. ─Un contrabandista que ahora tiene un puesto importante en el gobierno. Eso es un asco y un pésimo ejemplo a los que se reclutan a sus filas.
─Entendido. ─Responde el droide al retirarse.
─Oficial Xebec, por favor vaya alistando un escuadrón de soldados para que busquen al almirante y lo exterminen. Yo debo dirigir parte de la flota al borde exterior.
El almirante vuelve a darle la espalda a su subordinada sabiendo que ella obedecerá sin cuestionarse, no es tan valiente cómo para traicionar a alguien. Por eso sigue en un rango tan menor cómo una simple oficial, es demasiado fácil estar encima de ella.
Mirando a las estrellas, el almirante piensa en lo lejanas que se ven pero lo fácil que es llegar a ellas. Miles de sistemas, millones de especies. Todas regidas bajo sus propias leyes que se interponen a las de otros, se atacan por recursos que tienen los demás, codician los que ellas tienen. Sindicatos del crimen, piratas espaciales, contrabandistas; Todos son iguales, un montón de desordenados que deben ser castigados, controlados. El nuevo imperio lo controlara todo y así al fin la galaxia tendrá paz.
…
El maestro y su padawan llegan a un planeta lleno de árboles, largos y delgados, de hojas con poco grosor. Más altos que las casas de Lothal, con menos civilización en sus alrededores. De hecho no parece un planeta colonizado pues en la única construcción allí es la de dos estructuras de piedra, una asemeja un templo y la otra una choza para varias personas.
Shmi baja de la nave, apreciando el claro cielo y unas aves volando. Puede sentir la paz alrededor, un lugar recóndito que la galaxia no ha tocado. Posiblemente algo más allá del sentido común guío a Luke hacia ese lugar.
Luke sonríe al bajar de la nave, apreciando su academia jedi y viendo a su segunda alumna, sintiendo que en ella hay un brillante por venir.
─Ese Shmi, es el templo Kenobi. Allí aprenderás a meditar correctamente y allí en esa choza podrás dormir junto a tu compañero. ─Señala Luke mientras baja de la nave.
─¿Compañero? ─Pregunta Shmi sin entender.
─Supongo que olvide comentarlo. ─Responde Luke rascando su nuca en señal de pena por no haber mencionado ese detalle antes. ─ ¡Link, tenemos una padawan nueva!
De los árboles, salta un joven con un sable de luz azul. Se abalanza sobre Luke en un ataque sorpresa.
Luke simplemente mueve su mano y desvía a ese joven, quien cae al suelo. Termina gimiendo mientras soba su brazo para calmar su dolor.
Shmi ve al joven frente a ella, se ve dos años mayor y sus mechones blancos le recuerdan a las nubes del cielo. Sin pensarlo dos veces, ella se le acerca al muchacho quien la ve con una sonrisa apenada.
─Los ataques sorpresa rara vez funcionan con un jedi, pero admiro el intento. ─Dice Luke, no oculta una arrogante sonrisa ante su alumno.
Pero ese joven no le presta atención a su maestro, sino a la chica rubia que se encuentra frente a él y en su sonrisa que llega hasta lo profundo de su corazón.
─Hola. Mi nombre es Shmi. ─Saluda la niña al tomar la mano lastimada de Link.
Él para no preocuparla, ignora su dolor y se levanta cómo si no pasara nada. Sonríe y hace una reverencia para mostrarle su respeto.
Luke entre cierra los ojos al notar esa mirada entrelazada, sabiendo que tal vez no es amistad y compañerismo lo que se forje en ellos, pero si algo que la historia le enseñó es que a veces si dejas fluir esos sentimientos se puede esperar un mejor resultado a reprimirlos. Si es el destino que la fuerza desea, él cómo alguna vez un mandaloriano le dijo solo puede decir.
─El camino así es. ─Susurra Luke al ver a sus dos alumnos sonriéndose, mientras el ve aquel templo en el que van a entrenar.
