Bueno, primero de todo, gracias a los reviews! Pocos pero de calidad ;-) Un saludo a todos los que leen este vicio y dejen un review, que no les cuesta nada y hacen felices a los escritores ;-P
El silencio es algo terrible. Te envuelve y te mortifica cuando estás solo. Te inunda y te enfría la piel, y te muerde y te araña, y luego no hay nadie que te abrace ni que te cure las heridas. El silencio es soledad para los que desisten y ausencia para los que esperan. House teme el silencio y es por eso por lo que se compró un piano y volvió a tocarlo (Arrastrando a los pobres transportistas por 3 manzanas con el pesado instrumento hasta llegar a su casa), se compró un mp3 que llena de canciones de Jimmy Hendrix y óperas como Carmina Burana o Turandot, una manta polar, que nunca podrá reemplazar un abrazo femenino pero que al menos lo intenta, llenó los cajones del escritorio de botes de vicodina vacíos que ha ido coleccionando con el paso del tiempo y las estanterías de libros que, aunque no haya leído, parece que sus viejos y polvorientos autores le acompañan.
Por eso, House persigue a su jefa por todo el hospital a pesar de parecer un "cojo patético", como se refiere a él mismo. Porque en el fondo sabe que ella, a pesar de tener un "pisito Cuddy Malibú" y todo el éxito profesional en sus manos, también teme el silencio. Y puede que sus conversaciones nunca pasen de una pelea, de ética y moral, o de sarcasmo puro y duro, pero son sonidos, y eso marca la diferencia.
Y, quizás en alguna de esas casualidades de la vida, todo eso se haya mezclado formando un remolino de sentimientos contradictorios teniendo como resultado que ahora mismo haya una botella vacía de alcohol en el suelo del despacho de Cuddy; que las puertas estén cerradas a pesar de no haber nadie en el hospital que puedan molestarles porque se supone que no deben estar ahí a esa hora (Son las 4 de la mañana... se supone que NADIE debería estar); que se oigan gemidos entrecortados a través de los gruesos cristales de las ventanas; que haya un bastón tirado en el suelo; que unos labios se entretengan mordiendo otros labios; piel suave rozando una áspera barba de tres días; olor a frutas contra una agresiva esencia masculina; gemidos; "House..." ; ojos verdes; un destello azul metálico; tirabuzones negros y el principio del fin del silencio. Mañana acabarán despertándose en casa de él, despeinados y con resaca, pero no arrepentidos. Ella mirará la hora y él dirá:
- No ha estado mal. ¿Cuánto te debo?
A lo que la doctora contestará, siempre sin perder la sonrisa:
- House, cuatro horas más de consulta. Y esta noche quiero verte en mi despacho.
Y saldrá por la puerta, dejando un leve olor a frutas en la almohada.
