Bueno, y aquí vengo con otro shot. Pero antes de nada, muchas gracias por los reviews de Ocean Lady y Gritzy! O Me animaron a escribir!!! ;-) Y creo que eso es todo. Espero que disfruten este nuevo vicio!!!
"Humillación: Hecho de rebajar el orgullo o la dignidad de alguien. Señal de sumisión. Actitud de inferioridad respecto a otro o pérdida de dignidad por alguna acción, circunstancia, etc"
A pesar de los esfuerzos por comunicarse con él, House seguía empeñado en responderle con una mirada silenciosa.
- ¡Habla con ella¡Todavía se puede hacer algo! – El médico despegó los labios resecos, cansado de la retahíla de Cuddy.
- No. Es su decisión y la respeto
- ¡Y una mierda! Tú no respetas a nada ni a nadie cuando quieres conseguir algo. ¡Habla con Stacy¡Pídele perdón!
- ¡¿Qué le pida perdón¿Por qué¿Por ser como soy¿Por ser en lo que me ha convertido? Si no puede aguantarme tal como soy ahora, no podrá aguantarme nunca. Y yo no estoy dispuesto a cambiar – La mujer se sentó, rendida, al lado de House.
- Entonces es definitivo… - declaró con un suspiro de culpabilidad. Al fin y al cabo ella también le había traicionado y su pierna no volvería a ser lo que era.
- No. Sólo nos estamos "dando un tiempo". Veremos a otras personas… Incluso me ha dejado el teléfono de una amiga suya muy barata. – Con un sonido de reproche, Cuddy se levantó de nuevo. No podía estarse quieta. Caminó un poco examinando la casa y se apoyó en el marco de la puerta que daba a la cocina. El médico parecía ignorarla y ahora jugaba distraídamente con su nueva adquisición. Un bastón oscuro, que le acompañaría mucho tiempo. Ella gruñó y se dio la vuelta, directa a la cocina. Necesitaba un vaso de agua. Tenía que bajar como fuera el nudo que se le había ido formando en la garganta con la conversación, aunque sabía que no podría conseguirlo ni bebiendo toda el agua de la fuente que se encontraba frente al Princeton-Plainsboro. Un sonido la distrajo de su actividad. El teléfono estaba sonando. Supuso que House no se levantaría a cogerlo, así que dejó el vaso que tenía en la mano en la encimera de la cocina y se dirigió al salón. En ese mismo momento el médico se levantaba a coger el aparato pero se distrajo con la rápida entrada de Cuddy y perdió el equilibrio. Todo fue cuestión de segundos. En un acto reflejo apoyó con fuerza su pierna derecha en el suelo y eso le provocó un dolor abrasador por todo el muslo. El bastón cayó con un golpe seco al suelo, y su dueño no corrió mejor suerte. Cuando Cuddy pudo reaccionar, corrió hacia él. El timbre del teléfono quedó pronto olvidado a pesar de que seguía sonando con endemoniada insistencia. House se aferraba a su pierna como si fuera lo único que le separara de un profundo abismo. Cuando se calmó, la doctora se agachó para ayudarle a levantarse, pero él pronunció un seco "no", con la misma firmeza con la que un padre niega un capricho a un niño malcriado. Con lo poco que le quedaba de orgullo alcanzó su bastón, que había caído cerca y se intentó incorporar. Primero una mano, luego el bastón… Madera contra baldosa de nuevo. Primer intento fallido. Segundo intento también. Cuddy intentaba evitar la escena. No soportaba ver al gran Gregory House humillado de esa manera. Vencido por el dolor de la carne. Era como admitir que era un ser humano, que llegaría el día en el que hubiera algo que el no pudiera resolver, que un día no estaría a su lado para soltar cualquier comentario estúpido, una respuesta mordaz a un paciente. Y como se suele decir, a la tercera va a la vencida. Tras reponerse se sentó en el sillón y miró a Cuddy con esos azules penetrantes tan característicos...
Después de ese día la mujer dejó gradualmente de visitar a su médico estrella. A partir de ahora tendría que afrontar todos los efectos de su infarto muscular él sólo. Era lo que había decidido y ella no quería interponerse aunque supiera que no era lo mejor para el agrio carácter del hombre. No quería añadir más culpabilidad a su condena. La condena de hacer lo correcto…
