Star Wars pertenece a Disney (creado por George Lucas)
Harry Potter pertenece a J.K. Rowling
Harem de Anakin: Padme Amidala, la futura maestra del consejo Adi Gallia, las caballeras Jedi Bultar Swan y Luminara Onduli.
Harén de Harry Potter: Hermione Granger, Susan Bones, Daphne y Astoria Greengrass, Parvati y Padma Patil. Aayla Secura y Maris Brood.
Star Wars: El Nuevo Camino
Capítulo 47: El Ministerio de Magia: el lugar más seguro.
.
Los Mortífagos tenían la orden de infiltrarse en el Departamento de Misterios, ingresar en la Sala de las Profecías y recuperar la Profecía.
Por desgracia, en más de cuatro años, había muchos cambios arquitectónicos interiores y ninguno de ellos, era empleado o tenía contactos dentro del Ministerio, a causa de la reforma de 1991, donde muchos de ellos tuvieron que abandonar sus puestos de trabajo o tendrían que firmar contratos, que los obligarían a ser fieles al ministerio y a ningún poder externo.
Eso hacía que esta situación, fuera un asco para ellos. Pero su señor no quería comprender, que todo esto, era ahora un Ministerio muy distinto a aquel del cual había estado escuchando antes de 1991, pues en aquella época, antes del 1 de septiembre, Voldemort tuvo su momento para conocer cierta información, sobre cómo funcionaba todo, desde que él fuera derrotado por primera vez, en 1981.
Era un Ministerio distinto, tenían que cruzar un largo pasillo que antes no estaba allí, sino hasta la nueva reforma de protección ministerial y la arquitectura del Ministerio de Magia, fue modificada. Gruñendo, cruzaron pasillos, subieron escaleras, doblaron hacía la derecha o izquierda, siguiendo pasillos interminables, con puertas y se preguntaron si iban en la dirección correcta.
Finalmente creyeron encontrar una salida de ese laberinto, viendo una puerta que decía: «Nivel 9»
—Es por aquí —dijo Renfield, tomando el mando y pasando por encima de Yaxley, quien era el líder del grupo. No alcanzaron ni a dar seis pasos, cuando la magia del pasillo se activó, las paredes se cubrieron de Runas a lo largo de las paredes de cada lado y desde las Runas surgieron relámpagos escarlatas, que los electrocutaron.
— ¡¿DEFENSAS DE GRINGOTTS?! —preguntó Yaxley asombrado, mientras caía de rodillas, mientras seguía sintiendo los relámpagos atravesarle. Las puertas a ambos lados se abrieron, Aurores, Magos de Choque y Magos de Choque/Inefables, salieron y comenzaron un combate, en un lugar muy pequeño, que además de todo, cuando intentaron usar los Imperdonables, sufrieron un nuevo castigo.
— ¡Cru...! —al intentar usar la maldición Cruciatus, unas cadenas se enredaron alrededor del cuerpo de uno de ellos y luego lo azotó contra el muro varias y repetidas veces. Otros trataron de usar la maldición de tortura y sufrieron su misma suerte.
— ¡Ava...! —al intentarlo con la maldición Asesina, muchos galones de una poción misteriosa, cayeron encima de ellos, causándoles un dolor nauseabundo y endureciendo sus túnicas y volviendo sus pieles resbaladizas y pesadas, causando que soltaran sus varitas.
Al intentar usar una Bombarda no-verbal, creyendo que era obra de nombrar las maldiciones en voz alta, también sufrieron un destino similar: con círculos rúnicos apareciendo a cada lado de las paredes, liberando relámpagos, contra los Mortífagos.
—La Magia Oscura, está totalmente prohibida en la Inglaterra Mágica —dijo una voz poderosa, que causó escalofríos y llenó los corazones de los Mortífagos de angustia. Era Amelia Bones, parada al final del pasillo, con diez Aurores más. A todos les colocaron grilletes en manos y pies, llevándoselos de allí.
—Directo a los calabozos, Amelia —ordenó pomposamente, el Ministro Fudge. Quiero nombres, ubicaciones, fechas y todo cuanto puedas extraer.
—Lo tendrá mañana mismo a primera hora, señor Ministro —aseguró Amelia.
—Trae a un Dementor —ordenó el hombre, retirándose de allí.
— ¡EL SEÑOR OSCURO LOS ASESINARÁ PERSONALMENTE POR ESTO! —Gritó Yaxley, mientras zarandeaba las cadenas, tratando de liberarse, pero los Aurores lo tenían muy bien sujeto y lo jalaban. — ¡NO PIENSES QUE ESTO SE QUEDARÁ SIN UNA VENDETTA, FUDGE!
—Amelia —gruñó Fudge azaroso —eleva el nivel de protección. Si han intentado ingresar en el Departamento de Misterios...
—Descuide, señor —dijo uno de aquellos diez Aurores, que vinieron con Amelia. —Nos encargaremos de resguardar este lugar.
.
Voldemort apareció en medio del atrio del Ministerio de Magia, junto a la Fuerte de los Hermanos Mágicos.
Gruñó enfadado, por el fracaso de sus Mortífagos y por cuan eficiente se volvió el Ministerio de Magia, en menos de cuatro años mal contados. Todo por culpa de Lily Potter, quien sobrevivió a su Maldición Asesina, junto a su despreciable hijo, gracias a esos dos sujetos desconocidos. Apretó los dientes, al recordar el combate en el Cementerio, aun podía sentir los relámpagos de Harry Potter, quemándolo. Caminó rápidamente, hacía el ascensor, para descender hacía el nivel 9 del Ministerio de Magia y tomar la Profecía él mismo.
Calvo, piel pálida, ojos de color escarlata que brillaban por obra del enfado, en lugar de nariz tenía dos rendijas como una serpiente y una boca sin labios. Vestido con una túnica negra y la varita en la mano derecha. —Mis patéticos sirvientes... no son capaces de cumplir una directriz sencilla —gruñó, comenzando a caminar, hacía el ascensor.
—Has cometido una estupidez viniendo aquí esta noche, Tom —dijo Dumbledore con serenidad—. Los Aurores están en camino… —movió ligeramente, su nueva varita en su mano derecha —aunque esperaba que Harry viniera esta noche, para que se enfrentaran. Maldición. ¿Dónde demonios está Harry? —se preguntó. Necesitaba desesperadamente, saber si su hipótesis era real y si Voldemort, había acaso tomado su sangre, para traspasarla. Pero hasta donde él entendía y creía no irse a equivocar, Voldemort no volvió a tener contacto con Harry Potter, sino hasta 1994, ¿verdad?
— ¡Pero cuando lleguen, yo me habré ido y tú estarás muerto! —le espetó Voldemort. Luego lanzó otra maldición asesina a Dumbledore, pero no dio en el blanco, sino que golpeó la mesa del mago de seguridad, que se prendió fuego. Dumbledore también usó su varita, y fue tal la potencia del hechizo que emanó de ella que, pese a estar protegido por su dorado guardián. Esa vez, Voldemort se vio obligado a crear un reluciente escudo de plata para desviarlo. El hechizo, fuera el que fuese, no le produjo daños visibles al escudo, aunque le arrancó una fuerte nota parecida al sonido de un gong, francamente estremecedor. —¿No quieres matarme, Dumbledore? —le preguntó Voldemort asomando los entrecerrados y rojos ojos por encima del borde del escudo—. Estás por encima de esa crueldad, ¿verdad?
—Ambos sabemos que existen otras formas de destruir a un hombre, Tom — respondió Dumbledore, impasible, y siguió caminando hacia Voldemort como si no temiera absolutamente nada, como si no tuviera ningún motivo para interrumpir su paseo por el vestíbulo—. Reconozco que quitarte la vida no bastaría para satisfacerme…
— ¡No hay nada peor que la muerte, Dumbledore! —gruñó Voldemort.
Pero Harry, quien lo veía todo, gracias a la meditación profunda en La Fuerza, solo podía reírse, ante la estupidez de su enemigo. —Idiota. Claro que hay cosas peores que la muerte... como ser un respetado Sangre Pura y repentinamente, ver que tu conexión con la magia, se ha cortado inesperadamente.
—Te equivocas —replicó Dumbledore, que continuaba acercándose a Voldemort y hablaba con despreocupación, como si discutieran tranquilamente aquel asunto mientras se tomaban una copa. Dumbledore caminaba como si tal cosa, expuesto, desprotegido. —De hecho, tu incapacidad para comprender que hay cosas mucho peores que la muerte siempre ha sido tu mayor debilidad.
Otro haz de luz verde surgió de detrás del escudo de plata. Esta vez fue el centauro, que galopaba delante de Dumbledore, el que recibió el impacto y se hizo añicos, pero, antes de que los fragmentos llegaran al suelo, Dumbledore echó hacia atrás su varita y la sacudió como si blandiera un látigo. Una larga y delgada llama salió de la punta y se enroscó alrededor de Voldemort, abrazando también el escudo. Por un instante pareció que Dumbledore había ganado, pero entonces la cuerda luminosa se convirtió en una serpiente que soltó a Voldemort de inmediato y se dio la vuelta, silbando furiosa, para enfrentarse a Dumbledore.
Voldemort desapareció, y la serpiente echó hacia atrás la parte del cuerpo que tenía levantada del suelo, preparada para atacar.
Hubo un fogonazo en el aire, por encima de Dumbledore, y en ese preciso momento reapareció Voldemort: estaba de pie en el pedestal, en el centro de la fuente donde hasta hacía poco se alzaban las cinco estatuas. Otro haz de luz verde salió despedido de la varita de Voldemort hacia Dumbledore, y la serpiente atacó…
Entonces Fawkes descendió en picado ante Dumbledore, abrió mucho el pico y se tragó todo el haz de luz verde: estalló en llamas y cayó al suelo, pequeño, encogido e incapaz de volar. De inmediato, Dumbledore blandió su varita y describió un largo y fluido movimiento: la serpiente, que había estado a punto de clavarle los colmillos, saltó por los aires y quedó reducida a una voluta de humo negro, y el agua de la fuente se alzó formando una especie de capullo de cristal fundido y cubrió a Voldemort.
Durante un instante lo único que se vio de él fue una oscura, borrosa y desdibujada figura sin rostro que se estremecía sobre el pedestal; era evidente que intentaba librarse de aquella sofocante masa… Pero de pronto desapareció, y el agua cayó con gran estruendo en la fuente, se derramó por el borde e inundó el suelo.
El Atrio estaba lleno de gente; en el suelo se reflejaban las llamas de color verde esmeralda que habían prendido en todas las chimeneas de una de las paredes; y un torrente de brujas y de magos salía por ellas. Cuando Dumbledore lo ayudó a ponerse en pie, el anciano líder de la Orden del Fénix vio las pequeñas estatuas de oro del elfo doméstico y del duende, que guiaban a un atónito Cornelius Fudge. — ¡POR LAS BARBAS DE MERLÍN! ¡AQUÍ! ¡EL MUY DESGRACIADO ESTABA AQUÍ, EN EL MISMÍSIMO MINISTERIO DE MAGIA!
Una sonrisa de abuelo, apareció en los labios de Dumbledore, sabiendo que este era su momento. Después de cinco años de porquería, finalmente su momento estaba aquí. Aquí mismo, para recuperar su poder político. O al menos, algo muy parecido. —Cornelius. Con mucho gusto, tendré a la Orden del Fénix, a disposición de Madame Bones, para rastrear el Ministerio y poner a tantos Aurores como sea posible, en los puntos más estratégicos...
—Ya estamos haciendo eso mismo, Sr. Dumbledore —dijo un miembro del cuerpo de Choque, mirándolo con el ceño fruncido. —Necesitamos que venga con nosotros, para una declaración. —Dumbledore lo miró sorprendido. Al parecer, después de cuatro años, desde que perdió su poder político, todavía creía que todos le respetaban o le tenían alguna consideración o cariño —Solo será contestar a unas cuantas preguntas, como, por ejemplo: ¿Cómo sabía usted, que Tom Ryddle estaría aquí esta misma noche, antes que nosotros? Nosotros solo lo supusimos, porque las defensas del Ministerio, nos alertaron de la Marca Tenebrosa y al sentir la magia oscura, aquel pasillo por el cual los Mortífagos caminaban, activaron las Salvaguardas permitiéndonos apresarlos.
—Muy bien —dijo Fudge, radiante de alegría—, entonces haga una copia de sus notas, Weasley, tomen los recuerdos de Dumbledore sobre el combate, los recuerdos de los Aurores que arrestaron a los Mortífagos en el pasillo de trampa, y mándela cuanto antes a El Profeta. ¡Si enviamos una lechuza rápida podrán publicarla en la edición de la mañana! —Percy salió a toda prisa del despacho y cerró la puerta tras él. Entonces el ministro se volvió hacia Dumbledore. Como si le costara hablar. —Gracias. Por demorarlo... permitirme ver al desgraciado, con mis propios ojos. Y.… prestar a la Orden del Fénix.
—Señor Ministro —dijo Amelia Bones, como si acabara de llegar a un campo minado —creería que lo mejor, es irse a una casa de seguridad. Es posible, que el próximo intento de atentado de Ryddle, sea contra su persona, para matarlo y colocar a su propio Ministro de Magia. —Fudge palideció y asintió. Pronto, seis Aurores lo siguieron hacía el elevador, donde desapareció.
.
A la mañana siguiente, la noticia salió en primera plana:
Ryddle se infiltra en el Ministerio de Magia.
Dumbledore vs Tom Ryddle.
.
La humillación que sintió Tom Ryddle, al saber que tantos de sus Mortífagos, habían sido capturados y dados de alimento a los Dementores, llenó su corazón de furia.
Claramente, todo esto fue una trampa.
Y pagarían muy caro por ello.
