Capítulo beteado por Flor y Yani. Gracias chicas por haberme acompañado en esta historia, por todas las correcciones que hicieron a lo largo de estos 14 capítulos.


Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 14

Rosalie

Mis dedos temblaron y la tira de tocino cayó de mi boca a la sartén.

Sucedía siempre lo mismo cuando lo escuchaba llegar a casa.

―El desayuno está listo ―canturreé alegre como si nada pasara, tragando mis nervios.

No escuché a los niños y supuse que aún estaban en sus habitaciones, vistiéndose para ir a clases.

Me paralicé frente a la estufa cuando sentí su respiración detrás de mi cuello, los vellos se me erizaron a causa del miedo que me provocaba su cercanía. Mi cuerpo estaba sin moverse cuando sus largos dedos tocaron mi piel expuesta, jugando con el pequeño rollito que se formaba sobre mi cintura.

―Sigues comiendo a escondidas ―susurró en mi oído―, por eso estás cómo estás.

Mis ojos se llenaron de lágrimas, pero pude resistir de no derramar ninguna.

―Anoche no cené ―me lamenté.

Escuché su risa cuando sus dedos apresaron la carne que me sobraba en la cintura y lo odié. Detestaba que me tocara de esa forma.

―Deberías estar como tu amiga ―añadió―, ella es madre y es sumamente delgada con una figura encantadora. Algo deberías aprender al juntarte con ella, aunque sea pídele una maldita dieta o algo que te sirva para perder peso.

Tragué el nudo en la garganta.

―He perdido dos kilos en el último mes ―articulé.

Su risa burlona resonó detrás de mí. Odiaba que se riera de mí, que se mofara de mi cuerpo sin ningún respeto.

Me giré hacia él. Royce mantenía una sonrisa cínica en sus labios, vestido con ropa de ejercicio se cruzó de brazos mirándome con desdén, como si fuese una apestada.

―Deberías acompañarme al gym ―articuló―, hacer algo por volver a gustarme.

―No tengo tiempo, entre los niños, la casa y el trabajo a duras penas puedo dormir seis horas.

Royce se acercó con un paso, su rostro muy cerca del mío.

―Es detestable tu olor a grasa ―dijo―, todo el tiempo hueles igual, quizás ya tienes impregnado ese olor en tu cuerpo.

―No entiendo por qué si me ducho dos veces al día.

―Pues no lo haces bien. Hueles a comida, estás desaliñada todo el tiempo y encima con sobrepeso, simplemente no haces nada por gustarme.

―Compraré otra loción.

―Sírveme de comer ―ordenó.

Me volví hacia la estufa y despistadamente olí la piel de mis brazos. El aroma a tocino estaba en mi piel y fue entonces que mis lágrimas cayeron.

―¡Papi! ―Mis hijos llegaron corriendo con él. No era necesario voltear a ver que ellos estaban llenándolo de besos y él correspondía su cariño.

Porque Royce podía ser el hombre más cruel, pero era el padre más amoroso que pudiera conocer.

―Siéntense, mis amores, que su madre nos servirá el desayuno. Apúrate, Rose.

Mis hombros se hundieron, no sabía si en alivio o porque me había acostumbrado a sus malos modos.

Y es que no siempre fue así. Éramos un matrimonio normal, yo era feliz, me sentía dichosa con mis hijos y él, incluso había complicidad entre nosotros. Hasta que un día sus bromas se volvieron crueles e hirientes y sus comentarios empezaron a doler dejando de ser graciosos.

Le pedí que parara, que no me gustaban ese tipo de juegos. En cambio, todo empeoró. Royce encontró diversión en humillarme y sus bromas fueron trasladadas a nuestra intimidad donde seguía haciendo mofa de las imperfecciones de mi cuerpo.

Una vez lo enfrenté. Recuerdo que fui contra él y quise poner un alto, pero mi autoestima estaba herida, él siguió con sus constantes bromas de mal gusto y yo terminé por rendirme y aceptar que eran parte de nuestro matrimonio.

Estaba cansada. Mucho. Pero ocultaba muy bien mi sentir porque solía guardar todo para mí. Tenía que seguir aparentando que no pasaba nada, que era una mujer feliz y fuerte.

Se suponía que debía ser así, hasta que Emmett Cullen apareció. Él llegó como bálsamo de paz para calmar lo turbio de mi vida, pero sabía que no podía dar ningún otro paso, no era tan valiente como fingía ser.

―Chicos… ―comentó Royce, ganándose mi atención―, una adivinanza: ¿quién huele siempre a tocino y tiene cabello rubio?

Mis niños empezaron a reír sin tener idea de qué responder. Mis ganas de llorar se hicieron presentes, el pecho me dolía.

―Royce, por favor ―murmuré al tiempo que servía los platos.

―¿Qué? Solo estamos jugando. ―Empezó a hacer ruidos extraños que asemejaban a un cerdo.

No soporté y salí corriendo hacia la habitación. Ya no podía más, no soportaba un minuto más vivir con él.

Lloré amargamente mientras me retorcía en las sábanas de la cama.

No quería tener sentimientos crueles hacia nadie, sin embargo, odiaba el hecho de que otros fueran felices y yo no.

Edward

―¿Hay alguna forma de que ese imbécil tenga derechos sobre Matt?

El hombre frente a mí se quitó las gafas de aumento y presionó sus dedos en el puente de su nariz. Jenks en ningún momento dejó de ver mis ojos.

―No lo hay ―respondió, dándole paz a mi alma―. Si dices que no estuvo con tu esposa ni en el embarazo, no hay nada que pueda reclamar. Sus derechos se perdieron desde hace años.

―Pero si él era menor de edad ―añadí―, puede decir que sus padres lo obligaron a irse, ¿no? No sé, inventar mil excusas con tal de obtener una custodia.

―Tranquilo, Cullen. De la nada un hombre no puede aparecer exigiendo derechos cuando no cumplió con sus responsabilidades paternales. Es un dar y dar. Él se desentendió por completo durante casi siete años.

―Jenks, ¿podrías ayudarme con el cambio de apellido? No conozco bien los movimientos a seguir.

―Solo se trata de llenar un formulario ―me explicó― y pagar una cuota. No creo que exista mayor problema ya que el niño mantiene su apellido materno. Será un procedimiento sencillo porque ustedes están casados. Incluso se hace vía internet, te enviaré el enlace para que con tu esposa puedan llenarlo, si les es complicado puedes hablarme y les ayudaré con gusto. Después de eso tendrán una cita ante el juez para explicar las razones y ya.

Asentí mientras veía el enlace en la pantalla de mi móvil.

»Cullen ―continuó―, desde el momento que el niño lleve tu apellido tendrás todas las responsabilidades de un padre, es decir, si llegas a divorciarte tendrías que cumplir con la manutención de él.

―Estoy consciente de lo que quiero.

Jenks sonrió. Me despedí de él y me dispuse a salir de su oficina.

Era un viejo amigo. Un abogado retirado que me ayudaba de vez en cuando con algunos contratos de remodelación. Siempre me ayudaba a discernir las letras chiquitas que aparecen en cada contrato para no cometer ningún error y evitar que me vieran la cara.

.

Era sábado por la tarde.

Emmett no había dejado de llamar y enviar mensajes, así que cuando lo vi en el patio trasero de la casa supe que venía en busca de explicaciones, había dejado botado mi trabajo para cuidar de mi esposa.

―¡Estás haciendo carne asada! ¿En serio? Estaba preocupado por ti y resulta que estás haciendo carne asada ―comentó Emmett en ese tono indignado.

Se acercó con grandes zancadas y me dejó un débil manotazo en la espalda.

―Lamento haberte dejado al frente. Se qué no era tu responsabilidad, sin embargo, tomaste mi lugar sin hacer preguntas ―le dije―. No quería separarme de Bella, no me sentía bien al dejarla sola.

Emmett frunció el entrecejo, aceptó la cerveza que le daba y bebió un largo trago.

―¿Está enferma? ―preguntó―, ¿qué tiene?

―Apareció el padre de Matt. Bella se puso muy nerviosa y desde entonces la he visto decaída.

―¿Es por ello que no ha ido a trabajar? ―inquirió.

Moví ligeramente la cabeza. Emmett estaba al tanto y sabía que era por Rose.

―Le pedí que se quedara en casa. Por las mañanas vamos juntos a dejar a los niños a sus clases, volvemos y desayunamos juntos y hacemos los deberes de casa. No quiero dejarla sola.

―¿Y cómo es ese tipo?

―Es joven ―murmuré―, tiene la edad de ella, aunque bastante inmaduro.

Bella era completamente madura porque la maternidad la había obligado a ser una mujer responsable antes de tiempo.

―¿La ha seguido buscando?

―No. Desde que posiblemente le rompí el tabique no volvió.

―Hiciste… ¡¿qué?! ―Emmett empezó a reír―. Si pudo ponerte de malas es que en verdad se lo merecía. Tú eres incapaz de agredir porque sí.

―Él imbécil creía que podía venir y asustarla. Por supuesto que no lo dejaré, mi mujer no está sola y tampoco Matt.

―Te entiendo, pero ¿cómo apareció? Si nunca se hizo responsable del niño ni estuvo en su embarazo, ¿cómo encontró su casa?

Me pasé una mano por el pelo.

―No sé. Tal vez preguntó, qué sé yo, el pueblo es muy pequeño y todo se sabe.

El rostro de Emmett se volvió pensativo, como si algún recuerdo lo hubiese atrapado y mantuviera lejos del presente.

―Emmett… ―pasé una mano enfrente de su rostro y él salió de su estupor―, de pronto te desconectaste ―le dije.

―Recordé que tengo una cita con Rose ―susurró.

―¿En dónde se ven? ―pregunté queriendo saber más sobre ellos.

Y no es que estuviera siendo un puto chismoso, estaba más bien preocupado por Emmett. El pueblo era pequeño y era imposible guardar un secreto.

―En mi apartamento ―confesó―, siempre nos vemos ahí.

Le di la vuelta a la carne T-bone que estaba sobre la parrilla mientras bebía una cerveza fría.

―Dirás que me quiero meter en tu vida, pero sabes bien que en cualquier momento todos se van a enterar.

―Lo sé. ―Bebió lentamente de la botella de cerveza―. Me ha dicho que no dejará a ese tipo, no lo hará porque sus hijos lo aman.

―¿Aun así seguirás ahí?

Emmett resopló.

―Estoy siendo muy paciente, sé que ella tiene algo, quizás le teme o no sé, pero no es feliz. Tiene una maldita manía de lavarse las manos o de ducharse, me desconcierta.

Pestañeé. Más interesado en la conversación.

―Tal vez no quiere oler a ti. ―Encogí mis hombros.

―Puede que tengas razón ―suspiró―. Gracias por la cerveza, salúdame a Bella.

―Pensé que te quedarías a comer.

―No, debo irme. ―Caminó de vuelta hasta salir por el portón trasero.

―¿Por qué se fue Emmett? ―preguntó Bella al llegar a mi lado, envolví su cintura con mis brazos y dejé un corto beso en sus labios.

―Iba a verse con Rose ―exhalé.

Bella suspiró.

―¿Le has contado sobre darle tu apellido a Matt?

Negué.

―No tengo que contar cada plan que hago, nena.

Bella levantó su rostro, mirándome con una sonrisa. Tenía un semblante tranquilo y sus ojos habían vuelto a la normalidad, ya no estaban hinchados.

―He enviado la petición ―musitó―, solo nos queda esperar a la cita ante el juez familiar, leí que el proceso puede tardar hasta tres meses.

―No importa lo que tarde. Vamos a ser pacientes y esperar, ¿de acuerdo?

Se arrojó hacia mí y fue ella quien envolvió mi torso y enterró su rostro en mi pecho.

―Me gusta estar así contigo ―murmuró mientras yo besaba sus cabellos―, me siento bien cuando puedo abrazarte.

Suspiré hondamente. Ciertamente podía sentir tanta paz al tenerla en mis brazos, me sentía reconfortado con ella cerca y poder respirar su aroma y llenarme de su esencia.

No quería que nunca más se sintiera sola y desprotegida, porque ni ella ni Matt lo estaban.


Hola, me gustaría saber sus opiniones sobre el capítulo. Les comento que a partir del siguiente capítulo la historia NO será beteada, así que es muy probable que los capítulos sean más constantes, quizá haga una encuesta en el grupo para saber si desean que la historia continúe con su día de actualización o la movemos a más días, aún no sé. Lo que me parece importante es llevarla a su final y ya no detenerla más tiempo. Por lo pronto esta semana debo terminar Días sin sol, y ya la siguiente semana veré si sacamos Bandolero o veremos cual prefieren.

Infinitas gracias por sus comentarios: OnlyRobPatti, Kaja0507, Pepita GY, Ary Cullen 85, PaolaValencia, Isis Janet, NarMaVeg, Tere Cullen, Claryflynn98, francicullen, Elizabeth Marie Cullen, jupy, miop, Adriu, ALBANIDIA, Smedina, Adriana Molina, Torrespera172, sandy56, piligm, Lizdayanna, indii93, Noriitha, Andrea, Gladys, Dulce Carolina, Kasslpz, Antonella Masen, Diannita Robles, Lili Cullen-Swan, saraipineda44, Patty, Cassandra Cantu, Cary, Wenday14, Maryluna, Leah de Call y comentarios Guest. Si faltó alguna háganme saber.

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