LXXX
Quid pro quo, Parte 1

La nueva decisión de Historia me había sorprendido mucho más que su decisión de heredar el titán bestia. Aparentemente, ella lo había pensado en su momento, pero no había querido seguir adelante con su decisión porque involucraba asumir una responsabilidad mucho mayor que la de heredar el titán bestia. Sin embargo, aquello dejaba una pregunta sin resolver, pues ya no había nadie que heredara el titán bestia. A mí me habría gustado asumir esa responsabilidad, pero, al ser una Ackerman, me era imposible transformarme en titán, aunque hubiese bebido el suero, y lo mismo aplicaba a Levi, lo que significaba que alguien más tendría que hacerlo. La pregunta era, ¿quién?

Fue mientras observaba a Eren pelear contra mis compañeros que se me ocurrió la idea. Eren poseía dos titanes. No había razón por la que Historia no pudiera hacer lo mismo. Me acerqué a ella y le propuse mi idea. Historia no dijo nada, pero asintió levemente con la cabeza. Aquello era suficiente para mí, pero mi corazón se contrajo al ver a Historia tan débil. Solamente era cuestión de tiempo para que ella perdiera la vida, y con ella, nuestra mejor posibilidad de salvar Paradis. Era plenamente consciente de que, si hacía lo que estaba a punto de hacer, iba a condenar a mis compañeros. Recordé lo que alguna vez dijo Eren sobre su experiencia de estar transformado en titán, y se trataba de algo que no le deseaba a nadie, menos a mis amigos. Tragando saliva, encaré a Zeke, y le dije las palabras que iban a causarme un suplicio indescriptible por mucho tiempo.

—Historia tiene suero titán en su interior —expliqué a Zeke, y él entendió de inmediato las implicaciones—. Puedes proceder.

De inmediato miré en dirección a mis compañeros, quienes estaban haciendo un buen trabajo combatiendo contra Eren. Tragué saliva, sabiendo cuál era el destino que les esperaba. Crispé los puños para darme fuerzas, mientras Zeke tomaba aire para llevar a cabo su grito.

Cuando escuché el grito, tuve que llevarme las manos a los oídos, pues era más fuerte de lo que había imaginado. El grito duró varios segundos, durante los cuales los soldados presentes evacuaron el muro. No tenía idea de si habían bebido del vino, pero, cuando el gritó cesó, ninguno de los soldados que se alejaban del muro mostró alguna señal de que pudieran transformarse. Pero no tuve mucho tiempo para pensar en ello, porque un estruendo detrás de mí me puso en alerta. Me alejé instintivamente y di media vuelta para ver lo que había ocurrido.

Historia ya no estaba recostada sobre el muro. Se erguía sobre sus dos piernas, gruñendo. Ya no lucía como la Historia que conocía, pero había vestigios de lo que alguna vez fue en su cara y en su cabello. Unas lágrimas silenciosas brotaron de mis ojos y rodaron por mis mejillas al contemplar la forma distorsionada de la persona que alguna vez fue mi esposa.

Más estampidos se escucharon en diversas partes de la ciudad, y vi que una buena parte de los soldados que peleaban contra el ejército de Marley se habían transformado en titanes. Aquello daría aún más trabajo al Cuerpo de Exploración, pero al menos los soldados de Marley estarían distraídos por un buen rato, tratando de luchar contra los titanes. Incluso mis compañeros, quienes lucían casi irreconocibles después de la transformación, continuaban peleando contra Eren. Pero Eren, siendo un titán cambiante, era consciente de sus debilidades, y cambió su estrategia, yendo directamente por las nucas de las criaturas que alguna vez fueron mis compañeros y amigos.

Me costó mucho trabajo desviar la vista de la pelea entre Eren y mis compañeros, y me enfoqué en lo que estaba pasando en lo alto del muro. Historia, transformada en titán, ya había tomado a Zeke, y se lo estaba llevando a la boca. Zeke no mostraba ninguna señal de miedo o terror, sino que exhibía una expresión de alivio. Seguramente estaba agradecido de al menos poder heredar su poder a alguien más.

—Salven a los eldianos —dijo Zeke, cuando estaba a escasos metros de la boca de Historia—. Salven a Paradis de Marley y sus aliados. Humíllenlos de la forma más vergonzosa posible.

Aquellas fueron sus últimas palabras antes de ser devorado por Historia. A esas alturas, ya estaba acostumbrada al sonido de carne siendo destrozada por dientes, por lo que no me afectó mucho. De pronto, el titán de Historia comenzó a humear, y colapsó sobre el muro. Inmediatamente, me trepé encima de la nuca del titán, y extraje el cuerpo de Historia. Ella se encontraba inconsciente, pero vi que sus heridas habían sanado por completo. Aún usaba el parche en uno de sus ojos, pero, recordando lo malherida que se encontraba minutos antes, extraje el parche, y vi que su ojo destruido se había regenerado, tal como esperaba.

No fue hasta después de unos pocos minutos que Historia recobró el conocimiento. Abrió lentamente los ojos, y me miró con una sonrisa. Yo, por otro lado, tenía sentimientos encontrados. Me alegraba verla completamente sana y salva, pero, al mismo tiempo, la tristeza me envolvió cuando recordé que solamente le quedaban trece años de vida. Lo he dicho varias veces ya, pero me habría gustado estar con Historia por el resto de mi vida, pero eso ya no era posible. Tenía que aceptar la realidad, por mucho que me doliera.

—Hola, Mikasa —dijo Historia débilmente, tocándome una mejilla con una de sus manos, y mostrando una sonrisa leve.

—Hola, Historia —saludé de vuelta, sonriendo también, pese al dolor en mi corazón—. Siento tener que dejarte tan pronto, pero debo hacer algo importante.

Historia se limitó a asentir con la cabeza. Por supuesto que entendía qué era ese asunto importante que yo debía hacer. Era parte de su plan.

—Nos vemos luego —dije, y me lancé desde lo alto del muro, en dirección a Eren. Tenía dos objetivos que cumplir con lo que me proponía hacer, y realmente tenía que darme prisa si quería cumplir uno de ellos—. Recuerda que tienes que hacerte daño para transformarte en titán.

Historia hizo un gesto para denotar que había entendido, y yo me dirigí hacia donde Eren y los titanes que fueron mis compañeros y amigos peleaban encarnizadamente. Mis compañeros llevaban las de perder, pues Eren podía endurecer partes de su cuerpo con facilidad, y tenía experiencia usando su titán, mientras que sus oponentes no actuaban de manera consciente. No pasó ni un minuto para que yo me uniera a la contienda, y vi por el rabillo del ojo que Levi también estaba haciendo lo propio en contra de lo que quedaba de los titanes cambiantes de Marley. Ostentaba una venda en su pierna herida, pero no mostraba ninguna señal de incomodidad. De hecho, iba derecho hacia la especie de apéndice que conectaba al titán martillo de guerra con su portadora. Me di cuenta que esa zona estaba rodeada por soldados de Marley, quienes se encontraban parapetados dentro de una casa de dos pisos. Incluso tenían armamento pesado con el cual defender el único punto débil del titán martillo de guerra. Puede que no le gustase mucho, pero Levi no tenía otra opción que usar lanzas relámpago.

Volví a enfocarme en la tarea a mano, y arrojé una lanza relámpago a una de las piernas de Eren, notando que ninguna de las dos tenía alguna clase de endurecimiento. Pero Eren estaba en constante movimiento, y erré el blanco por poco. Viendo lo ágil que era Eren, concluí que iba a ser difícil usar lanzas relámpago en su contra, por lo que decidí emplear espadas en su lugar. Eren le propinó un puñetazo en la cara a un titán que me recordaba a Marlo, y aproveché la ocasión para descender entre las casas y usar el factor sorpresa para atacar a Eren.

Eren se encontraba bastante ocupado con los titanes normales, y, por si fuera poco, algunos soldados de Marley comenzaron a dispararle. Aquella era la oportunidad perfecta para atacar. Usando un poco de gas para ganar velocidad, me lancé como una bala hacia Eren, y, cuando pasaba entremedio de sus piernas, hice dos cortes profundos, uno por cada pierna, y, recordando lo que había pasado con Annie, me hice a un lado en lugar de tratar de escapar a toda velocidad. Eren trastabilló, y cayó de cara sobre una casa de tres pisos. Sabiendo que los titanes normales iban a aprovechar que Eren no podía moverse, al igual que los soldados de Marley, arrojé una lanza relámpago en la dirección general donde se encontraban los titanes y los soldados, y la explosión causó la suficiente distracción para mantenerlos a raya por unos cuantos segundos. Sabiendo que no había ganado mucho tiempo, fui directamente a la nuca de Eren, y arrojé dos lanzas relámpago, una a cada lado de su nuca, de forma de prevenir que él endureciera su punto débil. Cuando estallaron, Eren profirió un grito penetrante, como desatando su frustración. Esperé a que el humo se disipara, y aterricé sobre la espalda del titán. Vi que las dos lanzas relámpago habían hecho un daño extenso, pero, al ver con más detalle el resultado de mis acciones, vi que había tomado la decisión correcta al arrojar las lanzas a cada lado de su cuello. La parte de atrás de la nuca tenía señales de endurecimiento, así que tuve que sacar a Eren por uno de los lados.

Cuando nuestros ojos se encontraron, los de Eren expresaban un odio inenarrable e incontenible. Por mi parte, no sentía más que indiferencia por la persona frente a mí. Las cosas que me había dicho, y las acciones que había emprendido, no eran las del niño idealista que me salvó de aquellos secuestradores, hace una pila de años atrás. Eran las acciones de un hombre cegado por sus propios ideales, impulsado por el odio hacia Marley y hacia toda persona que se interpusiera en su camino. Pude haberlo matado en ese preciso momento, pero aquello no sería beneficioso para el nuevo plan de Historia.

—Te vas a arrepentir de haberme detenido —dijo Eren en voz baja, pero cargada con veneno. Pero ya habían pasado los tiempos en los cuales yo no podía oponer resistencia. Las cosas que él había hecho y dicho, en conjunción con todo lo que había pasado al lado de Historia, solamente habían hecho que fuese mucho más fácil hacer lo que me había propuesto hacer.

—De lo único que me arrepiento es no haberme dado cuenta antes de lo que realmente eres —dije, y, con esas últimas palabras, le propiné un golpe en cierta parte de su nuca, dejándolo inconsciente. Ya no sentía lástima o pena por él. Ya pasaron los tiempos donde deseaba pasar el resto de mi vida con él. Mi destino estuvo sellado en el momento que miré a Historia por primera vez.

Cargué a Eren a mi espalda, y procuré salir rápido de ahí, porque el polvo ya se había disipado, y era cuestión de tiempo para que los titanes y los soldados se percataran de mi presencia. Usé un poco más de gas de lo que era necesario, pero llegué a lo alto del muro, donde Historia me esperaba.

—No tardaste mucho —me dijo ella, arqueando una ceja.

—Aproveché las oportunidades que se me dieron —repuse, dejando a Eren sobre el suelo. No mostraba señales de que estuviese consciente aún—. Bueno, es hora de que hagas tu parte.

Le tendí una de mis espadas a Historia, y ella, asintiendo con la cabeza, denotando que sabía lo que debía hacer, la tomó por la empuñadura, y, sin perder tiempo, pasó la palma de su mano por la hoja, haciéndose daño. El efecto fue instantáneo. Recordaba que no solamente era necesario hacerse daño para transformarse. La voluntad de transformarse era muy importante también, e Historia, pese a que se encontraba débil antes de transformarse por primera vez, no dudó ni un segundo en concebir su plan. Dicho esto, no esperaba una transformación perfecta la primera vez.

Un rayo dorado cayó sobre Historia, mientras ella crecía en tamaño rápidamente. Carne y huesos aparecían como por arte de magia, hasta que la transformación concluyó. Cuando vi el resultado, no esperaba menos. Historia no lucía ni remotamente como el titán bestia, sino como si fuese un ser humano al que le faltaran músculos. No poseía piel o pelaje en absoluto, y su cara semejaba una calavera. Tampoco poseía piernas, pero eso era lo de menos. Lo importante era que pudiera usar sus brazos. Y Eren aún no daba señales de estar consciente.

No fue hasta que Historia comenzó a mover uno de sus brazos en su dirección cuando Eren abrió los ojos. Yo estaba a su lado para asegurarme de que no escapara a ninguna parte cuando despertara. Eso no impidió que él intentase escapar, pero yo lo tomé del brazo, y usando el resto de mi cuerpo, lo envié al suelo. Segundos más tarde, Historia tomó a Eren y se lo llevó a la boca lentamente. No podía usar los brazos, por lo que no tenía ningún medio para transformarse en titán nuevamente.

—Estás acabado —le dije a Eren en un tono parejo. Él solamente se limitó a mírame con el más profundo odio antes de ser triturado dentro de la boca de Historia.