Capítulo VI.
Las primeras reuniones del ED fueron todo un éxito, el grupo se juntaba al menos un par de veces a la semana en la sala de menesteres a practicar todos juntos, y el resto de días quién quería iba y quién no, no. La sala de los requerimientos se había convertido en algo así como su refugio.
Ginny, Neville y Luna seguían pasando la mayor parte de su tiempo libre ahí y también del que no era libre, saltándose deliberadamente las clases de los hermanos Carrow y ganándose continuos castigos por ello, pero a esas alturas les daba igual. Todas las tardes el trío escuchaba pottervigilancia sin falta, y el resto del tiempo solo dejaban las horas pasar, lejos de lo que les pudieran hacer los hermanos Carrow. Además de eso, habían comenzado una red ilegal de distribución del "Quisquilloso" en todo el castillo, no es que hubiera muchos alumnos dispuestos a ser pillados con la revista, pero de alguna forma la prensa que durante años había sido el hazmerreir de la comunidad mágica había pasado a ser la única fuente de confianza del pueblo y por ende la más cotizada. Luna estaba pletórica.
Por otra parte, nadie podía decir que las cosas estaban yendo a mejor, pero tampoco sería justo decir que iban a peor, al menos no por culpa del ED. Los miembros del grupo empezaron a mostrarse menos sumisos en clase, y si bien era cierto que también comenzaron a cobrar por ello, sus actuaciones envalentonaban a los demás alumnos haciendo que la disciplina y el poder de los Carrow se tambaleara en sus cimientos. Además, los hechizos de protección que habían empezado a aprender y practicar por las tardes en la sala de los menesteres, mitigaban parcialmente el dolor de la cruciatus, aunque no nos engañemos, la maldición prohibida seguía siendo una tortura.
Como ya he dicho las cosas poco a poco comenzaron a descontrolarse, pero aunque parezca mentira esto no se debía al ED, sino a lo que estaba ocurriendo más allá de los muros del castillo. Poco a poco la presión discreta que había ejercido el gobierno de Voldemort, pasó a ser una presión abierta y directa, ahora los autores tenían permitido utilizar imperdonables, ya no quedaba ninguna persona en un puesto alto del ministerio que no fuera sangre pura, y ahora que los juicios contra los nacidos de muggle llegaban a su fin, tocaba obtener el apoyo incondicional y abierto de las familias mágicas, y aquellos que se opusieran pagarían. Como muchas familias mágicas habían decidido no posicionarse en favor del-que-no-debe-ser-nombrado ahora se veían forzados a aliarse con él, ¿y cómo ocurría esto?, fácil al principio los mortífagos empezaron a atacarlos a ellos directamente, pero cuando vieron que esto no siempre funcionaba o que las familias se acababan escondiendo, comenzaron a ir a por sus hijos y sobrinos directamente. Los padres no podrían hacer nada por defender a sus hijos, quienes se suponían que estaban protegidos dentro de los muros del castillo, así que sí las familias mágicas no querían que nada malo les pasara a sus descendientes, debían aceptar las condiciones que los mortífagos les proponían. El ED quería evitar esto a toda costa y por eso empezaron a ayudar a los estudiantes a escapar, algunos solo debían desaparecer por unas pocas horas hasta que los Carrow se olvidarán de ellos, otros, de familias más prominentes, debían irse del colegio, misión que era más compleja de conseguir. Ginny dedujo que el traidor de colagusano les había dicho dónde estaban todos los túneles, porque la primera vez que fue a utilizar el que llevaba a Hogsmeade con una alumna de segundo se llevó una desagradable sorpresa, por suerte Michael Corner y Parvati estaban con ella, porque de no ser así se hubiera llevado más que unos cuantos clavos en su piel y la niña de segundo habría sido atrapada por los Carrow.
Estaban casi a finales de noviembre, y el ED ya había salvado por lo menos a una veintena de estudiantes de ser brutalmente atacados por los hermanos Carrow, siempre ocurría de la misma forma, los alumnos eran sacados de clase y cuando alguno de los dos hermanos los estaba llevando por el pasillo a un aula para ser torturados caían en una emboscada del ED. Lo malo, es que los mortífagos empezaban a sospechar quiénes eran los responsables detrás de todo eso, lo bueno, que cuando se enfadaban tanto, se les olvidaba que tenían que torturar a los alumnos para conseguir el apoyo de sus familias. El problema, es que pronto las estratagemas del ED empezarían a dejar de funcionar, no solo porque fueran muy repetitivas, sino además porque el ED comenzaba a quedarse sin recursos para llevarlas a cabo. De hecho, la última vez casi habían pillado a Boot y Abbott cuando sacaban a un hufflepuff de tercero del pasillo mientras Ginny distraía a Alecto Carrow. La hermana era la más inteligente de los dos mortífagos, pero también la más cruel, y se había olido algo cuando el PPOI le cortó el paso invadiendo todo el pasillo de oscuridad, por eso Carrow amordazó y ató al tejón con un rápido movimiento de varita, las cuerdas debían haber sido mágicamente alteradas para quemar a quién las tocase. Y mientras la pequeña de los Weasley peleaba con ella con destreza antes de que el polvo se disipara, Hannah y Terry habían tenido que recurrir al ingenio de este último para sacar al niño de esa situación, pero en el proceso ambos se habían dejado las manos en carne viva, sobretodo la rubia quién no había dejado de intentar liberal al niño ni un segundo. Los tres acabaron en la sala de los menesteres con un aspecto bastante deplorable, por suerte sus compañeros empezaban a ser muy hábiles en sus hechizos curativos, sobretodo Lavender Brown quién había demostrando un talento innato para la magia sanadora, llegando incluso a sanar fracturas de un solo movimiento y todo.
- ¿De dónde ha sacado esa revista Fawcett? -Los gritos de Amycus llenaban el pasillo, los alumnos se paraban en las esquinas para mirar lo que estaba sucediendo.
Era un día cualquiera cerca del mediodía entre semana, así que los pasillos estaban muy concurridos, más sí se tenía en cuenta que estaban en el cambio de clase. De hecho, en ese momento Ginny, Luna y un par más de chicos más se encontraban saliendo de su hora de transformaciones, felices, era de las pocas clases en las que seguían pasándoselo bien, cuando los gritos llegaron a ellos. No hizo falta más de una mirada que compartieron la rubia y la pelirroja para que se decidieran a actuar.
Ambas chicas se hicieron hueco entre la multitud para llegar a la primera fila, Ethel Fawcett estaba frente a Amycus Carrow a sus pies abierto estaba "El Quisquilloso". A la menor de los Weasley solo le hizo falta un vistazo para reconocer el artículo, en el hablaban de Harry y su grandeza. Ginny y Luna compartieron una mirada alarmada, no habían sido ellas quienes le habían dado a Ethel la revista pero solo ellas conseguían las copias que se distribuían en Hogwarts, así que de alguna forma eran las responsables indirectas de lo que estaba a punto de ocurrir. Ambas muchachas conocían a Ethel desde hacía mil años: ella; sus padres y su hermana Florence vivían en Ottery St. Catchpole, en Devon, muy cerca de los Weasley y los Lovegood, y antes de que muriera Cedric, de los Diggory.
Respondeme Fawcett -volvió a gritar Carrow -está usted con contrabando ilegal en el colegio, y le exijo que me de una respuesta.
La niña estaba pálida de miedo y tenía los ojos brillosos, pero no parecía dispuesta a responder. Cuando Carrow levantó la varita fue cuando Ginny actuó impulsivamente.
- ¡No! -Gritó con fuerza saliendo de la multitud, todos los alumnos se giraron hacía ella asustados y los que estaban a su alrededor se alejaron, todos menos Luna. -Es mía -continuó la pelirroja con valentía.
- ¿Tuya? -Preguntó escéptico Carrow.
- Sí, -asintió Ginny, -me la he debido dejar por ahí, y Fawcett sólo la habrá cogido, es una ravenclaw y se trata de una revista prohibida su curiosidad habrá podido lo mejor de ella.
- ¿Quieres hacerme creer que esto es tuyo? -Volvió a preguntar con sorna Amycus mientras señalaba la revista que seguía en el suelo.
- No quiero, -respondió Ginny impertinente -es lo que hay.
- Me imagino que tendrás algún método para probarlo, a tu familia no le sobra el dinero para que vayas perdiendo tus cosas por ahí Weasley.
- Me imagino que la suya se habrá vuelto rica después de robar a toda la gente que mata -replicó mordaz la pelirroja sin amedrentarse, un hechizo voló veloz a su mejilla produciendo un escozor, Ginny notó la sangre caliente rodar por su cara hasta continuar por su cuello, pero no renunció a su postura.
- ¿Qué has dicho niñata?
- Ya me has oído.
- Ya me ha oído, señor -corrigió Carrow.
- No hay necesidad de tratarme de usted -replicó Ginny.
Muchos de los estudiantes que habían compartido clase de DCAO con Harry el año pasado tuvieron un flashback muy potente en ese momento. Ginny paró con su varita el hechizo de Carrow, la cual había sacado tras recibir el primer corte, y la mantuvo en alto no dispuesta a no defenderse.
- Creo que eres más estúpida de lo que pareces Weasley -dijo Carrow con un tono especialmente peligroso.
- Y a mi no me sorprende no haber aprobado ni un solo ensayo de su clase en todo el curso, ya que creo que no sabes leer -respondió la adolescente.
Los murmullos de los adolescentes a su alrededor crecieron, muchos miraban a Ginny con admiración, otros tantos la miraban con incredulidad, y el resto con pena por lo que estaba haciendo y lo que le iba a ocurrir a continuación. Pero todos habían apartado la mirada de Ethel, quién había sido sacada de la multitud por Demelza, la cazadora cada poco miraba hacia atrás donde su pelirroja amiga se enfrentaba nuevamente a Carrow desesperada por ayudar, pero sabiendo que Ginny estaba montando ese espectáculo para que Fawcett no tuviera que sufrir las consecuencias.
- ¿Qué has dicho? -La voz de Carrow ya no era elevada, sino que se había bajado a un tono altamente peligroso.
Ginny sin pronunciar palabra hizo un encantamiento convocador atrayendo la revista hasta ella, la tomó en sus manos y rezó para que el plan de contingencia que Luna, Neville y ella habían diseñado para esos casos funcionara. Abrió "El Quisquilloso" por la primera página, y suspiró al reconocer las iniciales en la cabeza de la página G.C.W, las suyas.
- Ves -dijo señalando las letras y marcando cada una a medida que decía su nombre completo, -Ginevra Cedrella Weasley.
Al principio la sonrisa desapareció del rostro de Carrow al verse derrotado por la gryffindor, pero mientras que se quedaba helado analizando las letras poco a poco una sonrisa fue apareciendo en sus labios, al comprender lo que esto suponía.
- Weasley, -dijo con lentitud saboreando cada palabra -no solo has metido contrabando prohibido en el castillo, sino que además lo dejas por ahí para que cualquiera lo encuentre y se infecte con tus mentiras. Esto va a tener muchas consecuencias.
- No son ninguna mentira -aunque Ginny había intentado que su voz sonara firme, la verdad era que esta le había traicionado
Y no era para menos, porque Ginny lo supo, supo que esta vez serían especialmente crueles con ella, pero le dio igual. No iba a rectificar, no iba a echarse atrás, y por mucho que tuviera miedo, ella no se iba a acobardar ante esos monstruos.
- Ven conmigo Weasley -dijo Carrow con un tono especialmente dulce -vamos a empezar ahora con tu castigo.
Ginny tragó saliva y le sostuvo la mirada, no dispuesta a dejarse ganar por alguien como él. Pero a Carrow eso ya no le interesaba, había cazado a una de las alborotadas con las manos en la masa y no había nadie que pudiera negárselo o proteger a esa niña insufrible. Feliz como estaba, el mortífago se giró para tomar el camino a las mazmorras, dónde probablemente tendría lugar el castigo, pero los estudiantes que se habían congregado alrededor de la escena le cerraron el camino.
Ginny que estaba intentando mantenerse estoica con todas sus fuerzas, sintió como se formaba un nudo en su garganta, al llegarle el recuerdo del primero de septiembre a su mente. Cuando aquella primera noche los alumnos habían intentado protegerla, impidiendo que Carrow se la llevara a un interrogatorio, pero esto era aún más emocionante. Aquel día, nadie sabía aún cómo se las gastaban los Carrow, pero ahora ya llevaban tres meses soportando sus crueldades, sabiendo de lo que eran capaces esos monstruos sin embargo, sus compañeros parecían dispuestos a ser receptores de esa furia sólo por salvarla.
Weasley observó a los alumnos que cerraban filas delante del mortífago, aunque conocía a todos con muchos de ellos apenas había hablado, con algunos pocos había intercambiado alguna palabra en los últimos meses, y la minoría era gente que pertenecía al ED. Pero todos ellos tenían algo en común, de alguna forma u otra, la pelirroja había ayudado a todos ellos estos últimos meses. Ya fuera, no torturandolos cuando se le mandaba, o no torturando a sus hermanos o amigos, sacándolos de apuros con los Carrow o atrayendo la atención hacía sí misma como en estos momentos. Y aunque ella había sabido desde el primer momento que lo que iba a hacer ese curso sería peligroso pero que le compensaría si consistia en ayudar a la gente de alguna forma, no esperaba que fuera tan literal. Y por primera vez entendió que ella, junto con Neville y Luna, se habían convertido en un faro de esperanza para el resto de estudiantes al no doblegarse ante esos dos payasos. Y también entendió el peso que suponía eso, y lo que es aún más importante, finalmente entendió el peso de la carga que llevaba Harry sobre su cabeza.
Ella, Ginevra Cedrella Weasley, no estaba haciendo nada de eso (no doblegarse ante los Carrow, oponerse a Snape, no torturar estudiantes,...) por la gloria, o por querer ser popular, lo hacía porque era lo correcto, porque era lo que tocaba en ese momento, y porque era lo que sus padres y sus hermanos le habían enseñado a base de ejemplos. Y ella, y nadie más, era la responsable de lo que sus actos pudieran acarrear, y eso ya lo había sabido de antemano. Lo supo cuando se negó a contestar a Amycus Carrow ese primero de septiembre, cuando se levantó en clase para debatir un punto por primera vez, cuando se negó a torturar a nadie, cuando se coló en el despacho de Snape, cuando hizo esa pintada en la pared, cuando convocó al ED, cuando le tocó salvar a otros alumnos y cuando desarrolló ese plan de contingencia para el material de contrabando. Y aunque todas esas veces una pequeña parte de ella hubiera deseado quedarse en su cama de la torre arropada por sus sábanas, realmente siempre había sabido lo que podía ocurrir.
Así que la pelirroja tomó aire disimuladamente varias veces, para que nadie se percatara de lo cerca que estaba de llorar, y para disipar el nudo de la garganta. Y una vez lo consiguió, Ginny sonrió a Ethel quién la miraba con la culpabilidad y el dolor reflejados en sus ojos, y dio un paso hacía Carrow.
Mientras ella tenía esa epifanía, el mortífago se había dedicado a gritar a los alumnos ordenando que se apartaran de su camino, pero ninguno lo hizo. Y no fue hasta que ella dio un paso hacía delante, cuando estos apartaron los ojos del profesor que seguía gritando como un desquiciado para posarlos en ella, que se apartaron. El primero en abrir filas fue Jimmy Peakes, quién parecía completamente derrotado de tener que dejar a su capitana en manos de semejante monstruo, pero Ginny le sonrió y el ánimo del chico pareció mejorar un poco. Poco a poco el resto siguieron el ejemplo del león, aunque a medida que avanzaba entre la fila de estudiantes, Weasley sintió como muchos la tocaban y le deseaban suerte como si se tratara de uno de esos caballeros muggles sobre los que leía su padre a veces preparándose para la batalla.
Unos golpes en su puerta turbaron su sueño, el cual se había vuelto muy ligero hacía ya casi tres años atrás, y desde el junio pasado la cosa había empeorado, ahora la más ligera brisa era capaz de despertarla de golpe, y temía que esta situación se iba a alargar durante mucho tiempo. Ya no era joven y no tenía edad para dormir poco, pero parecía que la pura lógica no era suficiente motivo para hacerla dormir del tirón. Los golpes que la habían despertado volvieron a repetirse, y esta vez se destapó, se puso en pie y se calzó las zapatillas a cuadros escoceses que descansaban al pie de su cama junto con la bata a juego.
Ando a la puerta con pasos de plomo, no deseando llegar y tener que lidiar con una de esas horribles personas que se hacían llamar "profesores". Atravesó el mini salón que separa su alcoba de la puerta principal y continuó por este hasta pararse delante de la puerta. Por tercera vez el golpeteo se repitió, y ella se planteó seriamente hechizar a cualquiera de los dos Carrow que hubiera decidido, esta vez, presentarse de madrugada en su habitación, tenía el hechizo en mente y la varita lista cuando abrió la puerta. Pero la imagen que tenía delante le dejó helada.
- Señor Longbottom, Señor Finnigan ¿sé puede saber qué hacen usted aquí a estas horas?
Los dos muchachos se veían excepcionalmente pálidos, como sí la preocupación les hubiera drenado el color de la cara.
- Profesora tiene que ayudarnos -dijo Neville con un ímpetu que su cara no reflejaba.
- No estaríamos aquí sino fuera de vital importancia -comentó el otro chico antes de que McGonagall pudiera replicar.
La jefa de los leones miró a sus dos alumnos y todo pensamiento acerca de los modales, y demás se desvaneció de su cabeza. Y mientras se hacía a un lado y les indicaba que pasarán dijo.
- Pasen rápido y diganme que ha ocurrido -los dos chicos entraron corriendo, prueba de lo necesitados que estaban es que ninguno se paró a observar los aposentos de su profesora.
- Esta tarde Ginny se metió en problemas con Amycus Carrow -comenzó a relatar Longbottom -pensábamos que la cosa iba a ir como siempre, ya sabe un crucio aquí, una maldición punzante allá, esas cosas -dijo como si fuera normal, Seamus a su lado asentía.
- Pero no ha sido así -continuó el chico con el cabello de color arena -después de tantos castigos, ya tenemos el tiempo medido, por lo general en los peores casos después de una o dos horas de tortura se cansan de oír los mismos gritos y nos dejan ir.
- Pero Ginny aún no ha vuelto, ¡y su castigo comenzó hace horas! -Neville relevó a Finnigan -Lu estaba con ella cuando se la llevaron, fue justo después de la clase de transformaciones que tuvieron con usted.
- Eso fue antes de comer Longbottom no sea absurdo -se le escapó a McGonagall con incredulidad.
- ¡Lo sabemos! -Esta vez había sido Seamus quién había gritado, -¡no estamos siendo absurdos profesora! Lavender y Parvati incluso se saltaron la clase de adivinación para esperar a Weasley en la sala…
- ¡Seamus! -Gritó Neville justo a tiempo para cortar a su amigo y que no revelara su secreto, el irlandés miró horrorizado en dirección al rubio y este tras negar con la cabeza retomó la conversación. -Mire profesora, sé que parece absurdo, y puede que piense que nos merecemos lo que está pasando. Pero el caso es que Ginny lleva más de 12 horas desaparecida en manos de ese monstruo, y sinceramente es dura, pero temo lo que le estén haciendo. Yo no estaba delante cuando se la llevó, pero he oído que Carrow estaba realmente enfadado.
- Neville… -McGonagall apenas pudo pronunciar su nombre, las lágrimas habían invadido sus ojos, ¿cómo podían sus niños pensar que ellos se merecían algo así? -No creo que ni usted, ni Weasley, ni ninguno de los alumnos se merezca nada de esto, y yo también temo por su seguridad cada segundo que pasa, por eso les pedí que se comportarán y que tuvieran cuidado, los Carrow son peligrosos. Pero ustedes no me escucharon, sin embargo, ahora no es momento para discursos, tenemos que encontrar a Ginny lo antes posible.
- Gracias profesora -dijeron los dos adolescentes con apenas un hilo de voz, Seamus fue quién continuó -pero no sabemos cómo, hemos mirado en todos los sitios habituales.
- Sí, y no tenemos el mapa del merodeador -murmuró Neville para sí mismo por lo bajo, atrayendo miradas raras de su compañero, y una llena de melancolía y dolor de su profesora -si Harry nos lo hubiera dejado…
- No hace falta nada de eso señores -dijo McGonagall sintiendo como las fuerzas volvían a ella -¡Dobby!
Gritó con todas sus fuerzas, sus alumnos la miraron como si estuviera loca, pero un fuerte ¡plop!, evitó que Finnigan se atreviera a preguntarle sí había perdido la cabeza. En medio del grupo apareció una criatura pequeña, delgada, con grandes ojos y orejas puntiagudas, tenía muchos calcetines puestos, un gorro por el que sobresalían las orejas, y un jersey con una R en medio del pecho, a Finnigan le recordó a uno que tenía su viejo compañero de cuarto Ron Weasley.
- ¿Ha llamado profesora? -Dijo la criatura inclinándose ante ella.
- Así es -dijo McGonagall -no hay tiempo para presentaciones, así que seré breve Dobby estos son Neville Longbottom y Seamus Finnigan, amigos de Harry Potter y sus compañeros de habitación, Dobby es uno de los elfos domésticos de Hogwarts. -Los dos chicos saludaron al elfo con un leve gesto, mientras que éste inclinó la cabeza hasta tocar la alfombra con ella ante los dos adolescentes, pareció emocionarse mucho cuando escuchó el nombre de Harry. -Necesitó que llame a otro elfo para que uno traiga aquí inmediatamente a Poppy, Filius y Pomona, y que mientras tanto otro busque a la señorita Weasley, no sabemos dónde está pero creemos que se encuentra gravemente herida.
- ¿La novia de Harry Potter está herida? -Gritó el elfo con una voz muy aguda.
- Bueno -comentó Neville rascándose la nuca incómodo -Ginny técnicamente ya no es la novia de Harry. -Pero Dobby le ignoró.
- Ahora mismo la traeré -y con otro plop desapareció.
La sala se llenó de silencio mientras los presentes asimilaban lo que acababa de suceder, entonces McGonagall de un movimiento con su varita prendió fuego a la chimenea, y puso una tetera con agua y unas hierbas a hervir. Mientras que indicaba a los jóvenes que tomaran asiento, los dos obedecieron no sabiendo muy bien qué hacer, el silencio fue roto un segundo después por su jefa de casa.
- Dobby lleva casi cinco años trabajando en el castillo, fue Harry quién lo liberó de su antigua familia, y ese es uno de los motivos por los que el elfo le tiene tanto cariño. Los elfos son criaturas extraordinarias, tienen un poder inmenso pero deciden servir a los magos, sí alguien puede encontrar a Ginny será él.
- Sí, -comentó Neville -he oído hablar de él -¿era de los Malfoy y Harry lo liberó con un calcetín apestoso no? -Seamus sonrió ante esto, y McGonagall asintió.
- Sin duda Potter siempre ha tenido ingenio -pero antes de que siguiera hablando un nuevo plop la cortó.
En el salón además de Dobby también habían aparecido la profesora Sprout y el profesor Flitwick ambos en camisón, los dos parecían confusos, pero decididos, y ninguno de ellos se sorprendió al ver dónde estaban y con quién. Fue esta primera quién tomó la palabra.
- ¿Qué ha ocurrido Minerva?
- Dame un segundo Pomona -replicó McGonagall -¿Dobby no has encontrado a Poppy?
- Si lo he hecho señora -contestó el elfo con su vocecilla aguda -pero uno de los señoritos Weasley dice que no puede irse, y no le dije que estábamos buscando a su hermana porque pensé que usted no lo querría.
- Bien -dijo la profesora de transformaciones resignada sabiendo lo que eso significaba, y pensando que el elfo había acertado en su planteamiento, cualquiera de los Weasley sería capaz de plantarse en Hogwarts y matar a los Carrow sí se enteraban del daño que le habían hecho a la pequeña de la familia. -¿Y qué hay de la señorita Weasley?
- Kreacher está en ello -contestó el elfo, McGonagall arrugó la nariz pero no añadió nada, sabía que el elfo había mejorado, pero seguía sin gustarle demasiado.
- Para responder a tu pregunta Pomona -dijo la jefa de gryffindor volviéndose hacía ella -hace un rato que Finnigan y Longbottom han tocado mi puerta y me han comentado que llevan sin ver a Weasley más de 12 horas y que la última vez que la vieron estaba siendo obligada por Carrow, ambos temen lo que le pueda haber pasado.
- ¡Merlín santísimo! -Exclamó Flitwick, mientras Sprout se llevaba una mano a la boca.
Mientras que a un lado del salón, McGonagall explicaba todo a los profesores como se lo habían explicado a ella sus alumnos y seguramente comentaba más cosas que simplemente lo que había ocurrido. y Neville y Seamus tomaban el té que ya se había hecho, los minutos pasaban y no había ni rastro de Ginny. Dobby había comenzado a jugar con un hilo que sobresalía del gorro que llevaba puesto, y miraba a Neville con algo parecido a la admiración, hasta que este se cansó.
- ¿Pasa algo Dobby? -Preguntó Neville con toda la educación de la que fue capaz a pesar de su irritación.
- Ay señor discúlpeme -dijo el elfo inclinándose, y atrayendo miradas momentáneas de los profesores -es que he oído hablar mucho de usted.
- ¿De mí? -Preguntó incrédulo el adolescente.
- Sí señor -dijo el elfo -Harry Potter habla mucho de sus amigos, el y el señorito Weasley y Hermione, siempre hablan de usted.
- Vaya -dijo Neville poniéndose colorado sin saber bien qué más añadir.
- Es usted tan humilde como Harry Potter y tan educado -comentó el elfo acentuando su sonrojo -pero no tan valiente.
- No eso no lo soy -estuvo de acuerdo el rubio, la conversación podría haber seguido pero un sonido parecido al que hacía Dobby cuando se aparecía llenó la sala.
En medio del mini salón apareció una criatura parecida a Dobby, pero más arrugada, tenía una sábana puesta en lugar de un jersey, no llevaba: ni gorros; ni calcetines y su la nariz tenía forma de hocico de cerdo más que puntiaguda. A sus pies había alguien con una melena rojo fuego. Neville fue el primero en reaccionar, de un salto se levantó del sillón que ocupaba y corrió hasta ella.
Su aspecto era deplorable, y la chica no parecía responder a los llamados de su amigo. Longbottom la zarandeó un par de veces más, no resignándose a que nada malo le hubiera ocurrido, hasta que la delicada mano de su jefa de casa se posó sobre su hombro.
- Necesita atención médica Neville -dijo ella con suavidad -Pomona, Filius… esta no es mi área de especialización.
- Tampoco la mía -comentó la jefa de los tejones derrotada -me gustaría ayudar, pero temo hacer más daño.
- Yo me acuerdo de algo de mis días de duelista, pero no sé para qué servirá en este caso.
Neville quién no se había apartado del lado de su amiga, parecía cada vez más derrotado ante las palabras de sus profesores. Ginny tenía verdaderamente un aspecto deplorable, peor incluso que Luna en Halloween, y esta había estado mal, pero por lo menos consciente. El rubio, y todos los presentes estaban a punto de ceder a la desesperación cuando Seamus habló.
- Dobby -dijo el irlandés con firmeza -ve a la torre de gryffindor y trae a Lavender Brown, es una chica rubia de séptimo año, ella sabrá qué hacer.
- Sé quien es señorito Finnigan -respondió el elfo, y tomando el jersey entre manos continuó -es la ex novia de quién le regaló esto a Dobby -tras decir eso desapareció.
- Señor Finnigan no creo que sea lo más prudente que la señorita Brown cure a Weasley -comento Sprout.
- Lavender es la mejor del ED -dijo con orgullo el chico, -es quien cura a todos cuando pasa algo así. Confien en ella, sé que puede.
- Se refiere al grupo secreto que dirigen Weasley, Longbottom y Lovegood y que se reúne en la sala de requerimientos -aclaró McGongall a sus colegas. Los dos gryffindor miraron asombrados a su profesora -¿de verdad creían que no me mantendría al día de lo que hacen?
- Si -dijeron con un hilo de voz los dos.
Pero no le dio tiempo a responder, porque en la sala nuevamente había aparecido Dobby trayendo consigo a una Lavender que tenía la mano del elfo en la boca, cara de susto y una trenza despeluchada, junto con una Parvati que parecía estar intentando tirar de la criatura con todas sus fuerzas. Las dos chicas se quedaron congeladas al ver dónde y quiénes estaban, y Lavender dejó de gritar al momento mientras que Patil soltó al bicho.
- Señorita Brown -dijo McGonagall a modo de saludo -me temo que debe de ayudar a su compañera -añadió indicando a Ginny quién había sido movida sobre la mesa que la profesora usaba para corregir.
La rubia no necesitó que se lo dijeran dos veces, y con pasos rápidos se acercó a dónde la chica, tras un examen rápido y delicado, miró a todos los presentes con seriedad, y declaró:
- Bien creo que puedo hacerlo, pero necesitaré ayuda.
- ¿Qué quiere? -preguntó Flitwick ansioso por ayudar.
- Que traigan a Anthony Goldenstein y el maletín del ED.
Al cabo de un rato el ravenclaw también se encontraba dentro del mini salón de los aposentos de McGonagall, el adolescente tampoco había necesito explicación alguna para ponerse ayudar a su compañera de curso al momento con las curas para Weasley. Los profesores miraban a partes iguales, fascinados y horrorizados como los dos alumnos, junto con Parvati trabajan en equipo, rápida, ágil y eficientemente, para curar las heridas de la pelirroja lo mejor posible. Mientras que Longbottom y Finnigan se mantenían apartados observando la escena con absoluta seriedad, pero sin ningún tipo de sorpresa.
McGonagall observando todo el pandemonium que se había montado en su pequeño salón no pudo evitar pensar, en lo verdaderamente terrorífico que debía estar siendo ese año para sus alumnos, en especial sus leones, sí todo aquello que estaba ocurriendo les parecía normal. Y en lo mucho que había fallado a la hora de protegerlos de todos los males.
¡Hola gentecilla! Nuevo cap, espero que os guste, es un poco oscuro pero bueno, es lo que hay.
Sinceramente, creo que las cosas cada vez se torcieron más en el colegio, hasta llegar al punto en que los alumnos pasaron a esconderse indefinidamente en la sala de los menesteres. Además pensé que era hora de ver a mi querida Minnie, y cómo llevó ella todo eso. Igual soy más dramática de lo que debería, pero me gusta.
Ya sabéis sí tenéis comentarios, objeciones, preguntas y demás, no dudéis en decirmelo, me gustan esas cosas.
Gracias a ChiaLobosca por comentar, tendré en cuenta tu comentario, la verdad es que a mí también me pasa, pero creo que es importante ver el punto de todos.
Intentaré no tardar mil años para el siguiente.
Se despide, besos B.
PD: Sé que el nombre de Ginny oficialmente es Ginevra Molly Weasley, pero me ha apetecido poner Cedrella, porque era el nombre de su abuela Weasley, es decir la madre de Arthur, que antes de casarse con Septimus se apellidaba Black. Y dado toda la pureza de sangre y demás me ha molado, jeje.
