"¿Dónde está Shiho?" Preguntó Shinichi tras percatarse de que la habitación parecía estar completamente vacía.

Akai volvió a fruncir el ceño a la vez que su mano apretaba con fuerza el ramo de flores que había comprado cinco minutos atrás.

Shinichi entró en el pequeño baño para asegurarse de que no estuviese ahí, pero no hubo suerte.

"¿Dónde se supone que está Furuya?" Protestó Shuichi saliendo de la habitación para mirar a un lado y a otro del pasillo. No le hacía ninguna gracia esa situación, ese rubio se las iba a cargar cuando lo encontrase.

"Volvamos a la recepción, deberíamos avisar a los demás." Intervino Shinichi parando delante del ascensor esperando a que llegase.

"Sabía que no era buena idea que él se quedase aquí, debíamos haber venido nosotros nada más enterarnos." Dijo alzando la voz, ya un poco más nervioso.

"Tú mismo dijiste que teníamos que ser prudentes y evitar todos los desplazamientos posibles." Se defendió el más joven al sentirse atacado.

"Los hospitales no están hechos para discutir." Les cortó una voz haciendo que ambos callasen.

Los dos miraron hacia el ascensor para encontrarse de frente con la pelirroja, sentada en una silla de ruedas arrastrada por Furuya.

"¡Shiho!" La llamó Shinichi ensanchando la sonrisa. "¿Dónde estabas?"

"Solo quería dar una vuelta y salir de la habitación un rato." Dijo mientras regresaban a su habitación asignada para poder hablar con más privacidad.

Akai se había quedado callado, observándolos a los dos de reojo sin atreverse a decir gran cosa. Ultimamente se le iba un poco la lengua con todos esos malditos nervios, y no le gustaba porque no se reconocía. Él era sereno, serio y muy coherente con las cosas. Pero las cosas siempre parecían ser diferentes si involucraba a alguna de las hermanas Miyano.

Rei la ayudó a volver a la cama y en ese momento ambos notaron que su barriga no era la misma que la que habían visto días atrás y eso les hizo vovler a la realidad, haciéndoles remplazar los malos nervios que acababan de pasar por unos nervios completamente distintos.

Akai abrió la boca para hablar, pero una enfermera tocó a la puerta interrumpiéndoles.

"Señorita Miyano ya estamos de vuelta." Sonrió la joven acercándose a la pelirroja para dejar un pequeño bulto sobre sus brazos. "El chequeo rutinario está todo correcto, el doctor pasará a última hora."

Shiho asintió y la joven volvió a dejarlos solos. Pero ahora nadie parecía atreverse a romper el silencio. Ya podían sentir esa nueva vida, estaba ahí, en los brazos de su madre. Y todo alrededor se volvió una completa paz.

"¿No os vais a acercar a conocerlo?" Preguntó Shiho al ver como ambos se habían quedado quietos, tan quietos que no parecía ni que respirasen.

Shinichi fue el primero en acercarse y ensanchar la sonrisa. "Vaya...es súper pequeño." Comentó sorprendido. Se veía pequeño y frágil, parecía que podías herirle con la mirada.

"Los niños no nacen ya crecidos, por si no lo sabias." Se atrevió a bromear al verlo tan sorprendido.

"¡Eso ya lo sé!" Se defendió sonrojado. "Toma, te he comprado unas flores, aunque no se si te las mereces después del susto que nos has dado." Comentó entregándole el ramo de flores que había comprado intentando obviar el sonrojo que no se iba de su rostro.

Shiho sonrió antes de darle las gracias. "¿Puedes ponerlas en ese garrón?" Preguntó señalando a la mesita.

"Entonces, ¿Está todo bien? ¿Estáis bien?" Preguntó Akai para apagar las dudas.

"Estamos bien." Sonrió ella.

Era un alivio poder estar así los cuatro rodeados de esa sensación de tranquilidad. Si miraba atrás, el camino recorrido había sido todo un laberinto amazónico, pero ahora tenía la sensación de que la vida empezaba de cero. Ahora no era solo ella, había alguien en este mundo que la iba a necesitar todos los días, a todas horas...y que cosquillas más agradables que creaba todo esto.

"¿Puedo cogerlo?" Preguntó Shinichi con un poco de dudas.

Ella sonrió y asintió acercando sus brazos a él para que pudiese sujetarlo con facilidad.

"No pesa nada." Comentó todavía sorprendido, haciendo que la pelirroja riese con sus reacciones. "Hola pequeñajo, yo soy el tío Shinichi, todavía no lo sabes, pero vamos a ser buenos amigos en un futuro aunque hagamos enfadar a tu madre.ella se preocupa siempre, pero nos vamos a divertir."

"¡No le digas esas cosas!" Protestó ella haciendo que Shinichi y Rei rieran.

Akai se quedó cerca, pero por otro lado estaba aislado. No sabía que debía hacer, no hacer, decir o no decir. Él había sido el que más había protestado con seguir adelante con todo eso, y ahora que estaba en esa habitación, se sentía muy avergonzado de las cosas que había dicho o pensado. ¿Cómo podía haber juzgado esa criatura tan pequeña cuando no era más que un garbanzo? ¿Qué culpa tenía de todo eso? ¿Y quien era él para protestar?

El pequeño empezó a hacer ruidos de protesta en los brazos de Shinichi. "Alguien quiere ir con el tío Akai." Comentó acercándolo a los brazos de su compañero.

"Yo...no..." El intentó protestar pero antes de que pudiese darse cuenta ya tenía al pequeño entre sus brazos. Su corazón latió fuerte de los nervios, él no tenía mucha idea de niños pequeños y no sabía que hacer si rompía a llorar. Pero para su suerte los pucheros frenaron y se quedó dormido acurrucándose a él.

"Parece ser que le has caído bien." Sonrió ella.

Akai le devolvió la sonrisa y se quedó contemplándolo un par de minutos. "¿Cómo se llama?"

"Shiro, Shiro Miyano." Contestó con una sonrisa.

Shuichi asintió. Shiro significaba blanco, y podía estar seguro que él era lo más blanco de toda esa oscuridad que había bañado la vida de la pelirroja. Él era algo puro, alguien que ninguna sombra había podido manchar todavía, y Akai velaría para que siguiese así siempre. Era un nombre más que acertado.

Quería disculparse con ella, tenía la necesidad de hacerlo, pero no veía que ese fuese el momento para ello.

"¿Por qué no nos lo dijiste cuando pasó? Podríamos haber venido o avisado al profesor." Dijo devolviendo el pequeño a su madre.

"Las cosas están un poco caldeadas, y necesitaba hacer eso por mi cuenta. Además, tampoco he estado sola." Contestó mirando al rubio.

Akai asintió y calló. No había hecho las cosas muy bien como para atreverse a protestar, pero no podía evitar pensar que era él quien debía protegerla.

El amor que recibió al volver al hotel, fue inexplicable. El profesor no pudo evitar llorar de la emoción y todos se acercaron para darle la bienvenida al nuevo miembro de la familia.

Era un momento amargo salpicado de algo maravilloso. Llevaban dos semanas trabajando sin descanso, estaban todos cansados e incluso saturados. Pero ahora había algo que les había hecho cambiar el ceño fruncido por una pequeña sonrisa.

Sin embargo, no fue hasta que se quedó realmente sola en la habitación , cuando sintió que había un vacío en sus vidas que no iba a ser capaz de llenar nunca. Shiro había llegado al mundo sin ninguna posibilidad de conocer a su madre y ella no podía actuar como esa figura.

Se quedó mirando a Shiro, todavía entre sus brazos, dormía plácidamente sin ser consciente de ninguno de los problemas que nadaban a su alrededor.

La impotencia la abofeteó fuertemente, pero sabía que no había nada que no fuese capaz de hacer por ayudar y mantener a salvo ese pequeño ser que ahora dependía plenamente de ella. No sabía por donde ni como empezar, pero se iba a encargar que su vida llegase a ser lo más llena posible.

Se sentó en la cama observando la lluvia caer a través de la ventana. El día había empezado soleado, pero no había tardado en aparecer las primeras nubes negras llenas de lluvia que acabarían cubriendo el día.

El cielo se veía grisáceo y morado y de vez en cuando un relámpago cruzaba el cielo iluminando más la ciudad. A ella no le molestaba ni le entristecía, siempre le había gustado la lluvia, y en ese momento no había temporal que pudiese estropear ese momento.

Las luces parpadearon a consecuencia de la tormenta y otro relámpago sonó poco tiempo después. Shiro movió sus manitas a la vez que protestaba por haber sido interrumpido en pleno sueño.

"Parece ser que a alguien no le gusta la lluvia." Sonrió mientras lo mecía para que volviese a dormirse. "Sé que puede ser un poco ruidosa, pero estoy segura de que te va a encantar pisar todos los charcos que encuentres en tu camino." Amplió la sonrisa muriéndose de ganas por verlo crecer.

La luz volvió a parpadear y Shiho acabó levantándose para apagar la luz y encender la pequeña lámpara independiente que había en su mesita de noche. No sabía si le quedaba mucha batería, pero tampoco le molestaba la oscuridad. Estaba cansada y todavía sentía agotamiento en el cuerpo.

Se sentó más cómodamente en la cama y abrió una manta para cubrirlos a ambos. Rei le había traído una cuna para poder acostar a Shiro, pero ella no quería separarse de él.

Se quedó dormida casi sin darse cuenta, no sabe bien cuando se despertó, pero el ruido de un retal pagó más fuerte hizo que sus ojos se abrieran.

La habitación estaba a oscuras, pero la luz de la tormenta hacia que pudiese ver las cosas con más facilidad.

Escuchó la puerta abrirse y unos pasos acercarse rápido a la ventana para correr la cortina y dejar la habitación completamente a oscuras.

"¿Furuya?" Preguntó confusa, pero no le respondieron.

Se le aceleró corazón se aceleró y sus sentidos se pusieron en alerta. Podía captar una sombra a pocos metros de distancia, pero sus ojos no se habían acabado de acostumbrar a la oscuridad para reconocerle. Apretó a Shiro hacia ella como instinto de protección y palpó rápido el interruptor de la luz para poder verle la cara.

"¿Vodka?"

Su cara no podía expresar más sorpresa. No sabía si sentirse asustada, confusa o preocupada. Él era la razón por la que todos estaban aquí. Y ahora estaba a escasos metros de ella.

"Sherry..."

"¿Cómo has llegado hasta aquí?" Preguntó casi sin dejarle hablar.

Vodka dio un paso hacia adelante y ella se pegó al otro lado de la cama, apoyando la espalda a la pared. Él frunció el ceño pero decidió no acercarse más.

"No deberías estar aquí."Dijo intentando no alzar la voz para no despertar a Shiro.

"Habían muchos rumores sobre el hijo de Gin, pero si te soy sincero, pensaba que solo eran habladurías de la gente para hacer más grande la muerte de Gin." Comentó el corpulento observando el bulto al que la pelirroja se aferraba. "No vengo a hacerte daño."

"Tienes que irte, esta planta está llena de policías y no creo que tarden en darse cuenta de tu presencia." Comentó intentando hacerle entrar en razón y ser precavida al no saber qué intenciones podía tener.

"He tenido que hacer algún recado pero no quería volver a ese agujero sin dar contigo."

Ella lo observó detenidamente mientras él hablaba. Llevaba unos meses encerrado y su apariencia ya se veía algo demacrada. Había conseguido unas gafas que cubrían ligeramente su mirada pero su conocido gorro no lo acompañaba esta vez. Era extraño para ella no verlo con la típica vestimenta oscura a la que estaba acostumbrada, llevaba un chándal oscuro y una sudadera con la capucha puesta. No sabía que había vivido esos últimos meses, pero se veía más delgado.

"Necesito que vengas conmigo." Dijo captando su atención de golpe.

"No, no, no, no, no."Negó ella rápido con la cabeza. "No sé que mierdas tienes en la cabeza, pero no voy a ir a ningún lado contigo."

Vodka rechistó y miró su reloj antes de agarrar un abrigo que parecía ser suyo y acercárselo con el rostro más serio. "No he venido a haceros ningún daño, vengo como compañero de Gin. Te lo puedo explicar todo con más calma, pero ahora necesito que me acompañes."

Shiho no quería ir. Sentía que su cuerpo no se había recuperado y lo último que quería era exponer a Shiro a nadie, pero apenas le dio tiempo a negarse ya que Vodka cogió de su brazo y empezó a caminar llevándola sin esfuerzo.

"¡¿Qué haces?! ¡Déjame marchar!" Alzó la voz intentando llamar la atención de cualquiera que pudiese estar cerca. Pero no se escuchaba nadie. Su piel se erizó y sus pensamientos se bloquearon.

Antes de que se percatase, ya se habían metido en un coche y Vodka conducía con cierta velocidad.

Y ella no entendía nada.¿Cómo podía podía llegar Vodka a su habitación sin que ninguno de los agentes se enterase? Y lo más intrigante de todo...¿Por qué solo había recibido silencio en esa planta?¿Dónde estaban todos esos agentes que estaban ahí para protegerles?