PARTY IS OVER

(CAPÍTULO II)

Natsuki apretó los dientes y giró la llave dentro de la cerradura, tendría que guardar la poca paciencia que le quedaba para no entrar e ir directamente a cortarle su pelirroja cabeza.

Cuando abrió la puerta la pesada música punk retumbó en sus oídos de golpe, el tufo alcohólico invadió su nariz y un sin fin de "indecentes" escenas desfilaron ante sus ojos.

El apartamento era bastante pequeño pero parecía que Nao se había esforzado en llenarlo de manera que parecía que en cualquier momento borbotearían chicos por la ventana. La mayoría de los presentes oscilaban entre los 16 y 17 años. Natsuki contempló el desastre y la vena de su cien comenzó a palpitar.

Mientras pasaba entre la multitud en busca de Nao, los chicos se limitaban a lanzarle miradas socarronas. Ciertamente Natsuki no era del tipo social, pero Nao… tenía amigos o más bien conocidos por montón y ninguno era de buena calaña desde el punto de vista de Kuga; pero al final de cuentas ellas tampoco lo eran.

Entró a la pequeña cocina y un potente tufo de cannabis se filtró por su nariz, las chicas le ofrecieron la pipa entre carcajadas…estaban pérdidas. Kuga salió disgustada y se dirigió de nuevo a la pequeña sala, los sillones estaban ocupados por sucios tortolos manoseándose sin importarles quien les viera.

No encontraba a Nao por ningún lado, solo faltaba un lugar: la habitación que compartía con Nao, caminó hacía allí y abrió la puerta de golpe. Escuchó unos ruidos apagados, prendió la luz para ver mejor y al contemplar lo que yacía sobre una de las camas se paralizó.

Nao se encontraba sentada al borde de la cama con la blusa arrugada y a medio desabrochar y sobre su regazo se encontraba una chica de cabello verde, su rostro era atractivo: tenía los pómulos ligeramente realzados y unos ojos de un color exótico casi violáceo, tenía un aire felino parecido al de Nao. Se estaban besando apasionadamente sobre su cama, pero no solo eso. Parecían ignorar de la presencia de Kuga.

Nao comenzó a quitarle la blusa a su nueva "amiga".

-¡Nao! –las manos de la pelirroja se congelaron sobre el pecho de la otra chica y volteó a ver a Kuga con una ceja arqueada, la chica que yacía sobre su regazo se limitó a mirarla también con una sonrisa sardónica.

-Mierda, Kuga siempre llega a arruinar la diversión –le dijo Nao a la otra chica quién no se quitaba de su regazo.

-¿No me digas que es tu novia? –le dijo la chica de cabello verde con sarcasmo.

-Diablos, claro que no –contestó Nao moviendo enérgicamente la cabeza en negación – preferiría salir con un perro -. Ambas chicas rieron y Kuga solo endureció su expresión. Nao estaba ebria, ya conocía ese estado impertinente y agresivo de la pelirroja que no se diferenciaba mucho de su estado sobrio.

-¡Tú! –Exclamó Kuga señalando a la chica de cabello verde cuya expresión parecía confusa y divertida -, ¡Largo de aquí, ahora mismo!

-Oh no, nada de eso –dijo Nao irritada -, te recuerdo que también es mi casa y yo digo que todos los presentes se pueden quedar el tiempo que deseen.

La chica de cabello verde se inclinó y besó a Nao ignorando a la peli azul. Kuga se acercó peligrosamente a ellas y apartó bruscamente a la chica de cabello verde quién miró a Nao con profundo enfado.

-¿Qué le pasa a esta idiota? –pronunció la chica indignada.

-Esta idiota –dijo Kuga acercándosele mientras la otra retrocedía un poco -, dice ¡Que te largues ahora mismo sino quieres que patee tu asqueroso trasero!

-¡Mierda, Kuga! –Dijo Nao interponiéndose entre las dos –no quiero tus patéticos desplantes frente a mis invitados.

-Entonces sácalos de aquí ahora mismo.

-Eso nunca.

-Maldita sea Nao, ya habíamos hablado de esto –dijo Kuga –prometiste no hacer otra estúpida fiesta aquí… ¡Diablos! Tienen toda la maldita ciudad y un sin fin de tugurios a donde ir.

-Escucha Kuga –dijo Nao acercándose a Natsuki, su aliento alcohólico le causó una expresión de disgusto a la morena -, no los voy a sacar de aquí si quieres lárgate a un hotel o a ver a donde.

-Tú eres quién se va a largar en este momento si no sacas a todos esos imbéciles de mi casa –le dijo Kuga.

-Diablos Nao –interrumpió la chica de cabello verde y en su rostro se dibujó una sardónica sonrisa – me hubieras dicho antes que vivías con tu madre.

-Cierra la boca Tomoe –le espetó Nao enfadada, la aludida la miró indignada y salió de la habitación.

-Bien –dijo Kuga en un susurro amenazador -, como no lo vas a hacer tú…

Kuga salió de la habitación y se dirigió al mini componente, tiró del cable con violencia y la música se terminó. Los chicos le miraron inquisitivos e incluso molestos.

-Se acabó la fiesta idiotas, ¡largo de aquí!

Una ola de protestas llenó el aire y Nao salió de la habitación. Pensándolo bien sería mejor que ella misma corriera a sus invitados antes de que Natsuki perdiera mas el control. La última vez había sacado su revolver y les había dado un susto de muerte sin si quiera gastar una bala.

Los chicos miraron a Nao quién se encogió de hombros.

-Lo siento chicos, ya será en otra ocasión… -la pelirroja recibió un torrente de protestas y malas palabras, un chico incluso rompió una botella contra la pared.

De pronto la mirada de la pelirroja se fijo en la silueta que yacía recargada en el umbral de la puerta, Nao se acercó.

-Lo siento Tomoe.

-Eres igual de aburrida que esa tipa –dijo con desprecio.

-No me vengas con esas estupideces –le dijo Nao irritada.

-Bien –dijo Tomoe y se acercó a Nao, deslizando su índice sobre la mejilla de la pelirroja -, iré a buscar diversión a otro lado.

-Vete al diablo –le dijo Nao enfadada.

-Sayonara –susurró Tomoe con una sonrisa maliciosa y bajó las escaleras tras la horda de adolescentes decepcionadas porqué la fiesta había terminado.

Kuga estaba desparramada sobre el sillón con cerveza y cigarro en mano para calmar su enfado, había visto toda la escenita de Nao y aquella tipa de cabellos verdes. Nao regresó al interior del apartamento y cerró de un portazo; las palabras "iré a buscar diversión a otro lado" resonaban en su cabeza. Kuga notó su extraña actitud y la miró desparramarse en el sillón junto a ella.

-Lo arruinaste todo –le dijo Nao, Kuga se limitó a sonreír y a ofrecerle una cerveza abandonada que estaba casi llena y yacía sobre la mesa de centro.

-¿Quién demonios es esa tal Tomoe? –preguntó Kuga dando una bocanada.

-Una…conocida, es decir una amiga –dijo Nao dubitativa, rechazó la cerveza que Kuga le alcanzaba –Dios sabe que tendrá esa porquería, tal vez sean orines.

-Si no la pruebas no puedes saber –le dijo Kuga y le lanzó una bocanada de humo en la cara, Nao tosió y maldijo por lo bajo, mientras Natsuki reía secamente.

-Deberías ir a ver a un maldito psicólogo Kuga –, la aludida frunció el entrecejo y la miró de soslayo -, hace unos minutos estabas como loca y ahora estas aquí tan tranquila tomando una cerveza de dudosa procedencia.

-Lo que digas –le dijo sin darle mucha importancia a su comentario -, por cierto vi toda esa escenita entre tu y esa tal Tomoe.

-¿Qué quieres decir? –le preguntó Nao sobresaltada, Kuga sonrió con malicia.

-¿Ya no te metes con pervertidos de edad madura? ¿Ahora son chicas?

-Ah creo que no eres la mas indicada para criticarme –le dijo la pelirroja -, te recuerdo que en tus años de preparatoria tu te metías con esa zorra psicópata presidenta del consejo estudiantil.

-Cuida tus palabras.

-Vete al diablo.

-Hoy la vi.

Nao abrió los ojos como platos y no supo que más decir, así que las dos se quedaron en silencio compartiendo un par de cigarrillos y escaneando la aburrida programación de madrugada. Nao sabía lo incomodo que era el tema para Kuga y lo tormentoso que había sido esa relación que oscilaba entre la amistad y el romance.

Kuga y Nao despertaron al día siguiente sobre el raído sillón, contemplaron su alrededor adormiladas: todo estaba lleno de basura y el olor a cerveza con humo de cigarrillos era tan penetrante que incluso les resultaba molesto.

Era domingo, día en que Nao gustaba de no hacer nada mas que permanecer recostada sobre ese sillón todo el día contemplando la nada; pero con aquel desorden su participación en la limpieza sería inevitable; después de varias discusiones y suplicas Kuga accedió a ayudarle y así pasaron la mitad del día escombrando el pequeño apartamento.

Kuga no podía dejar de repetir en su mente el encuentro con Shizuru, le había traído viejos recuerdos, sentía nostalgia por algunos y enojo por otros. En realidad le había molestado un poco la idea de encontrarla de nuevo, su vida era dentro de todo "tranquila" y no le gustaba tener motivos para estar preocupada o estresada. Shizuru siempre sería un factor estresante, cuando se trataba de ella quisiera o no, para bien o para mal siempre le importaba.

Ahora estaban en la misma ciudad como hacía dos años. La había visto ayer y se estaba preguntando si en realidad quería ir a visitarle, tal vez la llame en la semana. Mientras escombraba su habitación se encontró con un desorden en uno de los cajones de la cómoda: hasta debajo de papelerío había unas cuantas postales, cartas y por último una fotografía.

Todas estaban dirigidas a ella y el remitente era el mismo: Shizuru. Las cartas solo hablaban de su vida cotidiana en Tokyo y las postales solo le enviaban cordiales saludos; Natsuki recordó que eso le había molestado al leerlas, ¿Qué esperabas, que te dijera que te extrañaba, que le importabas? ¿Qué aún seguías siendo especial?

Cuando Shizuru partió para Tokyo, Kuga sintió una especie de abandono e incluso llamó egoísta a Shizuru. Se molestó porqué Shizuru no podía comprender el que ella no pudiera corresponderle. Pero Kuga sabía que la egoísta había sido ella, quería mantener a Shizuru a su lado aún sabiendo como se sentía.

Pero las cosas han cambiado. Se dijo Natsuki y suspiró pensando en que ya no tenía porqué preocuparse, al parecer los rencores del pasado se habían quedado ahí donde debían estar, al menos pensó que así debía de ser porqué Shizuru había sido quien la buscó. Cerró el cajón de la cómoda y se levantó del suelo sacudiéndose el regazo, necesitaba un baño.

Nao terminó de barrer la pequeña estancia y abrió el refrigerador hambrienta: no había nada. Su estomago protestó pero su pereza era más grande que su hambre así que volvió a su lugar en el sillón raído cuando de pronto sonó una musiquilla pegajosa: era su celular, tomó el objeto rosa y revisó su bandeja de entrada, el nombre Tomoe brillaba en la pantalla.

¿Qué tal tu noche aburrida? Lástima que no pudiste seguir la diversión conmigo…

¿Qué demonios significa eso? ¿Quiere decir que se divirtió con alguien mas como me advirtió anoche? Su mente parecía un torbellino sacando descabelladas conjeturas, se reprendió internamente por si quiera darle importancia a ese estúpido mensaje, -Maldito narcisismo -, pero su tentación por contestar era más fuerte.

Oh no, no me aburrí en absoluto…

Nao rió maliciosamente mientras tecleaba el mensaje, lo envió y espero la respuesta.

¿A caso te divertiste con esa tipa neurótica con la que vives?

Nao apretó el celular con coraje, sabía que Tomoe le estaba tomando el pelo, era una de esas pocas personas que podían causarle verdaderos dolores de cabeza; si no es que era la única que parecía ser capaz de desquiciarla con un simple mensaje.

Natsuki salió de su habitación y vio a Nao tirada en el sillón con el seño fruncido agarrando el celular como si quisiera lanzarlo en cualquier momento.

-¿Qué te traes? –Nao dio un respingo.

-¿No estarás citando a algún pervertido? –dijo Natsuki con tono amenazador.

-Hoy no es día de caza –dijo la pelirroja y dejó el celular a un lado. Natsuki sonrió con malicia.

-¿Qué tal si hablamos de esa tal Tomoe? –Nao saltó del sillón con el seño fruncido.

-No hay nada de que hablar acerca de esa tipa.

-¿Ah no?

-No.

-Lástima. Pensé que al fin habías encontrado a alguien que te controlara.

-Baka, a mi nadie me controla.

-¿En serio? –preguntó Kuga con su mismo tono socarrón y una ceja arqueada.

-No soy tu.

-¿Qué demonios quieres decir?

-Pues a penas y Fujino te llama y vas corriendo a verle como su perro faldero.

-Nao –dijo Natsuki con tono severo –no digas estupideces.

-Yo solo digo lo que veo.

Kuga guardó silencio, siempre que molestaba a Nao terminaba perdiendo; esa chica si que era el demonio. Nao miró a su silenciosa compañera, después de todo era su única compañía, incluso tal vez era su única verdadera amiga no cualquiera te deja vivir en su apartamento y abusar de todas sus comodidades pensó la pelirroja.

-Bien –dijo Nao, Kuga la miró inquisitiva.

-Tomoe es un estudiante de transferencia, acaba de entrar este año, es una estudiante "ejemplar" –dijo dándole énfasis a esa palabra -, obtiene las mejores calificaciones pero en realidad es una arpía.

-Vaya manera de expresarte sobre tu amante –dijo Kuga.

-¡No es mi amante!

-Yo solo digo lo que veo –dijo Kuga y rió con malicia.

-Como sea –dijo Nao -, viene de una academia que está en Francia algo así como Garderobe… si ese es el nombre, en la escuela murmuran que fue expulsada porque solía abusar de los demás estudiantes, dicen que en una ocasión en una clase de química le lanzó acido a una de sus compañeras, no le dio pero la dirección ya no toleraría mas esos comportamientos.

-¿Entonces te estas metiendo con una psicópata?

-Esa chica tiende a ser líder, es la mas grande hipócrita que he conocido –dijo Nao ignorando el comentario de Natsuki -, muchos la creen un modelo a seguir.

-No quiero psicópatas en mi casa –le dijo Kuga.

-Ah, eso no me lo puedes reclamar –dijo Nao -, apuesto a que tu invitabas a Fujino a este departamento -. Kuga hizo un gesto de hartazón.

A pesar de jugarle bromas a Nao con el asunto de esa chica, Kuga se encontraba sinceramente preocupada. Nao ya tenía suficientes problemas pero era experta en meterse en líos y esa tal Tomoe simplemente no le daba buena espina.