THE BEGINNING OF THE STORM

(CAPITULO III)

La había conocido en un día como cualquier otro. Llevaban dos meses de clases y nunca se había percatado de su presencia hasta que los rumores sobre la nueva estudiante de transferencia comenzaron a llegar con mas frecuencia a sus oídos, al principio no había prestado atención hasta que los rumores se tornaron mas oscuros e interesantes.

Era un año mayor que ella y su nombre solía ser tema de conversación entre los chicos de cursos superiores. La primera vez que Nao se percató de quién era fue un día en el que le asignaron como castigo limpiar el dojo de Fuuka Gakuen, llegó un poco antes de que terminara la clase de kenjutsu.

Dos chicas sostenían katanas y hacían una especie de coreografía: una de ellas era de tez blanca y cabello azulado recogido en un par de coletas, Nao pensó que podría ser la hermana menor de Natsuki porqué tenían cierto parecido. Y la otra chica era de facciones afiladas y cabello verde, sus movimientos eran elegantes y manejaba la katana con gran destreza.

Nao pensó que el saber manejar ese mortífero artefacto le sería de gran ayuda contra los pervertidos; sería más útil que la pequeña navaja plateada que siempre cargaba.

Cuando las chicas terminaron de practicar, se saludaron con una inclinación y se retiraron a los vestidores. Nao esperaba con escoba y cubeta en mano a que el recinto se despejara para comenzar a limpiar.

Cuando se encontraba barriendo uno de los rincones de la duela, aquella chica de cabello verde se plantó frente a ella, tenía pinta de que acababa de salir de la ducha y llevaba una botella llena con un líquido anaranjado. Nao se limitó a verla con los ojos entornados.

-Quítate de mi camino –dijo la pelirroja.

-Vaya –dijo la chica de cabello verde arqueando las cejas y esbozando una maliciosa sonrisa – que personal de intendencia tan nefasto.

-Soy estudiante idiota –le espetó Nao.

-¿Cómo me has llamado? –le dijo la chica de cabellos verdes con el seño fruncido.

-Lo que oíste, ahora quítate de mi maldito camino.

De pronto la puerta que daba a los vestidores se abrió y una chica de cabello castaño y frente amplia que estaba bastante sonrojada salió al encuentro de la de cabello verde.

-¿Tomoe? ¿Qué haces?– preguntó la de cabello castaño confundida y miró preocupada hacía Nao.

-Solo me quejaba por el mal servicio de limpieza –contestó la de cabello verde con una sonrisa desagradable y comenzó a desenroscar la tapa de su botella.

-Es mejor que nos vayamos –le dijo la de cabello castaño tomándola del antebrazo, Tomoe se apartó y miró fijamente a Nao quién la fulminaba con sus ojos felinos.

-Hazle caso a tu novia –le dijo Nao, Tomoe frunció el seño.

-Está muy sucio aquí –dijo Tomoe y derramó el contenido de su botella a los pies de la pelirroja -, será mejor que lo limpies bien.

-Tomoe – dijo sorprendida la de cabello castaño y se acercó a Nao quien estaba paralizada por la furia, pero Tomoe la apartó.

-No te le acerques Miya, ella puede sola.

Nao tuvo que contenerse, no quería ser castigada de nuevo; vio a las dos chicas salir del recinto: la de cabello castaño tomada del brazo de esa tal Tomoe a quién había jurado odiar desde ese momento.

Los días siguientes Tomoe hacía apariciones por aquí y por allá con esa chica castaña de nombre Miya quién mas que su amiga parecía su mascota. Parecía que su mayor entretenimiento era molestar a Nao, de vez en cuando le jugaba sucias bromas como la del dojo, pero la pelirroja se cobraba mas tarde todas sus jugarretas.

Parecían destinadas a odiarse y hacerse la vida imposible. Hasta que un día ambas fueron citadas a la dirección por haber causado un disturbio en los pasillos, aquella discusión habría pasado a los golpes de no haber sido porqué Miya se vio en la necesidad de llamar al consejo estudiantil.

Ambas chicas tuvieron que permanecer dos horas fuera de clase vagando por el patio esperando el turno de su citatorio. Parecían dos leones enjaulados, pero Tomoe era una chica rara; dentro de su enojo parecía disfrutar todos y cada uno de los momentos en que ella y Nao se metían en problemas.

Nao encendió un cigarrillo y decidió sentarse en una de las bancas. No podía creer que esa tipa le estuviera causando tantos problemas, hasta parecía esperar la hora en que podía arruinarle las cosas y Nao había caído en su juego al vengarse de todo lo que le hacía. Era un círculo vicioso.

Tomoe osó sentarse a su lado y cínicamente le pidió una bocanada de su cigarrillo. Nao bufó en derrota y lo compartió con ella no quería meterse en otra disputa, estaba cansada.

-Así que tu eres la famosa Nao Yuuki –le dijo Tomoe lanzándole una humareda en la cara, la pelirroja se talló los ojos.

-Baka –susurró.

-Tu eres esa chica que se mete con pederastas –prosiguió Tomoe contemplando el cigarro de una manera extraña -, ¿o debería decir esa chica que se rumora se ha metido con todos los tipos de Fuuka?

-Al diablo –dijo Nao y le arrebató el cigarro, no iba a sucumbir a sus provocaciones, se puso de pie y abandonó la banca.

Tomoe la siguió y se paró a su espalda, colocó una de sus manos sobre la cintura de Nao y acercó sus labios al oído izquierdo de la pelirroja quién estaba tensa y paralizada, pero para su frustración no sabía si era el enojo lo que la tenía petrificada o algo más que no podía discernir.

-Eres esa chica ruda y mal hablada sin escrúpulos que martiriza a los perdedores que la invitan a salir –le susurró al oído de una manera un tanto seductora, Nao se sonrojó involuntariamente.

-Y tu eres esa demente que viene de Garderobe ¿no es así? –contestó Nao tratando de parecer inalterable, pero el tono de su voz la traicionó.

-Demente –repitió Tomoe un poco enfadada, sus labios aún rozando el oído de la pelirroja –yo no usaría esa palabra. Digamos que solo me porté un poco mal -. Eso último lo dijo casi en un ronroneo. Nao no pudo más y se apartó bruscamente.

-¿Qué es lo que quieres?

-Sabes –dijo Tomoe con una sonrisa sardónica y despectiva en sus labios -, podría verte como mi rival, pero ese no es el caso.

Nao no entendió eso último, lo único que quería es que llegara el citatorio y así podría librarse de esa bruja perversa.

Después de haber escuchado en la sala del consejo estudiantil un sermón sobre el buen comportamiento y haber sido enviadas a la iglesia de la escuela a limpiar sus pecados, ambas chicas no se dijeron nada y cada quien tomó su camino.

Pasadas unas semanas Nao se extrañó de no haber sido fastidiada por esa tal Tomoe, aunque para su desgracia la veía a menudo e incluso se la topaba en los pasillos; siempre iba acompañada de Miya quién parecía idolatrarla.

Pensó que tal vez Tomoe se había cansado de darle la lata y tal vez se habría encontrado a otra víctima. Pero un día de aquellos cuando se encontraba mojándose el rostro en los lavabos del sanitario vio reflejada en el espejo a aquella chica de cabellos verdes que tanto le desquiciaba.

Nao tomó papel de la maquina y se secó el rostro para dar media vuelta y encararla. Tomoe la miraba de una manera penetrante y extraña; esa mirada le hubiera causado escalofríos a cualquiera.

-¿Qué quieres?

Tomoe no respondió solo se acercó lentamente a ella y quedó a unos milímetros de su rostro, Nao no retrocedió para no mostrar cobardía, pero su corazón palpitaba desbocado y su mente no podía idear nada.

-Esto –dijo Tomoe, y tomándola firmemente por la cintura posando sus labios sobre los de ella que estaban bastante secos, Nao no reaccionó al momento pero cuando lo hizo, quiso apartarla pero no pudo.

Tomoe le mordisqueaba el labio inferior sin hacerle daño y después su lengua pidió la entrada, Nao se la otorgó y sin darse cuenta estaba cediendo a aquel violento beso. Sentía las manos de Tomoe quemándole la cintura y colándose bajo su blusa escolar, deslizándose por su abdomen; sin saber como Nao comenzó a acariciar el verde cabello de la otra chica atrayéndola hacía si tomándola de la nuca.

Mierda. Pensó Nao, el beso se prolongaba y mientras mas duraba, más le gustaba era algo que ya le parecía inevitable e irremediable. Tomoe la besaba con mucho deseo. Y Nao no podía explicarse como habían llegado a ese punto.

Cuando terminó aquel beso, las dos chicas estaban faltas de aliento y sonrojadas. Era como si mientras se besaban estuvieran transformando el supuesto odio que sentían en algo parecido al deseo y otra cosa que Nao no podía terminar de descifrar. Fue como si la tensión acumulada entre ellas se liberara en ese instante, y algo había cambiado pero no sabía si era para bien o para mal.

Nao y Tomoe se miraron por un instante, y la de cabello verde salió a paso lento del sanitario; Nao simplemente se quedó ahí y volvió a mojarse el rostro para despejarse un poco.

Mientras caminaba de regreso a casa lo único que sabía y odiaba aceptarlo es que lo había disfrutado, le había gustado; era como tener algo nuevo en sus manos, algo totalmente desconocido y eso la excitaba porqué no sabía en que podía terminar solo sabía que quería que se repitiera.

Y se repitió, aquel día en casa de Kuga cuando esta enloqueció y corrió a todos los invitados de la fiesta. Ahora Tomoe y Nao eran parte de una tormenta diferente a la que habían iniciado, ya no era una tormenta de odio puro. Aunque algo de ese odio se conservaba había otras cosas metiéndose en el camino y aún no podían nombrarlas ni definirlas.