Disclaimer: Twilight no me pertenece y nunca lo hará, todos lo saben ya y aunque dijera lo contrario nadie me creería. El título está inspirado en una canción de Arctic Monkeys que les recomiendo escuchar durante la lectura.
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Escrito para el Darkward Fanfic Contest
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Dangerous Animals
By MrsValensi
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Capítulo IV:
The most unsuitable pet.
No se me había ocurrido un lugar mejor que la casa del bosque, hundida entre el espeso follaje verde tan característico de Forks. Los árboles posiblemente cubrirían el aroma de la sangre de Isabella, aunque no estaba del todo seguro de ello. Nunca había tenido que ocultar a una presa por demasiado tiempo, y sabía cómo saciar mis deseos en terrenos poco peligrosos. Nunca había querido mantener a alguien con vida, porque nunca lo había necesitado.
La idea de matar a Isabella Swan no me agradaba, no me convencía en lo absoluto.
Especialmente porque algo en mí me decía que sería incapaz, incluso cuando la situación se presentaba a mi favor.
Idiota. Eso era yo.
—¿Dónde… estamos?
—Es una cabaña de mi aquelarre.
—¿Tu aquelarre?
—Mi… familia.
No me acostumbraba a llamar a los Cullen de aquella forma. Admiraba la determinación de Carlisle al llevarme con él y pretender que cambiara por las comodidades de una vida en sociedad, pero yo había tenido una familia hacía ya mucho tiempo, y no habría otra en mi existencia. Una familia humana. Mi condición de persona se había ido en el momento en que había probado la sangre, en el momento en el que había entendido que yo no era más que un animal irracional, guiado por las sensaciones. Las familias eran para las personas mundanas, para los seres vivos… y yo ya no formaba parte de ese grupo.
Hacia tiempo que no iba a aquella cabaña, y pocas habían sido las veces que había estado allí. No me gustaba dejar rastro de mis acciones en lugares que pudieran ser potenciales pruebas de mi culpa. Mantener un bajo perfil siempre había sido mi prioridad.
Por lo menos, hasta ese día.
Isabella entró, temerosa de lo que pudiera encontrar. No podía leer su mente, pero me figuraba que ella estaba esperando ingresar a un lugar con tumbas, cajones y demás blasfemias sobre la idea de vampiros que la sociedad tenía. Una clara expresión de sorpresa cruzó su rostro cuando vio los muebles de madera, la fina decoración y los luminosos ventanales que se extendían en la parte posterior del lugar. Pareció olvidarse por unos segundos que estaba conmigo y se quedó de pie en medio de la sala, tan sólo mirando el panorama que la rodeaba. Por lo menos así fue, hasta que sus ojos castaños chocaron con los míos. Pude percibir, entonces, los renovados latidos violentos de su corazón, aún más violentos que en su ingreso a la casa.
¿Era humanamente posible que un corazón latiera tan rápido?
—¿Qué hacemos aquí? —musitó.
—¿Nunca te dijeron que haces muchas preguntas?
Un apetecible sonrojo cubrió sus pálidas mejillas.
—Esconderte —respondí finalmente, con sequedad—. Eso es lo que hacemos aquí.
Le hice un gesto, indicándole el sofá y pidiéndole silenciosamente que se sentara. Ella, con pasos lentos y cautelosos, se dirigió hacia el sitio señalado y se sentó en un rincón, apoyando sus manos sobre su regazo. Parecía un inocente cordero a punto de ser degollado por un león hambriento y sádico… lo cual no era una mala descripción de mi mismo. Estaba deseoso de matarla, pero no podía mover un solo músculo de mi ágil cuerpo. Su mirada asustada y su frágil figura me tenían completamente inmovilizado. Fuera de mí.
—¿Y yo… no me transformaré en vampiro?
—Esto no es una estúpida película, Isabella —gruñí, descargando mi frustración.
Ella me dirigió una mala mirada, casi sarcástica. ¿Sería contagioso pasar el tiempo conmigo?
—Necesitas beber mi sangre primero.
—Ah —musitó y noté que contenía la respiración—, ¿y…?
—Eso no sucederá.
—¿Por qué?
Me quedé callado. No era que realmente quisiera disfrutar de su sangre humana. De alguna forma me negaba a pensar que ella podría ser transformada por mi culpa, incluso cuando sabía que era una de las posibilidades más claras. Supuse que era la sensación de superioridad lo que me reconfortaba. Al sentirme tan dependiente de algo tan simple como una humana, por lo menos me contentaba con el hecho de saber que podía manejarla a mi voluntad, hacer con ella lo que quisiera…
Incluso cuando la situación se me estaba presentando a la inversa.
Volví a resoplar con fastidio, en un intento de contener las emociones. Me debatía entre la furia y la desesperación, pero no quería que todas las sensaciones tuvieran que ser soportadas por ella. Realmente no quería. Sin embargo, sus ojos castaños mirándome atenta y curiosamente no ayudaron en nada cuando mi cuerpo se guió por voluntad propia hasta el sofá. Cogiéndola de la muñeca, la obligué a ponerse de pie y estampé mis labios contra los suyos. Había una extraña necesidad dentro de mí de estar cerca de aquella humana y difícilmente tenía la estrecha relación con el aroma de su sangre, como yo creía en un principio. Aquella joven, que no debía ser más que una muñeca de trapo, que una pequeña mascota subordinada a mis deseos, se había convertido en mi propia condena. Estaba arriesgando mi tranquila y despreocupada existencia por una vida frágil y delicada, que podría quebrarse en cualquier momento.
Ella pasó sus brazos por mi cuello y me pareció casi irreal. Se suponía que debía correr, que debía intentar alejarse; incluso cuando yo supiera que cualquier deseo de huída no era más que una banal fantasía que la llevaría, como mucho, unos pocos centímetros lejos de mí antes que pudiera volver a atraparla. Pero ella no intentaba huir; ella seguía allí, devolviendo el gesto con vehemencia, intentando seguir el ritmo con su respiración errática.
—Tú estás loca —susurré roncamente contra sus labios.
Ella sólo asintió. Era bueno que por lo menos fuese conciente que aquello era disparatado, anormal…
Peligroso.
Volví a arremeter contra su boca, que me sabía a gloria. Ella era la tentación personificada para mí. Quería alejarme, todo dentro de mí me decía que me alejara de ella, pero no conseguía mover mi cuerpo.
Mis manos adquirieron vida propia acariciando su piel. Me sentía descontrolado, más fuera de mí que nunca; incluso cuando había bebido su sangre, cuando había bebido la sangre de todas aquellas personas, había sido conciente de lo que estaba haciendo. Siempre me había entregado a mi naturaleza con la seguridad de saber lo que hacía, con la confianza de caer en un infierno que yo mismo había diseñado para mi existencia.
Pero Isabellla… ella era otra historia. La excepción a toda regla.
Posiblemente ella ni siquiera fue conciente en el momento en que nos movimos de la sala a la habitación, pero el ritmo de su corazón siguió acelerándose a pulsaciones disparatadas, que seguían tentándome con su cambiante ritmo. Me entretuve en su cuello pero, en una lucha contra mis impulsos, seguí por el camino que me conducía hasta su pecho. Sus manos en mis cabellos me provocaron soltar un gruñido y pegarme más contra ella, dejando en evidencia mi necesidad. Ella soltó un gemido, tan sólo para recordarme que era mi pequeña perdición. Aquella condenada humana seguía presionando mi autocontrol con cada gesto, cada movimiento…
Me deleité con la suavidad de su cuerpo, como un adicto que tan sólo es capaz de consumir una dosis de droga limitada. Sólo podía tener eso de ella, pero extrañamente no me sentía incompleto. Su cuerpo moviéndose bajo el mío, sus gemidos entremezclándose con mis gruñidos, sus pequeñas y cálidas manos sobre mi piel inerte… se sentía bien, se sentía anormalmente bien. Por primera vez me sentía vivo dentro de mi cuerpo de vampiro. Por primera vez, luego de años sumido en una profunda oscuridad, había una pequeña luz en mi camino. Había algo en mí.
El delicado y pequeño cuerpo de Bella descansó contra el mío. Ella estaba tan entregada, tan confiada con mi naturaleza que incluso había caído dormida a mi lado, totalmente agotada. No podía dejar de concentrarme en cada pequeño detalle de ella. Su aroma era abrazador, su cabello caía desordenadamente sobre su espalda blanca. Era una criatura hermosa, dolorosamente buena para mí. Yo la estaba sometiendo, la estaba sumiendo a una pesadilla que ella aceptaba; pero, por primera vez, no podía hacerme a la idea de atarla a una historia que terminaría con una muerte inevitable.
Me levanté de la cama sin poder contenerme a mí mismo. Necesitaba cazar. Lo que fuera para no destrozar todo a mi paso.
Ni siquiera me fijé en lo que estaba cazando, pero sólo pude reparar en lo horrible que sabía. Lo desgarré brutalmente, sintiéndome inusualmente enfurecido conmigo mismo. Pude sentir la disminución de la sed y de la furia, incluso cuando no estaba, ni por asomo, completamente satisfecho.
Volví a la cabaña con la velocidad de cualquier humano. Necesitaba despejar mi cabeza, sentir otro aroma que no fuera aquella intoxicante esencia de sangre, e intuía que, además, Isabella no pretendía escapar. Era una persona rara, completamente diferente a aquellas que se habían cruzado en mi camino con anterioridad. Si bien el miedo y la incertidumbre eran evidentes, por momentos podía encontrarla mirándome sólo con llana curiosidad o medido deseo. No la entendía. Los humanos siempre me habían parecido criaturas simples, pero no podía comprender a aquella pequeña muchacha. Su forma de lidiar con lo que estaba sucediendo iba mucho más allá de mi entendimiento y de todo lo que había visto como criatura de la noche.
Suspiré una última vez antes de entrar en la cabaña, la oscuridad cayendo sobre el bosque. Cuando entré, pude percibir aún la respiración acompasada, un claro indicio de su descanso. Desde que nos habíamos conocido, era la primera vez que escuchaba su corazón latir tan regularmente.
Me senté en el sofá sin saber que hacer. Era perturbador estar solo, porque mis pensamientos no me contentaban en absoluto. Mi grupo estaba contra mí, esa muchacha tenía una familia, y yo estaba allí, reteniéndola, con una sola certeza: no quería alejarla de mí. Simplemente deseaba poder detener un momento la eternidad y tener un instante para pensar las cosas y cuáles serían mis movimientos. Nunca había creído que, alguna vez, mi tiempo no sería suficiente.
El pulso de Isabella me alertó de un momento al otro. Pude sentir su cuerpo levantándose de la cama, sus pasos sobre el cálido suelo de madera, su corazón volviendo a latir de aquella forma ansiosa y errática. Eran todas melodías preciosas e inciertas, pero también un llamado a la condena.
Ella me tentaba con cada uno de sus movimientos, y no creía poder resistirlo por mucho más tiempo.
Me puse de pie y ella me observó por unos instantes, antes de susurrar:
—Es tarde.
Su forma de hablar dejaba en evidencia el riesgo de la situación, lo amoral, que estaba siendo encerrado dentro de esa pequeña cabaña. No parecía haber ansiedad o deseos de largarse, sino más bien una pregunta indirecta para saber lo que seguía a continuación. Yo ya no podía contener mis propios y absorbentes pensamientos; deseé darle la información que quería, sin rastros de engaño en ella:
—Yo… no puedo dejarte ir —musité gravemente—, pero soy perfectamente conciente que podría matarte en cualquier momento.
—Sé que no lo harás.
Reí irónicamente. En toda mi existencia, nadie había creído en mí. En todo aquel tiempo, ni siquiera los Cullen habían sido capaces de poner una ficha en mi futuro, en mi control y mi capacidad para retener al animal y sacar un poco de ese lado humano que alguna vez había tenido. Posiblemente aquello se debía a que nunca había sido digno de confianza, a mi proceder independiente y libre de remordimientos; y, sin embargo, allí estaba aquella chica, que ponía su vida en mis manos mediante su confianza.
No sabía que decir ni como proceder después de años de una cómoda y fría seguridad.
Todo por ella.
Y, sin embargo, mi lado animal quedó acallado, pero no por un lado humano. Había una tercera parte de mí que me invitó a susurrar descaradamente:
—Yo no tendría tanta fe en mí.
Ella pareció entender mi mensaje cuando comencé a avanzar, pero no se amedrentó ni tuvo intenciones de huir. Simplemente se quedó allí, a la espera, como si aquel hubiese sido siempre para ella un final inevitable.
Entonces, dejé que mi egoísmo hiciera su parte.
Lo había pensado demasiado e incluso me sorprendí al descubrir que me dolía hacerlo, pero sabía que no había otra opción: mis colmillos se clavaron en la propia piel de mi muñeca izquierda, en el impulso de una criatura salvaje y terriblemente egoísta. Acerqué mi mano a sus labios y obligué a que su boca bebiera de mi propia sangre. Me incliné sobre su cuello y clavé mis colmillos en la fina cubierta de porcelana que me separaba de la cálida y roja esencia de Isabella, mientras sentía como ella se aferraba desesperadamente a mi muñeca con el paso de los lentos y tortuosos segundos y sus débiles brazos se ceñían alrededor de mi cintura.
Estaba enfermo y nunca me había sentido mal por ello. Nunca, hasta que ella se había cruzado en mi camino y había distorsionado todos los conceptos que tenía de mí mismo. Pero, después de una vida llena de individualismo y placeres prohibidos, me había vuelto una criatura increíblemente egoísta, y no estaba dispuesto a dejarla ir. La quería para mí. La quería conmigo y para nadie más.
Porque, finalmente, el animal peligroso había caído en su propia trampa. El león había sucumbido. Me había interesado en mi víctima, en mi propio alimento, en mi única tentación.
Que león tan morboso y masoquista.
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Ataque de inspiración. Me levanté con la idea fija de terminar Dangeous Animals y, después de cumplir con mis pequeñas responsabilidades, me puse con ello y aquí tienen el resultado. Quise dejar un final abierto a posibilidades pero con una idea innegable de Bella volviéndose vampiro. Quiero realmente saber qué piensan y qué les pareció este pequeño delirio.
Por cierto, Liss se ha encargado de hacerme un Twitter y ahora tendré la posibilidad de informarles sobre actualizaciones, nuevas historias y demás por ahí. Es igual a mi penname, pero cualquier cosa pueden buscarlo en mi perfil :) También he creado un nuevo blog y editado todos los adjuntos que habían quedado de las historias (incluida esta).
En fin, me dejo de tanta palabrería y les agradezco nuevamente por haber seguido otra de las locuras que se me han ocurrido publicar. Nos seguimos leyendo en The Bad Guy, con la que cada vez me encuentro más entusiasmada.
De verdad, gracias a todos por los hermosos comentarios, las críticas y demás.
Nos leemos pronto.
MrsV.
