Después del incidente en Ramsgate, Georgiana Darcy había cambiado radicalmente. Ya no era la misma jovencita dulce, ingenua y confiada, prácticamente una niña, que creyó ciegamente en las palabras bonitas y mentiras de un hombre sin escrúpulos. Ahora era una joven de 16 años que, a causa de su grave error de juicio, había sufrido muchísimo y ya no confiaba en su poder de discernimiento del carácter de las personas. Por eso, cuando recibió la carta de su hermano con la noticia de que estaba cortejando a la Srta. Bennet, lo primero que sintió no fue alegría, sino preocupación de que la Srta. Elizabeth fuera simplemente una caza fortuna que estaba jugando con los sentimientos de su querido hermano. Además, tenía mucho temor de que la Srta. Elizabeth se enterara de lo que había hecho, y después que se casara con su hermano – que estaba segura se iban a casar en algún momento – la mandaran nuevamente a una escuela para señoritas o a vivir a Escocia.
La Sra. Annesley que entendía perfectamente los temores de Georgina, habló seriamente con ella para tranquilizarla. Le explicó que su hermano era un hombre que hacía muchos años había entrado en sociedad, y que debía confiar en su buen juicio para elegir una adecuada esposa. También le dijo que estaba segura que la Srta. Elizabeth era una mujer excepcional e iba a ser una excelente hermana. Más tranquila, al día siguiente Georgiana junto con la Sra. Annesley partieron rumbo hacia Londres en el mejor carruaje que había en Pemberley, escoltadas por los sirvientes de mayor confianza de Darcy.
El viaje de tres días desde Pemberley a Londres lo hicieron sin ningún tipo de incidente, ya que Peter se había encargado cuando unos pocos días antes viajo desde Rosings a Pemberley de reservar las mejores habitaciones en las mejores posadas que había en la ruta en que pasaron las noches.
Ni bien llegaron a la casa, el propio Darcy las ayudó a bajar del carruaje. La reunión entre los hermanos fue muy emotiva, ya que hacía varios meses que no se veían y se habían extrañado muchísimo. Después de refrescarse y descansar un par de horas, los hermanos se reunieron a conversar a solas en la oficina de Darcy...
Darcy después de abrazar nuevamente a su hermana, y sentarse con ella en un cómodo sillón, fue el primero en hablar, "No te imaginas lo contento que estoy de verte nuevamente Georgiana. Te extrañe muchísimo todos estos meses."
"Yo también hermano, te he extrañado muchísimo." Respondió Georgiana con una gran sonrisa.
Darcy suavemente le acarició la mejilla y le dijo, "Hace tres días le pedí a la Srta. Elizabeth que se casara conmigo, y ella aceptó. Lamentablemente tuvo un pequeño accidente y por unos días no puede salir de la casa. Hoy ya es tarde, pero me gustaría mucho, si no estás muy cansada, mañana después del desayuno que me acompañes a visitarla. Deseo fervientemente que las dos mujeres que más quiero en el mundo se conozcan."
"Si hermano, yo también quiero conocerla." Hizo una pausa y en voz muy baja agregó, "Aunque, debo confesarte que tengo mucho miedo de no caerle bien."
"¡Eso es totalmente imposible Georgiana! Estoy seguro que en cuanto Elizabeth te conozca, te va a adorar. Recuerda que muy pocas veces me equivoco." Le dijo Darcy con una sonrisa.
Georgiana sonrío y asintió con la cabeza. Durante la siguiente hora, los hermanos hablaron sobre Elizabeth, la familia Bennet, su primo Richard, y otras cosas más, hasta que Georgiana se retiró a su habitación para descansar, mientras que Darcy se quedó trabajando unas horas más.
A la mañana siguiente, los hermanos fueron a visitar a Elizabeth, que los estaba esperando junto con la Sra. Gardiner sentadas en un sillón. Elizabeth se paró con cierta dificultad para saludar a Georgiana y a Darcy, ya que si bien había disminuido sensiblemente la la hinchazón del tobillo, todavía le dolía al apoyarlo. Jane estaba ayudando a sus primos en las lecciones, y optó por no bajar a saludar para darle mayor privacidad a su hermana con su futura cuñada, y el Sr. Bennet esa mañana había salido con el Sr. Gardiner.
Después de unos primeros minutos de conversación relativamente forzada, Elizabeth y Georgiana comenzaron a entrar en confianza y hablar con mayor soltura. En forma inteligente, Elizabeth le preguntó sus preferencias sobre música y sus favoritos compositores, a lo que siguió un debate sobre sus obras de literatura favoritas, y sobre cómo fue crecer en Pemberley y en Longbourn respectivamente.
La visita de media hora, se extendió por casi dos horas, y Georgiana regresó a su casa con su hermano mucho más tranquila y feliz. Su futura hermana era una mujer muy simpática que parecía genuinamente enamorada de su hermano. Tenía la impresión de que iba a tener una muy buena relación con ella e iban a ser muy buenas amigas.
