La historia y sus derechos me pertenecen, los nombres de los personajes a S. M. NO AL PLAGIO

Una madre sin esposo (SAGA LA VIDA DE ELLAS)

Anbeth Coro

XXXII A las heridas… no las cura el tiempo

Bella recibió la carta hasta el día siguiente.

Mereces ser amada con la misma intensidad de tus sentimientos, mereces mucho más de lo que puedo ofrecerte. Siento no ser eso, pero debes saber que serás capaz de encontrarlo algún día y esa persona sabrá corresponder a ti sin ataduras ni peros de por medio. No tenía las palabras adecuadas para ti y no las tengo ahora, ojalá puedas perdonarme algún día, por el daño que te hago y como esto puede afectar a tus hijos, sobre todo a Nessie.

Siento no ser lo suficiente valiente para ti.

Edward.

Una carta que no había iniciado con un "querida Bella", y que no había concluido con un "con amor". Una carta que Bella había releído hasta el cansancio. Se quedó la siguiente mañana en la cama hasta que dio la hora de ir a trabajar. Y esperó que él fuese al restaurante, que apareciera como una vez hizo, que le dejará una segunda carta en la ventana del auto, que le llamara a mitad del turno, que le enviara un mensaje para saber si había llegado bien a casa, que apareciera tarde tocando para decirle que se había equivocado. Pero nada ocurrió.

Todo se había terminado.

La noche anterior había temido llegar a casa y encontrar a su hija llorando por la despedida de Edward, en cambio se encontró con que Nessie estaba despierta y animada para su mamá.

—Mira, mami, para ti.

Le dijo mientras le extendía la carta. Bella miró a Esme.

—Edward te dejó esa carta, ¿por qué, Nessie?

—Porque se fue en un avión, mami y va a tardar mucho en volver.

Lo que le costó mantenerse en pie y firme en sus expresiones sin romper en llanto.

—Y te dio esto —dijo al tiempo que extendía sus brazos hacia Bella, la mujer cargó a la niña y tardó en entender que esa otra cosa que había dejado Edward era ese abrazo.

Quiso hacerlo, pero consiguió no llorar.

Para ese fin de semana se esmeró y salió con los dos niños al parque, dispuesta a pasar tiempo con ellos incluso si eso significaba dejar sus pendientes para después. Jake se recargó en su madre en algún momento mientras caminaban.

—¿Estás así por Edward?

—No, cariño.

Jake no lo creyó.

—¿Querías ir con él a ese viaje?

—Por supuesto que no.

—¿Entonces?

Aquel viaje era el pretexto más ridículo que se le había ocurrido a Edward y ahora ella se encontraba obligada a sostener el engaño, por Nessie.

—Es por el trabajo.

—Uhm… ¿mamá?

—¿Sí?

—¿Edward también tiene mucho trabajo como papá?

Bella negó con su cabeza.

—¿Vas a meterme a clases de box?

Y esta vez en lugar de que Bella rechazara esa idea, lo aceptó, no solo eso, prometió que el lunes mismo lo inscribiría en alguna academia.

Edward no iba a quitarles más a sus hijos.

El viernes siguiente Mike pasó a recoger a Jake. Mantuvo sus ojos lejos de su exesposo mientras esperaban que el niño terminara de hacer la mochila para irse.

—¿Volverías a irte?

La pregunta de Bella lo tomó con la guardia baja, nunca hablaban de eso.

—Tienes una buena vida, Bella. Los niños tienen estudios, yo tengo un empleo seguro. ¿Qué vida habríamos tenido juntos?

Bella frunció el ceño y bajó la vista mientras apretaba los labios para no decirle cuál.

—Me hubiera gustado tener una opinión sobre eso.

—Sé cuál hubiese sido tu respuesta.

—¿Y era tan espantosa?

Mike, muchos años más tarde recordaría constantemente esa conversación, esa pequeña puerta entreabierta que Bella había permitido para ellos en ese momento de vulnerabilidad, una oportunidad para ser honesto y que él había declinado a usar.

—Me iré de viaje por un mes completo en dos semanas —dijo a modo de respuesta siendo esquivo. Y Bella lo entendió: La vida de Mike no tenía espacio para ellas.

—¿Jake lo sabe?

—Por eso iremos a acampar este fin de semana —Mike solía recompensar sus ausencias con excentricidades como esa, esta vez irían a pasar el fin de semana acampando en el medio del bosque. Pero anteriormente lo había llevado a la playa, incluso a esquiar. Era un buen papá, nadie podía ponerlo a dudas, pero era sólo buen papá para uno de sus hijos.

—¿Alguna vez has pensado que le dirás a Nessie cuando pregunte por ti? —le preguntó Bella.

—No… ella es pequeña.

—No lo será por siempre.

—Bella… si yo pensara que estarían mejor conmigo, entonces estarían conmigo.

—Que excusa más barata para hacerte a un lado. ¿Por qué no eres honesto contigo mismo y admites que es más cómodo para ti? No tener una esposa con la que lidiar, ni berrinches, sin lidiar con la carga de una familia todos los días. Qué comodidad, ser el padre perfecto tres días cada dos semanas.

Bella nunca se lo echaba en cara, los pensamientos estaban ahí pero usualmente los mantenía para sí.

Mike esquivó la mirada en lugar de sostenerla, y es que era algo que le desquició siempre de él, mirar hacia otra parte en lugar de enfrentarla a los ojos.

—¿Crees que fue fácil para mí? Me dejaste con todo el peso y la responsabilidad. ¿No pensaste que yo te necesitaba? Te amaba. Te amaba tanto y tú… sólo te fuiste porque era muy difícil cambiar pañales de nuevo.

Mike miró al suelo.

—Tienes razón, ¿pero no tienes una mejor vida ahora? Un buen trabajo, los niños una buena escuela, un buen carro en el cual moverte, una casa que no tienes que pagar. ¿Dónde estarías hoy si me hubiera quedado, Bella?

—Contigo —la palabra salió en un murmullo apenas, y cuando Mike miró hacia arriba notó que Bella no había dejado de mirarlo con sus ojos brillantes y azules.

—Pero no serías feliz.

—¿Yo? ¿O tú?

—No te hice feliz, Bella. Quedarme habría sido egoísta.

—Si eso fuera cierto, te habrías divorciado de mí y no habrías dejado a Nessie en…

—Listo, mamá —llegó Jake a su lado con la mochila al hombro.

Mike la miró con una mezcla de vergüenza y disculpa pero las palabras no salieron de él.

—Lo devolveré el domingo —fue todo lo que dijo el hombre.

—Pórtate bien. No hagas nada peligroso —le pidió Bella al niño respirando hondo y forzando una sonrisa para su hijo.

—Me porto bien —dijo Jake.

—Cuídalo —dijo con severidad a Mike, en una implícita amenaza hacia él.

—Con mi vida —aseguró antes de caminar de regreso al automóvil y esquivar la discusión que había quedado a la mitad.

Nessie ya no hablaba de Edward. Jake ya no preguntaba por sus clases de boxeo con Edward. Ella misma no se atrevía a pensar en Edward. Así que estaba mejor, no sabía cómo dejar de sentirse como lo hacía por él, pero al menos cada vez que Edward se intentaba colar en sus recuerdos, Bella era lo suficiente fuerte para empujar el pensamiento lejos de ella.

Era un fin de semana sin Jake, así que llevó a Nessie al parque para quemar la energía de su pequeña. Se sentó a la sombra de un árbol mientras la niña iba a jugar y no supo en que momento cabeceó por el sueño unos segundos ¿o minutos? Bella no iba poder asegurarlo después, pero cuando volvió a abrir los ojos Nessie no estaba frente a ella.

Gritó el nombre de la niña poniéndose de pie, pero Nessie no gritó de regreso. Corrió hacia las resbaladillas, miró dentro de la casa infantil de madera, pero Nessie tampoco estaba ahí.

—¿Vio a una niña? ¿Con coletas? Cabello negro.

La mujer negó con su cabeza.

Bella le preguntó a los otros niños hasta que una niña mayor le dijo que la vio correr.

—¿Hacia dónde? —la niña apuntó hacia un punto y Bella empezó a correr sintiendo su corazón golpear con fuerza.

Llamó desesperada a Mike, pero la llamada envió directo a buzón, el bosque en el que acampaba con su hijo no tenía señal. Siguió corriendo sin saber hacia donde. El tiempo importaba. Y se le estaba agotando.

Entonces en medio de la locura y el miedo por perder a Nessie, llamó al número de él.

Respondió al primer tono.

—Perdí a Nessie.

—¿Qué quieres decir con que perdiste a Nessie?

Se despertó a las seis de la mañana como venía haciendo desde siempre. Luego fue a trabajar. Se encerró en su oficina firmando y coordinando con sus empleados decisiones y analizando opciones de inversión, aprobando cambios en los precios, revisando los resultados del mes anterior y constantemente tomando una y otra tarea. Pero no era suficiente.

—Espero que tu mal humor sea porque perdiste dinero y no a una mujer.

Edward ni siquiera miró a su hermano y siguió trabajando.

—Edward, ¿de verdad vas a volver a pasar por esto?

—No. No voy a volver a pasar por eso, perdí a Angela, no voy a perder a otra mujer.

Emmet resopló con disgusto.

—¿Y cómo es que terminar una relación no es perder a una mujer?

—Empezando porque ella está viva.

—Claro, entonces si tú terminas con Bella, vas a darle inmunidad sobre la muerte y vivirá cien años. Pero qué imbécil, ¿cómo no lo noté antes?

—Puedes burlarte de mí todo lo que quieras, pero no me harás cambiar de parecer.

—No. Yo no te haré cambiar de parecer, solo espero que cuando entres en razón no sea demasiado tarde. Bella no está nada mal.

Edward esta vez sí levantó la mirada a su hermano, sus ojos lucían furiosos, pero no dijo nada para protestar.

—Sólo digo la verdad, ¿Cuánto tiempo crees que aparezca otro hombre en su vida? Tal vez su exesposo recapacita después de esa escenita de las que me hablaste.

Edward se arrepintió de haberse desahogado con su hermano días atrás.

—Tal vez, Bella se encuentra con alguien guapo y joven, de su edad, dispuesto a jugar a ser el papá de sus hijos. Puede pasar, eh. Lo he visto.

—¿Cuándo lo has visto?

—En la televisión.

Edward siguió leyendo el último informe, pero Emmet insistió:

—O no. Y termina casada con un idiota como Francisco —Francisco era el padrastro de Emmet y Edward que se casó con su madre y jamás ejerció el rol de padre—. ¿Te imaginas? Tiene una niña pequeña que posiblemente sueña con un papá y se va a topar con pared con un idiota de ese tipo.

—Bella jamás saldría con alguien así.

—Es que no lo sabes, la soledad es dañina para las mujeres.

Edward apretó los dientes y siguió fingiendo que leía.

—Que no los quiera no es un problema. Preocupante sería si los quiere demasiado, ¿entiendes lo que digo? Hay muchos pederastas disfrazados de buenos esposos.

—¿Puedes, por favor, dejarme tranquilo?

—Sólo digo.

—Sólo vete.

—La soledad es también dañina en los hombres, Edward. No seas cobarde.

—Fuera.

Emmet se puso de pie y salió.

Cuando Edward se quedó a solas dejó el informe sobre el escritorio. Sus ojos fueron al retrato que tenía al lado de su computadora, una foto de Angela y él, el día de la boda.

Hay muchos pederastas disfrazados de buenos esposos.

No, se dijo, Bella jamás pondría en riesgo a sus hijos.

El sábado la historia se repitió. Despertó a las seis, leyó un libro en el desayuno, pero no consiguió concentrarse por el ruido del silencio.

No hubo nada de qué hablarle a Angela el domingo que visitó su tumba. Se quedó sentado por una hora entera y ninguna palabra logró salir. Quería tanto un consejo de Angela, pero no podía hablarle de eso. ¿Cómo le hablaría a su esposa de la mujer que había llegado a reparar su vida, luego se la puso de cabeza otra vez?

—Las personas se mueren.

Se repetía mientras deambulaba en su casa, la vacía y gigante casa que se sentía como una prisión. Edward intentó distraerse una y otra vez, pero los libros que leía no llegaban a atraparlo, no conseguía prestar atención a las palabras por las que leía el mismo párrafo una y otra vez.

Un día en la semana salió del trabajo y distraídamente condujo hacia la casa de Bella, pero apenas notó lo que hacía cambió la dirección y regresó a la casa gigante que habitaba solo.

La soledad era un monstruo en su vida, uno que devoraba todos sus sueños.

Edward necesitaba recuperar su rutina antes de Bella, así que despertó a las seis, se arregló para iniciar su día, tomó un libro al azar y fue a cafetería a la que visitaba antes. Esa donde permitían el acceso a mascotas y que fue en la que conoció a Bella.

Pidió un café y mientras lo esperaba no pudo evitar notar la mesa donde la había visto la primera vez, Bella estaba llorando abrazada a conejo, que era el nombre del conejo a falta de mejor nombre. Bella era tan sensible que había llorado por su conejo enfermo, y se preocupó al imaginarla llorando por culpa de él.

Era lo mejor, se repitió Edward, él le llevaba diez años. Si la suerte le sonreía él moriría antes que Bella y no quería provocarle el sufrimiento que él había pasado con Angela, pero si Bella moría antes no quería sufrir por segunda vez una pérdida de esa manera, no sobreviviría.

Además, había una promesa que cumplir y mientras las palabras no fueran dichas en voz alta ninguna promesa estaba rota.

Cuando caminó hacia su automóvil miró a una mujer joven pasar a su lado corriendo y no pudo evitar pensar en Bella, en que tal vez un día saldría a hacer algo tan simple como correr y entonces conocería a otro hombre, como había dicho su hermano. O peor, iría a un restaurante, o en un parque, o en el área de pingüinos del zoológico al que le gustaba ir a Nessie. Y tal vez ese hombre se ganaba el afecto de Bella y a sus hijos. O peor, pensó Edward más tarde en la oficina sin conseguir prestar atención a la reunión. Bella se encontraría con un idiota que maltrataría a sus hijos a sus espaldas. O…

No, detuvo sus pensamientos. Bella es libre de elegir su vida como desee hacerlo, se reprendió empujando sus pensamientos lejos.

Edward la extrañaba de manera terrible. A ella, a Nessie, a Jake. Las risas y las conversaciones animadas.

Y así fueron sus días hasta que una mañana de sábado recibió una llamada, apenas recapacitó en lo que hacía cuando ya estaba respondiendo el teléfono.

—Perdí a Nessie —la voz de Bella era una mezcla de voz y llanto.

—¿Qué quieres decir con que perdiste a Nessie?

Bella estaba llorando y él lo sabía por el modo en que temblaba su voz, en la manera en que las palabras se encimaban entre sí y la dificultad a escucharla, pero también por los sollozos que se iban entremezclando.

La preocupación lo golpeó con fuerza, aunque no era mayor a la de ella.

—No está, Edward —repitió Bella mientras seguía caminando buscando a su pequeña hija entre las personas que disfrutaban ese sábado por la mañana.

—¿Dónde estás?

Sobre el llanto de ella alcanzó a escuchar que estaba jugando en el parque, que la niña estaba ahí, que ella se distrajo, la culpa y el miedo mezclándose en Bella.

Algunas personas ya se habían unido a la búsqueda.

—¿Llamaste a la policía?

—Alguien lo hizo.

Y entonces escuchó las palabras que iban a congelarlo en su sitio cuando estaba por encender el automóvil para ir a buscarla.

—Hay una niña en el lago.

¿En el lago? ¿dentro del lago, ¿al lado del lago?, ¿viva?, ¿muerta?, ¿ahogada?, ¿jugando?

Edward no lo supo porque en ese momento Bella soltó el celular y éste se estrelló contra el suelo terminando la llamada.

La siguiente vez que intentó llamarla envió a buzón. Y no podía esperar a saber noticias de ella, no podía hacerlo, subió al automóvil. Tenía que llegar a ella.

Sabía que a un par de cuadras de la casa había un parque, estaba seguro que debía ser ese. Habían ido ahí el ultimo par de meses cada sábado para distraer a los niños.

Edward condujo a toda velocidad, se cruzó dos semáforos en rojo y enloqueció dando golpes a su claxon. Mientras la aterradora imagen de Nessie en el lago bocabajo se repetía en su cabeza.

¿Qué sería de Bella si perdía a Nessie? ¿Qué sería de él?

Corrió hasta encontrar el lago. Bella le daba la espalda mientras lloraba con Nessie en brazos.

¿Viva? ¿Ahogada? ¿Nadando? Bella corrió hacia el lago que estaba en el centro del parque, no había buscado ahí porque… porque era demasiado peligroso para su hija de tres años.

Tienes que ser fuerte, tienes que ser fuerte, tienes que ser fuerte, se iba repitiendo Bella mientras caminaba hacia donde estaba el lago. Sentía que el mundo se le iba encima, todo el peso del mundo aplastándola contra el suelo.

Y mientras caminaba lo único en lo que pensaba era en la risa de Nessie. Esa hermosa y aguda risa que escuchaba ni bien se despertaba cada mañana.

Sentía que iba a desmayarse.

Hay una niña en el lago.

Bella sentía como si algo estuviera partiéndola en dos, pasó entre los matorrales, al lado de un letrero que anunciaba el peligro de nadar ahí, pero Nessie no sabía leer, tenía solo tres años.

Y…

—Los patos no son amarillos.

Reconoció su voz. Nessie estaba hablando con una mujer y un niño. La habían encontrado apenas unos minutos antes y el padre había ido a buscar a la madre de la niña.

Levantó a la pequeña y la abrazó con fuerza contra sí, mientras le iba dejando besos por todo el rostro.

—No me vuelvas a hacer eso, Nessie. Nunca.

-Mami, los patos no son amarillos.

El enfado de Nessie al señalar hacia los cisnes del lago era tranquilizador, no estaba llorando, ni había resultado herida y nadie había intentado robarla. Ella solo había perseguido a un ave hasta llegar al lago.

—Nunca —pidió Bella con lágrimas en sus mejillas.

—No llores, mami. A mí tampoco me gustan los patos —Bella se rio de la ocurrencia sin atreverse a soltar a la niña.

Nessie estaba con su cabeza recargada en el hombro de Bella mirando hacia atrás y entonces una sonrisa grande apareció en su rostro mientras intentaba luchar contra el abrazo de la madre.

—¡Mami! ¡Es Edward!

Bella sintió una opresión por dentro, muy diferente a la opresión del miedo, una opresión como la de un abrazo dentro de ella. Y empujó con todas sus fuerzas la sensación, enfocándose en lo importante, en su pequeña hija que tenía aun en sus brazos.

—Está llorando porque los patos no son amarillos —le explicó Nessie a Edward cuando se acercó hasta ellas—. Es una decepción mami, pero no estés triste.

Por eso Bella no salía sola con los niños. Lo hacía acompañada usualmente de Esme, sabía que salir con Nessie era mantener los ojos abiertos, pero se había confiado y por poco puso su vida en riesgo. Si Nessie hubiese intentado llegar a los cisnes o…Bella sacudió su cabeza intentando despejar esa idea.

Edward puso su mano en la espalda de Bella, pero ella seguía llorando sin poder calmarse.

—Mami, abajo. Bájame.

Bella puso a la niña en el suelo y Nessie fue a pedirle a Edward que la cargara de nuevo. Todos los esfuerzos de Bella en hacer que la niña lo olvidara habían sido en vano, si Nessie no preguntó por él fue porque asumió que seguía de viaje.

En ese momento se acercaron dos agentes de la policía para corroborar que todo estaba en orden y cancelar la alerta de extravío. Bella aún estaba sensible ante la experiencia.

—Tengo dos unicornios, nueve y diez —le contaba a Edward.

—Nessie, despídete ya.

Bella ni siquiera miró a Edward al hablar. No le daría el gusto de ver lo conmovida que estaba porque él hubiese ido hasta allá por preocuparse por su hija. Y no le demostraría que seguía sintiendo algo de afecto por él.

—¿Por qué?

—Porque se hace tarde.

Bella le sostuvo la mirada a Edward, pero él no la esquivó, con toda la culpa que sentía por el modo en el que la había dejado aun así se obligó a no mirar hacia abajo.

—Despidete, Nessie —insistió Bella viendo a la niña aun en brazos de él.

—¿Por qué?

—Por favor.

Nessie le dejó un beso en la mejilla al hombre antes de estirar los brazos a Bella.

—Te equivocaste —le dijo Bella, recuperada del susto y con la indignación por los aires. ¿Con qué derecho pretendía preocuparse por su hija si la dejaría de todos modos?

—¿En qué? —preguntó él con el semblante caído.

Bella había leído tantas veces la carta de Edward que sabía exactamente qué le respondería si tuviese la oportunidad:

—Tú eres el que no nos merece.

¿Subibaja de emoción? ¿Qué les pareció la respuesta de Bella? Muchas gracias por sus comentarios, son puro combustible para quemar mis neuronas y escribir. Tan así que terminé pronto el capítulo para no dejarlas echas trizas con el final del capítulo anterior.

¿Suficiente sufrimiento para Edward?

Según yo esta vez cambié los nombres correctamente, pero si llegas a encontrar alguno que me falte no dudes en dejarmelo en mensajes.

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Gracias por sus comentarios y su tiempo de leer