La historia y sus derechos me pertenecen, los nombres de los personajes a S. M. NO AL PLAGIO
Una madre sin esposo (SAGA LA VIDA DE ELLAS)
Anbeth Coro
XXXIII Si uno espera demasiado las oportunidades... se las pierde
El matrimonio de Bella y Mike luego de ese último bache en el que ella le pidió divorcio había cambiado por completo. Él se esforzó por ella, lo hizo como no lo había hecho en los últimos años.
Se aseguraba cada mañana que ella supiera que la amaba, a Bella le gusaban los detalles y él encontraba la manera de decírselo en banalidades: dejaba una frase escrita en el espejo del baño para que el vapor revelara el mensaje, le preparaba el café por las mañanas, le recordaba lo hermosa que era cuando ella empezaba con alguna inseguridad a su cuerpo y, cuando se aseguraba que Jake estaba dormido, le hacía el amor.
La frecuencia y constancia de su amor era para Bella lo único que importaba. Bella a cambio le daba tiempo y paciencia a su matrimonio, Si Mike quería cumplir sus metas y sueños, ella tenía intenciones de acompañarlo en el camino, y eso significaba que no siempre tenían los fines de semana libres, o que era complicado tomar las vacaciones sin algún cliente llamando o un proyecto laboral cruzándose en el camino. Ya tendrían tiempo, le repetía Mike, ya tendrían tiempo de viajar.
Bella lo creía porque el esfuerzo de Mike se veía recompensado en la guardería de Jake, en la ropa que vestían, la casa en la que vivían y que nunca tenían dificultades en comprar comida o pagar los gastos; aunque eso sí, desde que se reconciliaron Bella trabajaba. Porque ella también tenía aspiraciones: quería ser chef. Y Mike que era dado a perseguir sus sueños, apoyaba que ella los consiguiera también.
Ellos se amaban. Hasta que…
Hasta que Bella decidió sorprenderlo una tarde y decirle que estaba embarazada de nuevo. Entonces todo eso, todo su amor, toda su alegría y devoción se opacó por completo.
—No hablas en serio, Bella —había dicho Mike sin dejar de mirar su vientre plano con los ojos entrecerrados como si hubiese una bomba nuclear ahí.
—Sé que no era el plan, pero…
—¿Qué no era el plan? Te pedí una cosa, Bella. Solo una. Te dije que no quería más hijos, tú dijiste que estabas de acuerdo y que ibas a usar anticonceptivos.
—Las pastillas fallaron, no fue mi culpa.
—¿Pastillas? ¿No hablamos del DIU?
Sí. Bella le había dicho que se pondría el DIU, pero al investigarlo un poco más se dio cuenta que no quería pasar por ese procedimiento y que era más sencillo tomar una pastilla al día, aunque alguna vez la olvidó y asumía que el embarazo se debía a que tomó antibiótico un mes atrás.
—Las pastillas son más fáciles…
—Más fáciles de crear un bebé.
—Mike, sé que estás aterrado, yo tampoco esperaba esto.
—Tú querías esto, ¿por qué no lo admites? Tú querías un bebé.
Bella no respondió esta vez.
—No fue apropósito.
—Lo fue. Bella. LO fue. Si no ibas a usar el DIU debiste decírmelo y yo me habría realizado la vasectomía.
Bella abrió su boca con indignación.
—¿Y no importa lo que yo tenga que decir al respecto? —preguntó ella con enojo.
—¿Te importó a ti lo que yo tenía qué decir? —preguntó él señalando su vientre.
—Mike, estás asustado, pero será fácil.
Mike negó.
—Solo te pedí una cosa, Bella —le repitió—. No puedo dividir mi tiempo más, tengo que ser un buen padre para Jake, y un buen esposo para ti, y un buen prospecto a socio y un buen empleado y no tengo manera de dar más de mí. Estoy cansado, Bella. No quiero volver a pasar por eso otra vez.
—No voy a abortar, si estás sugiriendo eso mi respuesta es no.
Mike se quedó en silencio y miro hacia el suelo.
—No estoy seguro que pueda hacer esto.
—Vas a hacerlo, vas a ser un gran padre. Es solo que estás asustado, ya se te pasara.
El error de Bella fue invalidar los miedos de él. Si ella se hubiese tomado con mayor seriedad las palabras de Mike se habría dedicado a mostrarle a él lo sencillo que sería un segundo bebé, o las ventajas de tener más de un hijo. Pero Bella no lo hizo, en cambio su segundo embarazo resultó estar lleno de mayores dificultades. Vomitaba cada mañana, no tenía apetito, se veía con un aspecto enfermizo, más cansada, más sensible, más intolerante a la cercanía de Mike. Y él dejó de prepararle el café matutino porque eso le provocaba nauseas, no volvió a dejarle notas en el espejo porque después de que Bella vomitaba se metía a bañar y luego él lo hacía; y cuando iba a acostar a Jake se encontraba con que su esposa estaba dormida o de malhumor.
Bella no lo notó, pero ella terminó por alejarlo.
El día que Nessie nació, Mike llegó al hospital corriendo, había salido a una comisión en otra ciudad y tuvo que tomar un vuelo para llegar aunque no lo hizo a tiempo, para cuando llegó le dijeron que su esposa estaba en recuperación, pero que podía ver a la niña desde el cristal.
Nessie estaba despierta mirando hacia arriba con sus ojos abiertos y atentos. No se parecía a Bella, ni a Jake. Era idéntica a él. Le había heredado el color oscuro del cabello y los ojos verdes mezclados con gris. Puso la mano sobre el cristal viendo a la pequeña completamente embelezado por ella. Se quedó ahí casi una hora sólo observando al diminuto bebé, indefenso, pequeño, que ya tenía todo su amor y a quien deseaba darle todo su tiempo.
Pero no podía.
Porque si le daba todo a Nessie, se quedaría sin nada para sí mismo. Y si dejaba de lado sus sueños entonces nunca podría darles la vida que se merecían.
—¿Quiere cargarla? —preguntó una enfermera que lo había observado desde hacía un rato, él asintió. Su pequeño cuerpo ni siquiera pesaba, la niña hizo intento de llorar, pero la acunó y balanceó con cuidado como había hecho con Jake noche tras noche cuando era un recién nacido.
Y recordó aquellos días en que apenas podía dormir, tenía que estudiar y luego iba a trabajar y por la madrugada apenas pegaba el ojo atento a su pequeño. ¿Cómo sería capaz de trabajar si debía cuidar de su familia noche y día? ¿Cómo iba a darles la vida que quería para ellos?
—Lo siento, mi niña. Lo siento mucho.
Besó la frente de su bebé por primera y última vez, unas lágrimas cayeron en la frente de la niña y él acarició su piel para limpiarla de la muestra de su propio dolor.
No podía enfrentar a Bella, le temblaba el cuerpo de siquiera considerar romperle de ese modo el corazón, así que decidió ser un cobarde sabiendo que al irse la perdería para siempre.
Si me lo pides, te esperaría una vida.
Le había escrito Bella años atrás en una nota que dejó en su desayuno.
Pero él no quería que ella lo esperara, él quería que ella continuara con su vida, así que no se lo pidió y tampoco se despidió. Y cuando los años pasaron no tuvo el valor de volver porque estaba seguro que él dejaría todo por ellos y no podía darse ese lujo, no todavía.
—Mira papá, encontré a garrapata —dijo Jake regresando a la sala con el gato que le había obsequiado unos meses atrás y que se había perdido dos semanas antes.
—¿Y qué haremos con pulgas? —preguntó el padre señalando al gato que tenía en su regazo y que había rescatado de la calle para reponer al gato perdido de Jake.
—Comprarle otra cama —decidió el niño, sin dejarle opción a deshacerse de alguno.
Porque Mike podía tener muchos defectos, pero era un padre ejemplar con Jake. No le gustaban los gatos y ahora tendría que cuidar a dos para complacer al niño.
—A Nessie no le gustan los gatos —le contó Jake sentándose a su lado y cargando a Pulgas para quedarse con ambos felinos en sus brazos.
—¿No?
—Le dan miedo.
Bella no era el sacrificio que había hecho para la vida que tenían, fue Nessie, el amor que sentía por la niña era lo que sacrificaba todos los días para esforzarse por esa vida que merecían los cuatro.
—No entiendo porqué —dijo Mike mirando los dos gatos que ya estaban sacando sus garras para pelear entre sí. Porque a Mike tampoco le gustaban los gatos y de niño también les tuvo miedo.
—El vecino tiene uno y un día casi se come a conejo.
Conejo fue el único acierto de obsequio de parte de Mike a Nessie. Lo había vistoe n una tienda de mascotas, inofensivo, silencioso y curioso. Habló con Bella esa misma tarde y le dijo que tenía un regalo para los niños, pero que requería de su aprobación.
Así que Mike lo compró y se lo entregó a Bella dos semanas después cuando el animal aprendió ir a su caja de baño por su cuenta y dejó de ser tan asustadizo. Nessie había corrido hacia él apenas entró con el animal y su corazón se había detenido cuando creyó que ella iba a abrazarlo, pero se detuvo frente a él y cargó al conejo que había puesto en el suelo con emoción.
—¡Mira, mami! ¿Es un perrito? —le preguntó la niña a él y Mike creyó que iba a llorar ahí mismo mientras los ojos verdes con gris lo miraban felices.
—Conejo —la corrigió él con una palabra sin creerse capaz de decir otra.
—Conejo —repitió ella, o más bien, lo nombró.
Mike no le hablaba a la niña, porque sentía como si fuese a romperse cada que la tenía frente a sí. Se había imaginado más de una vez abrazándola mientras lloraba por haberla dejado años atrás. Y cuando los ojitos de ella se encontraban con él, el calor se expandía pronto hasta quemarlo con la culpa y el dolor por no tenerla.
Y Bella lo odiaba, podía estar seguro de eso, ¿cómo no iba a odiarlo después del modo en que la había abandonado? Ella jamás entendería sus motivos, a veces a él mismo le costaba entenderlos, pero debía mantenerse firme y esperanzado en que algún día tendría la vida que quería para su familia.
Si me lo pides, te esperaría una vida.
Qué difícil era no pedírselo día a día.
Bella creía que la había dejado por otra mujer, porque Mike eso le hizo creer, pero ¿cómo podía creerlo? ¿cómo cuando tanto tiempo le costó volver a tener relaciones con su mujer por temor a un embarazo no deseado? ¿Cómo podría creer que se arriesgaría de ese modo con una desconocida? Cuán sencillo había sido engañar a Bella sobre una infidelidad. Pero era lo mejor, porque de no ser eso ella no habría reunido el valor y el coraje para hacer su vida sin ayuda de él. Y Mike sabía que si algo motivaba más a Bella era enfrentar a quienes no la valoraban como merecía. Había sido así con su propia madre y su familia, y sabía que sería también así con él. Y él quería que ella cumpliera sus sueños, que no dejara de esforzarse hasta ser chef, que su deseo de cerrarle la boca por dejarla la hiciera alcanzar sus metas. Y funcionó porque solo un año después ella consiguió el puesto que quería tener.
—¿Me escuchaste, papá? —le preguntó Jake al ver a su padre distraído.
—¿Qué cosa?
—Que si vas a pedirle a mamá que vaya con nosotros al próximo campamento.
Mike negó.
—Esto es algo de nosotros. ¿Quieres pizza?
Y sin esperar la respuesta del niño se puso de pie y caminó a la cocina para hacer el pedido. Miro al resto del apartamento desde ahí. Era una casa llena de muebles costosos, lujosas decoraciones sobre los muebles y las paredes, tenía la vida que había deseado en su juventud y seguía sin sentirse pleno con lo que había conseguido.
El error de Bella fue desvalorar el miedo de Mike.
—Que excusa más barata para hacerte a un lado. ¿Por qué no eres honesto contigo mismo y admites que es más cómodo para ti? No tener una esposa con la que lidiar, ni berrinches, sin lidiar con la carga de una familia todos los días. Qué comodidad, ser el padre perfecto tres días cada dos semanas.
El error de Mike fue creer que el vacío que sentía estaba relacionado a sus sueños y metas, sin imaginarse que el vacío se debía a que le hacía falta la familia que había sacrificado para tener todo eso.
Si Mike hubiese sabido que la conversación que tuvo con Bella el día anterior pudo haberle devuelto a la familia que dejó atrás, que esa era la puerta de oportunidad que tenía para ser feliz, habría sido honesto con ella por primera vez en cuatro años y las habría recuperado, a ella y a Nessie, pero no lo hizo y la puerta no volvería a abrirse hasta más de veintidós años después.
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