A lo largo de los días la ceremonia se acercaba a pasos apresurados, los trajes estaban preparados a la perfección y el de ella estaba en el vestidor del apartamento acechando como un monstruo esperando a atacar, luego de unas semanas pidió que fuera guardado en su casa, que estuviera lejos, su presencia la atormentaba en demasía, sus ojeras crecían y perdía el color de sus mejillas. Sasuke había llamado diversos médicos para que atendieran a la joven, estaba preocupada de verla tan débil, la conclusión era siempre la misma, el estrés de la boda, se lo atribuían a los típicos nervios de una ansiosa novia.
La conclusión de su evidente destino la atormentaban, Sasuke prefería mantenerla en su apartamento con todas las comodidades que ella deseara, que leyera todos los libros que quisiera, dulces de todos los tipos, ropas por demás finas; pero nada parecía animarla. Estaba preocupado y se permitía pasar largas horas abrazado a ella, buscando que su compañía la hiciera sentir mejor, que no estaba sola, a fin de cuentas él era capaz de todo sólo para protegerla, ciego, no sabía que la respuesta era más fácil, dejarla ir.
Hinata se sentía arrepentida de haber sucumbido a sus encantos, traicionando de hecho a su querido Itachi, aquella noche la seguía hasta sus sueños, dormía menos de lo normal, veía a Sasuke dormir tan apacible como un niño. A veces deseaba apuñalarlo, darle un veneno doloroso que la liberara de él, tal vez no era capaz de notar que una cosa era sentirse atraída físicamente, y otra era simplemente despreciarlo.
Una tarde, finalmente se había podido levantar de la cama con algo más de ánimo, Sasuke la había invitado a comer a la casa principal, él estaría allí, se esmeró un poco, buscando impresionar a sus suegros, pero su objetivo era siempre él, aquel muchacho del que se había enamorado había cambiado en un hombre tan gentil como siempre, dulce y sonriente. Al llegar, le extrañó no verlo en la sala, nadie hizo mención de él por respeto a la situación conocida, se excusó al baño en búsqueda de él, aunque fuera para cruzarse en el pasillo. Con una brillante sonrisa, llamó a la puerta, escuchó jadeos, su piel comenzó a sudar, no había respuesta, los sonidos de una jovencita se hicieron más fuertes, al abrir la puerta, la escena era más que obvia, pero debía ser su imaginación, ambos seguían conectados.
- Hi-Hina, ¿qué haces aquí? - pálido, tan pálido que era preocupante, no esperaba que lo molestaran mientras estaba con una chica que lo admiraba y lograron cierta química.
- L-La - ella se cubrió con las ropas que podía - este - balbuceó - e-el - su mandíbula no respondía a lo que quería decir - la mesa, te esperan - cerró de un sólo portazo, su cuerpo no podía reaccionar, su cuerpo estaba frío y su mente en blanco.
- E-Espera, ¡Hina! - gritó a través de la puerta.
Bajó con rapidez y se encerró en el baño, vomitó lo que tenía en el estómago, sudaba frío, nunca pensó verlo con otra mujer en su vida, era más doloroso de lo que había estimado, ahora era un manojo de lágrimas. Al salir, lo más contenida que podía, chocó contra un fornido pecho, bendito sea.
- ¿Hinata? - le llamó, Shisui nunca se había visto tan salvador, lo abrazó con fuerza sin mediar palabra.
- Ay, Shisui - el mayor se mordió el labio, vaya lástima le daba esa criatura, condenada por su propia sangre y la de su familia.
Él simplemente le acarició el cabello, era obvio que se hubiera enterado, Itachi había decidido tener un romance con una chica, pero entre sakes había muy poco para salvar, así que la condición era más similar a diferentes encuentros sexuales, claro que para la pequeña iba a ser impactante, no habían rumores al respecto por ser sólo una. Le ofreció un buen golpe en el estómago para poder desmayarla y así ir a su casa sin tener que demostrar su condición, aceptó con lágrimas en los ojos, nunca se sintió tan feliz de poder perder el conocimiento.
- ¡Sasuke! - gritó luego de comprobar que estaba desmayada, no fue fácil dar un golpe lo suficientemente fuerte para que cayera al momento.
- ¿Qué pasa? - dijo con pereza para encontrarla en el suelo.
- Se desmayó en el baño, no sé cuanto tiempo lleva ahí - la alzó en sus brazos para llevarla a la sala.
- Hina - de su nombre desprendió una enorme cantidad de angustia, le tocó la frente, no había fiebre, pero esos ojos hinchados los conocía bien.
Itachi bajó con rapidez, descalzo y unos pantalones como única vestimenta, nunca la había visto tan vulnerable, delgada, pálida y con su lindo rostro deformado. Sasuke lo vio, así que Hinata los había descubierto en pleno acto, el resultado no podía ser mejor, ya no tendría de qué aferrarse, salvo él. Lo expulsó de la habitación pidiendo que se vistiera decentemente, pero había una rabia en su voz que le dio a entender que él sabía lo que había pasado.
Sasuke se llevó a su prometida a casa, se disculpó con sus padres y la excusó de estar un poco delicada de salud. La cargó con cuidado y la recostó en su cama, le cambió la ropa por algo más cómodo y luego, en el balcón comenzó a fumar para analizar sus nuevas cartas. Hinata debió ver a su querido Itachi con otra mujer, Hiashi había renunciado a ella luego de que Hinata se enfureciera por traicionarla; se quedó sola, nadie la podía sacar de ese lugar, tal vez ahora, ella dejaría de soñar con escapar. Podía disfrutar de su intimidad y estar con ella le daba más placer que cualquier otra persona, pero ahora podía tener algo más que su cuerpo, su mente, conquistar aquellos terrenos que tenía prohibidos por el recuerdo de su hermano y ahora él mismo hombre que la había conquistado parecía dejarla atrás.
Salió a comprar unas verduras para darle algo diferente para la cena, al llegar, sorprendió al mismo Itachi sosteniendo su mano, ella seguía dormida, su ira podía verse en una aura de energía morada, ¿cómo se atrevía a verla a sus espaldas?
- Tienes mucho coraje para venir hasta aquí sin mi permiso - sus palabras lo sobresaltaron.
- No vengo por ti, sino por Hina - Sasuke soltó una carcajada para luego resoplar.
- ¿Hina? creo que te has equivocado, deberías estar con esa chica que te estabas cogiendo en casa - Itachi se levantó indignado sin dejar de mirar los ojos de su hermano.
- No me faltes el respeto - dijo con algo de altanería.
- ¡Tú no faltes el respeto! - no había necesidad de mantener su máscara - pedazo de mierda, lastimas a mi mujer y te atreves a insultarme en mi casa - dijo con una mandíbula apretada mientras se acercaba con lentitud.
- Tú fuiste el que intervino entre Hina y yo - vaya lenta conclusión, algo que todo el mundo sospechaba le era tan claro luego de casi un año separados.
- ¡Sí! tú fuiste tan estúpido como para quedar lisiado, Hina fue la que te cuidó y no sirves para nada más que eso, a que te cuiden, yo le di a Hina lo que necesita - señaló su enorme departamento y las comodidades.
- ¿Crees que tu dinero puede comprarla? eres un ciego, puedes tenerla aquí, pero sé muy bien que ella no siente sino desprecio por ti - se cruzó de brazos con una sonrisa altanera.
- Oh, ¿tanto te importa su amor que te coges a una chica frente a ella? - se acercó a ella y le tomó la mano - vaya pago que le das, yo jamás le haría ese daño - si pudiera vería ese rostro todo el tiempo, de una belleza impoluta y cautivadora.
- Seguro, desde que puedes te acuestas con lo que se mueva, ¿por qué Hina? ni siquiera te agrada - el muchacho se sonrojó con fuerza.
- No me agrada, la amo desde que puedo recordar, ¡tú te pusiste en medio! - al estar sentado, Itachi le jaló su cabellera y puso una navaja en su cuello.
- Tú estás en el medio, pero esto no se quedará así - para hacer clara su amenaza le hizo un ligero corte.
Desapareció como llegó, la sangre fluía lentamente, en el baño se pudo limpiar un poco, se cambió de ropa y al volver allí estaba, despierta, mirando al techo. El pecho se le oprimía, él estaba con otra mujer, no debería dolerle, debía hacerle feliz que él siguiera con su vida, eso es lo que quería, ¿verdad? no, lo quería para ella sola, lo anhelaba, pero ya no era suyo. No había punto en llorar nuevamente, no servía de nada, pero no tenía fuerzas para levantarse, no le importaba que Sasuke estuviera a su lado intentado hacerla hablar. Se dio la vuelta y trató de dormir, pero había despertado hacía poco, dejó que él la abrazara.
- Está bien si te sientes mal, yo estaré a tu lado - susurró en su oído - siempre lo estaré - la atrajo más a su cuerpo, bien podía saltarle encima y hacer su voluntad, ya no tenía un lugar al que llegar, ya nadie la estaba esperando.
- Ya no me importa - permitió que él la abrazara como quisiera, no tenía la fuerza para apartarlo.
- Hina, deja que sane cada una de tus heridas - vaya ironía, fue su propio egoísmo el que la dejó en ese estado, en brazos de la persona más despreciable que conocía y que por un afecto enfermizo, la quería sólo para él.
La volteó para poder mirar su bello rostro, aún con sus ojos rojizos era preciosa, le besó la mejilla, si no fuera imprudente le preguntaría detalles de ese momento, le daría tanto placer saber qué pasó, qué sintió; pero esa mujer parecía un cuerpo vacío, no le oponía resistencia, no lo despreciaba, no lo apartaba.
- No importa lo que pase, yo seguiré aquí, puedo imaginar lo que viste, se me oprime el corazón de pensar lo que pasó por tu cabeza - sus palabras la hicieron llorar en silencio, con una triste expresión y lágrimas rodando.
- No quiero recordarlo, por favor - suplicó en un hilo de voz.
- Hina, no reprimas tu tristeza, sé que aún sientes algo por él, muy a mi pesar - ella podía conocer su interior a la perfección, pero en su dejo de ingenuidad podía manipular un poco sus emociones.
- Ya no vale la pena, ¿qué importa si yo lo amo? mi amor ya no vale nada - Sasuke la besó con fuerza en los labios.
- No digas eso, el amor de alguien como tú merece ser atesorado, merece ser ganado y presumido - hizo una mueca engreída que la hizo reír un poco.
- Es sólo porque esto era una competencia, vaya mierda de premio - le dio la espalda y se abrazó a sí misma - no soy ni la sombra de lo que solía ser - sollozó suavemente con sus ojos presionados.
- No es así, Hina, entiendo que no quieras hacer caso a mis palabras, así que sólo deja que te acompañe en este momento - besó su hombro y esperó a que el sueño la venciera para poder seguirle.
Los días siguientes fueron silenciosos, ella no decía palabra alguna, si lo hacía era para responder brevemente a lo que le preguntaba, no salía de casa, hasta se veía más linda su prisión. Sus ojos permanecían enrojecidos por llorar si se encontraba a solas, si se asomaba al balcón ahí estaba, Itachi pasaba más frecuentemente por ahí, si lograba obtener su mirada, ella se asustaba y se escondía tras las cortinas. Nunca pensó que ella lo evitaría de esa manera, con tristeza, podía sentir el dolor de su pecho, en su vida pensó que rompería el corazón de esa joven, la culpa lo carcomía y las relaciones en el cuartel de policía eran insostenibles, Sasuke le daba más y más trabajo, era su superior, pero el rencor entre ambos era palpable.
Lo odiaba, más de lo que la palabra podía expresar, se empujaban en los pasillos como si fueran niños pequeños, pedazo de mierda ingrato, en ese momento entendía tantas cosas, no era desprecio por ella, era envidia de él. Si bien estaba derrotado, no significaba que había perdido todo, aunque le tomara mucho tiempo, estaba más que dispuesto a erradicar a su hermano como un paria y lograr librarla a ella de sus manos, aún si no lo perdonaba, aún si lo despreciaba, prefería eso a que ella sufriera una relación con alguien tan desviado como Sasuke.
