Año IV - El Torneo de Magusfortes

Capítulo 73 - Noticias y las amargas vacaciones de Bertha

¡DESTAPADO ESCÁNDALO JUDICIAL DOCE AÑOS DESPUÉS!

Era un secreto a voces durante los últimos días en el Ministerio, pero no fue hasta hoy (4 de julio de 1994) cuando se lanzó la "Bombarda" informativa. Sirius Black, quien hasta hace no mucho era perseguido por los aurores tras su increíble fuga de Azkaban, ha sido puesto en libertad tras una rectificación sin precedentes por parte de la cámara del Wizengamot. Esto debido a la captura de quien era (hasta hace poco) conocido como la víctima principal del supuesto crimen de Black, Peter Pettigrew, el cual fue hallado con vida, escondido bajo la identidad de una vulgar rata, la cual pasó doce años viviendo con la familia Weasley, sin que estos supieran que, en realidad, se trataba de un animago.

Hasta dos hijos de la familia lo tuvieron como mascota, e incluso lo llevaron a la escuela Hogwarts de Magia y Hechicería, con lo que sí queridos lectores, os podéis imaginar la gravedad de la situación.

Gracias a la declaración de varios testigos y pruebas extraídas con la ayuda de un pensador y una poción de la verdad, se pudo corroborar que todas las malas acciones atribuidas a Sirius Black en realidad fueron causadas por Pettigrew. La sentencia ha sido casi unánime y Pettigrew ha sido condenado a pasar el resto de sus días en Azkaban, en una celda especial preparada para evitar nuevas fugas debido a su condición de animago. También ha sido retirada su Orden de Merlín de Primera Clase. Quizás el único consuelo que le queda a su difunta madre es no estar presente para ver este enorme revés.

"En nombre de la cámara del Wizengamot y el Ministerio de Magia, nos gustaría ofrecer una humilde disculpa al señor Sirius Orion Black por nuestro terrible error", declaró Cornelius Fudge, Ministro de Magia, unos minutos después de que el juicio acabará ante varios periodistas del diario "El Profeta" y otros medios de comunicación extranjeros.

Tanto periodistas como otros magos y brujas se aproximaron al Ministerio para pedir explicaciones ante lo ocurrido. El Ministro se mostró a flor de piel, pero mantuvo la compostura lo suficiente como para reconocer que el Wizengamot no siempre ha sido cien por cien acertado en sus decisiones, lamentando lo ocurrido con Black.

Luego, Madame Bones, jefa del Departamento de Seguridad Magia a nivel nacional, tomó su lugar frente a la prensa y declaró lo siguiente: "Cuando arrestamos al señor Black, tanto el escenario como las pruebas y testigos que había cerca de la escena del crimen señalaban que él era el culpable. Es evidente que no fuimos lo suficientemente eficaces con el rastreo de la escena del crimen y sacamos conclusiones muy precipitadamente. Este acontecimiento nos puede servir de lección para marcar la diferencia de cara al futuro. Será mejor que no juzguemos un libro sin terminar de leerlo..."

Tras su puesta en libertad, el Ministerio entiende que la comunidad mágica necesitará de un tiempo para asimilar este giro en los acontecimientos recientes, una vez vean a Sirius Black caminando por las calles como cualquier mago inocente. Por eso, desde el Ministerio se ruega a la ciudadanía que sean pacientes y lo tomen con calma, pues el hombre puesto en libertad no es ningún asesino, solo alguien que tuvo muy mala suerte (también resultado de algunas malas decisiones).

Como resultado final, Sirius Black seguirá asistiendo regularmente al Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas para continuar con su tratamiento de recuperación, al mismo tiempo que ha quedado registrado como animago pues al parecer, había olvidado que tenía que contar con la aprobación del Ministerio, por lo que se le exigirá el pago de una multa de seiscientos galeones.

Leer aquel artículo del diario "El Profeta" no hacía más que alegrar a Harry, quien esperó con ansias la resolución del juicio de Sirius y la condena a Pettigrew. Se había hecho lo correcto y su padrino al fin era libre. El verano no podía empezar de mejor manera.

Estaban a casi treinta y siete grados de temperatura a causa del calor veraniego. Hacía tiempo que Harry no sentía un entorno así por el vecindario durante las vacaciones, pues esperaba que el calor llegara a esos niveles a mitades de agosto. Aun así, consideró que era una excelente oportunidad para ponerse en forma.

También servía de excusa para no estar todo el tiempo en casa ante la presencia de tío Vernon y tía Petunia. Harry no tenía necesidad alguna de estar encerrado en aquella maldita casa y mucho menos tenía la obligación de soportar a unos parientes que (a base de tratos lamentables) se habían ganado a pulso su desprecio. Aún con todo, había desarrollado cierta amistad con su primo Dudley, cosa que no dejaba de sorprenderle.

El recuerdo de aquella brutal paliza que recibió cinco años atrás aún seguía fresco en su memoria. Aquel encontronazo provocó el despertar de su habilidad "Reiumta", un tipo de magia oscura (o eso ponía en las notas de Ryan Walker) el cual podía aumentar el poder mágico de la bruja o el mago que la usara, aunque a riesgo de descontrolarse. A veces, recordar aquello, hacía que Harry viera con algo de recelo a su primo, como el día que volvieron a encontrarse tras el periodo escolar.

- Hace dos años (cuando volví de mi primer curso en Hogwarts) pensé que un cambio de hábitos le sentaría bien. - pensó Harry, al mismo tiempo que intentaba alcanzar una décima dominada. Se encontraba en el Gimnasio y su primo estaba no muy lejos de él, saltando con una cuerda. - A progresado adecuadamente y creo que si se lo propone puede hacer grandes cosas. Me alegro, pero por momentos aún recuerdo aquella paliza en grupo. De no ser por mi magia...ellos podrían haberme matado. -

Dudley había seguido implicado con los deportes. Estaba adquiriendo un excelente estado físico e incluso, lo habían llamado en la escuela para participar en una actividad extraescolar como podía ser el boxeo, algo que Harry recordaba por experiencia propia, pues se le daba de maravilla.

- Yo era el saco de boxeo…- pensó el muchacho, haciendo una mueca.

Su primo le invitó a apuntarse al gimnasio del club deportivo que había unas tres calles más abajo, para ir juntos a entrenar, y de paso, aprender a nadar en la piscina (otra de esas actividades útiles que no había llegado aprender antes por la total falta de interés de sus tíos).

Harry estuvo de acuerdo, pues, aunque fuera un mago con grandes habilidades no quedaba exento de ser dañando por situaciones comunes. Necesitaba ser mejor físicamente, ya que sus últimos duelos habían implicado no sólo agilidad para esquivar hechizos, también de fuerza para el contacto físico con su oponente (normalmente, a través de su puño el cual envolvía en llamas).

Desafortunadamente, cuando Harry fue al gimnasio se encontró con que no podía utilizar las mancuernas y las pesas, ya que aún no tenía la edad mínima para usarlas (ni siquiera con el permiso de algún tutor legal). Entonces Dudley le sugirió practicar con los sacos de boxeo, hacer dominadas, flexiones, abdominales y para finalizar la semana, acudir a las clases de piscina.

Toda esta atención por su parte hizo que Harry estuviera más decidido a dejar atrás el posible resentimiento que conservaba hacia Dudley. Después de tanto tiempo y al ver lo mucho que se había esforzado en reformarse, no merecía la pena meter el dedo en la llaga.

- De todos modos, él no se acuerda, - pensó Harry, dejando la barra para hacer unos cuantos estiramientos. - creo que es mejor así. Ahora está yendo por un buen camino y ya no se deja guiar tanto por los idiotas de mis tíos. Después de todo, el exceso de mimos fue lo que le convirtió en aquella maldita bola de cebo inconformista, maleducado y bravucón. -

Sacudió la cabeza por enésima vez desde que volvió al número cuatro de Privet Drive. Era difícil quitarse de la cabeza aquel amargo recuerdo, pero no iba a dejarse gobernar por él. Después de todo, su primo solo era un niño idiota, el cual no solo tenía padres idiotas sino también amigos idiotas que solo sabían hacer el idiota.

- Harry, - le dijo Dudley, sacándole de sus pensamientos. Su porte físico había mejorado desde que comenzó a asistir a clases de boxeo. - ¿estás listo para un "duelo" de boxeadores? -

- ¿Ah sí? - dijo Harry, envolviendo las palmas de sus manos con unas vendas. - Pensaba que no me lo ibas a preguntar...- añadió, sonriendo con arrogancia. - Descuida, aquí no va a haber trucos de magia, solo esfuerzo físico y mental. -

- ¿Para qué el mental? - preguntó Dudley, con el ceño fruncido mientras se acomodaba sus vendas.

- Parece que hay cosas que aún no han cambiado...- pensó Harry, haciendo un mohín.

Ambos subieron al pequeño ring del gimnasio, donde en ocasiones había algún que otro combate amistoso de boxeo. Chocaron los puños y empezaron a moverse en círculos, sin dejar de mirarse. Harry sabía que debía luchar no solo para mejorar su habilidad en combate, sino también para mantener a raya a la oscuridad que habitaba en su interior, deseosa de una excusa como podía ser la venganza o las represalias para manifestarse. Lo que estaban por hacer no era exactamente un duelo de "boxeadores", ya que Harry no estaba metido en esa clase extraescolar, sino que iban a tener una pelea al estilo callejero, pero con los puños. Por un momento se sintió como si la antigua versión de Dudley volviera, preparado para intentar hacerle bullying de nuevo.

Dudley intentó golpearle en la cara. Normalmente Harry esquivaba esos golpes, pero quiso poner a prueba su resistencia, por eso, en vez de esquivar el golpe se protegió con su brazo e intentó acertarle un golpe en la mejilla. Su primo, sin embargo, seguía siendo más grande y fuerte que él, por lo que resistió bien el golpe, o eso parecía.

- Rayos, - masculló Dudley. - eres más fuerte de lo que aparentas. ¿Acaso tenéis un gimnasio en vuestra escuela? -

- No, - respondió Harry, sorprendido de lo fuerte que se había vuelto. - pero sí que he vivido unas cuantas situaciones peligrosas que requerían de habilidad y fuerza, sí. -

- Ya veo, - dijo Dudley, alzando sus puños y preparado para volver a atacar. - en ese caso, supongo que no será necesario que me contenga...-

- Esperaba oír eso...- sonrió Harry, haciendo lo mismo.

Harry recordaba que cuando tío Vernon no se sentaba en el sofá del salón para ver el fútbol, Dudley encendía la televisión, y en vez de ver dibujos animados se ponía a ver los combates de lucha libre. Quizás su pasión por ese deporte le impulsaba a ser brusco, intimidante y un buscapleitos. Con el físico que había adquirido, de seguro que Dudley pensó que pondría en problemas a Harry. Lo que él ignoraba era que las personas mágicas contaban con más resistencia que los muggles, lo que les permitía sobrevivir a todo tipo de daños físicos, la mayoría de estos provocados por magia.

Quiso poner a prueba esa resistencia y ver hasta dónde podía llegar, por eso, en lugar de esquivar optaba por repeler los golpes con sus brazos, incluso chocando sus puños con los de su primo. Por momentos, podía ver a Dudley gimiendo levemente, como si estuviera golpeando un saco muy duro.

Soportaba bastante bien a su brusco primo, algo de lo que no podía presumir en el pasado, ya que no era tan resistente. Sin embargo, en un descuido cuando pensaba en el pasado y aquellas persecuciones de la escuela, sintió como el puño de Dudley impactaba en su mejilla izquierda.

Probablemente le hubiera recordado a los viejos tiempos si no fuera porque el dolor que esperaba se convirtió en algo parecido a que si le hubieran pegado con una pelota. Eso, sin embargo, no evitó que fuera desplazado unos cuantos metros lejos de su primo.

- ¡Oh, vamos! - se quejó Dudley. - ¿Qué truco estás usando ahora? Siento como si le estuviera pegando a un gorila. -

- Yo no estoy haciendo ningún truco. - repuso Harry, limpiándose un poco la mejilla con su brazo. - De todos modos, me pregunto qué tal soy respondiendo con los puños. -

Ni se molestó en esperar a que Dudley terminara de procesar lo que acababa de decir. Harry se acercó velozmente hacia él. Por instinto (como él esperaba), Dudley quiso noquearle con un gancho hacia arriba. Harry apartó rápidamente el brazo de su primo por el costado con su brazo izquierdo y con el derecho consiguió acertarle un puñetazo en su mejilla izquierda.

Entonces Harry comprendió una teoría que llevaba estudiando desde que comenzó el verano. Que un mago poseyera una gran resistencia no le dotaba de una gran fuerza. Si quería ser fuerte de verdad necesitaba ganársela.

- Para haberte vuelto un tío duro tus golpes no son lo que esperaba. - dijo Dudley, sonriendo como un idiota. A Harry comenzaba a recordarle a sus años de bullying. - Aunque, no recuerdo que fuera tan difícil golpearte. -

- Quizás sea porque he llegado a recibir golpes más duros. - pensó Harry, fulminando a su primo. - Antes solo me limitaba a esquivar más y golpear menos. Ahora he estado pensando que necesito un balance entre el ataque y la defensa para ser más efectivo en una pelea. -

- ¿Se meten contigo en tu escuela? - preguntó Dudley con curiosidad.

- No, - respondió Harry. - bueno, quizás solo un grupo de estudiantes de la casa Slytherin, pero me da igual. Con quienes suelo lidiar más son con criaturas peligrosas. -

- Suena tan surrealista, - dijo Dudley, limpiándose el sudor. - quizás sea algo bueno que los no mágicos no los podamos ver después de todo. -

- Caray, - se rió Harry, buscando provocarle lo suficiente para pelear nuevamente. - ¿estás usando la cabeza? Bien, bien, vas mejorando… -

- ¿Ah sí? - se burló su primo. - ¡Entonces te haré usar esos puños tan debiluchos como es debido! -

- ¿¡Qué dijiste!? -

- ¿¡Ustedes de nuevo!? ¡SUFICIENTE! -

Harry y Dudley saltaron. El responsable del gimnasio, un tipo llamado Lex, había aparecido. Era un hombre corpulento, calvo y con muchos tatuajes. A Harry le sorprendió lo estricto que podía llegar a ser.

- ¿¡Cuántas veces os lo tengo que decir!? No están permitidos los combates a lo callejero en mi gimnasio, ¡y menos siendo menores de edad! Seguid así y me veré obligado a expulsarlos. No es que no me guste, - añadió Lex, al ver que Dudley quería replicar. - es que si no os detuviera sería irresponsable de mi parte. ¿No podríais pensar en tener un combate amistoso de boxeo en vez de mera lucha libre? Para eso váyanse a la calle. -

- Si señor...- dijeron Harry y Dudley casi al mismo tiempo.

- Además, - prosiguió Lex, mostrándoles una tabla con una serie de ejercicios. - vosotros estáis aquí para otra cosa. ¿Qué pasó con lo de seguir el programa de entrenamiento que hice para ustedes? ¡Venga! ¡Cincuenta Flexiones! ¡Ya! -

Ambos se fueron al rincón de las colchonetas y se pusieron a hacer flexiones, para luego sumarse a otras personas que se encontraban haciendo ejercicio a ritmo de música disco. Hubo una interrupción por culpa de una chica de cabello azul claro que había tirado una estantería con barras metálicas de gran peso. Lex, que odiaba a los que se atrevían a estropear su precioso material de trabajo, no dudó en echarla del gimnasio.

- La chica no parecía lamentarlo. - pensó Harry, limpiándose el sudor de la frente. - Al igual Lex ha sido demasiado exigente con ella, quien sabe...-

Para terminar, hicieron unas cuantas dominadas y estiramientos, terminando los dos muy agotados. Harry estaba acostumbrado a los duros entrenamientos que programaba Oliver Wood para el equipo de Quidditch de Gryffindor, pero desde la última sesión en el gimnasio tenía que admitir que los había de más exigentes. Hasta podía afirmar con serenidad que habían estado en la sesión menos exigente que habían tenido en todo el mes.

Como si fueran un par de zombis fueron a las duchas del vestuario, se cambiaron de ropa y se marcharon a casa al ritmo que les permitía sus cansadas piernas (no sin antes decirle a Lex que lastimosamente se tenía que dar de baja del Gimnasio ya que iría a pasar las vacaciones a otra parte de la ciudad y luego viajaría lejos para ir al "instituto"). Durante el trayecto Harry le pidió a Dudley que no dudara en despertarlo al día siguiente temprano por la mañana, ya que Hermione vendría con su familia a buscarlo. A parte de eso, no hablaron mucho más ya que lo único que soltaban eran jadeos de fatiga y cansancio.

Una vez en la casa, Harry ni se molestó en saludar a sus tíos. Subió directamente a su habitación, cerró la puerta y se dejó caer en la cama. Deseaba poder dormir, pero aún con todo el trabajo físico que había hecho no tenía sueño. Entonces recordó que aún tenía pendiente terminar el trabajo de Historia de la Magia (la materia más aburrida de Hogwarts con el profesor más aburrido de Hogwarts, Cuthbert Binns) y diez metros más de pergamino con un informe para la clase del Profesor Snape sobre el moco de gusarajo, sus propiedades y usos para la elaboración de pociones (cosa que no era tan complicado si exponía ejemplos para su uso tanto en pociones como de las mismas en distintas situaciones). Al final lo último quedaba en un pequeño repaso, cosa que Harry agradecía ya que su preparación física se había llevado por delante todo el mes de Julio. En su empeño por superar sus límites, la exigencia debía ser máxima (Harry estaba convencido de que Wood haría eso, y más, para que la casa Gryffindor fuera a por todo un año más).

Añoraba poder practicar magia, era lo único que faltaba por hacer en su rutina diaria, pero sabía que aún no podía, ni siquiera en la casa de los Granger porque allí no había magos y brujas adultos con los que poder burlar al Ministerio y su absurda regla del uso de la magia por parte de menores fuera del mundo mágico.

- Menos mal que no me encargan muchos ejercicios prácticos por vacaciones. - pensó Harry, levantándose con algo de jaqueca, sentándose en su escritorio y sacando su pergamino de Pociones, en parte deseando que mientras hacía su trabajo pudiera ganar algo de sueño. - De lo contrario dudo que pudiera terminarlos antes de acabar las vacaciones. -

No dándole más vueltas reanudó su trabajo, esperando poder dejarlo terminado para hacer con más tranquilidad su pergamino para Historia de la Magia. Mientras recordaba la cantidad adecuada para la elaboración de una poción para dormir (la cual no le vendría nada mal y entre sus ingredientes se encontraba precisamente el moco de gusarajo) sintió un picoteo en su mano izquierda. Hedwig había vuelto, con una carta la cual había dejado muy cerca de su pergamino. Harry acarició a su emplumada amiga y mientras le ofrecía un poco de delicia para lechuza decidió comprobar la correspondencia.

No podía dar crédito cuando vio de quien era. Harry no recordaba haber recibido una sola carta del profesor Snape en años anteriores. Esta era sin duda la primera vez que recibía una de su parte, y encima fuera del mundo mágico. Sin perder más tiempo la abrió y procedió a leerla.

Seguramente estarás sorprendido de que te haya escrito, pero consideré necesario que supieras algunas cosas antes de iniciar el siguiente año escolar. Para empezar, al ofrecerte estas clases tu agenda estará más ocupada, con lo cual puede ser beneficioso para que por una vez en tu vida estés plenamente centrado en tu labor como estudiante, en vez de involucrarte en determinadas situaciones que no deberían ser de tu incumbencia, como el de finales de este último curso.

- ¿En serio me está diciendo eso? - pensó Harry, haciendo una mueca. - No es mi culpa que los problemas se me presenten. ¿Qué gano yo quedándome de brazos cruzados y sin hacer nada? -

Confío en que no solo tengas al día los deberes de vacaciones, sino también la práctica de Oclumancia. Es mejor que estés preparado porque no pienso ser suave contigo.

- ¿Acaso Voldemort sería suave conmigo? - pensó Harry, rodando los ojos. - Obviamente, no. Tampoco esperaba menos. -

El conocimiento, experiencia y práctica que te voy a ofrecer no solo se va a limitar a la práctica de Oclumancia, también te dotaré de la habilidad necesaria para la creación de hechizos y trabajaremos en mejorar tu control sobre tu magia. No necesito entrar en más detalles, sería deleznable que llegarás a Hogwarts demasiado relajado. Las vacaciones no siempre son beneficiosas, ya que estas pueden perjudicar tu concentración si son excesivas. Mente fría y bien organizada, alcanza esa meta si te crees capaz.

Procura no hacerme perder el tiempo este año, Potter.

Severus Snape

- Lo he leído y por un momento pensaba que lo tenía delante de mí…hablándome. - pensó Harry, frunciendo el ceño. - Creación de hechizos...¿Qué tipo de hechizos sería capaz de crear? - observó su mano derecha, la cual en ocasiones había cubierto con fuego para que su puño fuera aún más dañino. - Quiero ser el mejor mago, ver hasta dónde llega mis límites y si puedo superarlos (No de la misma manera que Voldemort. A ese le daba igual a quien se llevaba por delante con tal de conseguir sus fines). Sin embargo, con ese maldito al acecho y buscando una manera de volver no cabe duda de que más pronto que tarde volveremos a vernos las caras. Si eso llegara a ocurrir...-

Pasaron unas horas, pero Harry no fue capaz de comenzar con su trabajo de Historia. Pudo terminar bien con el de pociones, pero decidió posponer lo que le quedaba ya que una vez más se encontraba invadido por un torrente de preguntas, muchas de ellas carentes de respuestas. No supo exactamente cuánto tiempo pasó allí, sentado en su escritorio y meditando, pero cuando se levantó para ir al baño y volvió poco después se encontró nuevamente con Hedwig, quien estaba acompañada por un búho regordete de color canela tirando a rojo. Parecía mantener una charla amistosa con su lechuza. Harry pensó que, si había llegado ese búho era porque tendría una carta más que leer, y así fue cuando vió una en su escritorio.

El sobre estaba decorado con dibujos de golosinas con alas, y la figura de una niña rubia golpeando una Bludger para atinar a las chuches. De alguna manera le recodaba a Honeydukes y también a su ya no tan pequeña amiga de caritas graciosas. Al abrirlo, extrajo la carta y comenzó a leer.

Querido Harry, siento no haberte escrito antes, bueno, si mal no recuerdo el año pasado ni siquiera te escribía mucho. Aún lamento no haberme acordado de hacerlo y darte tu regalo de cumpleaños cuando tocaba, pero te aseguro que esta vez no se me olvidará.

He estado unos días con algunos dolores de cabeza (No sé muy bien que me pasó, quizás me excedí con los helados. Si, quizás sea eso), pero por suerte ya me encuentro mejor. También quería esperar a ver cómo avanzaban los acontecimientos tras la puesta en libertad de tío Sirius.

Lo primero, gracias por tu carta. Tanto tú como los demás me dais una alegría cuando recibo noticias vuestras, es casi como seguir en Hogwarts. Lo segundo, si, te presento a mi búho, se llama Fireball, porque es regordete (¡pero no dudes de su velocidad!) y sus plumas parecen llamas. Me lo regaló mamá como mascota. En principio quería una lechuza, pero como tú ya tienes una me decanté por un búho. Espero que haga buenas migas con Hedwig.

- Pues parece que se llevan bien…- se rió Harry, viendo como Hedwig y Fireball se peleaban por la delicia para lechuzas.

Por una vez me siento preparada para contarte un poco como van las cosas por mi casa. Lo cierto es que no fui bien recibida por mi padre. Lo que te voy a contar no se lo he dicho a nadie más, ni siquiera a Ginny y a Luna, así que tengo que pedirte que, por favor, guárdatelo para ti.

Harry agarró con más fuerza la carta, casi arrugándola por la ira que comenzaba a sentir al pensar en lo que estaba a punto de leer.

Después de ser expulsado del consejo escolar mi padre se puso bastante irritante, y ese respeto que alguna vez tenían hacia él ha disminuido con el pasar de los meses. No solo por gente que ya de por si estaba en su contra (como es el caso del padre de Ron) sino de antiguos camaradas suyos. Ya sabes, gente de su mismos ideales, los cuales no comparto. Cuando regresé a casa, solo bastó con un día sin mamá por la casa para que comenzara a gritarme y a insultarme. Incluso, lo vi todo el tiempo con la mano en su bastón. Me imagino que faltaba poco para que me maldijera. Yo…lo estuve mirando todo el tiempo, deseando que se diera cuenta de lo que estaba haciendo, de cómo me trataba ya no por la casa a la que represento, sino por los amigos que tengo. Quiero pensar que es un cumulo de todo lo que ha pasado desde que salió del consejo.

Seguramente te preguntarás porque no le digo nada de esto a mi madre. Porque sin pruebas no hay consecuencias (eso suele decir en sus casos), y pienso que aquí se aplicaría lo mismo. Hace años, cuando mi padre salió con aquel cuento de que había sido controlado por Voldemort por medio de una poderosa maldición para estar de su lado le creyó, también porque no había mucho más en su contra. Desde lo que pasó con el diario, y después de todo lo que he visto, me sentí engañada…me siento engañada. Pero esperaré, estoy segura de que en algún momento podré demostrarle a mi madre que mi padre no es tan inocente y menos después de lo que ha hecho. Si, creo que será lo mejor, de todos modos, llevan distanciados mucho tiempo.

- ¿Es en serio? - pensó Harry, frunciendo el ceño.

Aunque ahora mismo no me lleve bien con él, tampoco le deseo lo peor, es mi padre y en el pasado siempre fue muy bueno conmigo, aunque…he de admitir que a partir de los nueve años comenzó a ser más estricto. Creo que esto vino después de conocer que no simpatizaba mucho con los hijos e hijas de sus amigos. Desde que comencé a ir a Hogwarts, siento que estoy viviendo lo mejor y lo peor de mi vida. Ese cariño que sentía por él a pesar de sus influencias, se ha ido yendo con el pasar del tiempo, y en ocasiones hasta siento ira cuando lo veo. ¿Cómo puede estar tan tranquilo después de casi provocar la muerte de Ginny?

Harry cerró los ojos un momento y se llevó una mano a la frente, donde estaba su cicatriz. Encontraba terrible la idea de que una hija sienta ira hacia su propio padre, ¿pero tratándose de Lucius Malfoy que otra cosa podía pasar?

A su mente vino entonces el recuerdo del Santuario de Gryffindor, donde se enfrentaron a una figura que se asemejaba a un boggart (un no-ser amortal de forma cambiante capaz de transformarse en la imagen de lo que más teme su espectador) el cual custodiaba la entrada. Recordó lo mucho que sufrió su amiga cuando vio a su "padre" repudiándola, y diciéndole algo terrible.

- ¿Cómo que ella no debería existir? - pensó Harry, apretando los dientes y deseando tener delante a Lucius Malfoy para estrangularle. Soltó un suspiro antes de seguir leyendo.

No importa cómo se ponga. Ya me puede amenazar todo lo que quiera con cambiarme de escuela (de todos modos, mamá no lo permitirá). Soy de Gryffindor y vosotros mis amigos, por mucho que no le guste. No es mi deseo enfrentarme a él, pero tengo que admitir que cada vez me resulta más difícil no hacerlo. Me imagino que si mi madre llega a descubrir y probar todo lo que hizo mi padre decida divorciarse. Puede que Draco haya cambiado, pero él los ama mucho, y no hay mayor deseo para él poder verlos juntos toda la vida. No me he atrevido a decirle lo del diario, y pensar que lo recupere poco después de que lucharas contra mi padre…Desde que Hermione lo destruyó quedó completamente inútil y carente de valor, pero lo tengo guardado por si alguna vez mi madre requiere de esta prueba.

Entre más pasa el tiempo más pienso que esto es lo que va a suceder. Bueno, por Draco espero que no pase, pero de ocurrir, no lo voy a negar, sería como un regalo para mí. En fin, todo lo que puedo hacer por el momento es permanecer encerrada en mi habitación mientras tengo a mi padre refunfuñando en la sala de estar (en los últimos días no me ha hablado prácticamente nada, lo cual en parte es genial. Lo que no sé es que estará tramando, tanto silencio tampoco me gusta).

Ahora, no quiero que toda la carta se base en lo mal que lo estoy pasando, ya que lo mejor viene en unos días. Se que esto te parecerá increíble pero...¡Mi madre me ha dado permiso para pasar el resto de las vacaciones con los Weasley!

Harry se quedó boquiabierto ante lo que estaba leyendo. Negó con la cabeza y volvió a mirar bien la carta para verificar si las palabras escritas eran reales. Para su alivio, no se trataba de ninguna broma.

Cuando me lo dijo no lo podía creer, pero así será, al menos...hasta que acabe el Mundial de Quidditch. Aun así, no está mal, perderé de vista un poco más a mi padre, luego lo aguantaré unas semanas y de ahí no lo volveré a ver hasta el año que viene. ¡Me muero de ganas por conocer a la familia de Ron y practicar desgnomización en su jardín! En casa no puedo hacer eso porque se supone que "soy una princesa y tengo criados para ello".

Harry sonrió al imaginarse a su amiga haciendo una imitación de su padre, ¿o era quizás una de su madre?

No queda mucho para que me pueda ir. Lo único que tengo que hacer es esperar con mi maleta unos tres kilómetros lejos de la mansión para que me recojan. Mejor, porque como mi padre vea al señor Weasley...

Espero que pases unas bonitas vacaciones con Hermione. Y ya que hablamos del tema me gustaría que consideres la posibilidad de cambiar de opinión. Ya sabes, sobre lo que hablamos hace un año.

- ¿De qué está hablando? - pensó Harry, frunciendo el ceño.

Debería haber hablado contigo de esto antes de volver a Londres. Mira, no digo que lo hagas tan repentinamente es solo que, ya que vais a estar los dos juntos en la misma casa durante un mes, por lo menos aprovecha esta oportunidad para contemplar la posibilidad de decirle lo que sientes.

Harry sintió que sus mejillas se calentaban al leer aquello. Aunque teniendo en cuenta con quien iba a pasar el verano entendía el porqué del incentivo. Había pasado un año desde que le contó a su amiga lo que sentía por Hermione, pero él decidió dejarle tiempo para que encontrara a alguien que le pudiera gustar.

Sé que quieres dejar que ella escoja a alguien pero…¿y si al final no lo hace? No he visto a Hermione interesada por ningún chico este año, es tan frustrante…¡Hey! Lo digo porque, aunque ella no se dé cuenta, es muy guapa. Quizás unas gafas podrían marcar la diferencia, resaltar su característica intelectual...quiero decir, ¡está con la cabeza tan metida en sus libros que no se preocupa por su imagen!

- No, lo cierto es que ella no le da mucha importancia…- pensó Harry, riendo un poco. - Bueno, quizás lo único estético que le preocupa son sus dientes incisivos, pero hasta ahí…-

Esta puede ser una gran oportunidad para averiguar si tiene algún novio por donde vive (o sea, algún muggle atractivo y también amante de los libros). Todo lo que no sea un empollón o un chico muy atractivo (o ambas cosas) me llevará a pensar en lo que dijo Ronald, que se acabará enamorando perdidamente de un libro y se casará con él.

Harry se rió por lo absurdo que sonaba aquella opinión de su mejor amigo. Tuvo que admitir que Chloe tenía un punto, las vacaciones con Hermione podía ser una gran oportunidad para averiguarlo y poner en orden lo que sentía.

¿Y qué había de él? ¿Sería capaz de aceptarlo si fuera el caso? ¿Si ella estuviera interesada en otro? Lo cierto era que no tenía idea de cómo se sentiría. Por una parte, podría pensar que sería bueno, ya que ella sería feliz y además, estaría a salvo de ser víctima de Voldemort.

Por mucho que quisiera apartar esa idea, era evidente que el mago Tenebroso por excelencia podía llegar a usarla para manipularle (e incluso amenazarlo) poniendo su vida y la de su familia en peligro. Internamente lo sabía, y aunque al principio no estaba seguro, esta era la principal razón por la que tenía dudas sobre si intentar nuevamente confesarle sus sentimientos, porque sabía que sería mucho más difícil mantenerla alejada. Hermione había demostrado ser muy suspicaz y testaruda cada vez que había peligro, en su empeño por seguirle. Lo apreciaba, sí, pero en las últimas semanas todo lo que sentía era temor de que le pudiera pasar algo en el camino (como olvidar lo del mes pasado, cuando tuvieron que lidiar con Pettigrew y el enmascarado).

- Además, ahora cuenta con la ayuda de ese enmascarado…- pensó Harry, arrugando un poco más la carta. - No puedo descartar la posibilidad de que en cualquier momento vuelva a las andadas, y más si ha llegado a encontrarse con Voldemort. Joder, aun así, con todo…-

Después de todo lo que hemos pasado aún me sorprende que no hayas decidido tomar el paso. Lo que quiero decir es, ¿qué tienes que perder? De momento, la oportunidad de decirle lo que sientes a la persona que más amas. Vale, tengo que admitirlo, estoy ansiosa porque pase desde que me lo dijiste, ¡es como una de esas novelas que salen en la televisión muggle, pero de adolescentes!

Harry sonrió nerviosamente, recordando lo mucho que le gustaba a su amiga las costumbres muggle y sus artefactos.

Con esto tampoco te quiero decir que te precipites, porque aún con todo desconocemos si Hermione comparte los mismos sentimientos que tú. Por eso estás vacaciones pueden marcar la diferencia. Nada me haría más feliz que ver a dos de mis mejores amigos juntos al fin.

- Eso también temo, - pensó Harry, suspirando. - no sé si tendré lo necesario para ver a Hermione con otro o decirle lo que siento...Pero…¿en qué estoy pensando? Se supone que quiero que sea feliz, ella se lo merece, pero…-

Caray, qué ganas tengo de ir ya a casa de los Weasley. Tengo curiosidad por saber cómo mantienen su casa en pie, porque por la descripción que me dio Ginny da la sensación de que la estructura no es muy estable.

Harry se rió. Chloe podía ser muy inocente.

Espero verte pronto, y así me cuentas lo que ibas a contarnos en el tren, pero se te olvidó. La próxima vez no te escaparás.

Un beso, Chloe.

Harry rodó los ojos. Ya se imaginaba que uno de sus amigos terminaría cayendo en la cuenta de que no había dado explicaciones sobre sus conversaciones con Dumbledore, especialmente en referencia a los horrocruxes de Voldemort, objetos de "apariencia común" que contienen fragmentos de su alma. En otras palabras, esa era la razón por la que no podía morir y en su lugar divagaba por el mundo como un vulgar espectro. Menos peligroso que con un cuerpo físico, pero no dejaba de ser una amenaza, y prácticamente, era la razón por la que llevaba tres años sin tener una vida de estudiante de mago normal.

Por si aquello fuera poco, también estaba el misterio que rodeaba su linaje. Hacía más de un año que Harry descubrió que era el Heredero de Gryffindor, pero no tenía idea de que podía significar este hecho. No sabía qué tipo de herencia estaba recibiendo, ni siquiera cuando a finales del curso pasado descubrió junto a sus amigos el Santuario.

Solo conocieron a Equonovi, una estatua parlante que al parecer había sido creado por Gryffindor y tenía como finalidad servirle, o eso creía. Todo lo que consiguió de aquella escaramuza fueron unas pocas respuestas, como la de que para conocer toda la verdad detrás del legado de Gryffindor había que encontrar siete Sellos del Conocimiento, objetos parecidos a los lingotes de oro (pero con el símbolo del León, el mismo que la casa Gryffindor).

También fue advertido de que quizás su enfrentamiento contra Voldemort sería más pronto que tarde. Para Harry, aunque no quería admitirlo, significaba un contratiempo, pues esperaba estar totalmente preparado para enfrentar a su némesis con todo su poder. A penas estaba por comenzar el cuarto año y, aunque era cierto que su progreso había sido increíble, lo cierto era que aún no había enfrentado a Voldemort con su cuerpo físico.

- No sabré con seguridad si soy capaz de lidiar con él hasta que lo intente… - pensó Harry, imaginando la posibilidad de que un duelo contra su némesis podría ser tan épico con en las películas de fantasía muggle. - En primero intentó matarme a través de Quirrell pero hice polvo su cuerpo (¡A puñetazos, si!), en segundo...fue el Horrocrux de su diario (Hermione es la mejor, hizo trizas el maldito diario con el colmillo de Basilisco) y…¿se habrá dado cuenta de que ha perdido un trozo de su alma? Hm...quizás ni se ha enterado, total, la importancia que le da es cero, hasta tal punto que la fracciono en siete partes…-

Hizo lo que pudo para aparcar ese dichoso tema mientras escribía una respuesta para su amiga, abría la ventana y dejaba volar libremente a Fireball. Estaba de vacaciones y de lo único que quería preocuparse era de acabar los deberes, pasarlo bien con Hermione…y por fin, dormir al coger sueño.

No estaba seguro de si estar en su casa le daría un empujoncito para cambiar de opinión, pero de algo si estaba seguro. Estar al lado de Hermione antes de volver al colegio sería inolvidable.

….

Los días pasaron en Nderlysaj, un pequeño pueblo de Albania. Allí, los habitantes tuvieron que soportar por días la presencia abundante de agentes de policía muggle. Por lo que le había entendido de la última carta de su primo Dardan, una agente de policía muggle había sido atacada por un extraño al que no consiguió reconocer su rostro. Todo cuanto sabían era que estaba interesado en encontrar el Ojo Azul. A Bertha Jorkins (una bruja que trabajaba en el Departamento de Juegos y Deportes Mágicos del Ministerio de Magia de Reino Unido) no le extrañaría que alguien tuviera tantas ganas de pasar por el lago, si no fuera por el conocimiento de los numerosos casos de desaparecidos que habían tenido en aquel lugar desde hacía dos años.

- ¿Por qué? - pensaba ella, justo cuando iba en coche a la casa de su primo Dardan. - ¿Porque me tienen que venir con estas noticias cuando pensaba en venir al pueblo a relajarme? De haberlo sabido esto…Quizás hubiera sido mejor idea aplazar las vacaciones para quedarme en Londres hasta el comienzo del Mundial de Quidditch, pero…-

Desde luego no era el ambiente que Bertha esperaba encontrar en su regreso a su país natal. Tan solo quería aprovechar sus vacaciones para visitar a su familia, y de paso contar con que el entorno alejado del bullicio de las ciudades le ayudara a escapar un poco de la tensión habitual del Ministerio de Magia de Gran Bretaña, donde no paraban de marearla con distintos trabajos.

Era una constante que allí no pararan de hacerla saltar de un departamento a otro. Quizás lo único positivo de semejante jaleo era la experiencia que había adquirido de cada uno de ellos, aunque no sabía si se podía considerar como buena. Por ejemplo, no recordaba absolutamente nada de su experiencia en el Departamento de Misterios, salvo un fuerte dolor de cabeza, como si hubiera sido atacada con el mazo de un trol.

Tenía deberes pendientes una vez volviera a Reino Unido, donde retomaría los preparativos para uno de los grandes acontecimientos que estaba por celebrarse en Hogwarts, donde había sido estudiante.

Un acontecimiento sin precedentes recientes, y que por desgracia no tenía permitido contar a su primo, ya que era un completo secreto. Desde luego no quería ser ella la señalada (nuevamente) pues, desde varios años atrás que comenzó a tener problemas para ser más acertada con su toma de decisiones. Todo desde aquella última visita al jefe del Departamento de Cooperación Mágica Internacional.

- En ocasiones aún me acuerdo de aquel día, - pensó ella, una vez bajó del taxi. - No sé muy bien porque…no es como si fuera tan importante, después de todo, solo iba a entregar un informe al jefe y…-

- ¡Bertha! - escucho la voz de su enorme primo Dardan, y a continuación, se vio envuelta en un abrazo tosco. - Cuanto me alegro de verte. ¿Como te ha ido el viaje? Espero que te haya dado tiempo de olvidarte un poco de ese trabajo tuyo tan estresante. -

- No es duro, - jadeo Bertha, una vez quedó libre del abrazo de oso de su primo. - es solo que es difícil de recordarlo todo. En un trabajo como el mío hay que usar mucho la cabeza. Por lo demás, no me importa moverme. -

- Tú como siempre tan trabajadora, - se rió Dardan, dándole un manotazo en la espalda. Por un momento se imaginó de manera inocente que se iría volando a Marte. - Vamos, desconecta un poco y entra. Has llegado justo a tiempo para la cena. -

Hacía tiempo que no estaba en aquella casa, donde vagamente podía recordar viejos días de verano los cuales empleaba para estar con su primo y su vieja tía, la cual había fallecido cinco años atrás. Desde entonces, Dardan había heredado la casa, quedándose solo, pero según él no estaba mal. Era querido por todo el pueblo y lo único de lo que tenía que preocuparse era de que el negocio familiar (la ferretería del pueblo) siguiera gozando de buenas ganancias y pagar lo básico, pues la hipoteca lo tenía más que solventado. Daba gusto entrar nuevamente en aquel hogareño comedor, con su vieja chimenea de piedra, mientras llegaba a su nariz el delicioso olor a Qofle (albóndigas asadas) y verduras a la parrilla. Claramente, su primo sabía hacer de todo, no parecía estar estresado y se le veía muy contento. Si tan solo supiera cuánto envidiaba su vida…

- ¿Cómo ha estado el poblado estos días? - pregunto ella, una vez se sentó en la mesa y recibió una jarra de vino. - Cuando me escribiste, yo…-

- Esperaba que pudieras desconectar un poco del calvario que has tenido estos días en el ministerio. - dijo Dardan en tono solemne, y al ver que Bertha se tensaba aclaró: - Tranquila, por enésima vez te lo digo, no hay nadie en este poblado a parte de mí que sepa sobre tu brujería. -

- Gracias, - suspiró Bertha, tomando un gran sorbo de vino. - es solo que preservar el secreto es de suma importancia. Ya sabes, solo la familia tiene permitido saber de mi estatus como bruja, de lo contrario…no quiero pensar en que harían los vecinos. -

- Y más estos días, - añadió Dardan, comiendo cuatro albóndigas de un bocado. - ¿te lo imaginas? Sería como esa vieja historia sobre la cacería de brujas, donde terminaban en una hoguera. -

- Te puedo asegurar que necesitan algo más que una sencilla hoguera para poner en problemas a una bruja. - se rió Bertha, pensando en Wendelin la rara y en cómo se dejaba capturar a propósito para divertirse con el encantamiento congelador de llamas. - Hasta podría ser divertido fingir mi muerte mientras quedo hecha carbonilla ante los ojos de los muggles. - al ver la cara de Dardan ella añadió: - Sabes que todo quedaría reducido a eso que llamáis "truco mágico", ¿verdad? -

- S-si, por supuesto, cómo iba a…-

- Esperaba que pudiéramos visitar el Ojo Azul, - dijo Bertha, algo apenada. - pero con todo lo que ha pasado y…-

- Por favor, trata de no pensar mucho en esas cosas. - le pidió Dardan. - Además, Pal (ya sabes, mi amigo el policía) me ha comentado que los casos no han vuelto a surgir desde hace más de un mes. Hasta donde yo sé hemos estado bastante tiempo con este problema, hasta parece un milagro que la cosa se haya calmado. Quizás…por fin vuelva a reinar algo de paz allí. -

- Así que esa es la versión de los policías muggles…- dijo Bertha, pensativa. - Dime, ¿has avistado a más gente como yo estos días? Ya sabes, alguien que pueda hacer magia (Si no es así no te preocupes. Es evidente que no se dejarán ver pues si son profesionales del Departamento de Seguridad Mágica de Albania tienen que ser lo más tenaces posible). -

- Tipos como tu…- dijo Dardan, una vez terminó de comer. - No sé exactamente si este sería el caso, pero ahora que lo mencionaste…-

- ¿En serio? - inquirió Bertha, sorprendida.

- Hace un mes que tenemos a un extraño merodeando por el pueblo. - dijo Dardan en tono misterioso. - Curiosamente desde que vino tuvimos varios sucesos extraños, como el ataque a esa agente de policía que mencioné en la carta, o la desaparición de Aleksander cerca del Ojo Azul…Casi siempre viene a la taberna donde me reúno con Pal, y cada vez que él intenta hacerle preguntas o llevárselo a comisaría para interrogarlo, este sujeto…- tragó saliva antes de añadir: - Es alguien fuera de lo común. Pal no es alguien que se arruga ante un interrogatorio y, sin embargo, este individuo consigue de alguna manera dejarlo atontado, despistado, como si fuera hacia él y luego volviera sin saber para qué había ido a hablarle. ¿Te das cuenta? ¿Y si es un mago? La gente de vuestro mundo suele hacer ese tipo de cosas, ¿no? -

- Es posible. - dijo Bertha, tras tomar otro trago de vino y pensando en Aleksander, el Guardabosques. - Por desgracia siempre hay magos y brujas campando a sus anchas creyendo que es divertido gastarle bromas pesadas a los muggles. Si hay alguien en mi Ministerio que haya visto más implicado en el uso correcto de la magia entre muggles es Arthur Weasley. ¿El Ministerio albanés no tiene a nadie siguiendo los pasos de este individuo? Quizás deba tomar cartas en el asunto…-

- Pero Bertha…- dijo Dardan, mirando a su prima de manera incrédula. - se supone que estas de vacaciones. Viniste aquí para alejarte del trabajo y ahora resulta que…-

- No digo que vaya a ponerme a investigar como si volviera a estar en el departamento de Arthur o la oficina de Aurores. - señaló Bertha. - Lo que quiero decir es que estaré más al pendiente. Esta podría ser una buena oportunidad para que me empiecen a tomar más en serio en mi trabajo…-

- ¿No te toman en serio? - preguntó Dardan, cuando ambos se pusieron a recoger la mesa.

- No lo puedo afirmar con contundencia, - dijo Bertha de un suspiro, mientras acompañaba a su primo con los platos hacia la cocina. - pero esa es la sensación que me da cada vez que estoy allí. Se piensan que soy tonta y que no los escucho hablar a mis espaldas, o que soy tan despistada que los omito, pero no es así. Al principio me molestaba porque el único problema es que no recuerdo con claridad una visita que hice a uno de mis jefes hace unos años y desde entonces me tienen cambiando de departamento cada dos por tres. -

- ¿No has pensado alguna vez en cambiar de trabajo? -

Bertha se rió un poco. - Muchas veces, - dijo con una sonrisa. - creo que de no trabajar en el ministerio sería periodista. Se me da muy bien enterarme de cosas…-

Dardan dejó de lavar los platos un momento, para volver a mirar a su prima. - ¿No será esa la razón por la que no te quieren en un mismo departamento todo el tiempo? - preguntó.

- ¿Cuál es la razón? ¿La de que siempre estoy en el momento menos oportuno (para los interesados en preservar su privacidad) cerca de una conversación y de manera casual escuchar algún chisme? - Bertha se rió nuevamente. - No sé si es una maldición o una bendición, pero me pasa lo mismo desde que iba a la escuela. No sé, no puedo evitarlo. A día de hoy sigo sin entender del todo porque tengo esta suerte. En cualquier caso y lo quiera o no, es posible que esta sea una de las razones por las que (aún con todas sus quejas) yo siga estando en el ministerio. -

- Por lo que entiendo, ellos te tienen dentro de manera forzada. -

- Si quieren echarme que me arreglen la jubilación primero. - protestó Bertha.

- No has llegado ni a los cincuenta y ya piensas en jubilarte. - se rió Dardan.

- Entonces que se ahorren los comentarios y los murmullos y que me dejen trabajar en paz. - se quejó Bertha, secando las vajillas con magia. - Y si es posible, estaría bien que dejaran de obligarme a saltar de un departamento a otro. -

Estuvieron hablando durante el resto de la noche hasta que finalmente se fueron a dormir. Durante las próximas 2 semanas, el pueblo permaneció en paz y el ambiente había adoptado una atmósfera bastante agradable. En ese tiempo, Bertha se puso al día con algunos de sus viejos vecinos, los cuales parecían más alegres que cuando llegó. El pueblo vivía no solo de su refrescante ambiente en verano, o de sus bellos paisajes, era, sobretodo, un excelente lugar para turistas y curiosos.

Y es que esa había sido la razón por la que el alcalde había aprobado diez años atrás una importante reforma para dar un mejor aspecto a las viviendas y locales de las zonas aparentemente más visitadas. Sin embargo, el Ojo Azul lo habían dejado tal cual fue encontrado, trazando una pequeña ruta para alcanzar el hermoso lago. Este solía contar con la vigilancia de Aleksander, un guardabosques que ya debía tener sus cuarenta años y seguían sin dar con su paradero.

Bertha pensó que podía encontrarlo para hablar con él antes de regresar a Reino Unido. Después de todo, Aleksander siempre había sido muy cercano a su familia. Solía invitarlos a ir de pesca al lago, para luego hacer deliciosos platillos en su cabaña. Pensar en ello no hacía más que aumentar su angustia.

- Me pregunto cómo estará Alek, - pensó Bertha, recordando que ni había sido mencionado por la gente con la que había hablado durante las últimas semanas. - qué raro, ¿cómo es que nadie habla de él? ¿En dónde estará? Rayos, Pal sigue sin encontrar pistas… -

Capítulo 73 - Planeando un regreso a lo grande

Las semanas se estaban haciendo complicadas para Cerpentos. Conseguir los distintos ingredientes para elaborar una poción con la que poder proporcionar a su señor un cuerpo rudimentario que le permitiera dejar la necesidad de poseer a otros seres vivos se había complicado con la puesta en búsqueda y captura que tenía sobre él.

Siguiendo las instrucciones del heredero de Slytherin logró con éxito elaborar una poción para desarrollar de cero un cuerpo humano, pero este empezó siendo muy pequeño, como recién nacido, por lo que necesitaban de tiempo para dejar que el cuerpo se desarrollara por completo. Para el señor Tenebroso era como volver a nacer, aunque manteniendo intactos todos los recuerdos de su vida hasta la fecha, y tratando de moverse lo mejor posible, además de cada vez mejorar su vocabulario (el tono de voz era el mismo de siempre, como si hablara con una serpiente, pero le faltaba desarrollo vocal por momentos).

En su camino por recuperar a su señor, Cerpentos cayó en la cuenta de que faltaba un objeto muy importante en su inventario: La varita.

Sin ella su señor no podía ponerse al día y hacer mucho más a nivel mágico (podía hacer magia, pero no tanta como lo haría con su varita), por lo que decidió ir en su búsqueda. El heredero de Slytherin le comentó que la última vez que había tenido su varita en sus manos fue aquella fatídica noche del treinta y uno de octubre de casi catorce años atrás, donde inesperadamente fracasó a la hora de eliminar a Harry Potter ("Fue suerte, no preguntes", solía decirle su señor). Era probable que la varita aún permaneciera perdida por las cercanías de las ruinas de aquella casa del Valle de Godric.

Él fue cauto a la hora de retornar a Reino Unido, pues esperaba que las autoridades mágicas estuvieran preparadas para recibirle. Sin embargo y para su sorpresa, en su regreso la vigilancia era pobre y los aurores no parecían estar por la labor de esperar a su reaparición en el país. No recordaba que fuera así las otras veces que tuvo que desviarse por otras rutas para llegar a lugares como el callejón Knockturn. Cierto era que los muggles lo buscaban también, acusado de ser un supuesto homicida en potencia ("Bueno, podrían haberme acusado de muchas cosas, así que dentro de las opciones no está tan mal", pensó Cerpentos), pero burlarlos no era tan complicado. La situación, por alguna extraña razón, había cambiado.

Esto no hizo más que facilitar su recorrido por las distintas ciudades y edificios por los que pasó. Fue a galope de un Thestral, ya que eran muy difíciles de ver salvo para aquellos que habían visto la muerte. Atravesó por tierra y aire el territorio inglés hasta dar con el Valle.

Trece años atrás, en aquella vieja casa hecha escombros, el heredero de Slytherin se había encontrado por primera vez con la horma de su zapato: Harry Potter, el niño que vivió.

Una misión que para él debería haber sido de las más sencillas a realizar, casi le costaba la vida. Si bien no llegó a morir, divagó por el mundo en los años posteriores como una especie de espectro, capaz de controlar algunas criaturas fáciles de manipular y dominar, pero sin capacidad suficiente como para dirigir nuevamente a sus fieles seguidores.

Cerpentos no hizo mucho caso al hecho de que a nadie del pueblo se le había ocurrido reconstruir la casa. Para él, desde luego, era una ventaja, ya que el escenario donde se produjo aquella fatídica noche seguía prácticamente intacto, salvo por los rastros de movimiento probablemente obra de alguna investigación por parte de las autoridades competentes del Ministerio de Magia y el propio paso del tiempo con sus cambios climatológicos de por medio.

Su señor le explicó que su cercano final, lo vivió en la habitación del bebé. Cuando llegó allí, había un enorme agujero por donde antes había una ventana que daba con el jardín exterior, como si el destrozo hubiera sido causado por un meteorito. Rastreó la zona solo para llevarse la decepción de no encontrar la varita en la habitación. Luego, bajó por el agujero del frente con un saltó y comenzó a rastrear el jardín, el cual estaba plagado de mala y puntiaguda hierba. Cerpentos se deshizo de aquella molesta hierba con varios encantamientos seccionadores. Poco a poco, conseguía detectar la presencia de un objeto mágico hasta que, tras escarbar cerca de un arbusto rojo, encontró enterrada la varita de su señor.

La varita parecía un hueso humano, por un momento pensó que quizás se trataba de madera de abedul. A Cerpentos le pareció extraño encontrarla allí, daba la sensación de que alguien voluntariamente la había enterrado. Sin embargo, no había mucho tiempo para dar paso a la especulación. Subió en el Thestral y voló hasta salir de la frontera, para regresar al refugio en Albania.

Una vez más, no estaba seguro de a qué se debía la escasa seguridad mágica durante aquel viaje tan breve (por si acaso se mantuvo alerta, porque perfectamente podría ser emboscado en cualquier momento si llegaban a verlo, lo cual daría a entender que su llegada regreso era esperado), aunque se hacía una idea de quién le podía iluminar un poco al respecto. Dicha persona se encontraba en las cercanías del pueblo, tomándose unas vacaciones (o eso parecía intentar).

Había llegado a sus oídos que en el pueblo estaba alojada una trabajadora del Ministerio de Magia Británico llamada Bertha Jorkins. Al principio no sabía de quién se trataba, pero con el paso de sus días en la cantina del pueblo, Cerpentos fue obteniendo poco a poco más información hasta que consiguió confirmar sus sospechas.

Alguien así debía tener información de gran utilidad para los intereses de su señor. Por eso y tras retornarle su varita, Cerpentos procedió a contarle a situación a su amo.

- ¿Jorkins está aquí? - dijo su señor con voz aguda.

- Así es mi lord, - asintió Cerpentos, mientras le entregaba un frasco con leche ordeñada de su serpiente. - lleva ya unas semanas y la noticia de las "desapariciones" de muggles en la zona le ha llamado poderosamente su atención. La idea de seguir disfrutando de sus vacaciones no parece estar en su agenda. -

- ¿Entonces quiere meter las narices donde no le llaman? - se burló su señor. - Hm…o es una de las brujas competentes dentro de los incompetentes del Ministerio, o una pobre necia…Aun así, que interesante regalo hemos hallado. Podríamos conocer de antemano detalles que pueda tener el Ministerio sobre la mesa y…quizás, entender la escasa seguridad que encontraste en tu retorno. La verdad, yo esperaba algo mejor que esa excusa de búsqueda y captura…-

- Entiendo, - asintió Cerpentos. - en ese caso iré a por la mujer, y haré que hable…-

- No…-

- ¿Mi Señor? -

- Trae a la mujer ante mi presencia… - susurró su señor. - Llevo mucho tiempo sin poder darle uso a una varita, pero para una correcta lectura de mentes me sobra talento. Si…y si resulta que es alguien competente del Ministerio…es mejor que me encargue de esto…-

- ¿Está seguro mi señor? - preguntó Cerpentos con cautela. - Aún necesita seguir reponiendo fuerzas y…-

- Creo que no es necesario que repita mi orden. - dijo su señor tajantemente.

- Como usted deseé mi Lord…-

- Si esta mujer me aporta lo que necesito y la seguridad en Reino Unido es tan descuidada…¿Por qué esperar a volver a casa? - dijo su señor con la aguda, en lo que parecía un intento fallido de sonar jovial. - ¡Que suerte que sean tan incompetentes! Lo que estoy por hallar puede darme las pautas necesarias para elaborar un plan…-

Pasados unos minutos, Cerpentos se acercó nuevamente a la cantina del pueblo. Se había convertido en un habitual, pero la policía muggle ni se molestaba en hacerle preguntas, pues él sabía cómo invitarles a que husmearan en otro lado. Tras degustar nuevamente una deliciosa copa de vino, salió de la cantina para buscar a Jorkins. No era muy difícil averiguar dónde estaba alojada, pues desde que se estableció en el pueblo supo donde vivía el ferretero Dardan, el cual siempre estaba bebiendo con el patético policía muggle que siempre intentaba sacarle información.

Apoyó la espalda en un árbol cerca de aquella casa, donde se podía escuchar a Jorkins hablando con su primo

- No creo que sea buena idea que vayas tan tarde a dar con el paradero de Aleksander, - se escuchó hablar a Dardan en albanes. - ¿No recuerdas lo que te dije de aquel tipo con mascara? ¿Y si te hace algo…raro a la cabeza? Ya viste como está Pal estos días. A este paso cogerá la baja y…-

- ¡No puedo estar tranquila sin saber que rayos está pasando aquí! - dijo Bertha, alterada. - Ya lo último que faltaba por oír era que había gente huyendo del Ojo Azul porque habían avistado a una serpiente enorme. ¿Y si se trata de un Basilisco? ¿¡Y donde demonios están las autoridades mágicas de este país que no los veo investigar!? Esto es indignante, en cuanto vuelva al Ministerio informaré a Rufus, a ver si puede hablar con el jefe ya que a mi seguramente ni me hará caso…-

- Pero Bertha…-

Ella suspiró. - Lo siento Dardan, - dijo, llevándose las manos a la cabeza. - quizás hubiera sido mejor que me quedara allí o…por Merlín, no sé qué pensar. Al menos veré si puedo dar con alguna pista del posible paradero de Aleksander, ya que no me explico porque aquí nadie mueve un dedo para intentar encontrarlo. -

- Se puso muy en modo solitario en los últimos años, - replicó Dardan. - así que no es de extrañar que la gente pase de él. -

- Hm…supongo que es culpa mía por esperar más de la gente del pueblo. - dijo ella con decepción. - Bueno, me voy, mi equipaje ya va de camino a mi casa. Ojalá que el año que viene sea más estresante. -

- ¿Más? - dijo Dardan, incrédulo.

- ¡Qui-quiero decir menos! ¡Mucho menos! - chillo Bertha, agitando los brazos. - ¡Ay esto me va a volver loca! ¡Me voy! -

Cerpentos se movió entre las sombras para seguirla de cerca, a medida que ella se alejaba de la casa a zancadas. Era curioso, porque mientras se alejaban del pueblo ella iba en dirección a la cabaña donde estaba alojado su señor.

- El primer paso para dar con pistar es su casa, obviamente. - se dijo a sí misma Bertha. - Puede que a nadie de este maldito pueblo le importes, pero te encontraré Aleksander, al menos para despedirme antes de volver a casa. -

Cerpentos, que no estaba muy lejos de ella, cayó en la cuenta de algo. El tal Aleksander podría tratarse del nombre del guardabosques al que había asesinado semanas atrás. La cosa no podía pintar mejor, ya que por el camino que iba Jorkins conducía directamente a la boca de la…serpiente.

Podía escuchar como a medida que se acercaban a la cabaña donde está su señor, la respiración de Jorkins se hacía más pesada, y sus pasos cada vez más lentos, como si la idea de aproximarse más le asustara. No era de extrañar, pues su señor realizó una serie de hechizos para mantener a los muggles alejados de la zona, además de hechizos especiales para dificultar el paso a intrusos mágicos. No era conveniente que se activara el asalto de reptiles que le esperaba cerca de la puerta, por lo que Cerpentos se apresuró y las silenció de un hechizo.

Jorkins tomó aire y llamó a la puerta. - ¿Ho…hola? - inquirió con voz ahogada. - ¿Hay…alguien? ¿Alek? Alek…esto no es gracioso, la gente está preocupada por ti y…no…no…yo lo estoy…solo yo, Dardan y poco más…Parece que no has sido muy sociable, ¿verdad? -

De repente, la puerta de la cabaña se abrió. Jorkins blandió su varita, y aún con esta temblando en su mano, decidió entrar poco a poco. Cerpentos se situó detrás de ella a cierta distancia, esperando a que su señor iniciara su espectáculo.

- Vamos Alek, - protestó Jorkins, pero con la voz baja. - no seas idiota y muéstrate de una vez, aún no estamos en Halloween…-

- ¿Quién necesita esperar a tan grata fecha…para disfrutar de un día de miedo? - susurró una voz aguda.

Jorkins abrió la boca, como queriendo soltar un grito, pero no salió ni un ruido. Entonces unas velas se encendieron mágicamente, y en una vieja silla de madera apareció sentado una figura esquelética, carente de carne, cubierto con una capucha e imposibilitando el ver sus hundidos ojos rojos. Parecía que contaba con la fuerza justa y necesaria para mover sus huesudas manos.

- Te estaba esperando, - susurró su señor. - Bertha…-

La mujer retrocedió, como queriendo huir, pero se topó con Cerpentos, el cual ya había cerrado la puerta para evitar que escapara.

- Buen trabajo mi fiel ayudante, - dijo su señor, a lo que Cerpentos respondió con una leve reverencia. - parece que no ha sido tan difícil después de todo. -

- Al contrario, - repuso Cerpentos. - creo que tenía ganas de darle una visita, mi señor. -

Su señor soltó una pequeña risita carente de humor, acompañada de un poco de tos. - Gracias por tu visita pues, Bertha Jorkins…Oh, pero donde están mis modales, ten…siéntate…- blandiendo su varita, hizo que una silla se situara detrás de ella y Cerpentos la obligó a sentarse. - Bien, ahora que has hecho el favor de visitarme a mí, Lord Voldemort…- Si Jorkins había ido perdiendo el color de su piel a medida que estaba en las cercanías de la cabaña, en ese instante su piel se había tornado blanca, como si estuviera ante la presencia de un Dementor y este la hubiera dejado sin alma. - te concederé las respuestas a las preguntas que rondan por esa cabeza…tan hecha añicos…hm…curioso…-

- ¿Ocurre algo, mi lord? - preguntó Cerpentos.

- No he necesitado de mucho para comenzar a indagar en sus memorias, - respondió su señor, moviendo levemente su varita. Jorkins estaba en estado de shock, pero al mismo tiempo mostraba gestos de dolor. - ya que esta zopenca parece haber perdido la capacidad de hablar, por lo que preguntarle me parece una pérdida de tiempo. Veamos…hm…vaaaaya, has sido una chica muy entrometida durante tu estancia de Hogwarts, también muy chismosa…pfff, normal que el resto de estudiantes se alejaran de ti…¿y en el trabajo? - soltó otro intento de risa pero tosiendo. Bertha empezó a gemir y a aullar de dolor. A continuación, calló al suelo, agarrando su cabeza como si fuera a explotar. - Mas de lo mismo…si, has sido una chica mala, y posees mucha información interesante, pero también has sido víctima de un encantamiento desmemorizante muy fuerte, tanto que ha dañado gravemente parte de tus recuerdos, esto...¡Es decepcionante! - realizó otro movimiento de varita y esta vez, Jorkins comenzó a retorcerse en el suelo, como si estuviera siendo torturada, al mismo tiempo que salía espuma blanca de su boca.

Pasaban los minutos, y por una vez, Cerpentos sintió algo extraño dentro de su huésped, algo que pensaba que había dejado en congelado. Su corazón estaba sufriendo, pero era pasajero pues estaba seguro que la tortura no iba a ser eterna. Su señor siguió rebuscando, mientras que Jorkins seguía retorciéndose de agonía en el suelo…Hasta que finalmente se detuvo, y Jorkins pasó a gemir y tener dificultades para respirar.

- ¿Cerpentos? - dijo su señor, con una desfigurada sonrisa en su rostro.

- ¿Mi señor? - replicó Cerpentos con frialdad.

- He obtenido todo lo que podía (con una serie de obstáculos, pero nada con lo que no pueda lidiar), y tengo material muy interesante para un nuevo plan…- explicó su señor. - Prepara nuestras cosas, voy a volver…a casa. -

- Aquí estoy para seguirle allá donde usted se dirija, mi señor…-

- Bien, bien…-

Y mientras Cerpentos empezaba a empacar todo lo esencial que podía encontrar en la habitación de su señor ("¡Avada Kedavra!", dijo con su voz iría), pudo ver como un resplandor verdoso apareció brevemente en la pared, al mismo tiempo que los gemidos que antes llegó a escuchar cesaron tan pronto como la luz se apagó. Su señor simplemente había rematado la faena.

- Ven Nagini…- dijo su señor. - por tu lealtad hacia mí recibirás una más que merecida recompensa…-

Entonces la habitación donde estaba su señor volvió a iluminarse, pero de un color diferente, más plateado. Cerpentos, sintiéndose invadido por el deseo de ver que iba a ser su señor, se acercó un poco, pero no demasiado pues no quería que él se enfadara por interrumpir lo que fuera que estuviera a punto de hacer. Pudo ver como en el suelo apareció el dibujo de un extraño trozo de circulo con unas palabras rúnicas grabadas en él. A continuación, pudo escuchar un desgarrador y ensordecedor chillido, al mismo tiempo las luces se apagaban casi al instante. Cerpentos se vio forzado a llevarse las manos a los oídos al no poder soportar el chillido, tanto como la sensación repulsiva que invadía su cuerpo. Nunca había presenciado una magia tan poderosa, pero a la vez tan tenebrosa…

….

Los aldeanos de Pequeño Hangleton seguían llamándola "la Mansión de los Ryddle" aunque hacía ya muchos años que los Ryddle no vivían en ella. Erigida sobre una colina que dominaba la aldea, tenía cegadas con tablas algunas ventanas, al tejado le faltaban tejas y la hiedra se extendía a sus anchas por la fachada.

En Pequeño Hangleton todos coincidían en que la vieja mansión era siniestra. Medio siglo antes había ocurrido en ella algo extraño y horrible, algo de lo que todavía gustaban hablar los habitantes de la aldea cuando los temas de chismorreo se agotaban.

Habían relatado tantas veces la historia y le habían añadido tantas cosas, que nadie estaba ya muy seguro de cuál era la verdad. Todas las versiones, no obstante, comenzaban en el mismo punto. Cincuenta años antes, en el amanecer de una soleada mañana de verano, cuando la Mansión de los Ryddle aún conservaba su imponente apariencia, la criada había entrado en la sala y había hallado muertos a los tres Ryddle.

La mujer había bajado corriendo y gritando por la colina hasta llegar a la aldea, despertando a todos los que había podido.

Llamaron a la policía, y toda la aldea se convirtió en un hervidero de curiosidad, de espanto y de emoción mal disimulada. Nadie hizo el menor esfuerzo en fingir que le apenaba la muerte de los Ryddle, porque nadie los quería. El señor y la señora Ryddle eran ricos, esnobs y groseros, aunque no tanto como Tom, su hijo ya crecido.

Los aldeanos se preguntaban por la identidad del asesino, porque era evidente que tres personas que gozan, aparentemente, de buena salud no se mueren la misma noche de muerte natural. "El Ahorcado", que era como se llamaba la taberna de la aldea, hizo su agosto aquella noche, ya que todo el mundo acudió para comentar el triple asesinato. Para ello habían dejado el calor de sus hogares, pero se vieron recompensados con la llegada de la cocinera de los Ryddle, que entró en la taberna con un golpe de efecto y anunció a la concurrencia, repentinamente callada, que acababan de arrestar a un hombre llamado Frank Bryce.

Él era el jardinero de los Ryddle y vivía solo en una humilde casita en la finca de sus amos. Había regresado de la guerra con la pierna rígida y una clara aversión a las multitudes y a los ruidos fuertes. Desde entonces, había trabajado para los Ryddle.

Todos creían que Frank había matado a los Ryddle. Pero en la vecina ciudad de Gran Hangleton, en la oscura y sórdida comisaría, él repetía tercamente, una y otra vez, que era inocente y que la única persona a la que había visto cerca de la mansión el día de la muerte de los Ryddle había sido un adolescente, un forastero de piel clara y pelo oscuro.

Nadie más en la aldea había visto a semejante muchacho, y la policía tenía la convicción de que eran invenciones de Frank. Entonces, cuando las cosas se estaban poniendo peor para él, llegó el informe forense y todo cambió. La policía no había leído nunca un informe tan extraño. Un equipo de médicos había examinado los cuerpos y llegado a la conclusión de que ninguno de los Ryddle había sido envenenado, ahogado, estrangulado, apuñalado ni herido con arma de fuego y, por lo que ellos podían ver, ni siquiera había sufrido daño alguno. De hecho, proseguía el informe con manifiesta perplejidad, los tres Ryddle parecían hallarse en perfecto estado de salud, pasando por alto el hecho de que estaban muertos.

Decididos a encontrar en los cadáveres alguna anormalidad, los médicos notaron que los Ryddle tenían una expresión de terror en la cara, pero como dijeron los frustrados policías, ¿quién había oído nunca que se pudiera aterrorizar a tres personas hasta matarlas? Como no había la más leve prueba de que los Ryddle hubieran sido asesinados, la policía no tuvo más remedio que dejar libre a Frank.

Se enterró a los Ryddle en el cementerio de Pequeño Hangleton, y durante una temporada sus tumbas siguieron siendo objeto de curiosidad. Para sorpresa de todos y en medio de un ambiente de desconfianza, Frank Bryce volvió a su casita en la mansión. Allí se quedó cuidando el jardín para la familia que habitó a continuación en la Mansión de los Ryddle, y luego para los siguientes inquilinos, porque nadie permaneció mucho tiempo allí.

Quizá era en parte a causa de Frank por lo que cada nuevo propietario aseguró que se percibía algo horrendo en aquel lugar, el cual, al quedar deshabitado, fue cayendo en el abandono. El potentado que en aquellos días poseía la Mansión de los Ryddle no vivía en ella ni le daba uso alguno. En el pueblo se comentaba que la había adquirido por "motivos fiscales", aunque nadie sabía muy bien cuáles podían ser esos motivos.

Sin embargo, el potentado continuó pagando a Frank para que se encargara del jardín. A punto de cumplir los setenta y siete años, Frank estaba bastante sordo y su pierna rígida se había vuelto más rígida que nunca, pero todavía, cuando hacía buen tiempo, se lo veía entre los macizos de flores haciendo un poco de esto y un poco de aquello, si bien la mala hierba le iba ganando la partida.

Pero la mala hierba no era lo único contra lo que tenía que bregar Frank. Los niños de la aldea habían tomado la costumbre de tirar piedras a las ventanas de la Mansión de los Ryddle, y pasaban con las bicicletas por encima del césped que con tanto esfuerzo Frank mantenía en buen estado. En una o dos ocasiones habían entrado en la casa a raíz de una apuesta. Sabían que el viejo jardinero profesaba veneración a la casa y a la finca, y les divertía verlo por el jardín cojeando, blandiendo su cayado y gritándoles con su ronca voz.

Frank, por su parte, pensaba que los niños querían castigarlo porque, como sus padres y abuelos, creían que era un asesino. Así que cuando se despertó una noche de agosto y vio algo raro arriba en la vieja casa, dio por supuesto que los niños habían ido un poco más lejos que otras veces en su intento de mortificarlo. Lo que lo había despertado era su pierna mala, que en su vejez le dolía más que nunca.

Se levantó y bajó cojeando por la escalera hasta la cocina, con la idea de rellenar la botella de agua caliente para aliviar la rigidez de la rodilla. De pie ante la pila, mientras llenaba de agua la tetera, levantó la vista hacia la Mansión de los Ryddle y vio luz en las ventanas superiores. Frank entendió de inmediato lo que sucedía: los niños habían vuelto a entrar en la Mansión de los Ryddle y, a juzgar por el titileo de la luz, habían encendido fuego.

Frank no tenía teléfono y, de todas maneras, desconfiaba de la policía desde que se lo habían llevado para interrogarlo por la muerte de los Ryddle. Así que dejó la tetera y volvió a subir la escalera tan rápido como le permitía la pierna mala. Regresó completamente vestido a la cocina, y cogió una llave vieja y herrumbrosa del gancho que había junto a la entrada. Tomó su cayado, que estaba apoyado contra la pared, y salió de la casita en medio de la noche. La puerta principal de la Mansión de los Ryddle no mostraba signo alguno de haber sido forzada, ni tampoco ninguna de las ventanas.

Frank fue cojeando hacia la parte de atrás de la casa hasta llegar a una entrada casi completamente cubierta por la hiedra, sacó la vieja llave, la introdujo en la cerradura y abrió la puerta sigilosamente. Penetró en la cavernosa cocina. A pesar de que hacía años que Frank no pisaba en ella y de que la oscuridad era casi total, recordaba dónde se hallaba la puerta que daba al vestíbulo y se abrió camino hacia ella a tientas, mientras percibía el olor a decrepitud y aguzaba el oído para captar cualquier sonido de pasos o de voces que viniera de arriba.

Llegó al vestíbulo, un poco más iluminado gracias a las amplias ventanas divididas por parteluces que flanqueaban la puerta principal, y comenzó a subir por la escalera, dando gracias a la espesa capa de polvo que cubría los escalones porque amortiguaba el ruido de los pies y del cayado. En el rellano, Frank torció a la derecha y vio de inmediato dónde se hallaban los intrusos: al final del corredor había una puerta entornada, y una luz titilante brillaba a través del resquicio, proyectando sobre el negro suelo una línea dorada.

Frank se fue acercando pegado a la pared, con el cayado firmemente asido. Cuando se hallaba a un metro de la entrada distinguió una estrecha franja de la estancia que había al otro lado. Pudo ver entonces que estaba encendido el fuego en la chimenea, cosa que lo sorprendió.

Se quedó inmóvil y escuchó con toda atención, porque del interior de la estancia llegaba la extraña voz de un hombre, como si hablara a través de metal. - Queda más que suficiente en la botella, mi lord, en caso de que tenga más hambre…-

- Luego…- dijo una segunda voz, también ésta era de hombre, pero extrañamente aguda y tan iría como una repentina ráfaga de viento helado. Algo tenía aquella voz que erizó los escasos pelos de la nuca de Frank. - Acércame más al fuego, Cerpentos…-

Frank volvió hacia la puerta su oreja derecha, que era la buena. Oyó que posaban una botella en una superficie dura, y luego el ruido sordo que hacía un mueble pesado al ser arrastrado por el suelo. Frank vislumbró a un hombre alto que, de espaldas a la puerta, no parecía mover más allá de su brazo derecho y un palo de madera. Lo que más le sorprendió fue ver que una butaca se acercaba a la chimenea por sí misma, como si tuviera vida propia.

El hombre con el palo en la mano vestía una capa larga y negra, con una capucha. Enseguida volvió a desaparecer de la vista.

- ¿Dónde está Nagini? - dijo la voz iría.

- Haciendo una ronda por los alrededores de la casa, - respondió la voz del otro individuo con tranquilidad. - seguramente querrá asegurarse de no encontrar intrusos cercanos. -

- Tendrás que ordeñarla antes de que nos retiremos a dormir, Cerpentos…- dijo la voz iría. - Necesito tomar algo de alimento por la noche. El viaje ha sido más largo de lo que me imaginaba...-

- Lo siento mi señor, - dijo el individuo de voz profunda, el cual Frank pudo alcanzar a ver que llevaba algo metálico en la cara, como una especie de mascara rara. - no podía arriesgarme a que fuera descubierto, uno nunca sabe si le van a tender una emboscada. -

- Enorme suerte la mía al haberte encontrado, mi fiel siervo…-

Frunciendo el entrecejo, Frank acercó más la oreja buena a la puerta. Hubo una pausa, y tras ella volvió a hablar el hombre llamado Cerpentos ("Que nombre tan extraño", pensó Frank).

- Señor, ¿cuánto tiempo desea permanecer aquí? -

- Una semana…- contestó la fría voz. - O tal vez más, este lugar es cómodo dentro de lo que cabe, y todavía no podemos llevar a cabo el plan. Sería estúpido hacer algo antes de que acabe el Mundial de Quidditch…-

Frank se hurgó la oreja con uno de sus nudosos dedos. Sin duda debido a un tapón de cera, había oído la palabra "Quidditch", que no existía.

- Así que el Mundial de Quidditch… - dijo Cerpentos. Frank se hurgó aún con más fuerza. - pienso que este evento es la razón de la escasa seguridad que encontré cuando volví a por su varita. Estarán concentrados en las medidas de seguridad del torneo. Y para colmo, no solo tenemos a los magos y brujas a nivel nacional…-

- Efectivamente, - afirmó la voz iría. - hay magos y brujas provenientes del mundo entero, y por supuesto todos los mangoneadores del Ministerio de Magia estarán al acecho de cualquier signo de actividad anormal, comprobando y volviendo a comprobar la identidad de todo el mundo. Tienen que centrar la máxima seguridad posible en este evento, para evitar que los muggles se den cuenta de algo. Si, lastimosamente toca esperar…-

Frank desistió de intentar destaponarse el oído. Le habían llegado con toda claridad las palabras raras: "magos", "muggles" y "Ministerio de Magia". Evidentemente, cada una de aquellas expresiones tenía un significado secreto, y Frank pensó que sólo había dos tipos de personas que hablaran en clave: los espías y los criminales. Así pues, aferró el cayado y aguzó el oído.

- Entonces, mi señor, - dijo Cerpentos en voz baja. - ¿Debo entender que está más que decidido? -

- Desde luego que estoy decidido, Cerpentos…- repuso el segundo individuo. Siguió una ligera pausa, y luego habló Cerpentos nuevamente.

- Hm…pero hay algo en todo esto que no comprendo bien, ¿por qué es esencial que se haga con Harry Potter, mi señor? -

Hubo otra pausa, ahora más prolongada, y luego se escuchó musitar a la segunda voz. - Porque lo es, ¿A caso me estas intentando sugerir otra alternativa que no sea Harry Potter? -

- Yo creo que sería lo más lógico, - dijo Cerpentos sin rodeos. - le necesitamos de vuelta cuanto antes, y si empleáramos a otro mago o bruja, el que fuera, el plan se podría llevar a cabo con más rapidez. Si me permitierais ausentarme por un breve periodo de tiempo podría regresar dentro de unas horas con alguien apropiado. -

- Hm…entonces sugieres utilizar a cualquier otro mago…- dijo con suavidad la segunda voz. - Puede ser...-

- Sería lo más sensato tomando en cuenta su situación, mi señor. Ir a por Harry Potter resultaría muy difícil. No solamente cuenta con una gran protección aportada por magos y brujas, lo cierto es…que ese chico es peligroso…-

- ¿Peligroso? ¡Ha! - se burló la voz iría. - Cerpentos, por favor, no seas patético. ¿Tú también crees en toda la basura que han creado en torno a mi derrota? ¿De verdad piensas que fue ese maldito mocoso el que provocó la pérdida de mis poderes? -

- Creo mucho más en usted que en cualquier otro, mi lord. - recalcó Cerpentos con mucha educación. - No se trata de lo que pasó hace años, se trata de algo mucho más reciente y…considero que sería irresponsable de mi parte no hablarle de ello. Verá, ese chico (aparte de peligroso) es inestable. Tiene un potencial mágico fuera de lugar, algo que no se había visto nunca en alguien de su edad. Le hice frente no hace mucho, pero desató un poder el cual yo jamás había visto…no al menos en esta época…-

- No voy a seguir escuchando esa sarta de estupideces, Cerpentos. - dijo la voz iría con irritación. Durante unos segundos, Frank no pudo oír otra cosa que el crepitar de la hoguera. Luego volvió a hablar la voz iría en un siseo que era casi un silbido. - Como iba diciendo, tengo mis motivos para utilizar a ese chico, tal y como te he explicado, y no usaré a ningún otro. He aguardado trece años…unos meses más darán lo mismo. Por lo que respecta a la protección que lo rodea, estoy convencido de que mi plan dará resultado. Lo único que se necesita es de ese talento tuyo que has demostrado desde que te encontré...-

- Agradezco su valoración, mi lord. - dijo Cerpentos, con una leve reverencia. - Durante el viaje he ido repasando el plan...lo cierto es que no tardarán en darse cuenta de la desaparición de Bertha Jorkins. Hm…si seguimos adelante, si yo echo la maldición...-

- Es más sencillo de lo que crees - susurró la otra voz. - Si sigues el plan, el Ministerio no tendrá que enterarse de que ha desaparecido nadie más. Lo harás con discreción, eres bueno haciendo eso. Por supuesto sería más rápido si lo hiciera por mí mismo, pero en estas condiciones...Vamos mi fiel Cerpentos, otro obstáculo menos y tendremos despejado el camino hacia Harry Potter. Además, no necesariamente harás esta misión solo. Para entonces, mi fiel vasallo se habrá unido a nosotros. -

- Con el debido respeto mi lord, - dijo Cerpentos, con un hilo de enfado. - no creo que necesite a nadie más para este trabajo. Puedo hacerlo por mi cuenta. -

- Cerpentos, - gaznó la segunda voz. - ¿acaso estás celoso? Necesito a alguien tan experimentado como tú como parte del plan…a largo plazo, alguien cuya lealtad no haya flaqueado nunca. Y tú, debes seguir a mi lado para cuidar de mí. -

- Yo os encontré…- replicó Cerpentos. - fui el que os encontró, os cuidé y os traje a Bertha Jorkins. Puedo hacer mucho más por vos. -

- Eso es verdad…- admitió el segundo hombre. - Pero te necesito cerca, para avanzar con nuestro propósito. Y si, sin Jorkins yo nunca habría podido idear nuestro plan, por lo cual te lo agradezco. Ahora bien, a mi fiel vasallo (si, uno de mis seguidores más acérrimos, por no decir el que más) le tengo reservada una misión muy especial, el cual lo tendrá ocupado por largo tiempo. -

- ¿Ah sí? - dijo Cerpentos. - ¿Y de que…? -

- ¡Ah, Cerpentos, no querrás que te lo diga y eche a perder la sorpresa! - dijo la voz iría, con una risa gélida. - También tengo que ir pensando quien tendrá el gran honor de contribuir con una parte del plan al final de todo. Al fin y al cabo…será tan útil como Bertha Jorkins. -

- ¿Un voluntario para torturarlo y asesinarlo también? - especuló Cerpentos con frialdad.

- Cerpentos…- dijo la voz iría, adquiriendo una gran suavidad. - ¿Por qué tendría que matar a ese voluntario? Maté a Bertha porque tenía que hacerlo. Después de mi interrogatorio ya no servía para nada, absolutamente para nada. Y, sin duda, si hubiera vuelto al Ministerio con la noticia de que nos había conocido durante las vacaciones, le habrían sometido a un interrogatorio. ¿Que podríamos haber modificado su memoria? Es verdad, pero un mago con grandes poderes puede romper los encantamientos desmemorizantes, como te demostré al interrogarla. Sería un insulto a su recuerdo no dar uso a la información que le sonsaqué. -

Fuera, en el corredor, Frank se dio cuenta de que la mano que agarraba el cayado estaba empapada en sudor. El hombre de la voz fría había matado a una mujer, y hablaba de ello sin ningún tipo de remordimiento, con regocijo. Era peligroso, un loco. Y planeaba más asesinatos. Aquel muchacho, Harry Potter, quienquiera que fuese, se hallaba en peligro. Frank supo lo que tenía que hacer. Aquél era, sin duda, el momento de ir a la policía. Saldría sigilosamente de la casa e iría directo a la cabina telefónica de la aldea.

Pero la voz fría había vuelto a hablar, y Frank permaneció donde estaba, inmóvil, escuchando con toda su atención. - Una maldición más...Harry Potter es prácticamente mío. Está decidido, no lo discutiremos más. Silencio...creo que oigo a Nagini...-

Y la voz del segundo hombre cambió. Comenzó a emitir unos sonidos que Frank no había oído nunca. Silbaba y escupía sin tomar aliento. Frank supuso que le estaba dando un ataque. Y entonces Frank oyó que algo se movía detrás de él, en el oscuro corredor. Se volvió a mirar, y el terror lo paralizó. Algo se arrastraba hacia él por el suelo y, cuando se acercó a la línea de luz, vio, estremecido de pavor, que se trataba de una serpiente gigante de al menos cuatro metros de longitud. Horrorizado, Frank observó cómo su cuerpo sinuoso trazaba un sendero a través de la espesa capa de polvo del suelo, aproximándose cada vez más.

¿Qué podía hacer? El único lugar al que podía escapar era la habitación en la que dos hombres tramaban un asesinato, y, si se quedaba dónde estaba, sin duda la serpiente lo mataría. Antes de que hubiera tomado una decisión, la serpiente había llegado al punto del corredor en que él se encontraba e, increíble, milagrosamente, pasó de largo, iba siguiendo los sonidos siseantes, como escupitajos, que emitía la voz al otro lado de la puerta y, al cabo de unos segundos, la punta de su cola adornada con rombos había desaparecido por el resquicio de la puerta.

Frank tenía la frente empapada en sudor, y la mano con que sostenía el cayado le temblaba. Dentro de la habitación, la iría voz seguía silbando, y a Frank se le ocurrió una idea extraña, una idea imposible: que aquel hombre era capaz de hablar con las serpientes. No comprendía lo que pasaba. Hubiera querido, más que nada en el mundo, hallarse en su cama con la botella de agua caliente. El problema era que sus piernas no parecían querer moverse.

De repente, mientras seguía allí temblando e intentando dominarse, la fría voz volvió a utilizar el idioma de Frank. - Nagini tiene interesantes noticias, mi querido Cerpentos…-

- ¿De verdad, mi lord? -

- Sí, de verdad…- afirmó la voz iría. - Según Nagini, hay un muggle viejo al otro lado de la puerta, escuchando todo lo que decimos. -

Frank no tuvo posibilidad de ocultarse. Oyó primero unos pasos, y luego la puerta de la habitación se abrió de golpe. Allí parado pudo ver al hombre encapuchado con una máscara metálica que parecía una serpiente.

- Invítalo a entrar, Cerpentos. - dijo la fría voz que provenía de la vieja butaca que había delante de la chimenea, pero Frank no pudo ver al que hablaba. - ¿Dónde está tu buena educación? -

La serpiente estaba enrollada sobre la podrida alfombra que había al lado del fuego, como una horrible parodia de perro hogareño. Con una señal, Cerpentos invitó con una elegante reverencia hacia Frank para que entrara. Aunque todavía profundamente conmocionado, éste agarró el cayado con más fuerza y pasó el umbral cojeando, mientras que el hombre con mascara de serpiente le susurraba "No debiste haber venido, viejo imbécil".

La lumbre era la única fuente de luz en la habitación, y proyectaba sobre las paredes largas sombras en forma de araña. Frank dirigió la vista al respaldo de la butaca: el hombre que estaba sentado en ella tenía una mano esquelética, totalmente escaso de musculatura, como si se tratara de un muerto viviente, por lo que Frank sintió como su corazón se aceleraba.

- ¿Lo has oído todo, muggle? - dijo la fría voz.

- ¿Cómo me ha llamado? - preguntó Frank desafiante, porque, una vez dentro y llegado el momento de hacer algo, se sentía más valiente. Así le había ocurrido siempre en la guerra.

- Te he llamado muggle - explicó la voz con serenidad. - Quiere decir que no eres mago. -

- No sé qué quiere decir con eso de mago. - dijo Frank, con la voz cada vez más firme. - Todo lo que sé es que he oído cosas que merecerían el interés de la policía. ¡Usted ha cometido un asesinato y planea otros! Y le diré otra cosa…- añadió, en un rapto de inspiración. - Mi mujer sabe que estoy aquí, y si no he vuelto...-

- Tú no tienes mujer… - cortó la fría voz, muy suave. - Nadie sabe que estás aquí, no le has dicho a nadie que venías. No mientas a Lord Voldemort, muggle, porque él sabe...él siempre sabe...-

- ¿Es verdad eso? - respondió Frank bruscamente. - ¿Es usted un lord? Bien, no es que sus modales me parezcan muy refinados, milord. Vuélvase y dé la cara como un hombre. ¿Por qué no lo hace? -

- Pero es que yo no soy un hombre, muggle…- dijo la fría voz, apenas audible por encima del crepitar de las llamas. - Soy mucho, mucho más que un mero hombre. Sin embargo...¿por qué no? Daré la cara...Cerpentos, mi butaca… -

El hombre enmascarado sostuvo de nuevo en su mano un palo de madera, y haciendo una floritura hizo que la butaca se moviera. La serpiente levantó su fea cabeza triangular y profirió un silbido cuando las patas del asiento se engancharon en la alfombra.

Y entonces Frank tuvo la parte delantera de la butaca ante sí y vio lo que había sentado en ella. El cayado se le resbaló al suelo con estrépito. Abrió la boca y profirió un grito. Gritó tan alto que no oyó lo que decía la cosa que había en el sillón mientras levantaba un palo de madera de tejo. Vio un resplandor de luz verde y oyó un chasquido antes de desplomarse. Cuando llegó al suelo, Frank Bryce ya había muerto…

Nota del Autor: Ante todo (Madre mía, ¿Cuántas veces van que digo algo como esto? ¡Me repito más que un disco rayado maldita sea!) quiero pediros disculpas por tardarme tanto en presentar el cuarto año. Este último año (el real no el del libro, o sea, año 2022) ha sido complicado a nivel personal, con mucho trabajo por hacer y poco tiempo para dedicarme a actualizar el fic, pero me he puesto a ello y estoy de vuelta, esta vez con la intención de ser más regular.

¿Por qué el cambio de nombre para el Torneo de los Tres Magos? Pues porque me gusta mas este, que queréis que os diga (¡MAGUSFORTES!)

Me he organizado lo mejor que he podido para ponerme en marcha nuevamente. ¿El reto? A ver si consigo por fin regularidad y acabar para finales de este el año 4 y quien sabe, quizás empezar con el siguiente año (o por lo menos la mitad del año 5 para dejarlo encarrilado de cara al año siguiente).

Tengo varios proyectos sobre la mesa que estaría interesante traer en fic más adelante pero que son eso, ideas de cara al futuro si es que me sigo dedicando a esto. Eso sí, no seré feliz hasta terminar este fic por lo que sí, voy a seguir (Como para no hacerlo, es decir. ¡todavía hay tres años más después de este por Dios!)

Por si no lo sabían, TadachiMukusoki (quien está tanto en FanFiction como en Wattpad y…igual me equivoco, pero creo que en tropecientas plataformas más) ha ido publicando los capítulos de mi fic en Wattpad (Si, tiene mi permiso), una plataforma la cual yo no tenía intención de entrar, pero que estoy pensando en un futuro ir por ahí para publicar otras historias, así que si estas leyendo esto, primero, gracias de nuevo por publicar la historia allí (me he entretenido mucho viendo las reviews de los usuarios de allí. Quien sabe, igual algún día les responda por ahí también), esto me ha permitido ver el funcionamiento de esa plataforma. Os he dejado tirados mucho tiempo, pero voy a intentar cambiar eso.

Por ahora la idea es intentar subir 2 capítulos (Recuerden, son 2 por cada página en Fanfiction) cada 2 semanas, a ver si así soy un poco más regular. A lo mucho creo que tardaré 3 semanas (Si pasa eso pondré el aviso en Nota del Autor, de momento creo que podemos estar tranquilos).

También dejaré al final de los dos capítulos la fecha estimada para la siguiente subida y así ya lo tenéis en vuestro calendario de Hogwarts

Una vez más os pido perdón por el enorme retraso y espero ver su opinión como siempre. Gracias por su atención y disfruten del fic :D

Venga, ahora sí: Próximos capítulos el 06/04/23