I
PRIMEROS PASOS
I know anything about the life
All the wisdom is hidden deep in the heart
I am scared of the upcoming days
I don't know where, I don't know where I'm going, but I'm on my way
Había caminado sin mirar atrás ni una sola vez, porque sabía que si lo hacía, aunque sólo fuese un instante, perdería la poca resolución que había logrado juntar para abandonar a su clan, sus amigos, su familia, el único mundo que conocía, todo cuanto tenía. Durante todo el día no había cruzado ni una sola palabra con el Guarda Gris, avanzando unos pasos por detrás de él, clavando en su espalda una dura mirada, que esperaba hubiese sentido. No se detuvieron hasta bien entrada la noche, quizá el hombre temía que si acampaban demasiado cerca de su clan, aprovechase la oscuridad para volver con ellos.
—Tyren, ¿quieres…?
—Tengo mi propia comida, no me hace falta nada tuyo —espetó la joven elfa sentándose al otro lado de la pequeña hoguera que el Guarda Gris había encendido.
—Muy bien, veo que sigues enfadada.
Tyren simplemente le echó una mirada cortante y decidió ignorarle; claro que seguía enfadada, por culpa de aquel shemlen había tenido que abandonar a su gente, obligada al exilio sin ni siquiera saber si algún día volvería a verlos. Ella no quería marcharse, pero la habían obligado, la propia Guardiana de su clan le había instado a marcharse con el Guarda Gris y unirse a su orden, diciéndole que era por su bien y que sería la única forma de curar la enfermedad que ahora corría por sus venas, la misma que seguramente había acabado con Tamlen.
Al recordar a su amigo, sintió una punzada en el pecho, seguía sin perdonarse el haberlo dejado atrás, el no haber buscado más, por lo menos haber encontrado su cuerpo, pero de nuevo el Guarda Gris había dicho en que era inútil y que nada podían hacer ya. Tendría que haber insistido más en su búsqueda…, no, se dijo, tendría que haber impedido que Tamlen tocase aquel maldito espejo, si no se hubiesen dejado llevar por la curiosidad y hubieran sido más prudentes, nada de todo aquello habría pasado, no habría tenido que abandonar al clan y su mejor amigo seguiría vivo.
—Yo haré la primera guardia —comentó el Guarda Gris sacándola de sus pensamientos.
Tyren no dijo nada, sencillamente cogió sus mantas y se echó sobre la hierba, a unos metros del fuego pero no muy lejos, no era estúpida y por muy enfadada que estuviese, era muy consciente de que más de aquellos Engendros Tenebrosos podrían rondar por el bosque.
Tumbada boca arriba, Tyren observaba la oscuridad sobre ella, el sueño negándose a llegar, era su primera noche fuera del campamento del clan y ya los echaba de menos; Ashalle y su maternal costumbre de pasarse por su aravel para ver que estaba bien antes de irse a dormir, las historias junto al fuego de Paivel, las partidas de tabas con Feranel, Merill, Tamlen y otros amigos, las escapadas de madrugada a alguno de los claros para ver las estrellas, unas veces sola, otras acompañada… Eran sus días felices, sus días como cazadora adulta, y habían tocado a su fin sin que apenas se diera cuenta. Las lágrimas ardieron en sus ojos y ya no pudo retenerlas, quedos sollozos escaparon de sus labios, lloraba por todo lo que había perdido, lloraba por Tamlen y lloraba por el incierto destino que le aguardaba lejos de los suyos. Si el Guarda Gris oyó su llanto, no dio señal de ello ni hizo comentario alguno en los días que siguieron.
Durante el viaje a Ostagar, Tyren y el Guarda Gris hablaron poco o quizá sea mejor decir que intercambiaron pocas palabras, porque Duncan si hablaba, informándola sobre los Engendros Tenebrosos y lo que iban a encontrarse en la antigua fortaleza; todo parecía apuntar a que las tierras de Ferelden se encontraban ante una nueva Ruina y que el primer golpe caería en la frontera con la Espesura Korcari, donde el ejército del rey se había acantonado esperando poder detenerla antes de que empezara. Allí era a dónde iban, a reunirse con el resto de Guardas Grises y las fuerzas del reino; allí, le dijo Duncan a Tyren, terminaría su camino para convertirse en un miembro de la orden, aunque se había mostrado bastante críptico en cuanto a cómo sería aquel último paso.
Sin embargo, para Tyren, Ostagar representaba el punto de ruptura definitivo con su vida en el clan, estaría en un lugar lleno de humanos y desconocidos, involucrada en una guerra que todavía no sentía como suya, por mucho que Duncan hubiese insistido en que la Ruina era algo que afectaba a todas las razas de Ferelden por igual, enanos, humanos, elfos…, nadie estaría a salvo de los Engendros Tenebrosos si conseguían superar aquella primera línea de defensa. La Guardiana le había dicho que convertirse en Guarda Gris era un honor, algo de lo que sentirse orgulloso, pero para Tyren era una dolorosa obligación, un deber que no había pedido, que le había sido impuesto; todavía podía recordar como Duncan había tenido que hacer uso del Derecho de Llamamiento para obligarla a irse con él, incluso había dicho que se la llevaría a Ostagar aunque fuese pataleando todo el camino hasta allí. Bueno, no había pataleado, pero su hosco silencio había logrado desesperar un poco al estoico Guarda.
—Ostagar, al fin —dijo Duncan unos pasos por delante de ella.
Tyren miró al frente, a la enorme fortaleza que se alzaba sobre el paso y el desfiladero, y muy a su pesar se sintió insignificante ante aquella pétrea construcción levantada por un antiguo imperio en el remoto pasado. En aquel lugar, pensó mientras una mezcla de sentimientos se agitaba en su interior, su vida cambiaría para siempre y ya no habría vuelta atrás.
oOoOoOo
Ostagar había sido una locura, recordó Tyren mientras acariciaba con mirada ausente la cabeza de Sombra, estaba sentada sobre un tronco caído en un extremo del campamento, con el mabari tumbado a sus pies; primero el Ritual de Unión de los Guardas Grises, al que sólo ella había sobrevivido y luego la batalla, la traición y la muerte de Duncan y sus camaradas; Alistair y ella habían tenido suerte de que Flemeth los rescatase justo cuando un grupo de Engendros Tenebrosos estaba a punto de acabar con ellos, aunque el templario no dejara de quejarse de que como pago por su ayuda, la Bruja de la Espesura les hubiese endosado a Morrigan. Y la situación no parecía ir a mejor para la joven elfa; tras pasar por Lothering, su grupo había crecido al unirse a ellos un quinari y otra humana más. Sí, pensó con ironía Tyren, las cosas no hacían más que mejorar y por si fuera poco, aquel cabeza hueca de Alistair había decidido que era mejor que ella tomase las decisiones, no se suponía que era él el miembro más veterano, entonces ¿por qué, por los Creadores, tenía ella que ser su líder? Desde que Tamlen y ella descubrieron aquel espejo su vida y su destino parecían haber dejado de estar en sus manos y ser otros los que decidían qué debía hacer y quién debía ser. Exhaló un largo suspiro de frustración.
—La cena por tus pensamientos —dijo una voz con marcado acento a su lado.
Tyren levantó la vista para encontrarse con la juglar, Leliana le sonreía amistosa y llevaba en sus manos un par de escudillas humeantes.
—Si la ha hecho Alistair, creo que puedo vivir sin ella —comentó con media sonrisa; la verdad es que la cocina del rubio era casi incomestible, por lo menos para ella, quizá el resto de humanos estaba más acostumbrado a aquellos platos.
—Estás de suerte, hoy es el turno de Morrigan —señaló Leliana tendiéndole la escudilla—. ¿Te importa si me siento contigo?
Tyren cogió el recipiente de madera y negó con un gesto, no es que hubiese hablado mucho con la juglar, apenas una pequeña conversación la primera noche después de abandonar Lothering sobre aquello de que había tenido una visión y el por qué de querer unirse a ellos. Tampoco es que hubiese hablado mucho más con el resto, aún se sentía fuera de lugar entre ellos; a los humanos no podía evitar mirarlos con cierto desdén, la historia que Ashalle le había contado sobre la muerte de sus padres aún estaba fresca en su memoria y sus escasos encuentros con otros humanos no mejoraban su impresión sobre ellos; y el qunari le resultaba demasiado extraño cómo para poder juzgarlo todavía, además, él también se mantenía algo apartado de ellos. Pero si iba a tener que viajar y luchar a su lado, quizá debería hacerse a la idea de ir conociéndolos algo mejor.
—Bueno, te he dado la cena, pero aún no me has dicho en qué estabas pensando —comentó Leliana medio en broma a su lado.
—Ah… —Tyren vaciló mientras removía el estofado de aspecto sospechoso, cuando cocinaba Morrigan era mejor no preguntar qué había echado a la cazuela, pero al menos sabía bien.
No podía decirle que lo que pensaba hacía unos minutos era en la frustración que sentía por verse en aquella situación lejos de su gente, rodeada de humanos y con un peso demasiado grande sobre sus hombros. Bueno, en realidad sí podía, ofender o no a los humanos nunca había sido un problema que tomase en consideración, pero tampoco era cuestión de empezar a crear discordia entre ellos cuando todavía les quedaba un largo camino que recorrer por delante. Además, de momento, no tenía nada contra aquellos tres humanos en concreto, aparte del hecho de que fueran humanos. Sonrió de medio lado divertida ante el pensamiento.
—¿Y esa sonrisa? —inquirió la juglar.
—Nada —sacudió la cabeza y entre bocado y bocado, le explicó que había estado pensando qué dirección tomar al día siguiente.
En realidad, le había dado algunas vueltas en la cabeza mientras montaban el campamento para pasar la noche; Alistair y Morrigan habían expresado sus opiniones al llegar a Lothering, el ex templario le había dicho cuáles eran sus opciones y su preferencia, aunque había dejado la decisión final en sus manos.
—Iremos a La Torre, a pedir la ayuda del Círculo.
—Oh…, creí que antes iríamos a Risco Rojo, Alistair parece bastante preocupado por lo que pueda estar ocurriendo allí y…
—Alistair ha decidido que sea yo quien tome las decisiones —la cortó con algo de brusquedad; si querían que fuese su líder, que al menos no la cuestionaran.
—Lo… lo siento —se disculpó Leliana—, tienes razón. Es sólo que me resulta curiosa la decisión, teniendo en cuenta que ese Arl Emon podría ser un gran aliado contra Loghain.
Tyren suspiró, no tenía ganas de andar explicándose, pero si no lo hacía era más que probable que empezasen a pensar que sus decisiones carecían de lógica alguna.
—Los magos nos hacen falta para luchar contra la Ruina y… —vaciló, ahora que pensaba en ello mejor, seguramente a oídos de otros sonaba cobarde.
—¿Y? —la animó Leliana a seguir.
—Y no quiero ir a un lugar lleno de humanos como Risco Rojo todavía —dijo finalmente con la vista fija en su escudilla.
—No te gustamos mucho, ¿no? —apuntó Leliana al cabo de un corto silencio.
—No es que no me gustéis… Bueno, es verdad que en general los humanos no me gustáis mucho —volvió a sonreír de medio lado—. Pero no es sólo por eso —alzó el rostro y miró a la pelirroja a los ojos—. Hasta que Duncan me reclutó, siempre había vivido rodeada de mi gente y jamás había salido del bosque, para mí ir a una ciudad humana, por pequeña sea, me resulta… inquietante e incómodo. No es que os tenga miedo —apuntó rápidamente—, es sólo que necesito acostumbrarme antes a tanto humano a mi alrededor y creo que El Círculo es un buen lugar para comenzar.
—Creo que puedo entenderlo —asintió Leliana.
—No hace falta que lo entandáis, sólo que no cuestionéis todas y cada una de mis decisiones ya desde el principio. Yo no he pedido esto, ¿sabes? Ni siquiera quería abandonar a mi clan… —la voz se le apagó en aquel último comentario, la mirada de nuevo baja.
—Tyren… —sintió la mano de Leliana apretar su hombro en señal de apoyo—, siento que tengas que cargar con todo esto, pero no estás sola.
Miró de nuevo a Leliana y luego al resto de sus compañeros, rió secamente y una sonrisa amarga se dibujó en sus labios.
—Te equivocas —dijo sacudiéndose la mano de su hombro y poniéndose en pie—, sí lo estoy, shemlen.
Y tras decir aquello, tomando su espadón, se perdió entre las sombras del bosque, seguida de Sombra, el único al que parecía aceptar sin reservas a su lado.
Leliana la vio marcharse y optó por dejarla en paz, era mejor no tentar la suerte, ni la paciencia de la elfa, aunque esperaba que no se alejase mucho del campamento, andar a solas por aquellos parajes no era muy seguro. La pelirroja cogió la escudilla que su líder había dejado en el suelo y volvió junto al fuego.
—Parece que no te ha ido muy bien, ¿eh? —dijo Morrigan divertida.
—¿Tyren se ha enfadado? —inquirió Alistair mirando en la dirección por la que la elfa se había ido.
—Puede que un poco —reconoció Leliana.
—¿Qué le has dicho, juglar? ¿No habrás tratado de convencerla sobre las bondades de la Capilla, no? —preguntó Morrigan con cierta rudeza.
—Por supuesto que no —se defendió Leliana—, además, Tyren ya me dejó claro que no cree en el Hacedor al poco de abandonar Lothering.
—Como si eso fuera a desanimarte para tratar de convencerla —dijo Morrigan mordaz.
Leliana tuvo que reconocer para sí que ciertamente eso no la había disuadido de intentarlo, pero la mirada fría de Tyren sí que lo había hecho, así que por el momento, la pelirroja había decidido no seguir con ello.
—Bueno, ¿y entonces por qué se ha ido así? —preguntó Alistair sacándola de sus pensamientos.
—No estoy segura, quizá dije algo que la ha molestado. Y no parece encontrarse muy a gusto con todo esto.
—Hm, durante el poco tiempo que pasé con ella en Ostagar tampoco lo parecía —comentó Alistair—, cuando fuimos a la Espesura a buscar los documentos de los Guardas Grises apenas habló lo esencial con nosotros y en el campamento de la fortaleza fue lo mismo, se mantenía alejada. Le pregunté a Duncan, pero lo único que me dijo fue que unirse a la Orden no había sido una decisión enteramente tomada por ella. Creo que es posible que Duncan tuviera que usar el Derecho de Llamamiento para obligarla a ir con él.
—¿Y qué esperáis? Es una dalashana, ha pasado toda su vida con su clan, lejos de los humanos y sus problemas y de repente se ve rodeada de un montón de ellos en una guerra que aparentemente no tiene nada que ver con ella…
—La Ruina afecta a todos y todas las tierras —interrumpió Alistair a Morrigan.
—Ya lo sé —la bruja le dirigió una fría mirada—, por eso he dicho que "aparentemente" no tiene nada que ver con ella.
—Ah… oh, em… ¿lo siento?
Leliana trató de reprimir su sonrisa al ver al avergonzado ex templario.
—No vuelvas a interrumpirme cuando estoy hablando, idiota.
—¡Ey, no hay por qué insultar!
—No considero un insulto poner de manifiesto tu estupidez.
—Serás…
—Calma, calma —les pidió la juglar, por muy entretenido que fuera verles saltar el uno al cuello de la otra, era mejor mantener las cosas tranquilas por el momento, ya tenía suficiente con una elfa enfadada—. Estábamos hablando de Tyren aquí.
—En fin, como decía, no es extraño que prefiera estar a solas que con un puñado de humanos a los que apenas conoce. De hecho, si no hubiese sido mi turno de cocinar, yo tampoco estaría conversando con vosotros junto al fuego.
Y dicho aquello, Morrigan terminó su cena y se volvió a su tienda, en la parte más alejada del campamento.
—Al menos podría echar una mano para fregar los cacharros —dijo Alistair.
—Yo te ayudaré —se ofreció la juglar; el rubio la miró no muy convencido, pero asintió finalmente. Leliana no le dio mayor importancia a aquella vacilación, apenas hacía un par de días que se había unido al grupo, el qunari y ella no dejaban todavía de ser prácticamente unos desconocidos y la confianza era algo que se ganaba lentamente.
Habían acampado cerca de una pequeña corriente de agua y allí se dirigieron con la olla, las escudillas y las cucharas; durante un tiempo trabajaron en silencio, hasta que Leliana decidió preguntarle al ex templario de nuevo por su líder.
—¿Duncan no te contó nada más sobre Tyren?
—No, no era muy dado a hablar de los nuevos reclutas que iba trayendo, salvo lo esencial, dónde los había encontrado y sus capacidades y habilidades.
—Me pregunto qué vio en Tyren.
—Es una gran guerrera —dijo Alistair mientras restregaba el fondo de la olla— Argh, ¿qué demonios ha usado esa mujer para hacer la cena?, se ha pegado a base de bien.
—Pero habrá algo más, ¿no? Quiero decir, un Guarda Gris es algo más que un guerrero, por muy habilidoso que sea con el acero.
—Hmm… —el rubio paró un momento de frotar y puso una graciosa expresión reflexiva—, supongo que sí, pero la verdad, no tengo ni idea —sonrió algo azorado—, al menos yo no sé qué de especial pudo ver Duncan en mí. Jeje, estoy seguro de que Tyren también se lo pregunta… no parece que me tenga en mucha estima.
Leliana no pudo evitar palmear el hombro del hombre en un gesto de ánimo, Alistair parecía realmente dolido por la aparente indiferencia de la elfa hacia él.
—Si te sirve de consuelo, no creo que nos tenga mucha estima a ninguno de nosotros.
El Guarda asintió y volvió de nuevo su atención a la olla.
—La verdad, es la primera elfa dalashana que conozco… Tampoco es que haya tratado a muchos elfos antes —comentó Leliana.
—Para mí también, nunca había tratado con un elfo errante, Tyren es… diferente a cómo son los elfos que viven en las ciudades y, por el Hacedor, si sé lo que puede pasar por su cabeza.
—Ya, te entiendo. Esperemos que con el tiempo podamos comprenderla mejor, si va a guiarnos en esta guerra, será mejor que sea así.
—Sí e irse a pasear sola por el bosque sin duda ayuda a ello —dijo irónico Alistair.
—Bueno, sola sola no se ha ido, Sombra está con ella.
—Oh, sí, el mabari, el único con el que parece llevarse bien.
—En fin, démosle algo de tiempo, ¿si?
Alistair asintió y la conversación murió ahí, como si ambos se sumiesen en sus propios pensamientos respecto a la elfa y la ardua empresa que tenían por delante.
Tyren no se había alejado mucho del campamento, de hecho había podido oír la conversación entre Leliana y Alistair desde el árbol junto al que estaba sentada; no le extrañaba que se hicieran preguntas sobre ella y su pasado, cómo había acabado entre las filas de los Guardas Grises y una parte de ella se alegraba de que Duncan no le hubiese contado nada al respecto al ex templario. Y por el momento ella tampoco tenía ganas de compartir su historia con ellos. Acarició la cabeza del mabari que reposaba sobre su muslo, el perro dejó escapar un suspiro contento.
—No tienen que ser mis amigos, sólo mis compañeros de armas hasta que toda esta locura acabe, ¿verdad?
Sombra emitió un suave gañido como respuesta que puso una sonrisa en los labios de la elfa.
—Sí, sé que vamos a tener que luchar juntos y que la confianza es necesaria, pero… —dejó vagar la vista por el bosque envuelto en sombras— ellos no son mi gente, ni mi clan… No es fácil estar entre extraños.
Sombra volvió a gañir, esta vez de forma más profunda, como si le estuviese diciendo que la entendía, él también se había quedado sólo entre extraños, aunque ahora, parecían decirle esos ojos oscuros, había encontrado su sitio junto a ella.
—Tú también me caes bien, chico —le dijo al mabari que ladró contento, su corta cola moviéndose de un lado a otro.
Era la verdad, desde que había ayudado a salvarle la vida le había cogido cierto aprecio al can, aprecio que se vio aumentado cuando sus caminos volvieron a cruzarse después de la funesta batalla; era casi increíble, o así se lo había parecido a Alistair, que el perro hubiese sobrevivido a la masacre y a los días que siguieron después, más aun ser capaz de encontrarlos en el camino a Lothering. Tyren por su parte quiso pensar que la mano de los Creadores había tenido algo que ver en ello, quizá era su forma de compensarla por verse obligada a separarse de su clan.
Volvió al campamento rozando la media noche, todos se habían retirado a dormir a sus tiendas, salvo Alistair, que hacía el primer turno de guardia; el hombre la siguió con la mirada hasta que se tumbó sobre sus mantas, parecía querer decirle algo, pero no terminaba de decidirse. Tyren pensó en que tal vez lo que quería era hablar de lo que había ocurrido en Ostagar, de la muerte de Duncan y sus otros compañeros, quizás buscando algo de consuelo hablándolo con la única persona que había pasado por aquello; pero Tyren no había conocido tanto al veterano Guarda y a los demás ni siquiera los había visto una sola vez, así que difícilmente podía ser… De repente se dio cuenta de algo que hasta ahora había pasado por alto respecto de Alistair y la pena y el dolor que todavía arrastraba tras la muerte de sus camaradas; el ex templario, como ella, había perdido todo cuanto conocía de un solo golpe, en una noche todos aquellos a los que conocía, con los que había compartido sus días durante los últimos meses habían desaparecido de su vida, igual que el clan había desaparecido de la de Tyren.
La elfa miró al hombre, que había devuelto su atención a las llamas danzantes de la hoguera, durante unos minutos pensó en acercarse y hablar con él, ya en su momento le había dicho que más que llorar por la muerte de los suyos, lo que tenía que hacer era ponerse de nuevo en pie y vengarlos, hacer saber a Loghain que los Guardas Grises no estaban acabados, no todavía; entonces no le había dado las palabras de consuelo que él buscaba y no sabía se sería capaz de dárselas ahora. Suspiró mientras en su interior se desataba una lucha por seguir manteniendo las distancias con ellos o comenzar a verlos como algo más que simple compañeros de viaje.
Finalmente se levantó y se encaminó hacia la hoguera, pensando que si iba a empezar a tratar más con aquella gente, lo mejor era ir haciéndolo poco a poco, hablar con ellos a solas y no rodeada por todos.
—Parece una noche tranquila, ¿eh? —comentó para romper el hielo mientras se sentaba junto a Alistair.
El hombre la miró un tanto sorprendido de encontrarla allí hablándole, pero se rehizo pronto y asintió.
—Sí, nada de Engendros Tenebrosos saliendo del suelo o bandidos por las cercanías, seguro que nuestra temible presencia les mantiene alejados.
—Mm, dudo que un par de inexpertos Guardas Grises les asuste mucho —dijo Tyren.
—Em… era un chiste —explicó el ex templario disimulando una sonrisa.
—Ah… Tendrás que disculparme, supongo que no entiendo muy bien el humor de los shemlen.
—Nah, seguro que eso no es verdad, lo que pasa es que mis chistes son muy malos… o eso solían decirme los otros Guardas.
El rostro del joven se ensombreció al recordar a sus camaradas caídos.
—Yo… —Tyren vaciló un segundo— entiendo cómo te sientes. Yo también he perdido todo cuanto tenía.
Alistair la miró inquisitivo, pero indeciso a preguntar o no, al final, tras unos minutos en silencio contemplando el fuego, Tyren comenzó a hablar de todo lo que la había llevado hasta allí; a despecho de sus pensamientos previos aquella noche, le contó al hombre cómo ella y Tamlen habían entrado en aquellas ruinas, cómo habían encontrado el espejo y su amigo lo había tocado, la luz cegadora, el dolor y el olvido. Le habló de su inútil intento por encontrar a Tamlen tras despertar de vuelta en el campamento, de cómo Duncan la había reclutado en contra de su voluntad y para salvarle la vida de la enfermedad que la estaba matando tras entrar en contacto con la corrupción de los Engendros Tenebrosos. Cómo había tenido que abandonar su clan sabiendo que tal vez nunca volvería a verlos. Le contó todo aquello mientras él escuchaba sin interrumpirla y Tyren pudo sentir, mientras sus palabras se derramaban, que de alguna forma el muro que le separaba del resto del grupo empezaba a disminuir.
—Yo… lo siento —dijo el ex templario—, no tenía ni idea de lo duro que ha debido de ser par ti todo esto.
Tyren sacudió la cabeza, aunque aceptó las palabras de Alistair, pues podía ver que eran sinceras.
—Al menos sigo con vida… Seguimos con vida.
—Sí… Esperemos seguir estándolo para poder hacer frente a esta Ruina, somos los únicos Guardas Grises de todo Ferelden… Sin presión, ¿eh?
Tyren sonrió, esta vez captando la ironía del comentario.
—Así que, ¿hacia dónde partiremos mañana?
—Al Círculo de Magos. Empezaremos por intentar reclutarlos a ellos.
Alistair asintió y no objetó nada al respecto, quisiese o no ir antes a Risco Rojo, por el momento parecía dispuesto a seguir su mando y acatar sus decisiones.
—Apuesto que a Morrigan le encantará ir allí —dijo Alistair divertido.
—Seguro —Tyren sonrió de medio lado—. Aunque creo que lo mejor será que no nos acompañe al interior de la Torre y así nos evitamos posibles problemas.
—Esa es una gran idea.
—Bueno, si quieres puedes ir a dormir, yo seguiré con la guardia —ofreció.
—Si no te importa, me quedaré un rato más. Cuatro pares de orejas mejor que dos —le guiñó un ojo.
Tyren asintió y pensó que para ser un humano, Alistair no era tan mala compañía. Alzó de nuevo la mirada al cielo, pensando en el largo camino que tenían por delante, una difícil tarea, unir un ejército en un reino que de dividía por momentos; en el espacio de unas pocas semanas su vida había cambiado por completo, y aunque todavía se sentía algo perdida y fuera de lugar y añoraba sobremanera a su clan, no podía hacer más que mirar hacia delante con decisión y seguir la senda que se abría a sus pies.
Nota de la Autora: La estrofa del comienzo corresponde a la canción "Destiny", del grupo Unsun (del CD The End of Life).
Un nuevo proyecto de fanfic, esta vez del videojuego Dragon Age: Origins, que se ha convertido en uno de mis favoritos ^^. Llevaba ya un tiempo queriendo escribir una historia ambientada en el juego y la de Tyren es la que ha "ganado" sobre el otro par de personajes que tengo hechos, además, en español hay muy pocos fanfics del juego, así que aquí está mi pequeño granito de arena ;)
Espero que os guste a aquellos que la leáis y cualquier review que queráis dejar será bienvenida ^^.
