Ranma ½ y sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi.

El corazón de Nabiki

Por

Dr Facer

Capítulo 9

~ Mes de Junio, parte 3~

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—Menos mal que ese idiota ya se fue… —murmuró Nabiki mientras salía del baño, secándose el cabello con una pequeña toalla. Había decidido evadir a Manabu después de la cena tomando un largo baño y por lo que pudo escuchar mientras se ponía la pijama el maestro ya se había ido, así que ya no tendría qué verlo de nuevo esa noche.

—El profesor acaba de salir —dijo Soun al ver a su hija andar por el pasillo en dirección a las escaleras—. ¿No irás a despedirte de él? Todavía podrías alcanzarlo.

—¿No? —dijo la muchacha, mirando a su padre con curiosidad pues no podía entender la petición que le hacía—. No hace falta papi, a Manabu no le molestará si ya no me ve hoy.

—Deberías hacerlo —insistió Soun, ya que su objetivo era asegurarse que su hija no echara a perder esta oportunidad de tener un marido—. Creo que lo apreciaría.

—Nabiki, el maestro Sakura es bastante agradable, has sido muy afortunada —comentó Nodoka entonces. La mujer había salido de la cocina y llevaba una taza de té en las manos, y la observaba con la misma mirada que usaba con Akane cuando estaba por dar una indicación que esperaba fuera obedecida—. Por favor recuerda que como su prometida es tu deber tener atenciones para él, y lo más adecuado es que salgas a desearle que le vaya bien en el camino.

Durante un momento Nabiki observó a Nodoka, después a su padre y luego de vuelta a la señora Saotome. Pensó en volver a rehusarse pero al final suspiró y entendió que tendría qué obedecer. No le convenía enemistarse con la señora Saotome, en especial ahora que ella prácticamente ya se hacía cargo de llevar la casa, pero… ¿en qué momento había obtenido Nodoka tanta influencia sobre su familia?

"Kasumi tenía razón, pasó poco a poco pero a estas alturas desobedecer a la señora Saotome es prácticamente imposible…" Entendió Nabiki, que suspiró con desgano mientras se resignaba a seguir las órdenes de su padre y de la madre de Ranma.

—Tienes razón papá, haré lo que me pides —dijo Nabiki mirando a su padre, pues no pensaba aceptar que Nodoka le diera órdenes ya que ella no era Akane—. Y gracias por su consejo, señora Saotome. Bien… si me disculpan, iré a alcanzar a Manabu, creo que hay algo que sí debo decirle…

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El joven profesor se detuvo a unos pasos de la puerta del dojo y levantó la mirada apreciando el modo en que el anochecer teñía el cielo de un profundo tono anaranjado. Se sentía algo confundido, pues pasar la tarde y luego la cena con los Tendo le había resultado más placentero de lo que se imaginó al principio y no sabía qué hacer al respecto. Recordó la larga conversación que había tenido con Soun Tendo y tuvo que aceptar que el hombre le había resultado agradable, y también tenía qué admitir que cenar en compañía de su familia fue placentero para él, en especial porque le recordaba las animadas cenas con su familia en Chitose y a pesar de que Nabiki se comportó bastante seria y evitó hablarle mucho, la experiencia había sido… buena, en realidad.

—Manabu, espera.

El joven boxeador se tensó un poco al escuchar que Nabiki lo llamaba. ¿Para qué querría hablar a solas? Ya le había arruinado el día bastante y una agradable cena en su casa no compensaba para nada que lo hubiera endeudado con los yakuza por varios millones de yenes. Obligándose a mantener la calma y esperando que la muchacha no estuviera a punto de causarle más dificultades, Manabu se giró para escuchar qué era lo que deseaba.

Pero al tenerla de frente la impresión le borró las palabras y no pudo hacer otra cosa que mirarla en silencio.

Nabiki llevaba un holgado pantalón de pijama color blanco que se había ceñido a la cintura de manera que aunque le ocultaba sus piernas, hacía énfasis de un modo bastante sugerente a sus caderas, mientras que la playera azul de mangas cortas que se había puesto, también un poco grande para su talla, caía desde sus hombros de una manera que discretamente revelaba la curvatura de sus pechos, y Manabu pudo detectar con facilidad que la muchacha no llevaba sostén en ese momento. Pero no fue lo atractiva que le resultaba su figura en ese momento lo que hizo que Manabu quedara en silencio. Fue la expresión en el rostro de la muchacha, enmarcado por su cabello todavía húmedo, lo que consiguió dejarlo sin habla. En ese momento la mirada de Nabiki era completamente diferente a cualquiera que él hubiera visto antes. No había en sus ojos o en sus labios ningún rastro de enfado, de altanería, de soberbia o de ese ácido sarcasmo que ya había comenzado a asociar con ella. En ese momento Manabu no tenía frente a él a la alumna que se mantenía distante de casi todo el mundo, o a la adolescente que constantemente aparecía los sábados para interrumpirle la rutina intentando hacer que le comprara cosas. En ese momento Manabu sólo pudo ver el rostro de una linda (quizás muy linda) y joven mujer que lo miraba con cierta curiosidad y sin tratar de aparentar ser alguien diferente, y poder verla de repente sin ninguna máscara lo había impresionado bastante.

"¿Quién hubiera pensado que cuando no está fingiendo o planeando cómo arruinarle el día a alguien podría verse tan bonita?" pensó el maestro, apreciando discretamente la belleza de Nabiki antes de parpadear y mirar a otro lado para evitar que le reclamara por mirarla de esa manera.

—¿En serio sigues molesto conmigo? —le preguntó, interpretando el silencio del maestro y la manera en la que estaba mirándola como enfado de su parte, algo que no le convenía pues temía que Manabu decidiría echarse para atrás y regresarle a ella la deuda—. Mira… sé que lo que pasó hoy fue un desastre pero no me quedaba otra opción, aunque sea dueño del dojo, mi papá en verdad no tiene mucho dinero y… bueno, yo… supongo que…

—¿Qué, Nabiki? —atajó él, pues escucharla hablar logró ayudarlo a recuperarse lo suficiente como para volver a la conversación, y ahora tenía verdadero interés en saber lo que ella había salido a decirle.

—Que... aprecio que no le dijeras a papá lo que pasó hoy —dijo ella bajando un poco la voz y desviando la mirada, esperando que él no le pidiera también una disculpa, pues no se sentía capaz de pedirle perdón por enredarlo en sus problemas, al menos no todavía.

—No fue nada, en realidad —contestó él, mirando los muros que rodeaban el dojo y luego a Nabiki—. Creo que él es un hombre admirable, ¿sabes?

—¿Estás hablando de mi papá? —Nabiki se sintió confundida pues a pesar de que sí quería y apreciaba mucho a su padre, a ella no le parecía que tuviera algo que a Manabu pudiera parecerle admirable—. ¿Por qué?

—Porque a pesar de sus problemas de dinero te ha mantenido a ti y a tus hermanas y logró conservar el dojo de tu familia —sonrió Manabu, apoyando su mano en el muro a su izquierda—. Eso lo puedo respetar, y por eso no le contaré sobre lo que pasó.

—Ah… sí, supongo que es cierto, pero… la apuesta…

—Ya no es problema de tu familia, dije que yo me haría cargo de eso, ¿recuerdas? No te preocupes, no pienso perder contra Gouto Kagero —le prometió Manabu.

—...Sí, lo recuerdo —dijo Nabki en voz baja, un poco confundida al darse cuenta que el maestro en verdad quería ayudarla a pesar de todo lo que le había hecho. Era algo nuevo para ella, pues normalmente sólo su familia le ayudaba sin pedirle algo a cambio.

—Ve a tu casa y termina la tarea, mañana tendrás la primera hora conmigo y espero que vuelvas a entregar un buen trabajo —le pidió él, usando el tono de voz que utilizaba en clase y rompiendo sin darse cuenta el instante de comprensión mutua al que habían llegado.

—Ah… sí, la tarea, es verdad, aún no la empiezo—dijo ella, entendiendo que Manabu había vuelto a la relación de maestro y alumna que tenían, por lo que ella decidió hacer lo mismo. En realidad se le había olvidado el ensayo para el día siguiente y no sentía muchos deseos de hacerlo, aunque quizás podría aprovechar un poco las nuevas circunstancias para ahorrarse el trabajo—. ¿No podrías perdonarme la tarea sólo está vez? Recuerda que soy tu prometida y debes tener atenciones conmigo.

—¿Oh? —Manabu puso las manos en los bolsillos y sonrió al ver que Nabiki había finalmente vuelto a recurrir a una de sus muchas máscaras para intentar obtener lo que deseaba. El maestro encontró el detalle ligeramente divertido y se dispuso a responderle igual, pues cuando ella se comportaba así creía que ya sabía cómo tratarla—. ¿Mi prometida, dices? Pero sí frente a mí sólo veo a una niña que no quiere hacer la tarea.

—No me digas niña, tacaño —respondió ella, frunciendo el ceño y cruzándose de brazos al escuchar que Manabu volvía a llamarla de ese modo que no le gustaba.

—Pues deja de actuar como una y veremos qué sucede —le contestó él, riendo en voz baja mientras se giraba y empezaba a andar en dirección a la siguiente avenida—, haga su tarea y no llegue tarde a clases mañana, señorita Tendo.

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Al día siguiente…

Manabu se terminó su desayuno, lavó sus platos y después apagó la radio. No había puesto mucha atención a las noticias de la mañana, pues había estado ocupado pensando en los eventos del día anterior, la cena en la casa de la familia Tendo, en particular. Sentía un poco de remordimiento por haberle hecho creer a Soun que tenía una relación con Nabiki, aunque le parecía que el señor Tendo podría comprender las cosas una vez que todo el asunto de la apuesta provocado por su segunda hija estuviera resuelto. En cuanto al resto de la familia Tendo, Akane confirmó que era una jovencita agradable y la mayor de las hermanas era probablemente la persona más amable que el maestro hubiera tenido la oportunidad de conocer.

Sobre la familia Saotome, en realidad Manabu pensaba que Ranma y su madre eran buena gente, aunque Genma le había provocado cierta desconfianza, el señor Saotome le daba la impresión de ser un hombre que estaba siempre mirando sobre su hombro en espera de que alguien le reclamara algo que les había hecho en el pasado, y si bien Genma no le desagradaba, tampoco le interesaba mucho entablar amistad con él.

"Aunque supongo que tendremos que hablar cuando su hijo pase a tercero," pensó el maestro mientras se ajustaba la corbata frente al espejo. "Afortunadamente faltan muchos meses para eso."

La mente de Manabu regresó al falso compromiso en el que Nabiki lo había enredado y se obligó a dejar de pensar en el asunto, pues era algo que sólo duraría un mes, y en lugar de ello se concentró en la pelea contra Gouto Kagero. No tenía mucha información sobre él, por lo que tendría qué consultar con el entrenador Morisaki para saber a qué se estaría enfrentando. Por otro lado, sabía que si lograba ganar subiría en el ranking del lugar catorce a por lo menos el número doce, y si de allí entraba en los primeros cinco de Japón, seguramente podría aspirar a tener otra pelea con Kosaku Hatanaka.

"Aunque primero hay que vencer a Gouto Kagero," pensó el profesor. "¿Y quién sabe? Quizás con él pueda obtener mi primera victoria por nocaut."

El timbre sonó de repente, interrumpiendo las meditaciones de Manabu. Extrañado ya que a esa hora nadie lo visitaba, se acercó al interfono y presionó el botón del micrófono.

—¿Diga?

—¿Qué no piensas salir? —preguntó la voz de Nabiki desde el otro lado del interfono—. Ya tengo algunos minutos esperando, y tú dijiste que no debería llegar tarde hoy a clases.

—¿Qué haces tú aquí? —logró preguntar el maestro, sin poder entender por qué su alumna había ido a su departamento.

—Baja y te explicaremos todo, Akane y Ranma están conmigo.

Preguntándose qué era lo que Nabiki y su hermana querían tan temprano, el joven maestro no tuvo opción más que recoger sus cosas y salir a encontrarse con la segunda hija de Soun Tendo.

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—... En realidad fue papá quien insistió en que como estamos comprometidos es necesario que te acompañe camino a la escuela —dijo Nabiki, que iba junto a Manabu mientras le explicaba la razón por la que había ido a buscarlo tan temprano.

—Entiendo —contestó él con poco entusiasmo, ya que no le agradaba mucho llegar a la preparatoria seguido de una de sus alumnas—. ¿Y su hermana y su cuñado están aquí por…?

—Papá nos pidió asegurarnos de que Nabiki hiciera lo que le pidió —explicó Akane, que caminaba junto a Ranma unos cuantos pasos más atrás—. Lamento si le hemos causado alguna molestia, profesor.

—No se disculpe, señorita Tendo —suspiró Manabu tratando de pensar en alguna manera de conseguir que Soun desistiera de esta idea—, supongo que no pueden desobedecer a su padre, no se preocupe.

—Puede llamarme Akane si quiere. A fin de cuentas usted es el prometido de Nabiki y tarde o temprano será de la familia, ¿no es cierto? —dijo la menor de las Tendo, que a fin de cuentas ignoraba que el compromiso de su hermana era falso.

—Vaya, qué rápido le tomaste confianza al maestro —comentó Ranma, ya que estaba un poco molesto por haber cambiado de ruta pues ese día había quedado de verse más temprano con Hiroshi y Daisuke y pensaba que ya no podría hacerlo.

—Al menos yo no lo mandé a la enfermería —le respondió Akane, controlando su irritación a fin de no darle una mala impresión al profesor.

—Akane, Ranma, no discutan por tonterías —los interrumpió Nabiki, que se había detenido para mirarlos de frente—. Estoy segura de que Manabu prefiere mantener las cosas formales mientras estamos en la preparatoria, ¿verdad?

—Sí, así es —respondió el maestro, apoyando a Nabiki a fin de poder terminar esta inútil discusión—. Y ya no perdamos tiempo, no quiero retrasarme.

—Por cierto —llamó Nabiki—, creo que no tengo qué decirlo pero es mejor si no mencionas nada sobre el compromiso en la preparatoria… sería horrible si en la clase se enteran que estoy comprometida con un tacaño como tú.

—No tengo interés en contarle a nadie que mi prometida es una niña —contestó el maestro sin detenerse ni mirarla—. Bastante tengo ya con los problemas que me has causado como para agregar otro.

—Yo pensaba que la mayoría de tus problemas son porque eres un idiota —replicó Nabiki, nuevamente perdiendo la calma al escuchar que la llamaba niña.

—No, la mayoría de mis problemas estos días me los has provocado tú por ser una tonta sin consideración —le contestó Manabu, que luego de decir eso se limitó a caminar sin responder las recriminaciones que comenzó a lanzarle Nabiki durante todo el resto del camino a Furinkan por no dejarla vender fotografías dentro de la escuela.

Minutos después…

—¿No crees que deberías tratar mejor al maestro? —preguntó Akane una vez que ella y su hermana se quedaron solas, pues al llegar a la preparatoria el maestro se había ido a recoger las listas y Ranma a buscar a Hiroshi y a Daisuke.

—En ese caso tú deberías tratar mejor a Ranma —contestó Nabiki mientras acomodaba sus cosas en su casillero—. Mira, Akane, aprecio que te preocupes por mí, pero prefiero arreglar las cosas con Manabu yo sola, y si necesito ayuda te preguntaré, ¿de acuerdo?

—Sí, de acuerdo —aceptó Akane, que guardó sus cosas, y esperó poder hablar un poco más con su hermana, pero Nabiki se había ido y ya estaba subiendo las escaleras.

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Más tarde…

Nabiki se acercó a la orilla de la azotea de la preparatoria y se recargó en el barandal mirando al vecindario que se extendía más allá de la escuela. Le agradaba subir allí durante el receso cuando necesitaba tiempo a solas, pues generalmente era un lugar tranquilo en donde podía pensar, y en ese momento sí que necesitaba poner en orden sus ideas.

—Al menos ese tacaño está cooperando y no ha dicho nada —murmuró al recordar que Manabu había cumplido con no decir nada del compromiso falso—. Aunque no contaba con que Akane y Ranma irían a la casa de apuestas a meterse donde no les llaman…

Para Nabiki era un problema que Akane pensara que en realidad estaba comprometida con Manabu, pues aparentemente se le había metido en la cabeza que las dos estaban en una situación similar y eso provocó que intentara acercarse a ella de una manera que le podría complicar bastante las cosas en la casa.

"Es el problema de Akane, cree que todo el mundo quiere ser su amigo," pensó Nabiki al recordar la manera en que su hermana menor se había esforzado por ser buena anfitriona cuando Manabu se quedó a cenar. "Papá no me preocupa tanto, él entenderá cuando le diga que Manabu y yo cancelamos todo, pero…"

Nabiki recordó las palabras que Nodoka le había dicho la noche anterior y suspiró con desánimo. La señora Saotome parecía haber decidido estar pendiente de este asunto, y eso era algo que a la mediana no le convenía ya que la madre de Ranma tomaba estas cosas demasiado en serio.

"Si la señora Saotome en verdad se involucra, sería capaz de ir a buscar a los padres de Manabu para hacerlo oficial, de eso estoy segura…" pensó la muchacha al tiempo que se pasaba la mano por el cabello y evitar que se lo alborotara el viento. "Con suerte seguirá intentando enseñarle a Akane cómo cocinar y a mi me dejará en paz."

—Ah, Nabiki, ¡aquí estabas!

—¡Te buscamos por toda la escuela!

La mediana de las Tendo se tensó y se giró para ver cómo Kikuko y Ryonami se le acercaban. No entendía muy bien porqué sus amigas sonreían de esa manera pero lo que empezó a sospechar le hizo sentir cómo un escalofrío le recorría completamente la espalda.

—¡Debiste habernos dicho antes! —le reclamó Kikuko mientras le tomaba a Nabiki las manos—. ¡Nos da mucho gusto por ti!

—¡Te felicitamos por tu compromiso! —exclamó Ryonami entonces—. ¡Me imagino que estás muy feliz de que el maestro Sakura te haya pedido matrimonio!

—Manabu... ¿qué? —preguntó Nabiki, parpadeando confundida—, ¿de qué están hablando?

—Todo Furinkan ya lo sabe —dijo Ryonami—. Acerca de cómo el maestro Sakura te salvó cuando te secuestraron y luego te pidió que te casaras con él.

—Y todas las chicas de la escuela piensan que fue de lo más romántico —agregó Kikuko.

—¿Romántico? —repitió la mediana de las Tendo, abriendo los ojos al máximo ante lo que acababa de escuchar—. ¿Quién… les dijo eso?

—No te ves muy feliz que digamos, ¿sabes? —observó Kikuko.

—¿Acaso tu compromiso era secreto? —preguntó Ryonami

—Eso no importa, ¿quién les contó sobre eso? —insistió Nabiki, un tono de fuerte urgencia en su voz—. ¡Nadie en la escuela debería saberlo!

—Nos dijeron unas chicas de tercero A —dijo Kikuko.

—Aunque Kuno ya lo sabía antes, por lo que parece —agregó Ryonami.

Nabiki respiró profundamente y sin más, se apresuró a bajar a buscar a su hermana, pues estaba convencida de que ella o Ranma habían filtrado la información, y necesitaba saber a quién se lo habían dicho para intentar controlar el rumor, aunque todo indicaba que ya era demasiado tarde.

—Esto me recuerda a cuando Akane se avergonzaba de que la escuela supiera que estaba comprometida con Ranma —dijo Ryonami.

—Seguramente es cosa de las hermanas Tendo —contestó Kikuko.

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—¿A quién le contaste? —demandó Nabiki, deteniéndose frente a su hermana menor luego de haberla buscado en varias partes de la preparatoria hasta encontrarla sentada con Ranma cerca de los bebederos de las canchas—. ¡Toda la escuela ya sabe que estoy comprometida con Manabu!

—Ella no le contó a nadie, y yo tampoco —respondió Ranma, intentando mediar entre las hermanas. No solía hacer eso, pero al mirar a Nabiki pensó que sería mejor que se enfadara con él y no con Akane.

—¿Y acaso voy a pensar que alguien lo descubrió por telepatía? —dijo Nabiki con un tono de absoluto sarcasmo.

—Sí hablamos de eso —aceptó Akane entonces—, pero fue entre clases y estoy segura de que no había nadie cerca cuando mencionamos tu compromiso con el maestro Sakura.

—Así es, el salón ya se había vaciado —confirmó Ranma, que entonces pareció recordar algo y se pasó una mano por el rostro—. No… el último en salir fue Gosunkugi, y a él le encanta espiarnos.

—¿Crees que haya alcanzado a escuchar? —preguntó Akane, que haciendo memoria recordó que Ranma tenía razón. Hikaru Gosunkugi se había quedado atrás y fue el último en salir del salón antes que ellos.

—Obviamente sí los escuchó —dijo Nabiki, cruzándose de brazos mientras intentaba decidir qué hacer. Ya era tarde para contener los rumores, pero al menos ya sabía quién filtró la información y podría decidir cómo actuar al respecto—. Tendré qué hablar con él muy seriamente.

—Trata de ser amable con él —pidió Akane—. A pesar de ser un poco extraño, Gosunkugi no es mala persona.

—No he decidido qué haré todavía —respondió la mediana, recordando entonces que un par de meses atrás le había llegado información sobre Hikaru que podría servirle para darle un buen castigo—. Pero creo que tengo una buena idea…

Akane estaba por preguntar qué era lo que su hermana pensaba hacer, pero el timbre anunciando el final de receso interrumpió sus palabras.

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Horas después…

Manabu caminaba en silencio hacia la salida de la escuela, y Nabiki iba detrás de él. La muchacha no estaba muy feliz porque un tal Hikaru Gosunkugi había filtrado la información respecto a su compromiso en la escuela, y estaba pidiéndole que hiciera algo para detener los rumores.

—¿No piensas hacer nada? —preguntó ella—. ¡Todos están hablando de nosotros!

—El rumor pasará de moda en un par de días —dijo él sin prestarle mucha atención a Nabiki—. Es mejor no hacer caso y esperar.

—¿Qué no te molesta?

—Aunque me moleste, no puedo hacer nada —explicó Manabu—. No es posible evitar que los alumnos hablen de lo que pasa en la escuela, Nabiki.

—¿Entonces en verdad no piensas hacer nada para detener el rumor? —replicó ella.

—No, nada en particular —dijo él—. ¿Tienes alguna idea?

—Sí, deberíamos fingir una pelea y romper el compromiso enfrente de todos —contestó la muchacha—, así nos dejarían en paz.

—No creo que sería necesario fingir nada —le dijo Manabu—. Considerando las cosas es posible que terminemos peleando de cualquier modo.

—¿Estás insinuando algo?

—Sólo que estás…

—¿Estoy qué? —preguntó ella, y confundida por el repentino silencio de Manabu, miró al frente. Habían llegado a la calle, y allí se encontró con una motocicleta y sentado en ella, vigilando la preparatoria, estaba Gouto Kagero.

—Sakura, pensaba que no habías venido a trabajar —dijo el boxeador, dejando su casco sobre su vehículo para acercarse al maestro y a su alumna.

—¿A qué has venido, Kagero? —preguntó Manabu, interceptando a Gouto para que no se acercara más a la escuela, ya que no deseaba que un yakuza estuviera merodeando por Furinkan cuando la mayoría de los alumnos estaban saliendo de clases para ir a casa.

—El jefe me mandó a confirmar que la señorita Tendo no le mintió cuando dijo que era tu mujer —explicó el otro boxeador mirando a Nabiki con curiosidad, pues la muchacha se había acercado y ahora estaba de pie junto a Manabu—. No parecía que tú y ella se llevaran muy bien como para que en verdad fuera tu novia, y ya sabes que si la mocosa intentó zafarse de la deuda rompiendo el contrato que firmó, le aumentaremos un par de millones de yenes por darnos información falsa, y se la mandaremos directamente a su padre.

—Ella no les mintió —respondió Manabu, que al notar la cercanía de Nabiki, la rodeó con el brazo y la tomó por la cintura para presionarla gentilmente contra su pecho. Ignoró los murmullos de los alumnos que se habían detenido a mirar y agradeció en silencio que Nabiki no se había tensado demasiado y que parecía entender lo suficiente como para cooperar con él—. Y justo ahora íbamos a comer algo, ¿así que por qué no te largas?

—Opino lo mismo, tu cara me quita el apetito —agregó Nabiki. La muchacha había estado a punto de darle a Manabu un pisotón para obligarlo a soltarla, pero fue lo bastante lista como para darse cuenta de las intenciones del maestro, por lo que decidió seguirle la corriente a fin de convencer a Gouto de marcharse. Le molestaba un poco que hacer esto sólo haría que los rumores sobre ella y Manabu persistieran por varios días más, pero era más importante convencer al otro boxeador de que su relación con el maestro era verdadera para evitar que le regresaran la deuda y sobre todo, para evitar que su papá se enterara.

Aunque el descubrir que no le parecía tan malo sentir el firme pecho de Manabu presionándose contra ella era algo que no había anticipado, y estaba comenzando a pensar que si no la soltaba pronto tendría que obligarlo a que lo hiciera.

—En realidad no estoy tan convencido —les dijo Gouto mientras subía a su motocicleta y se ponía el casco—. Seguramente el jefe los seguirá vigilando, aunque no creo que me encarguen eso a mi, tengo que empezar a entrenar para nuestra pelea, Sakura… y espero no me decepciones, hace tiempo que no tengo un oponente que valga la pena y tú… pues eres un boxeador poco sobresaliente que nunca ha noqueado a nadie, no creo que dures más de tres rounds conmigo.

Nabiki pudo sentir que el abrazo del maestro se apretó un poco al escuchar las palabras de Gouto, y al levantar la mirada pudo ver cómo se endurecía la expresión en su rostro. Era claro que no le había gustado lo que acababa de escuchar.

"Vaya… no le gusta que se burlen de él como boxeador," pensó intrigada ella. "Parece que sí tiene algo de orgullo cuando se trata de eso…"

—No te conviene pensar que soy débil sólo porque no tengo victorias por KO —le respondió Manabu con un tono serio y hasta un poco amenazante—. Podría costarte caro.

—O tal vez no, adiós, Sakura, ¡nos veremos en el pabellón Korakuen! —dijo Gouto, que se rió y echó a andar la motocicleta, finamente alejándose de la preparatoria.

—...Manabu, ¿podrías soltarme ya? —pidió Nabiki luego de unos segundos, ya que parecía que el maestro no tenía intención de hacerlo—. Nos están mirando.

—Oh… sí, está bien —contestó, dejando que ella se separara de él—. Espero que ese idiota ya no se aparezca por aquí.

—También yo —asintió Nabiki, que entonces notó que Manabu ya había empezado a alejarse de la escuela—. ¡Oye, espera!

—¿Sucede algo?

—Dijiste que me llevarías a comer, ¿lo olvidaste? —le preguntó Nabiki, pues pensaba que sería una buena oportunidad de finalmente hacerlo gastar dinero en ella.

—Cierto... bueno, hay un lugar que vende anguilas a la parrilla aquí cerca —dijo él luego de un momento en que miró a Nabiki sin decir nada—. Si estás de acuerdo podemos ir, hoy tienen promoción del dos por uno en el unagi don, y lo preparan bien.

—¿Dos por uno? —preguntó Nabiki, entendiendo que si comían allí, Manabu sólo pagaría por su comida y la de ella sería gratis, por lo que técnicamente no gastaría dinero en ella.

"Definitivamente conoce las reglas de los duelos de citas," pensó Nabiki, aunque en lugar de molestarse, sintió curiosidad al respecto. "Quizás valga la pena investigar un poco más…"

—¿Vendrás? —le preguntó—. Para mi es igual, lo podemos dejar para otra ocasión.

—No, espera, ya voy —dijo ella, que lo alcanzó y le ofreció una sonrisa—. Unagi don está bien, vamos.

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Al día siguiente…

Nabiki salió de su habitación, acomodándose el moño del uniforme mientras caminaba y esperaba que Ranma y Genma no provocaran algún desastre durante el desayuno, pero tuvo que detenerse al ver que su hermana venía por el pasillo. Akane estaba recién salida del baño, y obviamente había subido con la intención de vestirse para la escuela, pero le extrañó que le sonriera de una manera que a la mediana le pareció un poco sospechosa.

—¿Por qué estás tan feliz? —preguntó Nabiki levantando una ceja—. ¿Hay algo especial para desayunar?

—No, nada de eso, la señora Saotome y Kasumi no prepararon nada diferente, es sólo que pienso que te gustará lo que verás cuando bajes las escaleras —respondió la menor sin dejar de sonreír.

"Ugh… espero que no esté feliz porque cocinó algo," pensó la mediana, terminando de atarse el moño. "No quiero tener que comprar algo para desayunar camino a la escuela…"

Olfateando para descartar cualquier olor que indicara que Akane había estado cocinando, Nabiki se tranquilizó un poco cuando no percibió ningún aroma extraño, aunque lo que vio en el comedor la paralizó en su sitio.

Manabu Sakura estaba sentado allí, bebiendo tranquilamente de una taza de té, escuchando mientras Soun le comentaba algunas cosas sobre la asociación de vecinos del barrio.

—Ah, Nabiki, ¡mira quién ha venido a acompañarte a la escuela hoy! —comentó Soun al notar que su segunda hija estaba allí—. Lo hemos invitado a desayunar, así que ven, puedes sentarte con él.

—... Sí, papá, está bien —contestó ella, obedeciendo lentamente las órdenes de su padre y preguntándose qué carajos estaba pensando Manabu al ir a su casa, ¿se estaba desquitando porque ella fue a buscarlo el día anterior? Sí, decidió, seguramente era por eso.

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—No entiendo por qué fuiste a mi casa —se quejó Nabiki, que caminaba rumbo a la preparatoria junto al maestro.

—Kagero dijo que nos estarían vigilando, así que es mejor que nos vean juntos —respondió él alzando los hombros—. Es mejor que mantengamos las apariencias hasta después de la pelea.

—Tienes razón, sí nos dijo eso —admitió Nabiki suspirando—. Qué inconveniente.

—Exacto, venir por ti y traerte después de clases no es algo que tenía programado.

—¿Vendrás también en la tarde?

—No me agrada la idea, créeme —respondió Manabu—, pero prometí que me haría cargo de tu deuda y aparentemente eso incluye acompañarte de ida y vuelta a la preparatoria.

—Me harás pensar que es una excusa para estar conmigo… —dijo Nabiki en un tono burlón.

—No, hay mejores maneras de perder el tiempo que estar contigo —respondió él.

—¿Ahora entiendes por qué digo que eres un idiota? —le preguntó ella.

—¿Y tú entiendes por qué digo que eres tonta? —contestó él.

—Oh… ¿sigues con eso?... Pues tú tienes…

Y esta discusión entre Nabiki y Manabu prosiguió hasta que llegaron a la preparatoria Furinkan…

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Notas:

Gracias a todos por leer este nuevo capítulo, espero que les haya parecido interesante, en particular los pequeños avances que ha tenido la trama del segundo arco argumental que con este capítulo ya va a la mitad.

Al parecer el sistema de la página no está mandando avisos de respuesta de los reviews, por lo que quizás sea necesario responderlos en las notas finales a partir del próximo episodio.

Les agradezco de nuevo la lectura y nos vemos en el próximo capítulo.