Capítulo 20
China
El desgarrador grito fue escuchado por nadie más que ellos dos. Mientras Fye se encargaba de clavar aquella daga una y otra vez en la garganta del hombre de gafas redondas, no podía dejar de gritar y llorar.
Kurogane se limitó a esperar en silencio. La débil llama que flotaba en su mano izquierda era la única fuente de luz que había en aquella habitación, de una mansión olvidada al norte de Hong Kong.
La residencia de los Reed.
Habían llegado allí tras su huida en Japón, donde confirmaron lo que ya sabían: las cuatro hermanas del heredero del Clan Lee habían sido cazadas y eliminadas, y por tanto, el clan contaba ya únicamente con dos miembros: la matriarca, Lee Yee Lang, y el menor, Lee Xiao Lang.
La macabra risa del líder del clan Reed, Fei Wong, les heló hasta los huesos.
-Son más de los que tiene el clan Suwa, o el clan D. Flourite –dijo al tiempo que se sentaba en su silla, quedando ambos aludidos, frente a él.
Al instante, Fye palideció.
-No entiendo –dijo en un susurro perfectamente audible-. Mi hermano…
-Demasiado arriesgado –fue la respuesta de Fei Wong-. Comprenderás no puedo permitir a uno de los clanes más poderosos ser una amenaza para mi propio legado. Así que, lamento decirte esto, pero después de como sea que se llame, sigues tú.
-¡No!
Kurogane brincó delante de Fye, y gracias a su gruesa piel, la bala que había sido disparada contra el rubio, impactó en él, sin producirle daño considerable.
-Hay que huir –susurró Kurogane, y antes de que Fye pudiese poner objeciones, lo tomó por la fuerza y huyeron de allí.
Permanecieron ocultos. En las sombras. El Clan Reed sería más poderoso, pero definitivamente no era más numeroso. Contaban con lacayos, robados de diferentes clanes y cuya única fidelidad consistía en que no dejasen de pagarles, pero los Reed igualmente solo eran dos. Y después de lo ocurrido aquella noche, solo quedaba uno.
Fye continuó clavando aquella daga en el hombre, a pesar de que este había muerto hacía ya veinte minutos. Kurogane no hizo nada para detenerlo. Él había perdido a su familia desde antes de que tuviese uso de razón, pero conocía lo apegado que Fye había sido a su hermano gemelo, por lo que no podía reprocharle que buscase venganza y se desahogara, asesinando al menor de los Reed: Clow Reed.
Se infiltraron en aquella olvidada propiedad, gracias a la oscuridad de la noche, y las habilidades de Kurogane. No necesitaba decirlo, pero él haría lo que fuese por Fye. Así era como había utilizado su magia y sus propias manos para acabar con la veintena de lacayos que protegían a aquel miembro del Clan Reed, y del mismo modo, había sido como Kurogane le había dado el honor a Fye de ser quien terminase con la vida de Clow.
-Debemos irnos –dijo finalmente Kurogane, apagando la llama y quedando los dos sumidos en una total oscuridad-. Es entendible los Reed tuviesen una defensa tan laxa, considerando básicamente han eliminado a todos los clanes que se han opuesto a ellos y no hay realmente un oponente que piense si quiera en hacerles frente, pero debemos considerar igualmente es muy probable Fei Wong espere traición de nuestra parte y esto no sea más que una trampa.
-¿Sacrificar a su propio hermano para poder eliminar a Xiao Lang? –susurró Fye, asegurándose de clavar la daga una vez más, en el cadáver. No pudo evitar reír por lo bajo-. No me sorprendería.
Se supieron en movimiento. Sin Clow Reed, el Clan Reed ya solo contaba con un miembro. Considerando Fei Wong tenía igualmente planes que llevar a cabo con su propia mano, Fye y Kurogane supusieron debía haberse ya reubicado fuera de la propiedad de los Reed, y se encontraría ahora cazando a su objetivo.
-¿La matriarca Yee Lang? –preguntó Kurogane.
Fye asintió. La propiedad del Clan Lee era ahora su destino.
El cargamento de juguetes era exclusivamente eso: carga. Xiao Lang, Sakura y Eriol se preguntaron por qué no habían terminado escondidos allí, si era obvio que el enemigo apuntaría contra el jet privado. Y, aun así, allí se encontraban, dentro del lujoso jet propiedad de Industrias Piffle. Sin embargo, no se encontraban sentados en los elegantes sillones de piel, sino que el grupo se encontraba escondido en la diminuta zona de carga de la lujosa aeronave.
-Psicología a la inversa –les dijo Tomoyo antes de meterse a su propia caja-. Lo más lógico será que el enemigo piense que no somos tan tontos como para exponernos viajando en el jet privado, y atacará el cargamento. Pero al descubrir que tampoco estamos allí, e intente atacar el jet privado, el último sitio que se le ocurrirá buscar será en el maletero.
Así que se escondieron en aquellas cajas de madera, y esperaron en el silencio y oscuridad, mientras sentían como el avión avanzaba, y se alzaba en el aire.
Sería un incómodo vuelo de cuatro horas. Con la mejor de las suertes aterrizarían en el aeropuerto internacional de Hong Kong, serían descargados como carga, y llegarían a la bodega sin ningún rasguño. En el peor de los casos, tendrían que prepararse para luchar, muy probablemente a diez mil pies de altura.
Sintieron la turbulencia cuando quedaban apenas quince minutos para el aterrizaje. Para evitar interferencia enemiga, el piloto se contuvo de emitir algún comunicado, sin embargo, Sakura, Xiao Lang, Tomoyo y Eriol sabían lo que ocurría: estaban siendo atacados.
El plan era simple: no moverse. Escucharon como el piloto entraba al área de carga, se colocaba el paracaídas, y tras abrir la puerta de carga, se dejaba caer al vacío para salvar su vida. Sin embargo, pese a que el avión ahora no tenía piloto, y se encontrase ya cayendo en picada, pese a todo, ellos tenían que seguir escondidos. Su única probabilidad de supervivencia: Sakura.
El choque se sintió como morir. El dolor agonizante que les perforó todo el cuerpo, les hizo temer por un momento que la joven de ojos esmeralda no hubiese podido salvarlos. Sin embargo, después de un par de minutos de seguir sintiendo aquel sofocante dolor, entendieron que efectivamente seguían vivos, y tratando de moverse lo más rápido que les permitía su precaria condición, se apuraron a salir de las cajas.
Debido a que la puerta de carga había quedado abierta por el piloto, las cajas habían caído fuera del avión, y se encontraban a relativa distancia de lo que verdaderamente había sido el choque. En la distancia, pudieron ver el avión en llamas, y cómo las sombras de aquel grupo de hombres comenzaban a extinguir las llamas para apurarse a revisar los restos.
-Tenemos que movernos, pronto –susurró Xiao Lang, y sujetando a Sakura del brazo, él, Eriol y Tomoyo se apuraron a arrastrarse lejos de allí.
-¿Dónde estamos? –preguntó Eriol, mientras miraba a su alrededor. Por fortuna, el avión había caído en una zona deshabitada y no habían ocurrido daños contra habitantes chinos.
-Ahí –respondió Tomoyo, apuntando a un letrero escrito en chino, y que ella no podía leer.
-Shanwei a veinte minutos –leyó Xiao Lang-. Será como una hora a pie –y haciendo cálculos rápidos, añadió-. De ahí podremos tomar un autobús a Hong Kong. Demoraremos unas ocho horas más.
-Será demasiado obvio si tomamos una ruta directa –interrumpió Tomoyo-. Quizá lo mejor sea iniciar viajando en la dirección contraria, y de allí, regresar por otra ruta…
Xiao Lang frunció el entrecejo. No quería perder el tiempo. Algo le decía que era necesario que estuviese en Hong Kong ya, pero por el otro lado, sabía que Tomoyo tenía toda la razón.
-¿Tienes la documentación falsa? –preguntó Eriol a Tomoyo, quien se apuró a asentir-. En ese caso, empecemos a caminar.
Los primeros minutos fueron una tortura total. A cada paso sentían que los huesos se les rompían, se les perforaban los pulmones y se les desintegraba la piel. Sin embargo, conforme iba pasando el tiempo, el dolor comenzaba a redimir. No tardó mucho en que Sakura pudiese caminar por sí sola, y aproximadamente unos cuarenta minutos después, cuando la fatiga ya los debiese de haber alcanzado, se sentían mejor que nunca, e inclusive estaban tentados a correr el camino restante.
Cuando llegaron a Shanwei, el sol estaba saliendo. Pararon en una tienda de conveniencia para comer algo, y de allí, compraron un par de teléfonos locales, para poder ingresar las redes y empezar a moverse. Siendo Xiao Lang el único que hablaba chino, fue el encargado de buscar la central de autobuses en el mapa, y una vez que llegaron allí, igualmente fue el encargado de comprar los boletos.
Una vez estuvieron arriba del autobús, intentaron pasar desapercibidos. Sabían que Tomoyo los alertaría en caso de que algún enemigo los estuviese siguiendo, pero a pesar de que la joven les repitió en varias ocasiones que se encontraban a salvo, no podían evitar sentirse paranoicos.
Fingiendo ser turistas, se limitaron a sentarse en sus asientos, tomar un par de fotografías, y pretender que les resultaba interesante el paisaje.
Tal como había dicho Tomoyo, viajaron en dirección contraria. En vez de ir en dirección oeste, se dirigieron al este, rumbo a Jieyang. Allí, se detuvieron para comer algo, e inmediatamente tomaron otro autobús, esta vez con destino a Heyuan. Tomaron otro camión con destino a Guanzhou, en el cual durmieron durante todo el trayecto, y finalmente, se dirigieron a Hong Kong, donde llegaron un día después.
-Hay que llegar a la residencia del Clan Lee –anunció el profesor-. Sin embargo, es muy probable que ya nos estén esperando.
-Una vez que nos acerquemos, todo el cuidado que hemos tenido se irá a la basura –agregó Eriol-. Creo que, en vez de llegar y movernos con cuidado, debemos llegar dispuestos a atacar.
Las chicas asintieron. Xiao Lang no tuvo de otra más que acceder.
-Pero no olviden que el principal objetivo es encontrar a mi madre, o en caso de que no se encuentre, respuestas de su paradero –los chicos asintieron-. De cualquier manera, antes de entrar debo explicarles el lugar, para que no se pierdan. E igualmente, al salir, necesitaremos un lugar dónde reunirnos nuevamente.
Pararon en un hotel pequeño. Pidieron dos habitaciones, y tras bajar a comprar ropa y cambiarse, pararon en el restaurante del hotel, para comer algo, y empezar a elaborar un plan. Una vez más, era sencillo. Entrar, registrar la mayor cantidad de lugares y salir apenas escucharan fuego enemigo. Lo único malo, era que, debido a sus limitaciones, no podían realizar la búsqueda por separado. Tenían que mantenerse juntos. La vida de cada uno de ellos era importante, y no podían arriesgarse a que alguno de ellos quedase atrapado como rehén.
Sabían que no había diferencia entre entrar a la residencia del Clan Lee ya fuese de día o de noche. De cualquier manera, los descubrirían, y, a decir verdad, preferían moverse con la luz del sol, para poder realizar una búsqueda más rápida, en vez de estar asustados revisando con ayuda de una temblorosa luz de una linterna. Atacar al salir el sol fue la mejor opción que encontraron: después de una larga noche de guardia, la vigilancia que pudiesen encontrar estaría demasiado cansada como para reaccionar inmediatamente. Aquello les daría un par de minutos de ventaja.
-¿Sientes algo? –preguntó Eriol en un susurro, mientras se detenían a un par de cuadras de la residencia del Clan Lee, fingiendo que esperaban el autobús.
-Son varios –respondió su novia, intentando no mover los labios-. Mínimo unos cuatro.
-Uno para cada uno, bien –dijo Eriol, chasqueando la lengua, señal clara de que se encontraba ansioso, aunque también podía significar que se encontraba nervioso.
-Vamos –dijo Xiao Lang, y se pusieron en movimiento.
Había una entrada secreta en un edificio cercano. Era una ruta por la cual los Lee podían escapar si alguna vez se encontraban bajo un ataque. Se suponía que era desconocida para todo aquel que no fuese un Lee, por lo que Xiao Lang estaba seguro de que, si su madre hubiese tenido que huir, tenía que haber sido por allí. Con un poco de suerte, ella habría dejado un mensaje en aquel camino. Y si no, igualmente aquella era la mejor ruta para entrar a la residencia. Si la matriarca del clan no había podido escapar, podrían buscar rastro de hasta dónde había podido llegar intentando huir.
Entraron al edificio discretamente, y del mismo modo, fue Lee quien los guio hasta el sótano, donde se movieron despacio para encontrar aquel acceso oculto. No tardaron en encontrarlo. El largo túnel, oscuro y húmedo, los recibió en silencio.
-Las damas primero –se burló Eriol, provocando que Tomoyo lo empujase dentro.
Fue un recorrido de apenas unos seiscientos metros, pero que se sintió como kilómetros. El túnel no era muy alto, así que avanzaban encorvados, cosa que pronto los cansó, y no pudieron evitar sentirse agradecidos cuando finalmente Eriol topó con algo que les impidió seguir avanzando.
-Llegamos –anunció el chico. Dejando que Xiao Lang se acercase también, los dos pegaron el oído al muro.
-No se escucha nada –susurró el profesor, y él y Eriol miraron a Tomoyo.
-Tampoco siento ninguna presencia hostil. Al menos, no cerca.
-Eso significa que muy probablemente solo están patrullando alrededor de la propiedad –dijo Xiao Lang-. Vamos.
Empujó el muro, con lo que se levantó una ligera capa de polvo. El muro se movió despacio, no solo porque era pesado, sino porque querían evitar hacer algún ruido que pudiese alertar a la vigilancia. Cuando estuvo abierto lo suficiente como para que pudiesen pasar sin problema, Xiao Lang les dedicó una última mirada, y se apuraron a entrar.
Estaban en la oficina del jefe del Clan. Las ventanas estaban cerradas, y la chimenea se encontraba apagada, por lo que el lugar estaba bastante oscuro, a pesar de que afuera el sol estaba saliendo. Sakura, Tomoyo y Eriol se quedaron de pie, sin saber hacia dónde moverse. Una cosa era el plan que habían elaborado, con croquis, y otra muy diferente era ver realmente el lugar. Era imponente. Los enormes libreros llenos hasta el tope de libros que parecían tener mil años de antigüedad. Lo trabajada que se veía la chimenea de mármol blanco con detalles en madera oscura. Los pesados muebles, de una madera chocolatosa, descansando sobre aquella pesada alfombra…
Ni siquiera Xiao Lang fue capaz de moverse. Se conocía el lugar al derecho y al revés, pero el estar allí, después de tanto tiempo, sabiendo que su padre nunca volvería a sentarse en esa silla, o que nunca más lo regañaría por entrar allí sin permiso cuando había intentado esconderse allí al jugar con sus hermanas… Los recuerdos eran demasiados, y dolían en lo más profundo de su pecho.
-Vaya, ya me estaba cansado de esperar.
Sakura y Tomoyo ahogaron un grito.
En el rincón, escondido en la penumbra, en un pequeño espacio donde la alargada sombra de uno de los libreros creaba una oscuridad casi total, una figura se movió. Alto, delgado, al dar un par de pasos y exponerse a la escasa luz que lograba entrar por las cortinas cerradas, pudieron ver aquel ya conocido cabello rubio.
-Fye… -susurró Xiao Lang.
Eriol se apuró a apuntarlo con la pistola.
-¿Por qué no nos avisaste? –preguntó el chico a Tomoyo.
-No… no siento su presencia como una amenaza.
-Tonterías –gruñó Xiao Lang, y esta vez él también apuntó su arma a su cabeza-. Mató a Meing Ling.
-Sí, lo hice –dijo Fye, en un susurro desprovisto de sentimiento-. Lo hice siguiendo órdenes.
-¿De quién?
-¿De quién más que de Fei Wong Reed? –Fye hizo una mueca. Era como si el pronunciar aquel nombre le produjese nauseas-. Pero te aseguro que será la última vez que voy a obedecerlo.
-¿Porqué? –espetó Xiao Lang, y sin poderse contener, rio por lo bajo-. ¿O acaso irás a decirme que ahora estás de nuestro lado?
-No realmente –Fye también se rio-. A decir verdad, te estoy esperando porque necesito que termines conmigo.
-¿Qué? –fue todo lo que Sakura pudo decir. Y no pudo hacer más que ahogar un grito al ver como en un rápido movimiento Fye se acercaba a su profesor sustituto de matemáticas, y caía a sus pies, hincado, mirando al suelo.
Las pistolas apuntaron a su nuca.
-Alto –dijo otra voz, y la puerta de la habitación se abrió de golpe-. Si lo matan, se las verán conmigo.
-Fuera de aquí, Kurogane –gruñó Fye. Pero el hombre no le hizo caso, y entró a la habitación, con los puños en alto.
-No voy a dejar que te maten.
-No puedes impedirlo si eso es lo que quiero.
-¡No vale la pena! –gruñó el hombre.
-¡Nada vale la pena! –gritó Fye de vuelta, y sujetando la mano de Syaoran, lo obligó a pegar el cañón a su cabeza-. Vamos, dispara.
Va ser super anticlimatico cuando les diga el siguiente capítulo es el último xd
Llevo un par de semanas pensando en si agregar un epílogo, pero la vdd no estoy muy convencida porque siento que esta historia se merece un final con muuuchos cabos sueltos... Va formar parte de mis explicaciones en el siguiente capi, pls no me odien.
Con esto dicho, espero la abrupta terminación del slice of life no les haya tomado por sorpresa, y la manera en que finalmente el drama hace aparición no les haya parecido demasiado apresurado.
Un abrazo, y nos seguimos leyendo.
x Ribo x
