Capitulo 38. Todo por venganza.

Deidara tenía acorralada a Ino. El luminoso día que hacía escasos minutos antes, había quedado nublado, dejando esa zona del bosque aún más oscura, produciendo que las nubes rojas de la capa del maestro de las bombas, exhibieran un rojo aún más intenso. Su mirada hacía otro tanto y sus ojos centelleaban con el fuego del intenso odio que sentía hacía esa mujer, a la que consideraba tan culpable como Kakuzu. El viento comenzó a soplar, produciendo un siniestro silbido al colarse entre las hojas que cubrían sus cabezas. Distantes estruendos se oían, avecinando una tormenta repentina y dura propia de esa época del año. Sin duda, un escenario perfecto para cumplir las fantasías de ese hombre.

- Así que quieres matarme -dijo Ino parándose en seco- … pues te advierto, que no pienso dejar que lo hagas.

- Ya veo… sé que Kakuzu ha estado entrenándote. Aunque eso no significa que seas más fuerte que yo -dijo parándose a unos metros de ella.

- Entonces comprobémoslo… - Ino con decisión Ino.

Pocos segundos después, Deidara se abalanzó contra Ino. Comenzaron pues una pelea a base de taijutsu y Deidara pudo comprobar por sí mismo sus progresos. No solo esquivaba con gran maestría sus golpes, sino que se los devolvía con enorme potencia obligando a su adversario a protegerse. Además, usaba numerosas fintas con lo que Deidara, perdía la concentración y dejaba un hueco a Ino. Cegado por su furia se abalanzó contra ella con kunai en mano al ver que se retiraba a la derecha. Sin embargo, corrigió inmediatamente su movimiento y se posicionó a la izquierda de Deidara. Le hizó soltar el kunai al golpearlo en el tendón justo de la muñeca y aprovechó para propinarle una fuerte patada en las costillas. El golpe causo no solo dolor en Deidara sino también cierta sorpresa. No pensó que esa pequeña niña podía ser tan rápida y leer sus movimientos tan claramente.

Por su parte, Ino tenía muy presente en su cabeza cada una de las enseñanzas que le mostró Kakuzu. Él siempre fue consciente de que ella no tenía tanta fuerza como él, por ello la entrenó para reforzar su agilidad y rapidez. También le enseño como esperar el momento oportuno para golpear al oponente para desarmarlo y causarle el máximo dolor con el menor esfuerzo. Además, Kakuzu la enseño a estar atenta a los movimientos de sus rivales, para hallar sus puntos flacos y esquivar sus ataques. Tal parece, por la expresión de rabia de Deidara, lo había conseguido. Sin embargo, si algo le había enseñado su maestro, es a jamás subestimar a un rival. Y si quería salir de esta, no debía hacerlo con Deidara.

El akatsuki no era estúpido. Estaba claro que no podría hacer nada contra ella así. Fue entonces cuando apartó su capa y metió sus manos en las bolsas que llevaba a los lados. Por lo que sabía, Deidara podía fabricar bombas móviles con su arcilla, por lo que un solo fallo podría ser fatal. Él fabricó unas arañas que rápidamente rodearon a Ino. Eran en total 5 y aunque fueran arañas, tenían el tamaño de un gato.

- (Se ve que quiere asegurarse de que no queden de mí ni las cenizas…En ese caso…)

- Tus jutsus mentales nos servirán contra ellas… ¡qué vas a hacer ahora! -gritó Deidara mientras ordenaba a sus arañas que corrieran hacia Ino.

Antes de que se acercaran a más de cinco metros de ella, ejecutó unos sellos y posó su mano sobre la superficie terrosa que había a sus pies. Una luz azul le cubrió la mano y el destello de esta, se introdujo en la propia tierra.

- ¡Onda de presión remota! -una serie de ondas azules se expandió desde la zona en la que Ino tenía la mano y al llegar a las arañas explosivas de Deidara, hizo que estas explotaran.

Una estela de humo se levantó ocultando la figura de la chica ante los ojos de Deidara. Escasos segundos pasaron cuando el humo se disipó y el rubio pudo ver perfectamente la silueta de la rubia, erguida y completamente sana. Él no se explicaba cómo diablos lo había hecho. Él no había hecho explotar sus bombas sin duda había sido ella. Otro observaba la escena desde un árbol, y se encontraba igualmente sorprendido. Tal como su compañero, Tobi veía desde un árbol algo apartado, con cierta admiración, como la niña había aprendido tanto en tan poco tiempo. Quizás pudiera seguir luchando sin ayuda. Aunque su oponente tenía otros ases en la manga.

- ¿Cómo lo has hecho…? -dijo con el ceño fruncido esperando una explicación.

- Mi jutsu consiste en una onda de chakra que aplica presión a todo lo que toca. Su objetivo principal era presionar los tendones y los puntos de chakra del oponente para paralizarlo o evitar que use algún tipo de jutsu. Sin embargo, al utilizar arcilla explosiva… pensé que podría aplicar una presión mayor y generalizada a tus arañas para hacerlas explotar antes de que se me acercaran más de la cuenta… -dijo ella orgullosa de provocar tal frustración al akatsuki.

- ¡Jajaja! Ya veo… has utilizado tu jutsu como un detonador. Sin embargo, es arriesgado que hagas eso, si la explosión es lo suficiente grande, te alcanzaría a ti. Además, has dicho que has aplicado presión a mis bombas, no obstante, ha habido cierto retardo en el tiempo a la que ha explotado cada una. Las que estaban más cerca de ti, han explotado instantáneamente cuando las ha tocado el haz de luz, pero las que han sido tocadas por los anillos más grandes, han tardado unos segundos más en explotar. ¿Entiendes lo que quiero decirte no? -dijo él dado un paso al frente.

- (Se ha dado cuenta…) -pensó sin prenderlo de vista.

- Tus ondas son más poderosas cuanto más cerca estén de ti. Por tanto, la presión que puedes aplicar por unidad de tiempo es siempre mayor cerca de la fuente y al agradarse las ondas pierden parte de su energía. Eso se traduce en más tiempo para hacerlas explotar -dijo sonriendo mostrando por completo su dentadura- Eso significa, que, para matarte, solo debo hacer bombas más grandes.

- (No puedo bajar la guardia… tengo que pensar en algo…) En ese caso, inténtalo – dijo ella sonriendo de medio lado.

Esto se pone interesante -dijo Tobi desde su posición inicial.

Mientras tanto, Kakuzu ya había terminado con los papeles de la contabilidad. Se había pasado todo el día trabajando, pero ahora por fin estaba libre para entrenar. Se levantó de su mesa de trabajo y tras recoger todo y dejarlo debidamente colocado en la estantería, salió. Se dirigió a la puerta del cuarto de Ino y llamó insistentemente.

- Ino ya es la hora de entrenar, vamos con retraso, ¡date prisa! -espero un rato sin obtener respuesta - ¡Oye niña, ¿no me escuchas?, sal de ahí de una vez! – esperó unos minutos, pero todo seguía tan silencioso como al principio. Finalmente suspiró y abrió la puerta de la habitación. Todo estaba recogido y sin indicios de ningún contratiempo – (¿Dónde diantre está? Le dije que me esperara aquí. Quizá allá ido a la cocina…) – salió de la habitación y se dirigió a la cocina. Al entrar vio a Itachi y a Kisame tomando dango y algo de té. Se acercó a ellos y les preguntó - ¿Alguno de vosotros ha visto a Ino?

- Yo no he visto nada… -dijo Itachi metiéndose un dango en la boca.

- Cuando he ido antes al baño… me ha parecido verla con Tobi -dijo Kisame.

- ¿Con Tobi? ¡Qué diablos hace con ese idiota! -dijo Kakuzu algo molesto.

- No tengo ni idea, Tobi estaba todo el tiempo diciendo que eran chupi-amigos o alguna cursilada de las suyas, mientras pegaba brincos como una colegiala… -dijo Kisame haciendo que Itachi esbozara una pequeña sonrisa imaginándose semejante panorama.

- ¿Hacía donde se fue? – preguntó impaciente

- Llevaba a la chica hacía la salida norte, al bosque -dijo sin prestar mucha atención. De repente se oyó un trueno y el cielo estaba ennegrecido.

- No hace un buen día para jugar en el bosque… -dijo Itachi dejando el palo de los dangos en el plato y tomando un poco de té.

- Iré a buscarla… -dijo saliendo estrepitosamente de la cocina ante la atenta mirada del Uchiha.

EN LAS AFUERAS DE LA VILLA DE LA HOJA…

Inmensos problemas perturbaron la paz de los ninjas de la Hoja en estos últimos días. Todos los shinobis de la Hoja habían sido avisados de los acontecimientos más recientes y se había llevado a cabo la reunión pertinente para la defensa de la villa. Esta defensa se dispondría en tres fases.

La primera fase, consistiría en una barrera amplia donde se dispondría una serie de dispositivos trampa y en primera línea de combate, ninjas expertos en genjutsu y ataques a distancia. Los primeros crearían una barrera ilusoria para confundir a sus rivales y dar a los demás la oportunidad de asestar sus golpes a distancia antes que el ejército invasor. Una segunda barrera, en la que atacarían miembros de clanes de ataques a media distancia y finalmente una última barrera que se pondría en la villa. Esa tercera barrera, sería la última defensa de la villa y contendría los ataques combinados de todos los miembros de la misma.

Los miembros de la Hoja sabían lo arriesgado que era recibir un ataque por los cuatro frentes y por ello, tomaron medidas de evacuación para los aldeanos de la villa. Existía la ubicación de una pequeña base subterránea bajo la montaña de la villa con una serie de caminos ramificados que conducían a diferentes salidas. En caso de tener que huir, irían por esos túneles y se refugiarían en las bases de operaciones secretas que la villa tenía ubicadas en todo el país del fuego. Para mayor seguridad se dividirían a diferentes bases subterráneas, para, en caso necesario, atacar por la retaguardia al ejercito enemigo. También obligarían a estos a dividirse si querían atacarlos. Por supuesto, se asegurarían de que no los siguieran derribando los túneles después con los papeles explosivos.

Aunque fuera un plan de acción bien trazado, había una verdad infranqueable y amarga para los de la Hoja, estaban en clara inferioridad numérica. Había grandes probabilidades de que los aniquilaran a todos y su éxito para repeler la ofensiva radicaba en la coordinación de sus fuerzas. Por tanto, se utilizarían los jutsus del clan Yamanaka para mantener el contacto entre los diferentes escuadrones y el líder del clan junto con Shikaku Nara y la Hokage, dirigirían las tropas desde la base de operaciones. Esta estaba ubicada en el centro de la villa, en el edificio de la Hokage.

En este momento la Hokage estaba dando instrucciones a los escuadrones ninja, incluidos aquellos que fueron enviados a averiguar la ubicación de Akatsuki. Todos sabían con exactitud sus puestos a ocupar y recibían las últimas instrucciones. La preocupación invadía profundamente el corazón de los ninjas, pero a pesar de ello, la voluntad del fuego les espoleaba y el deseo de desenmascarar a Akatsuki y derrotarles por todo lo que estaban haciendo, también les inculcaba fortaleza.

En ausencia de Tsunade, Sakura era la líder indiscutible del escuadrón médico y en este momento esperaba en la puerta de la villa en compañía de Sai y Naruto. Estaban aguardando la llegado del último escuadrón que partió de la villa esa misma mañana. Dicho escuadrón fue enviado para informar del paradero y fuerza del ejército que se aproximaba desde el este. Por el tiempo que tardaron los demás grupos, estaba claro que algo les podría haber pasado. Junto a ellos estaba Yachiru. Por lo visto, la chica se había recuperado del shock y esperaba impaciente la llegada del escuadrón. Por lo que Sakura sabía, el hermano mayor de la kunoichi estaba incluido en el grupo.

- No te preocupes… -dijo Sakura acercándose a Yachiru por detrás- …estarán bien – dijo con una sonrisa apagada en la cara. Yachiru miró a Sakura con la mirada apagada y volvió a mirar al horizonte.

- ¿Por qué nos hacen esto…? ¿Por qué los países nos atacan después de todo lo que hemos hecho por ellos? Acaso la paz…. ¿No existe…?

- ¡Claro que existe! -dijo Naruto- Puede que estemos en una situación crítica… pero… no estamos acabados para nada… ¡debemos confiar en nuestros compañeros! -dijo sonriéndole.

Sakura miró a Naruto y esbozó una sonrisa de medio lado. Yachiru imitó la postura de Sakura y respondió con un sonoro "gracias" a las mismas. Sai, que hasta el momento había permanecido atrás, se acercó a ellos y señalo hacia el horizonte.

- ¡Ya vienen!

Todos los presentes miraron al frente y vieron acercarse a un grupo de ninjas corriendo. El grupo al completo parecían estar bien, a excepción de uno de ellos que cojeaba y estaba sujeto al hombro del hermano de Yachiru. Al percatarse del único herido del grupo, Sakura dio un paso al frente y pregunto a gritos.

- ¿¡Que ha pasado!? -dijo ella con tono serio.

- Estábamos espiando al ejército del país del Agua. Teníamos todo lo que necesitábamos, nos dispusimos a marcharnos, pero un pequeño escuadrón nos descubrió y nos atacaron. Pudimos escapar, pero por desgracia, alcanzaron a uno de los nuestros- dijo el hermano de Yachiru.

- Me alegro que estés bien Kira- dijo Yachiru acercándose a un hombre alto con el pelo corto y con el mismo tono caoba de ella. Sus ojos en cambio eran negros completamente.

- Si… no te preocupes -dijo mirándole con una sonrisa.

- ¡Kira!

- ¡Si, capitana Haruno! -dijo él irguiéndose inmediatamente.

- Vaya al cuartel general e informe a la Hokage de la ubicación del enemigo, yo me ocupare de su compañero. Yachiru acompáñalo.

- ¡Si! – dijeron los dos y acataron inmediatamente la orden de la pelirosa.

- ¡Sai, únete al escuadrón aéreo de vigilancia! -él asintió y utilizó la tinta para crear un gran pájaro que salió volando inmediatamente.

- Naruto, tu ve con Kakashi. Yo iré a dirigir el hospital y curare a este hombre -dijo señalando al compañero de Kira.

- Esta bien… -dijo el marchándose. Tras unos pequeños pasos, se paró en seco y volvió para verla- ¡Sakura!... -hizo que ella se diera la vuelta y lo mirara – ten cuidado.

- ¡Ten cuidado tú, Naruto! -miro Sakura con intensidad a Naruto, pues estaba claro que uno de los grandes objetivos de Akatsuki era él y existían grandes probabilidades de que Akatsuki aprovechara el estado de emergencia para capturarlo. Naruto tragó saliva y se fue como un rayo.

En el cuartel general, todo estaba tan ruidoso y ajetreado como la taberna en la que sus clientes se estaban peleando. Ninjas iban y venían sin cesar. Los comandantes de los escuadrones desplegados esperaban instrucciones de la Hokage y los demás miembros. Todo era un farfullero constante, en el que no podían distinguirse frases coherentes. En medio de todo ese caos, emergieron Kira y Yachiru, que solicitaban audiencia inmediata con la Hokage. A pesar, de las continuas negativas de los guardias que advertían que la Hokage estaba muy ocupada con asuntos más importantes, Kira logró hacerse un hueco al mostrar el sello de la propia Tsunade. Lo dejaron pasar inmediatamente y al cruzar la sala, la líder de la villa los vio perfectamente.

- ¡Kira! ¿Qué nuevas tienes? -dijo Tsunade haciéndose hueco entre sus subordinados.

- Señora Tsunade, el avance del ejército enemigo es imparable, a mis hombres y a mí por poco nos aniquilan los del Agua.

- ¿Los ejércitos están lejos de aquí? – pregunto Danzo.

- No… -dijo él respirando entrecortadamente.

- ¿Cuánto crees que tardaran en llegar?... – dijo Tsunade.

- Pues… -de repente se oyó un clamor.

Un ruido ensordecedor que sugería la combinación del sonido de los gritos y trompetas de guerra mezclado con el temblor de la tierra. Como si de los pasos de un titán se tratara. Tsunade miró la jarra de agua y vio como describía abruptas ondas en su superficie. Todo el cuartel quedo en silencio, hasta que la líder de la villa decidió romperlo.

- Inoichi… - dijo captando la atención de este -… conéctame con el ejército del aire.

- ¡Conectada!

- Sai… ¿me escuchas? -dijo ella

- ¡Si, Tsunade-sama! -dijo el de pie sobre su pájaro de tinta mientras el viento mecía sus cabellos.

- ¿Qué estás viendo?

- Todo… Tsunade-sama… -dijo él mirando como el cielo se volvía cada vez más oscuro y amenazaba con romper a llover, mientras 4 grandes ejércitos que eran cada uno ¼ del tamaño de toda la villa, cercaban cada vez más la aldea, impidiendo cualquier escapatoria.

AL NORTE DE LA VILLA DE LA HOJA… EN EL BOSQUE…CERCA DE LA BASE AKATSUKI…

Mientras los de la Hoja estaban a punto de librar su propia batalla, Ino ya estaba protagonizando una. Deidara y ella continuaban peleando y a pesar de que Ino esquivaba con eficacia las bombas de Deidara, ya había desechado la idea de detonarlas. El rubio construía bombas con mayor potencia de fuego y aunque Ino estaba aún con vida y repelía sus ataques ya se le estaban agotando las ideas.

Ella respiraba entrecortadamente. Estaba agotada y su chakra estaba comenzando a agotarse. Había intentado utilizar jutsus ilusorios y sus técnicas de control mental. Sin embargo, Deidara se había quitado un aparato que llevaba en su ojo izquierdo. Para su desgracia, Ino no contaba con que el entrenamiento de su ojo izquierdo iba a ser suficiente para repeler sus jutsus ilusorios.

- Jajaja… este ojo lo entrenaba para matar a Itachi… no imaginé que llegaría a usarlo con alguien que no fuera él. En fin, al menos servirá para matarte.

- (¡Maldita sea! Es un idiota, pero… sin duda es un akatsuki…) – miró a Deidara y este junto ambas manos.

Deidara formó el dragón C2 y al lanzarlo a su lado se levantó una intensa estela de humo. Cuando esta estela desapareció, Ino pudo ver la envergadura de la nueva figura de Deidara. Esta consistía en un dragón enorme, que, por su aspecto, le permitiría atacar desde el aire. Él subió al dragón y las sospechas de Ino sobre las habilidades de la figura se resolvieron. Esto era un verdadero problema para Ino. Ella era una combatiente a corta distancia, pero Deidara podía atacarla desde lejos y encima se estaba quedando sin chakra.

- (Eso es enorme… si explota…) -dijo ella tragando saliva.

- Veo que te has quedado sin habla… es una lástima que no pueda usarlo como es debido… (Tobi no está aquí… no puedo enterrar las minas) -dijo mirándole fijamente- En este momento… mi arte, está a punto de hacerte pedazos… ¿quieres suplicarme? -ella le miró con desprecio mientras parpadeaba un par de veces.

- No… no lo haré. -dijo ella mirándole fijamente. Si tenía que morir a manos de ese hombre no le daría la satisfacción de verla temblar.

- Es una lástima… pero antes de acabar contigo… quiero saberlo -dijo llamando la atención de la rubia - ¿Qué paso esa noche?

Ino miraba fijamente a Deidara mientras recordaba esa noche. Recordó como el ser amable que ella creía de Sasori se convertía en un monstruo. Como una tras otra se deshacía de sus prendas entre golpes e insultos. Como ella cerró los ojos, resignada a ser violada por ese tipo. De repente, vio la espada de estilo rayo de Kakuzu atravesándole el corazón. Lo último que recordó, es como Kakuzu la tapaba con la capa, la ponía entre sus brazos y la frase que le dijo.

No llores más, niña. Ya se ha terminado

Ella, tras cerrar los ojos por un momento volvió a abrirlos y le miró con desprecio.

- No tengo nada que contarte…. ¡Imbécil!

- ¡Maldita puta! ¡Te volaré en pedazos! – dijo Deidara mientras una porción de la cola del dragón se metía para adentro.

De la boca del dragón salía una masa de arcilla. Era un dragón similar al grande, pero en miniatura. De golpe salió volando como un proyectil. Ino cogió un kunai y mezclándolo con su chakra lo lanzó hacía el monstruo. Este lo esquivó sin dificultad.

- (¡Justo lo que pensaba! Esta teledirigido…) – vio cómo se acercaba, estaba a pocos metros de ella y explotó.

Antes de dispersarse la humareda, ella salió, pero Deidara no estaba en el mismo sitio. Este emergió por la derecha y mientras ella estaba en el aire, le lanzó otro.

- ¡No podrás esquivarlo en el aire! – gritó él a lo que ella simplemente sonrió.

En el último segundo antes de que explotara, Ino cambio su trayectoria y aterrizó en el tronco de uno de los pocos árboles de la zona que no se vieron afectados por las explosiones del artista. Deidara quedó sorprendido y momentáneamente se preguntaba como lo había hecho. Pero se percató de un hilo de acero que estaba unido a su muñeca, y, por el otro extremo, a un kunai. Por lo visto, lo había lanzado a un árbol sin que él se diera cuenta.

- ¡Cht! -dijo con fastidio -tendré que esmerarme más… -dijo uniendo las manos y haciendo que salieran tres dragones teledirigidos.

Todos ellos se dirigieron a Ino por los tres frentes. No había que ser un ninja de élite para darse cuenta que estaba acorralada y que el truco de antes no le serviría ahora. Hiciera lo que hiciera no podría esquivarlo. Eso Deidara también lo sabía.

- ¡Se acabó! – lo último que se vio antes de que los dragones explotaran al lado de Ino fue la decisión en la mirada de la muchacha y como juntaba sus manos. Deidara bajo un poco para ver mejor la escena – Me pregunto… hasta donde habrán volado los pedazos…

De repente se le borró la sonrisa de la cara, cuando vio a Ino cubierta de una esfera azul que emitía un zumbido muy característico. Al parecer, esa esfera de chakra había actuado como escudo. Protegiéndola de la explosión. Ella estaba justo en el centro del cráter que las bombas habían creado, ante la anonadada mirada de Deidara.

- Si quieres mis restos esparcidos por el suelo… tendrás que esforzarte más… -dijo respirando entrecortadamente. Aunque no lo quisiera admitir estaba cansada.

- Tienes toda la razón… debo esforzarme más. Dijo el haciendo que cuatro de sus dragones teledirigidos aparecieran, pero esta vez, eran diferentes.

Estos eran más grandes de lo normal y más gordos. Sin duda, su potencia de fuego era muy superior. Ino se preparó para la ofensiva que no tardo demasiado en llegar. Los dragones se abalanzaron contra ella de dos en dos. Utilizó su barrera para repeler las explosiones. Salió ilesa de estás, pero cuando Deidara la divisó a través del humo gracias a su ojo izquierdo, le lanzó otro. Este logró esquivarlo, pero no corrió la misma suerte con el otro. Cuando el humo se disipó el cuerpo de ella yacía en el suelo. Sin embargo, este se convirtió en un tronco.

- La técnica del cambiazo… - dijo vagamente, cuando noto un movimiento detrás de él -Ino había formado una espada de chakra para cortarle una de las alas al dragón.

Para su mala suerte, Deidara se percató de sus intenciones e Ino solo pudo cortarle un trozo de ala que, aun así, le permitía seguir el vuelo. Ella calló al suelo y apoyó su mano derecha para erguirse, mientras deshacía la espada de chakra de su mano izquierda.

- Ha faltado poco… pero ya no podrás seguir esquivando mis ataques.

- Solo tengo que prestar atención a esas bombas teledirigidas, y a ese ridículo dragón tuyo. Me he dado cuenta que tu dragón forma bombas teledirigidas, usando los anillos de su cola. Pero te has esmerado tanto en potenciar esas últimas bombas que has gastado impulsivamente todos los anillos. ¿Qué vas a hacer ahora? ¡Lanzarme el dragón entero!

- ¿Quién te ha dicho que esas eran mis últimas bombas? -dijo con una mirada sádica y tranquila que jamás había visto en él.

- ¿¡Que!? -dijo ella notando un movimiento a su espalda.

Vio un grupo de 8 mariposas explosivas de pequeño tamaño. Todas a pocos centímetros de ella. Tan pequeñas eran que ni siquiera había notado como se le acercaban.

- (¡Mierda!)

- El arte… ¡es una explosión! ¡Activación! -dijo al tiempo que colocaba su mano en posición.

El lugar donde estaba Ino se llenó de fuego y humo y la chica salió disparada hacía un árbol cercano. La explosión la lanzó con tal fuerza que tuvo que hacer un gran esfuerzo para erguirse. Sin embargo, el moratón que el golpe la hubiera provocado no eran nada comparadas con las quemaduras de la explosión.

En el último momento, Ino saltó para esquivarlas, pero su pierna derecha y parte de su abdomen habían sido gravemente afectados. Ino había conseguido sentarse en el tronco y colocó sus temblorosas manos sobre las quemaduras de su abdomen. Comenzó a curarse con el aura verde de su ninjutsu médico. Pero sus fuerzas y chakra restante eran escasos. Además, debía tener en cuenta a Deidara. Este ya había bajado de su dragón y lo había hecho desaparecer. Ella vio como se le acercaba y sin mediar palabra le propinó una fuerte patada en las costillas. En el mismo lugar donde le había golpeado a él, pero con mucha más fuerza.

- ¡Ah!... -gritó ella ante el golpe. El dolor, no solo la obligó a agarrarse la zona de las costillas y a acurrucarse en el suelo, sino que deshizo la técnica curativa. La curación de Ino solo había afectado a la parte superior, pues más abajo del ombligo, y el lateral de su pierna hasta la rodilla estaba cubierta de ampollas y en carne viva.

- Duele verdad… No creas que quería matarte con esas mariposas – dijo mirándola. Ella tenía el pelo suelto por la explosión y completamente despeinado. Con el rostro perlado en sudor con algunos mechones pegados a la cara y la expresión del dolor que estaba soportando. Respiraba de forma entrecortada, pero Deidara no había terminado con ella – Si te mataba esto terminaría muy pronto… ¡mírame a la cara cuando te hablo! -dijo agarrándole el pelo y tirando de el para levantarla.

- ¡Ah…! ¡Suéltame! -dijo ella intentando forcejear con él. Pero Deidara tenía más fuerza que ella.

- ¿Por qué? Acaso… ¡¿no te diviertes?! -le propinó un puñetazo en el mismo sitio donde le había dado la patada. Ella se dobló del dolor y él la cogió del mentón y la empujó tan fuerte contra el árbol, que no pudo evitar gritar – Oh… no te he hecho daño ¿verdad? -después de decir esto le dio una bofetada a un lado lanzándola hacia el otro, pero antes de que cayera al suelo, la cogió y le dio otro en dirección opuesta. Siguió así hasta darle cuatro bofetadas más. Cada una más fuerte que la anterior. Haciendo que le saliera sangre de la boca. Ella escupió la sangre manchando la capa de Deidara – ¿Así te golpeó Sasori cuando te hizo el moratón que exhibías cuando lo matasteis?

- Eres un hijo de puta… -dijo ella con un hilillo de voz.

- Puede… pero tú no eres precisamente mejor que yo. Todos vimos lo bien que te llevabas con Sasori, lo cariñosa y atenta que eras con él. También, nos dimos cuenta de cómo te ibas con él aquella noche. Estaba claro… lo que ibais a hacer los dos solitos a esas horas. Excepto Tobi, no hay ningún idiota en esta organización – la volvió a coger del mentón y la hizo que lo mirara.

- ¿Qué estás diciendo estúpido? -dijo ella algo mareada por el dolor.

- Sasori… me contaba todo. Él me dijo antes de irse las intenciones que tenía contigo. Seguramente te llevó a un lugar romántico, te sentó bajo un árbol, y te habló con dulzura hasta que dejó de interesarle tu conversación y te besó -dijo él besándola de forma ruda y violenta. Cuando acabo de besarla, la escupió y se lo restregó por la cara – Probablemente, después te acariciara… ¿así? -dijo el chirriando los dientes e hincándole las uñas en su pierna quemada, haciendo que ella se retorciera de dolor.

- ¡Ah! ¡Déjame! ¡Me haces daño! -el cuerpo le temblaba del dolor.

- ¡Jajaja! ¿Crees que fuiste la única? ¿Sabes a cuantas mujeres llevaba Sasori allí para violarlas? Te aseguro que muchas… ¡JAJAJA!

- ¿Qué pasa Deidara? Tienes envidia de que no te pidiera que le acompañaras… -a él se le borró la sonrisa de la cara y la miró- … al final va a ser verdad… -dijo mientras su valor emergía-… que Sasori te gustaba… -dijo ella sonriéndole. Él la quedo mirando y le dedico una sonrisa socarrona. De repente le propinó un golpe tan fuerte, que ella sintió como se le rompían algunas costillas.

- Eres muy graciosa Ino… y si… tenía envidia de que no me dejara acompañarle… porque cuando el llevaba una mujer allí… - la miró fijamente y ambas miradas azules chocaron- …siempre la violábamos juntos -a Ino se le borró la sonrisa de la cara – Él usaba su labia para engañar a las mujeres y después, yo me unía a la fiesta… - ella estaba horrorizada - … pero, el día que te llevó a ti… él…cambio de opinión. Le gustabas demasiado… yo no entendía porque… no tienes nada diferente a las otras. Discutí con él antes de que te llevara. Quería tenerte a solas para él. Al menos… la primera vez -dijo sonriendo.

- Eres un cerdo… -dijo ella con una lágrima recorriéndole la mejilla.

- Puede, pero eso ya no te afecta a ti. Para tu suerte, diré que no pienso violarte. No considero que valgas lo suficiente. Además, lo que daba morbo era hacerlo los dos… las mujeres gritaban como unas locas… y luego decís…que no os gusta. Cuanta hipocresía… - dijo acariciándole el pelo. De repente, se puso serio y la miró – pero…en tu favor… diré… que eres más fuerte de lo que pensaba, me ha costado derrotarte. Pensaba que iba a ser tan fácil como el día que te cogí del cuello en tu habitación, pero me has sorprendido. Veo que Kakuzu… ha hecho muy bien su trabajo. Él nunca hace nada gratis por nadie. Me pregunto… ¿Qué le habrás dado para convencerlo? ¡JAJAJA! Ese sí que tiene problemas para estar con mujeres…

- ¡No te metas con él…!

- Vaya… parece que te importa… - dijo Deidara- No te preocupes…-se acercaba poco a poco a la rubia hasta que sus labios tocaron el lóbulo de su oreja derecha -…me encargare de enviarle contigo después… -dijo tirándola al suelo y alejándose de ella – Como ya he dicho, me ha costado derrotarte… eres fuerte… de eso no hay duda. Por ello te permitiré morir… con una de mis obras – dijo metiendo la mano en la bolsa de arcilla explosiva.

Ella levantó la mirada hacía Deidara que amasaba poco a poco la arcilla explosiva. Calibró rápidamente su situación. Estaba perdida. No tenía chakra para continuar luchando y el dolor de sus quemaduras y sus costillas rotas no ayudaban para nada. Además, si cometía la imprudencia de intentar luchar, podría perforarse el pulmón con sus propias costillas. Deidara ya había terminado de amasar su arcilla. La lanzó y esta se transformó en un tigre.

- Es la primera vez que mato a alguien con esta figura… considérate afortunada -dijo ella cerrando los ojos, aceptando su derrota- Hasta nunca.

Ino ya se había resignado. Escuchó los pasos de la fiera de arcilla acercarse a ella. En ese momento, recordó todas las cosas que habían sucedido desde entonces y al final recordó las palabras que Kakuzu pronunció cuando este, la creía completamente dormida.

Te amo… Ino.

Se escuchó la explosión. Sin embargo, Ino no sintió nada. Lo único que percibía era el dolor punzante de su pierna y la parte baja de su abdomen. Si la explosión la había matado…no debería sentir nada. Abrió los ojos lentamente buscando una respuesta. Miró al frente y hay estaba él. Frente a ella, con la luz cegadora de la explosión de la bomba y sus jutsus, que solo dejaban ver su silueta. Dos de sus monstruos alrededor de él y los otros dos alrededor de ella protegiéndola.

- Kakuzu… -dijo ella sorprendida. Él la miró y volvió su vista a su enemigo.

- Ya has tenido suficiente por hoy. No entrenaremos. Además, tu maestro tiene que cargarse a alguien antes -dijo dando un paso al frente -Por fin… me has dado una excusa para librarme de ti -dijo Kakuzu mirando con despreció a Deidara. Solo uno de los dos saldría vivo de ahí.