CAPITULO 39. GUERRA A 4 BANDAS
Kakuzu había impedido que el tigre explosivo de Deidara acabara con Ino. Él escuchó desde lejos una intensa explosión y temiendo lo peor corrió hacia la columna de humo que esta levantó. Cuando llegó, la sangre se le hirvió en las venas al ver lo que Deidara le había hecho a Ino y si ya por entonces tenía ganas de matarlo, ahora no sabía que le haría. Se le ocurrían mil maneras diferentes de torturarlo y al mismo tiempo, todas le parecían insuficientes para hacerle pagar el lamentable estado que exhibía la muchacha. Sin duda, había llegado el momento de librarse de ese bastardo y enviarlo de cabeza con el estúpido de Sasori. Antes de llevar a cabo sus deseos homicidas, se volvió hacía ella y se arrodilló a su lado.
- Sera mejor que te alejes un poco. Uno de mis monstruos se quedará contigo para vigilarte.
- Kakuzu… yo… -dijo ella emocionada y algo nerviosa ante la entrada inesperada del ninja. Sin embargo, él no tenía entre sus planes que le dijera nada. Al menos, no en este momento.
- Déjalo… hablaremos luego cuando haya terminado con él – dijo levantándose y poniéndose frente al otro akatsuki – Ya es hora de que resolvamos esto de una vez por todas. Ya te dije lo que te pasaría si la tocabas.
- Hmp, yo también estaba esperando esto… -dijo mirándolo fijamente.
El viento comenzó a soplar más fuerte meciendo las hojas de los árboles hasta que una de ellas se desprendió de su rama. Mientras la hoja caía lentamente solo podía escucharse el sonido del viento. Cuando la hoja cayó definitivamente al suelo, comenzó la batalla. En un abrir y cerrar de ojos, Deidara formó unos pájaros bomba que dirigió directamente a Kakuzu y a Ino. Tras acorazar su cuerpo, ejecuto unos sellos y dos de sus monstruos crearon una fusión de viento y fuego. Mientras algunos de los pájaros que había formado Deidara sucumbían a la tormenta de fuego, uno de los pájaros se dirigió a Ino. Él se interpuso en la trayectoria del animal y acabó haciéndolo explotar. Estaba claro que era peligroso continuar luchando tan cerca de la chica. Así que, tras la ofensiva del artista, Kakuzu instó a sus monstruos de atacar a Deidara para alejarlo de la zona y se fue tras él, dejando a Ino atrás con el monstruo de rayo para protegerla.
La batalla se trasladó entonces a una pradera del bosque donde ambos hombres se veían perfectamente y no había lugar donde esconderse. Aunque, con lo decididos que estaban en destruirse, a ninguno le importaba ese matiz. En ese momento, Deidara había construido un búho de arcilla y sobrevolaba la zona escapando de los ataques de Kakuzu. Mientras estuviera a esa altura, sería difícil matarlo, por lo que el primer paso sería acabar con su ventaja. Fue entonces cuando Kakuzu fusionó las máscaras de agua y fuego y atacó simultáneamente con ellas a Deidara. El ataque no tuvo mucho efecto sobre el ninja, pero al impactar estos contra el suelo, provocó una intensa neblina. Nada podía verse salvo en ruido de las virutas de madera que caían al suelo y el eco del ruido del choque.
En este momento, la ventaja de Deidara sobre Kakuzu no era tan notoria y tuvo que alejarse un poco para tener una mejor visión del campo. Si se daba el caso de que Kakuzu lo veía a el antes y le atacaba, tendría el tiempo suficiente para apartarse. El rubio fijó su mirada en la pradera mientras la niebla se disipaba. Cuando el campo podía observarse no había ni rastro de Kakuzu. De repente, sintió algo a su espalda. Unos diez metros más arriba de su posición, Kakuzu estaba sobre su único monstruo volador {me refiero al de la máscara de aire}. Inmediatamente, lanzó un jutsu de viento al artista de las bombas, pero en el último momento lo esquivó. En lugar de darle a él, el ataque impactó contra la cabeza del búho, el cual, explotó al instante. Se formó una humareda que ocultó a ambos hombres mientras Deidara caía.
De repente, el brazo de Kakuzu surgió del humo y sujetó a Deidara por la pierna. Volvió a atraerlo hacia él y cuando estuvo lo suficientemente cerca, acorazó su mano y alargándola como la hoja de un cuchillo, le cortó un brazo a Deidara. Le habría cortado el otro, pero Deidara le dio un fuerte golpe en el abdomen a Kakuzu que le hizó caerse de su bestia. Los hilos de esta, sin embargo, acabaron cogiéndolo en el aire. La inercia de la patada que le dio, había lanzado a Deidara en dirección contraria a la suya. Con la única mano que le quedaba, Deidara formó un pájaro de pequeño tamaño, al que agarró de la pata para dejar de caer.
Sintiendo el intenso dolor de su brazo, miró con odio al hombre que se lo había arrebatado y enfureció aún más cuando vio a este con una sonrisa socarrona y saludándole con su brazo amputado. Pasaron pocos segundos y ambos descendieron a tierra. Deidara hizó desaparecer su pájaro y cayó de pie al suelo tal como Kakuzu.
- ¡Maldito hijo de puta! Te mataré… - dijo con odio Deidara.
- ¡Cállate afeminado! Yo fui quien te cosió el brazo… después de lo que le has hecho a ella, tengo todo el derecho a quitártelo. Además… aún me queda uno por quitarte -dijo señalando el brazo derecho del otro Akatsuki.
- ¡Ja! Todo es por ella… ¿dónde ha quedado tu manía de matar rápidamente a tus compañeros de trabajo? – dijo aguantando el dolor e irguiéndose.
- Tú no eres mi compañero de trabajo. Pero sí, quizás te hubiera atravesado el corazón directamente si no la hubieras dejado mal herida – dio unos pasos al frente quedando por delante de su monstruo de aire – Creo que voy a disfrutar el descuartizarte poco a poco. No morirás rápido como Sasori.
- Me alegra saber… que los dos estamos decididos a destruirnos… sino dejaría de ser divertido. Pero qué te parece si equilibramos un poco las fuerzas -dijo riéndose.
Al instante, Kakuzu sintió algo a su espalda. Observó que de su monstruo de aire surgían numerosas arañas y saltó alejándose de ahí. Hasta que observó una araña en su brazo izquierdo. De repente, las bombas se detonaron y la explosión cubrió a Kakuzu por completo. Cuando el humo se disipó, Kakuzu había perdido su máscara por la explosión, así como parte de su capa y su camiseta. Él había acorazado su cuerpo en el último segundo, sin embargo, aunque le dio tiempo a acorazar la parte izquierda de su cabeza, no ocurrió lo mismo con su brazo.
La explosión le había causado importantes quemaduras en ese brazo y parte del mismo había desaparecido, por lo que la sangre salía a través de la herida chamuscada. Kakuzu sentía un intenso dolor en su brazo y tras mirarlo detenidamente, llegó a la conclusión de que no podría usarlo. Oyó unos pasos en la hierba y vio que el rubio se ponía delante de él. Exhibía la misma sonrisa socarrona de Kakuzu tenía momentos antes y se veía regocijado de su éxito.
- Vaya… me hubiera gustado matarte. Pero bueno, ahora estamos algo más igualados. Ya no puedes usar tu brazo. Al igual que yo, tus jutsus están ahora más limitados. Además, has perdido un corazón… me sorprende que un ninja como tú no se haya dado cuenta… -miro Deidara entornando los ojos.
- Claro, cuando te arranque el brazo… hiciste que tus bombas se metieran entre los hilos de mi monstruo… ¿verdad? -Deidara contestó con una sonrisa de afirmación – Te ha costado caro ese truco. ¿Perderás el brazo derecho en el siguiente?
- Compruébalo… Después de que acabe contigo, iré a por ella -Kakuzu frunció el ceño y le miró con asco – No es justo que solo tú te diviertas a su costa.
- Tu no la tocarás…ella… ¡es mía! – gritó finalmente Kakuzu.
Un nuevo asalto estaba a punto que comenzar, pero antes de que esto sucediera, una sombra que había visto detenidamente todos los acontecimientos de la pelea, había tenido suficiente. Ya sabía lo que deseaba averiguar.
- (Ya tengo suficiente…será mejor que termine con esto…) -dijo Tobi utilizando su jutsu de teletransportación y desapareciendo.
Por su parte, Ino se había estado curando las heridas mientras transcurría la lucha entre los dos Akatsuki. Ahora que había terminado con su labor y que las quemaduras habían desaparecido, meditaba sobre la gran suerte que había tenido. Si Kakuzu no hubiera aparecido, probablemente hubiera muerto, aunque aún le quedara un último recurso. Sin embargo, las dolorosas heridas que le provocó Deidara tampoco le hubiesen dado pie a demostrarlo. Se sentía en parte feliz porque Kakuzu la hubiese encontrado, pero estaba igualmente preocupada por la seguridad del mismo. No hacía ninguna falta decir porque era eso.
Con un gran dolor de costillas, Ino se levantó a duras penas seguida por el monstruo de rayo de Kakuzu. Se adelantó hacia el lugar que estaba sucediendo el combate, hasta que pudo ver con claridad a los dos ninjas. Primero se fijó en Kakuzu. Tenía un aspecto lamentable. Luchaba contra Deidara esquivando un frenesí de bombas y lanzando, a su vez, una onda de ataques una detrás de otra. Entre el humo y esos destellos que a veces la obligaban a taparse, vio claramente que Kakuzu tenía muchos rasguños y heridas, además le faltaba un brazo. El pedazo restante exhibía una gran quemadura. El mismo aspecto padecía Deidara. Le faltaba también un brazo, y se había desecho de su capa de Akatsuki.
Se notaban que ambos estaban agotados. Jadeaban con ansiedad y dificultad, mientras se miraban con odio, en esos pequeños lapsos de tiempo que el humo y el fuego les permitía verse. Ino miró al monstruo de rayo.
- Ya estoy bien, es mejor que le ayudes… - el monstruo de Kakuzu apareció detrás de su dueño. Este levantó inmediatamente la vista hacia la rubia, la cual, asintió.
Parece que Ino ya estaba mejor. Al menos ya no tenía esas horribles quemaduras. Sin embargo, aún tenía esas odiosas marcas en la cara. Ese matiz no se lo perdonaría al rubio. Por el momento ya había conseguido dejarle la cara echa un puzle, aunque él no estaba precisamente para posar en una foto. No cabía duda de que Deidara también era un akatsuki y como tal, no se dejaba matar fácilmente. Pero nunca tuvo una paciencia infinita y ya estaba harto de verle esa asquerosa sonrisa. No le quedaba mucho chakra para controlar a sus monstruos y utilizar su jutsu para acorazar su cuerpo. Debía acabar con ese tipo de una vez por todas, y eso es lo que iba a hacer.
- ¡Me he cansado de este combate, ya es hora de que mueras! -le grito a Deidara.
- ¡El único que va a morir aquí, vas a ser tú! – devolvió la amenaza al moreno.
En ese momento ambos prepararon sus ataques. Kakuzu fusionó sus tres máscaras y dando más potencia a sus ataques, comenzó a temblar la tierra a sus pies. Deidara por su parte, utilizaría ahora su siguiente bomba, el C3 {la bomba que utilizó contra la aldea de la arena durante el combate contra el Kazekage}. Ambos hombres estaban dispuestos a matarse entre ellos e Ino observaba asustada la escena. Sabía que Kakuzu era fuerte, pero había escuchado los relatos del Kazekage sobre las habilidades de Deidara cuando luchó contra él. Gaara entonces, había descrito con lujo de detalles las características de las habilidades del ninja, y el poder de su C3. Según el Kazekage, la potencia de fuego de la bomba era tan grande que la había costado detenerlo.
- (Si esos dos ataques colisionan…) – ella no estaba dispuesta a esperar el desenlace. Mientras ellos se preparaban para lanzarse los ataques, Ino corría hacía un lado del prado acercándose a la posición de Kakuzu. Hacía un esfuerzo titánico para acercarse y tener un blanco claro de Deidara. – (utilizaré mi jutsu de traspaso mental…y…) - ¡Ah! -dijo al percatarse de lo lejos que estaba… - (no hay tiempo…) -dijo al ver como el campo se ilumina de los dos ataques.
Deidara lanzó su C3 y Kakuzu lanzó una fusión de agua, fuego y rayo a la máxima potencia. Ambos ataques eran colosales e Ino no tardo en percatarse de algo. Si explotaban ambos ataques, cosa más que probable, ninguno saldría de allí ileso. Sus ataques estaban a pocos metros de colisionar, de destruirse mutuamente. La bomba de Deidara comenzó a iluminarse, símbolo de que estaba a pocos segundos de explotar. Justo se encontraban a tres metros. En ese momento Ino vio aparecer una distorsión del espacio y unas capas de nubes rojas.
- ¡Shinra Tensei! – dijo Pein repeliendo los ataques de los dos akatsuki.
Cuando la humareda que formó la colisión de los dos ataques se dispersó dejo ver dos grandes cráteres en la tierra, con dos hombres de pie entre ellos. Eran Pein y Tobi. El propio líder de la organización había salido de la casa para parar esa reyerta. Tanto Deidara como Kakuzu vieron como sus ataques eran repelidos con pasmosa facilidad por el líder de Akatsuki. Pein por su parte exhibía una expresión en su rostro que Ino jamás había observado en el antes. Por la forma en que lo miraban los dos combatientes, estaba claro que ellos tampoco. Su rinnegan resplandecía con intensidad y su naturalidad frialdad se había esfumado, dando paso a un intenso enfado.
- ¡¿Qué diablos estáis haciendo?! -dijo Pein flanqueado por Tobi. Miró a Deidara – ¡A ti te deje muy claro lo que pasaría si tocabas a la chica! – después miro a Kakuzu – y… ¡aunque a ti te haya autorizado a protegerla, creo recordar que tuve una larga charla contigo! Te dije qué hasta nueva orden, no permitiría que mataras a un Akatsuki sin autorización. No pienso perder otro miembro en este momento… solo por tu mal carácter. – se quedó callado un momento y miró a Ino… -… y pensar que todo esto ha sido por… - no termino la frase. De repente surgió Tobi y se acercó a su sempai.
- ¡Ohh! ¡Deidara-sempai! No debería jugar con Kakuzu-san mire como le ha dejado… sino se disculpa con él, no va a coserle otra vez… -fui interrumpido por un Deidara que le propino un fuerte puñetazo con su mano ilesa, mientras le gritaba.
- ¡Cállate imbécil! – dijo dando un paso hacia Pein y mirando con desprecio por encima del hombro de este. Por encima, podía verse a Kakuzu e Ino, uno junto al otro mirando fijamente a Deidara.
- ¡Ya os habéis divertido bastante! ¡Volved a la base inmediatamente! – se giró hacía Tobi- ¡Tobi llévate a Deidara a la base con tu jutsu de teletransportación y dile a Konan que lo cure!
- ¡Si líder-sama! -dijo Tobi alegremente mientras agarraba la camiseta de su sempai.
- ¡Quítame las manos de encima, idiota! – dijo Deidara intentando zafarse de Tobi. Sin embargo, desapareció con este rápidamente, dejando al líder de Akatsuki a solas con Kakuzu e Ino. Pein se acercó más a la pareja. Kakuzu que había permanecido ligeramente encorvado se irguió mirando directamente a su rinnegan.
- Estoy empezando a cansarme de tus métodos Kakuzu… -dijo Pein
- ¿Y qué vas a hacer? -dijo Kakuzu al tiempo que sus tres monstruos se acercaban a su líder.
- Pronto arreglare el problema… -dijo mirando ligeramente a Ino, a lo que el moreno frunció el ceño – De momento no quiero que tú y Deidara permanezcáis en el mismo lugar. Así en cuanto os recuperéis de las heridas, los dos partiréis de misión.
- ¿Qué misión? -intervino Ino.
- Lo sabréis en su momento, ahora volved a la base. Tú mismo puedes coserte el brazo. -miro a Ino- cúralo.
- Si… -dijo mirando a Kakuzu- vamos… -le cogió del brazo y los dos juntos emprendieron el camino de vuelta a la base de Akatsuki.
Horas más tarde en la base de Akatsuki
- No debiste hacerlo…
- Si no lo hubiera hecho no hubiera averiguado lo que quería saber
- No creo que este sea el momento de jugar, no me dijiste que tenías algo importante entre manos- dijo Pein al enmascarado.
Se encontraban en una pequeña sala de estar del laberinto de laboratorios subterráneos de la base. Hace horas que la reyerta entre Kakuzu y Deidara se había zanjado y habían vuelto a sus respectivas habitaciones. Konan estaba atenta de las heridas de Deidara pues por razones obvias, no podía ser Ino quien lo atendiera. La segunda estaba ocupándose de Kakuzu en ese momento, así como de sus propias heridas. Como medida preventiva para evitar futuras peleas entre ellos movilizó a Deidara a otra ala de la base y ordeno a Itachi y Kisame que vigilaran a los dos ninjas y que les pararan en caso estrictamente necesario. Antes de reunirse con Tobi, había ido a ver a los protagonistas de la batalla del prado y, tras una serie de improperios y amenazas, había dejado claro que no toleraría una situación semejante otra vez. En otras palabras, dio a entender qué, si seguían con aquellas intenciones de destruirse mutuamente y cometían la insensatez de llevarlo a cabo, el próximo rival al que debían enfrentarse sería a él. El indudable poder del rinnegan era más que necesario para disuadir a ambos ninjas. Sin embargo, y conociéndoles como los conocía, Pein no albergaba muchas esperanzas de que pudieran resistir la tentación de matarse, pese a sus amenazas.
Salió pues en busca de Tobi para que le diera una explicación. Antes de enterarse de la pelea entre los Akatsuki, estaba en su despacho compartiendo sus confidencias más profundas con Konan. Si en ese momento la interrupción de sus memorias por el inesperado jutsu de teletransportación de Tobi, le causo cierto desagrado, la sonrisa socarrona que este exhibía al decir que dos Akatsuki se estaban matando a las afueras de la base, le enfureció sobremanera. No estaban en el momento adecuado para perder a más Akatsuki, a pesar de la aparente ventaja que tenían sobre la Hoja y demás naciones ninja. Su experiencia como ninja le advertía de que no subestimará al enemigo y aunque sabía que Tobi era de su misma opinión, tenía a veces unas maneras de actuar que chocaban con las cosas que decía. Salió en compañía de Tobi raudamente para evitar la pelea.
Desde ese momento estaba escamado por lo que Tobi quería comprobar con ese enfrentamiento, a parte, del completo odio de Deidara hacia Kakuzu, desde la muerte de un maestro que apreciaba y admiraba por encima de todos los demás compañeros de Akatsuki. Aun así, Pein tenía una ligera sospecha de lo que quería comprobar Tobi y tras un silencio que duró unos minutos arrancó con el foco de sus dudas.
- ¿Qué querías comprobar exactamente? -continuó Pein
- Jaja, sabía que me harías esa pregunta. Pero creo que, en el fondo, ya tienes una ligera idea -dijo mirando con ojos burlones a Pein.
- Ya que has sido tú el que me ha molestado, deberías ser tu quien contestara… -miraba a Tobi esperando alguna señal. Este se limitó a echar la cabeza hacia atrás apoyándola finalmente en el reposacabezas del sillón y suspiró mirando al techo.
- ¿No has visto a Kakuzu raro últimamente? ¿Cómo menos enfadado e insoportable? -esperó una respuesta, pero al no obtenerla continuo- Me pareció muy raro que un hombre como él, cambiara sus maneras de golpe, después de tantos años haciendo de las suyas…
- ¡Ve al grano Tobi! -dijo impaciente el poseedor del rinnegan. Tobi comprendió que lo mejor no era darle más vueltas y escupió…
- Kakuzu está enamorado de Ino -esa frase sorprendió a Pein sobremanera.
Es cierto, que la forma en la que se comportaba Ino y sobre todo Kakuzu era extraña, pero nunca imaginó algo tan fuerte como el amor entre ellos, y si en algún momento esa idea le rondó por la cabeza a Pein, bastaba con decirla en voz alta, para que la irracionalidad de la frase la destruyera por si sola.
Kakuzu está enamorado de Ino…
Sin duda Pein estaba estupefacto por el sentido de la frase, pero su carácter habitualmente frío e indiferente le impedía demostrarlo abiertamente. Se limitó a mirar a Tobi para asegurarse que no se trataba de alguna broma de este y al no encontrar ningún indicio de burla en sus ojos, se limitó a decir.
- ¿En qué te basas para asegurar eso?
- La forma en que Kakuzu ha defendido a Ino es muy reveladora para ser ignorada…
- Yo le dije que la protegiera ante la amenaza de perder su posición dentro de la organización, tal como me lo dijiste…
- Pein…los dos sabemos cómo actúa un hombre ante la situación de que un tercero agreda a la mujer que amas… -le miró fijamente y quedaron en silencio -…sacas una fuerza inimaginable y sientes una rabia tan intensa que te hace arder las tripas y hervir la sangre – tras decir esto último dejo de inclinarse hacia delante y volvió a acomodarse en el sillón. Pein que había adoptado la misma postura hizó lo mismo.
- ¿Y qué vas a hacer?
- Seguiremos con el plan de la Hoja, de momento. Utilizaremos a Ino un poco más, y luego la mataremos.
- Si tus sospechas resultan ciertas y los sentimientos de Kakuzu son auténticos, tendremos problemas.
- Si ese da problemas, también me ocupare de él. No te preocupes.
- Esta bien, ¿Cómo va lo de la Hoja?
- La batalla ya ha comenzado en las fronteras y también a las afueras de la villa.
- Si es así, me sorprende que estés aquí de cháchara y metiéndote en líos amorosos, en lugar de estar vigilando a tus marionetas.
- De momento no los estoy usando, solo estoy haciendo que el campo se llene del máximo número de cadáveres posibles. Tanto de un bando como de otro…
- 4 naciones ninja contra 1…, que las fuerzas estén demasiado igualadas… ¿no llamará demasiado la atención? – dijo cruzándose de brazos.
- Si fuera el caso de otra nación ninja es posible, pero admito que la Hoja tiene una magnifica defensa y me deja el cometido de llenar el campo de sangre extranjera muy fácil. Pero eso cambiará cuando los Kages entren en acción.
- No subestimes a los ninjas de la Hoja, Tobi. Tú fuiste de esa aldea y aunque haya pasado mucho tiempo, no debes confiarte.
- Tienes razón, Tsunade ha concentrado muy bien sus filas. A los ninjas de las otras naciones les está costando atravesar las barreras. Sin embargo, esta es una guerra de desgaste y los ninjas del país del Fuego, están empezando a desesperarse… -se oyó decir en la oscuridad mientras una amplia sonrisa sádica se dibujaba en su rostro.
EN LA PRIMERA BARRERA DE LA VILLA DE LA HOJA…
Los constantes griteríos de los ninjas de ambos bandos se escuchaban en las inmediaciones de la barrera. Las trampas colocadas en la cara exterior de la barrera habían sido activadas en su totalidad, y valió con un factor sorpresa donde los ninjas más inexpertos y atrevidos habían caído, pero no aquellos que gozaban con la experiencia de combate. Pronto había una cantidad de cadáveres en el suelo, que servían de escudo a las posibles trampas que aun pudieran quedar y para colmo, los explosivos hacían saltar pedazos de ninjas que sin pretenderlo activaban nuevas trampas. Por ello, estás habían perdido en mucho su utilidad y ya no presentaban problemas para las hordas de enemigos que no cesaban de llegar. Inmediatamente después se utilizaron jutsus ilusorios en todo el exterior de la barrera. Estos sintieron su alcance amplificado gracias a la colaboración de otros clanes. Aun así, surtieron el mismo efecto que las trampas y pronto perdieron el factor sorpresa.
Ahora pues, se llevaba a cabo una lucha encarnizada desde la distancia. Se había tenido la precaución de levantar muros de piedra concéntricos a la villa. Desde arriba y en todas direcciones se lanzaban jutsus de largo alcance hasta donde llegaba la vista. Desde el aire, los ninjas con jutsus que les permitían volar, iban capitaneados por Sai y otros ninjas. Los constantes ataques, de todas las naturalezas posibles, junto a las explosiones que estos provocaban, levantaban inmensas columnas de humo negro y ceniza, que tapizaban el cielo hasta tal punto, que solo los que volaban por encima del polvo, podían saber que aún era de día. Tanto por tierra como por aire, se trataba de una lucha sin cuartel. El muro de piedra estaba empezando a desmoronarse. Y los ninjas invasores comenzaban a entrar y masacraban a cualquiera que tenían al alcance. Desgraciadamente, no dejaron de venir civiles hasta que el ejército invasor no les había cercado completamente y obligados se les había dado armas para luchar.
Debido al extenso número de civiles que llegaron, al escaso número de ninjas para gestionarlos y el caos absoluto que imperaba en la barrera, muchos de ellos habían recibido armas para defenderse. Sin embargo, su inexperiencia con las armas solo había servido para aumentar el ego enemigo, que veían como los ``ninjas´´ caían fácilmente bajo sus espadas o salían corriendo. Grandes pérdidas estaban sufriendo y muchas zonas de huida hacia los muros interiores estaban tan colapsados por los civiles asustados, que muchos de los ninjas de la Hoja que debían protegerles, habían sido sepultados bajo sus pies. Viendo ese amasijo de gente, los ninjas invasores vieron un blanco perfecto para sus bombas, oportunidad que no dejaron pasar por ningún momento. Muchos morían de la explosión o calcinados por las llamas. Los desafortunados que seguían con vida, lucían llenos de sangre y con graves heridas y recibían los ataques de sus enemigos, uno tras otro sin poder si quiera defenderse. Ancianos, mujeres y niños de aspecto demacrado y campesino, suplicaban tregua a sus atacantes ante el hecho de estar acorralados. No obstante, estos estaban tan cegados por la sangre y la venganza, que ni siquiera veían a que ``amenazadores soldados´´ estaban atacando.
Los ninjas intentaban defenderlos, pero por cada uno que mataban, llegaban 10 más. Llegaba un punto que tenían que huir, pues ni siquiera tenían distancia suficiente para realizar las tácticas ofensivas que la Hokage les había ordenado. Entre las llamas de aquel infierno, el comandante del escuadrón, Shibi Aburame, en compañía de su hijo Shino, habían lanzado una enorme plaga de insectos para impedir que los ninjas acabaran por matar a los pocos civiles que quedaban. Los enemigos empezaron a zarandear las espadas y los brazos para zafarse de los insectos, sin ningún resultado. Por encima, Sai lanzó unos tigres de tinta que se abrieron paso entre los ninjas hasta los civiles, los cuales subieron a sus lomos.
- ¡Sai llévate a los civiles al interior de la villa! – gritó Shibi. Sai asintió y se puso en marcha, escoltando desde el aire a sus figuras y a las personas que llevaban - ¡Vosotros, escoltadle! -dijo a un pequeño grupo de chunin que estaban en medio de la maraña de insectos. Shibi observó que el calor y el humo estaba empezando a matar a los insectos. Observó todo el campo de batalla, se volvió hacia su hijo y habló – Son demasiados y no podemos enfrentarlos aquí.
- Lo sé
- ¡Señor, el muro ha caído! ¡Son incontenibles! – dijo un ninja que acompañaba a los Aburame.
- ¡Tienes razón! ¡Toca retirada nos replegamos a la segunda barrera! ¡Vámonos! -salieron de allí inmediatamente hacia la entrada principal.
Se escuchaba el clamor del toque de retirada por todo el campo. Los ninjas se dirigieron a la segunda barrera a toda velocidad. Muchos cayeron, atacados por la espalda por los ninjas enemigos, otros quedaron rodeados por estos. Shino vio como los enemigos estaba rodeando a un grupo de ninjas de la Hoja y retrocedió un poco hacia ellos.
- ¡Tormenta de alimañas diabólicas! -dijo al instante miles de insectos salieron del cuerpo de Shino como una gran marabunta picando a los enemigos. Su veneno era tan potente que una sola picadura era suficiente para provocar alucinaciones y en casos extremos la muerte. Shino vio como sus insectos lograban su objetivo y sus compañeros lograban escapar. Sin embargo, sintió un fuerte mareo y su vista se le nublaba. Había utilizado demasiado chakra y sintió como caía contra el suelo.
Shino vio como un ninja de la arena se acercaba a él con la espada desenvainada. A punto de atravesarle, fue ensartado con una lanza de tinta. Cuando cayó vio a Sai sobrevolándole y gritándole algo, pero no podía oírle. Sintió que alguien le cogía del brazo y tiraba de él. Shibi al ver que su hijo no podía moverse e hizo una señal a Sai para que se acercara. Cuando estuvo lo suficientemente cerca lanzó a su hijo encima del pájaro de Sai.
- ¡Llévatelo, rápido! – Shibi se levantó cuando sintió un fuerte dolor en el pecho. Había sido atravesado con el estilo rayo de un ninja de la nube. Este cayó de rodillas ante la mirada atónita de Shino, que se alejaba del campo. Pocos segundos después, lo perdió de vista.
SEGUNDA BARRERA DE LA VILLA DE LA HOJA…
La única diferencia con respecto a la otra, es que no habían penetrado los enemigos, pero el trajín que se respiraba dentro era muy parecido al de fuera. Los ninjas iban y venían llevando a sus compatriotas del muro exterior hacia el interior de la villa, donde se encontraba el escuadrón médico.
En esta zona estaban concentrados el mayor número de jounin y chunin de la villa. Kakashi, Gai y Shikamaru eran los principales líderes de escuadrones y contaban con la ayuda de algunos de sus compañeros. Entre ellos estaban Neji, Hinata, Kiba, Aoba, Hiashi, Yamato e incluso Naruto. En situaciones normales, el jinchuriki de Kyubi debería estar bajo protección, sin embargo, Tsunade se las apaño para convencer a las gentes de la villa que la situación de emergencia en la que estaban, necesitaban la mayor ayuda posible. Por lo que, prescindir de Naruto sería una estupidez, aunque la condición es que Yamato estuviera pegado a él todo el tiempo. Aparecieron Sai y Shino desde el cielo y se acercaron a Kakashi, líder del escuadrón 1 de la segunda barrera.
- ¿Qué ha pasado? -preguntó Kakashi rápidamente.
- Nos han diezmado. Han invadido la barrera exterior, no podíamos más, estábamos rodeados. El comandante Shibi ordenó replegarse a la segunda barrera para defender desde aquí -dijo con el brazo de Shino rodeándole el cuello.
- ¿Dónde está el comandante? -hubo un pequeño silencio.
- Esta muerto… -dijo Shino sin levantar la vista del suelo. Kakashi se estremeció ligeramente y continuó.
- Que los hombres de Shibi me sigan a mi ahora. Replegaos en la barrera y no permitáis que la destruyan bajo ningún concepto. ¡Vamos! – se acercó más a Sai y le susurró – Llévalo al escuadrón médico -acto seguido desapareció.
El escuadrón médico estaba liderado por Sakura y Shizune. Ambas iban y venían sin descanso. Miles de camillas invadían el espacio interior y mejor protegido de la segunda barrera. Los médicos estaban agotados y trabajaban por turnos. Sin embargo, los enemigos eran tan numerosos que podían atacar en hordas enormes mientras que la otra mitad de su ejército descansaba. Esa ventaja les estaba quemando tanto que estaban al límite de sus fuerzas y se estaban quedando sin chakra. Esto obligo a Sakura a solicitar a todos los civiles, hombres y mujeres que ayudaran a los doctores. Bien fuera para coser heridas como para despachar los cadáveres que habían llegado demasiado tarde, cualquier ayuda era bien recibida. Sin embargo, si la segunda barrera caía debían evacuar también aquella zona.
- ¡Sakura! – la aludida se dio la vuelta mirando fijamente que la había llamado.
- ¡Sai! – dijo ella acercándose a su compañero - ¿Qué ha pasado? -dijo incorporando a Shino.
- ¡Han invadido la barrera exterior! Hemos tenido que replegarnos ha sido una masacre. Los pocos que hemos sobrevivido nos hemos unido al capitán Hatake.
Los ninjas y civiles escucharon con atención las palabras de Sai y comenzaron a murmurar y hablar entre ellos. Los más alarmados se acercaron a la escena y empezaron a proclamar a la doctora Haruno a gritos.
- ¡¿No es posible que haya caído el muro exterior tan pronto?! -dijo uno
- ¡Si solo han tardado 3 horas en derribarlo e invadirlo, no hay esperanza!
- ¡No podemos quedarnos aquí, nos mataran! -dijo otro hombre.
- ¿¡Y qué pasa con los heridos!? ¡No podemos dejarlos aquí...!
- Ellos ya son un peso muerto. Yo no soy ninja médico, ¡no debería estar aquí!
- ¡Eso! ¡Si la Hoja no saben manejar la situación porque vamos a quedarnos aquí! ¡Ellos son ninjas, es su obligación quedarse! – de repente se oyó un ruido estremecedor que dejo todo el campo médico en silencio.
Sakura había escuchado las quejas de los ninjas y los civiles en silencio, y cada palabra que decían solo la cabreaban aún más. Lo único que veía eran personas asustadas, mas enfocadas en echarse la culpa que en colaborar por buscar una solución. Además, esas palabras solo desmoralizaban a los que continuaban luchando y quitaban toda esperanza a los demás. Pero esas últimas palabras, la habían agotado la paciencia. Usando su gran fuerza pego un puñetazo a una roca cercana, con tanta fuerza, que la hizo añicos. Cuando los que no conocían a Sakura vieron eso, se dieron cuenta de porque una chica de tan solo 20 años era la líder del escuadrón médico del ejercito de la Hoja. Levanto la cabeza mirando fijamente al grupo que hasta hace unos segundos, había estado discutiendo. Sus ojos verdes habían adquirido un tono oscuro y frío que intimido a todos los presentes.
- ¡¿Se puede saber qué coño estáis diciendo?! ¡Todas las personas que han muerto en el muro exterior se han sacrificado por vosotros! ¡Y todos aquellos que están luchando hay afuera lo hacen para protegernos a todos! ¡Que os habéis creído que son las vidas humanas! ¡Como podéis decirles que son un peso muerto! ¡Están sangrando y muriendo por vosotros y no hacéis más que darles la espalda! – se acercó al último que hablo – Y no… no es nuestra obligación luchar por vosotros… ¿Sabes por qué lo hacemos? - todo quedo en silencio- …porque sin todos vosotros… la villa de la Hoja no existirá… porque sin vosotros… se perderá, ¡la Voluntad del Fuego! – todos se miraron pensativos y algunos sonreían ante las palabras de su capitana. - ¿Quereis huir como ratas y abandonar a vuestros compañeros? ¡Hacedlo! Pero cuando estéis al final de vuestras vidas, decidles a vuestros hijos que huisteis y que dejasteis morir a vuestros amigos… y veréis como os miran…No diré que nos pasara nada, pero si tenemos que morir hoy que sea defendiendo lo que amamos. ¿¡Quién está conmigo!?
Se oyó un clamor enorme en todo el campamento médico, cuando este cesó. La capitana ordenó que se volvieran a sus labores de curar a los heridos. Y todos obedecieron, incluso los que se habían quejado, con renovadas energías. Se volvió hacia Shino y Sai.
- Me ocupare de ti, Shino…
- ¡No! Ocúpate del resto, yo no estoy herido, solo estaba algo cansado. Pero tus palabras han reavivado mi voluntad de Fuego – levanto la cabeza e hizo una mueca similar a una sonrisa, algo muy extraño en él.
- Ahora ya entiendo… -dijo Sai- …porque la Hokage confía tanto en ti… - dijo con una sonrisa sincera - ¡Volveremos al campo de batalla, doctora Haruno!
- ¡Id y proteger a la Hoja! – ambos hombres se dieron la vuelta, volviendo al campo de batalla. Quién sabe lo que pasaría de aquí a unas horas, lo que sí sabía Sakura es que la Voluntad del Fuego jamás sería destruida.
