Hii minna! Estaba con mucha inspiración, por lo que decidí postear ya el segundo cap de este trágico fanfic. Como siempre, durarara! No me pertenece, e Izaya tampoco.
Espero que lo disfruten!
La mañana trajo consigo la tranquilidad que habría necesitado con urgencia el día anterior mientras me corrompía adolorido bajo el manto de nieve. Para colmo, el sol desplegaba finos rayos de sol que me acobijaron todo lo que no lo hizo el día anterior. Vaya suerte que tengo.
¿Acobijaron? Ahora que lo pienso mejor, jamás durante mis veinticuatro años de vida he podido sentir aquello a lo que muchos apodan como "acogedor", por lo que me pareció bastante interesante presenciarlo por primera vez. Describir aquella palabra es algo complicado… En mi punto de vista y por lo que he escuchado de otras personas, "acogedor" es un sentimiento cálido, cariñoso y… ¿De qué otra forma explicarlo? Es simplemente acogedor.
Bueno, ya tengo que dejar de pensar en estupideces, mejor pienso en lo que me metió en todo este lío. El día anterior.
Luego de atender unos asuntos con Shizu-chan (de una forma poco educada, o en otras palabras, lo usual), me dirigí a mi apartamento con mi tranquilidad usual, feliz de estar usando mi confiable abrigo de piel negro, que me proporcionaba un calor inigualable, perfecto para los días gélidos como aquel.
Debo de admitir que me tomaron por sorpresa. Simplemente alcancé a oír un apretón de gatillo antes de perder la capacidad para pensar. Después de eso sólo vi rojo y sentí mucho frío. No estoy muy seguro, pero creo que me tropecé y caí del puente, aterrizando junto al río.
Después de eso…
Nada. Supongo que sentí dolor… no lo recuerdo.
Me levanté con un bostezo largo y tranquilizante, que erizó los cabellos de mi nuca. ¿Cómo había sobrevivido aquella locura de la tarde anterior…? Mi muerte había sido segura, de eso no cabía duda… Ni siquiera la abundancia de suerte que he desarrollado a lo largo de los años poseía el poder de protección en tal magnitud como para poder sobrevivir aquella desdicha que me socorrió el día anterior.
Me traté de incorporar mejor, sentándome en una posición más cómoda. Pasé a tocar lo que más me preocupaba. Acaricié mi cabeza con cuidado, tratando de identificar la gravedad del disparo que me habían plantado los malditos de ayer… Pero sorprendentemente… No tenía ningún rasguño.
¿Qué mierda había pasado?
Inspeccioné todo mi cuerpo, pero no encontré ninguna clase de llaga o corte que resultase alarmante. De hecho, mi piel estaba perturbadoramente pálida. Se veía tan blanca y frágil que temí que al ponerme de pie me pudiese romper algún hueso. O tal vez no era eso lo que sentía con exactitud. Aunque no hubiese nada ahí, de todos modos me sentía extraño… Sentía que algo iba mal, algo que no podía descifrar en estos instantes. Algo cuya respuesta vendría a mí en el momento indicado.
Contemplé mi alrededor. Aún estaba tendido sobre la nieve que aún no se derretía desde el día anterior, bajo el mismo puente de ayer. El río, que parecía un poco más lleno, transitaba en silencio; apenas se escuchaban los murmullos de las corrientes marinas. Estas mismas corrientes fueron las que me ayudaron a pensar mejor.
Terminé mis enredos mentales con un intento de convencerme de que todo lo de ayer había sido un mal sueño y que sólo me había caído del puente, nada más. El disparo jamás ocurrió.
Me puse de pie, sacudí mis ropas, y desquité mi estrés mental utilizando un suspiro profundo, proveniente de mis más insondables interiores.
Sigo vivo.
Aunque sé que nadie me quiere, yo no deseo morir.
Aunque sé que nadie notaría mi muerte, igual no deseo morir.
Aunque sé que la ciudad se alegraría con mi muerte… Yo no deseo morir.
Aunque sé que estaré sólo por siempre y seré tratado de la misma forma a la que tratan a un gato callejero…
No quiero morir…
Suspiré nuevamente antes de seguir mi camino. Tenía que hacer muchas cosas, entre ellas visitar a Kida-kun que había sido internado hace poco en el hospital tras un pequeño incidente con los pañuelos amarillos y los Dollars, evento que tomó lugar hace no más de dos semanas. Molestarle me entretenía, ya que él fue uno de los que confió más en mí cuando lo conocí. Aunque como siempre, eché todo a perder. El día que no contesté su llamada se sintió tan traicionado y desdichado como lo planee; debieron de haberle visto ese día, ¡Estaba tan devastado e irritado! Su mirada de odio incluso me recordó un poco a las miradas que me dedica aquel bruto de Shizu-chan.
Shizu-chan… eh~.
Las comisuras de mis labios se levantaron formando una sonrisa.
¡Lo que sería molestarle ahora mismo! Por mucho que lo odie, es bastante relajante tirarle unas cuantas dagas a aquel monstruo, aunque es una pena que sea tan indestructible. ¡Aún recuerdo aquel día en el que nos conocimos! Ese mismo día la bestia estaba de cacería, persiguiendo a uno de mis compañeros de clase… Me pregunto si le estará sacando la mierda a algún desgraciado en estos momentos mientras comento su existencia.
Eso me recuerda a las extrañas amistades de Shinra.
Shinra.
Se me soltó un pequeño bufido al recordarlo a él y a su extraña obsesión por una Dullahan, ¡Quién diría que el médico ilegal más famoso de la ciudad se enamoraría de una motociclista sin cabeza!
Y sin dejar a Celty de lado, ella sí que es un caso extraño.
Su extraña forma de moverse y comunicarse siempre me han parecido realmente alucinantes, como si estuviese dentro de un cuento de hadas.
El pensar sobre aquellos personajes me acortó el tiempo más de lo que quise. De un momento a otro ya me encontraba plantado frente a la puerta de mi departamento, la cual estaba inusualmente abierta.
- ¿Namie-chan? – Pregunté tranquilo mientras entraba al salón principal. – Namie-chan~ Lo siento por desaparecer en la noche, verás que me pasó algo muy extraño y…-
De nuevo me recorrió aquella extraña sensación de antes, la que me decía que algo no iba bien. ¡Maldición! ¿De dónde viene esa desagradable conmoción?
Bueno es mejor que me tranquilice, porque no estoy de humor para ninguna de las jugarretas de Namie cuando…
- ¿Namie-chan? - Repetí curioso.
Inspeccioné el departamento como cinco veces, pero no había ningún rastro de aquella pelinegra engreída que es la portadora de un intachable fetiche por su hermano menor. ¿Jugando en horas de trabajo, eh~?
Volví a la cocina para servirme un tentempié, aunque no tenía hambre, sólo quería distraerme un poco más. Pero, algo llamó mi atención antes de que pudiese siquiera abrir la puerta del refrigerador. Noté que había una carta encima de la mesita que usualmente utilizo para preparar la comida. Una carta color negra. Y estaba abierta.
¡Vaya mujer! Siempre le he sermoneado lo mucho que odio que abra mi correspondencia. Vaya suerte la que tiene al no estar aquí, porque de no ser así ya le habría echado una buena charla con varios daños psicológicos de por medio.
Pasé a tomar el manuscrito ya leído, para darle una pequeña ojeada.
Sólo con mirar el remitente entendí que se trataba de una invitación a un funeral.
¿Funeral?
"¿Quién será el pobre desgraciado esta vez?" Reí por lo bajo mientras guardaba la carta en mi bolsillo y salía del departamento. Ni me molestaría en ponerme terno; lo lúgubre no iba conmigo.
Al parecer, por la fecha plasmada en la carta, la ceremonia de entierro ya había comenzado, por lo que debía darme prisa si quería por lo menos alcanzar a apreciar unas cuantas lágrimas de parte de los familiares de la víctima.
Eso me recuerda, ¿Por qué alguien me invitaría a mí a un entierro? Sé que no soy un demonio, pero tampoco soy un angelito cuando de muerte se trata. De hecho, creo que he formado parte de bastantes suicidios que han ocurrido en la ciudad. Cambiando el tema, las calles de la ciudad estaban despejadas, cosa bastante singular en una ciudad tan colapsada como lo era Ikebukuro, aunque en algunos lugares se oían gritos de alegría, de hecho, habían varias fiestas mañaneras. Me pregunto cuál será la razón de aquellas odiosas bullas.
Ahora que me fijo mejor, en todos los lugares habían celebraciones, menos en el restaurante del gran ruso Simon, el cual estaba cerrado. Peculiar, eso también era bastante singular.
El gran estruendo de las casas y bares ajenos me comenzó a hartar, por lo que tararee unas cuantas canciones que cantaba cuando era un crío.
- ¿Dónde estás, pequeña Alicia?
No te escapes de mí ya que yo sé dónde estás.
Te encontraré pronto ya sabrás,
cuando entres en aquel pequeño agujero
No volverás jamás~
Alicia, Alicia, escúchame por favor,
con mucha valentía te pido un favor.
Alicia, Alicia, escucha la razón,
no me culpes de ese día en el que perdiste la razón.
Por fin había llegado al cementerio.
Tenía suerte, aún seguía aquel carro de luto aparcado en la entrada, con sus conductores tomando café apoyados en la carrocería mientras charlaban y reían. ¿Reían? ¿Por qué alguien sonreiría en un entierro? ¿Es eso normal?
Ahora sí me había picado la curiosidad. ¿Quién había muerto? En la carta no había ningún nombre, por lo que supongo que aquella muerte había sido muy comentada últimamente. ¿Por qué yo, el informante más peligroso de la ciudad, no había escuchado nada sobre ello?
Soplé aire cálido en mis heladas manos, las cuales no parecían ceder al calor, por lo que me resigné a ocultarlas dentro de los bolsillos de mi abrigo.
Un escalofrío recorrió mi espalda.
Volví a sentir aquella sensación… Como si algo no encajara correctamente.
Hice nuevamente caso omiso a la advertencia de mis extrañas alucinaciones y me adentré con una tranquilidad fingida al territorio sagrado.
Nunca me habían gustado los cementerios. Sólo me hacían recordar memorias desagradables, cosas que preferiría olvidar… recuerdos que me gustaría que el tiempo dispersara hasta hacerlos ilegibles al ojo humano. Mi infancia, adolescencia, todo lo que había sido una época desagradable para mí.
Tragué pesado mientras seguía caminando por el sucio sendero del cementerio, hasta que llegué a una masa de gente. Todos vestían de luto. Habían muchos funcionarios y empresarios que formaban parte de la mafia. En serio, ¿Quién rayos era el maldito fallecido?
Me acerqué para comprobar la cantidad de personas que visitaban el lugar.
Eran bastantes, aunque había algo extraño… La mayoría de ellas… sonreían. Inspeccioné mejor los rostros, en donde pude divisar al irreconocible Shizuo Heiwajima junto a su mejor amigo Shinra, la motociclista sin cabeza; Celty, Mikado, Namie y a otros entre ellos. Incluso estaban mis hermanas, vistiendo unos infantiles vestidos negros a juego. Ellas no sonreían.
Incluso, Shizu-chan había adoptado una seriedad increíble… Ni siquiera se volteó a mirarme. ¿Tan concentrado estaba como para no notar mi presencia?
La verdad, nadie se había dignado a saludarme. ¿Qué está pasando? ¿Mi presencia no valía la pena para éstos caras largas? Además, ¿Qué rayos hacía Celty aquí? ¿Acaso no escapaba de esta clase eventos en los que se amontonaba una gran cantidad de gente?
No pude seguir pensando, puesto que alguien se rompió a llorar.
Para mi gran sorpresa… Fue Mairu.
Fue muy sorprendente ver como mi hermana se desplomaba en los brazos de Kururi y lloraba desconsolada, como si su mundo se hubiese derrumbado. ¿Qué rayos? Incluso Shizu-chan y Celty-san fueron a consolarla.
¿Quién rayos murió? ¿Kasuka? ¿Aquel famoso actor que al mismo tiempo es el hermano menor de Shizuo? No. Imposible. Si ese fuese el caso... El rubio ya hubiese destruido mitad de la ciudad como mínimo.
Decidí acercarme más aún y pasé junto a la tumba para leer el maldito nombre, para quitarme esta estúpida duda de la cabeza.
Entonces, me congelé.
Nada tenía sentido…
"El hombre miró la tumba, sin creerse el nombre que había sido plasmado."
Esto no es posible, es una locura…
"El hombre entró en una etapa de negación total, impactado por lo que acababa de leer."
Los griteríos...
"Los festejos de la mañana se debían a la alegría que trajo la muerte de la persona.
El nombre del fallecido...
Era Orihara Izaya."
… ¿Estoy muerto?
"El hombre se había vuelto un fantasma."
Y esa sensación...
"Se trataba de la falta de pulso del hombre."
Ya ahora todos me ignoran...
"Porque los fantasmas son invisibles."
La verdad no me gustó mucho como quedó, pero el próximo cap empieza la verdadera trama :3 espero que lo esperen con ansias! Agradecería sus reviews~
