Por un tiempo, todo fue oscuridad y paz. No sabía cómo había llegado a tal estado, pero sentía como si estuviese recibiendo un merecido descanso. Nada la acosaba.
A decir verdad, no sabía si había algo que debiera acosarle.
¿Qué más daba? Se sentía bien en esos momentos. Bueno, no bien. No sentía nada.
Lo cual era bueno.
La paz se veía interrumpida por flashes de un recuerdo, demasiado confuso para interpretarlo.
Al cabo de un tiempo, no sabía si habían pasado horas o días, pasó algo diferente. Voces. No distinguía lo que decían, ni quien lo decía. Pero distinguía palabras sueltas.
… Suerte…
… Daños…
… Despertar…
… Accidente…
Accidente.
Fue como despertarse de un salto. Ahora recordaba.
Recordaba el abrazo que Rachel le había dado en el pasillo, que casi le pareció como una amarga despedida a lo que no pudo ser, pues la boda de Rachel era ahora una inevitabilidad. Ella iría, sin dudas ahora de que Rachel no albergaba sentimientos por ella. Recordaba volver a casa apresuradamente, arrancar el envoltorio de plástico del vestido y detenerse abruptamente al darse cuenta que se lo iba a poner para ir a la boda de Rachel. Recordaba pensar en que iba a llegar tarde si no se daba prisa, y no poder evitar sentarse en su cama y observar el vestido con un nudo en el pecho. Recordaba moverse con el piloto automático, ignorando el doloroso latir de su corazón y subiendo al coche, conduciendo sin pensar.
Recordaba los insistentes mensajes.
Recordaba escribir una respuesta.
Y después vino la paz y la oscuridad.
Ahora su mente no dejaba de dar vueltas, sobre los dolorosos sentimientos de rechazo e impotencia, y los momentos previos al accidente.
¿Había muerto?
Debía de ser eso. Ahora se encontraba en un vacío blanco. ¿El cielo? No creía merecerlo. Había sido demasiado cruel con demasiada gente. Con la persona más importante de todas.
Su madre apareció delante de ella, vestida como siempre la recordaba: chaqueta de punto amarilla, collar de perlas, vestido blanco, el pelo recogido...
¿Iba su madre en el coche? No. Entonces…
—Oh, Quinnie…
Su voz sonó rota, como si estuviese llorando. La imagen que tenía de ella en frente no lo mostraba al principio, pero luego su cara se retorció en una expresión angustiada. Le recordaba a la noche en que fue echada de casa.
—… por favor— la ¿sombra? siguió hablando—Despierta. Tienes que despertar…
¿Despertar?
—El doctor dice que lo harás, pero ya parece que llevaras así años.
No entendía…
—No puedo verte así.
La imagen desapareció y la oscuridad volvió.
¿Estaba viva? Su madre le había hablado sobre despertar y un doctor. Y el accidente…
Todo parecía demasiado irreal.
Volvió a ocurrir, pero esta vez no era su madre. Eran Santana y Brittany.
Ambas hablaban con la voz triste y rota, aunque no parecían estar llorando.
—Deberías ver la que has liado—murmuró Santana, con voz algo temblorosa.
Quinn las observó.
La acompañaban una vez más en el vacio blanco (extrañamente más abrumador que el vacio negro). Vestían tal y como Quinn las tenía grabadas en su cabeza, con el uniforme de animadoras, el pelo recogido en una coleta tal y como era mandatorio. Brittany incluso tenía el flequillo que lucía cuando la conoció, aún cuando sabía perfectamente que hacía tiempo que se echaba el pelo completamente hacia atrás.
—Tienes que ponerte bien, Quinn—dijo Brittany, con esa expresión de cachorrito que conseguía romper corazones con absurda facilidad—. Todo el mundo está triste. Incluso el aire parece estar triste.
No dijeron nada más.
Quinn quiso hablar, pero sus labios, su garganta, incluso sus pulmones no cooperaban. Se le ocurrió entonces que, lógicamente, si estaba muerta o en coma o lo que fuera, no creía que pudiese hacer nada.
Sólo podía esperar.
—He hablado con Shelby—frente a ella estaba Puck, con su chaqueta del equipo de fútbol y sempiterna cresta y una mano frotándose la nuca, como hacía siempre que estaba nervioso—. Dice que… Que vendrá. Y traerá a Beth.
Beth. No había pensado en ella con todo el drama de las últimas semanas. No sabía si quería que la viese en el estado que estuviese.
Ahora que lo pensaba, no sabía hasta que punto estaba herida.
—Así que—su voz grave no temblaba. Estaba mortalmente serio—, asegúrate de estar despierta para entonces. Y coherente. Nada de medicamentos que te dejen atontada o colocada o lo que sea. O si te duele úsalos, pero al menos finge que estás serena.
Supuso que esa era su extraña manera de decirle que quería que se recuperara pronto.
Entre visitas, volvía a la oscuridad y al accidente. Siempre volvía a Rachel. A su expresión insegura en el pasillo, a su cobardía al no poder decirle lo que realmente quería, y al abrazo.
Ya estaría casada, seguramente.
Se preguntaba si iría a visitarla.
Quinn parecía recurrir a las imágenes mentales que tenía de todos cuando venían a visitarla. Los proyectaba con el aspecto que tenía cuando los conoció, estando ella aún en la cima de la cadena alimenticia y los que ahora llamaba sus amigos, su familia fuera del hogar, en el subsotano de la cadena, como decía la señora Sylvester.
Ella vino también, enfundada en un chándal rojo y con una expresión extraña, hablando de cómo, con el entrenamiento adecuado, esto no habría pasado.
Tina y Mike también. Tina con su look gótico y Mike con la chaqueta de fútbol y el pelo hacia abajo.
Mercedes vino acompañada de Sam y Kurt. La primera y el último vestidos con el extravagante aspecto que lucían en su primer curso, y Sam con su pelo a lo Bieber y aquel suéter azul de cuando entró en Glee. Le dijeron que estaban rezando por ella en su grupo cristiano, y que hasta Kurt asistía.
Prácticamente todos en Glee vinieron, hablando de cualquier cosa menos de lo que habían pasado.
Nadie decía nada de la boda.
Finn vino solo, con su chaqueta igual que los demás. Su voz carecía del entusiasmo que siempre destilaba.
—Quería… Disculparme.
No la miraba. Su proyección o sombra o lo que fuese permanecía mirando hacia el suelo. Típico acto culpable de Finn. Tenía la capacidad de parecer un niño arrepentido en momentos así.
Pero, ¿por qué se disculpaba? ¿Y por qué ahora que Quinn no podía hacer nada?... Puede que fuese por eso.
—Fui un verdadero imbécil cuando ocurrió… Esto. Pero es que… Fue demasiado. No parecía real. Casi ni me lo creí al principio, así que…
Quinn no tenía ni idea de lo que estaba hablando.
—Y con lo de la boda, Rachel actuando de manera tan rara y yéndose así…
Quiso poder hablar en esos momentos más que nunca. Era la primera vez que oía de Rachel y la boda. ¿Se había ido? ¿No se habían casado?
—Tú y yo chocamos. Está claro que nunca estuvimos hechos el uno para el otro, pero… Quiero que te recuperes. Nada sería lo mismo si…
Se calló y en un momento, la oscuridad volvió.
Esta vez, su mente dejó de torturarle con imágenes de su rechazo. En vez de eso, conjuró una fantasía, obviamente demasiado buena para que fuera verdad o se cumpliera.
En su mente, se repetían los momentos previos al accidente como antes, pero esta vez nunca pasaba.
Seguía conduciendo con un valor que no conocía y llegaba hasta la capilla, donde tomaba a Rachel de la mano y la apartaba de Finn para hablar con ella.
—No lo hagas—le suplicaba, sujetando su mano—. O al menos, piénsalo bien. No podría perdonarme el dejarte casarte sin intentar una vez más… Convencerte. Sin convencerte de que tienes mucho que hacer antes de casarte. Que Finn te retrasaría. Sin convencerte de que hay tanto que no sabes… Tanto que yo no te he dicho…
Su mirada decía más que las palabras y Rachel la entendía por fin. Abría mucho los ojos y la miraba estupefacta, durante unos minutos hasta que Finn la llamaba irritado porque estaban retrasando la boda. Rachel la miraba a ella y a Finn alternativamente hasta que salía corriendo de la capilla
Tardaban por razones obvias, pero acababan iniciando una tentativa relación. Secreta, para no herir a un Finn aún resentido por la ruptura.
Rachel iría a Nueva York y Quinn la seguiría una vez finalizada su carrera.
Un futuro brillante.
Demasiado bonito.
Pero era una visión que le daba paz. Prefería eso al accidente y al rechazo.
Podía escuchar ruidos. Pitidos. Roce de ropa sobre ropa. Pasos. ¿Había alguien?
Entonces sintió algo. No creía que eso fuera normal. Al menos, no había pasado antes.
Sentía algo cálido en su mano derecha. Un roce suave, seguido de una ligera presión. Le estaban tomando la mano.
—Quinn…
¡Rachel! ¡Era ella! Allí estaba, como todos los demás.
No, no como a todos los demás. Ella iba en su vestido de boda. Justo como ella no quería verla. Puede que su mente fuera más cruel de lo que ella creía. Parecía estar llorando.
¿Era ella quien le tomaba la mano?
No dijo nada más. Parecía que solo la estuviese mirando. Cuánto deseaba poder despertar en esos momentos.
Se concentró al máximo en despertar. Cerró los ojos fuertemente y los volvió a abrir, pero seguía en el espacio blanco, frente a Rachel. Debía de haber algo que pudiera hacer.
La sensación en su mano la distrajo y volvió a pensar en lo extraño que era el sentir algo tan físico. Se concentró en lo que sentía.
— ¡Señora Fabray!—exclamó Rachel de repente— ¡Está moviendo los dedos, está…!
No supo nada más.
Todo se volvió negro por un momento, y después muy brillante. Sus párpados parecían increíblemente pesados de repente. No podía moverse ni un milímetro y los sonidos que antes oía ahogados, sonaban con total claridad. Sobre ella podía ver un techo blanco con luces de neón aquí y allá.
Por fin había despertado. Como de un largo sueño que no podía recordar.
Oía voces y notaba movimiento, pero estaba demasiado cansada como para hacer más que respirar y parpadear.
Sobre ella aparecieron un par de caras de extraños (supuso que de enfermeras o médicos) y, por fin Rachel y su madre, ambas con idénticas expresiones que rondaban entre sorprendidas, llorosas y felices.
Quinn intentó hablar, pero lo único que hizo fue gemir levemente y exhalar aire. Intentó sonreír, y no supo si lo consiguió, pero no le importaba. Cerró los ojos, agotada.
Rachel estaba ahí.
Siento la tremenda espera. Y que el capítulo sea tan corto. Intentaré compensarlo en el próximo capítulo.
He tenido un bloqueo mental bestial durante todos estos meses. En gran parte gracias a los estudios. Espero que de aquí en adelante vaya un poco mejor.
