~Cambio de POV a 3era persona ~

Han pasado dos meses desde el funeral.

La muerte de Orihara Izaya trajo consigo muchos cambios que afectaron de distintas formas a la ciudad de Ikebukuro, muchos más de los que los ciudadanos tuvieron en mente. Como si fuese un pequeño pajarillo en el centro de su nido, Izaya fue alguien que ejerció mucho poder en la ciudad de Tokio. Es por eso que hubo tantos cambios drásticos tras su desaparición.

Y lo más divertido –e irónico– de todo, fue que en consecuencia, hubo igual cantidad de lados negativos como positivos con la muerte del joven socarrón.

Su único amigo, Kishitani Shinra, fue uno de los pocos que realmente sufrió y lamentó la pérdida del informante. Por mucho que sabía todo lo malo que había hecho este en el pasado y de todas las muertes que había provocado con sus pequeños juegos infantiles, aún no podía olvidarse del chico estrella que había conocido durante la secundaria. De aquel muchacho inteligente que le sacó tantas sonrisas en el pasado, que siempre estuvo para escucharlo cuando hablaba sobre –su actual prometida– Dullahan.

Pero ahora, aquel chico se había ido, y en su lugar, había dejado un profundo vacío en el corazón de Shinra, y consigo, trajo dolor, mucho dolor.

Dolor por no haberlo tratado mejor, por haberlo ignorando aún sabiendo lo solitaria y dura que fue su vida. Dolor por dejarlo solo, ya que en el fondo, él sabía que la máscara de "El mejor informante de Tokio" tan solo era una capa de mentiras artificial, y que ––según Shinra–– jamás reveló la verdadera naturaleza que alguna vez fue Orihara Izaya.

Siempre supo lo mucho que le dolió a Izaya el abandono de sus hermanas, pero como a Shinra nunca le importó, jamás puso el tema en la mesa de charla. Se mantuvo en silencio, como todo un cobarde.

Y peor aún, lo empujó lejos de él, abandonó a Izaya totalmente, dejándolo solo ante la dureza del mundo que luego lo convirtió en lo que ya muchos conocen.

Orihara Izaya siempre había sido sarcástico y cínico, desde que lo conoció en la escuela hace muchos años atrás, pero aún así, siempre hubo veces en las que el frío azabache realmente se abrió al moreno y le enseñó su ––por pequeña que fuese–– faceta amigable y cariñosa, la cual brotaba especialmente cuando sus hermanas estaban a su alrededor. Pero, todo cambió cuando pasaron a sus últimos años en el instituto Raijin. Aquel amigable Izaya se esfumó en su totalidad, y fue reemplazado por el frío informante que luego ejerció caos en la ciudad...

…Y Shinra se quedó parado, sin hacer absolutamente nada para evitarlo.

¿Y cómo terminó todo?

Terminó con la muerte de su primer amigo.

Sintió como unas manos frías se posaban sobre sus hombros, sobresaltándolo un poco. No había comido mucho últimamente, y el sentimiento de culpa le había proporcionado muchas noches de insomnio que, con el paso de los días, se hicieron visibles en los negros sacos que ahora descansaban bajo sus ojos. La histeria poco a poco comenzó a ser notable.

Sonrió vagamente al reconocer a la dueña de aquellas frágiles manos blancas.

– Celty –susurró, girándose hacia ella. Aunque, lo primero que vio no fue el humo sobresaliente del cuerpo de la chica, si no que el PDA que se le fue casi incrustado en el rostro.

[ No te ves muy bien. ] Leyó mientras se arreglaba los lentes.

– Bueno… –comenzó–. Sabes que la muerte de Izaya me afectó un poco…

Su semblante ensombreció.

[ Ese hombre era sólo un problema, tú me lo dijiste una vez. ] Le recordó, al parecer confundida. Durante los veinte años que había estado junto con el joven Shinra, Izaya nunca había sido alguien a quien se le pudiese considerar "un ángel".

–No puedo decir que no lo es, digo… Que no lo fue, pero, aún así... Siempre lo consideré como mi amigo… –Sintió como su propia voz se comenzaba a desmoronar en un frágil hilillo inaudible. Casi parecía un pequeño niño necesitado.

Indecisa de sus próximos movimientos, la motociclista finalmente se decidió por regalarle un pequeño abrazo al moreno, para luego volver a mostrarle su PDA.

[ Él está en un mejor lugar ahora. ]

El pequeño, casi inmediatamente se alteró.

– ¡Claro que sí! ¿Cómo no estarlo después de tantos años de soledad? Todo el mundo le dio la espalda. ¡Tanto sus padres como sus hermanas e incluso sus amigos! Hasta… Hasta Shizuo lo dio como un caso perdido… Todo el mundo menos los gánsteres y mafiosos le dieron la espalda. Todos…

Pareciera que estaba a punto de echarse a llorar cual crío indefenso. Pero la motociclista lo ignoró esta vez, y prestó toda su atención al escuchar el nombre del falso rubio en su comentario.

[ ¿Shizuo? ¿A qué te refieres? Si los vi peleando el otro día… ]

El de cuatro ojos suspiró resignado, como si ya no tuviese nada que ocultar luego de la muerte de su amigo.

– Shizuo no peleaba con Izaya porque lo odiara, bueno, claramente no eran amigos tampoco, pero él no reaccionaba a las provocaciones de él por enojo, lo hacía porque sabía que Izaya estaba falto de atención –aclaró, claramente nervioso–. Fue algo así como una caridad.

Se notó como el humo que procedía de la supuesta cabeza de la muchacha cedió unos segundos, para luego liberar una gran nube oscura, que por lo visto demostraba la gran sorpresa que ésta se llevó.

Y así, sin decir nada más, la motociclista volvió a trabajar, sintiéndose por primera vez realmente consternada por la lamentable vida que tuvo el pobre informante. Quería quedarse un rato más con el castaño, pero, después de hacer tanto viaje en busca de su cabeza, necesitaba dinero.

Shinra, por su parte, volvió a sentarse en su pequeño y oscuro agujero, sintiendo como la culpa se mantenía persistente dentro de su interior.

A penas escuchó el estruendoso golpeteo que se llevó a cabo desde el otro lado de la puerta perteneciente a su apartamento.


Un rubio falso caminaba junto a un moreno por las calles de Ikebukuro. El rubio, que usaba un impecable traje de camarero junto con unos lentes violáceos, se llevó un cigarrillo a la boca, dándole una gran y necesitada colada.

El moreno, bien conocido como Tanaka Tom, se dirigía al siguiente lugar de trabajo, listo para cobrar todas las deudas pendientes de sus clientes.

– Todo está mucho más silencioso ahora ¿No, Shizuo? –Dijo, dirigiéndose al de ojos color moca.

El otro, entendiendo inmediatamente a lo que se refería su jefe, se rascó por detrás del cuello, no muy interesado en el tema.

– Sabía que tarde o temprano iba a ocurrir –se limitó a contestarle–. Tanto tú como yo sabíamos en los líos que se había metido. Yo le dije que se mantuviera alejado de la ciudad, pero él insistió en quedarse por aquí.

El moreno asintió.

– ¿No lo vas a extrañar? Era tu mejor fuente para quitarte el estrés –bromeó, pegándole un suave codazo.

El rubio se encogió de hombros, tomándose la supuesta broma como algo que realmente debía de considerar.

– No sé si lo extrañaré precisamente a él, después de todo… Era una simple pulga –apuntó, algo irritado–. Pero me dan pena sus hermanas –dijo, mirando al cielo–. Parecían realmente afectadas.

– Bueno, a mí nunca me cayó bien –finalizó el otro.

– Menos a mí, pero nadie merece morir –respondió, dando un largo bostezo–. ¿Por dónde anda Vorona? –agregó–. No la veo desde la hora de almuerzo.

– Llegará en unos minutos, me había dicho que tenía una urgencia que atender –respondió el otro, mientras revisaba su móvil.

– Ah… ¿Y cuánto falta para llegar? –Volvió a preguntar, tirando la colilla del cigarrillo a un lado.

– Ya llegamos.

– Oh.

Y así, ambos desaparecieron en el oscuro portal que daba la entrada a uno de los departamentos de sus nuevos objetivos.

Mientras tanto, en la azotea del mismo edificio, dos mellizas andaban tomadas de las manos, una de ellas con los ojos hinchados de tanto llorar, mientras que a la otra se le veía sumamente decaída.

Ambas se parecían a unos cadáveres andantes.

Parecían no haber comido nada en los últimos días, y sus pómulos sobresalían demasiado en comparación con sus mejillas, demostrando lo delgadas que se encontraban.

La de pelo largo –que lo tenía divido en dos trenzas que caían por sobre sus delgados hombros–, miró vagamente a la otra de pelo corto.

– ¿Estás lista, Kururi-nee? –Preguntó, subiéndose torpemente al barandal del edificio. Su delgadez le hacía sentirse extremadamente cansada, por ende, no podía hacer los mismos trucos que realizaba estando sana.

Ya estabilizada, miró hacia abajo y divisó pequeñas hormiguitas transitando en la calle, totalmente despreocupadas de lo que estaba a punto de suceder.

Comenzó a sentir un terrible vértigo, pero aún así, permaneció en su lugar, sin retroceder.

La otra, le devolvió la mirada, totalmente absorbida en sus pensamientos.

– Sí, Mairu-nee –le respondió con un tono seco por la carencia de líquidos en su sistema.

Al igual que su hermana, también trepó la baranda, balanceándose un par de veces para ganar estabilidad. Casi se cae en el intento, pero la otra le ayudó tomándola firmemente de la mano, hasta que ésta pudiese encontrar el equilibrio necesario.

A diferencia de su hermana, Kururi decidió no mirar hacia abajo antes de tiempo.

Se mantuvieron quietas hasta que una brisa suave les acarició el rostro, anunciándoles que ya era tiempo para que se despidieran de todo. Lamentaban abandonar a sus padres, pero, más aún lamentaban la muerte de su hermano mayor.

A pesar de que jamás fueron las mejores hermanas del mundo y se la pasaban molestándolo, el cariño que le tuvieron era más grande de lo que aparentaba.

– Iza-nii –. Susurraron ambas, mientras, aún tomadas de la mano, saltaban del barandal, mirando al duro cemento de la calle que les esperaba en la caída.

"Por fin" pensaron. "Por fin podemos tener una vida feliz junto a nuestro hermano".

Lo que ellas no sabían, era que su pobre hermano no las estaba esperando desde el otro lado.


Shin: Poooooor cierto, no se esperen romance entre Vorona y Shizu-chan por favor. Vorona paulatinamente terminará haciendo su aparición en la historia, pero ella y Shizuo serán simples compañeros de trabajo QuQ. No digo que la odio, la verdad la encuentro un personaje bastante cool y tiene su onda cofcofcofmentira,ladetestocofcofcof pero pero… No sé, ODIO el ShizuoxVorona ––vomita––.

Pd. Gomene, quería hacer un mínimo de 2000 palabras por capi, pero al parecer estuve corta de imaginación con este QAQ.