¿Nani? ¿Tengo que Cuidarle?

La Hokage en persona le detallo la historia de aquel individuo, del odio que le profesaba a Naruto, del odio que todos le provocaban, Temari atendida con atención, memorizando cada detalle, iba a pasar una larga temporada teniendo que encargarse de ese hombre. La hokage le explicó que la había solicitado a ella ya que era de las pocas kunoichis que más misiones de rango A había realizado y que además estuviese libre y tuviese muy buenas valoraciones de otros ninjas… La pobre Temari se iba hundiendo por momentos, esa misión se le iba a hacer eternísima, además apenas tendría tiempo como para poder salir a los baños a relajarse o si quiera comer en el Ichiraku, prácticamente iba a vivir en esa prisión como cualquier preso, bueno como cualquiera no, tendría todos los privilegios posibles en semejante lugar.

Empezaba ese mismo día, ni acomodarse ni descanso se viaje ni nada. Solo le permitieron introducir en aquel lugar su enorme abanico, ya que sólo ella era capaz de manejar semejante armatoste y de sacar provecho de sus cualidades. Entró y directamente la metieron en una estancia al lado de la de su preso, era bastante fría, cosa que contrastaron dándole varias mantas, de todas formas apenas si pasaría tiempo ahí, su misión era mantenerlo vigilado las 24 h del día.

Ciertamente aquel individuo le intrigaba, no parecía peligroso, si no más bien herido, no sólo físicamente, sino también en su orgullo. Parecía fuerte y de personalidad amable, aunque sabía que era bastante calculador y manipulador, que ella hubiese visto no se había movido ni un ápice de cómo lo vio por primera vez.

Entró y se colocó en una silla al lado de este, leyendo u pequeño libro de mano y de vez en cuando le miraba a ver si se había movido un poco. Parecía que ya anochecía, bueno, más bien supuso que anochecía porque el cuerpo empezaba a pesarle y empezaba a amodorrarse un poco.

El tiempo iba transcurriendo y ella empezaba a notarse cada vez más cansada, pensó por un momento ir a su "cuarto" y tumbarse un rato, pero lo descartó ya que tenía órdenes de vigilancia 24 h. mientras estaba empezando a dormirse que las sombras que provocaban las antorchas le parecían ligeras aves creyó ver que él se movía, parpadeo y no notó ningún cambio asi que lo dejo correr.

Cuando cerró los ojos por fin notó un inmenso dolor en el cuello que hizo que los abriera de golpe, no notaba nada, sin embargo se estaba ahogando, como si unas manos le apretasen el cuello con fuerza dejándola sin oxígeno. No sabía que hacer, su cuerpo tampoco le respondía y empezaba a perder la visión por la falta de oxígeno.