¡Michas gracias por sus comentarios, de verdad que me hacen feliz!
Nota previa: Sobre la vestimenta de Kiku : El Kimono masculino: El Haneri es "el kimono que va adentro" bajo el Kimono formal, el obi es el cinto, el haori es el pequeño abrigo que se ponen, el Hakama son los "pantalones" holgados sobre el Kimono:) me he permitido un poco de banalidad en el escrito y le he vestido de mi color favorito… -verde- como referencia pueden ver como esta vestido en su CD...
Feliz Cumpleaños
¡Feliz Cumpleaños Kiku! – Se escuchó el llamado al otro lado de la puerta del pequeño dormitorio del Japonés, el aludido abrió los ojos al llamado, aún era temprano pero el sol ya asomaba en su ventana, dicho sol entraba con sus rayos casi dándole en la cara, Kiku se sentó y talló sus ojos y se bajó del tapanco donde yacía su cama para abrir la puerta pero no encontró a nadie; en esta situación el cumpleañero decidió bajar al segundo piso de la casa donde vivía para buscar a su hermano.
Ambos hermanos vivían en una casa de tres pisos, una casa alta pero muy estrecha. La planta baja constituía el café así como el piso de arriba era parte del mismo, en el segundo piso se encontraban la cocina particular, la habitación de Yao, el baño y una pequeña sala-estudio, hasta arriba en el tercer piso solo estaba el dormitorio de Kiku, nada mas. Era una casita cómoda a la habían llegado muchos años atrás, había sido de un pariente quien se las dejó a ellos, después Yao empezaría a adaptar la parte de abajo para el café. A pesar de tenerse el uno al otro, ambos podían contar con el apoyo de la comunidad del barrio.
Kiku encontró a su hermano en el primer piso, a punto de abrir el café.
-¡Hoy tendremos muchas visitas! – Comentó emocionado – te celebraremos con los chicos.
Unos ruidos se escucharon en la parte de abajo y Yao mandó a su hermano a abrir la puerta, cuando lo hizo pudo ver a los vecinos ahí quienes le felicitaron y le sonrieron, la gran mayoría eran ya de edades adultas, tanto él como su hermano- que era diez años mayor que Kiku- se habían visto rodeados de adultos quienes les rodeaban como a una gran familia. El japonés se sonrojó al darse cuenta que había bajado a abrir la puerta aún con los pequeños pantalones y la playera de algodón que conformaban su pijama, así mismo su cabello largo era una maraña que mas parecía un estropajo. Puso una sonrisa nerviosa y subió corriendo las escaleras hasta el segundo piso para ducharse y vestirse decente. Al ver eso, los demás rieron y Yao bajó con ellos a darles la bienvenida.
-¡Ha crecido mucho! ¿Cuánto hace ya que llegó a ti?
Yao les sirvió te a cada uno de los siete y después de recargarse en una pared pensativamente respondió – Hoy se cumplen ocho años desde entonces.
-¡Ocho años!- respondió otro - ¿Recuerdas como andaba siempre descalzo por las terrazas o persiguiendo gatos?
-¡Oh, me temo que aun lo hace! – comentó otro entre risas, Yao rio también.
Su hermano "adoptado" había llegado a él cuando la abuela que cuidaba del pequeño Kiku había muerto, el chico japonés no había conocido a sus padres, Yao tampoco, él había sido educado por esa gente que ahora bebía el té con él. Tenía 17 cuando decidió quedarse con el niño.
Después de unos minutos de charla el cumpleañero bajó las escaleras y se sentó con ellos, llevaba de nuevo un traje de ropas chinas con manga larga y el cabello acicalado, vestido y peinado así se parecía mucho a su hermano mayor, de no ser por la cortina del fleco que caía sobre su frente.
-¡Mírate! Ya con quince años… ¿Quién diría? Apenas ayer parece que fue cuando me toco verte siendo un recién nacido- comentó uno de los presentes.
Kiku se atragantó - ¡No mienta! – reprochó y los demás rieron. De pronto se escuchó la campana sonar y todos voltearon a la entrada, era usual que los clientes llegaran desde tan temprano lo que era inusual era que los clientes entraran con un ramo de rosas en solitario desde tan temprano. ¿Tendría una cita?
-¡Kiku! – Arthur le llamó desde la puerta y todos voltearon a ver al aludido. "¿Qué hace aquí?" se preguntó mentalmente el japonés quien se levantó sorprendido y se disponía a avanzar hasta el rubio cuando otro de los presentes habló.
-¡No se quede ahí mi buen amigo, venga y siéntese con nosotros!
- Parece que el pequeño Kiku ha recibido una visita de uno de sus amigos – comentó otro y Yao fijó la vista en inglés.
-… uno muy fino… - dijo en voz baja el hermano y avanzó hasta Arthur - ¿Es usted un conocido de Kiku? - cuestionó curioso fijando sus dos ojos sobre el chico viéndolo de arriba abajo.
-¡Ah! – Kiku respingó acercándose a ellos- ¡s...si! – Al oír esto Yao se encogió de hombros.
-¡Ah, vale! No sabia que tenias amigos de fuera – miró a Arthur una vez mas – no se quede ahí, acompáñenos, justo estamos celebrando.
Arthur pudo sentir la mirada de desconfianza por parte del chino y realmente respiró cuando Kiku habló para confirmar que se conocían, respingó suavemente a la invitación y siguió a Yao.
-¿Celebrando? – preguntó volteando a ver a Kiku quien asintió levemente.
-…mi cumpleaños…
Yao los oía a lo lejos y solo rodaba los ojos.
-Tu… ¿Cumpleaños? … Wow... Entonces llego en buen momento… ¿Podemos hablar brevemente a solas?
Kiku asintió y disculpándose con los presentes subió con su acompañante al segundo piso.
-¡NO SE TARDEN! – Yao aseveró con los brazos en la cintura viéndolos subir.
-¡No!...no, solo será rápido…
-¡JÁ! – Yao reprimió la burla que estaba apunto de hacer y volvió con sus visitas.
Una vez arriba ambos tomaron asiento en la pequeña sala, El inglés observó el lugar, parecía tan surreal, todo era de colores rojo, dorado, café y verde. Era como si hubiese sido transportado a China de la nada, el aroma que inundaba la habitación era un aroma cálido y dulzón, miró a Kiku frente a frente, éste no llevaba los lentes puestos y la ropa se veía menos grande que las veces anteriores.
-¿Y bien? – El japonés preguntó con las manos cruzadas. Seguía enojado y Arthur pudo notar ello, pero tenía que hacer el intento, por el bien de todo, por su propio bien.
-Para ser sincero no esperaba verle de nuevo – aseguró el pelinegro – Y si he admitido conocerle es para ahorrarle problemas con mi hermano, puede ser bastante inquisitivo.
-¡Ya vi! – Dijo el otro alzando levemente la voz - ¡Casi me quema con la mirada! –soltó un bufido- Cual sea, esto es pera ti...es. Es en señal de disculpas, ¡No quiero vivir con esa culpa! - le dijo entregándole las flores. Kiku las tomó y las examinó unos segundos antes de olerlas, el corte de los tallos de las flores era desigual y recto, definitivamente no habían sido compradas, habían sido cortadas de forma inexperta; por él, por Arthur.
-Es…estas flores… ¿Crecen…en su jardín? – preguntó suavemente alzando la mirada para encontrarse con la del rubio quien le miraba curiosamente. Y es que Arthur no había podido apartar la vista del chico mientras las veía, de nuevo su pálida piel tenia el maduro color del durazno justo en la zona de las mejillas, era una forma sutil que había descubierto para interpretar el estado anímico de Kiku sin tener que preguntarle. De pronto la pregunta del japonés lo sacó de sus pensamientos.
-b…bueno – se aclaró la garganta – La variedad que tenemos en el jardín de la mansión es de la mejor… si te das cuenta los pétalos son mas gruesos…y es mas aromática…si…
-Así…que… ¿le gusta la jardinería? – Kiku preguntó y un rubor se hizo presente en la cara de Arthur. Aquel chico asiático sabía leer muy bien algunas palabras y situaciones. El inglés asintió levemente.
-Un poco… me gustaría adentrarme más...en ello.
-¡SE ESTA ENFRIANDO EL TE! – Yao gritó desde las escaleras para llamarles.
-¡Ya vamos! – respondió el menor.
-¿Y bien? ¿Aceptas mis disculpas? Por todo…
-Mmh… - asintió un par de veces – Yo también debo ofrecer mis disculpas, me parece que he actuado muy imprudentemente ayer – aseguró haciendo una leve reverencia. Y Arthur sonrió tomando entre sus dedos la delicada coleta que se hizo para adelante cuando Kiku se inclinó, la acarició suavemente y después Kiku se levantó.
-Será mejor que bajemos, o mi hermano se pondrá furioso… por cierto, sería un honor que nos acompañara – le dijo sonriendo cálidamente.
- Seguro… por cierto… ¿Cuántos años cumples?
-¿Mmh? – Kiku sonrió irónicamente – 15 años. –dijo dándose la vuelta apresurándose por las escaleras.
-¡15 años!
Arthur había calculado que precisamente Kiku era mas joven que el, pero había calculado que fuera un chico de 16 años a punto de cumplir 17, aunque ciertamente se veía mucho mas joven que eso, incluso para los 15 años se veía aún muy joven. Por un momento Arthur se quedó cuestionándose a si mismo sobre su elección. ¡Había robado su primer beso a alguien de 14 años! , el rubio se dio un golpe en la frente mientras bajaba las escaleras. "Y aun así parece ser mas sensato que muchos de los que conozco" – pensó cuando le vio de nuevo sentado con los demás visitantes que ahora eran muchos mas. Kiku había dejado las flores en una jarra con agua y platicaba animosamente con ellos.
Por un momento Arthur decidió dejar atrás todo lo que sus costumbres implicaban y se volvió uno en la charla con los invitados y con Kiku quien a menudo les protestaba las burlas que le hacían, Yao poco a poco se fue suavizando pero aquello no significara que no tuviera sus sospechas respecto a la repentina amistad de su hermano menor con un chico como Arthur, pues éste era obviamente fino y lo que menos deseaba eran problemas con esa clase de gente, sin embargo Arthur parecía acoplarse bastante bien a las cosas. A menudo los hombres hablaban en chino y Kiku mismo, en aquel idioma les respondía en tono de reproche, Arthur pensó que era…lindo dentro de todo. Al llegar el medio día él se disculpó diciendo que debía irse, los demás lo despidieron como si llevaran años de conocerse, al salir del establecimiento, acompañado con Kiku, se volteó para decirle unas palabras.
-tu gente es muy alegre…
-¡Ah! Les ha agradado hablar con alguien que les cuenta cosas como las que usted es capaz de contarles… ¿En serio tiene un laberinto de rosas? – Arthur asintió.
-Como sea… ¿Crees poder salir a las cinco de nuevo?
-… ¿hoy? – El japonés dudo levemente antes de asentir – seguro…
- En serio quiero disculparme por lo de ayer… no es lo que piensas… - dijo tragando saliva, por un momento el pensamiento "Es mucho peor" se puso en su mente y se sacudió la idea – No es como que moleste que me vean contigo…eran solo unos asuntos con ellos – explicó- dime… ¿Te gustaría conocer el laberinto de rosas?
Kiku le miró unos segundos ¿De que se trataba todo esto? ¿Lo buscaba, le pedía una cita, lo había besado DOS VECES, se disculpaba y ahora lo invitaba a conocer su jardín?... En definitiva era un comportamiento muy raro, pensó Kiku, no podía dejarse convencer tan fácilmente, había algo debajo de todo esto. Volteó a ver a los invitados y vio que desde ahí no podían observarlos. Suspiró un poco aliviado después de todo.
-¿Si o no? – Arthur insistió; para él el tiempo era oro puro, no podría arriesgarse a perder días tratando de conquistar a alguien, miró a Kiku y pensó que en definitiva este sería muy duro de convencer, empezaba a arrepentirse cuando el otro asintió.
-Está bien supongo…
-Bien, pasarán por ti entonces a esa hora
-Espere… ¿Pasarán?...
-Ajá...enviaré a uno de los choferes para que venga por ti y te lleve a la mansión ¿De acuerdo?
-¡un chófer! ¿Está loco?... n…no puedo…
-Shhh. No pasa nada… - le aseguró. – es un rolls royce negro ¿De acuerdo?
-n… ¿No?...no lo estoy… - Respondió pero Arthur solo rodó los ojos y le dio una palmada en la cabeza.
-Entonces nos vemos mas tarde… -Arthur se dio la vuelta para empezar a caminar - ¡Ah! Se me olvidaba… - regresó sobre sus pasos y se inclinó para besar al japonés tomándolo por sorpresa, Kiku abrió los ojos de golpe pero no se retiró, cuando Arthur se separó, el chico asiático solo se llevó una mano a la boca para cubrirla. – Feliz cumpleaños- Dijo el rubio con una sonrisa torcida y riendo levemente se separó de él por completo y empezó a caminar lejos de ahí.
-… ¿Qué significa todo eso? – se preguntó a si mismo, definitivamente no pensaba confiarse del todo a las palabras del rubio, acarició sus labios y se sonrojó levemente. ¿Qué se suponía debía hacer? Por supuesto que le gustaba, Arthur no solo era demasiado bueno con las palabras, sino que además era bastante asertivo con lo que quería. Casi parecía imposible negársele a sus ocurrencias, de alguna forma con el poco tiempo de verlo había podido captar ciertas cosas de su personalidad. Y lo sabía, le molestaba que algo se le negara. Era un hombre muy orgulloso y ciertamente molesto, pero al mismo tiempo caballeroso… ¿Qué se traía entre manos? Kiku no podía creer completamente en sus palabras, que un chico aburrido se acercase a un chico tan "X" viéndolo desde varios ángulos podría pasar , pero que ese chico le buscase para salir, le besare, y le pidiera disculpas definitivamente era extraño, y mas aun que lo llevase a su casa. ¿Sería seguro? Aun así le dio el beneficio de la duda. De cualquier modo, Kiku sabría defenderse en bastantes situaciones. Al finalizar sus pensamientos regresó con sus invitados a pasar el resto de la tarde de su décimo quinto cumpleaños.
Arthur sabía que tenía el tiempo en contra, sabía que había escogido a una persona por demás complicada para tal plan, así mismo una parte de sí le pedía reconsiderar lo que estaba haciendo, pero para ese tiempo ya era demasiado tarde, ya había involucrado al chico demasiado, otra cosa es que no iba a permitir que su familia volviera a humillarle si el presentaba una decisión y luego se retractaba. Tal como Francis le había hecho entender cuando le comentó y le puso al día de lo que estaba pasando.
"¿Y si te retractas? Sabes muy bien que eso solo te traerá mas burla, así que tendrías que ir todo el camino con el chico"
Arthur había cavilado la situación durante todo el día, Incluso había dado una vuelta por el centro de la ciudad y había encontrado algo que planeaba usar mas adelante; pronto darían las cinco y eso significaría que le volvería a ver, le tendría en los rincones de su jardín, de su casa, de su lugar. Arthur sacó lo que había comprado en el centro de la ciudad: una pequeña cajita de terciopelo la cual abrió y sacó una sortija de tamaño pequeño, era de oro blanco con un diamante negro y redondo. Era una joya costosa y visualmente hermosa, Arthur la había escogido por el motivo de que, después de todo, Kiku podría conservar la pieza. Francis lo encontró absorto analizando el anillo.
-Le quedará bien – Dijo al entrar en el salón – Tiene las manos pequeñas así que resaltara delicadamente.
-¡Avisa antes de entrar o haz ruido!... ¿Qué tal si hubiera sido ella?... no quiero malos entendidos si alguien mas me ve sosteniendo esto antes de tiempo. – Reprochó guardando el anillo de inmediato. Francis soltó un bufido.
-¿Así que piensas ir...con todo?
-No puedo retractarme lo sé…
- ¿Entonces?... ¿Qué harás si acepta?
- ¿Cómo que, que voy a hacer?... seguir con todo por supuesto…
-¿Casarte? – Preguntó de forma inquisitiva, Arthur solo asintió. - ¿Y…que pasará después?
-Pues… que pasado el tiempo… ya sabes…siempre existe la opción del divorcio.
-¿Divorcio? ¿Cuánto tiempo darás a tu matrimonio si es que acepta? ¿Una semana? ¿Qué harás si Marianne también se casa Mmh?
-… ¡Ya te lo he dicho divorcio!... ¡no puedo retractarme! Debo cumplir con todas mis palabras…
-¿Ahora resulta?... ¡no todo es tan fácil! Encima con alguien tan joven… Hey… ¿Recuerdas la opera que vimos en Milán?...
-¿La…del americano y la chica Japonesa? ¡Oh por favor, no empieces, no es lo mismo!
Francis suspiró. -Solo espero…que no dañes demasiado a las personas que estas involucrando.
Arthur lo miró severamente tomando de nuevo el anillo entre sus manos.
-No… claro que no. – aseguró.
Arthur no lo aceptaría del todo frente a Francis, pero había algunos puntos antes de que "lo que debiera pasar" sucediera. Primero antes de todo, sus padres deberían aceptar al nuevo fiancé de su hijo, esto era ya de por si demasiado complicado, pero lo verdaderamente complicado de la situación era, convencer a Kiku de decir que si. ¿Después de todo quien dice "si" a una propuesta de esa naturaleza el tercer día de conocer a alguien?
Si decía que no, eso iba a ser verdaderamente decepcionante.
Por otro lado, si todo salía según sus absurdos planes, y el chico decía que si, los padres debían aceptar y Arthur estaba seguro que iban a objetar duramente. Es decir para que todo siguiera su curso tendrían que suceder esas dos cosas. ¿Cuál era la posibilidad que esas dos cosas sucedieran?
Cinco campanadas sonaron en el reloj del salón principal y retumbaron en la mansión, Arthur se apresuró a comunicar el mandado al chofer para que recogiera al japonés.
"No deje que hable con nadie mas durante el trayecto, ofrézcale un breve recorrido por el centro de la ciudad, pero no deje que nadie le hable, tráigale directo al jardín, y guíele directo al laberinto de rosas, el que se encuentra en la parte sur"
Kiku subió las escaleras hacía su habitación, los invitados siguieron hablando y bebiendo un poco con el hermano mayor, Kiku simplemente se excusó y subió a cambiarse de ropas; de alguna manera le incomodaba la idea de que le subieran en uno de esos costosos y lujosos autos, la mayoría de la gente aún andaba a pie o tomaba el tranvía. Fastidiado por la etiqueta resolvió usar uno de los Kimonos que tenía, algo especial. Kiku gozaba dentro de todo de mantener afianzadas sus raíces niponas; practicaba y hablaba japonés usualmente. Tener un kimono no era algo raro después de todo, el chico era el mas feliz cada que llegaba un cargamento de mercancías directas de Asia, pues muchas veces estas incluían cosas de Japón.
Se vistió con un Kimono color verde olivo con su Hakama de color verde claro, un obi* dorado y un haori *de un color verde mas brillante con estampado blanco de flores de ciruelo, debajo su kimono dejaba entre ver el haneri* de color dorado con blanco. Al final colocó una bufanda color lima sobre sus hombros y la enredó sobre su cuello y bajó las escaleras para salir por la puerta delantera del café donde vio a unos de los chicos que trabajan con el y su hermano y se despidió de ellos antes de irse, su hermano le miró con reproche, pero ya estaba enterado de que saldría, claro está no tenia todos los detalles de aquella salida pero había aceptado que finalmente , su hermano menor estaba creciendo y no podría frenar aquello; Yao suspiró y lo miró partir , acto seguido tomó un sobre blanco de su escritorio, uno que había llegado en la mañana y lo leyó con detenimiento.
-Dime...que es mentira… -dijo en un susurro leyéndolo nuevamente.
Kiku alzó la vista y puntualmente había un auto negro brillante, la laca reflejaba los faroles del barrio chino, al llegar, el chofer le dio un cordial saludo asintiendo con la cabeza y le abrió la puerta de la cabina del auto en donde el pelinegro entró con ligera desconfianza, el auto se movió tan solo un poco y Kiku se sentó con las manos en su regazo mirando por la ventana, se sentía incomodo y torpe, una situación sumamente confusa, algo que jamás hubiese pensado, de repente la cabeza le daba vueltas; por unos minutos pensó en Arthur a medida que el carro avanzaba por las estrechas calles empedradas de la ciudad, pensó en sus cálidos y juguetones ojos color olivo, su sonrisa sofisticada y segura y su cabello color dorado pálido, así mismo sus expresiones – pensaba Kiku – denotaban que se imponía seguridad a si mismo a fin de evitar ser atacado por un flanco fácil.
Kiku suspiró.
Por supuesto que cualquier persona hubiese encontrado fascinante encontrarse en un auto lujoso rumbo a una mansión mucho más lujosa, a encontrarse con un chico como Arthur, por supuesto que si ¿Cuántas posibilidades existían? Tal incluso pareciese un cuento de hadas, pero la vida no es un cuento de hadas ¿Cierto? ; Algo turbio debía existir de trasfondo; el pelinegro acomodo un mechón que volaba libremente detrás de su oreja. A esas alturas no sabía si estaba determinado a conocer si había una verdad o no. ¿Por qué se había vestido así? Claro está por la situación pero no quería volver a exponerse, jugueteó un poco con sus sandalias y miro de frente, una gran mansión blanca se miraba en el horizonte, abarcaba mas de la vista que profería la ventana, Kiku la observó detenidamente antes de que el auto parara su marcha y de nuevo volvió a verse con el chofer quien cumpliendo las estrictas órdenes del joven Kirkland, le llevó hasta una zona donde lo primero que pudo ver fue una alta pared de hojas y rosales trepadores.
-El señor le espera al final del laberinto.
¿Hablaba en serio? ¿Arthur esperaba que caminara todo el trayecto hasta el centro del laberinto solo para verlo? , el japonés soltó un suspiro agotado y se dirigió a la entrada, tenia muchas cosas que decirle al rubio, así que levantando suavemente el Hakama con sus dos manos se internó en el laberinto.
Dio vuelta en la primera entrada y se topó con otro pasillo lleno de flores giró a la derecha para encontrarse con pared, aquello empezaba a desesperarlo; quizás pocas veces mostraba su enojo, pero había bastantes cosas que lo molestaban a sobremanera, la falta de cortesía de algunas personas o la incapacidad de algunos para contener un estornudo en medio de una platica seria, las mentiras, el uso de la ropa incorrecta en épocas del tiempo incorrectas y algunas veces el ruido de los pavorreales al pavonarse frente a las hembras, eran cosas que encontraba molestas pero siempre se contenía, por que enojado, podía volverse una persona muy intransigente.
Giró en su trayecto otra vez y se encontró con otro pasillo largo, fastidiado empezó a andar a zancadas y giró a la derecha de nuevo para encontrar otra pared, entonces retrocedió hasta encontrarse con otro pasillo y una zona aislada, ¿Era el centro? Kiku avanzó más rápido al punto casi de tropezar con una piedra en su sandalia de madera pero se detuvo de los rosales. Mala idea pues hirió su mano con unas espinas, besó su herida y lamió su dedo sangrante avanzando con gesto de pocos amigos por el laberinto, de pronto al llegar al punto asilado sintió una mano que le tomó por atrás, de la cintura y le levantó brevemente.
-Hay una gruesa raíz ahí, si no te fijas por andar de berrinchudo podrías caer… - Arthur le susurró levemente - ¿Estas bien?
El japonés lo volteó a ver, en principio con sorpresa y segundos mas adelante le empujó suavemente. Respiró profundamente y solo entonces profirió unas palabras.
-¿Por qué me hizo venir hasta acá?
-¿Hasta acá?...esto no es la mitad del laberinto, tu sabes, he tenido que venir a buscarte por que te estabas tardando mucho – Arthur le dio dos palmadas suaves en la cabeza -¿Quién diría? – comentó riendo. - Pero… ¿Me vas a decir que no es hermoso? Rosas a donde sea que gires tu mirada.
En efecto había rosas a donde sea que se volteara a ver, eran de la misma variedad de rosas que Arthur le había entregado en las mañana, por un momento Kiku sintió pena por esas rosas que ahora decoraban su habitación y que habían sido destinadas a una muerte así cuando podrían estar llenando de vida aquel esplendoroso jardín-laberinto. Arthur tomó el brazo del pelinegro y le llevó mas adentro del laberinto, por unos momentos Kiku pensaba en alguna manera de huir , en el mundo actual no se sabe si el que camina junto a nosotros es un asesino serial o algo peor, sin embargo continuó su marcha hasta que llegaron al centro del sitio.
-En realidad, soy el único que se sabe este pasaje de memoria- dijo cuando al llegar le invitó a tomar asiento en una banca de madera que por fortuna estaba seca, en invierno las heladas caían y empapaban todo, Kiku se preguntó como las rosas podrían mantener tal esplendor en un clima tan adverso. Pero es que a ellas les gusta el frio.- pensó.
Kiku se quedó viendo el lugar aun de pie sin animarse a tomar asiento junto al rubio, Arthur lo miró, siempre había visto a Kiku ataviado en ropas que para él sobrepasaban lo exótico, pero de alguna forma en esta ocasión se veía por demás…¿Adorable era la palabra? Como a una pequeña figura decorada con ropa de papel, pues la almidonada tela del Kimono de Kiku parecía hecha de este material, el color verde olivo resaltaba sus ojos y la bufanda le daba un toque mucho más inocente. Después de todo solo tiene 15 años – pensó.
Cuando finalmente tomó asiento a su lado, Arthur buscó la forma de tomar sus dos manos, heladas y pálidas, las miró durante unos segundos y notó las rojas heridas que había sufrido con el rosal minutos antes, el rojo contrastaba con la blanca piel. Tuvo una sensación que le recorrió el cuerpo entero, no quería volver a ver dañada esa piel, no quería que Kiku volviese a resultar herido, de alguna forma se había conectado con él, de alguna forma ahí, los dos a solas, fue el momento oportuno para sentir a su corazón latir con fuerza, violentamente como si estuviera a punto de estallar; el hormigueo aumentó y apretó suavemente esas manos entre las suyas, las unió entrelazando los dedos, manos frente a frente; pudo notar la confusa expresión en el rostro del asiático, poco a poco su mente se fue aclarando, acarició esas manos con suavidad y alzándolas besó a ambas con delicadeza, las miró, una de ellas habría de lucir el anillo que había comprado, repasó su plan mentalmente una y otra vez y empezó a sentirse nervioso, subió su mano hasta la mejilla del Japonés y la acaricio con los dedos suavemente; en una extraña reacción Kiku cerró los ojos con calma, aun se le notaba tenso y confundido pero parecía querer llevar las cosas en calma, no preguntar demasiado y dejarse llevar.
-No abras los ojos por favor… - Arthur le dijo en un susurró suave y aterciopelado mientras aun acariciaba su faz. Kiku asintió sin preguntar nada. Entonces, de su bolsillo, el rubio sacó el anillo y contempló, pronto, ese anillo adornaría la pequeña y delicada mano del japonés. En ese momento y bajo la luna que ya estaba imperando en los cielos, Arthur sintió con toda seguridad y con toda verdad que lo que esperaba en ese momento, era un "si". Eso era todo lo que necesitaba oír, el mundo podría irse lejos, ya no pensaba en su plan inicial. Solo quería escuchar a esos pequeños e inexpertos labios pronunciar las palabras mágicas, un "si" y todo estaría completo en su vida. Conteniendo la respiración, el chico tomó la mano de Kiku y separando el dedo anular colocó el anillo deslizándolo hasta la base y contempló unos segundos la escena.
Al sentir el metal en su dedo Kiku apartó suavemente la mano abriendo los ojos de golpe, sorprendido, confuso y curioso. Miró su mano y luego a Arthur con gesto de profundo desconcierto en sus ojos. - ¿Qué es esto? –preguntó viendo el anillo.
-Un anillo, desde luego – Respondió el Inglés sonriendo, adoraba fastidiarlo de esa manera.
-¡Ya se! Pero… ¿Por qué pone usted algo tan valioso en mi mano?...
-Es tuyo…
-¿De que se trata todo esto? – su tono de voz iba alarmándose poco a poco. Arthur suspiró.
-¿Sabes que significa?
Kiku sabia que significaba, pero no quería creerlo. Por supuesto que todo era demasiado absurdo para él, no podría siquiera pensar en cómo, Arthur había llegado a semejante punto ¡Un anillo en su mano! Kiku miró el anillo de nuevo ¡Era demasiado fino! , definitivamente no podría con eso. ¿Qué estaba pasando? –se preguntó.
-Te estoy pidiendo matrimonio – Arthur le dijo de forma suave pero firme.
Normalmente, cuando a alguien se le pide matrimonio, esta persona sonríe y estalla en llanto, pero Kiku permaneció atónito a las palabras del rubio ¿Matrimonio? ¿Qué era esto? ¿Una broma? , el pelinegro sacudió su cabeza. - ¿Matrimonio? ¿Esta usted riéndose de mí? Podre ser joven, pero no idiota – aseveró.
Arthur no pudo evitar soltar una leve risa – no, no lo eres - replicó. – Es sólo que, hay quienes quieren que me case pronto, y he decidido salir a buscar a la persona yo mismo antes de que me escojan a alguien – añadió. En ese momento Arthur no supo que parte de esa oración era verdad y cual era mentira.
-…. ¿y ha decidido que una persona al azar a la cual conoce de tres días es la indicada para compartir el resto de su vida?
Arthur asintió.
-¡No puede estar hablando en serio! – dijo y se puso de pie.
-Oh si, hablo muy en serio, pero no me tienes que responder ahora, piénsalo bien…
-Si respondiera ahora mi respuesta sería no y no creo que cambie pronto –replicó y Arthur solo suspiró. Por supuesto que iba a ser difícil que hubiera dicho que si. Kiku intentó quitarse el anillo cuando el rubio lo detuvo.
-Es tuyo, ya te lo dije, consérvalo.
-Eh… ¿No?...no puedo. Lo siento no puedo conservar algo tan valioso.
-¿Me vas a decir que por esto ya no puedo buscarte? – le preguntó con un tono de inocencia y Kiku se sonrojó levemente. Arthur se paró frente a él. - ¿Tanto te disgusto? –le preguntó mirándole fijamente.
-N...no… no me disgusta – Kiku desvió la vista, aun podía sentir el anillo en su dedo, aun no se había acostumbrado.
-Entonces… ¿Por qué me rehúyes tanto? Es como si tuviera que capturar a un gorrión…
-…tal vez a usted le gusta jugar al cazador…
-Ciertamente… - le dijo de manera suave aproximándose a él y acarició la larga coleta de cabello negro. - ¿Pero que pasa cuando he encontrado lo que buscaba?
-¿Lo ha encontrado?
-…por accidente…si...dime… ¿Te gusto?
-…no lo se… - Kiku respondió con la vista en el piso y volteó a ver a Arthur tan solo para encontrarse con los hermosos orbes color verde. Se quedo pasmado al verlos. Arthur parpadeó un par de veces antes de volver acercarse a él.
-¿Puedo? – preguntó de manera suave y el pelinegro asintió con delicadeza. Entonces y solo entonces el rubio volvió a inclinarse sobre el suavemente rozando con delicadeza los labios del otro quien los partía gradualmente antes de que se unieran, Arthur le besó con delicadeza, enseñándole, gozando, abrazando el pequeño cuerpo pegando al suyo, acariciando el cabello sintiendo el aroma herbal que desprendía, poco a poco el otro cruzó ambas manos detrás del cuello del británico dejándose llevar por completo, con los ojos cerrados respondía a aquel contacto intentando no ponerse tenso o nervioso y tan solo disfrutó la sensación.
Al romper el contacto se detuvieron a mirarse fijamente; era extraño pero confortable. No hubo necesidad de muchas palabras, Arthur tomó la mano de Kiku entrelazándolas y llevándole a la salida del laberinto – Vamos al salón susurró.
Por primera vez se sintió seguro con lo que era y lo que tenía en sus manos.
Al llegar al salón se encontraron con Francis y Alfred que iban saliendo del salón donde tenían una mesa de billar por lo que ambos mantenían en las manos los tacos de juego; ambos los miraron de reojo y el francés no pudo evitar mirar hacia la mano de Kiku que mantenía puesto el anillo ¿Había aceptado la propuesta? , acto seguido dio un ligero codazo a Alfred que también vislumbró la joya. Un "Wow" mudo salió de su boca.
-¿Han visto a mis padres?- Arthur preguntó de forma tajante y recibió un "no" como respuesta. Arthur suspiró. – Iré a buscarlos entonces… - volteó a ver a Kiku y le susurró – Espérame aquí… ¿De acuerdo? – El pelinegro asintió observando todo a su alrededor. Era demasiado lujoso, ni siquiera las lámparas estaban exentas de lujo. Decidió explorar el salón sin ir muy lejos.
Alfred y Francis se retiraron a su lugar de nuevo, a la sala de billar donde mantenían una curiosa conversación sobre lo que acababan de ver.
-¿Lo has visto?
-¿Entonces no era broma? ¿Todo es cierto?
-Me temo que si… -respondió el francés- pobre chico… ¡Se ve tan inocente!
-Pero todo esto… ¿Para vengarse de su prometida? ¿No es mucho? ¿No es más fácil….?
-pero estamos hablando de Arthur… y ya vimos que es capaz de proponer casamiento a alguien solo por fastidiar a su familia
Ambos rubios hablaban tranquilamente sin imaginar aquel "chico inocente" estaba escuchando sus palabras, sintiendo un balde de agua fría caerle por todo el cuerpo. Pero no podría solo salir huyendo ni siquiera sabía donde estaba ¿Qué tan desesperado podría estar Arthur para recurrir a algo tan bajo? – Kiku se preguntó y justo en ese momento Arthur regresaba a su lado acompañado de sus padres. Una pareja de rasgos finos, ambos elegantemente vestidos caminaron hasta el y le miraron fijamente. Probablemente Arthur ya les había hablado de él puesto que le saludaron cordialmente por su nombre. El japonés trató de mantener la postura. Claro está, Arthur no les había contado todo. Justo en ese momento bajaba de las escaleras una chica de cabellos castaños y ojos azules ataviada en rosa que se quedo viendo la escena con curiosidad y se acercó a ellos.
-Sucede que… -Arthur tomó la mano de Kiku que tenía el anillo y la alzó a la vista de los presentes- les presento a mi fiancé. –dijo con seguridad y una sonrisa ladeada en la boca causando la sorpresa de los presentes, Marianne y su madre se taparon la boca y el padre tranquilamente encendió un cigarrillo.
Sin embargo el mas sorprendido fue Kiku mismo. ¿Qué estaba haciendo? ¿Así que ese era el plan completo? ¿Hecho realidad frente a sus ojos?
La madre abrió la boca para protestar pero fue detenida por el padre. Quien tan solo soltó un – Mañana hablamos Arthur- y se dio la vuelta pidiendo a las damas que lo acompañasen.
Cuando ambos chicos quedaron de nuevo a solas el sentimiento de incomodidad del menor fue creciendo mas y mas al grado de humedecer los ojos, pero obvio, no se iba a permitir eso.
-Quiero…ir a casa… - pidió lo mas respetuosamente que su voz le permitió.
Arthur entendió por un momento el sinfín de lo que podría estar pasando en su mente, le hubiera gustado decir "en serio, piénsalo y di que si" pero las palabras no salieron de su boca; sin embargo si el pelinegro accedía a su petición, Arthur encontraría ya una forma de imponer su decisión desde luego.
No se iba a retractar.
-Te llevaré, vamos – le dijo extendiendo el brazo para cederle el paso, Kiku caminó a su lado y cuando salieron de la casona el mas joven se abrazó a si mismo.
-¿Podría… ir yo solo, así como he venido? – Arthur escuchó atentamente y le miró preocupado.
-¿No quieres que vaya contigo? – Preguntó y el pelinegro solo negó suavemente.
-Está bien – replicó - …que te lleven a casa. – respondió resignado.
Ambos caminaron y el pelinegro subió al auto que estaba por arrancar, Kiku levantó una vez mas la vista mirándole tristemente entregándole algo en las manos antes de cerrar por completo la puerta.
-La próxima vez que tenga un plan maestro busque no involucrar a otros – dijo de forma fría.
-Kiku… no… espera… ¿Qué? – Arthur trató de asimilar en vano lo que sus oídos escuchaban.
-Y por favor… No vuelva a buscarme… - dijo cuando el auto marchaba hacia la salida dejando al rubio profundamente consternado, preocupado, desolado.
-...- Arthur miró en su mano para descubrir el anillo - …
El rubio analizó la situación una y otra vez. ¿En que momento Kiku se había percatado de ello? Repasó los últimos instantes y se dio cuenta de un detalle curioso.
No se había percatado de la presencia de Marianne en absoluto. Era como si ella hubiere sido borrada del mapa por que en ese momento solo le importaba sostener la mano del chico que se acababa de alejar devolviéndole el anillo que le había otorgado previamente.
Sintió un dolor inexplicable en el pecho, lo único que quería era detener ese auto, frenarlo y bajar a Kiku de ahí, explicarle todo, pedirle que reconsiderara.
-No te quiero perder… - dijo mirando el anillo.
-Un… ¡mocoso! – Marianne gritaba con fuerza en el estudio del padre de Arthur. – ¡ha elegido a un sucio chiquillo sobre MI! – se señaló a si misma- ¡¿Qué pasa con él?! ¿DE QUE SE TRATA TODO ESTO?
-¡Calma! –El señor Kirkland se frotó el puente de la nariz - vamos a respetar su decisión.
-¿Qué? ¿Y así pide que me calme? ¡TIENE QUE SER UNA BROMA!- la chica movía los dedos con desesperación.
-Cariño… - la madre intervino - … ¿A que te refieres con respetar su decisión? Creí que ya teníamos todo trazado…
El hombre suspiró.
-¿Es que no se dan cuenta? Arthur quiere provocarnos ¿Cuánto crees tu que dure su jueguito antes de que se retracte? Por favor… ¿Creen que en verdad él es capaz de algo así en serio? Solo nos está fastidiando…
-¡Pues muy bien hecho! ¡Me ha fastidiado mucho!
-¡Cálmate!... –el hombre empezaba a perder la paciencia- Juguemos su juego. ¿De acuerdo? Aceptemos su decisión…veremos cuando Arthur se cansa de esto. Además… falta que el compromiso se haga público, así que…- miró a su esposa- tendrán que preparar al chico, ya veremos si el pequeño se adapta a un riguroso adiestramiento de etiqueta.
-¡¿Educarlo!?
-Exacto… después de todo… Tenemos que refinarle ¿O no? – el hombre sonrió.
-No creo que se adapte a lo estricto… - dijo la esposa satisfecha.
-Cuando Arthur se dé cuenta, de que no puede estar con alguien sin clase pues… -volteó a ver a una desesperada Marianne. – te preferirá ¿De acuerdo?
La chica asintió. –Claro que no voy a permitir que ese chiquillo entrometido se salga con la suya – pensó.
-Lo sabe… -Arthur entró al cuarto de billar con sus amigos – Kiku se enteró de todo y se ha ido…- dio un golpe en la pared.
-¿Se enteró de…todo? – Francis volteó a ver a Alfred y ambos entendieron donde había estado el error.
-¡Se fue!... ¡expresamente me ha pedido que no lo vuelva a ver!
-¿Y dime, por que te afecta tanto? – Francis preguntó tratando de mantener la compostura, sin embargo Arthur se abalanzó sobre el tomándole del cuello – por que…
-¿por qué de verdad te gusta? – El americano inquirió llenando de tiza uno de los tacos para pegarle a la bola blanca en la mesa.
Al oír esas palabras Arthur agacho la mirada y soltó a Francis quién solidariamente puso una mano en su hombro. El inglés se sacudió.
-Y encima de todo humillado frente a mi familia, pero eso ya no importa… - sacó el anillo y lo arrojó a la mesa donde cayó en uno de los agujeros del tablero.
Francis suspiró y sacó el anillo observándolo suavemente, lo limpió. –Wow- pensó – realmente escogió algo muy fino. El francés lo talló en sus ropas y se lo puso en la mano a Arthur.
-Búscalo de nuevo. – le dijo.
-¿Qué?... ¡no voy a acosarlo!
-¿Acosarlo? Yo no diría eso, trata de hablar con él una última vez ¿Por qué habrías de rendirte? Se hombre y corrige tus errores.
-¿Te gusta no?... ¿Qué tiene de malo que hagas un último intento? – preguntó Alfred.
Arthur los observó y luego posó sus ojos en el anillo.
-Bueno, ahí lo tienes Kiku – el japonés se reprochó a si mismo cuando caminaba hasta la puerta de su hogar, el café aun estaba abierto pero no había rastro de su hermano en el establecimiento así que supuso estaría arriba. - Si había algo raro después de todo. - subió las escaleras donde encontró a su hermano en el segundo piso, en la sala-estudio con un papel entre las manos.
-Kiku… -dijo al verlo entrar, su voz sonaba tan quebrada que al oírlo el menor se apresuró hacia él.
-¿Qué sucede? – Preguntó y su hermano le extendió el papel donde Kiku pudo leer.- ¿Esto…es…?
-Una orden de incautación… ¿recuerdas el hombre al que le firmé unos documentos? Ha cometido fraude… no ha pagado ni un céntimo de lo que pidió… y se dio a la fuga…-rio de manera acida- ¡Era mi mejor amigo!... y ahora… nos quitarán todo…
Kiku no daba crédito a lo que oía. Habían traicionado a su hermano y ahora por requisición pronto les quitarían todo lo que tenían en la vida si no pagaban una considerable suma de dinero. Las cosas no podían ser peores, el café, su casa, su patrimonio estaba en juego y sin ninguna posibilidad de salvarlas. Por unos segundos Kiku lamentó haber devuelto el anillo, por seguro que la pieza valía una fortuna pero sacudió esos pensamientos. Eso no era honesto después de todo.
-D… Debe haber algo que podamos hacer… buscaremos la forma. Y si no…trabajaré mucho para que al menos podamos movernos a un lugar seguro… - dijo para tranquilizar a su hermano quien le devolvió la sonrisa.
-Empezamos de la nada… gracias a que nos cedieron esta casa…pe...pero aun podemos resurgir ¿de acuerdo?
Ambos se sonrieron mutuamente, no se iban a dejar caer.
¡Vaya cumpleaños!- pensó Kiku- había empezado bien pero al caer la noche el mundo parecía ponerse en su contra. –suspiró tristemente.
Por supuesto que le había dolido el desengaño.
Fin del capitulo 2
N/A:
En serio Arthur se cuestiona el por que eligió a alguien que se veía tan joven. Digo… ¿Quién no se analiza después de elegir como objetivo a un chico que luce Tan menor?
Por otro lado es natural que Kiku hable chino, aun cuando sea japonés, se ha visto rodeado de gente de China, ¡su mismo hermano lo es! por lo tanto es coherente.
¡Ah! La cosa se pone algo triste y complicado. Kiku si que ha tenido un cumpleaños muy peculiar…
¡Muchas gracias por los reviews de verdad, así como de tomarse la molestia de leer!
