El convenio y la distancia entre los dos
"La persona con la que te cases, debe ser una persona que saque lo mejor de ti, no lo peor" – las palabras de su abuela retumbaron en su cabeza y Arthur se dejó caer en cama. No había conciliado el sueño en ya varias noches desde aquel incidente y no dejaba de arrepentirse de muchas cosas, el como había sido, no haber sido sincero… ¿Pero que era lo mas molesto de todo? Por un lado desde que había conocido a Kiku había encontrado en él mismo una capacidad que no sabía que tenía, esa extraña voluntad en la serie de eventos que se fueron presentando y con las emociones que se le fueron quedando, desde un principio, el asombro, la calidez y el misterio; la atracción, el anhelo y el deseo; el arrepentimiento y su nueva capacidad para pedir perdón.
…y volver a buscarlo.
Kiku había pues sacado esa parte de Arthur que lo alejaba del capricho que siempre había regido su vida, por el contrario, le hacía las cosas difíciles y el rubio se encontraba en una encrucijada por tratar de hacer las cosas de otra manera… por que dentro de todo aún había algo que Arthur no había dejado y eso era la persecución de un objetivo. Marianne estaba cada vez mas ausente de su cabeza y cada que la pensaba, era en formas negativas, las palabras de la abuela Kirkland permanecían en su cabeza, por supuesto que él mismo, Arthur, era el culpable de la situación en que se encontraba, pero había actuado por la razón de venganza, no iba a poder casarse con aquella chica si ella insistía en tratarlo de esas maneras, siempre, siempre, burlándose de él. Y mediante aquellos caprichos Arthur había encontrado el lado más horrible de si mismo.
Había jugado con las emociones de otra persona.
No es que se hubiese enamorado –aún era muy pronto para eso- pero aquel chico pelinegro, le agradaba, le hacía sentir bien, se sentía cómodo consigo mismo cuando estaba a su lado …se gustaba y disfrutaba saber de lo que era capaz cuando se trataba de Kiku. Había llegado a esa resolución, quizás, no fuese amor –aún- pensaba, pero dentro de todo no hubiera estado del todo mal si se hubiese enamorado de Kiku. Entonces descubrió que lo que sentía en su cuerpo y más adentro cuando sus pensamientos se dirigían al joven japonés, eran más auténticos, vivos, fuertes… y dolorosos que cuando pensaba en la chica o en alguien mas.
Y eran terriblemente dolorosos por que Kiku no quería volver a verlo.
Arthur permaneció mirando el alto techo de su habitación, cuando decidió que debía levantarse por desayuno bajó las escaleras y caminó hasta el comedor, escuchó las voces de sus padres y rodó los ojos, no había escuchado una palabra referente al tema desde aquella noche simple y sencillamente por que Arthur mismo se había escabullido todas las veces, pero hoy no sería un día mas para hacerlo.
-¡Arthur querido!- llamó su madre con una cálida sonrisa mientras bajaba su taza de té, su mano lucía un enorme anillo en ella. – ¿Te dignarás hoy a hablar con nosotros?
Arthur soltó un bufido y tomó asiento. De menos solamente estaban él y sus padres.
-Hemos llegado a un acuerdo – aseguró la madre. - ¿Cierto cariño? – miró al padre directamente.
-Hemos aceptado tu resolución para…- se aclaró la garganta- que te desposes con… ahm…el chico que...Trajiste
¿Había oído bien? Su padre, rudimentario y controlador ¿había aceptado su resolución? Arthur pensó que aquellas eran buenas noticias, desde luego, de no ser por que… Kiku no había aceptado ni aceptaría.
-Lo que si – continuó le padre sacando a Arthur de sus pensamientos – Es que si ese chico va a ser parte de la familia deberá…ser educado ¿Me explico?
Definitivamente había algo detrás de todo, algo tenían pensado sus padres y la única manera de averiguarlo era seguir con su propio plan, pero había fallado. Arthur suspiró sin decir nada y regresó a su habitación dejando a sus padres muy confundidos al respecto.
-¿En serio crees que funcione? – preguntó la madre una vez a solas
-Y si no… ya buscaremos la forma de deshacernos de esta situación… -dijo sonriendo muy seguro de si mismo- el dinero lo arregla todo.
Arthur se terminó de arreglar, estaba dispuesto a hacer un ultimo movimiento, injusto o justo eso no lo sabía pero había algo de cierto dentro de todo. Si él habría de compartir su vida con alguien tendría que ser con una buena persona que sacara lo mejor de él. Por otro lado…
¿Dónde esta? – preguntó a si mismo buscando en su cajón -¿Dónde esta el anillo?
Buscó en todos los cajones y bolsillos, llamó a la servidumbre que de inmediato se pusieron a buscar por la gema, en los jardines, en las estancias, en todos lados…
Pero no había rastro de aquel anillo de diamante negro.
Cansado, harto y frustrado, Arthur se refugió en la terraza cercana a su habitación, el perfume dulzón y francés reinaba en esa terraza, Arthur supo que ella había estado ahí, su rastro era inconfundible, y en efecto sus ojos divisaron la curvilínea silueta de Marianne quien justo en ese momento tomaba asiento en una de las sillas de blanca herradura, su enorme vestido azul cielo hacia un característico ruido al friccionarse con los muebles y el suelo, se sentó junto a Arthur quien trató de no prestarle mucha atención, ella fijó su vista hacia el horizonte y parpadeó un par de veces.
-Los rumores dicen que… haz perdido algo valioso ¿Qué fue Artie?
El rubio la miró unos segundos. ¿Qué podría responder? Pero justo antes de abrir la boca para soltar un deliberado "no es de tu incumbencia" la chica levantó una de sus pequeñas y delicadas manos mostrándosela a Arthur, aquella mano lucía un hermoso anillo de oro blanco y un diamante negro.
-¿De donde lo sacaste?
-¡Oh por favor! No nos hagamos los que no sabemos…es obvio que lo he tomado de tus cosas esta mañana.
-Dámelo…
-¿Ni siquiera por favor? – ella guardó su mano cruzándose de brazos. – Haz estado todos estos días, perdido mirándolo… - ella curvó una sonrisa traviesa – Era el anillo de ese chico ¿Cierto? … el de compromiso – no pudo evitar contener una risita - ¿Te ha rechazado? …
-….eso no te importa – Arthur extendió la mano – dámelo, no es tuyo.
-no, si eso ya lo sé, nunca tuviste ningún detalle así conmigo – fingió una voz triste – nunca te merecí un regalo por simple que fuera pero le regalas una hermosa y única joya a un chico…de esos, sin clase, tu entiendes. No tiene sentido ¿Sabes? Y encima ¡se da el lujo de rechazarte!
-Si, si lo hizo y por eso, él es lo que es – Arthur siguió con la mano estirada – ni tu ni nadie van a cambiar mi mente, ni siquiera él, ahora dámelo.
-No
-Dámelo… - el rubio comenzaba a perder la paciencia.
-Este anillo debía ser mio, ¡No suyo! ¿No lo entiendes Artie?...toda nuestra vida hemos crecido sabiendo lo que nos deparaba el destino, crecimos sabiendo que nos íbamos a casar ¡no puedes hacerme esto!
Ella comenzaba a perder los estribos, pero ella no era así y cuando se escucho a si misma se acomodó el flequillo y miró su mano para después sacarse el anillo y entregárselo a Arthur.
-Tómalo, ya no lo quiero si ha sido usado por él, de todos modos, además… merezco una joya más invaluable.
Arthur apretó la joya en sus manos y la guardó en el bolsillo sin voltear a ver a la dama que se alejaba de la terraza. Por ahora Arthur había recuperado la sortija y eso era lo que importaba. Así que después de unos minutos se levantó de la silla y corrió con el chofer para que lo llevara lo más rápido posible al barrio chino.
Eran las 4 de la tarde cuando Arthur llegó al lugar, sin embargo no logró divisar al pequeño al cual había ido a buscar , se mantuvo esperando cerca del café y aguardó para tener una oportunidad para aproximarse.
-Creí haberle dicho que no me volviera a buscar… - Una voz le dijo a sus espaldas, una suave y asertiva voz ya familiar y que ansiaba y anhelaba volver a escuchar.
Arthur pegó un leve brincó antes de dar la vuelta para volver a verle, sus ojos engrandecieron, era mas grato a la vista que lo que recordaba, ahí, de pie, con sus mejillas ligeramente rojas como fresas que apenas van madurando, el resto de la piel pálida cubierta por la seda china, le miraba fijamente con esos ojos rasgados y oscuros. ¡Ah! Incluso la gracia de su cabello despeinado le daba un toque mas vivo, mas…todo. Pero estaba enojado, cruzando los brazos y pidiendo una explicación.
-Kiku… - tragó saliva - ¿Podemos hablar?
-… ¿no?
-Por favor…
-Estoy ocupado, solo he venido a dejar esto – alzó un sobre- y me voy.
-¿Irte?...a… ¿A dónde?- Kiku desvió la vista bajando levemente la cabeza
-Estoy trabajando en otro lado, como mensajero.
-Espera... ¿Ya no ayudas a tu hermano? – Preguntó desesperado y el más joven negó con suavidad.- ¿por qué?
-¿Por qué? - suspiró – por que sí, por que necesito el trabajo. – Kiku subió la vista cuando al decir estas palabras el rubio le tomó del brazo.
-¿Qué sucedió?
-Nada…
-Kiku…vengo a buscarte…bien… quiero hablar contigo bien.
-No… - intentó soltarse- Como vera… - empezó a forcejear hablando con esfuerzo – tengo problemas mayores que ponerme a jugar con un riquillo caprichoso.
Arthur le soltó provocando que Kiku diera traspiés hacía atrás haciendo que perdiera el equilibrio. - ¡woah cuidado! - Exclamó el británico y de nuevo le tomó esta vez por la cintura y el otro de inmediato se incorporó para liberarse del incomodo contacto.
-Cinco minutos – pidió- y si no encuentras sentido en mis palabras… me alejo de ti para siempre, es una promesa, de caballero
Kiku mentiría si dijera que no estaba de alguna manera ¿Feliz? De verle de nuevo, pero al mismo tiempo era tan desesperante, tan humillante… ¿Por qué estaba ahí después de que había descubierto su mentira? ¿Qué tendría que decirle? Kiku se mordió el labio inferior y suspirando asintió.
-Tres
-¿Qué?
-Tres minutos, le doy solo tres así que empiece ahora.
-Cinco…
-…Cuatro y es mi ultima oferta.
-…bien…cuatro...pero no aquí… necesito que sea un lugar mas privado.
-… - Kiku caminó hasta detrás del café hacía un callejón dejando el sobre el buzón de una casa vecina y acto seguido se cruzó de brazos mirando a Arthur - ¿y bien?
Arthur sacó entonces de su bolsillo el pequeño anillo de oro blanco – Olvidaste esto la ultima vez que nos vimos-
-¡Oh, ni siga con eso!
-Pero es tuyo y me gustaría que lo conservaras aunque… todo haya salido mal.
-Se burlo de mí, me utilizó.
-no….si... Pero yo no quería que fuera así
-¿Quería que le creyera?
-Si… ¡no!... – suspiró frustradamente- ¡Quería que dijeras que si!
-¿Para vengarse? Por favor… tengo otros problemas ¿Sabe usted?...la vida normal es muy difícil. Estamos a punto de perderlo todo si no pagamos en una semana… - suspiró- todo fue un fraude. La gente se burla de otros para salirse con la suya…como el hombre que uso de aval a mi hermano…como usted sr. Que me utiliza para sus planes de niño caprichoso.
Arthur suspiró, le dolían sus palabras, por supuesto pero había una molestia mas lejana – yo no soy así – le aseveró y Kiku soltó un bufido. Aunque no le creyera, Arthur sabía que semejante comparación por mas que justa era carente de fundamento, el no llevaría a la ruina a dos personas arriesgando todo lo que tenían. Una idea cruzó su mente y se sintió la persona más vil del mundo.
-Cásate conmigo.
-¿Qué?... ¿No ha escuchado nada?
-Claro que si… por eso te lo pido de nuevo…
-No entiendo sus ra….
-Si lo haces, si te comprometes conmigo… yo te daré el dinero de la deuda.
-No voy a…. ¿Qué?... ¿porque haría usted eso?... ¿Esta tan desesperado por llevar su plan a cabo?
-mentiría si te digo que no
-¡Hay muchas personas en el mundo! ¡Cualquiera puede serle útil!
-¡Pero no quiero a cualquiera!... – Replicó y el pelinegro soltó un bufido. – Kiku… -dijo suavemente-
-No…
-No lograrán juntar el dinero en una semana… yo te puedo ayudar…
El pelinegro se mordió el labio inferior. ¿Hasta ahí llegaba todo? ¿A un negocio? Miró hacia arriba distinguiendo los tres pisos de su estrecha casita y visualizo a su hermano trabajando de sol a sol para intentar cubrir con la deuda. Se odio a si mismo por no poder hacer mucho.
-La mitad si aceptas ahora…con eso calmas al cobrador…y la otra mitad cuando se lleve a cabo la boda.
¿Eso era todo? Iba a soltarse en un compromiso de esa magnitud, un contrato y nada más, un matrimonio sin amor con tal de beneficiar a ambas partes.
-¿y después? – Kiku preguntó casi de manera inconsciente.
-¿Después? – Arthur meditó sus palabras, todas y cada una de las opciones en su cabeza le ocasionaban un dolor en el estomago – después de un tiempo… te dejo ir.
¿Así era todo? El contrato quedaba firmado, duraba un tiempo las apariencias… ¿Y se separarían? …por que después de todo ¿Arthur iba a casarse con aquella chica? No supo como interpretar el revoltoso y confuso sentimiento. ¿Celos? ¿Rabia? No era que de todas formas estuviera enamorado…
-¿Qué dices?
-n…no sé…. – miró sus propias manos, era cierto, no lograrían juntar la suma en una semana, a lo lejos pudo oír el silbido de su hermano, levantó la vista y vio al rubio ofreciéndole su mano entonces la alzó y tomó aquella mano aceptando el trato. – hecho. – Arthur aferró esa mano y la levantó para colocar el anillo en su lugar.
-Es oficial… - el rubio sonrió ligeramente, de alguna forma la nueva resolución no lo hacia del todo feliz. Había algo que no lo dejaba tranquilo.
Tomó la cara del pelinegro entre sus manos y la alzó con suavidad, Kiku no sonreía, solo le miraba fijamente para después bajar la mirada, rendido, vencido. El semblante era triste, como aquel que se ha dejado caer y no puede seguir adelante, ya no hay mirada sorprendida ni mejillas de melocotón, ya no labios curiosos ni palabras asertivas ni directas, ni siquiera enojo, ahora hay silencio, palidez, y labios sellados con las comisuras rectas. Arthur tuvo la sensación de haber enjaulado al ave más hermosa de todas.
Kiku permaneció en esa posición, sin poder creer en mucho, tal vez ambos fuesen cómplices en mentirle al mundo, pero no podrían mentirse ni a si mismos ni entre ellos. Suspiró y se apartó suavemente antes de sentir que Arthur le seguía sosteniendo con suavidad, y entonces anheló no creer en esa misma suavidad.
- Hey… Kiku… -le llamó suavemente y el Japonés le regresó la mirada – sonríe un poco… - Kiku negó suavemente – Por favor…- y las comisuras se tornaron en una muy fina sonrisa. Poco mas falsa que la teoría de la tierra plana.
¡Oh vamos! – Pensó Arthur- No te quiero someter a algo malo…no es como si fuera lo peor… no me mires como si fuera el villano…
-Será mejor que le informemos a tu hermano – atinó a decir después de un rato y Kiku asintió levemente.
-Definitivamente ¡no! , no puedo permitir que hagas eso, ¡Kiku!- el aludido bajó la cabeza y Yao siguió profiriendo su desconformidad – Es… ¡Entregarte por dinero!
-No tenemos otra opción… - El Japonés se abrazaba a si mismo.
-…buscaremos otra…ésta NO.
Arthur los miraba y finalmente suspiró – Te lo voy a devolver ¿Si? – dijo intentando poner un punto final en la discusión misma que se quedó en silencio por un espacio de incomodos minutos para los tres presentes.
-¿Qué?...
-Lo que oíste… después de la farsa… Te prometo que Kiku regresará a casa.
-¡Es usarlo!... ¡no es un objeto!
-¡Es lo que necesitamos! – Replicó el mas joven – Ya tome mi decisión… no tenemos otra opción ¿De acuerdo? No podremos juntar la suma en una semana…. - todas y cada una de sus propias palabras, le herían, pero no tenía otra opción que aceptar la propuesta del rubio. Suspiró cansinamente.
- esto es una locura, de estas rebajando no hay honor en tus acciones… - Yao aseveró hablando en su lengua natal.
-Lo siento, pero es necesario… ¿De que otra forma si no esta? De menos de que podemos confiar en el… es lo único que he podido hacer por ti… y si prestarme a una treta de venganza salvará nuestra casa entonces lo haré
Arthur los miraba quietamente.
-¿Podrían tratar de no halar en…chino o lo que sea que estén hablando? Es ofensivo…no saber si me insultan o no.
-¡Oh! Yo no necesito otro lenguaje para insultarte y decirte lo que eres, puedo decírtelo en tu mismo idioma ¿Cómo ves? Tu I…
-Hermano… - Kiku pidió con calma. Y Yao soltó un bufido.
-Entonces… te lo llevas, haces ese ridículo plan, y me lo regresas… - Yao inquirió y Arthur asintió a sus palabras.
-A cambio les aseguro que podrán pagar la deuda en la que los metieron y salvarán su hogar…
-… - Yao volvió a mirar a Kiku.
-…no me mires así… -suplicó – es lo único que podría hacer por ti…
-Bien –Arthur suspiró tomando la mano de su ahora fiancé - ¿Ves este anillo? Es la prueba de que es oficial, así mismo esta joya es completamente suya para el propósito que busque posteriormente… todo en pos de gracias por ayudarme con mi propósito.
-…- Yao desvió la vista- ¿Qué le espera allá con los tuyos?... no conociera yo a los ricos…
-No voy a permitir que le hagan daño… - Arthur aseguró.
-…se defenderme solo, gracias. – Kiku replicó tratando de poner un punto final a la discusión. Y Arthur suspiró pesadamente.
-Mañana vendré por ti Kiku, ten tus cosas preparadas…
-¿Qué?... ¿tan pronto…?- El mayor de los hermanos preguntó con la voz consternada y el rubio asintió.
-Para la presentación formal con la sociedad… entre otras cosas como… práctica y eso.
-¿Practica?... ¿lo van a entrenar? – preguntó Yao y Arthur volvió a asentir.
-¿Para enseñarle a hacer trucos? Es un ser humano…
-Sé que soy un ser humano… - Kiku suspiró- pero estaré bien.
Al final del día después de acordados los puntos del convenio Arthur regreso con la sensación más agridulce que hubiese probado nunca. Había pensado en no separarse de él una vez que lo tuviera consigo pero las afirmaciones de ambos hermanos y sobre todo la actitud de Kiku referente a la separación era definitiva. Kiku mismo había tomado partido en el juego y por primera vez Arthur sintió quemarse por jugar con fuego. Lo que había empezado con un plan se había transformado en una necesidad, lo que había comenzado como un truco se le regresaba con la mas agresiva realidad, ahora él era el que se veía envuelto en una pesada red de mentira cuando la persona con la quien había empezado a jugar, jugaba a la par… pero cada segundo odiándole mas.
Al final… admitió haber perdido.
Kiku abrió los ojos con pesadez, el sol aún no brillaba en el cielo así que envolviéndose en sus sabanas intentó volver a conciliar el sueño sin éxito. Aquel día dejaría la casa, su zona segura, para enfrentarse a un nido de víboras y arañas, lo sabía. Aun así respiró fuertemente antes de disponerse a prepararse para partir y despedirse de su hermano. Claro que sería de manera parcial, que le volvería a ver, no era como si no pudiese volver a verlo mientras estuviese en esa jaula de oro, pero la sensación de abandonarle, le provocaba un nudo en el estomago y le daba nauseas. Kiku bajó las escaleras para encontrarse a su hermano mayor mirando a la ventana, el menor lo miró por largo rato viendo como poco a poco amanecía y el sol iba definiendo su esbelta silueta a contra luz, poco a poco sus ojos distinguieron el color de su pelo largo. El menor de los hermanos había siempre intentado imitarlo, por ese mismo motivo él no se había cortado el pelo y lo manejaba similarmente, a no ser por el flequillo podría parecer que el cabello era el mismo.
-Será mejor que tomes un baño – Yao le dijo sin siquiera voltear a verle – Tienes que tratar de estar lo más presentable posible por que te juzgarán por todo, y de todas formas aunque no les des motivos lo harán.
Kiku asintió, lo sabía, iba mentalmente preparado para todo lo que esas personas tuvieran que decirle, así que se terminó de preparar y para cuando se presentó con su hermano de nuevo, el sol ya alumbraba la ciudadela, Yao suspiró abrazando por breves instantes a su hermano esperando por el sonido de la campana de quien se lo llevaría, se lo arrebataría.
Fue puntualmente que la campana sonó y ambos sabiendo lo que sucedería se prepararon para bajar las escaleras, el rubio entregó el sobre a Yao quien lo arrojó sobre la mesa y suspiró. – No te perdonaré si le haces daño – advirtió y Arthur le volvió a asegurar que haría lo posible por cuidarlo.
Kiku bajó con desgano y a paso lento y cuando miró a Arthur esperándole no le dirigió palabra alguna antes, ni durante, ni después del proceso. Ni siquiera se dignó a saludarle una vez el auto.
-por supuesto que así sería - Arthur se recriminó mentalmente mientras miraba de reojo a su acompañante. -Vas a estar conmigo mucho tiempo – aseveró - estarás bajo mi cuidado todo el día, muchos días de hecho, creo que lo mínimo que puedes hacer es tratar de llevar las cosas en calma.
-Cuando llegué el momento de actuar sabré como hacerlo, hasta entonces no me pida que actúe como un hipócrita, señor.
-¿Qué es lo que más te molesta de todo esto?
-… no lo se… ¿Quizás que los ricos creen que pueden hacer todo por que nosotros tenemos la necesidad?
-¿Qué?... ¡yo no me estoy aprovechando de ti! ¡Tú aceptaste!
-Precisamente - el pelinegro replicó y Arthur soltó un bufido.
Al llegar a la mansión el rubio tomó a su acompañante y dando instrucciones a los sirvientes para acomodar la habitación de Kiku, él se dirigió con su fiancé hasta el laberinto para poder hablar en calma.
-¡Bien! – Dijo con tono de molestia- como tú quieras Kiku, ¿Me oyes? Traté de hacer las cosas con calma, hablando, pero parece que quieres que actúe rudamente, pies bien… estas comprometido conmigo, convenio o no, eso es lo cierto.
Kiku solo le daba la espalda tratando de ignorar la desesperación del otro chico.
-Así que compórtate, tanto conmigo como con quien sea, por que créeme, en esta casa yo seré la única persona que te mire con ojos buenos. Así que te sugiero seas prudente con tus palabras… - le tomó del brazo para hacerlo voltear- Te vas a casar conmigo, con el heredero de esta casa, de esta familia y lo mínimo que me debes es al menos mantener la compostura.
Kiku le miró de frente, las palabras de Arthur eran altivas, firmes, asertivas y duras como la realidad, mantuvo la vista en esos ojos verdes y engañosamente inocentes que tenía el inglés quién pasó a sostenerle por los hombros. Lo odiaba. Francamente lo odiaba, odiaba su sonrisa tan segura y su mirada tan asertiva e "inocente" odiaba el tacto de su piel, de esas manos sobre sus hombros que poco a poco se posaban en sus mejillas, odiaba el calor de su cercanía que le hacía temblar y el sutil olor dulce que desprendía ese calor que le hacía sonrojarse levemente. Lo que mas odiaba eran esos labios que engañaban de mil y un formas, sonriendo, besándole y diciendo mentiras con la voz mas irresistible que hacían creer que todo era verdad.
Lo odiaba por que ante su irresistible presencia, Kiku se traicionaba a si mismo.
Arthur acarició la cabeza del pelinegro así como las mejillas con la punta de los dedos. Era tan suave, Arthur había acariciado las manos e incluso una vez, el cuello de aquel chico que miraba fijamente con reproche. Y era suave, pero mas suaves eran los rosados labios que días atrás había besado y tuvo la tentación de volver a renunciar a todos los principios, y tuvo la tentación de arriesgarse a un golpe por parte del otro, pues estaba accediendo a su instinto mas oculto. Suspiró para calmarse aun abrazando al pelinegro quien en ese momento parecía ya no poner tanta resistencia.
-Pero la verdad es que si me gustas – reveló – me gustas mucho… eso nunca fue mentira. – acarició el largo cabello y tomándole por la nuca se acercó lentamente a él disminuyendo el pequeño espacio que los separaba al tiempo que entrecerraba los ojos.
Kiku también cayó en sus palabras y le miró confusamente antes de cerrar sus ojos en la espera del tierno contacto en sus labios. Pero su razón se sobrepuso de nuevo, no podría caer tan fácilmente y antes de que aquel beso se consumara, apartó la vista, bajó el rostro impidiendo el contacto y separándose lentamente rompió el abrazo.
-lo lamento, pero no puedo creerle.
-Kiku…
Ambos se miraron unos instantes, Kiku anhelaba desaparecer aquella brecha entre los dos y creerle, creerle de nuevo. Algo dentro de él lo estaba traicionando. Pero se mantuvo firme. Arthur quería acortar la distancia a largos pasos, tomarle de nuevo insistirle, abrazarle, hacerle creer, quería tomar sus manos irreverentes, callar sus labios. Pero sintiendo el miedo ante el odio del otro, se mantuvo en el mismo lugar.
-¡Oh! Aquí están – la madre de Arthur se acercó a ellos, no estaban muy lejos de la entrada del laberinto. – me han anunciado la llegada de los dos pero no podía encontrarles por ningún lado. – Suspiró- ¡mira que tener que buscarte personalmente Arthur!... – volteó a ver a Kiku y lo examinó completamente- Tu, vienes conmigo, te llevaré con la institutriz para que te prepare y luego hablamos.
Dicho esto tomó al pelinegro del brazo y se lo llevó con ella, él daba traspiés mientras miraba a Arthur quien solo le devolvió una ligera sonrisa resignada. Kiku miró al frente en espera de lo que iba a ocurrir.
Al entrar en la mansión una mujer alta con gesto muy serio y amargo le miró y cruzo los brazos.
-Tu vienes conmigo - le dijo dándose la espalda esperando a que el chico la siguiera. Kiku suspiró y caminó detrás de aquella mujer de rasgos estirados.
El juego había empezado y era hora de enfrentarse a las harpías.
Fin del Capitulo 3
¡Gracias por tomarse la molestia de leer esta historia! ¡Ojala la este disfrutando de la misma manera que yo disfruto escribiéndola!
