Lineamientos: ok Esta vez me tardé un poco en dejar el siguiente capitulo pero la escuela es muy demandante. ¿Recuerdan que mencione que habría otra pareja de forma ligera? bueno pues este no es el capitulo X) asi que no piensen mal ^^ aquello viene mas adelante. Asi que lo que hay en este capitulo no es una ship ;3
De nuevo es un capitulo largo, ¡lo siento!
Parábola Floral
"Bien, bien, bien" la repetitiva frase sonó en el eco y llenó por completo la habitación, Lady Applewhite –institutriz- le miraba con los brazos cruzados y la expresión de sus desorbitantes ojos escrutándole de arriba abajo, por un momento Kiku pensó que –cual arpía- las orbes saltarían de sus cuencas. Sacudió la cabeza para prestar atención a lo que la mujer de rostro amargo podría decirle. Ella levantó uno de sus largos brazos enfundados en terciopelo rojo y desdobló en un ágil movimiento un largo fuete de cuero oscuro con el que golpeó el piso y el joven retrocedió dos pasos. La mujer avanzó hacia Kiku alzando el fuete y con el mismo alzó la coleta del largo cabello del chico.
Ella suspiró pesadamente.
"no se supone que debas de usar el cabello tan largo, eres un chico…"
Kiku no respondió, no estaba en posición de condicionar más su situación, tenia que cumplir con su parte del trato de manera que pudiera salvar el patrimonio de su muy pequeña familia. Asintió levemente y la mujer siguió dando vueltas a su alrededor pegando en el suelo con el fuste.
Claro que había una razón de peso por la cual Kiku había dejado crecer su cabello al punto de poder amarrarlo en una cola de caballo. Yao. La inspiración y admiración por quien le hubiese dado un hogar le había dado la pauta para seguir por ese camino e intentar emularle. No solo se trataba de tener el cabello largo como el… Se trataba de atarse al pasado que le correspondía sus orígenes para recordarse siempre como debía dirigir su vida.
La mera idea de cortarlo le helaba la sangre y le hacia sentir nauseas.
"párate derecho" La voz de la mujer sonó de nuevo sacándole de sus pensamientos, cuando lo dijo lo hizo enderezándole los hombros. "alza la cara" añadió y luego suspiró tocándose las sienes "¡Oh Dios! Va a ser un proceso largo, largo". Lady Applewhite aplaudió dos veces y dos doncellas llegaron a ella para recibir su orden: Ayudar al chico a bañarse, cambiarse y arreglarse por que pronto daría inicio el proceso de transformación y así Kiku caminó a desgana detrás de las dos asistentes con Lady Applewhite siguiéndole los pasos muy de cerca. "¡Camina derecho!" le reprendía en el trayecto.
Al llegar suspiró y pudo notar una hermosa bañera de porcelana con patas de león en color dorado, un cuarto de baño muy elegante y amplio en el cual las chicas llenaron la tina con agua tibia. "por favor" dijo una de ellas invitándole a entrar a la par que se retiraba dejándole la privacidad para el chico detrás de un detallado biombo de madera con detalles en oro y hermosa tela con imágenes floreadas. Era incomodo, jamás había estado acostumbrado a que hicieran demasiadas cosas por el. Y eso era el colmo.
"Mmh..." musitó "yo puedo hacer esas cosas…"
Lady Applewhite llamó a las chicas a su lado del biombo. "No te tardes aún tenemos que arreglar lo de tu vestimenta y cabello"
"¿Vestimenta?" Kiku preguntó desde el otro lado del biombo de madera y tela.
"no puedes estar vestido así, eso es seguro, así que quítate esas ropas que traes puestas"
-¿Esto va a ser diario?- el pelinegro se cuestionó internamente. La sola idea de saber que del otro lado del biombo hubiese alguien mas le molestaba a sobremanera era por demás ridículo y anticuado.
"Oh, esto solo será por hoy, para asegurarnos que hagas todo correctamente" La mujer habló de nuevo con arrogancia como si hubiese podido escuchar los pensamientos del japonés. Kiku dio un suave respingo al escuchar eso y suspiró.
"Cual sea…" respondió "A mi me gustan mis ropas" añadió con un ligero toque retador y la mujer contuvo la respiración a fin de evitar un escandalo. El chico era demasiado irreverente hasta para la más paciente aunque ciertamente ella no era en absoluto paciente. Se talló el puente de la nariz.
"¡Ya te dije que no!" Alzó la voz "Además… Tendremos que corregir tu forma de hablar y responder"
Kiku rio para sus adentros ligeramente satisfecho con la idea de fastidiarla. Sin embargo cuando escuchó la puerta cerrarse pudo denotar que se encontraba a solas y entonces se sumergió en el agua y sus largos cabellos flotaron sobre sus ojos. Cuando ya no pudo aguantar la respiración dando una bocanada para respirar a profundidad y procedió a limpiarse.
Al salir se cubrió en una larga, blanca y pesada toalla y procedió a secarse cuerpo y cabello eliminando todas las gotas que le recorrían que no hacían más que causarle frio. De repente escuchó el sonido de la puerta abriéndose en la habitación seguido del ruido del golpeteo en la puerta del cuarto de baño.
"¡No se supone que te vistas ahí dentro!" La aguda voz de Lady Applewhite sonó de nuevo y Kiku no pudo evitar soltar un bufido.
"¡No puedo cambiarme en un lugar donde entran sin avisar!" replicó antes de abrir y la mujer le miró con el gesto largo.
"No me contestes y ponte esto, asegúrate de acomodarlo bien" dijo tendiéndole las ropas y se le quedo viendo "¡Ah! Casi lo olvido…" La mujer tendió su mano de alargadas uñas color escarlata y le tomó por el brazo jalándole hasta la habitación contigua donde le sentó en una silla dorada con motivos florales. "¡quédate ahí! ¡Y no te muevas, planeo poner fin al asunto de ese cabello tan largo!"
Kiku tragó saliva "... ¿Puedo vestirme al menos?"
"Oh no, hasta que terminemos, de lo contrario de nada servirá haberte cambiado de ropas" Al oír eso el pelinegro suspiró pesadamente resignándose al echo de perder sus largos mechones. Y Aquello fue confirmado minutos mas tarde cuando escuchó el ruido metálico de las tijeras a escasos centímetros de sus orejas. Cerró los ojos con fuerza al escuchar el corte y sentir como sus cabellos eran cortados cayendo como largas tiras de noche sobre una extendida tela de seda blanca que había sido acomodada en el piso con el propósito de salvaguardar los mechones que caían. Lady Applewhite se había encargado de hacerlo ella misma por que ciertamente la ansiedad que le causaba el cabello tan largo era tanta, que ameritaba ella hiciera la labor. Sin embargo a medida que pasaba sus dedos por el cabello húmedo cepillándolo con el peine de plata se percató que no era un pelo que había sido dejado crecer a lo salvaje si no que su dueño era muy cuidadoso con ese asunto. Era más negro que la noche y brillaba como la misma cubierta de estrellasy no pudo evitarlo, pero incluso ella sintió escalofríos al ver todos esos mechones ahora en el piso. Suspiró y decidió no cortarlo todo y dejar un corte de pelo más natural y no tan forzado. Como si hubiera decidido dejarle la cabeza como un pequeño y redondo hongo.
"Ya terminé…ahora vístete aun tenemos mucho por hacer, por cierto que esta será tu habitación" dijo ella saliendo dando un portazo y dos chicas entraron para recoger la seda del suelo. Todo aquello era sumamente incomodo para el japonés quien se paró una vez estuvo solo de nuevo y se miró en el espejo con marco de oro y plata, su reflejo dejó ver a un muchacho que en un momento no reconoció. El cabello con el fleco y las patillas cortas pero espesas y ladeó la cabeza para ver el cabello inclinarse ligeramente. Se sentía mucho mas liviano, eso no podía negarlo pero era como si le hubiesen quitado una parte de su esencia. Dirigió su vista a las ropas que le habían entregado y que ahora estaban sobre el diván de tela floreada. Era un traje sastre blanco con una banda azul ultramar con borde dorado, la ropa era de tela suave y muy elegante, pero Kiku supuso y comprobó al ponérselo que no se sentiría muy cómodo enfundado en semejante y rígida elegancia. Se miró al espejo nuevamente sin poderse acostumbrar a lo que veían sus ojos.
El resto del día estuvo cubierto por actividades en las que la institutriz – fuste en mano- le indicaba que hacer, como subir escaleras, como hablar, como comer, como mirar, como moverse y como saludar. Había pintado una línea con greda en el parquet del amplio jardín de la mansión y le puso a caminar sin salirse del rango de esa línea.
"Tienes los pies pequeños" musitó Lady Applewhite "no deberías tener problema en caminar poniendo un pie detrás del otro"
Kiku avanzó colocando un pie detrás del otro con cuidado, se sentía fastidiado de tanta orden, tanto procedimiento hasta para lo mas absurdo, pensó en complicarle las cosas a la institutriz, desesperarla, hacerla renunciar pero eso solamente haría todo mucho mas largo, mas complicado… mas tedioso y eso se traducía en que entonces echaría todo a perder. ¿Cuándo volvería a ver a Arthur? Se preguntó y tanta fue su distracción que tropezó rompiendo con la línea perfecta que llevaba.
"Concéntrate" Lady Applewhite volvió a rugir mientras le alzaba el rostro por la barbilla con el fuete "Vamos, quiero que termines de aprender esto antes de la media noche…"
Kiku caminaba por los pasillos de la mansión poniendo en practica lo recién aprendido, un pie detrás del otro sin que eso le hiciera sentirse menos fuera de lugar, suspiró cuando creyó que nadie lo veía, todo estaba resultando difícil desde el día anterior en que había aceptado el contrato, y en el que se le leyeron varias normas. Miró el anillo en su mano, desde el momento viviría en ese lugar, andaría por los alfombrados pasillos donde posiblemente se encontraría con los demás miembros de la familia Kirkland. Inclusive con los menos deseados. Sin embargo había alguien a quien deseaba encontrarse y que no aparecía.
"Te ves bien" Una voz conocida llenó el pasillo y Kiku sintió su corazón latir con fuerza, se llevó la mano al pecho ¿Desde cuando anhelaba tanto verlo? ¿Era quizás por que era la única persona conocida en ese mundo tan surreal? Volteó para encontrarse con Arthur y sus dorados cabellos y sus ojos curiosos ante el, y no pudo evitar sonreír dulcemente con lo que el corazón del joven Kirkland se emocionó inexplicablemente.
"…me gusta mas como te ves con el cabello corto"
Kiku se sonrojó levemente ¿Qué clase de comentario era ese? "Gracias" respondió con ironía.
"¿ha estado difícil?"
"mucho…." Suspiró "Dicen como hacer todo... ¿Así ha vivido toda su vida?" Preguntó cruzándose de brazos, Arthur se acercó más a él y acarició el recién recortado cabello, Kiku tuvo el impulso de retroceder y sin embargo se quedó ahí, la necesidad de estar frente a una cara conocida estaba causando estragos en su sentido común, o eso pensó.
"no, yo crecí así, de pequeño aprendí y ahora todo forma parte de quien soy" rio suavemente "¿como te sientes?" añadió.
"…incomodo, francamente preferiría estar en mi sitio" Kiku bajó la vista tristemente "Pero supongo que esta bien… extraño hasta mis ropas"
"…" Arthur sonrió "En efecto creo que te sientan mas tus propias ropas" Un paso mas hacia el peli negro y la distancia entre ambos se fue haciendo mas estrecha.
"no durará mucho…" Kiku dijo a modo de protección "… ¿verdad?"
"…No" respondió el rubio "no durará mucho…y pronto estarás en tu casa…" Un extraño hueco se formó en su pecho y retrocedió dos pasos, mentalmente se regañó a si mismo, podría permitirse enamorarse, caer en esa red. Sobre todo cuando el pequeño pelinegro no compartía los sentimientos que se estaban despertando en el. "Me odia…" pensó "Esa es la realidad" Miró a Kiku y entonces volvió a hablar "Bueno, a cambio del sacrificio que estas haciendo en nombre de nuestro contracto… buscaré hacer algo que te sea mas confortable"
"… ¿A que se refiere?" Pregunto Kiku confundido pero no recibió otra respuesta más que una palmada en el hombro
"ya, mañana veremos…debo irme" Arthur aseveró caminando de prisa pasando de largo por el pasillo.
El acelerado corazón de Kiku hizo acto de presencia cuando su dueño estuvo a solas de nuevo. ¿Qué había sido todo ese anhelo? Pareciese como si todo fuese mas frio, la cruel mentira era cada vez mas real. ¿Cuánto duraría? Se preguntó a si mismo sin estar seguro de querer saber la respuesta.
A la mañana siguiente el sol le pegó en la cara y al abrir sus ojos Kiku, vio una habitación desconocida, se sentó en la cama y talló sus ojos antes de pasar la mano por su cabeza para cumplir con la costumbre de acomodarse el largo cabello pero el trayecto terminó antes de lo esperado y suspiró al recordar que lo habían cortado.
Un golpe sordo en la puerta le hizo respingar y escuchó a un sirviente y se paró a abrir la puerta, Kiku supo que con solo decir "Adelante" hubiera sido mas que suficiente, pero no era algo que el pudiese contemplar. Al abrir sus ojos, frente a frente pudo ver a un par de chicos que cargaban cada quien una gran caja.
"Un envío del amo Arthur"
Cuando los chicos dejaron la caja sobre el diván, salieron para continuar con sus labores y solo entonces Kiku se acercó a la caja abriéndola con cuidado, entonces descubrió un poco de tela suave que sacó de la caja rebelando varias piezas de distintos colores.
"Kimono…" Dijo al tomar uno de ellos y extenderlo ante sus ojos. "¿…A esto se refería? "Una ligera risa se hizo presente y entonces decidió vestirse con esa prenda, se acomodó cada una de las partes acariciando la exquisitez y finura de la almidonada tela, al terminar de colocarse un Hakama a juego se miró en el espejo con marco de plata y contempló su persona enfundada en el precioso Kimono, así mismo se miró de nuevo con el cabello corto y una voz conocida sonó en su cabeza "…me gusta mas como te ves con el cabello corto" la voz de Arthur retumbó en su cabeza y el pelinegro se sonrojó frente al espejo.
"Creo...que el corte...no es tan malo como creía" se dijo a si mismo antes de sacudir la cabeza a esos pensamientos y decidió terminar de arreglarse para salir a buscar a Arthur y darle las gracias por el detalle de "Hacer mas confortable" su estancia en ese lugar.
Caminó por los pasillos de mansión con la esperanza de encontrárselo, y es que si en algo se permitía franqueza, Kiku no sabía donde encontrar a su "prometido", suspiró pesadamente cuando en lugar de encontrarse al rubio se encontró con la intensa mirada de Lady Applewhite quien tenia un gesto desaprobatorio; Kiku entonces pensó, se refería a su vestimenta.
"Yo no se "Dijo la mujer entre dientes, como si cada palabra que pronunciara le costase un esfuerzo titánico "Yo no se, por que el joven Kirkland ha decidido dejarte vestir así" la resignación en su voz parecía querer quebrar la cordura en su persona.
"De cualquier forma es mejor que nos demos prisa y vayamos al comedor, por que aprenderás mas modales en la mesa" de nuevo el tono arrogante de su voz hinchaba el pecho de Lady Applewhite.
Por la tarde Arthur hablaba con un grupo de caballeros de manera animosa, cuando en medio del salón sus verdes ojos divisaron la pequeña figura de Kiku y su precioso kimono , sonrió y se disculpó con los presentes para ir hacia el . El grupo de hombres se quedó contemplando la escena y uno de ellos enfocó la vista sobre Kiku, no hizo más comentarios.
"…Te ha gustado…" afirmó Arthur sin tener lugar a dudas al verlo. Kiku dio un respingo.
"Debe dejar de hablarme tan súbitamente… me asusta" Kiku le miró y luego suspiró "Gracias, ha sido un agradable detalle…y son hermosos" añadió
"Me alegra, creo que es lo mínimo que te debo después de la presión moral a la que te están sometiendo" El pelinegro asintió a esas palabras. "Y de cualquier forma me encargaré de que te lleguen mas"
"No debería" dijo de manera determinante "no estoy acostumbrado a recibir tanto, y si los he admitido ha sido por desesperación"
"Entonces admite lo venidero por tu desesperación Kiku, por que no me detendré para darte unos cuantos presentes"
"… no sea tan insistente, recuerde que esto es un pacto y no puedo quedarme en deuda con usted" Arthur le miró con reproche.
"No… Kiku, no quedarías en deuda… por cierto…"
"Mmh?"
"¿Te placería acompañarme el día de mañana en un paseo a caballo? Aun gozo de montarlos"
"…nunca he montado uno…"
"Yo te enseño…veras que no es difícil"
Kiku se mantuvo renuente unos momentos antes de asentir levemente.
"Excelente" musitó el rubio "Otra cosa…"
"¿Qué más?" Kiku respondió dando un toque irónico a su voz
"El próximo sábado daremos una fiesta, en ella te presentaré como mi fiancé así que necesito prepares tu mejor actuación"
"Entiendo" Kiku asintió a la par que su corazón dio un violento vuelco. Y estuvo demasiado ocupado con su propia reacción como para percatarse del miedo en la voz del joven Kirkland.
En cuanto Arthur se retiró de ese sitio para continuar con los caballeros y su paseo, Kiku siguió caminando en su tiempo libre lejos de la mirada de Lady Applewhite, así que aprovechó para perderse unos minutos en el jardín, pensó en lo placentero que podría ser acostarse en el pasto a sentir el sol, pero probablemente eso seria un gesto reprobable por su parte pues, se acaloraría en demasía y ensuciaría el hermoso Kimono que le cubría. Kiku chasqueó la lengua. Días atrás en el circo poco hubiera imaginado que estaría paseando por una de las casas más grandes de todo el reino siendo parte de la aristocracia.
El reloj del salón principal tocó sus campanadas y el sonido llegó hasta los oídos del pelinegro, cortesía del eco del salón. Suspiró pues pronto acabaría su tiempo libre y mejor se dispuso a acercarse al sitio donde tomaría la siguiente lección. Dio tres pasos cuando una suave y melodiosa voz le hizo girarse.
"Felicidades querido" Una chica de increíbles ojos color de mar y cabello castaño y ardiente le sonreía mientras caminaba elegantemente en un vestido color durazno que resaltaba su mirar. "Te estas llevando el gran premio" Marianne le sonrió de forma cínica.
No podía caer en provocaciones, eso lo sabía muy bien, la miró suavemente, a ella y cada uno de sus rasgos perfectos ¿Por qué habría en mundo una criatura así…sola? Kiku entonces escrutó en sus pensamientos ¿Por qué Arthur hacía lo que hacía? Al oírle hablar de nuevo no quedo duda del por que Arthur se mostraba tan renuente a matrimoniarse con ella en el momento.
"Es una lastima que no va a funcionar y al final regresara a donde pertenece…. Igual que tu, querido Kiku, regresaras de donde has venido"
Kiku suspiró pesadamente. Aquella mujer lo que tenia de bella lo tenia de peligrosa con un veneno vil y mas cruel que el de una serpiente. El pelinegro entonces cubriéndose la boca con la manga de su kimono respondió cordialmente.
"Probablemente"
Entonces abriéndose paso delicadamente hasta la puerta del salón permaneció en silencio para dejar de prestar atención a sus palabras.
"¡Yo me encargaré de eso!" replicó Marianne furiosa.
Kiku decidió llegar a con Lady Applewhite caminando por el jardín a fin de evitar tropezarse con alguien mas, pero sus plegarias no fueron oídas y de ello se percató cuando en un uno de los bancos de piedra descansaba uno de los caballeros que charlaban con Arthur minutos antes.
"No le hagas caso" le dijo el caballero y Kiku lo miro de frente antes de hacer una suave reverencia, el hombre en cuestión era alto y rubio, con el cabello corto apuntando en todas direcciones y brillantes ojos color olivo. Lucía una cicatriz en su frente. "Esta desesperada por que sabe que ya perdió y no puede aceptar la idea de haber perdido con un chico como tú"
Kiku miró al hombre, realmente no entendía su punto, en ese momento el pelinegro se auto cuestionó ¿Realmente le importaba tanto si funcionaba o no? ¿O es que estaba seguro del resultado?
"Ya veo" respondió Kiku, una vez mas cubriendo su boca con la manga del Kimono.
"no tienes por qué ser tan renuente conmigo" aseveró "después de todo seremos familia" El rubio dijo y Kiku lo miro con sorpresa. "Soy el primo lejano de Arthur" se apresuró a añadir ante el gesto preocupado de Kiku "Me llamo Ned"
El chico entonces se sentó después de haber estado recostado sobre el banco de piedra, Kiku pensó que si él se recostara en los bancos el reproche de la institutriz sería por seguro feroz. Ned dio dos palmadas en el banco a su lado. "ven, siéntate" dijo de manera asertiva. De alguna manera su voz era definitiva, la voz de un hombre acostumbrado a dar ordenes desde el primer minuto de vida, no esperaba un no como respuesta y ante el miedo a ofender a un pariente de la familia Kirkland, el pelinegro resignado tomó asiento sobre el banco de piedra.
"Es raro" dijo Ned "No se si tu me recuerdes, pero yo se quien eres" Su voz fue asertiva de nuevo pero suave, como si tratara de medir sus palabras. "Eres el chico que acompañaba a Arthur el día del circo"
Kiku abrió sus ojos con sorpresa, si trataba de recordar podía ver difusamente ese día y esa escena en que se encontraron con ellos, era demasiado raro, aun así trató de mantener la compostura. "Ya veo" respondió volviendo a cubrir su boca con la manga de su kimono.
"Conozco a mi primo" informó "Y por algo él y yo no nos llevamos muy bien que digamos ¿Quieres un consejo? No te involucres con él" aseveró.
"… ¿A que se refiere?" Kiku respondió suavemente intentando contener su ímpetu por sacar más información, la conversación había dado un giro importante y no pudo evitar sentirse nervioso.
"¿Qué motivos tendría una persona como tu para meterse en éste nido de víboras?... ¿Porqué Arthur te está sometiendo a esto? Cuando digo que se quien eres, no lo digo tan literal pero al menos soy capaz de decirte que no concias a Arthur de mucho tiempo, entonces ¿Por qué casarte con él?"
Kiku le escuchaba atentamente intentando buscar rápidamente una respuesta lo suficientemente creíble para no dejar lugar a dudas. Al no encontrar una optó por ponerse a la defensiva.
"¿No son esas demasiadas preguntas personales?" respondió mirando fijamente al rubio quien asintió levemente.
"Uno termina conociendo mas a las personas con las que se tiene una relación difícil, y te puedo asegurar, que sea lo que este pasando, la relación entre los dos no es lo que aparenta ser" Ned añadió sin titubeos "Es una mentira por parte de los dos, pero no te preocupes, no diré nada" aseguró.
Kiku permaneció en silencio, ¿Qué mas podría decirle?
"No sé que te llevó a aceptar jugar su juego" continuó "Pero te recomiendo que te mantengas al margen, o si realmente es necesario, juegues bien tus cartas"
"¿Por qué me dice todo esto?"
"Porque sería una lástima, que alguien tan asertivo como tú, se viera inmiscuido en una situación tan lamentable"
"lamentable…" repitió el pelinegro.
"Tu no pareces el tipo de persona que se quiera trepar por las ramas de una familia poderosa"
"no, no lo soy" aseguró
"Es bueno oír eso, entonces… ¿Te importaría decirme de que se trata todo esto?"
"Preferiría no revelarlo"
"De acuerdo" comentó con poca resignación "¿Te molestaría si nos volvemos a encontrar?"
"no, por mi está bien" respondió y el rubio entonces se puso de pie asintiendo
"Vas ahora con esa mujer, Applewhite, ¿cierto?" Kiku asintió.
"También ten cuidado con ella, no la retes…" Ned le miró de nuevo y extendió su mano para ayudarle a ponerse de pie. Kiku asintió asistiéndose de su mano para pararse. "Entonces caminarás de aquí hasta ella, y al salir volverás a caminar por aquí ¿cierto?"
"Si, repetiré el camino" informó el pelinegro.
"Entonces te veo aquí, en el jardín cuando salgas"
Acto seguido Kiku asintió antes de seguir caminando hasta el lugar donde había quedado con la institutriz sin dejar de pensar en las palabras de Ned minutos antes. Al llegar continuó con las lecciones que la mujer le instruía.
Cuando la noche cayó y la luna alumbraba plateadamente los jardines de la mansión, Kiku avanzó hasta el banco de piedra donde había visto a Ned horas antes, y al llegar le vio ahí.
"Ah!" el gesto de sorpresa le obligó llevarse una mano al pecho. "Pensé que había llegado a...Buena hora"
"Llegaste a buena hora, es solo que yo llegué demasiado temprano" Ned le miró fijamente "Ven, te acompaño a tu habitación"
Kiku suspiró resignadamente mientras avanzaba con el rubio por entre los pequeños pasillos del jardín formados por las enredaderas y rosas.
"¿Te agradan las flores?" Preguntó de repente y Kiku le miró con sorpresa y asintió. "Tulipanes" agregó Ned. "Son los que mas me gustan" Se detuvo frente a una mata de Tulipanes rosados con centro blanco, justo entonces arrancó una de las flores y se la entregó a Kiku quien la tomó con la duda entre los dedos. "¿Cómo son sus pétalos?" preguntó mientras siguieron caminando.
Kiku acarició la flor con delicadeza "Son gruesos" respondió y Ned asintió severamente.
"Precisamente, es por ese grosor de sus pétalos que estas flores resisten la lluvia y el clima pesado, pueden sobrevivir mucho tiempo a la falta de agua también, los tulipanes son muy fuertes"
Kiku lo miró sin estar seguro de como interpretar sus palabras así que solo permaneció en silencio.
"Se vienen tiempos difíciles" aseguró Ned "deberás demostrar mucho valor para sobrevivir a este nido de arpías, como ya habrás visto" Kiku asintió levemente y sonrió con dulzura acariciando la flor. "Toma el ejemplo de esa flor que permanece perenne ante las adversidades"
El pelinegro observó la flor con detenimiento. La analogía de las flores parecía estar permanentemente unida a su vida. "Los crisantemos no son tan fuertes" replicó suavemente y Ned le miró antes de detenerse en la entrada del dormitorio de Kiku.
"Pero florecen todo el año" fue la respuesta del rubio antes de despedirse del pelinegro. Cuando Kiku ingresó en su habitación caminó hasta el balcón y se recargó en el barandal con flor en mano. En efecto, los crisantemos florecen todo el año, pero es fácil hacerles daño. "Es cierto, debo aprender a sobrevivir a las adversidades" pensó.
La puerta de su habitación sonó con un golpeteo seco y Kiku dejó lo que hacía colocando el tulipán en el agua de un bouquet de flores que decoraba el espacio, abrió la puerta y por ella cruzó Arthur quién se metió de prisa cerrando la puerta, y le miró fijamente.
"¿Qué hacías con el?" Preguntó tomándole de los hombros "¿Qué hacías hablando con Ned?" Kiku lo miró fijamente, Arthur le miraba aun fijamente intentando escrutar con sus verdes ojos dentro de su alma en la búsqueda de cualquier reacción que pudiera delatarle. Kiku no tenía nada que esconder así que frunció el cejo sacudiéndose para lograr que el rubio le soltara.
"Nada" informó "Solo hablábamos"
"¿De que?" preguntó insistentemente, "¿de que hablaban?" Arthur había visto todo, si bien no había alcanzado a escuchar, la sola visión de verles caminar charlando por los jardines de la mansión fue suficiente para encender una llama viva en su interior, la rabia le hervía ¿Qué hacia ese tipo charlando con Kiku? ¿Por qué se había atrevido a darle una flor?
"No se preocupe" Kiku habló fríamente "Que no he hablado de nuestro pacto" sus ojos se encontraron con los iracundos ojos de Arthur y por un momento ambas miradas se fundieron en la furia.
Arthur abrió los ojos desmesuradamente ante la mirada del mas joven, aquella vaga respuesta le provocó una cólera incomoda que le obligó a hablar en tono, vil, frio y déspota para poder auto protegerse de mostrar la mayor de las vulnerabilidades.
"¡No me importa lo que hagas de tu vida!" aseveró "¡Puedes hacer lo que sea! ¡Irte con él si te da la gana!…pero escúchame bien Kiku, tenemos un maldito contrato ¿Me oyes? Y tienes que guardar la compostura y no andarte paseando por ahí recibiendo flores de otro hombre por que, ahora te vi solo yo, pero si alguien mas te ve, no durará en calumniarte… ¡y nuestro plan se vendrá abajo!"
Kiku le miró irritadamente y ya no replicó, tan solo se dio la vuelta cruzándose de brazos "De aquí a la puerta le tomarían 4 segundos, le doy 2"
"No los necesito" Arthur respondió cerrando la puerta con fuerza.
Cuando se quedo a solas Kiku se tiró sobre la cama. "Crea lo que quiera…" dijo mientras se daba la vuelta para mirar el alto techo pintado con motivos dorados "No pondré en peligro su estúpido plan"
Arthur dio un golpe a la pared con el puño cerrado, la rabia le consumía mientras repetía mentalmente la escena de hacía escasos minutos, la escena de Kiku caminando con su primo le consumía también. Había visto una dulce sonrisa en los pequeños labios de Kiku, le había visto contemplar la flor con una felicidad radiante que era imposible de discutir.
Se maldijo a si mismo, Kiku jamás habría podido sonreírle así.
Arthur entró a su habitación dando largas zancadas y azotó la puerta antes de tirarse en cama con la rabia en los puños. "No, no, ¡no!" Dijo golpeando la almohada en la cual ahogó sus gritos posteriormente. "¡No se supone que tu hagas esto!" en aquel momento su cabeza daba vueltas, la rabia contenida empezaba a darle nauseas de forma renuente. ¿Qué estaba sintiendo? Se volvió a reprochar a si mismo. ¡Estaba terriblemente celoso! Arthur ahogó otro grito en la almohada. "que absurdo, que absurdo" se dijo a si mismo "Lo mas seguro es que me odies…tanto, ¡tanto que no puedes mostrarme tu desprecio completamente!"
"No puedo enamorarme de ti, no puedo enamorarme de alguien a quien he orillado a odiarme tanto"
Fin del capitulo 4
Esta historia cliché está llegando llegando a su final. u.u
¡Gracias por tomarse la molestía de leer!
