Abril: … un año y dos meses sin publicar…
Soy un completo desastre….
Prov. Kazekuru.
Abrí los ojos somnoliento. La luz de la mañana se filtraba suavemente entre las hojas, dejando una estela de un verde olivo al llegar al suelo. Pude escuchar el silbido de las aves; dos… tres… cinco o seis tipos diferentes. El sol, justo por salir.
Inhale el fresco aire de la mañana y con un placentero estirón a mi espalda suspire, sacando una sonrisa.
-Hm.- Reí con ironía –Se nota que soy un maldito madrugador.
Estirándome un poco más, dejando mis pies se balancear al borde de la rama donde había dormido, recordé la noche anterior.
Había estado soñando… ¿Exactamente? No lo se… Mas sea lo que fuera me había alterado. Bajo ninguna circunstancia había sido una pesadilla, por su puesto, por que eso implicaría que yo le temía al algo; así que no había modo alguno de que lo fuera. No… había sido algo más, algo que aun no había descifrado completamente.
Fruncí el ceño pensativo y algo molesto por el hecho. Nuevamente sonreí malicioso.
Lo que había sucedido anoche no había sido un accidente. El poder del meteorito nos había unido una vez mas, por un efímero momento… el verdadero Emperador oscuro había surgido.
Busque la conexión emocional que compartíamos. Al borde de mi mente, en el rincón más oscuro del abismo negro de mis pensamientos, se hallaba Ichirouta. Estaba sentado lo mas lejos posible del meteorito, y el, siendo una representación de lo poco que quedaba de su ser, mostraba las claras consecuencias de su aprisionamiento.
Sus ojos exhaustos miraban a la nada temblando con temor. Su cuerpo sufría de temblores incontrolados y perdía color paso a paso, su piel pálida como el papel. Abrazaba sus piernas contra su pecho mientras lentamente perdía la cabeza.
Reí suavemente ante la escena. Podía sentir como se extinguía su ser, desvaneciéndose gradualmente ante la culpa de mis acciones y la incredulidad de los hechos.
-Estas perdiendo la cabeza Ichirouta.- Suspire.
Dentro del abismo Kazemaru tapo sus oídos con fuerza, negando con la cabeza desesperado.
-Deja de hablar por favor.- Dijo con voz quebrada –Deja de hablar, deja de hablar…- Susurro perdido.
Nuevamente reí con suavidad ante sus actos. Muy dentro de mi había algo que sentía lastima por el… pero sinceramente era opacada por lo mucho mas divertido que era verlo así. Solté una sonrisa dientuda.
-Esto es tan divertido.- Pensé feliz.
Prov. Ichirouta.
-Deja de hablar, deja de hablar…- Susurre y susurre. No tenia ni idea que uno podía llorar si no existía… pero después de todo, había muchas cosas de las que no tenia idea.
Seguí cubriendo mis oídos feroz mente mientras Kazekuru reía feliz. Sentí su alegría irradiar de los extremos del abismo como la de un niño pequeño. Era verdadera.
Dos pequeños ríos bajaban por mis mejillas mientras trataba de boquearlo.
Hace solo unas horas me había prometido no perderme en la oscuridad… ahora… no estaba tan seguro que pudiera….
Prov. Goenji.
El día de ayer casi había sido acecinado por uno de mis mejores amigos.
-¿Que les voy a decir?- Pensé preocupado mientras me pasaba la mano por el cabello.
-De acuerdo, de acuerdo. No pasa nada. Solo… respira.- Me dije inhalando y exhalando profundamente. –Todo va a estar bien… Dios, jamás había escuchado una metida tan grande.- Me talle el rostro exasperado.
Al llegar a Inazuma, me encamine al campo de fútbol. Y todos estaba hay… del mismo modo que los había encontrado los últimos días…
Ni Hibiki, ni el entrenador Kudo nos lo hacían notar, pero era obvia la falta de atención, la tristeza en el ambiente. Nos estaban dando tiempo para acostumbrarnos, tarde o temprano volverían a ponernos 'en forma'.
Podía sentir en el aire, como un día húmedo y caluroso, los pesados sentimientos de mis amigos.
-Vamos Taramaru, patea con un poco de mas fuerza.- Exigió Endo, mas su voz carecía de su bien conocida euforia al jugar. Y no lo podía culpar, estaba tratando obviamente.
-¿Qué les voy a decir?- Pensé nuevamente con desden.
-Chicos.- Nadie escucho mi débil suplica. Me aclare la garganta y trate con mas fuerza -¡Chicos!- Todos voltearon a verme.
-No estoy muy seguro… que deba decirles…- Pero las palabras salieron de mi boca si pensar.
-Tengo… tengo algo importante que decirles…- Mire a las chicas, sus ojos aun escondían las lagrimas de las noches pasadas.
Cautelosos ante mi pedido, dejaron lo que hacia para acercarse a mi.
-Ayer…- Tome una gran bocanada de aire –Ayer me encontré con Kazemaru.- Dije serio.
Rápidamente, me apresure a corregir mis palabras, al ver los ojos de mis compañeros deslumbrar con esperanza.
-Pero no era el.- Aclare con firmeza aun que mis propias palabras me dolieran.
-¿A que te refieres, Goenji?- Pregunto Midorikawa, el cariño por su amigo inundando su ser y pronunciando su preocupación.
-Kazemaru… el…- Trate de buscar las palabras correctas –no es nada como la persona que conocíamos. El es… es…- Pero no podía explicarme a menos de que les contara toda la historia –El trato de acecinarme.
Todos tomaron sorprendidas bocanadas de aire.
-Trate… trate de hacer que regresara pero no pude… solo… Solo me empujo hacia la calle…- Tome una profunda bocanada de aire –La verdad es que no se como salí de ahí… Pero la persona que me empujo contra el tráfico no es mas que una sombra de Kazemaru…
Todos guardaron silencio, como ofreciendo sus respetos por un difunto.
-No es cierto…- Susurro alguien. Al levantar la vista descubrí el rostro ensombrecido de Midorikawa. –¡No es cierto estas mintiendo!- Grito iracundo.
Algo se rompió dentro de mí ante todo lo que había pasado.
-¿¡Acaso crees que eres el único que lamenta esto, Midorikawa?! ¿¡Que no crees que el resto de nosotros,- Extendí mi maño hacia mis compañeros –lo extrañamos y tratamos de negarlo?! ¿¡ ¿Acaso lo crees! ?!- Pregunte colérico.
-¡Kazemaru nunca haría eso, es una de las personas mas amables que conozco! ¡Estas equivocado! ¡El nunca haría algo así sin importar que estuviera en el control de alguien! ¡El pelearía!
-¡Pues sorpresa Midoricawa! ¡Lo hizo!- Rugí exasperado –¡Nadie tampoco pensaría que tu pudieras hacer algo como lo que hiciste en la Academia Alíen pero lo hiciste!- En ese momento vi dolor llenar su mirada, pero no pude detenerme -¡Nadie lo pensaría pero sin embargo lo hiciste! ¡Hiroto por igual!
Pude escuchar un anomalístico gruñido surgir de su garganta. En un instante se abalanzo sobre mí, golpeando mi quijada con fuerza inhumana y tirándome al suelo con todo su peso. Con un rápido movimiento fue retenido por el pelirrojo y arrastrado a unos pasos de mí.
-¡No lo metas en esto! ¡¿Cómo te atreves!?- Exigió pataleando y gritando desde los brazos que lo aprisionaban -¡Tú no sabes nada!
Los mire estupefacto, finalmente cayendo en la cuenta de mis palabras. Mire los ojos esmeralda de Hiroto, estaban llenos de tristeza; ¿De Kazemaru o mis palabras? Yo no se…
-¡Pero ese no es el punto Goenji!- Mire su rostro, atónito al ver lagrimas resbalando sus mejillas. -¡Hablas de Kazemaru como si no hubiera esperanza para el! ¡Como si ya no hubiera remedio a lo que le paso, como si estuviera perdido para siempre! ¡Pero tienes que creer! ¡TIENES QUE CREER!- Se dejo caer sin vida en los brazos de su amigo y susurro –Por que si no crees que puede volver… que no puede se quien una vez fue… ¿Dónde quedamos nosotros?- Pregunto perdido -¿Acaso no hay esperanza para nosotros? ¿Dónde quedamos Hiroto y yo? Nagumo… Suzuno… Ulvida, Desarm… ¿Dónde queda Aphrodi?- Levanto su rostro ensombrecido y me miro con perlas negras llenas de lagrimas -¿Dónde queda Kazemaru?- Pregunto desesperado mas en silencio.
-Midorik…
Mas de un jalón se libero del abrazo de Hiroto y salio corriendo. El pelirrojo me miro rápidamente donde me hallaba en el suelo y luego a Ryuji, destrozado entre sus amistades. Pero su decisión no fue una sorpresa cuando corrió tras Midorikawa.
Mire a mis amigos, todos tan desconcertados como yo, debatiendo mentalmente di enfurecer como Midorikawa y perdonar y comprender.
Cerre los ojos y suspire resignado.
-Lo siento Kazemaru.- Susurre. Esperando que por algún milagro mis palabras llegaran a oídos de mi amigo.
Prov. Ichirouta.
-Mañana… Será un gran día.- Dijo Kazekuro con una maliciosa sonrisa. Temor llenando mi corazón ante sus palabras. Mi cuerpo tembló ante el súbito frió en mi piel.
