¡saludos! un capitulo algo corto pero que es importante, pero que espero les agrade. Al ser mas cortos trataré de actualizar mas seguido para poder inciar los otros proyectos que traigo en mente tambien. ^^


Gracias

Al despertar Arthur pateó las sabanas de algodón para alejarlas de su cuerpo, por primera vez en mucho tiempo la pesadez de las mismas sobre su cuerpo, no le relajó, al contrario solo le estaba desesperando, aquello anudado al hecho de que había tomado una decisión que absolutamente no quería tomar; no lo hacía feliz en absoluto, pero se trataba de hacer feliz a alguien mas.

Por certeza que ese era el punto.

La pesadez en su cuerpo no disminuyó incluso cuando se hubo levantado y estirado un poco, trago saliva, posiblemente aquello era consecuencia directa de la pesadez dentro de si.Y es que viéndolo de muchas formas, no es que tuviera más opción que esa; y lamentó que tuviera que ser así por que saldría perdiendo. En pos de lo que estaba ocurriendo en su mente, Arthur tomó la decisión de analizar el porqué de sus acciones a profundidad, ya que, no podía simplemente acceder a lo mas objetivo y sensato sin antes detenerse a pensar en por qué.

Porque si hacia las cosas por mera sensatez, sentiría que perdía algo importante.

El desayuno tampoco fue de ayuda para que se sintiera mejor y especialmente cuando frente a sus ojos pudo denotar la figura de su fiancé quien paseaba por los jardines; le pudo ver caminar por el sitio en la matutina caminata que parecía acostumbrar, y en ese momento Arthur enalteció tener grandes ventanas que apuntaban hacia el jardín. Si bien no le hacia sentir mejor, una sonrisa escapó de sus labios al tiempo en que su corazón se hundió un poco mas. Ese tipo de decisiones nunca son fáciles, Arthur lo sabia.

A medida que las horas pasaban, -lo cual hacían muy rápido, para desgracia suya- los nervios fueron incrementándose en su estomago, tal como miles de violentas mariposas que agitaban sus alas, le hacían daño, le hacían morderse los labios y perturbarlos con el miedo y la desesperación. ¿Cómo se suponía que hiciera las cosas? Los nervios que sentía no eran siquiera por la respuesta que podría obtener, no, mas bien aquella desagradable sensación, correspondía a si mismo.

Aquella noche, habría un pequeño baile, una recepción en la que Arthur debía presentar a quien habría de unirse con él, y lo sabía, esa recepción no era mas que la puerta de entrada a todo el nido de víboras tal como lo había dicho Francis, presentar a Kiku ante esa gente tan sólo lo sometería a tener que lidiar con esa gente.

No podía permitir eso, era la verdad.

Pero…al final... ¿Porqué habría llegado a aquella conclusión de que no podía meterlo tan hondo en ese hoyo de ratas?

Porque le importaba. Incluso más de lo que el mismo pudo admitirse mientras se ajustaba la corbata de seda sobre sus ropas de lino blancas y su traje negro.

"porque no merece que le hagan la vida imposible" pensó.

Cuando bajó de nuevo caminó sin ningún rumbo por los pasillos de la mansión, a ciencia cierta, Arthur trataba de encontrar las palabras exactas para hablar con Kiku, a decir verdad, huía de tener que hacerlo y para ser sinceros, solo quería escapar de la realidad.

Y llevárselo consigo.

Suspiró y se recargó en el alfeizar de la más cercana ventana desde donde se veía de cerca uno de los salones y pudo divisar la suave silueta de aquel que buscaba, le reconoció incluso, detrás de las cortinas que apenas y dejaban pasar la luz del salón. Se estaba haciendo de noche, por lo cual la oscuridad exterior, en los jardines ayudó a poder divisarle con facilidad. Arthur suspiró nuevamente, nervioso y seguro que la gente que tiene control sobre si misma – no como él- no suspiraría tanto, pero hasta sus manos sudaban nerviosamente; tragó saliva y movió los pies, se sentía tan pesado que cada paso resultó un esfuerzo titánico, cual si tuviese un par de pies de hierro, y el trayecto hacia ese salón el en ala contraria a su actual posición, nunca antes le había parecido tan largo. Arthur hubiese deseado que en ese momento lo que fuese de hierro fuese su corazón y no sus pies.

Casi al llegar al salón, una expectativa cruzó por su cabeza de forma involuntaria, siendo esa noche reservada para un evento formal, Kiku habría tenido que vestirse de una forma especial, detallada… El chico contuvo la respiración sin saber si sería capaz de contener una sonrisa al verle; justo antes de encontrarse con el otro chico, Arthur se encontraba pensando en mil y un cosas que antes no se había detenido a analizar. Los invitados aun no llegaban, aun había tiempo de ponerlo a salvo, pensó para desviar aquellos pensamientos que se estaban alojando en su mente, pero había algo que surgía en su cabeza por mucho que tratase de enterrarlo; quería verle.

Un par de pesados pasos mas y se detuvo, todo estaba listo, el chofer, las cosas, y cosas demás, todo estaba absolutamente listo para poder llevar su plan a cabo y con aquello por seguro, sintió un nudo en la garganta.

Y entonces sucedió, Arthur llegó hasta la obsesivamente decorada puerta del salón y la abrió y entonces sus ojos se llenaron con esa visión que le hizo destellar sus pupilas, cual si hubiesen sido expuestas a una sutil luz cálida, deliciosa. Kiku le miró, ataviado de color púrpura con un Hakama más oscuro y un decorado sutil y floral en su cabello: Un prendedor.

Pero lo más bello de todo, era él en sí.

Arthur tragó saliva y tartamudeó sus propios murmullos antes de encaminarse hacía el otro chico quien le dirigió una mirada confusa. Había un plan que seguir, un plan para deshacer otro plan que había existido para echar abajo otro plan.

¿Era la realidad tan confusa cómo aquellas palabras?

"Necesito hablar contigo" dijo por fin cuando estuvo frente a él y el pelinegro no hizo más que dedicarle una mirada aburrida.

"Adelante" respondió seguro que el otro le hablaría demás protocolos, momentos, cosas que hacer, que decir, para pedirle que estuviera listo, cosas de ese tipo de las que sinceramente, estaba cansado de escuchar. Contuvo un suspiro y esperó.

Arthur entonces abrió uno de los ventanales del salón que daban a los jardines y entonces salió, aquellos ventanales eran puertas de cristal y en ese momento sirvió para que ambos abandonaran el salón para hablar en privado.

"Desde luego" pensó Kiku "no debemos dejar que nadie nos escuche".

Ambos caminaron – Kiku siguiendo a Arthur – hasta el otro extremo del jardín, andando entre las rosas y demás flores que decoraban el lugar; durante su estadía Kiku se había encariñado con esos jardines por que le resultaba un escape a la vida de ahí. Rozó con sus dedos un grupo de lilas que reposaban junto a un arco de arrayán, aquella caminata en silencio no cesó hasta que estuvieron lo suficientemente lejos de los invitados que comenzaban a llegar por la parte delantera.

"¿bien…?" preguntó impaciente y Arthur solo suspiró. Por seguridad que le iba a dar una larga lista de cosas que hacer o decir frente a esa gente. Por seguridad que también le diría cosas como "sonríe" o "muéstrate con orgullo, después de todo lo que viene es motivo de orgullo" Kiku sintió un impulso de rodar lo ojos y decirle que no perdiera el tiempo, que lo sabia, que le dejara en paz y llevasen su farsa adelante, por mucho que le doliese repetir eso. Sin embargo se contuvo.

"Quiero cancelar el compromiso" Arthur habló claro y firme aunque por dentro temblase y sintiese perder el aire y el equilibrio, Kiku abrió los ojos con sorpresa pero recuperó su compostura antes de mirarle de frente.

"¿Cancelarlo?" preguntó anonadado, por supuesto que no esperaba que esas fuesen las palabras, él mismo había pensado que no era sano para ambos estar juntos, pero escucharlo le dolió, era más doloroso que solo decirlo hipotéticamente. La realidad era más cruel y fría. Arthur asintió como única respuesta. Quiso saber el motivo pero no había mucho que decir. Lo que llegó después fue mucho peor.

"Y para ser honesto, el auto te espera para llevarte hasta donde tu hermano…a tu casa" agregó haciendo un profundo esfuerzo para no tartamudear y permanecer en control de la situación. Kiku solo le miró fijamente. "Eres libre…"

"Oh vamos no es como que estuviera completamente atrapado contra mi voluntad" pensó Kiku en un ultimo intento de autodefensa.

"Por supuesto que mantendré mi palabra" continuó al no obtener respuesta de Kiku. "Y pagaré lo de la deuda…y puedes conservar el anillo"

"Ya veo" por fin respondió "En ese caso, está bien ¿Estará bien dejar…a...todos?"

"De ello me hare cargo"

Kiku se encogió de hombros, estaba enojado, fastidiado, harto, humillado…

Y muy herido.

"Ah, entonces esta bien, entonces iré hacia el auto"

Las palabras salían de su boca casi sin dificultad y sin embargo tenia muchas preguntas por hacerle y que no se atrevería a hacerlas en voz alta, nunca fuera de su ser. ¿Qué había pasado? ¿Por qué tan de repente? ¿Es que ya no lo necesitaba? O mas bien… ¿Es que ya no quería que estuviese ahí?

¿Por qué le dolía tanto?

"¿A qué estuvimos jugando todo este tiempo?" se preguntó mentalmente. Miró a Arthur tratando de obtener una respuesta, y al tiempo que lo vio, se dio cuenta que estaba tratando de memorizar sus rasgos, sus largas pestañas, las pecas de su rostro levemente iluminadas por los faroles, los rosados labios ligera y naturalmente curvados hacia abajo, esas pequeñas comisuras que cuando se alzaban le otorgaban una sutil y tierna sonrisa, ese par de brillantes ojos color olivo bajo las espesas cejas que eran tal como el grueso cabello color del trigo. Kiku bajó la vista y admiró las manos, también con pequeñas y casi imperceptibles pecas, las uñas pulcras y cuadradas, aquellas manos firmes que le habían sujetado y tomado la suyas. Y mentira o no, pero le habían tocado con suavidad.

Sintió un nudo en la garganta al tiempo que intentó despejar esos pensamientos y dándose la vuelta caminó hasta donde bien sabía estaba el auto. Sus pasos era firmes pero frágiles, su respiración era constante pero no llenaba sus pulmones, el ruido de sus propios pasos estaba ahí y no quería seguirlo escuchando, pasó su mano por el cabello nerviosamente y continuó su andar, un ruido metálico se hizo presente, algo se había caído pero ninguno de los dos prestó atención.

Entonces, Arthur mismo le abrió la puerta para que él entrase y sin mas dudas, Kiku entró regalando una última mirada.

"Kiku…" susurró con la voz mas suave que alguna vez hubiese empleado en su vida, y quizás el aludido no lo sabia, pero era también, la voz con más miedo que jamás hubiese usado. "Gracias…"

El pelinegro asintió dos veces relamiendo sus labios pero las palabras no salieron, entonces miró al frente y la puerta del auto se cerró alejándolo de ahí, perdiéndose en la oscuridad y la figura del auto se hizo cada vez mas pequeña, hasta que los ojos de Arthur dejaron de divisarle y entonces, el hombre, dándose la vuelta caminó de regreso para dar explicaciones, para aguantar las preguntas, para soportarlo todo.

Un ruido metálico sonó cuando pateó algo que no vio en el camino y se inclinó a recogerlo, abrió la mano encontrándose con el prendedor para cabello, aquel con una flor que Kiku vistiese minutos antes.

Y el nudo en la garganta se transformó en lágrimas, y las lagrimas en llanto y sollozos.

Y los sollozos en un grito desgarrador que salió desde el fondo de su pecho y rasgando el alma.


Cuando todos los invitados comenzaron a preguntarse por el anfitrión o más bien, por el hijo del anfitrión, Francis tuvo el presentimiento de que sus palabras hacia Arthur habían tenido algún efecto en las acciones del chico, por lo cual, decidió buscarle casi desesperadamente, ¿Qué sucedería si por un mal consejo, su amigo había decidido fugarse? , naturalmente no pudo quedarse con aquella consternación a solas y pronto eran dos los que buscaban por la mansión. Alfred había sugerido ir a los jardines. "Artie prácticamente vive y come ahí" comentó pero obtuvo una respuesta vaga por parte del otro. "¿Qué tendría que estar haciendo él ahí ahora?" Alfred se encogió de hombros.

"¿Que se yo?, teniendo un momento romántico antes de huir...o algo así, además, tendría que irse por la parte trasera ¿no? Parea que nadie lo notase…"

Francis maldijo por lo bajo ¿Desde cuando Alfred era mas lógico que él? , soltó un bufido. "Claro, debo estar muy preocupado para pensar claramente" se defendió antes de correr hacia los jardines, Alfred le siguió y naturalmente, con la condición física de un joven que pasa el día haciendo deporte, se adelantó y fue él el primero en descubrir la encorvada figura de su amigo sentado en uno de los bancos de piedra del jardín.

Incapaz de perturbar la escena - ¿Quién iba a querer perturbar más a Arthur?- miró a Francis que recién llegaba.

"No pienso ir" alegó Arthur al sentir la presencia de los "intrusos" cerca de él.

"Ar…thur…" comentó Alfred asegurándose de llamarle por su nombre en lugar del sobrenombre "Artie" con el cual se refería a él.

"¿Qué ha sucedido?" Francis fue el siguiente en hablar, la consternación en su vez, para variar, era sincera.

"…se ha ido" respondió vagamente después de varios minutos y los otros dos voltearon a verse y se quedaron callados. ¿Qué podían añadir? Aunque hubiese muchas dudas al respecto - y mucha curiosidad siendo honestos- no había muchas maneras que Arthur hablara de lo acontecido, sin embargo y a pesar del incomodo silencio, ambos se mantuvieron a su lado, en mas de una metáfora y se sentaron con él.

Arthur escondió la cara entre sus manos, en las cual aun conservaba el prendedor no queriendo dejarlo, no lo quería soltar después de todo.

"…le he dejado ir" comentó entre sus escondidos sollozos. Alfred le miro preocupado y alzó sus ojos para ver a su otro amigo, quien también le miro confusamente.

Ver a un amigo sufriendo por amor nunca es fácil. Fue el pensamiento de ambos chicos en ese momento.

"Vaya…" comenzó Alfred y quien continuó fue Francis.

"…y…. ¿Como ha sido?"

"…cancelé el compromiso con él…" Dijo relamiéndose los labios antes de continuar "Le he dejado libre…y no ha puesto ninguna objeción…" hubo un silencio y de nuevo Arthur habló "no es que esperase que lo hiciera, después de todo, le estaba devolviendo lo que le había arrebatado"

"…. ¿Arthur?" Alfred habló de nuevo "Dime… viéndote en el estado en que estás… ¿Porqué si habías llegado tan lejos….has hecho eso?"

Otro largo silencio inundo el amplio jardín, las palabras de Alfred se perdieron entre las hojas de los arbustos, los frutos de los arboles y los pétalos de las flores. Cualquiera pensaría que la pregunta había ido de lo insensato a lo más ingenuo, pero Arthur tomó las palabras y les buscó el significado más propio.

Alfred, no se refería al porqué había tomado esa decisión en el mas estricto sentido de la palabra. La mas obvia respuesta hubiese sido "Porque no quiero inmiscuirlo y meterlo en problemas con toda esa gente"

La verdadera pregunta del americano, se encontraba detrás de esa razón. Un porqué detrás de otro porqué.

Tras ponerse en sinceridad consigo mismo, miró el prendedor en sus manos y recordó a quien lo hubiese usado entre sus cabellos de noche. De nuevo, su corazón pareció detenerse junto con las incesantes lágrimas que escapan de sus ojos sin que realmente se hiciera un esfuerzo por detenerlas, aquellas gotas hicieron su recurrido natural desde los ojos a las mejillas cayendo hasta algunas estamparse contra el intricado decorado de la peineta floral.

La respuesta era obvia, Arthur lo sabía, lo había sabido no desde ese momento, sino antes.

Por eso actuaba de esa manera, por eso ahora actuaba tan diferente. Tragó saliva y se limpió los ojos antes de aferrar el prendedor entre sus manos nuevamente.

"Porque lo amo"

Fin del capitulo 6


Oh, ¿Les dije que seria medio Angsty este capitulo? Bueno pues …no creo que el siguiente capitulo sea muy fluff de todas formas.
¡Oh, separarlos es tan….!

Cual sea, me perdí un poco la ultima vez pero ya esta todo de vuelta ;3 por cierto que sigo abierta para escribir jaja. y gracias a quienes mandaron los request ya sea aqui o en tumblr ;3 y una vez mas :

¡Gracias por tomarse la molestia de leer!