Oh mi descaro, no tengo perdón de nada jaja, andab aun poco ocupadita y eso y la inspiración debe llegar bien para hacer las cosas bien u3u cual sea, gracias a todas las que comentan y esperan este fic. muchas muchas gracias.
Debo darme mi tiempo tambien para leer las nuevas joyas de esta sección por que merecen ser leidas toditas, oh si! tambien perdón por no responder inmediatamente a los reviews pero que sepan que los amo y me animan mucho.
Sin más, aqui esta el capi.
Se que Kiku se pasó de mala onda (?) pero tiene sus motivos tambien. u3u
Capitulo 7: De regreso a casa
Aquella noche, el viento se colaba con fuerza al interior del vehículo, Kiku mantenía la vista fija, impávida hacia el frente, un gesto solemne para esconder la frustración y la resignación que estaba sintiendo en ese preciso instante; Sus respiros levemente acompasados con el leve movimiento de su pulgar derecho sobre el dorso de su mano izquierda a modo de caricia, como aquél que intenta calmarse y evitar sentirse peor. Kiku estaba evitando estallar en un ataque de pánico y tristeza y había mantenido la misma postura al salir de aquella residencia, al salir de la vida de Arthur.
Había sido complicado desde luego, para él aceptarlo, pero mismo Arthur no había dudado ni un poco en decir y hacer las cosas. O así era como Kiku vislumbraba la situación. Tenso y descorazonado sin saber si creer en lo vivido en días pasados o no. Una cosa era cierta, aquella fortuita manera de conocerse y aquel tiempo vivido, permanecerían en sus recuerdos, a veces, como los dulces memorias de una primera caricia y un primer beso, el primer momento en que el corazón se aceleró por causas ajenas y desconocidas, el primer momento en que cerró sus ojos para percibir con sus sensaciones mas allá de lo que se ve. Otras veces esos recuerdos se convertirán en el dolor de una mentira, de una red de engaños y de situaciones que rompieron la vara de ese primer amor hasta convertirlo en un juego de dos personas en las que ambos habían sido los culpables. Más allá… había sin embargo, algo más y es la culpa y el dolor ante si mismo de haberse enamorado aun mas y mas cuando sabia que no había esperanzas ni remedios.
Aquel momento en el auto, de regreso a casa, a punto de que la puerta del pasajero se abriera y Kiku tuviese que caminar hasta la puerta de su hogar, fue un momento de revelación interna, por que si era sincero consigo mismo, admitiría que si se acariciaba las manos era por que extrañaba su tacto, que si sentía frio era por que extrañaba su presencia y que si sentía un nudo en la garganta era por que aquella emoción de vacío y tristeza que albergaba en su pecho eran demasiado fuertes. Y el sentimiento amenazó con escapar por sus pequeños ojos, emociones en forma de incontenibles lágrimas.
En lugar de eso, tragó saliva intentando actuar como el fuerte nuevamente, intentando mantenerse en pie y ser fuerte al escuchar el eco de sus propios pasos, de sus pequeños pies andando en zancos de madera hasta la puerta del café donde todo había empezado, a casa, de regreso a casa.
Se contuvo, él y todo lo que sentía, para dar un respiro a su alma y alzar la cara hacia la puerta, anteponer el caído orgullo y darle nuevo valor al honor, él podía, y no podía permitir que su hermano mayor, que Yao lo viera caído. Era demasiada osadía, aunque si de nuevo volvía a ser sincero. Quería mantener el nombre de Arthur lo mas limpio posible.
Kiku entonces tocó la puerta, dos sordos golpes hechos con los nudillos de su mano, intentando sonar fuertes aunque eran mas frágiles de lo esperado y por algunos segundos Kiku se preguntó a si mismo si sería capaz de derribar la puerta, de tener las suficientes fuerzas para hacerlo. Pero sabía que no era posible, no en su estado en que las piernas le temblaban amenazándole con dejarlo caer en su flaqueza.
Sonó la campanilla y la puerta se abrió, ante sus ojos el resplandor de un maneki neko apenas alumbrado por las farolas de la callejuela le saludó moviendo mecánicamente la pata de gato de atrás a hacia delante, Yao apareció ante sus ojos, con la vista ensoñada y cristalina, como quien vuelve a ver a quien aparentemente se había ido para siempre.
Pero Kiku habría de volver, tarde o temprano, después de todo, su partida de casa había sido un pacto, un negocio. Y nada más.
Lo siguiente que tomó a lugar fue un apretado abrazo proferido por el mayor de los hermanos, feliz, cálido y aliviado de volver a sentir entre sus brazos al menor. "Oh Kiku, Kiku" repetía casi incesablemente.
Kiku devolvió el abrazo a su hermano, sintiéndose aliviado de poder sentir el calor de hogar, el olor del café, el calor de su familia – que por pequeña que era, seguía siendo grande- y se sintió agradecido también de poder disfrutar ese momento. Con sus rasgados y bien enmarcados ojos revisó los alrededores del lugar una vez que se rompió el abrazo y finalmente se encontró dentro de casa. La cafetería poco había cambiado –desde luego- y el chico sintió un nudo en la garganta. ¿Si habría podido salvar ese sitio? Su hogar, patrimonio.
Una vez mas, Yao pareció leer sus pensamientos, a estas alturas Kiku se cuestionó si él era fácil de leer o en serio se daba a conocer mucho, cual fuese, escuchó con atención aquellas palabras salidas de los finos labios de su hermano mayor, quien encendía las farolas con delicadeza así como prendía un poco de resina de arce y aceite para mejorar el ambiente, aquel olor, lo sabia, solía relajar a Kiku, siempre lo usó cuando el pequeño tenia pesadillas.
"he recibido una carta, traída por un hombre alto, muy alto" comenzó y luego de una pausa que hizo para soplar el fuego de una vara de bambú usada para encender la resina, continuó. "La carta, tenía el sello de la casa de Kirkland" se sentó mirando al menor y sus reacciones "y fue escrita en puño y letra por él, tu sabes. Decía que volverías hoy a esta hora precisamente, por que no había podido cumplir con tenerte ahí, sin embargo, así como se disculpaba por aquello, enviaba la parte restante del dinero acordado" Kiku mantenía la vista en sus manos que estaban colocadas en su regazo, mas concretamente en el anillo "Si no tienes objeción, Kiku, haré uso de ese recurso para salvar este lugar" dijo firmemente y a la vez, con la calidez necesaria en su voz para dar a entender a su hermano menor que realmente, no necesitaba preocuparse por explicaciones, sabia que Kiku tampoco las había querido dar, así que solo se levantó y dio dos palmadas en el hombro del chico. "Adelante, úsalo que para eso es" fue la respuesta de Kiku.
"Todo estará bien ahora ¿De acuerdo? Sé lo que pasó, tranquilo, ¿porque no te cambias y te vas a dormir?"
Eso hizo, pronto la finura de las telas resbaló por su cuerpo y fue remplazada por la suavidad de aquellas ropas de índole china de algodón y seda que tanto amaba, se tiró sobre su cama de sabanas frías alumbradas por la luz de la luna que caía bañando su habitación desde la gran ventana que decoraba el espacio.
Pero no pudo conciliar el sueño. Porque aquella historia de amor – si es que podría llamársele así- era lo mas absurdo que podía ocurrirle a alguien como el.
Cenicienta trabajaba día y noche y no obstante corrió con esa suerte, pero él, no era cenicienta ni estaba siendo explotado por su familia –amaba su trabajo en la cafetería- y mucho menos, Arthur era un príncipe. Sin embargo, tal vez, su propia historia le recordaba a las anécdotas de los hombres que tomaban café por las mañanas y por la noche bebían alcohol y derivados cruzando la calle. "Entonces intentó refinar lo imposible"
¿De que se trataba todo eso? Kiku apenas y podía entender como es que había llegado a la vida de Arthur - o Arthur a su vida- cuando frente a si, tenia la vista de que eso ya no era la realidad. Ambos estaban de nuevo en mundos diferentes, como siempre había sido y como siempre debió haber sido. Arthur no había dado explicaciones en parte por que Kiku –lo sabía- no se las había pedido. Pero algo era cierto, se había enamorado –mordió su labio de tan solo pensarlo- pero no del Arthur asertivo, seguro y firme que mostraba ante los demás, tampoco se había enamorado del hombre que aparentaba con los demás –y con él- cuando los demás miembros de su familia estaban cerca.
Se había pues, enamorado, del hombre que le había tomado de la mano arrastrándolo por los jardines, del hombre cuyos ojos fulguraban con su nerviosismo, de aquel que se preocupo cuando él- Kiku- cayó del caballo, se había enamorado de un Arthur que posiblemente ni Arthur mismo conocía, de aquel hombre que tenia miedo, que respiraba entrecortadamente que jugaba con sus dedos ante la incertidumbre y que tartamudeaba ligeramente al ponerse nervioso. De aquel hombre que al besarle lo hizo posesivamente y al mismo tiempo, con miedo de ser demasiado "él" y asustarlo.
Kiku se sintió como un ratón, pequeño, escurridizo y torpe que se había enamorado de un gato aún más torpe delatado en su andar por el cascabel en su cuello. Pero Arthur jamás admitiría que era un gato así por que vivía intentando mostrar a los otros, que bien podía ser un León.
Lo peor – si es que aun quedaba por añadir cosas a la terrible lista del por qué no podían estar juntos- era que entre tanta mentira, pantalla y pantomima, ambos habían sacado a relucir el uno con el otro lo peor, lo mas vil, lo mas oscuro y detestable de sus personalidades.
Kiku se sentía tan ajeno de si mismo cuando estaba con Arthur y se odiaba enteramente por aquello, aun cuando sabía, era su mecanismo de autodefensa para no resultar lastimado.
Aunque al final aquello fue completamente inútil.
La luna siguió brillando pero ya había perdido la atención de los ojos del muchacho quien ahora los cerraba obligándose –como siempre- a conciliar el sueño. El día de mañana no sería fácil de todas formas.
Cuando abrió los ojos descubrió que el techo de la habitación no era de color azulado como siempre y que no había tantas plantas como de costumbre, así mismo la ventana no era la misma y el color rojo imperaba en la escena. Kiku se talló los ojos antes de espabilarse y darse cuenta que se encontraba en la habitación de su hermano, así pues, subió confusamente hasta su propia habitación y se cambió de ropas antes de bajar para encontrarlo en el segundo piso ya trabajando.
"¡Kiku! Por fin despiertas, ¡Buenos días!" fueron las palabras de Yao tan pronto Kiku puso un pie bajando de la escalera de madera, rechinante y amigable.
"¿A que hora me pase a tu cama?" preguntó confuso, hacía años que no lo hacía, anteriormente, a menudo en las noches de tormenta, el pequeño Kiku se escurría desde su habitación hasta la cama de su hermano para poder conciliar el sueño, no obstante la noche anterior no había tenido un temporal literal.
Aunque tal vez, si había visto una tormenta metafórica.
"Como a las tres de la mañana… para serte sincero tampoco me di cuenta" respondió vagamente mientras rellenaba un recipiente de azúcar, después alzó la vista para ver a su hermano y le sonrió, acarició su cabeza – gesto ante el cuál, Kiku cerró los ojos- y entonces lo despeinó juguetonamente. "Te queda mas el cabello corto ¿sabes?"
Kiku abrió los ojos sorprendido levemente y tomó la punta de uno de los flecos que reposaban a un lado de sus mejillas, le sostuvo entre sus delgados dedos observándoles fijamente "¿Tú crees?" Yao asintió tres veces como respuesta.
"Te hace ver mas tu"
Kiku no entendió lo que era "ser mas él" pero asintió estando de acuerdo pues, después de todo se sentía mejor así. Kiku pensó que entonces, cuando uno se siente bien con algo, se es mas "uno mismo" que cuando uno no se siente bien.
La campanilla en el piso de abajo le sacó de sus pensamientos y cuestiones pseudo-filosóficas y decidió bajar a recibir al cliente – se preocupó también de que se hubiese despertado muy tarde- al bajar pudo ver en una mesa a un hombre alto de cabello suave y rubio –muy- rubio, con una nariz recta y una sonrisa en su rostro a medida que jugaba con la flor decorativa del mini jarrón en la mesita.
"¡Ah!" Yao bajo de prisa tan pronto como pudo con un extraño entusiasmo –y mucha confusión para su hermano menor. Kiku se quedó mirando la escena mientras su hermano hablaba con el hombre y regresaba tras bambalinas a preparar el café.
"Es un cliente que últimamente viene seguido" respondió sin que Kiku preguntase absolutamente nada. Entonces entendió que había algo extraño ahí por la forma en que su hermano le daba explicaciones. "Es quien me dio la carta" le reveló y Kiku – anonadado – miró de reojo al hombre en la mesita quien, tomaba la taza y conversaba con Yao quien había tomado asiento con el.
Ese hombre, lo había visto –si bien recordaba- un par de ocasiones en la mansión Kirkland, por algún momento – pudo pensar- que podría saber como estaba la situación por allá pero sería necio y terco tratar de mantener el contacto.
"que absurdo" se reprendió a si mismo y mejor subió las escaleras y después de comprobar que aun era temprano se duchó y arregló antes de continuar con su trabajo.
Alrededor del medio día la campanilla del establecimiento sonó múltiples veces con las llegadas y partidas de clientes que visitaban el lugar, Yao y otros trabajadores iban de un lado a otro como en cualquier otro día de trabajo, incluido Kiku mismo, quien iba dejando las ordenes en la mesa de los comensales, todo como si fuese un día normal, como si aquel brinco que lo había alejado de ese lugar jamás hubiera tenido lugar.
Entonces, algo le recordó que en efecto todo eso había pasado. Que había sido real.
Allá en una de las mesas mas alejadas de todo el establecimiento, sus ojos divisaron a la alta figura de un hombre de alborotados cabellos rubios y mirada seria, Kiku entonces apresuró ligeramente sus pasos hasta Ned. ¿Qué estaba haciendo ahí? El hombre en cuestión alzó la mirada impávidamente.
"Kiku…"
Fin del capitulo 7
¡Gracias por tomarse lamolestia de leer!
